Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota: Que gusto volver a decirles hola a todos y agradecerles todos los comentarios que dejan:D Bueno, ando muy apurada pero no quise seguir posponiendo este capi. Espero que les guste, para aquellos que querían ver a Sora...¡Aqui la tienen! Disfrutenla, jaja. Tambien veremos un encuentro muy interesante;) me disculpo por el largo de este capitulo pero es que solo asi puedo plasmar todo. Espero que les guste. ¡Lean!


Capitulo 10: Más cerca que nunca.

Hanami abrió la boca desconcertada ante las palabras de su madre. ¿Venir a Odaiba justo ahora? ¿Dejar todo su trabajo botado y llegar a la ciudad como si nada? Su padre se infartaría. Colgó con su progenitora pensando como decirle a Yamato la noticia, el nunca se había tomado a la ligera las ocasiones que tenia para ver a Sora.

La rubia se acercó y al mismo tiempo lo hizo la esposa del doctor Kido, llevaba en sus manos un par de sobres enormes.

-Ishida Ayako se rompió la clavícula. –explicó un poco avergonzada. –No es grave, se la enyesamos por tres semanas.

-Menos mal. –dejo salir Matt más relajado.

-Nos preocupamos mucho. –admitió Hikari. -¿Cómo está Ryota?

-Él está bien, sólo fue el golpe y el susto. Aún así haremos unas pruebas para descartar cualquier cosa.

-Me alegro muchísimo. –dijo la profesora. –También me alegra haberte visto, Jou.

-A mi igual me da mucho gusto verlos. –dijo sonriéndole a ambos. –Creí que no los vería de nuevo, a ninguno. Y verlos aquí, más a los dos me sorprende muchísimo.

-Las sorpresas se están haciendo cada vez más frecuentes. –comentó Kari. –No sé porque pero algo me resulta demasiado extraño…

-No le des tantas vueltas, Hikari. –propuso Yamato. –No creo que le hallemos una explicación lógica.

-¿A que se refieren? –quiso saber Jou. –Ah por cierto, siento no haberlos presentado formalmente. Esta es mi esposa, Miza Kido.

-Mucho gusto. –saludó ella con cortesía y dedicándoles una pequeña sonrisa.

-Miza, ellos son Yamato y Hikari dos amigos muy cercanos que nos veía desde hace muchísimos años.

Los tres se saludaron nuevamente y Yamato introdujo a su hija y su sobrino.

-Son muy parecidos a ti y a Takeru. –observó Jou. –Y no pude evitar notar que Ay es muy parecido a…

-Sí, a Sora. –completó el padre de dicho niño. –Son también sus hijos después de todo.

Ante las palabras de su padre Hanami recordó aquella noticia tan importante que tenía que darle y aun no sabía cómo hacerlo…La doctora Kido se disculpó diciendo que iría traer a Ayako.

-Deberíamos hacer algo para conversar, no sé ir a comer o algo. –opinó Kido. –Aunque con este pequeño accidente…

-No es nada, Jou. –replicó Matt. –Después de todo, los niños están bien.

-Sí. –agregó Hikari Yagami. –Hoy iremos en la noche a casa de Miyako ¿Te apetece?

-Por supuesto. –aceptó el compañero de Gomamon. –Estaré encantado.

-Es un hecho entonces.

-Bueno ¿Podrían decirme a que se referían con eso de que las sorpresas se hacen cada vez más frecuentes? –exigió el doctor.

-Jou, ninguno de nosotros se había reunido en más de diez años con otro. Claro excluyéndonos a Yamato y a mí con TK y Tai pues somos familia. –explicaba Hikari. –Pero nada más. No nos habíamos visto en años y ahora en tres semanas nos hemos reunido todos. O bueno casi todos, solo nos faltaría ver a Sora.

-Eh… en realidad no. –intervino Hanami.

-¿Qué dices, hija?

-Mamá llamó y dice que viene para acá.

El rostro de Yamato no tenía precio.

-¿Qué mami viene? –preguntó Ay radiante de felicidad, tenia lagrimitas secas en su rostro y en el brazo un yeso azul.

El pelirrojo saltó a los brazos de su padre quien lo cargó con delicadeza aun con el rostro pálido y extraviado.

-¿Cómo te sientes, campeón? –preguntó Ishida. -¿Estás bien?

-Si papi. Ya casi no me duele. –respondió un poco abatido.

-Me alegro hijito.

-¡Yo también primo!

-Y yo, hermanito.

..

En otro lado más retirado de la ciudad, más específicamente en uno de los restaurantes de la cadena Motomiya se encontraban cuatro individuos comiendo amenamente mientras charlaban entre ellos. El primero era un hombre de treinta y tantos, luego una mujer guapa aproximadamente de la misma edad, una adolescente muy parecida a la mujer y un niño idéntico al hombre.

-Muchas gracias por invitarnos a comer, Taichi-san. –agradeció Asumi.

-No hay problema. –dijo el embajador. –Es un honor para mí invitar a dos mujeres tan guapas a comer. ¿Verdad Kai?

-Sí, papi.

-Tendremos que agradecerles el favor a estos caballeros. –agregó Chizuru. -¿No crees hija?

-Supongo. –aceptó ella sonriendo.

-Luego les prepararemos una comida exquisita en casa.

-¡Si! –exclamó Kaichi animado.

La comida fue servida y Taichi reconoció a Akane, la mujer de Daisuke atendiendo la caja registradora mientras un jovencito de aproximadamente catorce años entregaba las ordenes, la mujer también reconoció a Tai y se acercó a saludar seguida del mesero que llevaba los platos.

-Que gusto verlos aquí. –saludó Akane sonriendo. –A mi esposo le agradara venir a saludarlos cuando acabe las cuentas con el proveedor.

-¿También está Kazu? –preguntó Kai.

-Oh no. –negó Akane. –Se quedo en casa de sus tíos. Por cierto este es nuestro sobrino que acaba de empezar a trabajar con nosotros, Zetsuko.

-Hola. –saludó el joven repartiendo los platos por la mesa. –Encantado.

-Igualmente. –dijo Taichi analizando un poco al joven de cabello marrón rojizo y ojos castaños. -¿No serás hijo de Jun?

-Eh sí… -asintió Zetsu. –Es mi madre.

-Ya veo. –masculló el político. –Si hay cierto parecido entre ustedes.

Pero el chico ya no prestaba atención a las palabras del conocido de su madre, se había perdido en el momento que había observado a la chica que se encontraba sentada junto a un niño pequeño. Era muy linda…

-Bueno con permiso. –dijo Akane Motomiya. –Tenemos que trabajar, provecho.

Los cuatro se despidieron y se concentraron en engullir sus alimentos, en especial Kaichi quien saliendo de la escuela siempre estaba especialmente hambriento. Asumi tenía que admitir que la comida hubiera resultado menos incomoda si no se hubiera sentido observada todo el tiempo por aquel joven de nombre Zetsuko, no es que la molestara pero si la ponía muy nerviosa.

-¿Va a querer que cuide de Kaichi esta noche? –preguntó la muchacha de cabello rubio cenizo a Tai.

-Pues sí sería muy bueno. –confesó Taichi. –Esta noche nos reuniremos en casa de tu hermana, Chizuru.

-¿Enserio? Vaya que sorpresa.

-Sí. –afirmó el hombre. –Estás invitada por si quieres asistir.

-Me encantaría pero no puedo hacerlo. –se disculpó Chizuru. –Tengo que entregar un reportaje mañana temprano y ni siquiera lo he empezado. –recordó con molestia.

-Que mal. –soltó Kaichi. –Yo cuando sea adulto no quiero trabajar.

Taichi soltó una carcajada ante la pereza de su único hijo y las otras dos no tardaron en imitarlo.

-Pero podemos quedar para salir el domingo. Si quieres claro. –Chizuru se sonrojó y vio como lentamente Taichi también lo hacía.

-Me encantaría.


Mientras tanto la tarde se iba pasando lentamente dando paso al crepúsculo y para esa hora aproximadamente dos mujeres tomaban un café en el comedor de una de ellas mientras en la sala Keitaro Ichijouji veía la televisión y en el cuarto de Kimiko ella, sus dos amigos, Emi y Yuhi terminaban su trabajo para mañana y los Digimon de la casa daban una vuelta por el Digimundo.

-Dime la verdad, Mimi. –pidió Miyako. –A mí no me puedes mentir.

-¿Qué quieres saber? –preguntó la mujer inspeccionándose las uñas.

-¿Te mueres por ver a Koushiro sí o no?

La castaña se atragantó con su saliva y le dio un ataque de tos que provocó que Miyako se riera con ganas al notar que las mejillas de la madre de Yuhi se teñían de rojo y que su mirada se había tornado nerviosa.

-¿Q-Que cosas dices? –balbuceó tensándose.

-No me mientas. –ordenó la señora Ichijouji. –Te dejé de ver por años pero aun así te conozco bien.

-Koushiro es una persona que fue muy importante en mi vida, fue mi primer amor, pero…

-¿Me vas a decir que no te da curiosidad verle y que no estás ansiosa? –preguntó irónica. –Porque me estarías mintiendo.

-¡Miyako! –exclamó ofendida. –Han pasado muchos años, yo cambié mucho y él te aseguro que no será el mismo de hace más de diez años.

-Pero aún así los sentimientos no se olvidan fácilmente. –replicó la de anteojos. –Solo ve a Hikari y Takeru, basta ver como se miran para saber que sentimientos se tienen.

-Sabes que con ellos dos las cosas siempre han sido muy diferentes. –afirmó Tachikawa. –No sé cómo pudieron vivir tantos años alejados.

-¿Quién te dice que para ti y Koushiro no será igual? –preguntó Miyako. –Después de todo noté como mirabas a su hija en cuando la viste… casi te vas de espaldas.

-Es que es igualita a él. –alegó Mimi. –Es como verle…

-Ahora imagina como te pondrás cuando le veas directamente. –se burló la peli lila.

-No juegues, Miya-chan. –exigió la elegida de la pureza. –Son muchos años que no pasan en balde…

El timbre sonó indicando que alguien había llegado.

-Iré a abrir que seguro es Kari, pero seguiremos con esta plática las tres, eh. –amenazó la esposa de Ken.

-Si no me queda opción.

Miyako se paró y se dirigió a la puerta de su casa donde el timbre sonó una vez más, segura de que era Kari abrió con rapidez y a quien vio ahí no fue a nadie más que a Koushiro Izumi, la sorpresa la hizo sonreír ampliamente.

-Mira nada más quien está aquí. –dijo con diversión.

Mimi también se puso de pie para saludar a Hikari así que se acercó a donde estaba su mejor amiga pero la voz que escuchó la dejó helada.

-Buenas tardes, Miyako. –saludaba un formal hombre. –Espero no llegar muy pronto pero la madre de Emi me pidió llevarla temprano a su casa.

Mimi segura de que no podía estar equivocada retrocedió un paso como queriendo atrasar ese momento que tarde o temprano tendría que llegar, después de todo no sabía que iría a pensar aquel que fue su gran amor cuando la viera así… acabada y sin más esperanza que su hijo, ella misma se consideraba a veces patética. Aun así nada la hubiera preparado para aquel momento cuando vio a Miyako acercarse con una sonrisa divertida en el rostro y a Koushiro Izumi mirarla como si se tratara de la más bella obra de arte, tratando de guardar cada rasgo de su rostro en su memoria por si tenían que volver a alejarse.

-Mimi… -susurró con el semblante perdido. –Cuanto tiempo…

-Si. –dijo ella sonrojada. –Estás igual.

-Tú estás mucho más guapa. –dicho esto las mejillas de Conocimiento ardieron adquiriendo un tono colorado.

Las exclamaciones de los tres niños que trabajaban en su proyecto los sacaron de su burbuja.

-¡Mamá, Emi ya se terminó los plumones! –exclamó Kimi. –Ahora no podremos acabar.

-Podemos pintarlo de verde pero tú no quieres. –se quejó Emi.

-Es que queda feo. –se excusó la hija de Ken y Yolei. -¿Verdad Yuhi?

-Eh…me da igual. –confesó el castaño.

"Más oportunos no pudieron haber sido" pensó la mujer de anteojos muy satisfecha.

-En ese caso tendremos que ir a comprar más marcadores. –concedió Miyako sonriendo. –Acompáñenme a comprar más. ¡Tú también Keitaro!

El aludido soltó un respingo.

-Pero mamá, es lo mejor del programa. –se quejó muy molesto.

Mimi que conocía las intenciones de su amiga peli lila no pudo evitar tensarse y ponerse nerviosa en exceso lo cual demostró al tropezar con un sillón.

-Eh Miyako si quieres deja que se quede… -tartamudeaba la castaña.

-De eso nada. –dijo con firmeza la madre. –Andando Keitaro y te compro ese balón que querías. –ofreció.

-¡Sí! Con ese balón Kai y Kazu morirán de envidia. –musitó alegre.

-Les encargo la casa, muchachos. –dijo la señoras Ichijouji antes de salir por la puerta seguida de todos los infantes.

El ambiente se quedó tenso… Mimi había vuelto a tropezar con el mismo sillón y Koushiro se había puesto a sudar por los nervios de haberse quedado a solas con aquella que él veía como la mujer más preciosa del mundo.

-Ya ni siquiera te agradecí el cumplido de decir que soy guapa. –dijo Mimi un poco más relajada al haber tomado asiento en la sala. –Que mentiroso eres, Koushiro.

El pelirrojo la imitó y se sentó justo frente a ella.

-Yo no miento Mimi. –replicó sonriendo un poco aun con los nervios a flor de piel.

Ambos entablaron una conversación que al principio resultó muy forzada al estar completamente tensos pero con forme cada uno hablaba de su vida los nervios iban desapareciendo para dejar paso a sus verdaderas personalidad, personalidades que no se habían visto tan afectadas con los años. Koushiro seguía siendo respetuoso, tímido y educado mientras Mimi seguía siendo expresiva, simpática y divertida. Pero sin duda aquel ensombrecimiento en su mirada no pasó desapercibido para Izumi quien al escuchar un poco del triste pasado de su amiga entendió como se sentía.

-Vaya, me hubiera gustado tener una ruptura sana como la tuya, Koushiro. –comentó la castaña. –Por el bien de Yuhi.

-No te angusties Mimi. –le pidió el pelirrojo. –Siempre y cuando ames a tu hijo y se lo hagas saber siempre él estará bien…

-Gracias, de verdad que te extrañé todos estos años. –admitió sonriendo radiantemente, como hace años no hacía. –Separarme de ti fue muy doloroso.

-Sí lo fue. Sobre todo porque acabábamos de… tu sabes…

-De confesarnos nuestros sentimientos y comenzar a salir. –completó Tachikawa divertida viendo como su amigo aun no perdía la timidez que le caracterizaba. –Tienes razón, que lástima que duró tan poco.

-Bueno nuestro futuro académico estaba primero para ambos. –recordó Izumi. –Y el destino nos hizo cumplirlo por separado.

-Aun así parece el destino el que volvió a juntarnos después de tantos años. ¿No crees? –habló ella evitando su mirada. –A los dos aquí, solos y… olvídalo, no sé ni lo que estoy diciendo.

Koushiro se rió y Mimi lo imitó.

-Entiendo lo que tratas de decir.

En ese momento la puerta de la casa de los Ichijouji se abrió dejando entras a cuatro niños que corrían, los primero tres con muchos marcadores en la manos y el ultimo con un balón de futbol nuevo que miraba con admiración. Tras ellos entraron más personas.

-Miren a quienes me encontré a fuera. –dijo Miyako señalando a Taichi, Daisuke y a Iori.

..

Tenía treinta y tantos, era una mujer guapa, con un cuerpo muy bueno para su edad, con un rostro que conservaba esa esencia joven que la hacía lucir muy bien, además tenía un trabajo que disfrutaba mucho y que sobre todo le pagaba muy bien. Tenía dos hermosos hijos por lo cual debería ser una mujer feliz. Sin embargo si había algo que a Sora Takenouchi le faltara en su vida eso era el amor.

Lo había tenido, por supuesto que sí, pero luego de más de dieciséis años de estar con el hombre que ella siempre amó y siempre amará la vida le había dado la espalda y su relación había comenzado a enfriarse. Quizás fuera la rutina, el aburrimiento o la monotonía pero si de algo estaba segura la pelirroja era que su separación no se debía para nada a falta de amor.

-Sora no te duermas. –la llamó su Digimon a su lado. –Ya vamos a llegar.

Sora sabía que Biyomon no mentía pues cuando abrió los ojos después de casi haberse dormido se dio cuenta que estaba en lo cierto y ya habían llegado a Odaiba. Que rápido había sido… su hija le había informado que su pequeño Ay estaba en el hospital aproximadamente a las dos y en lo que ella dejaba sus asuntos de trabajo resueltos, hacia su maleta, reservaba los boletos y partía ya había anochecido.

-¿Cuánto tiempo estaremos en Odaiba, Sora? –preguntó Biyomon.

-No estoy segura, Biyomon. –respondió la mujer. –Pero sabes bien que el trabajo no es problema, sólo tengo que mandar mis diseños. Aun así no quisiera quedarme mucho, solo quiero ver a Ay y a Hana.

-¿Y a Yamato? –indagó el ave rosada.

Sora se sonrojó inmediatamente.

-Yamato no tiene nada que ver con eso. –replicó Takenouchi. –Aunque claro que quiero saber como está.

-No mientas Sora, extrañas pasar tiempo con él. –le aseguró su mejor amiga.

-Biyomon. –la reprendió la aludida. –Yamato ya es historia pasada…

-Por eso te pasaste toda la noche llorando cuando Hanami te dijo que tenía una novia. –alegó Biyomon indignada de que Sora no fuera sincera con ella.

La pelirroja suspiró mientras tomaba su equipaje.

-Así que me escuchaste…

-Claro Sora. Aunque me duele que no confíes en mí.

-No es eso Biyomon, sabes que eres mi mejor amiga. –le dijo la pelirroja. –Pero no quería angustiarte con mis cosas.

-Sora no me haces tonta yo sé bien lo que aun sientes por Matt.

Sora ignoró el comentario de su compañera Digital y se sentó en una de las bancas mientras sacaba su teléfono celular rogando porque su hija le respondiera.

-Hanami no contesta. –se quejó la diseñadora. –Tendré que llamarlo.

Takenouchi marcó el número de su aun esposo sin muchos deseos de escucharlo aunque en pocos minutos tendría que verle la cara y aunque planeaba quedarse con su madre mientras estuviera en la ciudad por sus hijos se vería obligada a encontrarse con esa azul mirada que siempre la derretía.

-¿Yamato?

-Sora. Hola, perdona por no responder hace rato pero estaba alterado por lo de Ay.

-¿Cómo está mi hijo? –preguntó inmediatamente.

-Mucho mejor, aunque tiene el brazo enyesado. –contestó la voz del rubio.

-Espero que despidan a la maestra incompetente que no estaba al pendiente de mi hijo. –masculló furiosa la pelirroja ya que gracias a la negligencia de aquella persona su pequeñito había sido lastimado.

-Bueno ya hablaremos con calma de eso. –dijo Matt. -¿Qué vienes para acá?

-Corrección ya estoy aquí. ¿Dónde estás tú? Eh... es decir tú y nuestros hijos.

-Yo estoy en casa de unos amigos con Ay. –dijo Yamato a sabiendas de que estos amigos a los que se refería eran también los suyos. –Hanami está en casa de una vecina con su mejor amiga.

-¿Dejaste a mi hija en casa de una vecina? –preguntó Sora ligeramente enfadada. -¿Le tienes suficiente confianza para cuidar a nuestra pequeña.

-Sora relájate, ella la cuida muy bien y además es la esposa de un buen amigo.

-Entonces iré a casa de mi madre y mañana a primera hora quiero ver a mis hijos, Yamato. –sentenció Takenouchi.

-No me parece, Ay quiere verte ya. –dijo el rubio con todo divertido, Sora comenzaba a tener sospechas de que tenía algo en mente, no por nada lo conocía mejor que a nadie. –Ven a casa de mis amigos.

-No Yamato yo no tengo nada que ver ahí. –replicó ella.

-Te equivocas. Sólo ven, por favor. Por Ay. –pidió y Sora supo que estaba perdida.

-De acuerdo, pásame la dirección en un mensaje.

Cuando la pelirroja tuvo la dirección se arrepintió un poco de haber accedido pero algo en su interior le dijo que lo hiciera. Biyomon estaba confusa cuando vio el semblante nervioso de su amiga.

-Biyomon ¿Podrías llevar mi equipaje a casa de mi madre? –preguntó muy apenada. –Iré por Ay. Yamato dice que está muy urgido de verme.

El ave rosada no se negó y quedo de verse con Sora en casa de los padres de la mujer más tarde cuando hubiera visto a su hijo y conversado un rato con su aun marido para que le explicara la situación que había acontecido en la escuela del pequeño pelirrojo. Sora tomó un taxi y le pidió que la llevara a la dirección especificada en el mensaje de texto la cual estaba justo en el centro de la ciudad.

Cuando hubo llegado a la casa especificada se sintió un poco fuera del lugar ¿Qué iba a hacer ella ahí? Tocó el timbre intimidada y la persona que le abrió fue nada más y nada menos que aquel que era el amor de su vida y que lo seria siempre.

-Sora. Qué bueno es verte. –dijo sonriéndole y abrazándola.

Aquel contacto provocó en ambos escalofríos imposibles de ocultar.

-Eh igual Yamato. –respondió. -¿Y mi hijo?

-Está jugando con un par de amigos. Deberías pasar.

-Me da un poco de vergüenza. –admitió ella.

-No debería. Ven pasa…

El rubio la invitó a entrar y Sora accedió. Cuando entró pudo divisar una casa muy linda y amplia. En la sala había reunida mucha gente a la cual con el simple hecho de ver se quedo de piedra teniéndose que apoyar en el hombro de Ishida para no perder el equilibrio. Ahí justo frente a ella estaban los que una vez fueron sus grandes amigos de aventuras.

Estaba Mimi, su mejor amiga a la que de adolescente le contaba todo, aquella que había sido su madrina de bodas a la cual le tenía un cariño inmenso. Koushiro quien con su inteligencia y sus conocimientos le había enseñado tantas cosas de niña. Jou quien en más de una vez había sido el que usando la lógica los había salvado de muchas situaciones y que ella en ocasiones veía como un ejemplo. Takeru el que había sido su cuñado y tiempo antes como su hermanito que le causaba tanta ternura y orgullo. Hikari que por alguna razón junto a Matt y Jou era la única que no lucia sorprendida de verla, la que también había sido como una hermanita más y a la cual siempre había querido cuidar. Iori aquel niño que siendo el más joven era uno de los mas reflexivos y maduros del grupo y al cual admiraba mucho. Daisuke quien en más de una ocasión había demostrado ser un buen líder, quien nunca los había dejado perder la confianza. Claro que estaban Ken y Miyako, el primero un chico que primero le provocó mucha lástima pero que con el tiempo se ganó su respeto y la segunda la que había heredado su emblema, el amor y que había demostrado ser digna de ello.

Y por ultimo Taichi. Así es, estaba ahí mirándola petrificado con los ojos bien abiertos y la boca de igual manera, el muchacho que había sido su mejor amigo por tantos años y que le había enseñado lo que era la amistad, el valor y aunque no lo supiera en ese momento también el amor infantil. El que la había protegido en incontables ocasiones y el que jamás la había dejado sola…el que la había animado a confesar sus sentimientos y le había regalado un poco de ese valor que a él le sobraba y que a ella tanta falta le hacía a veces.

-¡Sora! –la exclamación de Mimi rompió aquel silencio sepulcral que se había originado con la llegada de la mujer.

Mimi y Sora se abrazaron como hace tantos años no habían hecho, al abrazo se unió Hikari y pronto la imitó Miyako. Todos fueron turnándose para abrazar a la pelirroja quien se había puesto a llorar de alegría al tener a todos sus amigos reunidos después de tantos años.

-Hace años que no me sentía tan feliz. –dejó escapar el portador del valor. –En menos de un mes he recuperado aquello que a mi vida le hacía falta. –dijo mirándolos a todos. –Sora…te eché de menos.

Y dicho esto Tai la abrazó con tanto cariño que Sora tuvo miedo de no poder corresponder igual.

-Y yo a ti, Tai. –respondió ella. –Te extrañe muchísimo, me has hecho tanta falta. –agregó escondiendo su cabeza en el hombro del moreno.

Aunque Yamato lo intentó con todas sus fuerzas no pudo evitar sentir unos celos que le taladraron el pecho. Se repetía a si mismo constantemente que eran grandes amigos y que jamás habían sido algo mas, que no tenía ningún derecho, que ella ya era una mujer libre pero por más que lo intentaba no podía dejar de sentir aquello que lo hacía sentirse infeliz.

..

-Así que los Digimon de nuestros padres hicieron su propia reunión en el Digimundo. –comentaba un niño de anteojos.

-Así es Keitaro. Eso me dijo Tentomon cuando le pregunté si acompañaría a papá. –respondió Emi Izumi.

-Por cierto ¿Alguien sabe porque nuestros padres hace años que no se veían? –preguntó Kazu que pasaba el balón a Keitaro y luego este se lo devolvía.

-Eso fue porque tienen mucho trabajo. –contestó Kimi. –Hermano, mamá te ha dicho que no juegues con el balón dentro de la casa.

Keitaro no le hizo mucho caso pero Kazu la miró fijamente provocando que se sonrojara intensamente.

-Es un secreto ¿Si Kimi-chan?

-S-Si K-Kazu. –tartamudeó roja como un tomate.

-Te pusiste roja. –se burló Yuhi soltando una carcajada.

-Mm tengo sueño y me duele mi bracito. –se quejó Ayako quien acababa de saludar enérgicamente a su madre acostándose en la cama de Keitaro, dueño del cuarto donde los niños se encontraban.

-Deberías dormir, Ay-chan. –le indicó Kazu. -¿Oye y tu hermana?

-Se quedó en casa de Nat-chan. –respondió el pelirrojo.

-¿Nat-chan es la de ojos verdes? –preguntó Keitaro confuso pues en muy poco le habían presentado a tanta gente que aun la confundía, a la única que no olvidaría jamás era aquella castaña hija de Hikari.

-Sí, la que no habla casi nada. –le respondió su hermana.

–Yo quería que papá me llevara a ver a Ryo pero su papi me dijo que él se quedo en su casita con la doctora Kido que lo cuidaba porque era su mami. –agregó. –Y también quería que viniera mi primo Rei pero él y Kazumi-chan se quedaron en su casa viendo una película con Tokomon y Salamon.

-Que lástima. –se quejó Emi que ahora saltaba en la cama despertando del todo a Ay quien se quejó por su bracito de nuevo.

-¿Por qué no se quedaron en sus casas? –cuestionó Keitaro a todos. –Bueno Emi y Yuhi vinieron desde temprano ¿Pero ustedes?

-Es que papi no me quería dejar solito con mi bracito así pero yo le dije que no faltara a su fiesta. –contestó Ay.

-Y yo era venir aquí o ir a cenar con mis tíos y mi insoportable primo. –respondió Kazuo pasándole el balón a Keitaro cada vez con más fuerza.

-¡Aush mi carita! –exclamó Emi al ser golpeada en el rostro por la pelota. –Dejen de jugar con esto.

-Ey no te quejes. –ordenó Kazu. –Fue un accidente, el futbol es divertido.

-Es mejor el baloncesto, mi mamá me enseñó a jugar. –replicó la niña pelirroja.

-Que tontos, en los dos sudas y te ensucias. –comentó Yuhi. –Que horrible.

-…Y aunque por ahora sólo vendo mis diseños yo espero poder poner mi propia casa de modas y crearlos yo misma. –hablaba Sora ilusionada.

-Vaya Sora, que gusto que te haya ido bien. –exclamó Jou quien también había sido la sorpresa de la noche. –No hay mucho que contar sobre mí. Estudie medicina y me especialice en los Digimon haciendo muchas prácticas en el Digimundo como ustedes ya saben. A Miza la conocí de una manera muy graciosa en realidad, fue ella la chica a la que le arrebaté una bicicleta en el último ataque de Diaboromon, luego nos reencontramos estudiando medicina pero ella se especializó en pediatría. Duramos mucho de novios y nos casamos hace siete años.

-Que tarde es. –observó Sora. –Iori ¿Estás seguro que a tu esposa no le molestara cuidar de Hanami?

-Por supuesto que no Sora. –contestó el abogado. –A Kenya le agrada muchísimo Hanami y Nat y ella son muy amigas.

-Es cierto. –apoyó Yamato.

-Por cierto Sora ¿Dónde te quedaras? –cuestionó Mimi.

-Con mis padres. –respondió la pelirroja.

-Si quieres puedes quedarte conmigo, mi casa es grande y solo estamos Yuhi y yo. –ofreció la castaña.

-Lo tomaré en cuenta amiga, muchas gracias.

-De nada, aun debemos ponernos al corriente en muchas cosas. –dijo guiñándole el ojo.

Por otro lado Takeru había notado a Hikari muy pensativa se acercó a ella sin que nadie más lo notara y la tomo del brazo alejándola un poco de los demás.

-¿Estás bien? –cuestionó preocupado. –Te noto pensativa.

-Es que estaba pensando que es increíble que esto sea una coincidencia Takeru. –respondió la castaña mirando a su grupo de amigos. –Por no decir imposible.

-Tienes toda la razón, Kari. –contestó el de ojos azules. –Es demasiado maravilloso.

-Sí. –asintió ella. –Quizás… -hizo una pausa. –Quizás esto es el destino que nos quiere dar a todos una segunda oportunidad.

-¿Segunda oportunidad? –preguntó muy curioso.

-Así es. –dijo ella. –Una segunda oportunidad para no dejar escapar lo que queremos, para no dejar que se escapen de nuestras vidas aquellas cosas que nos hacen felices. Los amigos, el amor, la familia.

-Quieres decir que el destino quiere que estemos juntos ¿No? –preguntó, luego se sonrojó un poco. –Es decir todos, el grupo…

-Sí, eso quiero decir. –afirmó Yagami. –No sé si tenga razón pero no pienso desaprovecharlo.

-¿A qué te refieres?

-A todo TK. –resopló. –A mi hermano, no dejaré que se siga alejando de mi, a todos mis amigos, los quiero tener cerca, brindándome su calidez y amistad. A ti, quiero tenerte cerca…

-Yo también quiero eso.

-No pienso volver a dejarte ir. –confesó apenada. –Lo hice una vez y la vida me está permitiendo corregir mis errores, no seré una idiota otra vez cometiéndolos de nuevo.

-Hikari… -susurró mirándola con intensidad, tratando de entender aquel semblante profundo.

-Creo que ya deberíamos marcharnos, pasaré por Kazumi a tu casa. –cambió el tema la mujer.

Takeru asintió sabiendo que ese no era el momento para hablar de aquello que tanto los estaba preocupando a ambos.

-Ya tengo que marcharme. –dijo Kari despidiéndose de todos. –Aun debo pasar por mi hija a casa de TK.

-Debemos volvernos a juntar pronto. –comentó Sora rápidamente. –Muero de ganas de conocer a tu hija, Kari. Y a los de todos, no dudo en que serán idénticos a ustedes.

-¿No quieres conocer a los míos Sora? –preguntó Yamato sonriendo.

-No seas payaso, Yamato. – rió la pelirroja.

La mayoría se rió ante el comentario del astronauta y la respuesta de la que seguía siendo su esposa ante la ley, quien a pesar de quererlo con toda el alma aun sabia como actuar frente a Ishida para no perder la compostura.

-¿No quieres que te lleve Kari? –se ofreció Daisuke.

-Yo la llevaré, Daisuke. –intervino Takeru, Hikari le sonrió agradecida de que hubiera entendido sus palabras.

-Bueno, veo que algunas cosas jamás cambiarán. –comentó Motomiya riéndose ante el hecho de que frente a su querida Kari, TK siempre seria el número uno.

Los antiguos elegidos de la Luz y Esperanza se fueron, y los siguientes en partir fueron Daisuke con su hijo y Jou. No tardó en marcharse también Iori y ante esto Yamato también se vio en la necesidad de irse con él por lo que no tardó en acercarse a Sora para despedirse quien hablaba muy animada ¿Con quién más si no con Taichi?

-Nos veremos mañana cuando vayas a casa a ver a los niños. –dijo el rubio con Ay durmiendo en sus brazos y moviéndose incomodo por el yeso.

-Sí, Yamato. –confirmó ella y acto seguido besó la frente de su hijo y la mejilla de su aun esposo. –Cuídate.

-Igual tú y salúdame a tus padres.

Dicho esto el astronauta se marchó.

-¿Qué pasó con ustedes, Sora? –inquirió Taichi, claro que había oído la versión de Yamato pero quería oír la de su Sora.

-Siempre pensé que había sido la monotonía y el estrés los que deterioraron nuestro matrimonio. –contestó ella dejando escapar un suspiro que delataba su tristeza.

-O sea que jamás lo dejaste ni lo dejarás de querer. –concluyó el político con un tono ligeramente nostálgico.

Sora no respondió sólo miró al techo sin querer encontrar ella misma la respuesta a aquella cuestión que había está evitando por demasiado tiempo. Quizás era porque tuviera miedo a admitir que su vida sin Yamato jamás estaría completa y ella por más que lo negara lo sabía a la perfección mas que nadie. Tai sólo pudo contemplar y preguntarse como había podido sobrevivir tantos años sin ella.

Takeru la miró de reojo, ya habían llegado a su casa por lo que se bajó del auto y ayudó a Hikari a llevar a una Kazumi dormida hasta su cama, cuando la hubieron acostado Hikari fue a despedirlo hasta la puerta de su departamento.

-Muchas gracias por traerme, Takeru. –dijo sonriéndole. –Y gracias por escucharme.

-No tienes nada que agradecer. –alegó el rubio. –Hago eso porque te quiero.

Ella sonrió instintivamente al escuchar aquellas palabras que tanto bien le hacían. Se aproximó a su gran amigo acortando la distancia entre ambos y él la tomó de la cintura permitiéndose estar aun más cerca, Hikari bajó la mirada unos instantes pero al levantarla nuevamente y encontrarse con los ojos azules del hombre con el que soñaba desde niña toda duda desapareció de su cabeza.

-Yo también te quiero y no pienso tentar al destino de nuevo. –murmuró cerca del rostro de Takaishi. –Esta vez si seré feliz.

Dicho esto los dos se besaron.


Nota Final: Ojala les haya gustado el capitulo:) Vimos la gran reunion donde ya se reunen todos. ¡Y por supuesto vimos Takari! Un poco simple la escena pero ya vendran mas de ellos. Una cosa más, a los que les gusta el Sorato entonces les recomiendo que esten pendientes porque el proximo capitulo habra mucho de ellos. ¡Un saludo y besos a todos! Gracias por leer.