Tonalidades de lo inesperado


11.
Entre líneas paralelas


Hawkmon no es un digimon impaciente pero sus niveles de ansiedad han crecido en los últimos meses. Más de lo que él piensa, en realidad. Agumon le pregunta tímidamente si está bien y la mirada en los ojos de Tailmon le dice que no es el único preocupado.

—Por supuesto que está nervioso —Wormmon dice, su mirada inusualmente comprensiva se posa en él. Está temblando ligeramente por la emoción contenida—. La doctora... mamá de Jou le dijo a Miyako y a Ken que nacerá nuestra Reiko. Y su compañero, probablemente.

Nuestra. Hawkmon parpadea. El compañero de Ken ha recorrido un largo camino desde su negativa rotunda a aceptar a Miyako en los primeros tiempos. Ahora parece contento con ella, con su mundo y con la vida con Ken. Entiende el sentimiento, la armonía y el balance que hay entre los cuatro. Miyako es buena para esas cosas y Ken es adaptable como pocas personas que ha conocido.

Ella busca la tierra común, él cuida que todo sea más fácil.

—¿Cuándo nacerá? —pregunta Armadimon, curioso como pocas veces.

—En unas dos semanas —dice Wormmon con energía. Hawkmon se siente orgulloso de él, de ellos.

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Takeru suspira con suavidad y Miyako le sonríe a la pantalla de su computadora. Puede ver a Hikari dormida en el asiento contiguo, apoyada en el hombro de Takeru y quisiera estar allí para tomarles una fotografía. Ella se ve adorable.

Sabe que no se despertará porque tiene el sueño casi igual de profundo que su hermano.

—Mitsuko va a estar bien, Takeru. Daisuke está con ella —asegura, y es lo único importante que debe decir—. ¿Vas a ir a verlos con Hikari mientras pasan por ahí?

—Sí, por supuesto —responde velozmente y le sonríe con la misma sonrisa encantadora de siempre. Sus ojos están más tranquilos también.

Miyako intuye que logró hablar con su prima.

—Me apena que ninguno de ustedes tres pueda estar aquí para el nacimiento de Reiko.

—Aún faltan un par de semanas, Miyako —Takeru le recuerda, suavemente—. Estaremos allí antes que lo esperes. Todos estamos impacientes por conocer a Reiko.

—Sé amable con Daisuke —advierte, aunque no hay calor en su voz—. Estaba muy nervioso por esto. Creo que temía ver cómo iban a reaccionar ustedes.

Takeru parece sorprendido. —Daisuke es de la familia desde hace tiempo, Miyako. Mi hermano piensa que Mitsuko es muy afortunada y yo igual.

—Lo sé.

—Supe que estaba enamorado de ella antes que él mismo —le recuerda Takeru y sus ojos están encendidos con una chispa de diversión.

—Tu cumpleaños está cerca, Takeru.

Él sonríe.

—Espero mi regalo para cuando regrese.

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Sora la invita a sentarse enseguida. Miyako quiere abrazarla de nuevo, pero se deja guiar hacia el sofá.

—No debiste haberte molestado.

—Es tu cumpleaños, Sora —Miyako responde, vagamente confundida—. Los amigos se dan regalos en esas fechas. Y se saludan.

Sora ríe. Lleva el cabello más largo ahora y Miyako se pregunta si lo dejará crecer más. Siempre le ha gustado el color de su pelo.

—Sabes que no estoy hablando de eso —bromea, una sonrisa curvado sus labios—... Solo no quiero que te exijas demasiado.

—No estoy tan cansada todavía. Puedo venir a tu casa sin problema y más para saludarte. Quería verte... No tendría el mismo efecto si lo enviase con Taichi.

—Me alegra mucho que vinieras.

Ambas sonríen.

—A mí también.

A pesar del tiempo, Miyako sigue sintiendo calidez en las manos de Sora, la misma calidez que sintió en el Mundo Digital la primera vez.

—Y dime... ¿Qué te regaló Yamato?

Sora ríe un poco más.

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Ken va a buscarla al departamento de Takenouchi cuando sus tareas del día lo liberan y saluda a Sora en la entrada.

—Feliz cumpleaños.

—Gracias, Ken —responde con una sonrisa—. Ven, siéntate un rato que voy a traerte algo para que comas.

—No debes molestarte...

Sora le da una mirada y él tiene el impulso de enderezar su espalda. Siente que Sora puede saber lo que ha hecho y lo que no sólo con mirarlo.

Insisto.

Ken sabe mejor que discutir con ella y se deja llevar hacia la sala, muy consciente de que ha saltado el almuerzo.

No le sorprende ver a Yamato levantando las cosas de la pequeña mesa. No acepta la ayuda de Ken, tampoco.

—Solo siéntate —ordena, pero le sonríe y no hay fuerza detrás de sus palabras—... Ve a buscar a la bella durmiente, príncipe azul.

Takeru no debió haberles mostrado a los digimons las películas de Disney, Ken piensa. Wormmon no es el único obsesionado con verlas hasta el cansancio.

Sabe, por Miyako, que Piyomon también tiene sus favoritas.

Ken alza las cejas cuando ve Miyako dormida en el sofá, medio apoyada en Taichi.

—Estábamos viendo una película y ella se durmió sin avisar —le explica, en voz baja.

Ken se ríe bajo su aliento.

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—Miyako.

Odia tener que despertarla. No ha dormido bien últimamente, pero esa posición debe ser igualmente incómoda para su espalda.

—¿Ken?

—Sí. Debemos irnos a casa.

Ella sonríe, radiante.

A casa.

—Sí.

Se despiden de Sora, Yamato y Taichi. Ken se disculpa por llegar tarde y lamenta no haber visto ni a Jou o a Koushiro. No está seguro si Iori estuvo allí. Posiblemente. La ausencia de Mimi, Daisuke, Takeru y Hikarí es obvia también.

Los echa de menos. Su vida está tan llena de sus huellas que le hacen falta.

—Volveremos a juntarnos para cuando regrese Takeru de su viaje —Yamato les asegura con una pequeña sonrisa—... Sora no quería pero mi hermano insistió en que podrían celebrar juntos. Tal vez para entonces tendremos una invitada más.

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En el recorrido a la casa que comparten, Miyako cierra los ojos y ve una niña de mirada azul. Es una imagen tan clara que puede tocarla con la punta de los dedos.

Las palabras de Yamato flotan en su mente como una canción.

Pronto, Reiko. Pronto.

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Marzo pasa como pasa el tiempo. Miyako se encuentra más y más ansiosa mientras los días corren. Recibe visitas de Momoe y Chizuru, que se pasan una vez a la semana, y le informan sobre cómo las vidas corren en paralelo. Hikari le llama para decir que adelantan su regreso y que luego volverán con su viaje. Takeru está contento, en realidad, de volver. Él siempre piensa en ellos como su casa. Miyako intuye que ella quiere decir algo más pero, al terminar la llamada, no está segura.

Las noticias de Daisuke son las que más espera.

—Mitsuko tiene cuatro meses de embarazo —confirma Daisuke, en el teléfono—. V-mon dice que Cutemon estaba preocupada por ella pero no sabía lo que estaba mal...

—¿Está bien?

—Sí, mejor —Daisuke, de repente, suspira—. No había tenido síntomas. Ella fue a hacerse un control médico porque la enfermedad de Michel es potencialmente hereditaria y quería revisar... No sabía que estaba embarazada hasta que le dieron los resultados.

Mitsuko Takaishi es tres años menor que Miyako y de repente no puede dejar de simpatizar. Recuerda la angustia de Takeru cuando viajaba a ver a su abuelo, la de Daisuke cuando hablaba con su novia por teléfono y se pregunta cómo pudo mantener tanto silencio. Miyako estallaría.

—¿Estás con ella?

—Está durmiendo. —Una pausa—. ¿Alguna vez te dijeron que el abuelo Takaishi es extraño?

—Lo dices todo el tiempo. Takeru igual.

—Él me dio un libro de recetas. Dijo que era de su esposa.

—Creo que te está dando la bienvenida a la familia.

—Eso dijo Hikari. ¿Por qué no puede decirlo sin dar vueltas?

—Es el abuelo de Mitsuko, Takeru y Yamato.

Eso lo dice todo en realidad.

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En la penúltima semana de marzo, la doctora Kido les dice que están llegando a término y que deben tener todo listo para la llegada de la pequeña Ichijouji.

Le da unos últimos consejos importantes y la envía a descansar.

Miyako piensa en las paredes violetas del cuarto, un tono suave que le gusta mucho, y en la pequeña mecedora que le trajo su padre una semana atrás. La ropa que sus amigos le dieron como regalo y en la cuna diminuta que tiene preparada para su bebé. Está segura que pueden tenerla en su habitación los primeros días, no puede imaginarse lejos.

Reiko puede venir al mundo cuando desee, porque ellos están esperándola con ansias.

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Ken le da un beso al marcharse y ella le desea un buen día.

Tienen una rutina graciosamente doméstica y Miyako se pregunta si así será al estar casados. Es un pensamiento que la sorprende pero se lo atribuye a la futura boda de Jou. Ella intuye que Sora y Yamato se dirigen en esa dirección también. Quisiera preguntarles, pero a veces imagina que eso rompería la magia que esconde detrás.

Wormmon y Hawkmon pasan las noches en el espacio cibernético privado que creó Koushiro y todos pasan buenas noches. Los digimon solían dormir en el cuarto con ellos pero con lo difícil que es dormir a veces, cambiaron de lugar.

Miyako les pregunta a media mañana a qué lugar quieren ir y todos están contentos así.

Y marzo pasa como pasa el tiempo.

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Takeru aparece en su puerta la mañana del veintinueve mucho más temprano de lo que Miyako desearía. Hikari está detrás de él, sonriente y solo un poco apenada por ser inoportuna. Hay algo en la mirada de su amiga que Miyako no puede dejar de apreciar. Los ojos le brillan como pocas veces.

—¿Qué hacen aquí tan temprano? —pregunta, resignada. Los invita a pasar sin cortesía: ellos no la merecen por aparecer tan pronto en la mañana.

Miyako reniega de su propio mal humor.

—No es temprano —Takeru responde con picardía. Hay algo nuevo en su sonrisa. Hay algo distinto en la forma en la que se sientan uno junto al otro en su sillón—. Mi hermano, Sora y Taichi son los que tienen derecho a quejarse.

Ella lo mira. Luego a Hikari. Entonces se vuelve a Takeru otra vez.

—Está bien. Voy a caer —Miyako avisa después de un minuto—. ¿Qué quieren decirme?

—Bueno...

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—Necesito un momento.

Hikari la mira con inquietud. Tardan un minuto y juntos cambian de lugar. Takeru se queda a su izquierda y Hikari se arrodilla cerca, a su derecha.

—¿Estás bien?

—No puedo creer que se casaron en secreto y que me lo sueltan así... Es increíble... Es... algo que grita Takaishi Takeru y Yagami Hikari por todas partes. Es… ¿Por eso estabas tan ansiosa por el viaje?

Hikari sacude la cabeza.

—Él me propuso casarnos cuando llegamos y cuando dije que sí...

—Tuve que hacerlo antes de que ella cambiase de opinión. Sé que lo entenderías —Takeru sonríe y Miyako se siente extrañamente feliz por verlo—... Tailmon es sorprendentemente inteligente para estas cosas. Ella consiguió los papeles que Hikari necesitaba sin que Taichi la descubriera y así pudimos casarnos. Aunque Iori me ayudó revisando los papeles para comprobar que estaba todo.

Puede pintar las imágenes en su imaginación.

—Hikari te dijo que sí. Debes haberle dado algo. Exijo repetición para que sea legal. Uno de mis mejores amigos está estudiando abogacía... Ya sabes.

A ella le gusta la felicidad de sus amigos.

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Miyako los acompaña hasta la puerta con el sabor dulce de una historia en su sonrisa. Abre la puerta y en, ese momento, sucede.

La doctora Kido le había dicho que en cada caso era único y que cada mujer responde diferente cuando le preguntan qué se siente. Ha leído todo lo que pudo, para informarse, y aún así… Lo que ocurre no es lo que esperaba.

Ella sabe lo que es, pero no puede ponerle nombre en sus pensamientos, y solo atina a mirar el líquido derramado en el suelo.

Takeru deja de hablar cuando ve la expresión en la cara de Hikari.

—Miyako...

—Se rompió la fuente —dice una voz que debe ser suya pero que no reconoce.

Está temblando.

—Sí —responde Hikari, sus manos pequeñas rodeándola con intención reconfortante—... Sí. ¿Takeru?

—Estoy en eso.

Miyako no es consciente de lo que sigue después.

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Sora es, desde luego, el segundo llamado que Takeru hace. Intentó llamar a Ken primero pero fue un intento inútil. La primera regla de los niños elegidos: no seas inalcanzable. La han roto antes, la romperán de nuevo, pero sigue siendo importante el responder al llamado.

—¿A qué hospital...? Bien, le diré a Jou y a los demás que nos veamos allá.

Yamato levanta una ceja y deja su café en la mesa de la cocina.

—¿Qué le pasó a Takeru ahora?

Hay un deje de preocupación que Yamato no puede borrar. Siempre está allí, más notable, cuando se trata de su hermano pequeño.

Le acaricia el brazo, tranquilizadora.

—No a Takeru. Miyako.

Ella no necesita decir más. Él se levanta rápidamente y busca las llaves del auto sin pensarlo.

—¿Hikari llamó a Taichi?

—Al parecer —Sora no preguntó, pero podía escuchar la voz de Hikari, lejos, en la línea—. Están en camino al hospital ahora pero no pudieron encontrar a Ken. La doctora los verá allá.

—Llamaré a Koushiro. Él puede encontrar lo que sea —Yamato hace una pausa y Sora lo mira—... ¿Por qué Takeru te llama a ti cuando Hikari llama a Taichi?

Hay cosas que Sora todavía es incapaz de entender. Yamato no es una de ellas, la mayoría del tiempo.

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A Iori lo llama Taichi. Es sorprendente lo rápido que corren las noticias entre sus amigos pero eso no le preocupa. Tiene un lugar dónde ir cuando tenga tiempo. Le envía un mensaje a Ume y a las hermanas de Miyako, repitiendo lo que sabe.

A veces, él se pregunta por un futuro similar.

Su relación con Ume es un día a la vez.

Miyako y Ken… Ellos son.

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A Koushiro le suena el teléfono varias veces con mensajes de distintas personas. El primero es de Hikari, hay dos de Yamato y uno de Taichi.

Miyako va a tener a su niña, al parecer, y Reiko llega justo cuando habían anticipado. O cerca.

Koushiro piensa un niño que no parecía destinado a nacer y que habría sido el primero en su generación. Los recuerdos duelen, a veces, pero no es el dolor que rasgó su relación con Mimi. Tampoco es la tristeza que llegaba en oleadas. Es algo con bordes menos afilados, cicatrizados por el tiempo.

—Reiko-chan sí llegará a este mundo, Tentomon... Y es tan impaciente, parece que ya quiere estar aquí.

—¿Hoy? Creí que la doctora mamá de Jou había dicho que podrían esperar hasta abril.

—Será pronto.

Los dedos se deslizan por el teclado y Tentomon se queda muy quieto, esperando.

—¿No vas a ir al hospital?

—Primero tenemos que buscar a Ken y tenemos tiempo. Las estadísticas dicen que las madres primerizas tienen entre diez y veinte horas de trabajo de parto.

—¿Cómo sabes...? Olvídalo.

Koushiro sonríe.

—¿Quieres decirles a los demás? Seguro se pondrán contentos.

Tentomon no espera a que se lo digan dos veces.

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Ken mira a su compañero de trabajo, con la nariz rota y mira su ropa teñida de rojo. Espera tener una muda de ropa extra en su auto porque no quiere que Miyako se preocupe por la sangre que mancha su camisa.

Él sigue pensado que todo fue un gran malentendido.

—Tantos años estudiando y te ponen a patrullar, debes estar decepcionado.

Ken parpadea.

—Sabía lo que me esperaba. Aunque espero ser detective algún día —responde, y es la verdad. La experiencia tiene que venir de alguna parte y él está orgulloso de haber pasado la academia con tan buenas recomendaciones, pero hay más allí.

Miyako le enseñó a soñar en grande.

—Lamento lo de tu camisa y tu teléfono... Fue una caída idiota. ¿Tiene arreglo?

—Tengo un amigo. Si él no puede repararlo, entonces nadie podría. Pero voy a llamar a casa primero, Miyako...

Hace una mueca interna. Ella no va a estar feliz con su ausencia extendida. Sabe que lo entenderá cuando le cuente toda la historia, incluso puede que encuentre anecdótico todo, pero tiene la sensación que debe llamarle.

—Algún día quiero conocerla, hombre.

—Si puedes mantenerte de pie...

—¿Has hecho una broma, Ichijouji? ¿Es el fin del mundo?

Aún tienen que conocerse mejor. Aún están enredados en las primeras impresiones.

—No creo que tengas que preocuparte de eso —dice una voz inquietantemente familiar.

Ken se gira, incapaz de contener una sonrisa.

—¿Daisuke? —pregunta y su amigo le da una ola— ¿Qué estás haciendo aquí...?

Su amigo nota su camisa llena de sangre y lo mira, buscando algún signo de dolor en su cara. Se relaja y sonríe al ver que no hay rastro alguno.

—Vine a llevarte al hospital, desde luego. Lo chicos están esperando desde... bueno, no estoy seguro. Les dije a Takeru y Hikari que quería dormir cuando llegamos... Y entonces me despierto y veo que es tarde y Mitsuko me dice que llamaron los chicos, que no sabían que habíamos vuelto con los otros dos, pero que tenían que encontrarte.

—¿Takeru y Hikari vinieron contigo?

Daisuke lo mira.

—¿No te lo dijeron? Tal vez querían que fuera una sorpresa pero yo me sorprendí porque esperaba tener más tiempo, es decir... Llegamos a Japón y ¡paf! Miyako empieza el trabajo de parto y...

—¡¿Qué?!

—Creo que deberías cambiarte de ropa si vas a ir a conocer a tu hijo —señala su compañero, antes de que pueda correr a la salida.

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Wormmon pega su rostro a la pantalla grande en casa de Koushiro, ojos grandes y suplicantes. Todo en él son formas planas contra el cristal. Hawkmon, más estoico, no se mueve de su lado. Entiende lo que quieren. Ellos desean estar con Miyako y Ken, quieren ver a Reiko. Él entiende.

—No puedo llevarlos a todos al hospital. Tendría que llenar los registros de ustedes y aún así no puedo justificar que todos estén allí.

—Quiero ir con Ken.

—Miyako me necesita.

Tentomon, desde luego, no puede dejar de hablar. Es lo que hace y lo hace muy bien.

—Koushiro-han los llevará en unas horas. Los nacimientos de los niños humanos tardan más que los nuestros.

Él realmente está agradecido por la señora Kido.

—Entonces... ¿Alguno de ustedes sabe si nacerá su digimon pronto?

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—¿No han podido ubicar a Ken?

Takeru mira a Sora y luego se encoge de hombros. Hikari quedó con Mitsuko y Yamato en la sala de espera porque no demasiados podían entrar a la habitación. Él piensa que lo confundieron con el esposo de Miyako y no está dispuesto a desmentirlo, por el momento. Ella todavía se aferra a su mano, los dolores dejando huellas en sus lágrimas, y necesita la conexión, la compañía. Ken debe llegar pronto, Takeru dirá la verdad entonces.

—Enviamos a un mensajero.

—Estará bien, Miyako. Vendrá en cuanto pueda. Y ya avisamos a los otros también...

—No puedo creer que Reiko haya decidido venir sin que su padre…

El rostro de la mamá de Jou aparece como una visión. Hay una enfermera con ella y Miyako sabe que está presionando un poco demasiado fuerte cuando Takeru trata de relajar el firme agarre de sus dedos.

—¿Cómo te sientes?

Miyako deja escapar un sonido angustiado. No piensa gritar y sabe que pronto le traerán algo para que beba y recupere sus fuerzas.

Y aún así…

—Duele.

—Tranquila, tranquila. Es normal, son las contracciones de la primera fase. Respira profundo, Miyako. Ahora voy a controlarte, ¿sí? Vamos a tener que empezar con la labor.

Miyako asiente sin palabras y Takeru palidece cuando las lágrimas no cesan de caer. Sora le acaricia el cabello a su amiga.

—¿Recuerdas los ejercicios de relajación?

—Sí.

—Trata de hacer algunos para mí.

Vagamente, Miyako escucha las instrucciones que dieron y, de algún modo, puede seguirlas.

—Eso es. Lo estás haciendo muy bien. Muy bien.

Ken, piensa, deseando que su voz llegase hasta él. Ken. Ken. Ken. Ken.

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Ken se ve gris cuando se adentra en la clínica. Mitsuko realmente puede ver la sangre escurrirse de su cara cuando Hikari y Taichi van a su encuentro, la situación hundiéndose en él, rápida y fulminante. Es casi decepcionante que ella no tiene una cámara en ese momento porque es un momento que quiere capturar para siempre.

Ken es la imagen del miedo y la alegría mezcladas en una composición casi perfecta.

—Vamos, Ken —Daisuke dice, empujando a su amigo en la dirección correcta mientras Taichi se zambulle por las bolsas que cuelgan de sus brazos.

Ken jamás había sido tan frenético al volante pero Daisuke pudo ver el cambio al llegar a su destino. Está inmóvil en el pasillo ahora y sus piernas parecen echar raíces invisibles en el suelo. Sus ojos son firmes, a pesar de todo.

Debe ser aterrador, piensa Daisuke, y mira a Mitsuko. La conciencia que una pequeña personita llegará al mundo y serás todo lo que tenga, y tendrás el deber de protegerla contra todo lo que llegue luego. Y que aún con todo lo que te esfuerces por hacerlo bien, aún así, algo puede salir terriblemente mal.

Ken traga saliva y el momento pasa. Da un paso tentativo hacia adelante, y luego otro. Hikari le señala la habitación y Yamato le palmea la espalda para darle un último empujón.

Aquí estoy, Miyako.

Se abre una puerta y Sora sonríe alegremente hacia él.

—Me alegra que estés aquí —dice ella— No creo que Reiko quiera esperar más.


N/A: ¡Hola de nuevo! Esta vez demoró mucho menos la actualización pero estoy emocionada igualmente porque estamos llegando al final del recorrido de esta pequeña parte de la historia de Ken y Miyako, un final que en realidad es un principio.

Vale decir que después de hablar tanto de los pequeños Ichijouji este capítulo salió de un tirón. El siguiente será el último, definitivamente. Al menos, en lo que respecta a Miyako, Ken y el nacimiento de su preciosa niña.

Mitsuko, Daisuke y su niño van a ser el centro de mi próxima historia :D

No voy a hacer esto más extenso así que me despido aquí. Gracias por leer y nos vemos en la próxima actualización. ¡Abrazos a todos!