Pensó en ella toda la noche. Siguió haciéndolo la mañana siguiente.
Miraba su celular cada tres o dos segundos y nada pasaba. Aquello era lo trágico… que no hubiera respuesta. La pantalla citaba un torturador mensaje enviado… hubiera sido más directo que el artefacto pusiera un cruel este contacto te esta evadiendo.
Rosalie salió temprano a… alguna parte. Y por más que él despertó apenas salió el sol, el balcón vecino estaba vació. Tanto como el desierto en verano.
Y la falta de la alocada y sexy vecina, hizo que Emmett se sentara en el balcón a pensar en su abogada.
En su cabello oscuro, en sus ojos color miel, en su piel de porcelana. Se sentó en la silla de mimbre en el balcón de sus abuelos y levantó los pies sobre la baranda. Sus dedos se engancharon con la caja de cigarrillos. Puso uno en su boca y aspiro mientras provocaba una chispa con el encendedor.
En 27 primaveras de su vida, había compartido con Alice unos 8 años completos. Y de aquellos 2.920 días, habíamos pasado juntos… la misma cantidad.
Alice Brandon era sexy y ardiente. Era inteligente y hábil mentirosa.
Emmett entró a la universidad y se encontró con aquella bomba sensual, defendiéndose con argumentos realmente válidos. Él sintió que babeaba desde el primer día.
Las cosas empeoraron con el tiempo.
Se divertían, reían, jugaban… tenían sexo. Ardiente, exótico y placentero sexo. Ellos se conocían y se defendían. Alice es la clase de mujer, con la que puedes pasar la vida… y no dejar de sorprenderte jamás. Porque ella tendrá algo nuevo para ti cada día. Jamás recriminará tus errores o tus defectos. Ella, simplemente, te apoyara.
Emmett había pensado años en lo mismo: ¿estaba enamorado de Alice?
Lo malo, es que siempre llegaba a la misma conclusión inútil con la que no conseguía una respuesta concreta… ¿estaba ella enamorada de él? O aún peor ¿estaba ella enamorada de alguien?
La pantalla de su celular vibró después del tercer cigarrillo. Justo cuando su ceño empezaba a fruncirse y luchaba contra si mismo por no marcarle y tener una respuesta concreta.
compre los boletos. Estaremos a las diez de la noche, el viernes en el aeropuerto
Su mano soltó el vicio y comenzó a teclear.
dormirás conmigo un segundo después, presionó la tecla para borrar.
no te imaginas cuanto te extrañe y volvía a borrar.
Su cabeza –junto con sus dedos –escribió otros tres posibles textos, sin decidirse por ninguno. Cada uno era más comprometedor que el otro. Así que se decidió por un seguro Estaré esperando.
El resto de los días pasaron tan lento que Emmett no comprendía si sus relojes habían colapsado mágicamente o se habían echado a perder de tanto mirarlos.
Rosalie conversaba con él cada noche. Pero él estaba más concentrado en su reloj de muñeca que en las críticas de su vecina hacia su progenitora.
Cuando por fin –por el bien de los nervios del californiano –llegó el viernes, salió de la casa a comprar toda clase de comidas. Sus abuelos lo miraron en silencio. Él había decidido no decirle nada a Elisa. O de lo contrario, la mujer habría insistido hasta que la llevaran a buscar a Alice.
Dio vueltas durante todo el día. Buscando los helados favoritos de Allie y aquellas gomitas que le dio la última vez a Megan.
Agradeció que ella eligiera la aerolínea en vez de tomar el barco… aquellas gigantescas embarcaciones perdían el sentido del tiempo cuando "destinaban horarios". Sin embargo no eran ni siquiera las ocho cuando Emmett puso el primer pie en el aeropuerto.
Dio tres vueltas a los diferentes pisos de embarque. Comprobando cuanto demoraba en ir de un lugar a otro. Hasta que llegó a una visitada sala de espera.
Había una pareja de adultos mayores mirando unos folletos. La mujer intentaba llamar la atención de su marido mientras este cuidaba las mil maletas que llevaba su esposa.
Frente a él, había una pareja de enamorados. No tendrían más de 19 o 20 años. Se besaban tiernamente y la chica se escondía en el pecho del hombre.
Emmett recordó, instantáneamente, que Alice recibió unos pasajes a Alemania en primera clase cuando terminó su carrera. Y ella los cambio por dos pasajes más baratos hacia Paris… solo para poder ir con él.
Recordó también, que ambos no se despegaron en ningún momento.
Ella no conocía el recato. Y se subía a sus piernas frente a quien pasara casualmente cerca. O cuando subieron al avión, él ponía la mano en su pierna, en su cintura o sobre sus hombros… en un gesto totalmente posesivo.
Y ella acariciaba su cabello dejando que marcara el terreno.
Cuando logró verla, entre tanta gente, la cara de ambos se iluminó.
No hablaron. No entre ellos, por lo menos. Pero no estuvieran en silencio ni tres segundos.
Megan se encargó de formar temas de conversación apenas puso su trasero en el auto.
-mi mama tiene muchas fotos tuyas en su cuarto. Por eso sé quien eres- dijo la pequeña. En su dulce tono de voz.
-¿a sí?- dijo Emmett mirando a la niña por el retrovisor.
-si… mi mamá y mi papá se gritaban mucho por eso. Mi papá decía que tú…
-basta Megan- dijo la madre rápidamente –esas cosas no se dicen.
Emmett volteó a verla. Sus mejillas estaban tan coloradas como una jaiba. Sus ojos miraban recelosos.
La niña miró a su madre y bajó la vista.
Fue solo un segundo de tensión. Porque Alice le preguntó algo sobre unos dibujos animados y ella volvió a desarrollar su comunicación oral.
Emmett estaba lo suficientemente atento para ver como las facciones de su madre se relajaban con cada comentario. Puso una mano en la rodilla de la azabache, después de pasar cambio… como la primera vez que fueron al cine y el bostezó para poner por primera vez un brazo sobre sus hombros.
Ella lo miró, conciente del notorio movimiento. Trazó con sus dedos abstractos dibujos sobre la mano hasta dejar caer sus dedos sobre la gran mano de Emmett. Él volteó la suya y enganchó los dedos de la ojimiel.
Al llegar al edificio, Emmett se estacionó donde siempre. Se bajó y fue a la puerta del pasajero tan rápido como pudo. Pero Alice ya se había bajado del coche y se estiraba para abrir la puerta de Megan.
-esta durmiendo y yo…- pero no dijo nada más. Porque Emmett la apoyó contra el auto e hizo lo que deseó desde que la vio entre la multitud.
Juntó sus labios con los de ella y saboreó su boca.
Era igual que antes. Como si no hubiera pasado nada en este tiempo. Fue como besarla de nuevo… por primera vez. Y nuevamente, no supo definir si había algo romántico en ello… era más una acción de compromiso. Como decir: "somos tú y yo otra vez".
-yo la bajo – dijo cuando sus pulmones pidieron ayuda.
Ella se quedó apoyada contra el auto. Respirando complicada.
Él comenzó a caminar con la niña en brazos… y Allie no tardó en alcanzarlo y golpear su espalda.
-tonto avasallador
Se subieron al elevador entre risas e inocentes roces entre sus brazos.
El descenso de la caja metálica no fue tan agradable. Ya que cuando las puertas se abrieron, una rubia lo esperaba con una sonrisa y una caja de pizza gigante.
-eso es una niña…
-vaya… que observadora- dijo Alice, apareciendo en la vista de Rosalie.
Emmett vio algo en ese momento. Una corriente de electricidad que iba desde los azules ojos de Rosalie hasta los miel de Alice. Supo también, que si tenía la mala idea de decir una sola palabra, podría ser victima de la corriente eléctrica.
-¿y ella es la chica humana?- le preguntó la rubia a Emmett- ¿tu novia o solo la chica de turno?
Emmett supo que no debía responder. Porque si lo hacía Alice lo golpearía tan duro como fuera posible.
-no niñita- dijo con su voz de abogada frente al estrado. Emmett sintió la ira correr por esas palabras- estamos juntos hace años. ¿Quién es la insolente, bonito?
-solo la vecina- dijo la rubia mirando a Emmett con ojos cristalinos.
-bueno… solo la vecina, jamás había oído hablar de ti así que...
-¿Mami? ¿Ya llegamos?- preguntó Megan despertando entre los brazos de Emmett.
La pequeña se giró y Rosalie la vio. Perdió el equilibrio de la caja cuando el oxigeno no entró bien en su organismo.
-es tu hija…
Y ese fue el momento clave de McCarty. Miró a ambas mujeres. Aquellos ojos azules y mieles que lo miraban con atención.
Alice lo miraba como jamás lo hizo antes. Esperando una respuesta… y Rosalie con la ilusión de la negación.
Debía hacerlo. Porque si no lo hacía… podría arrepentirse toda su vida.
Él tomó la mano de la azabache y esta sonrió verdaderamente. Luego los ojos del hombre en el pasillo fueron en dirección a los de la rubia y lo único que dijo fue
-lo siento Rosalie.
-claro… ¿¡cómo no lo imaginé antes?!- fue el grito reprimido de la rubia tirando la pizza y abriendo la puerta de su departamento.
Alice esperó el portazo. Y soltó la mano de Emmett. Megan miraba todo sin entender.
-Siento arruinar tu conquista. Yo…
-Olvídala Allie. Yo… necesito decir algo importante. No sé como no me di cuenta, pero…
Ella no lo dejó terminar. Se cohibió y se acobardó. Algo que jamás había pasado.
Solo lo empujó contra la puerta y dijo
-después.
No era posible adivinar que había pasado con la fiera que estaba en el pasillo. Porque una vez que entró y Elisa McCarty la vio, cambió totalmente.
Los ojos furiosos se transformaron en calidos y la rabia que Emmett juró ver en cada uno de sus movimientos fue reemplazada por una suave sonrisa.
-¡Cariño!- fue el grito de la anciana mujer mientras tragaba sus medicinas.
El abuelo intentó que no se moviera, pero fue inútil. Cuando esa señora quería algo, lo tenía instantáneamente. Y en ese momento, quería correr a los brazos de la abogada que siempre adoró.
-¡¿por qué no me dijiste que vendría, Emmett?!- le gritó a su esposo- habría comprado algo de helado y una torta.
-entonces me engañaron Elisa. Tu nieto dijo que si venía me haría panqueques todos los días para el desayuno.
Elisa McCarty posó su atención esta vez en otro Emmett. En su nieto.
Emmett tuvo que premeditarlo… a su nana le podría dar un ataque al corazón al ver a una niña igual a él, pero no lo hizo.
-¿es mi bisnieta?- él siempre se imaginó que si llegaba con una niña de tres años y decía que era su hija, su abuela le golpearía con una escoba por saber recién de ella. Pero aquello no ocurrió así. Elisa miraba a la semi-durmiente Megan con los ojos iluminados de emoción.
-Elisa –dijo Alice con tono cariñoso –te presento a Megan. Mi hija.
El abuelo McCarty se quedó en silencio. En su seguro puesto. Emmett y Alice recibieron la interrogante mirada de la abuela.
-¿tuya?- indicó a la azabache – ¿o de ustedes?- indicando a los dos.
-solo mía- dijo ella con una sonrisa fingida.
-pero es… idéntica a Emmett. ¿Seguro que no es suya? ¿Segura, segura?
-si nana- dijo riéndose. Emmett la miró como nunca antes la había mirado. ¿Era verdad lo que dijo Megan antes de dormir? Y si era así… ¿Qué demonios sentía entre sus costillas?
Tampoco tuvo muchas oportunidades de averiguarlo. Porque cada vez que sus miradas se cruzaban, ella corría la vista. O cuando sus manos se rozaron en la cena, ella la escondió bajo la mesa.
Elisa había acaparado la atención de Alice cada minuto. El abuelo Emmett las miraba con alegría. En cambio Emmett, solo quería que su abuela la dejara un minuto sola.
Elisa McCarty. En un movimiento totalmente estratégico. Uno tan viejo y poco camuflado que todos se dieron cuenta. Hizo que su marido fuera a acostar a la pequeña a la única pieza desocupada en la casa.
Ambos hombres supieron que pretendía cuando terminó de hablar, pero ninguno objetó algo al respecto. Si Alice entendió algo en aquellas miradas cómplices, que era lo más esperable, tampoco dijo nada.
Así que cuando la abuela bostezó exageradamente, todos supieron que el espectáculo empezaba. Y todos, por obligación, debían seguirle el jueguito.
-hija, dormirás con Emmett. Debemos dejar que Megan descanse tranquila y cómoda. No te molesta, ¿cierto bambino?
El aludido sabía que si decía algo en contra, ella lo golpearía. Por otra parte… ansiaba un segundo a solas con la visitante. Y Emmett sabía que su abuela estaba al tanto. Por eso la había mantenido ocupada todo ese tiempo.
Fue incluso más notable cuando la mujer, entre toses y carraspeos se acercó al ventanal que daba al balcón y lo cerró con pestillo. Como si interpusiera cualquier obstáculo de atención.
Cuando las luces se apagaron y la luna fue el único testigo, Emmett se aburrió de ver solo la espalda de Alice Brandon y se puso sobre ella para volver a besarla.
-necesito decirlo Allie. Déjame terminar esta vez.
-
perdón una y mil veces por tardarme tanto en actualizar.
Pdta; capítulo dedicado a Catalina Alarcón, (una amiga de la U) que el viernes me tiró mas de una indirecta para que actualizara 3
