Casey POV

Llegó Julio y no paré de entrenar; tiro con arco, espada, lucha cuerpo a cuerpo... Estaba agotada. Aunque tenía bien claro que no iba a luchar contra mis compañeros tenía que entrenarme. Adonis tenía que creer que estaba a su disposición, que todo iría tal y como lo había planeado. Me perdía algunas comidas solo para entrenar o planear cómo robarle el collar al dios, pero aún así aguantaba fácilmente. Incluso perdí peso. Ahora pesaba cincuenta kilos. Tenía que engordar un poco.
Dentro de un día sería mi cumpleaños; cuatro de Julio. Nací el mismo día en que se celebra la declaración de independencia en Estados Unidos. Ese día no iba a ser lo mismo sin mis amigos a mi lado, apoyándome y riéndose conmigo.

Después de una larga mañana entrenando sin descansar ni un minuto, estaba más sudada que el calcetín de un jugador de fútbol. Decidí que sería hora de darme un baño y quedé con Lamos, Arsen y Hallie en el lago para refrescarnos un poco. Arsen es un lestrigón y el mejor amigo de Lamos. Según ellos, llevan juntos desde los tres años. Hallie es una diosa adolescente. Su tatarabuela es la hija de un descendiente de Poseidón. Se podría decir que están emparentados. Es guapísima; cumplió los quince hace dos meses. Está practicando hechizos de transformación pero a veces cuando intenta aparentar una mujer de veintiséis años se transforma en una abuela de setenta. O la magia no es lo suyo, o aún tiene que practicar más. Ella también está molesta por lo de esta guerra. Dice que es un disparate, que a ella no le importa si la gente la conoce o no, que solo quiere vivir la vida al máximo. Pero la suya es eterna, tiene muchos días para irse de fiesta.

"¿Por qué luchar? ¿Por qué no difundir la paz y el amor?" dijo mientras flotaba en la superficie del agua.

"Las personas son muy ambiciosas. Quieren poder. Ése es su único objetivo" comenté.

Me miró a los ojos y sonrió. "Pero tú no buscas eso, ¿verdad? Tu solo quieres que te perdonen y que Jake vuelva a confiar en ti."

Eso me entristeció un poco. ¿Y si no lo consigo? Perdería a mis mejores amigos para siempre. ¿Y mi familia? Me importan demasiado como para alejarme de ellos. Mi padre... debía estar decepcionado. Estuvo buscándome por todos los internados hasta que me encontró. Nunca se rindió, y yo ahora le daba razones para pensar que debería haberlo hecho.
Lamos se acercó y me salpicó.

"Deja de pensar en eso y sonríe un poco."

Un estruendo enorme retumbó al otro lado del bosque. El agua del lago tembló y creó pequeñas olas.

"Estarán comprobando que las bombas de fuego griego funcionen correctamente" comentó Lamos.

Arsen dejó de tomar el sol y miró a su alrededor receloso. Algo ocurría. Se levantó de golpe y nos miró con seriedad.

"Salid del agua y vestíos. ¡Rápido!"

Los tres salimos disparados, nos secamos y nos pusimos nuestra ropa. No tuve tiempo de volver a vendarme la herida de la marca que tenía en la espalda. Un bañador de mi hermanastro y mi jersey de Campamento Mestizo. Cuando lo llevaba puesto me sentía como si estuviera allí otra vez.

"¿Qué está pasando?" preguntó Hallie.

"Eso no ha sido una de nuestras bombas. Nos están atacando" gruñó Arsen. "Nuestras bombas son más potentes."

Los tres quedamos patidifusos al oír sus palabras. ¿Que nos están atacando? ¿Ya? ¿Tan temprano? Todo el mundo creía que ocurriría a finales de Julio. Estábamos equivocados.

"A las once de la mañana, cuando estaba entrenando, vi al grupo de seguridad vigilando la zona norte del bosque. Si cada tres horas se mueven en dirección a las agujas del reloj, ahora deben estar en el área afectada. La zona este" deduje.

Un conjunto de monstruos y dioses pasaron por el lado del lago a toda prisa, armados y protegidos con sus cascos, y corrieron en la dirección donde habían lanzado el fuego griego. Otro grupo se quedó allí y montaron un toldo. Adonis estaba debajo de él con un mapa encima de una mesa de esas que se despliegan.

"Lamos, Arsen" los llamó, "ayudad a traer camillas y botiquines por si hay algún herido."

Los dos asintieron y se pusieron manos a la obra.

"Y no os olvidéis de traer ambrosía y néctar. Serán útiles para que se recuperen rápidamente" añadió.

Las piernas me temblaban. La guerra había empezado. Eso significaba que mis amigos y los demás campistas, sátiros y ninfas estaban al otro lado del bosque, preparados para luchar aunque supusiera perder la vida en ello. Comencé a respirar pesadamente y a fijarme en lo que los demás hacían. No sabía si debía quedarme sin hacer nada o poner mi plan en marcha, que era muy sencillo: cuando Adonis estuviese cruzando el bosque para luchar lo seguiría y lo sorprendería por detrás. Con un golpe de la empuñadura de Cascadia en su cabeza caería inconsciente al suelo y le quitaría el collar. Pero podría ser que estuviese escoltado por monstruos. En ese caso tenía un plan B: pediría ayuda a Hallie. Ya habíamos hablado de eso y me dijo que estaría encantada de ayudar a reconciliarme con Jake.

"Hallie, Casey" nos reclamó.

Las dos nos acercamos a la mesa y lo miramos fijamente, esperando a que diera órdenes.

"Necesito que me traigas tres armaduras" le dijo a Hallie.

Ésta asintió y fue a buscarlas. El dios me miró receloso y se inclinó sobre la mesa para acercarse a mí.

"¿Estás preparada para luchar contra esa panda de críos?" preguntó riéndose.

Le dirigí una mirada asesina.

"No pienso luchar" contesté secamente. "Si quieres me quedo aquí y ayudo en la enfermería, pero no voy a hacer daño a ninguno de ellos."

Suspiró sacudiendo la cabeza y me acercó el rostro al suyo por la barbilla. Intenté remover su mano pero me apretó con más fuerza.

"No quieres que le haga daño, ¿verdad? Pues vas a luchar quieras o no" me amenazó.

"Eres repugnante" murmuré entre dientes lo suficientemente alto para que me pudiera oír.

Quitó la mano de mi mandíbula y señaló el mapa. Hallie acababa de llegar y prestamos atención a la explicación detallada de Adonis. Los dioses menores se dividirían en tres grupos. Unos irían con los lestrigones, la medusa y las demás gorgonas, otros con los telekhinesy los guerreros-esqueleto y el tercer grupo con los demás monstruos, por ejemplo, el Minotauro, la hidra, Equidna y Quimera, mujeres-dragón... Cada grupo se dividiría en dos. La primera división atacaría primero (que ya se habían puesto en marcha) y más tarde saldría la segunda a ayudarles. Adonis creía que eso sorprendería a los semidioses.
Hallie iría en el primer grupo, con los lestrigones y Tánatos y, atacarían por el lado izquierdo. Adonis y yo en el tercero, con el Minotauro y los demás y atacaríamos por la derecha. El segundo grupo los sorprenderían por delante. Debíamos evitar que llegasen al Internado, que se encontraba en la zona oeste del bosque y que estaba vigilada por una esfinge.
Odiaba tener que reconocerlo, pero el plan estaba bastante bien ideado. Miré a Hallie por el rabillo del ojo y mantuvimos una conversación silenciosa. Ella asintió sutilmente sin que Adonis se diese cuenta. Eso significaba que pondríamos en marcha nuestro plan B. Con mi mano aferré con fuerza los dos collares que llevaba; mi espada, y un hilo de cuero marrón que contaba con una cuenta de colores que nos dieron el año pasado cuando terminó el verano. Recé a los dioses para que el bando de Adonis no ganara esta batalla.

"Pongámonos las armaduras" propuso Hallie.

Hallie chasqueó los dedos y ya la tenía puesta. Ella lo tenía fácil. Me dirigí lentamente a coger una armadura de las que Hallie había traído. Vi que Adonis había preferido ponérsela del modo tradicional. Tuvo problemas con la pieza que protegía el tronco de su cuerpo. Quería atar las correas, pero si lo hacía con fuerza rompería el collar con el alma de Jake. Como juró por el Río Estíge que no matarían a Jake. No podía permitirse aplastar el frasco o Zeus lo castigaría, así que se lo quitó y lo dejó encima de la mesa durante un instante.

"¡Ya están todos luchando, señor!" avisó un telekhine que salía del bosque. "Pero... tenemos un problema."

Adonis se acercó a él para conocer la situación. Miré a mi alrededor y no vi a nadie más que a dos diosecillos descendientes de Asclepio, el dios de la medicina, esperando a que hubiera algún herido grave y curarle. Lo más fácil sería continuar luchando aún estando herido, pero Adonis no podía permitirse el lujo de perder fuerzas por culpa de algunos cortes profundos. Me acerqué lentamente a la mesa y fingí estar mirando el mapa. Me aseguré de que los dos dioses no me vieran y me metí el collar en el bolsillo. Una sensación de alivio recorrió mi cuerpo. Quería saltar de la alegría y llorar por haberlo logrado. Pero no podía ser tan fácil. Esa sensación se desvaneció en cuando alguien me cogió las manos y me las puso en la espalda, dándome media vuelta. ¿Cómo pudo Adonis haberme visto? Supongo que me vio justo cuando terminó de hablar con el telekhine.

"¿Así que querías traicionar a tu propio bando?" preguntó oprimiéndome en la mesa con fuerza.

Deslizó una mano por mi abdomen hasta llegar al bolsillo donde tenía guardada el alma de mi mejor amigo. Sacó el collar y volvió a colgárselo. Esta vez, encima de su armadura.
Pude oír gritos de guerra y gruñidos a lo lejos. Las espadas chocar unas con las otras. Bombas de fuego griego. Incluso si prestabas mucha atención podías oír el sonido de las flechas atravesando el aire. El cielo empezó a nublarse y retumbaron los truenos.

"Este no es mi bando" confesé.

"Así que este era tu plan desde el principio, ¿eh? Muy astuta, pero te ha salido el tiro por la culata" bramó. "Si no quieres luchar con nosotros, tampoco voy a dejar que luches contra nosotros."

Hizo aparecer unas manillas encima de la mesa y me las apretó alrededor de las muñecas hasta dejarme tal marca que salió sangre. Hice una mueca de dolor y saqué todo el aire que tenía en mis pulmones para intentar reprimir el dolor. Para mí el dolor es psicológico, así que me obligué a no pensar en ello y me centré en la próxima jugada del dios. Si no me dejaba luchar, ¿qué haría conmigo?
Me arrastró por la fuerza dentro del bosque y me empujó contra un árbol. Pronunció un conjuro en griego antiguo y unas cadenas aparecieron y me ataron en el árbol. Solo había dos zonas visibles de mi cuerpo: mi cabeza y mis piernas. Las otras partes quedaron escondidas tras esas negras cadenas de acero templado y bronce celestial. Forcejeé para librarme de ellas pero no sirvió de nada.

"Te quedarás aquí hasta que hayamos eliminado a todos y cada uno de tus compañeros del campamento" gruñó.

"Eso si ellos no acaban con vosotros antes" dije esperanzada.

Apretó los dientes y se fue corriendo hacia donde la batalla seguía en pie. Yo seguí forcejeando las cadenas. Intenté sacar el medallón de mi colgante y transformar aCascadiapero el collar quedó hundido bajo las cadenas al igual que mis brazos. Parecía un burrito recién enrollado. Más tarde me di cuenta dónde estaba. Ése era el mismo árbol al que me ataron cuando me marcaron.
Durante un minuto estuve pensando en lo sucedido desde que me fui de Campamento Mestizo. Yo solo quería recuperar el colgante de Jake y devolvérselo y fracasé en mi misión. Nadie más, aparte de Lamos, Hallie y Arsen, conocía mis razones por estar en el bando de los dioses menores. Poco a poco fui perdiendo la esperanza de recuperar el collar. Me deprimí más cuando pensé en que Jake debía odiarme, que mis amigos no me hablarían y que mi familia desconfiaría de mi. Vaya suerte la mía. Yo solo quería ayudar. Me di cuenta de que allí, encadenada en un árbol, era inútil. Inservible. Un héroe nunca debe mostrar sus sentimientos ante nadie, pero yo estaba sola en aquel bosque y no tenía nada de héroe. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas sin piedad. Los ojos se me tornaron rojos al igual que mis mejillas y fui perdiendo la fe en mi misma.

Justo cuando estaba en el peor estado de mi vida, alguien tuvo que presenciarlo.
Por encima de mis sollozos oí a alguien correr y hablar cerca de donde me encontraba. No era una única voz. Unos matojos que había enfrente de mi comenzaron a temblar y entre ellos apareció quien más necesitaba. Pero no me atreví a mirarle a los ojos. Sus preciosos ojos. Durante el último año había madurado mucho y estaba más guapo. 'Jake...' pensé. Pero él parecía ignorar el hecho de que le traicioné. Cuando me vio allí se acercó corriendo y sacó su espada. Mark y Denisse aparecieron de entre los arbustos y se acercaron. Los chicos intentaron cortar las cadenas pero fue imposible.

"Parad. No podréis, es acero templado y bronce celestial" detectó Denisse. Una de las cosas que más me gusta de ella es que es muy inteligente y se fija mucho en los detalles. "Creo que me acuerdo de algún hechizo que leí en un libro de la biblioteca de la Casa Grande el año pasado..."

Sostuvo las manos al aire con las palmas hacia arriba y murmuró algo ininteligible en griego antiguo. Las cadenas se rompieron y dispersaron por el suelo a trozos.
Intenté disculparme, pero al abrir la boca la voz no me obedecía y se quedaba dormida. Aún estaba llorando inintencionadamente. Cuando Jake vio las lágrimas en mis ojos se arrodilló junto a mí.

"Eh, no te preocupes" murmuró. "Vamos, yo te ayudo."

Con su mano cogió la mía y puso la otra en mi espalda ayudándome a incorporar. Cuando estuve de pie me soltó y apreté los puños esperando a que me regañasen, a que me insultasen, a que me abandonasen... Pero no fue así.

"¿Cómo te llam-" Mark empezó a preguntar, pero Denisse se adelantó a él.

"¡Casey!" exclamó.

Los tres quedaron petrificados. Yo estaba sorprendida. ¿No me habían reconocido? Luego lo entendí. Ya no tenía el mismo color de pelo.

"¿Qué te has hecho en el pelo?" preguntó ella. Mark la miró mal y se corrigió. "Quiero decir... ¿Por qué nos has hecho eso? ¿Te das cuenta de lo que hemos sufrido? Y Jake... ¿No pensaste en él ni un momento?"

Notaba como la tensión flotaba en el aire. Jake fue el único que seguía en estado de shock. Di un paso hacia él pero cuando se dio cuenta se alejó en seguida mirándome fijamente a los ojos. Cerré los ojos con fuerza intentando reprimir las lágrimas que querían salir ante su rechazo.

"Casey, yo no quiero creer que nos hayas hecho eso" susurró Denisse, "pero... nos has hecho mucho daño."

"Yo... chicos..." conseguí balbucear.

"Confiábamos en ti, Casey" dijo Mark sacudiendo su cabeza decepcionado.

El corazón me latía rápidamente y sentía cómo la sangre recorría mis venas y subía a mi cabeza. Probablemente ahora debía estar roja como un tomate. No de vergüenza, sino de arrepentimiento y rabia hacia Adonis y esa maldita Maldición del Fénix.

"¿Dónde está el collar?" Jake preguntó secamente. "Devuélvemelo."

"¿C-Cual? ¿La espada o tu...?" pregunté.

"Mi alma" contestó tajante. "Lo otro fue un regalo."

Pestañeé temblorosa y miré a los tres. Jake, Mark y Denisse. Denisse, Mark y Jake. ¿Por qué tenía que pasarme eso a mí? Yo solo quería recuperar a mis amigos. Tenía que contarle a Jake la verdad.

"No lo tengo" reconocí.

"N-No te creo" murmuró abatido.

Sentí como si alguien me cortase el corazón en dos y luego se lo diera de comer a una manada de pumas hambrientos. Sabía que habría perdido la confianza en mí, pero nunca asumí que sería tan duro oír esas palabras.
Denisse y Mark me miraban tristes. Ninguno de ellos quería creerse lo ocurrido.
¿Conseguiría que volvieran a confiar en mí?