Traducción de la historia 'Home', de Lanaea
Gracias a todos los reviews...especialmente los de esta historia me dan una alegría enorme cuando los recibo...
11--
A Jim no le sorprendió saber que los vulcanos no quebraban la ley. Simplemente no lo hacían. Por muchas razones, eso era algo tan obviamente ilógico, que nunca se les ocurriría. Además, los vulcanos claramente creían en las reglas y en respetarlas. Así que, era una suerte que Jim estuviera trás el volante, de otro modo hubiesen viajado dentro del límite de velocidad.
La ventanilla iba completamente baja, y Jim aprovechaba la rara oportunidad de disfrutar la sensación del viento en su cabello; con la sonrisa más amplia que nunca, con todos sus problemas olvidados por el momento, perdido en la alegría puramente humana de la velocidad. Empleaba todos los trucos que sabía para evitar las patrullas de la policía y sus sistemas, con la facilidad que le daban los años de práctica durante su adolescencia, zigzagueando entre los vehículos, veloz y hábilmente, con tal suavidad que su acompañante ni siquiera tenía tiempo para darse cuenta.
Glorioso.
Jim no era piloto, pero conducía jodídamente bien. Además, el automóvil era muy agradable; nada excitante, pero sí bastante nuevo y de rápidas respuestas.
Después de verlo quebrar las primeras nueve leyes de tránsito, Spock protestó por su excesiva velocidad, pero un rato más tarde, pareció decidir que era ilógico hablar, si Jim no escuchaba. En cambio, el primer oficial se puso a observarlo. Normalmente, eso hubiese avergonzado a Jim, pero descubrió que en esta ocasión, no le importaba; la ruta era una gloria; iba rápido y lo disfrutaba, lo único que necesitaba era dejarse llevar, y que el aire limpiara todo lo que había pasado. No le importaba parecer salvaje o loco. Allí, en ese momento, no le importaba.
Recordó la primera vez que se las había arreglado para hacer 'wheelie' con su vieja motocicleta: el viento en sus orejas, el corazón en la garganta cuando el mundo se inclinó, como si el planeta se encogiera lentamente debajo de él; y Jim sólo tiró la cabeza para atrás y extendió los brazos. Había sido un momento de paraíso, antes de quedar completamente exhausto.
Riendo, le contó el episodio a Spock, manteniendo la vista sobre la ruta mientras las palabras se deslizaban por sus labios.
Spock no respondió, excepto por una inclinación de cabeza; pero Jim notó que tenía captada su atención, casi como si lo tuviera hechizado, como si en ese momento, él fuese la cosa más fascinante de toda la creación.
Jim no tenía idea de qué había hecho para merecer ese nivel de interés, pero por el momento lo gozaba, sin molestarse en pensar en buenas o malas ideas o en la razón por la que lo disfrutaba tanto. Simplemente lo hacía.
Salieron bastante rápido de la ciudad, con Jim tras el volante. Probablemente hubiese dado unas cuantas vueltas, pero Spock era un copiloto preciso y eficiente; una vez que se adaptó a estilo único de manejo de Jim, demostró ser bastante bueno en anticiparse, justo cuando estaba al borde del error.
-Tienes talento-. Le informó Spock, en un punto, y en verdad, Jim hizo un pequeño movimiento vaivén sobre la ruta, ante el halago directo e inesperado.
-¿Qué?- Dejó salir, mirándolo brevemente.
Spock explicó. –Te he visto hacer esto varias veces; eres capaz de producir los resultados deseados realizando acciones desaconsejadas-. Dijo, con una mirada pensativa y distante, como perdido en el recuerdo. –Al principio, yo descarté tu éxito, lo tomé como una mera anomalía estadística; pero hay un punto en el que la anomalía estadística deja de ser un concepto aplicable. De ello surge que tú posees un talento capaz de saber cuáles acciones desaconsejadas acabaran produciendo los resultados deseados.
Jim lo miró, otra vez, confundido por esa intensa mirada y por lo que Spock trataba de decirle. -¿Quieres decir que tengo suerte?- Ofreció.
-No-. Replicó Spock. –Como te dije, la anomalía estadística no puede ser responsable de tu éxito. Quiero decir que tú tienes la habilidad de escoger cuáles reglas quebrar.
-…Ah-. Viniendo de quien venía, Jim no estaba seguro, realmente, si la afirmación calificaba como un halago o no; pero Spock parecía sincero e intrigado. Decidió aventurarse y asumirlo como algo bueno. -¿Gracias?
-Fue una observación simple-. Replicó Spock. –Aunque debo preguntar, ¿cómo tomas tus decisiones?
Jim lo miró, otra vez, y luego volvió los ojos a la ruta. Hasta él sabía que era conveniente no desviar su atención cuando se iba tan rápido -como ellos ahora-. -¿Quieres decir cómo sé qué reglas quebrar?- Aclaró. Spock lo confirmó con un gesto y Jim exhaló. –Mm...nunca antes lo pensé...
Su afirmación fue recibida en silencio. Jim comenzaba a preguntarse si todo quedaría allí, cuando Spock volvió a hablar. –Cuando tú...eludiste el escenario imposible de ganar de la Kobayashi Maru, se te debe haber ocurrido que la Academia iba a descubrir tu método nada ortodoxo y que ese método podía ser visto, fácilmente, como una violación de varias reglas que rigen la conducta de los alumnos. Aún así, también debes haber tenido alguna indicación para pensar que esas violaciones iban a ser pasadas por alto. ¿Por qué?- Preguntó.
Frunciendo el ceño, Jim se pasó una mano por la base de la mandíbula, y expresó. –Bueno-. Dijo. –Pensé que era un truco.
-¿Un truco?- Las cejas de Spock se elevaron. Jim asintió.
-Sí. Quiero decir, yo ya había hecho el examen dos veces, ¿sabes?...y después de fallar, seguí repasándolo en mi mente. Todos decían que el examen era imbatible; pero...estaban equivocados, sólo no lo pensaban por fuera de lo establecido-. Razonó. –El examen no era imbatible, todo lo que había que hacer era tratarlo como lo que realmente era: una simulación computarizada. Ese era el truco. En verdad, las únicas reglas a las que debía atenerme eran las que la realidad me presentaba. No pensé que fueran a expulsarme porque creí haber encontrado la solución, que la única posibilidad de pasar el test era hackearlo...y así lo hice-. Explicó.
Era gracioso, porque él había pensado que esa era la solución obvia.
-…Fascinante-. Declaró Spock.
Jim lo miró. -¿Sí?- Preguntó.
-Pero, desde esa perspectiva, cualquier simulación sería útil solamente para entrenar en la habilidad de hackear computadoras, dado que todos los escenarios propuestos pueden ser evitados fácilmente por ese medio-. Razonó Spock.
-Yo no hackeé todos los exámenes que pasé-. Protestó Jim. –Sólo el que no pude pasar de otro modo.
-Soy consciente de eso-. Replicó Spock. –No estoy cuestionando tu integridad, sino tu lógica.
Con una sonrisa de lado, dijo. –Bueno, ahí está tu problema. Yo no soy suficientemente vulcano para ese tipo de cosas.
La mirada de Spock se tornó inescrutable. –La lógica no es exclusiva de los vulcanos. Y el concepto tampoco parece serte ajeno como yo creí, erróneamente, alguna vez. Simplemente parece que posees una manera poco ortodoxa de pensar-. Dijo, con sensatez. –Mi madre era muy lógica, en estándares humanos, pero ella había adoptado muchas enseñanzas surakianas. La primera vez que vine a la tierra, supuse que la mayoría de los humanos eran menos capaces que ella.
Jim frunció el ceño, tratando de recordar dónde había escuchado esa palabra antes. Surakianas… Surakianas… -¡Ah!- Dijo, golpeando el volante con una mano, recordándolo. –Enseñanzas surakianas, ahora sí, por Surak, ¿no?
La mira de Jim estaba fija en la ruta, así que no tuvo la oportunidad de notar que los ojos de Spock se agrandaban ni que su primer oficial lo miraba como si se hubiese puesto a hablar en un dialecto vulcano antiguo. -¿Te suena familiar el nombre Surak?- Preguntó, con una nota de incredulidad en la voz.
El cerebro de Jim dio un breve tartamudeo, dándose cuenta de su desliz. A la mierda. Eso se lo había dicho el otro Spock. Surak era el fundador de la filosofía lógica vulcana de la supresión emocional, pero Jim no recordaba cuál de sus dos amigos medio-vulcanos lo había mencionado. -Mm…- Sintetizó brillantemente.
La expresión de Spock fue pasando gradualmente, de incredulidad a su inexpresividad habitual, pero con un dejo de sospecha.
-Jim-. Dijo. -¿Dónde aprendiste sobre Surak?
Jim trató desesperadamente de pescar algo en su cerebro, para responder. -¿…Estudios multiculturales?
Spock entrecerró los ojos. –Me estás mintiendo-. Dijo, sin acusar, sólo observándolo. Los ojos de Jim se mantuvieron incómodamente fijos en la ruta. No podía negarlo, no cuando era tan evidente; cualquier protesta que pudiera hacer iba a sonar increíblemente falsa, -y por supuesto lo era-.
Realmente sería una porquería si él fuese el tipo responsable de destruir la relación espacio-tiempo porque no fue capaz de mantener en orden a sus Spocks. Si después la historia lo recordaba, seguramente no iba a ser de modo muy halagador.
-¿Me creerías si te dijese que tengo un amigo vulcano con el que mantengo correspondencia?- Sugirió. Lo que era casi todo cierto, excepto que técnicamente era un medio-vulcano y Jim sólo le había escrito una vez.
La expresión de su primer oficial mostró incredulidad, luego sospecha. Jim observó cómo cambió, sutilmente a comprensión y finalmente se quedó en enojo.
-Has estado en contacto con el otro Spock-. Acusó, y ahora fue el turno de Jim de lucir como si alguien acabara de derramar un balde de agua helada sobre su cabeza.
Esperó por un minuto. El universo no colapsó.
-Se supone que tú no deberías saber de él-. Dijo, a boca de jarro, confundido. -¿Cómo lo sabes?- Pero ya comenzaba a sospechar la respuesta.
Spock le lanzó otra mirada inescrutable. -Jim-. Dijo. -¿Crees que no soy capaz de deducir lo que sucede si una nave del futuro responde a mis órdenes y se dirige a mi como 'Embajador Spock'?- Preguntó, con rigidez.
-Bueno, yo deseé que no pudieras-. Replicó Jim. -Dado que el otro tú me dijo que eso destruiría la continuidad espacio-tiempo-. Comenzaba a pensar que podía ser una patraña.
-…Cuando hablaste con él, después, ¿no te lo dijo?- Preguntó Spock, entrecerrando los ojos.
Jim comenzó a preguntarse si no sería mejor detenerse; en el caso de que su primer oficial tuviera uno de sus episodios, un vehículo a alta velocidad no sería el mejor lugar para que ocurriera. -¿Decirme qué?- Preguntó.
-Que me encontré con él-.
Muy bien. Sí. Tiempo. Tiempo de detenerse, ya. Jim sacó el automóvil de la ruta, frenó y se giró para darle toda su atención a Spock.
-¿¡Qué!?- Preguntó.
Spock lo miró a los ojos y le mantuvo la mirada, aunque había allí un brillo oscuro. -Me encontré con él-. Repitió. -Hablamos, brevemente. Eso fue cuando yo estaba considerando la posibililidad de renuncia a la Flota Espacial para participar en los esfuerzos de colonización vulcanos. Él me aconsejó, esencialmente, que permanezca en mi camino actual.
La mandíbula de Jim cayó. -¿Qué...por qué...pero?-. Apenas pudo balbucear. Luego se recobró, dándose cuenta de que debía parecer un idiota, y rápidamente cerró la boca, con una sensación naciente de haber sido traicionado. -¿Por qué no me lo dijiste tú?- Demandó, con un tono más cortante que el deseado.
Sin embargo, no pareció provocar ninguna expresión defensiva en Spock. -No vi razón alguna para mencionar el asunto-. Replicó, con llaneza. -No había razón para creer que él continuaría con semejante engaño.
Me mintió, pensó Jim, sintiéndose traicionado. Él...maldición. Debo haber parecido un idiota, notó. Otra vez.
-¿…Jim?
Jim se aclaró la garganta, se sacudió el pensamiento incómodo y la sensación que le apretaba el pecho. -Sí. Bueno, tal vez él pensó que era algo gracioso-. Sugirió; encendiendo el motor, ahora que Spock, aparentemente, no iba a reaccionar mal.
Una de las cejas de su primer oficial se elevó. -Lo dudo-. Dijo.
-Creo que él es un poco más laxo que tú con sus emociones-. Apuntó Jim, y su voz sonó algo amarga.
Spock le clavó otra de sus intensas miradas. -Tal vez-. Concedió. -Sin embargo, yo jamás buscaría divertirme engañándote. Y dada la alta estimación que tú tienes a sus ojos, dudo que él difiera conmigo en ese punto-. Hizo una pausa, y pareció considerar algo más. -Sí, parece ser altamente manipulador, creo que esa es la cualidad que lo mueve, y no un malicioso sentido del humor.
Jim se revolvió incómodo en su asiento, no le agradaba la idea de ser manipulado como tampoco la de ser objeto de risa. -Sí...-Dijo. -Bueno, supongo que deberías saber que todo eso de tomar a la tierra como punto de concentración, salió de él. Lo consulté por la meditación vulcana-. Admitió. Cuando hable de nuevo con ese viejo voy a...a... Ajá. Aparentemente, su cerebro tenía cierto problema en considerar algún acto de violencia contra el anciano. ¡Voy a cruzármelo con lo extremadamente cabreado que estoy...y le voy a exigir respuestas, joder!
Spock inclinó levemente su cabeza. -¿Tú lo contactaste para consultarle por alternativas en la práctica de la meditación?- Preguntó.
Jim asintió, ausentemente. -Cierto-. Confirmó. -No te hubiese mentido, ¿sabes?, pero...pensé que si no lo hacía iba rasgar la tela del universo.
-En verdad-. Dijo Spock. -Dada tu desinformación, es comprensible. En el futuro, si alguna vez sabes que informándome algo darías fin a la existencia, te aconsejo que me mantengas en la ignorancia.
Bien. Eso era un poco gracioso, Jim bufó y sacudió un poco la cabeza y luego dejó salir una especie de suspiro. -Lo mismo digo-. Replicó.
Sí, porque ese tipo de cosas pasan todo el tiempo; era bueno saber dónde estaban parados en relación al tema.
Continuaron el viaje con un aire menos intranquilo en la atmósfera del vehículo. Jim aún no podía evitar su enojo contra el anciano Spock, que lo había engañado, que lo había enviado de vuelta a la Enterprise desde Delta Vega sin su compañía para corroborar la historia loca del viaje en el tiempo, que había divulgado un montón de información sobre las prácticas mentales de los vulcanos… ¿por qué le había mentido? ¿por qué no le había hecho más simples las cosas?
-…Es curioso-. Dijo Spock, después de un rato, derribando la pared de sus pensamientos de traición. Parecía que todos querían darle algún tipo de golpe, en estos días: la Flota Espacial, Spock, el otro Spock.
Spock, un poco más.
-¿Qué es lo curioso?- Preguntó, sin querer antagonizar a Spock, quien al menos tenía una buena excusa para lanzarlo, literalmente o no, en ocasiones, contra las paredes.
-La conducta de mi yo alternativo-. Explicó Spock. -Me ha desconcertado desde nuestro encuentro. Está...convencido de tu valía. Parecería lógico asumir que en su tiempo, tú realizaste una acción de suficiente significado como para engendrar semejante lealtad.
-Dijo que éramos amigos-. Ofreció Jim, sin pensar que en realidad eso también podía ser un engaño. Para su sorpresa, por más que le molestara el engaño, seguía sintiendo afecto por el viejo. -Aunque estaba un poco alterado por todo lo que le había pasado-. Agregó. -Al principio pensé que se trataba de algún loco ermitaño, hasta que él insistió en que era tú...aunque, pensándolo bien, no ayudaba a mejorar la parte de loco ermitaño...Luego, me preguntó cómo había hecho patra encontrarlo, y casi me salta encima con eso de la charla mental-. Que había sido una gran carga y nada divertida. Por más calmo que luciera el tipo, había una tormenta en la profundidad, y por unos momentos terroríficos, Jim tuvo miedo de ser arrastrado por ella.
-¡¿Qué!?- Exigió Spock, con vehemencia; el cambio abrupto de su tono de voz sorprendió a Jim que había estado casi ausente durante su relato.
-Mm...¿qué quieres decir con 'qué'?- Devolvió la pregunta, repasando lo que le había estado diciendo y tratando de descubrir qué fue lo que provocó la pregunta repentina.
La mirada de Spock se endureció mucho, muchísmo. -¿A qué te refieres con 'eso de la charla mental'?- Aclaró.
Jim frunció el ceño, un tanto desconcertado. -Tú sabes, lo que hiciste con el tipo romulano en la Narada-. Respondió. -Puso su mano en mi cara y me mostró algunos de sus recuerdos. Ah, y dijo algo...creo que fue algo así como 'nuestras mentes...'
-...una y juntas...-. Completó Spock. Su expresión, dura como el acero. -Dijiste que casi te salta encima con eso. ¿No te explicó lo que era? ¿No te pidió permiso?- Demandó, con fuerza.
-Algo así-. Jim se defendió. –Al principio, caminó hacia mi, y cuando le pregunté qué iba a hacer, se detuvo y dijo que sería más fácil si me lo mostraba…Creo…No lo sé…fue intenso.
Muy bien. Spock estaba enojado; aunque no hizo ningún gesto abrupto, sino que se quedó muy pero muy quieto, la emoción que llenó el automóvil casi se palpaba. Jim pensó en detenerse, otra vez; pero de alguna manera, lo ponía nervioso la idea de interrumpir el ritmo constante del motor o de hacer algo que cambiara el humor, preocupado por quebrar la barrera que obviamente había erigido.
-¿Usó ese método para explicarte la situación?- Preguntó Spock, un minuto después.
Jim respondió con una inclinación rígida y avergonzada. –Sí, yo creo que puedo imaginarme el porqué...probablemente yo hubiese tenido problemas en creerle, de otro modo-. Razonó.
Por la razón que fuese, ese explicación pareció tranquilizar un tanto a Spock, aunque sólo fue un ajuste marginal a lo que sea que hervía bajo su expresión forzadamente neutra.
-¿Qué pasa?- Finalmente, Jim debió preguntar.
-…La fusión mental con otro individuo no es un asunto insignificante-. Respondió Spock, después de un rato, su garganta se movió ligeramente y pareció que tragaba saliva. –Es un acto que se realiza por necesidad o por intimidad. Él no debería haberse tomado esa libertad contigo, especialmente por tu desconocimiento del proceso.
Ante la mención de 'intimidad', Jim no pudo evitar que su cerebro se desviara a lugares inadecuados. Lugares a los que no quería ir, exactamente, con un hombre que le llevaba más de una centuria. -¿Qué quieres decir con 'intimidad'? ¿Íntimo cómo qué?- Preguntó, súbitamente desconcertado, y ahora excesivamente consciente de la presencia física de Spock junto a él.
El medio vulcano exhaló con suavidad.
-Tuvo acceso a tu mente, a tus pensamientos, a tus recuerdos, emociones, percepciones...y tú a las suyas. Pero semejante contacto no es habitual para ti, por eso tú no podrías haber manipulado ese acceso; él se colocó en una posición de considerable influencia sobre ti-. Explicó Spock; y luego agregó, casi como una reflexión: -y él es un manipulador.
Le tomó un momento, a Jim, procesar lo que implicaba eso; no le agradaba la idea de haber estado abierto a esa clase de examinación; pero, al mismo tiempo, no creía...bueno, no sentía que el otro Spock hubiese andado por allí, metiéndose demasiado dentro de su cráneo...había estado allí con Jim, envuelto en los recuerdos de la muerte de dos planetas, con la consecuencia emocional que lo probaba.
-No creo que haya hecho mucho-. Dijo, tranquilizadoramente, preguntándose si esta no sería una de esas cosas culturales que eran bastante difíciles de comprender. Había muchísimos seres con habilidades telepáticas en el universo, por eso la Flota Espacial consideró necesario el entrenamiento psicológico para lidiar con el concepto, además algunos eran más liberales que otros con sus habilidades.
-Tú no sabrías si hizo algo-. Le informó Spock, con testarudez, y luego, con un gesto tenso, cruzó los brazos sobre el pecho.
Por un momento, Jim pensó que lucía un poco menos enojado y más...… disgustado. Luchó con el impulso de estirar la mano y apoyarla en el hombro de Spock. ¿Si a mi no me altera, por qué a él sí? se preguntó, aunque suponía que debería moletarse más. El otro Spock le había demostrado que era capaz de engañarlo, y como había dicho Spock, ¿ cómo sabría si el tipo había jugueteado con su cabeza?
Pero sus instintos no iban a la par de esa idea; algunas de sus inseguridades parecían querer aceptarla, pero sorpresivamente, no muchas. Aún estaba molesto por la mentira.
Parecía que Spock no le prestaba mucha atención; cerró los ojos y murmuraba una miríada de palabras incomprensibles y algunas impronunciables, en voz baja. Ahora que Jim sabía un poco más, supuso que se trataba de una especie de salmo que lo ayudaba a concentrarse.
Sabiamente, dejó que Spock se compusiera, y en cambio regresó su atención al fino arte de cometer múltiples violaciones de tránsito, sin ningún sentimiento de culpa. Sin importar cuánto más allá de los límites de velocidad recomendables Jim impulsara al vehículo, aún había mucho territorio por cubrir; pronto comenzaron a hacerse notar ciertos imperativos biológicos. Además, el adormecimiento de su garganta ya había pasado y comenzaba a sentirla como si alguien la hubiese raspado con una lija. Tomarse un recreo le parecía, cada vez más, una buena idea.
Spock recién se dio cuenta de que Jim se detuvo en el estacionamiento de un restaurante, cuando el motor se acalló; abrió lo ojos y lo miró fijo, cuestionándolo. Jim sonrió ampliamente, contento porque mucho de lo cortante de esa mirada ya no estaba allí; y no era que esa 'agudeza' no fuese extrañamente atractiva, y caliente y afilada...Pero lo mejor era que se detuviera allí, sí.
-¿Hambriento?- Preguntó, y luego resistió la urgencia de golpearse la cabeza contra el volante, porque su cerebro automáticamente conectó la pregunta con una segunda intención...¡una palabra! ¡Maldición, estaba jodido!
Spock inclinó levemente la cabeza y ambos dejaron el automóvil. Jim se tomó un tiempo para estirar las piernas y los brazos; luego entraron juntos al establecimientro que lucía bastante común; ubicado bajo un enorme cartel, de algún modo ensombrecido por su propio anuncio. -¿Por qué no buscas una mesa? Yo voy al baño-. Dijo, palmeando brevemente el hombro de Spock -maldición, lo olvidó, otra vez-, y dirigiéndose hacia el lugar marcado como baño. Después, pudo ubicar a Spock casi con facilidad gravitacional, en una mesa pequeña, alejada del movimiento general del restaurante. La decoración era sencilla y pálida, contrastando con los colores oscuros del cabello de su primer oficial y de su ropa. La ventana, junto a él, estaba pintada de muy agradable verde brillante, y lo colocaba en una luz que mostraba más pronunciadamente sus rasgos –de ordinario sutilmente alienígenas-. La palabra 'exótico' ni siquiera comenzaba a explicarlo...Jim puso la idea a un lado y se sentó.
-Me tomé la libertad de pedir un vaso de agua para ti-. Dijo Spock, a modo de saludo. Jim le retribuyó con una inclinación agradecida y alivió su garganta con la bebida fría. El hielo tintineó y brilló con reflejos verdes.
-¿Lo estás manejando bien?- Preguntó, una vez que tomó la saludable tercera parte del contenido del vaso.
Spock hizo un gesto afirmativo, inclinando la cabeza ligeramente y cerrando los ojos brevemente. –Por ahora, recobré mi compostura-. Confirmó. –Después de tu...partida, anoche, corregí varias de mis prácticas de meditación.
-¿Y eso ayudó?- Preguntó Jim, genuinamente interesado.
Si Spock hubiese sido humano, podría haber hecho un gesto de 'más o menos', con la mano. Como no lo era, se las arregló para transmitir el mismo sentimiento, sólo con el más leve de los movimientos de su boca. –Fue...desconcertante; pero también más prometedor que mis intentos anteriores-. Replicó.
El camarero se acercó; ellos se dieron contra un obstáculo cuando notaron que el menú tenía limitadas opciones vegetarianas.
Jim y Spock repasaron el menú, rebuscando algo que no contuviera un solo producto animal. Casi todo contenía, al menos, jamón, pollo o camarón por alguna parte. El camarero resultaba de muy poca ayuda, simplemente se quedaba allí, parado, indiferente, como alguien que no le tiene cariño a su trabajo.
Apoyándose sobre la mesa, Jim observó cómo los dedos de Spock trazaban las líneas del texto del menú –un gesto innecesario para un ser con un cerebro tan preciso-. Sin embargo, parecía un gesto inconsciente, Jim supuso que se trataba de su parte humana, mostrándose un poquito.
-Mira-. dijo Jim, finalmente; volviéndose exasperado hacia el camarero. -¿Ustedes tienen comida para gente alérgica?- Preguntó.
El camarero lo miró extrañado, pero asintió.
-Bien-. Continuó Jim, y luego señaló a Spock con su pulgar. –Él es alérgico a todos los productos animales. Y pescados-. Agregó, desconfiando de la inteligencia del hombre. –Así que, lo que sea que ordene, asegúrese de que no tenga contacto con nada que haya estado vivo-. O le daré un golpe en la cara, no lo dijo, pero quedó implícitamente obvio.
Por fin, eso pareció sacar al hombre de su apatía. –Ah, seguro-. Coincidió, pasando la mirada, del casi enojo de Jim a la cuidadosa neutralidad de Spock. –Puedo hacerlo, por supuesto.
-Bien-. Replicó Jim, alegremente, antes de inclinar la cabeza hacia Spock e indicarle el menú con un gesto divertido de invitación. –Ahí tienes, escoge lo que quieras.
Las esquinas de la boca de Spock se movieron ligeramente, y obedeció. El camarero tomó las órdenes rápidamente y se retiró, dejándolos de nuevo en la casi privacidad de su mesa.
-Maldición-. Dijo Jim. –Este lugar es raro, ¿sin opción vegetariana?- Murmuró, sintiéndose un tanto avergonzado, como si él debería haberlo sabido, desde afuera... pero no había ninguna indicación al respecto.
-Hay palillos de pan-. Apuntó Spock, diplomáticamente. –Aunque pueden estar cubiertos de queso y jamón, de acuerdo a este texto descriptivo.
Jim sacudió la cabeza, agachándola un poco y rió. Después, la conversación se hizo escasa, por un rato, en esa manera incómoda de cuando el próximo tema parece elusivo. Spock pasó la vista por la ventana, observando a través del filtro de vidrio verde, cómo una brisa ligera recorría el estacionamiento; entrelazó sus dedos y apoyó los brazos en la mesa. Lucía muy sereno, severo y extraño; pero a la vez, muy familiar y propio.
La incomodidad le dio paso a un silencio relajante y confortable, aceptado como una pausa en la conversación.
Inconscientemente, Jim pasaba su pulgar por la superficie fría y transpirada del vaso de agua; pensando en lo que harían al llegar a San Francisco. Había un personal administrativo de la Flota Espacial que iba a recibir una muestra de su carácter... Luego, pensó en la extraña idea de tener que armarse contra su propio primer oficial. Considerando que de ese modo Spock podría manejar su nueva situación, tenía que hacerlo; o buscarse otro primer oficial. Jim lo sabía. Puede que la Flota Espacial no requiriera el mismo control emocional riguroso que las tradiciones vulcanas, pero sí exige estándares. Tampoco iba a entregarles a Spock a los del departamente psicológico, sin embargo, ahora debía pensar como un capitán, hasta cuando el hecho dolía.
-Jim-, dijo Spock. Jim comenzaba a preguntarse dónde estaba la comida; lanzó una mirada alrededor e inesperadamente se encontró atrapado en una mirada intensa. -¿Cuál es tu estimación de mi yo alternativo?
Sorprendido por la pregunta, Jim frunció el ceño, y su pulgar produjo un ruido al detenerse en sus movimientos distraídos sobre el vaso. -¿Qué quieres decir con 'estimación'?- Decidió pedir la aclaración.
-Me refiero a tu opinión, a tu percepción-. Explicó Spock. –Lo que sea que hayas notado que merezca la pena sobre él, lo que hayas observado de su carácter. Tú interactuaste con él más extensivamente que yo.
Pensándolo bien, Jim supuso que tenía razón, aunque sonaba extraño saber más de alguien de lo que él sabía sobre sí mismo. De algún modo, le parecía aún más extraño tratar de verbalizar sus sentimientos por un Spock, al otro. –No lo sé-. Replicó, encogiéndose de hombros. –No puedo imaginarme por qué mintió sobre su necesidad de evitarte a ti, pero, más allá de eso, está bien.
Spock lo observó cuidadosamente por un momento, y luego elevó una ceja, cuando pareció que no iba a agregar nada más. -¿Esa es la extensión de tu percepción? ¿Qué está bien?
Jim se retrajo, defensivamente. –Vamos, Spock-. Dijo. –Sólo hablé dos veces con el tipo. ¿Qué es lo que estás buscando?
Él sabía que no iba a obtener una respuesta directa, y ya podía oír que el camarero volvía con la comida.
Ambos, Jim y Spock permanecieron en silencio mientras les servían la comida, y recién cuando los pasos del hombre poco entusiasta dejaron de oírse, Jim levantó la vista hacia su primer oficial. Spock escudriñó su comida y pareció encontrarla aceptable. No protestó, al menos, y se abocó prolija y metódicamente a la tarea de comer.
Cargando su tenedor, Jim lo metió en la boca sin mucho cuidado; sólo por principio. El universo necesitaba equilibrio, después de todo.
-Yo no pienso como él-. Confesó Spock, después de un momento, haciendo una pausa y, finalmente levantando la vista para encontrarse con la mirada de Jim, que había permanecido fija en él. La revelación fue inesperada.
Jim le dio un minuto, pero pareció que eso era todo lo que Spock iba a ofrecerle.
-Ey-. Dijo, al fin. –Si te ayuda, míralo así: eventualmente, lo harás. Ya sabes; cuando tengas un par de centurias bajo el cinturón.
Su intento de humor sólo le obtuvo una mirada seca. –No es posible que sea tan viejo-. Lo corrigió Spock. La respuesta de Jim fue encogerse de hombros. –Además, es posible que yo jamás sea como él. Mi existencia ya está alterada irreversiblemente.
-Sí, lo sé-. Dijo Jim, agitando su tenedor por el aire, enfáticamente. –Son diferentes personas, lo entiendo. Sólo quise decir que, probablemente, se trata de algo así como la 'sabiduría de los años'...o senilidad, elige tú...
-¿Sospechas que está deteriorado mentalmente?- Preguntó Spock, completamente serio.
Jim lo miró extrañado. –Esa fue una broma-. Corrigió. Para su sorpresa, spock pareció un tanto decepcionado. –Bien, ¿sabes qué?- Dijo, al fin, no enojado, pero sí un poco molesto. –No hablo 'en círculos', así que lo que sea que te está consumiendo, escúpelo.
Notó que su primer oficial no esperaba ese cuestionamiento y que sus hombros se tensaron, traicionando lo que sentía en su interior.
-No estóy siendo consumido-. Protestó Spock, con falsa inocencia.
Eso resultó en un tenedor apuntando en su dirección. –No te hagas el tonto-. Dijo Jim, para nada engañado. –Eres terrible con eso.
La combinación de insulto y halago de esa afirmación obligó a Spock a hacer una pausa breve. –Supongo que tú eres una autoridad en el tema-. Concedió, como respuesta. Por un momento, Jim también se descubrió a sí mismo, desconcertado, sin saber si había sido halagado o insultado. Decidió que, probablemente, ambas cosas, pero se quedó con la perspectiva del 'halago', de todos modos.
-Jodídamente correcto. Ahora, dime, ¿qué pasa?
Spock dudó, observó a Jim como si evaluara algo, aunque no dijo exactamente qué. –Mi yo alternativo se tomó mucho trabajo para asegurarse que tú y yo interactuáramos-. Dijo, después de un momento. –Una conducta ilógica. Nuestra línea temporal fue alterada décadas antes de su llegada. Asumir que algo permanecerá igual es poco sabio; aún así, él está convencido de que nosotros deberíamos conocernos bien-. La expresión de Spock cambió a una de sus 'ceño no-fruncido'. –Tú, particularmente, fuiste afectado en extremo por los cambios causados por Nero. Es lógico asumir que serás diferente al James T. Kirk que mi yo alternativo recuerda.
Jim escuchó, no del todo sorprendido ni molesto por lo que oía. Sabía que el otro Spock parecía pensar que él y su primer oficial deberían andar de la mano, a los saltitos bajo el arcoiris; y él mismo había considerado, varias veces, que era muy distinto al otro...a su otro yo. Era sólo cuestión de ver a dónde quería ir su amigo con eso.
Spock inhaló y parecía un poco tenso, como si se preparara para algo desagradable. –Los seres con habilidades telepáticas pueden filtrar, modificar, re dirigir y hasta suprimir los pensamientos o los recuerdos de otros. Es posible que durante su aflicción, mi yo alternativo haya usado la fusión mental como una oportunidad para...alterarte...para hacerte más parecido al James T. Kirk de su tiempo.
Jim seguía en silencio. Spock continuó. –Puede que haya querido obtener más de ti de lo que logró.
Guau. Jim decidió ignorar el potencialmente enorme y obviamente inconsciente insulto de esa frase.
-…Spock-. Dijo Jim, al fin. –Realmente no creo que haya pasado nada de eso-. Jim intentó que sus palabras fueran tranquilizadoras, pero por alguna razón, no funcionó. La mano de Spock se apretó contra el cubierto y su tenedor se inclinó de modo extraño. –Tu convicción sólo refuerza mis sospechas-. Replicó. -¿No has considerado tu inusual voluntad de disculpar mis transgresiones y tu insistencia obstinada por ayudarme?
Jim observaba a Spock como si le hubiese crecido otra cabeza. –Espera-. Dijo. -¿Tú crees que yo hago esto porque me han lavado el cerebro?- Preguntó.
Eso explicaría muchas cosas, sonó una vocecita en su mente. Eso explicaría por qué disfrutaba tanto la compañía de Spock; explicaría por qué los insultos o ataques de Spock lo lastimaban más de lo que deberían. Hasta explicaría su inesperada atracción; pero no explicaría todo, podía ver los huecos en ese argumento...como, por ejemplo, por qué el anciano Spock cambiaría su cerebro para que se sintiera atraído hacia el joven Spock.
-Pero, si él quería hacer eso-, insistió Jim. –Entonces, ¿por qué fue? Si se tomó tantos trabajos para lavarme el cerebro, ¿por qué lo haría sólo para alejarse?
Un mezcla caótica de pensamientos y dudas le pasaban por la mente. Honestamente, no creía que ninguno de los dos Spock fuera capaz de hacerle algo tan desagradable o inmoral. Pero, ¿esa confianza impulsiva venía de él? Otra vez, recordó la fusión mental con Spock. Vívidamente. El anciano había estado con él, junto a él en sus recuerdos, tan cerca como si hubiesen estado de la mano; su voz había explicado con palabras, su mente le había mostrado recuerdos y sus emociones le habían transmitido sentimientos. La conexión se quebró apenas al comenzar, nunca consideró la posibilidad de que haya pasado otra cosa; no parecía haber habido tiempo ni oportunidad.
Pero era su mente la que le decía esto, y si había pasado algo…no podía confiar en ella.
Miró a Spock, del otro lado de la mesa; el vulcano lo observaba con algún dejo de aprehensión...o tal vez, ¿miedo? ¿Spock sería capaz de hacerle algo así? ¿Podía confiar en su propia habilidad para juzgar semejante cosa? Pero…al menos, podía confiar en que éste Spock no lo aprobaba; si no, no lo hubiese considerado.
Un pensamiento se le ocurrió a Jim.
-¿Tú podrías saberlo?- Preguntó.
La expresión de Spock pasó, levemente, de tensa a confundida. Jim explicó, levantando una mano y se señaló la sien. –Si tú miraras aquí, ¿podrías decir si él ha modificado algo?
No lo hizo, insistían la mayoría de los instintos de Jim. ¿Pero, no se hubiese notado si su personalidad hubiese cambiado completamente? ¿Bones, o su madre no lo hubiesen notado? Pero, sí, él había cambiado; pero creía que esos cambios tenían que ver con todas esas decisiones que le alteraron la vida en los últimos años.
Después de una pausa casi tangible, Spock le respondió. –Sí, podría-. Confirmó, sacando las manos de la mesa, alejándolas de Jim y colocándolas a salvo, a los lados. –Sin embargo, no es aconsejable que intente semejante evaluación hasta que no recobre mi autocontrol.
-…Bueno-. Concluyó Jim. –En ese caso, supongo que deberé esperar a que lo hagas; porque no tengo otros amigos con habilidades telepáticas.
La situación debería ponerlo nervioso; debería sentirse preocupado, violado, enojado, pero aún estaba seguro de que no había pasado nada.
-Te muestras muy calmo con todo esto-. Notó Spock. –Eso aumenta mis sospechas.
Jim se encogió de hombros. –Sólo pienso que estás equivocado-. Respondió, llanamente. Lo creía, aunque al mismo tiempo, le aterrorizaba que Spock tuviera razón.
