CHANGE OF HEART

CAPITULO 11

-Soldados- dijo Kristoff por fin, y dos hombres se acercaron a él- arréstenlo y llévenlo al calabozo del barco, para aguardar sentencia una vez que se termine la batalla…-

Los soldados se acercaron a Hans, y lo tomaron por los brazos. Sir Khellberg sonrió triunfante.

-No, a él no- los corrigió Kristoff- a sir Khellberg-

-¿Que? ¡No!- exclamó sir Khellberg, mientras los soldados lo sometían- soy el presidente del consejo de la reina de Arendelle. Usted no es más que un simple campesino. ¡Le ordeno que me dejen ir!-

-Quizá Kristoff sea solo un simple campesino- le dijo Hans, molesto, aguantándose las ganas de escupir en el suelo- pero en este momento es el comandante del ejército de la reina. Es un hombre valiente, y no es un sucio traidor a su reina como tú-

Hans y Kristoff miraron como se llevaban a Khellberg arrastrando al barco. Se miraron entre ellos.

-Gracias… Kristoff- dijo Hans, pronunciando el nombre del rubio con dificultad. Éste sonrió- ya sabes, por creerme-

-No es nada- dijo Kristoff- ahora tenemos algo que hacer-

-¿Anna?- le dijo Hans.

-Anna- repitió Kristoff.

Ambos se apresuraron hacia donde estaba la princesa de Arendelle.

x-x-x

Anna estaba algo enfurruñada. Todos a su alrededor peleaban y la protegían, y la verdad se sentía un poco inútil. Ya sabía que era mujer. Pero Elsa al menos tenía sus poderes. Regina tenía la espada de Bastian. ¿Y Anna?

Anna notó que herr Kant, el hombre que había atacado Arendelle, estaba dirigiendo un grupo de soldados. La princesa de Arendelle alzó una ceja. Estos hombres no parecían luchar junto con los demás. ¿Qué significaba?

Anna decidió entonces probar suerte. Tomó una de las balas de cañón más pequeñas con ambas manos, y la lanzó hacia herr Kant. Falló, pero alcanzó a darle a uno de los sujetos que iban con él en el casco, que a pesar de ello hizo que el soldado se desmayara.

Anna sonrió y se volvió para tomar otra bala. Levantó la vista para lanzarla. Ya no estaba ni herr Kant ni los hombres que lo acompañaban. La princesa alzó una ceja.

-¿A donde…?- comenzó, cuando sintió un par de manos tomarla de los hombros y tirarla hacia atrás- ¿que…?-

Una mano enguatada cubrió su boca.

-Fue demasiado fácil, princesita- dijo herr Kant, caminando frente a ella, mientras uno de los soldados sostenía a Anna- tú misma nos diste tu ubicación. Ahora vámonos de aquí, el príncipe Mormoth quiere que seas su invitada de honor…-

Anna frunció el entrecejo y dio una fuerte patada al hombre que la sostenía. Sin embargo, éste no la soltó, sino la retuvo con más fuerza.

-Vámonos- repitió herr Kant- antes de que…-

No pudo terminar su frase, porque un golpe con el mango de la espada de Hans golpeó al hombre que estaba a su lado, haciéndolo caer al suelo inconsciente. Otro golpe en la cabeza del hombre que tenía a Anna, cortesía de Kristoff, tuvo el mismo efecto. Una vez libre, Anna se aferró a Kristoff.

-No lo creo- dijo Hans, volteando su espada y apuntando a herr Kant con ella- ni se te ocurra acercarte a ella-

Herr Kant hizo una mueca. Estaba solo contra los dos hombres.

-Pero… príncipe Hans- dijo herr Kant- ¿qué es lo que está haciendo? Creí que usted…-

-Creíste mal- dijo Hans- no te vas a acercar a Anna. Y no voy a dejar que la uses para lastimar a Elsa-

Anna escuchó perpleja esa declaración, y miró alternadamente a Kristoff y a Hans con curiosidad. Herr Kant parpadeó sorprendido, pero después sonrió.

-Que mal, su alteza- dijo herr Kant con un marcado tono de sarcasmo- habíamos pensado en respetar su vida, en agradecimiento por su… inconsciente ayuda previa. Pero si ese es el caso…-

Herr Kant levantó la mano, y al menos otros veinte soldados se acercaron a él. Hans los miró con desesperación. Veinte hombres, y Kristoff aún no lograba aprender a usar la espada. En general, Hans estaba solo contra ellos. Solo se le ocurrió una cosa.

-Kristoff- dijo Hans- toma a Anna y llévatela de aquí-

Kristoff hizo una mueca.

-Pero Hans…- comenzó el rubio.

-Solo hazlo, Kristoff- dijo Hans, frunciendo el entrecejo- no podremos solos contra todos, y ellos la quieren a ella. Yo los detendré, solo asegúrate de que esté a salvo-

Kristoff entendió la mirada de urgencia de Hans. Tomó a Anna en brazos y se echó a correr en dirección contraria. Hans se quedó de pie, con la espada en su mano derecha. Sin embargo, herr Kant se echó a reír.

-Muy valiente, pero muy inútil- dijo herr Kant- ¿crees que no tengo a más de mis hombres cubriendo todas las vías de escape?-

Hans se volvió a donde había desaparecido Kristoff con Anna.

"Por favor protégela, mastodonte", pensó Hans "no quiero ver el dolor en los ojos de Elsa si le pasa algo a su idiótica hermana"

No tuvo más tiempo para pensar, pues los hombres de herr Kant comenzaron a atacarlos.

x-x-x

Kristoff no pudo correr mucho, pues pronto fue detenido por una muralla de hombres al servicio de herr Kant. El rubio se detuvo en su carrera, sin soltar a Anna ni un segundo.

-Ya fue suficiente- dijo uno de los soldados- entrega a la princesa y no te haremos daño-

-Jamás- dijo Kristoff.

-Bueno, peor para ti- dijo el hombre.

Todos los rivales se lanzaron contra Kristoff. Éste luchó valientemente, sin soltar a Anna, pero eran demasiados para él. Uno de ellos lo golpeó a la altura de la nuca, haciéndolo caer al suelo. Anna gritó, asustada, al ver que Kristoff no se levantaba, pero al mismo tiempo no la soltaba.

-¡Kristoff!-

Uno de los hombres se acercó y trató de arrebatar a Anna de sus brazos, sin éxito.

-Vamos, suéltala…- dijo el hombre entre dientes.

Entre varios lograron que Kristoff soltara a Anna. Ésta, una vez libre, se echó a correr, pero fue rápidamente interceptada por otro de los hombres, quien la arrastró de regreso.

-Volvamos al palacio- dijo el hombre que tenía a Anna- antes de que aparezca otro contratiempo-

-¡No, suéltenme!- gritó Anna, estirando su brazo hacia el rubio, que seguía inconsciente en el suelo- ¡Kristoff!-

Los hombres ignoraron sus gritos, y la llevaron con relativa facilidad de regreso al castillo.

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Elsa y Bastian siguieron a Regina entre los pasillos secretos del palacio. La reina de las nieves estaba sorprendida de ver esos pasajes en un castillo real.

-Estas son las escaleras de servicio- explicó Regina- cuando era niña, me los aprendí de memoria. Mormoth no los conoce, pues jamás se "reduciría" a pasar por ellos-

-Yo también los conozco- dijo Bastian- cuando acompañaba al rey entre ellos. Son muy útiles para esconderse o escapar, cuando los conoces bien-

Elsa sonrió, maravillada. Ya faltaba poco para llegar a la sala del trono y acabar con ese problema de una vez por todas. Además, aún seguía preocupada por Anna. Esperaba que Hans hubiera llegado a tiempo para advertir a Kristoff.

De pronto, escucharon unos pasos que venían del lado contrario del pasaje. Bastian empuñó la espada, y las dos jóvenes se escondieron a los lados del mismo. Pero no se trataba de un soldado o guardia de Mormoth, era simplemente un sirviente que conocía Regina.

-Bernard- dijo Bastian al reconocerlo.

-¡Bastian!¡Estás vivo!- exclamó el hombre llamado Bernard, un joven de la misma edad que Elsa o Regina. Se volvió a esta última y se arrodilló- ¡su majestad! Bienvenida de regreso a su hogar. Ojalá pudiéramos recibirla en mejores condiciones-

Regina sonrió. El joven sirviente era un poco más alto que Bastian, de cabellos ondulados y grandes ojos color miel.

-Por favor, escuché que estaba en Copenhague y he venido a advertirle, su majestad- continuó Bernard.

-¿Qué sucede, Bernard?- dijo ella, un poco asustada de que la haya llamado así dos veces.

-Escuché que Mormoth se está preparando para cuando usted llegue a la sala del trono- dijo Bernard- dijo que tenía una trampa preparada. Tenía que advertirle-

Regina sonrió.

-Gracias, Bernard- dijo Regina, sonriendo- te prometo que tendré cuidado. Ahora, reúne a los sirvientes y sácalos del castillo, que se dirijan a un lugar seguro. Puede ser peligroso para ellos-

Bernard asintió.

-Por supuesto, su majestad- dijo el joven sirviente, y se apresuró a bajar.

-¿Estás segura que hay que seguir, Regina?- dijo Elsa, una vez que volvieron a quedarse solos- ¿y la trampa de Mormoth…?-

-Mormoth no sabe de estos túneles- dijo Regina- y estamos advertidos, así que todo irá bien…-

-Hemos llegado- dijo Bastian de pronto.

Elsa encendió sus poderes, creando unos finos copos de nieve en sus manos, lista para atacar. Bastian empuñó su espada, y Regina miró a la sala del trono. Estaba casi vacía. En el trono, en el lugar donde siempre había visto a su padre, estaba sentado el hombre que le había causado tantas penas. Mormoth.

Elsa miró al joven príncipe, el rival de Regina, y entendió porque todo el mundo le tenía tanto miedo. Desde la distancia se podían ver sus horribles ojos rojos.

Junto a Mormoth, de pie, estaba herr Kant, quien había ido a Arendelle en son de paz, y que ahora los había traicionado. ¿Cuántos traidores había ya? Herr Meyer, sir Khellberg, herr Kant… y los que faltaban. Otros hombres también estaban de pie junto a él, y Regina los reconoció como antiguos consejeros de su padre.

Elsa estaba molesta por aquello e, inconscientemente, bajó la temperatura del lugar. Cuando cayó en cuenta de lo que había hecho, ya era demasiado tarde. Mormoth sonrió al darse cuenta.

-Vaya, vaya- dijo Mormoth, interrumpiendo lo que estaba diciendo herr Kant- parece que mi querida prima ya está aquí, y llegó junto con la reina de las nieves…-

Elsa hizo una mueca. Los había descubierto por su culpa. A Bastian y a Regina no pareció importarles. Estaban ocultos tras una pared falsa, y no había forma de que Mormoth los descubriera si no conocía la salida.

Mormoth sabía eso también.

-¿Y porqué nuestros invitados no nos hacen el honor de salir a saludar?- continuó el malvado príncipe- vamos, Regina, creí que tu padre te había enseñado buenos modales. Antes de morir, quiero decir…-

Regina no se movió, solo tembló de furia, y Bastian la tomó de los hombros para tranquilizarla. Elsa, por su parte, pensó en intimidar al malvado príncipe para empujarlo a que se rindiera antes de que hubiera necesidad de pelear. Cerró los ojos y se concentró, para provocar que todas las ventanas y esquinas de la sala del trono se congelaran.

-Muy impresionante- dijo Mormoth al ver lo que había provocado Elsa- los poderes de la reina de las nieves son impresionantes. Sería un honor conocer a la reina Elsa de Arendelle. Estoy seguro que no rechazará mi invitación, cuando vea a mi invitada de honor-

Elsa palideció, y sus manos temblaron al ver que herr Kant se retiró un momento, para regresar con dos hombres que traían a Anna con ellos.

"Anna…"

x-x-x

Hans estaba aturdido. Notó que tenía una herida sangrante en su brazo izquierdo. Se guardó la espada en la vaina, y se apretó el brazo para detener el sangrado. Se ató un pedazo de tela a la herida para evitar que siguiera brotando la sangre. Caminó hacia donde había salido corriendo Kristoff, con la esperanza de encontrarlo aún con la princesa de Arendelle.

Unos pasos más adelante lo encontró, tumbado en el suelo boca abajo. Hans hizo una mueca. Habían caído en la trampa.

-Kristoff- lo urgió Hans a levantarse- levántate, tenemos que ir por Anna-

-Anna…- susurró Kristoff, aturdido.

-Vamos, apresúrate- dijo Hans.

Kristoff se levantó con dificultad, pero con decisión.

-¿A dónde tenemos que ir?- preguntó el rubio.

-Debieron llevarla a la sala del trono, a donde se dirigían Elsa y Regina- dijo Hans- tenemos que ir a ayudarlas, antes de que Mormoth use a Anna para sacar a Elsa del combate. Vamos-

Kristoff asintió y siguió a Hans.

Antes de entrar al castillo por la puerta secreta que Regina les había mostrado, Hans miró hacia fuera de la muralla de la ciudad, y pudo ver a un gran ejército acercarse, llevando con ellos estandartes de un águila negra.

"Las fuerzas del emperador ya están aquí", pensó Hans "el viento tiene que cambiar a nuestro favor"

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Elsa miró sorprendida como los hombres llevaban a su hermana menor. Tanto Bastian como Regina miraban a la reina de las nieves alarmados. Realmente temían que Elsa los traicionara.

-Muy bien, reina Elsa- dijo Mormoth, rompiendo el silencio- ¿porqué no sales de tu escondite? Quiero decir, es por el bien de tu hermana…-

Elsa sintió un vuelco. Si salía, descubrirían donde se esconden Bastian y Regina. Si no…

-¡No lo hagas, Elsa!- gritó Anna- ¡es una trampa para anular tus poderes, no lo hagas!-

Elsa dio un paso al frente, y Bastian la detuvo.

-No vayas, yo iré en tu lugar- dijo Bastian aprehensivamente- no puedes arriesgarte así-

-Mormoth sabe que yo estoy aquí- dijo Elsa- nadie puede tomar mi lugar, Bastian-

Elsa se volvió unos pasos.

-Saldré por la abertura anterior, y entraré a la sala del trono por la puerta principal- dijo Elsa- no los descubrirán a ustedes-

-Es por ti que nos preocupamos- dijo Regina- no sabes como es Mormoth…-

-Estaré bien- dijo Elsa sonriendo levemente y mostrándole un copo de nieve en su mano.

Sin decir más, Elsa volvió unos pasos sobre el pasaje secreto y llegó a la puerta anterior, cuya salida estaba al inicio de un largo pasillo que terminaba en la sala del trono. Elsa caminó decidida hacia la misma y abrió las puertas.

El príncipe y los demás se sorprendieron. Esperaban ver salir a Elsa de alguna de las paredes, y se decepcionaron. Pero Mormoth sonrió. Por fin tenía a la poderosa enemiga en sus manos.

-Reina Elsa- dijo Mormoth, levantándose del trono- es un placer conocerla al fin. En el cadalso no pudimos presentarnos-

-No puedo decir lo mismo- dijo Elsa, frunciendo el entrecejo. Mientras hablaba, tres hombres se acercaron a ella. Con un movimiento de su mano, Elsa creó una barrera de carámbanos a su alrededor- no se atrevan a acercarse a mi persona-

Mormoth se echó a reír.

-Vaya, la reina Elsa sabe jugar- dijo Mormoth entre carcajadas. Tanto Elsa como Anna sintieron un horrible escalofrío recorrerlas. Aquel hombre inspiraba temor- no te preocupes, reina Elsa. No tenemos nada en contra de ti, de tu hermana o de tu reino. Solamente queremos que Regina se entregue y terminar con todo este pequeño problema…-

Elsa frunció el entrecejo. Su mirada pasó de Mormoth a Anna, y de regreso al príncipe.

-Regina es la hija del rey- dijo Elsa- el derecho es de ella, igual que como lo fue conmigo…-

Mormoth se echó a reír de nuevo.

-No, querida Elsa- dijo Mormoth- yo soy un hombre, y los hombres somos primero, es lo justo-

Elsa reprimió una exclamación de enojo, y una fina nevada comenzó a caer en la sala. Todos los hombres, incluso Mormoth, dieron un paso atrás, asustados.

-Deberías controlar tus emociones, reina Elsa- dijo Mormoth en tono amenazante, asintiendo en dirección a herr Kant, quien tenía un cuchillo bastante cerca del cuello de Anna- no queremos que pase nada con tu hermana…-

Elsa se esforzó por tranquilizarse, y la nevada cesó.

-Así está mejor- dijo Mormoth- ahora quédate quieta, vas a hacerle compañía a tu hermana en mi calabozo hasta que terminemos con este… pequeño problema con Regina. Una vez que todo acabe, las llevaremos de regreso a su país-

Elsa frunció el entrecejo. No tenía mucho que hacer. Anna, por su parte, estaba ya furiosa y cansada de que Mormoth le hablara así a su hermana. Dio un fuerte pisotón al hombre que la estaba sosteniendo, obligándolo a soltarla. De un puñetazo quebró la nariz de herr Kant, que soltó el cuchillo dando un alarido, y la princesa de Arendelle corrió hacia su hermana.

-¡Una pared, Elsa!¡Haz una pared!- gritó Anna mientras corría hacia su sorprendida hermana. Un par de arqueros y soldados lanzaron flechas y lanzas hacia Elsa y Anna. Elsa cayó al suelo cuando Anna la abrazó, e inmediatamente después una pared de hielo se formó entre las dos hermanas y el resto de los soldados, evitando que fueran heridas.

Elsa sonrió aliviada. Como si fuera una caja de cristal, excepto que era de hielo, las dos hermanas estaban protegidas de Mormoth y sus hombres.

-¿Estás bien, Anna?- preguntó Elsa- ¿no te lastimaron?-

-No- respondió ella, algo preocupada- es solo que… espero que Kristoff esté bien-

-No te preocupes, él tiene la cabeza más dura de lo que crees- dijo Elsa sonriendo.

Mormoth hizo una mueca, pero después volvió a sonreír. No era lo que tenía en mente, pero al menos sabía que la reina de las nieves no intentaría ayudar a Regina, estando junto a su hermana con el riesgo de que sea lastimada. El príncipe prosiguió con sus planes.

-Bueno, realmente da igual- dijo Mormoth- solo que me extraña que Regina no hubiera salido y dejara que la reina de las nieves se las arregle sola. Igual que cuando capturé al general Müller… la princesa Regina solo deja que todos mueran por ella-

Regina frunció el entrecejo y apretó sus manos. Bastian intentó calmarla.

-Tranquila, Regina- le dijo el joven en un susurro, tomándola de los hombros- solo trata de provocarte para que caigas en su trampa…-

Regina miró enojada la escena. Al menos Elsa y Anna estaban bien. Mormoth dio unos pasos, alejándose del trono y colocándose en el centro de la sala. Miró a su alrededor.

-No pensé que regresarías tan pronto, Regina- continuó diciendo Mormoth- realmente me sorprendió tu intento de salvar a Müller… creí que te acobardarías y huirías como siempre…-

Regina dio un paso adelante, y Bastian la detuvo de nuevo.

-No te dejes provocar- le dijo Bastian.

-Debiste haber visto a tu padre antes de morir, Regina- continuó Mormoth- no podíamos capturarlo. Y el muy tonto se entregó a cambio de que le prometiera que no te haría daño. ¡Como si fuera a cumplirlo!- se echó a reír- murió creyendo que estabas protegida…-

Eso fue el colmo. Bastian quedó aturdido de tristeza y de dolor al escuchar como había muerto el hombre a quien tuvo que dejar para proteger a Regina. Y Regina, sin pensarlo dos veces, tomó la espada de Bastian de su cinturón, de un empujón lo apartó y salió de su escondite. La joven princesa caminó a paso firme con la espada en alto, dispuesta a golpear con ella al malvado príncipe. Antes de dar el golpe, otro de los hombres frenó su espada con la de él, y Mormoth se echó a reír.

-Ustedes, las personas con sentimientos, son tan débiles- dijo Mormoth, mirando a Regina, cuya espada estaba siendo detenida por la de su soldado- sabía que reaccionarías así. Y ahora, a terminar con esta tontería de una vez por todas…-

Mormoth sacó su propia espada, y Regina, que seguía con la suya entrelazada con la del guardia de su primo, no podía defenderse. Viéndolo, Bastian salió de su escondite, tomó una de las lanzas que los guardias habían lanzado contra Elsa y Anna, y la usó para detener el golpe de Mormoth, arrodillándose junto a Regina. La lanza se rompió ante el impacto y alcanzó a golpear el hombro izquierdo del joven, quien dejó escapar una exclamación de dolor.

Desde el suelo, Bastian golpeó los pies de Mormoth y del guardia de una patada, haciendo que Regina estuviera libre de su ataque. La joven dejó caer la espada, y Bastian la tomó.

-Regina, corre junto a Elsa y Anna- dijo Bastian, levantándose y tirando de ella para que corriera- yo lo detendré-

-No, otra vez no- dijo ella-no quiero que te sacrifiques por mi otra vez-

Mientras tanto, Mormoth y el guardia se levantaron. Bastian se puso entre ellos y Regina, espada en mano, ignorando la sangre que brotaba de su hombro.

Elsa y Anna miraban detrás de la pared de hielo con desesperación. No sabían que hacer para ayudar. De pronto, vieron que dos hombres entraron a la sala. Kristoff y Hans. Elsa sonrió.

-Elsa, mira- dijo Anna.

Elsa derritió un poco la pared que había hecho, permitiendo que ambas salieran del cubo sin perder la protección del muro de hielo contra las flechas que los otros hombres pudieran lanzar contra ellos.

-Kristoff, ¿estás bien?- dijo Anna.

-Claro, no te preocupes- dijo Kristoff, abrazando a Anna- estamos bien-

-¿Qué está sucediendo?- preguntó Hans.

No había tiempo para explicar. Mormoth y el otro hombre peleaban con su espada contra Bastian solo, que usaba la espada para defenderse con su mano derecha, mientras empujaba hacia atrás a Regina con la izquierda, para evitar que fuera lastimada. Los otros guardias no se atrevían a atacarlos, ya que corrían el riesgo de lastimar a Mormoth.

-No has servido más que para darme problemas, Müller- dijo Mormoth, comenzando a enfurecerse- debí matarte cuando tuve la oportunidad-

Bastian sonrió debilmente.

Elsa sabía que tenía que hacer. Con una mirada hizo que Kristoff, espada en mano, se refugiara junto con Anna detrás de la pared de hielo. La reina de las nieves pateó el suelo con fuerza, y toda la sala del trono se congeló. Mormoth resbaló y cayó al suelo, dando oportunidad a Bastian de alejar a Regina lo más posible.

-Bastian, no podemos huir otra vez- susurró Regina mientras Mormoth se incorporaba.

-Lo sé, pero tú no puedes pelear contra él. Es muy peligroso. Tienes que quedarte en un lugar seguro y yo me encargaré- dijo Bastian.

Regina sacudió la cabeza.

-Esta vez me encargaré yo, Bastian- dijo ella.

-Pero… yo prometí protegerte con mi vida- protestó Bastian- no puedo…-

-Y ya lo hiciste- dijo Regina, sonriendo y tomando la espada de Bastian- es mi turno de pelear por mi propio trono…-

Regina dejó a un sorprendido Bastian junto a la pared, mientras la joven se acercaba a su primo.

-Mormoth, dejémonos de tonterías- le dijo Regina, apuntándolo con la espada- te reto a un duelo. Sin la ayuda de nadie. Si yo gano, dejarás el reino para siempre. Si tú ganas, tu serás el rey y harás lo que quieras-

-No…- exclamó Elsa.

Mormoth se echó a reír.

-Ahora estás hablando, querida Regina- dijo Mormoth- muy bien, acepto tus términos-

Ambos tomaron sus espadas entre sus manos y se dispusieron a pelear, ante la mirada sorprendida de los demás que los observaban. Hans y Elsa dejaron un momento a Anna y a Kristoff detrás de la pared de hielo y se acercaron a Bastian, que miraba con atención la escena. Entre los golpes bruscos que daba Mormoth, Regina se defendía con bastante habilidad y gracia. Bastian tomó del suelo una espada de otro de los hombres de Mormoth, por si acaso.

Regina y Mormoth pelearon valientemente por unos minutos, tras los cuales, por un error que cometió el príncipe, Regina fue capaz de desarmarlo y dejarlo contra la pared, apuntándole con la espada.

-Te he vencido- dijo Regina- te ordeno que salgas de Dinamarca de inmediato…-

Mormoth la miró con odio, pero después sonrió maliciosamente.

-No lo creo, querida- dijo el príncipe. Regina no se dio cuenta que uno de los hombres estaba apuntándola con una flecha. Elsa lo notó, y creó una pared de hielo para protegerla. Ante la confusión, Mormoth aprovechó para moverse a un lugar seguro.

-Eres un sucio traidor- dijo Regina.

-Lo siento, querida- dijo Mormoth- no tengo ningún interés en negociar contigo. La corona es mía-

Hizo una seña a sus soldados, que empezaron a lanzar flechas contra ella, mientras que dos hombres se acercaron con la espada desenvainada. Elsa volvió a crear otra pared de hielo para protegerla, aunque aún lanzando nerviosamente una mirada rápida hacia donde estaba Anna.

-Cierren las puertas de la sala- exclamó Mormoth a sus soldados, furioso ante la acción de Elsa- acaben con todos. Nadie saldrá vivo de esta sala…-

x-x-x

¡Hola! Aún no me han lanzado tomates, no se si es buena o mala señal. En fin, espero que lo estén disfrutando. Ya se acerca el final. Nos seguimos leyendo.

Abby L.

PD: Sí, me encanta que Hans llame "idiótica" a Anna.