Bueno, pues aquí estamos con el final de esta mini trilogía. Espero que aprobéis algunas acciones de Elissa, pienso que así engrandezco al personaje. Yo siendo sincero, me he emocionado mucho escribiéndolo, sobre todo en los párrafos finales, llegando incluso a lagrimear al pensar en ello. Espero que os emocione al igual que a mi.
—Señor, nos acaba de llegar un mensaje muy extraño en una frecuencia antigua. Además como añadido parece escrito en un código o algo similar, aún no he conseguido descifrarlo.
—¿Qué clase de código Teniente?
—Son como puntitos y rayas, no se muy bien que puede significar. He buscado en la red interna de inteligencia pero no he encontrado referencias.
—Muéstreme el mensaje.
El teniente pasó el pad de datos con el mensaje a su oficial superior. Este en cuanto lo miró realizó un ligero gesto de sorpresa y sonrió.
—Vaya. Sin duda el que ha enviado este mensaje es astuto. No lo veía desde que hice mi tesis doctoral.
—¿Lo reconoce señor?
—Por supuesto. Es un viejo código de la tierra, inventado por Samuel Morse, en el siglo XIX.
—¿Quién podría enviar algo con un código de hace más de tres siglos?
—Alguien que no quiere que sea descubierto con facilidad, pero que conoce la historia de la tierra. Que lo lleven de inmediato a descodificación.
… … … … … … … …
—Lurz, el equipo de los dragones rojos está listo para recibir tus órdenes.
Lurz se incorporó de su silla, allí estaban de nuevo los mejores hombres de que disponía. Curtidos en innumerables combates.
—Muy bien mis despreciables amigos. Tenemos una nueva tarea. En algún lugar de esta misera colonia hay alguien que no entiende su posición. Es nuestro cometido encontrarlos, y cazarlos.
—¿Si los encontramos, los matamos o los dejamos vivir?
—Han matado cruelmente a muchos de nuestros compañeros, pero quiero ser yo mismo el que les arrebate la vida.
El equipo subió a la lanzadera personal de Lurz, con los pertrechos listos. No tenían claro a cuantos se enfrentarían. Pero no eran de los que subestimaban a un enemigo.
Apenas tocaron tierra, la estampa era cuanto menos sugerente. Múltiples cadáveres de mercenarios, yacían muertos.
… … … … … … … …
Habían pasado ya tres días desde que enviaron la señal. Estaban cansados, pues el líder les llevaba dando caza, desde poco después. Fueron tres días interminables y casi sin descanso, jugando al ratón y al gato.
Por el momento, no habían descubierto el lugar donde escondían a los refugiados, ya que con habilidad los habían desviado todo lo humanamente posible, pero era cuestión de tiempo que lo consiguieran.
—Porras. Ya empiezo a estar harta de este tío.
—Y yo jefa. No me extraña que sea el líder de esta banda. Con lo que nos está costando deshacernos de él.
—¿Qué podemos hacer? No estamos quedando sin ideas. No sabemos si la señal ha surtido efecto o simplemente se perdió. No podemos resistir mucho más.
Melissa estaba bastante abatida, se sentó en el suelo resoplando y comenzó a sollozar. Ya habían tenido bastante. Tantos tiempo sin refuerzos, sin apenas comida. Su temple estaba bajo mínimos.
—Mel, no te preocupes. Haya o no funcionado el transmisor, debemos aguantar.
—Samuel tiene razón. Después de aguantar todo lo que hemos pasado, ¿serías capaz de rendirte ahora?
Melissa levantó la mirada, con los ojos parcialmente húmedos. Sus amigos la observaban con ternura, muy especialmente Samuel. Su chico, que recibió algún que otro tiro por ella, pero que en ningún momento se quejó.
—Tenéis razón. Si Elissa lo ha superado, yo también puedo.
Se levantó de nuevo decidida. Entonces Elissa chasqueó los dedos.
—Ya lo tengo, como porras no se me ha ocurrido antes.
—¿Tienes un plan?
—Si. Y ese batariano malnacido va a lamentar haberse cruzado en nuestro camino.
… … … … … … … …
—¡Basta ya de excusas! Llevamos días siguiendo a estos tres niñatos y aún no hemos conseguido nada.
Lurz estaba ya más que cansado. Pensó erróneamente que bajando él mismo junto a su escolta personal, todo acabaría en una pequeña escaramuza o ligero combate. Pero pasados tres días, no habían conseguido deshacerse de ellos.
Ni siquiera habían conseguido información sobre ellos, no la suficiente para despacharlos. La desesperación entre sus hombres empezaba a crecer y Lurz lo notaba. En todos los años que llevaba practicando la sutil tarea de ahogar a los humanos, no se había enfrentado a un enemigo o rival que no pudiera hacer desaparecer con una sencilla orden.
Algunos se resistieron, como en Mindoir. Aquella vez, siendo más joven pero igualmente cruel, ni siquiera reflexionó en desperdiciar unas posibles ganancias al lanzar aquel cohete que mató a aquél humano que se mantenía firme en una resistencia, por otro lado inútil. Era un buen recuerdo, el olor a carne quemada, escombros sepultando a esos seres inferiores.
Pero luego, vino lo peor. No solo mató a ese humano. Tras escanear la zona descubrieron que también mató a lo que parecían dos hembras humanas una de ellas muy joven, valor a tener en cuenta para las ganancias. Si no llega a ser por sus leales años de servicio, Balak lo hubiera matado en ese mismo instante. Desde entonces, era más cuidadoso en sus decisiones.
Pero este pequeño grupo de sacos de carne, estaba agotando su paciencia. Lo poco que sabían de ellos por los cortos pero intensos encuentros que habían tenido es que eran jóvenes. Por alguna de sus tácticas, pudieron deducir que pertenecían a la Alianza, pero como habían llegado allí era una información que no poseían.
—Señor, creo que tengo algo.
—Informa.
—He encontrado este registro en un hotel cercano. Parece ser que unos jóvenes llegaron hace unas dos semanas. Alquilaron habitaciones separadas. Eran dos chicas y un chico.
Lurz agarró el pad, mientras pasaba sus imágenes de registro de seguridad. Apenas podía estar seguro, pero era lo mejor que tenían. Accedió a la extranet, mediante un servidor privado, para no delatar su presencia u origen.
Introdujo sus datos y de inmediato saltó un aviso de información clasificada de la Alianza. Eso ya era un paso. Confirmaba sus sospechas. Sin el equipo de que disponía en su nave le era difícil no hacer que los cortafuegos de la Alianza saltaran, con las consiguientes consecuencias. Pero al menos ya disponían de información básica sobre sus presas.
—Bien, muchachos. Puedo deducir que estamos persiguiendo a un grupo de oficiales de la Alianza humana. Por pura casualidad creo que estaban de vacaciones o de permiso. Como han conseguido armas es obvio, ya que entre los cadáveres de nuestros hombres no había rastro de ellas.
Lurz pensó que decir a continuación, pues los ánimos a pesar de lo ya dicho, no habían mejorado.
—Conocemos muchas de sus tácticas, podemos vencer, sabemos de sobra que no suelen ser creativos, que se dejan llevar por sus protocolos y estándares. Así que vamos a por ellos.
Sus hombres alzaron las armas apoyando a su líder. Gritaron, y con las ganas reforzadas darían caza a esas patéticas criaturas y les harían pagar por todo el mal que habían causado.
… … … … … … … …
—Bueno chicos ¿que os parece?
—Sin duda es un plan muy ingenioso Eli. Hay que ver lo que tienes en ese hueco que llamas cabeza.
—No se cuanto tiempo tenemos, pero lo aprovecharemos. A nuestro favor está lo inesperado. Todo lo que se salga de los protocolos de actuación de la Alianza. Así no sabrán verlo venir.
Melissa y Samuel se pusieron de inmediato a dar salida al plan. Siguiendo el esquema que Elissa les proporcionó, colocaron en el estrecho callejón los nodos a diferentes alturas y distancias, todo para que la idea ingeniada por su amiga fuera lo más eficaz posible.
Con los pocos componentes de que disponían era un milagro que Elissa pudiera hacer el trabajo realizado. Sus amigos a pesar de los años se seguían sorprendiendo como con tan poco podía hacer tanto. Unas placas metálicas, unos conductores, unos relés y una fuente de energía.
—Buen trabajo chicos, estoy orgullosa de vosotros, ahora la pieza final del plan.
Tecleó en su omniherramienta y el microfabricador hizo aparecer algo parecido a una pequeña cámara flotante.
—¿Eso no es tu prototipo de torreta?
—Así es, Sam. No está lista del todo, pero que mejor prueba que un uso en combate real. Cuando traigamos a los piratas al callejón, la lanzaré para distraerlos. Espero que el lanzallamas funcione esta vez.
—¿Qué pasó la última vez jefa? No es que no confíe en ti ni nada de eso.
Elissa no pudo evitar sonreír a su amigo mientras se rascaba la cabeza con algo de incredulidad.
—Siendo sincera... Explotó. Espero que la inclusión de munición criogénica lo compense.
Los tres amigos se miraron. Era un plan muy arriesgado, pero en caso de resultar efectivo, se desharían de la mayor amenaza. El líder de los esclavistas.
—Más nos vale que resulte, el microfabricador lo tengo bajo mínimos, con todos los drones que he ido usando para ayudarnos en los combates.
—Claro que funcionará.
—Ahora queda atraerlos hasta aquí. Acepto sugerencias.
… … … … … … … …
—Señor, ya hemos descifrado el mensaje. Nos costó un poco al principio, pues alguno de los datos sobre el código morse no eran muy acertados. Se lo estoy enviando ahora mismo a su consola privada.
A la atención de quien reciba este mensaje.
Soy la Teniente primero Elissa Shepard, número de escalafón 68574091.
La colonia de Elysium está siendo atacada por un gran contingente de piratas y esclavistas.
Solicitamos refuerzos, para contrarrestar las fuerzas de que disponen.
—Teniente, para comprobar la veracidad del mensaje necesito que compruebe un número de escalafón.
—Ya lo hemos hecho señor, es una oficial condecorada y respetada. Según nuestros datos se encuentra en Elysium de permiso tras una dura misión en la que perdió a parte de su pelotón.
—¿Cual es la nave más cercana a Elysium?
—La más cercana es... La Tokio. Está bajo el mando del Capitán David Anderson.
—Necesito un enlace en privado con la Tokio, páselo a mi despacho.
—De inmediato señor.
… … … … … … … …
—Almirante Wilkinson, a que debo el honor.
—Capitán Anderson tengo una misión delicada para usted. Quizás no sea importante pero no pierdo nada por asegurarme.
—Estoy a su disposición.
—Hemos recibido un mensaje codificado de Elysium. Tenemos confirmación de su veracidad, pero necesito a un oficial competente que actúe con discreción. Y da la casualidad que usted es el que está más cerca.
—Le puedo asegurar la máxima discreción Almirante.
—Lo sé, un veterano y además N7 como usted es lo que necesito. Tenemos informes de Elysium mandados con regularidad, pero si el mensaje está en lo cierto hemos sido engañados por una flota de esclavistas batarianos.
—Si son esos cerdos no se puede esperar nada bueno. Dígame que necesita.
—El mensaje avisa de que en los últimos 11 días, un gran contingente de esclavistas y posiblemente piratas están atacando la colonia. Su misión es llegar con cautela, investigar y en caso afirmativo avisarnos. Según lo que nos envíe enviaremos o no la flota necesaria para cubrirle.
—Muy bien señor, puede contar conmigo.
… … … … … … … …
—¡Uff! Ha sido duro pero por fin los tenemos aquí.
—¡Malditos humanos desgraciados! ¿Pensáis que me vais a sorprender en un callejón? Sois unos ingenuos. Os mataré y arrancaré vuestros corazones de vuestros debiluchos pechos. ¡Dragones rojos a por ellos! Recordar que los quiero vivos.
En cuanto el grupo de mercenarios entró en el callejón, Elissa lanzó su prototipo, rezando mientras tanto que funcionara, pues era clave para que su plan fuera efectivo. Cayó justo en el centro de la callejuela, como esperaba. Los mercenarios se quedaron mirando aquél objeto flotante, pues nunca lo habían visto.
—¡Je! Parece una cámara. ¿Quieres hacernos fotos perra humana?
Elissa no contestó de inmediato, se pararon donde debían, al menos la mayoría. Si funcionaba su plan muchos de ellos quedarían bien fritos.
—No, pero espero que no os duela demasiado.
Los mercenarios reaccionaron de inmediato, pensando erróneamente que la torreta era la verdadera amenaza. Entonces Elissa activó la trampa. Los nodos que colocaron a lo largo del callejón se activaron, y generaron un intenso arco eléctrico que cruzaba de lado a lado la casi totalidad de la longitud del pasillo, atravesando incluso los escudos más débiles.
Lurz, no podía creerlo. Tras unos incesantes segundos en los que sus mejores tropas gritaron por el intenso dolor, solo quedaban cuerpos humeantes y quemados. Algunos aún tenían espasmos de vida, se retorcían como podían por las intensas quemaduras, gimiendo y temblando. Los supervivientes que no eran muchos, estaban a punto de abrir fuego cuando la torreta hizo su papel.
Aunque con escaso alcance, el lanzallamas se activó rodeando de plasma abrasador a otros dos. Uno de ellos corrió en dirección a Lurz, suplicando ayuda, pero este lo que le dio fue un tiro en plena frente, cayendo justo a sus pies. Sus fuerzas de élite habían sido diezmadas por algo que no esperaba.
Apenas se había cubierto, cuando Samuel, Melissa y Elissa, con mejor ventaja en cuanto al número de mercenarios restantes, se asomaron, y aprovechando la confusión abrieron fuego contra los que quedaban. El tiroteo no duró mucho, y Lurz estaba completamente enfurecido. Samuel no dudó en replicar, pues el plan de Elissa funcionó y estaba contento.
—Muy bien, basura batariana. Hemos acabado con tus hombres. ¿Qué harás ahora?
—Os juro que pagaréis por todo esto, miserables. Os degollaré yo mismo, os lo prometo por mi propia sangre.
Lurz, no pudo evitar reflejar algo de temblor en su amenaza pues no estaba seguro de qué hacer. Pero jamás se rendiría ante seres tan insignificantes como los humanos. Con el máximo cuidado, se fue alejando. Prefería conservar la vida antes que acabar en una prisión. En cuanto creyó estar a una distancia segura, usó una dosis de medigel y corrió hasta su lanzadera.
Creyendo que estaba a salvo, de improviso recibió una descarga que desactivó de inmediato sus escudos. Se giró para reaccionar cuando un cercano disparo le reventó una de sus rodillas, haciendo que cayera y soltara su fusil. Elissa lo miró con desprecio. Su memoria le llevó de improviso al pasado al escuchar la voz de Lurz al soltar su última amenaza. Aquella áspera voz que escuchó siendo niña.
—¡TÚ! ¡FUISTE TÚ!
—¿Que yo fui qué, estúpida humana?
Melissa y Samuel se fijaron en Elissa. Estaba llorando, como no había llorado en toda su vida. No entendían que ocurría, estaba tan desconcertados como Lurz, que la miraba, pero no mostraba por otro lado ni la más mínima intención de rendirse.
—Tú mataste a mis padres. Fuiste tu maldito saco de mierda.
—¿Si? Pues yo no te recuerdo, si hubiera coincidido con una zorra como tú, te habría enseñado lo que es una buena polla batariana antes de colocarte un collar y convertirte en mi mascota.
—Jefa. ¿Estás segura de que lo conoces?
Elissa se sentía en ese momento sin apenas fuerzas, solo quería reventar su cabeza y ver sus sesos desparramados. Pero algo en lo más profundo de su ser, clamaba que no lo hiciera.
—Tu, desgraciado mataste a mis padres en Mindoir, hace ya 6 años. 6 Largos años en los que he escuchado su voz en mis pesadillas, viendo como morían una y otra vez. Me he maldecido durante todos estos años por mi memoria, pero ahora te tengo frente a mí. Tu vida me pertenece, solo yo puedo arrebatártela.
Lurz la miró con algo de curiosidad, no pudo evitarlo.
—Tú eras una de las hembras. Pero escaneamos el lugar y parecías muerta, ¿Cómo es posible?
—Saco de mierda estúpida, los escombros junto a los focos de fuego taparon mi calor corporal. Casi agradezco que me dieras por muerta, por que ahora... ahora...
Le estaba encañonando, su arma rozaba con la frente de aquella despreciable criatura, mientras las imágenes de sus padres no paraban de pasar una tras otra por su mente. Sus sonrisas, sus abrazos.
Elissa estaba temblando, no sabia que hacer. Tenia frente a ella al asesino que le arrebató toda su vida. Sus padres, sus abuelos, a Krek. Sus compañeros no sabían si pararla o dejarla. De pronto bajó el arma, intentando relajar su acelerada respiración.
—En nombre de la Alianza quedas arrestado. Pasarás el resto de tu vida recordando que por un instante tuve tu vida en mis manos. Pero soy mejor que vosotros, no asesinaré a una persona indefensa. Ni siquiera a alguien como tú.
Se enjugó las lagrimas, mientras sus compañeros levantaban y maniataban al batariano. Se relajaron, pues creían que su amiga lo mataría allí mismo. En caso de que hubiera ocurrido, a sabiendas de su pasado, la habrían cubierto y confirmado su informe. Pero su decisión la engrandecía.
… … … … … … … …
—Señor, acabamos de recibir un mensaje codificado de la Tokio.
—Lo quiero en mi pantalla.
Almirante Wilkinson.
Hemos confirmado sus sospecha. La nave que patrullaba el sistema ha sufrido graves daños. Los esclavistas copiaron su señal para usarla en su provecho.
Tienen una gran flota de naves, entre las que se incluyen:
Cinco cargueros, dos cruceros, tres fragatas y al menos tres docenas de cazas.
Desconocemos la cantidad de personal que tienen en tierra.
Solicitamos los refuerzos necesarios.
—Teniente, contacte con la 5ª flota y envíe estas órdenes.
—Si señor.
… … … … … … … …
—Vaya. Habéis rescatado a muchos.
—Los vamos a rescatar a todos. Ahora enviarás unas órdenes a tus compinches.
—Si crees estúpida humana que ordenaré a mis hombres dejar tan valioso cargamento estás muy equivocada.
Elissa se fijó de inmediato que incluso a pesar de lo ocurrido hacía solo unas horas, el prisionero mostraba un exceso de confianza . Eso la hizo ponerse en guardia...
—Puesto de guardia a Shepard. Repito, puesto de guardia a Shepard.
—Aquí Shepard. ¿Qué ocurre?
—El refugio está en peligro, acaban de aterrizar un montón de lanzaderas y hay un gran contingente de mercenarios que se dirigen a nuestra posición. ¿Qué hacemos?
Elissa de inmediato se giró hacia Lurz, que sonreía mientras la miraba con aires de superioridad.
—Gracias por traerme vivo, deberías haberme matado.
—¡Maldito! Tiene un rastreador. Que todos bajen al nivel inferior. Samuel, reúne a los guardias y llévalos a la entrada. Montaremos unas barricadas con lo que tenemos y los contendremos todo lo posible.
Los tres amigos junto a la reducida fuerza de que disponían marcharon raudos. Tenían poco tiempo, pero lo aprovecharon como pudieron. Usaron todo lo que había a su alcance, aerocoches, aerocamiones. Cualquier cosa que les permitiera defender la entrada.
—Shepard a puesto de guardia. Darme novedades.
Una voz áspera fue la que le contestó, afirmando sus peores temores sobre la situación del puesto.
—Aquí puesto, estáis muertos. Solo es cuestión de tiempo.
—Maldita sea. ¡Posiciones de combate!
Elissa, Samuel y Melissa se colocaron para apoyar todo lo posible a los guardias. Estos apenas tenían formación de combate, pero juraron ayudarles para proteger a los colonos hasta su muerte. Los tres amigos confiaban en su propia formación. Los minutos pasaban lentos, como si la muerte se burlara de ellos. Elissa la encararía, era una vieja amiga y no la temía.
Una hilera completa de mercenarios, esclavistas ávidos de sangre y piratas se presento ante ellos. Eran muchísimos. Un barrido preliminar, indicaba que se enfrentaban en clara minoría. Solo contaban con la pequeña ventaja de las barricadas, colocadas muy inteligentemente.
El fuego no tardó en aparecer, realizando ráfagas continuas cada vez que el bando contrario recargaba, o se entretenían con algún blanco concreto. Por el momento la barricada parecía surtir efecto, pero los tres amigos se miraban preocupados, pues no sabían cuanto podrían resistir así.
Al menos, munición no les faltaba, gracias a las repetidas incursiones que detuvieron en todos esos días. Pero sus respectivas baterías de eezo, estaban casi a cero. Tras tanto tiempo usando sus ventajas tácticas de clase.
Los mercenarios ya habían perdido un 40 por ciento de sus fuerzas, contra 8 bajas de los colonos. Elissa comenzó a pensar que su plan de la señal no había llegado a nada, que posiblemente se perdiera en la inmensidad del espacio. Pero lo tenia decidido, si debía morir que fuera luchando, nunca arrodillada o rendida ante semejante escoria.
Sin apenas dudas y aún consciente de sus reducidas reservas, activó su microfabricador y lanzó una nueva torreta, que cayendo en medio del grueso de los piratas comenzó a soltar el plasma caliente, provocando el pánico entre las tropas mercenarias. Activó su dron de combate, que provocaba descargas que saltaban de uno a otro, desestabilizando sus escudos y dejándolos vulnerables.
Melissa lanzó sus dos últimas granadas de levitación, lanzando por lo aires a numerosos esclavistas que estaban apiñados en la estrechez del cuello de botella que era la entrada a las barricadas. Samuel, enviaba uno tras otro sus disparos de conmoción, derribando a sus tropas, y los colonos aprovechaban cada confusión provocada por los tres amigos para rematar a los caídos.
… … … … … … … …
—Mooz, tenemos una extraña lectura de los sensores.
—¿Qué pasa? ¿Crees que nos van a invadir? Lurz pensó muy bien eso. Lo tenemos controlado. Ninguna nave de la Alianza o del consejo se presentará aquí, mientras reciban los informes falsos que les estamos enviando con regularidad.
Entonces un aviso de la consola principal alertó al segundo de Lurz, que parecía seguro, pero cambió su semblante de inmediato. Activó la consola y el mensaje que a continuación salió por el sistema de megafonía del puente hicieron que la tripulación se quedara congelada.
—Les habla el Capitán Anderson, Marina de la Alianza. Están invadiendo espacio soberano de la humanidad. Depongan las armas y los escudos, o nos veremos obligados a destruir sus naves.
—Te lo dije, Mooz. ¡A sus puestos de combate!
Apenas le dio tiempo de virar sus naves y responder al fuego. De inmediato diversos impactos reventaron los escudos de la nave principal, cuando por fin pudieron recibir imagen de las naves de la Alianza muchos comenzaron a huir a las cápsulas de salvamento.
La pudieron identificar como la 5ª flota, decenas de cruceros y fragatas. Más de dos centenares de cazas contra su reducida fuerza, que por codicia era en su mayor parte naves de carga, pues sus intenciones originales eran llevarse al mayor número de colonos.
La naves de combate cayeron con facilidad, ante la superioridad táctica de la Alianza sumada a su mayor número. Las naves de carga sufrieron el ataque coordinado de equipos de asalto, que redujeron con rapidez a las fuerzas que disponían antes de que pudieran amenazar a los colonos, afortunadamente, el ataque inesperado de la flota sirvió de distracción.
… … … … … … … …
—Elissa estamos acabados, siguen llegando fuerzas sin parar.
—No te rindas, Sam. Podemos con ello, podemos conseguirlo.
Su omniherramienta comenzó a parpadear, algo que no ocurría desde el primer asalto hacia ya 12 días. Activó la llamada, y aquella voz se le grabó en la mente. La voz del hombre que más tarde se convertiría en su segundo padre para ella. Una voz que recordaría el resto de su vida.
—Teniente Shepard, al habla el Capitán David Anderson. Estamos mandando una fuerza a su posición. Resista Teniente, por dios resista. No les hemos abandonado.
Con intensas lagrimas en los ojos, Elissa respondió al mensaje.
—Shepard, recibido.
Miró a sus amigos, que la miraban con ganas, con confianza, como la líder que había demostrado ser desde que decidió vencer a sus miedos. Salieron de sus coberturas, y dispararon sus armas contra las fuerzas que comenzaban a penetrar en sus lineas, lanzando todo lo que les quedaba, sin parar.
Entonces la esperanza, comenzaron a llover impactos de armas pesadas sobre las fuerzas mercenarias, y pocos segundos después, múltiples lanzaderas sobrevolaron el lugar, aterrizando en las inmediaciones, abriendo fuego de inmediato sobre las fuerza restantes de los piratas.
Los tres amigos no se distrajeron, continuaron en su tarea de eliminar cualquier amenaza cercana. Algunos de los esclavistas, no conscientes de su derrota, no parecían dispuestos a ceder y continuaban avanzando a pesar de que les estaban atacando en vanguardia y retaguardia.
Gracias a los refuerzos, el resto de la batalla fue corta, muchos de los que quedaron viéndose en inferioridad rindieron las armas. Una lanzadera más aterrizó cerca de donde se encontraban Elissa y sus amigos, estaban los tres sobre una de las barricadas, mientras el sol del sistema se ponía con lentitud tras ellos, dándoles un cierto aire de superioridad casi mística. Cuando Anderson se apeó de la nave, aquella imagen hizo que un escalofrío le recorriera el espinazo.
Ver a aquellos tres jóvenes, que habían resistido a una fuerza muy superior a ellos, durante tanto tiempo, sin apenas recursos. Era una imagen sin duda evocadora, digna de los libros de historia. Se acercó al grupo, y tendiendo la mano estrechó la de Shepard que se la ofreció de inmediato.
—Apenas imagino lo que habrán vivido, pero la Alianza está orgullosa de ustedes, soldados. Han hecho un trabajo brillante.
Elissa, volvió a sonreír, y sus respuesta provocó una reacción inmediata de sus compañeros.
—Solo estábamos de vacaciones, señor, pensamos que así se animaría un poco.
Los tres amigos compartieron un abrazo, a pesar de las miradas de muchos de los soldados que los rodeaban, algunos con cara de sorpresa, pues ninguno de ellos portaba su uniforme, solo la ropa con la que salieron aquél fatídico día, estaban sucios y cansados, pero lo habían conseguido. Resistieron hasta el final.
… … … … … … … …
El enorme salón de la estación Arturo, estaba completamente lleno. Decenas de marines y oficiales ocupaban los asientos en primera fila. Rodeados por varios periodistas que lo estaban grabando todo, sin perder detalle.
El Vicealmirante Hackett subió al atril donde ya se encontraban los tres, enfundados en sus respectivos trajes de gala. Sin más demora comenzó un breve discurso.
—Damas y caballeros. Nos hemos reunido aquí para honrar a estos valerosos oficiales. Sus actos desinteresados para con los suyos serán recordados por siempre. Su resistencia, y sobre todo su negación a rendirse, es un gran ejemplo de a que debe aspirar todo buen miembro perteneciente a la Alianza.
Hizo una pequeña pausa, se giro militarmente, recogió uno de los 6 estuches que se encontraban el la pequeña mesita y se puso frente a Elissa.
—Teniente primero Elissa Shepard, es para mi un honor y un privilegio otorgarle esta condecoración.
Cuando abrió el estuche Elissa no podía creerlo.
—Señor eso es...
—Así es. La 'Estrella de Terra' la mayor condecoración que un miembro de la Alianza puede recibir. Y me llena de orgullo concedérsela Shepard.
La colocó con delicadeza en su traje, se saludaron y se giró de nuevo. Cogió un nuevo estuche y se puso frente a ella de nuevo. Le quitó sus galones de Teniente y continuó en voz alta.
—Elissa Shepard, el almirantazgo de la Alianza le concede el rango de Comandante de Estado Mayor.
Se saludaron de nuevo, y recogiendo un nuevo estuche se puso frente a Samuel.
—Jefe de operaciones Samuel Kikland, es para mi un honor concederle la medalla al valor de primera clase.
Se giró de nuevo y recogió un nuevo estuche. Y le quitó sus galones.
—El almirantazgo le concede el rango de Teniente de Estado Mayor.
Se saludaron, y de nuevo se giró cogió otro estuche y se puso frente a Melissa.
—Jefa de Servicio Melissa Wood, es para mi un honor concederle la medalla al valor de primera clase.
Y para finalizar, recogió el último estuche, de nuevo frente a ella y una vez más le quitó sus galones.
—El almirantazgo le concede el rango de Teniente primero.
Le saludó, se giró y se retiró a un lado. Los tres amigos apenas pudieron contener las lágrimas cuando la totalidad de los presentes, se levantaron y comenzaron a aplaudir. A vitorearlos, a mostrar el respeto que se habían ganado a base de esfuerzo, por no haberse rendido, por haber resistido. Se abrazaron de nuevo, y la intensidad de los aplausos creció.
… … … … … … … …
Elissa y sus amigos estaban tomando unos aperitivos cuando una periodista les interrumpió.
—Comandante Shepard, disculpe. Jessica Parker, de la RNA. ¿Podría ser posible que contestara a unas preguntas?
Elissa la miró, junto a su cámara flotante. No le gustaban mucho los periodistas. Pero por aquella vez haría la vista gorda.
—Si. Pregunte.
—¿Es cierto que resistió usted sola el embiste de cientos de batarianos en Elysium?
Esa era la razón por la que no le gustaba la prensa, siempre tergiversaban la historia solo para hacerla más interesante, la verdad les importaba mas bien poco.
—No, no es cierto. Fuimos los tres, y no solo habían batarianos, aunque en menor numero, también había piratas turianos, salarianos e incluso aunque me duela decirlo humanos.
—¿Entonces no es cierto que asesinó a cientos de esclavistas con una crueldad desmedida?
—No se de donde ha sacado esa información, pero mis amigos son testigos. Salvo contadas ocasiones, como cuando nos enfrentamos a su líder, siempre dimos la oportunidad a los mercenarios de deponer las armas.
—¿Mató a sangre fría a un hombre que según mis fuentes había traicionado a la colonia, vendiéndosela a los piratas?
—Con todo el respeto que me puedo permitir, la entrevista a terminado. Si quiere especular, vallase a otro sitio, yo no pienso contestar más sandeces.
Volvió con sus amigos, que se retiraron de inmediato, lanzando miradas indiferentes a la periodista, que se quedó allí plantada sin saber que hacer.
… … … … … … … …
—Shepard, ¿tiene un momento?
—Por supuesto Vicealmirante. ¿Qué necesita?
—Tengo una propuesta para usted, si le interesa.
Elissa lo miraba con curiosidad, después de lo que ya había recibido, apenas era capaz de imaginar que seria lo que le podía ofrecer.
—¿Estaría interesada en ingresar en nuestro programa N7?
—Quiere decir, ¿el EGC?
—Así es. Es una candidata perfecta. Si quiere meditarlo, tenga. Esta es mi cuenta de Extranet, piénselo. Tiene hasta pasado mañana. Decida lo que decida no la juzgaré, sus actos hablan por usted.
Elissa se quedó mirando el enlace en su omniherramienta sin saber que decir. No conocía mucho del EGC, pero si sabía que allí solo iban los mejores de los mejores. Y que además tenia un gran porcentaje de abandonos. Se quedó pensativa mientras el Vicealmirante se marchaba a conversar con los invitados.
