Buenas: Un nuevo chap para ustedes, perdón por la demora pero es que estaba de viaje, de antemano gracias por los mensajes y por seguir la historia, es todo un honor.

Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer

Edward

Había esperado por este momento me parecía que una eternidad. Quizá interiormente buscaba una absolución que no sabía si merecía obtener. Pero la deseaba con todo el calor de mi sangre. Por eso quizá sentía esa especie de euforia y a la vez desazón cuando entré a la habitación de Bella dispuesto a dejar al aire libre toda mi vida y sentimientos desde que conocí al némesis de mi vida, pasando por conocerla a ella, lo poco verdadero que había tenido y las consiguientes consecuencias de nuestros actos.

Sentía que el corazón me palpitaba fuerte y era una sensación que no había sentido en mucho tiempo, demasiado. Podía diferenciar lo que sentí como simple calentura por Tanya y la aprensión que sentía en ese momento por estar frente a esa muchacha que desde su adolescencia había sabido cómo poner mi mundo de cabeza.

Crucé el umbral de esa habitación, en donde parecía haberse concentrado cualquier atisbo de lo que alguna vez creí que era la felicidad.

Manteniendo mi educación pedí permiso para entrar plenamente consciente de que ella podía negarse, la miré a los ojos y aun así me perdí en la distancia que seguramente ella estaba tratando de crear. Accedió, pude ver que a regañadientes pero obtendría todo lo que pudiera conseguir. Cerré la puerta tras de sí poniendo cerrojo, esperando que nadie fuera a interrumpir toda esta olla que estaba a punto de ser destapada. Cuando me di la vuelta mis ojos se perdieron automáticamente, no en los de ella sino en el toque de color que había en la habitación y era aportado por unas flores que estaban en una mesa dispuesta a l lado de la ventana, que si no me equivocaba pertenecía a la de poner la comida para Bella. No quise sacar suposiciones pero casi creía saber quién las ha traído, sus padres en todo ese tiempo no le habían dado flores, no sabía si era porque no le gustaban, pero el amigo joven... desde que había venido a visitarla...

- Veo que sigues visitada – dije sin poder evitar que el comentario saliera de mi boca con un nada sutil tono de sarcasmo, y cuando ella me respondió me di cuenta de que mis suposiciones no habían sido del todo infundadas.

- Me las trajo Jacob, el hijo del mejor amigo de mi padre – percibía que le había arrancado las palabras pero la sonrisa tenue que había en su redondeado rostro me dijo que le gustaban, que apreciaba las visitas del perro y no sabía cómo reaccionar ante eso, especialmente porque no tenía por qué hacerlo, lo de reaccionar, pero aun así no me gustó nada lo que sentí. Corroboré mis sospechas preguntando una vez más y ella afirmó. Por qué aquella extraña punzada en el corazón,

Apartando aquello en lo que pensaría mas tarde de mi mente decidí terminar de hacer mi movimiento quedando en una posición cómoda para decirle lo que tenía que decirle que seguramente me tomaría un tiempo. Fijé mis ojos en ella buscando un atisbo de la muchacha que había sido antes encontrando varios detalles que por algún motivo se me habían quedado grabados en la mente, las pecas de su rostro, la suavidad y color acaramelado marrón de su cabello, la forma redondeada de su boca... sus ojos en forma almendrada...su cuerpo...

-¿Crees que este momento sea tan bueno como cualquier otro para hablar? – pregunté llevando a mi cerebro a lugares más importantes que estar pensando en el cuerpo de Bella.

- No se…- dijo ella cansinamente mirándome por primera vez desde que entre directamente de vuelta luego me preguntaba si tendría algo interesante que decirle y quise gritarle que sí, pero que desearía que dejara de mirarme con esa indiferencia que antes no tenía... pero sabía que era esperar demasiado.

Le dije que eso lo determinaría ella y me du cuenta de que puede que hubiese cometido un error porque a mi primera silaba ella podía mandarme al diablo y aunque quisiera no podría obligarla a escucharme, no después del modo en que había acabado yo las cosas entre nosotros.

Volví a perderme en su mirada caramelo viendo como un sonrojo nada propio de una mujer que había sido madre se apoderaba de sus mejillas, ese flujo de sangre llamó terriblemente mi atención, por que no había motivo en la tierra que pudiera hacer que Bella Swan se sonrojara por mí. Bueno puede que estuviera sacando conjeturas y sus mejillas se estuvieran tiñendo de rojo por la ira y no por un sentimiento de inocencia.

- Habla, entonces, y sabremos si habrá valido la pena – casi no la escuche, de tan concentrado como estaba en su rostro redondeado.

Bueno, tenía pase verde, debía aprovecharlo mientras durara. Suspirando interna y externamente, obligué a mi corazón a relajarse. Luego abrí mi boca y dejé que el cerebro y la conexión que tenía con este órgano comenzara a aflorar recuerdos en los que mi terapeuta me decía que no debía ahondar de no ser absolutamente necesario y en este momento lo era, más que nada, porque ponerme en una posición vulnerable ante Bella era lo que necesitaba, ella para ver que estaba y arrepentido y yo para sentirme mejor conmigo mismo.

-Antes que nada quiero disculparme… por todo… por haberte usado, por haber descargado mi ira contigo, por tratarte como te trate después y por…embarazarte. - bueno, la primera frase no había sonado del todo mal... podía hacerlo, sí que podía.

- De eso ultimo no tienes que disculparte ya que amé a mi hijo y de estar embarazada nunca me arrepentí – explosionó con suavidad la voz de Bella en defensa de su sentimiento hacia nuestro hijo nonato.

- Por las condiciones que te llevaron a acabar en estado si me disculpo, no tenía derecho y aun así lo hice – fue mi respuesta ante su interrupción, y sabía que yo tenía la razón, ella había acabado en ese estado por mi afán de poseer la pureza que manaba de ella sin importar las consecuencias que, un médico como yo debía saber, podían acarrear el hecho de acostarme con ella.

- Nunca entenderé que fue lo que viste en mí que te hizo pensar siquiera en aprovecharte siendo que había muchas mujeres de tu…gusto…más parecidas a Tanya… ¿era por qué te perseguía a todas partes? ¿Por qué querías vengarte porque me había encaprichado contigo? – bueno, ahí estaba el quid de la cuestión. Si la había deseado y de eso no había duda, el deseo era algo que a los hombres se nos hacia difícil ocultar pero cuando no lo sentíamos, al menos en mi caso, era más que evidente. Decidí hablarme con la verdad, al menos así intentaría hacer que comprendiera.

"Eras pura .No solo física sino espiritualmente y en medio de toda la tragedia griega que era mi matrimonio eras la luz de la que de alguna manera me quería apoderar."

Ese fue el inicio de mi soliloquio, aquel que comenzó a brotar de mis labios sin contención, me dolia tener que admitir debilidad ante alguien, pero se trataba de Bella, con ella nunca me había dado miedo hacer cosas que con otras personas sí. Como si ella liberara dentro de mí el alma adolecente que nunca aproveché. Empecé relatándole mi vida de matrimonio y ella interrumpió nuevamente diciendo que parecíamos uno feliz. Y procedí a explicarle los pormenores de las cosas, la verdad de como habían pasado y profundas intimidades que nunca esperé revelar a nadie excepto mi psiquiatra.

Recordar todas aquellas cosas definitivamente no me estaba haciendo bien. Quería cerrar los ojos y fingir que no había nadie escuchándome, que solo se trataba de mí rumiando recuerdos y que cuando terminara no tendría audiencia. Pero la sentía tan presente que sabía que incluso cerrando los ojos podía seguir hablándole porque percibía que ella estaba ahí.

Curiosamente mientras se lo decía sentía como si una gran brocha de pintura blanca estuviera paliando una mancha, cubriéndola, dándole un mejor color y toque, absorbiéndola quizá. Luego la superficie iba quedando como si la mancha no estuviera ahí. Pero aun existía, el hecho de cubrirla jamás la iba a apartar de mí y eso lo tenía claro. Cuando hablé del momento en que comencé a verla el sonrojo volvió a inundar sus mejillas y me reí internamente en regocijo intentando que no se me notara en nuestra realidad quizá fallando volublemente.

"Veía lo que antes no y comencé a desearte de manera enfermiza, quizá quería tomar algo de tu inocencia para purgar un poco mi propia suciedad y eso hice. Creo que debes recordar tan bien como yo aquella única vez que estuvimos juntos, en ese lugar que he ido a visitar muchas veces esperando expiar la culpa que siento. No te vi después y la situación con Tanya se salió de las manos, quería separarse y que le diera todos mis bienes y no podía hacerlo, no porque no lo deseara sino porque no tenía como darle lo que pedía para que me dejara en paz. Sonará frívolo pero no tenía toda esa cantidad exagerada así que decidí que la haría vivir el infierno que ella me quería hacer vivir a mí. La amenace con quedarnos casados toda la vida pero que nunca le iba a dar el divorcio ni me iba a sacar un peso más del que correspondía. Intento conquistarme pero era tarde para eso, al ver su verdadero rostro solo podía pensar en cuan falsa era su treta, cuan mentirosa era y toda la decepción que suponía tenerla a mi lado. Confieso que desee en dicho momento que desapareciera y cuando menos lo espere, parecía que mis palabras habían tenido el poder suficiente para ser llevadas a la realidad. Ella se había suicidado y sabía por la nota que leí y por los ojos acusadores y arduos de su madre que había sido culpa mía. En ese momento ignoraba la verdad y solo podía verme deseando su disipación y esto haciéndose realidad frente a mí como un terrible karma. No podía siquiera mirarme a la cara y menos verte a ti por todo lo que habíamos hecho. Seguramente mi culpa y enfado fueron dirigidos a ti irremediablemente y por eso y muchas razones, todas ellas teniendo que ver con mi auto desprecio, hice lo que hice. Te aparté como lo hice, te trate como lo hice. Tú, lo único puro de mi mierda de vida y también a ti te había manchado "

El monologo brotó de mis labios sin contención, pero cuando llegué a la última parte fue cuando verdaderamente dolió. Como la mierda. Recordaba claramente cuando le había dicho lo que le dije, la mirada perdida de dolor, el cuerpo ligeramente encorvado como si hubiera querido protegerse de todos mis dolorosos dardos, su mirada incrédula como si quisiera reclamarme porque hacia algo así después del precioso regalo que me había dado... La voz me tembló porque por un extraño momento me convertí en ella en ese recuerdo y pude ver claramente el daño exacto que mis palabras habían producido en ella y que seguramente recordaba tan bien como yo.

Había corrido a buscarla después de eso, recordaba bien, pero ella se había ido, ya había cometido ese terrible acto de lastimar a un alma inocente y ella había corrido lejos de mí, seguramente dolida, lastimada por mis actos deplorables.

- Cuando fui consiente otra vez de todo lo que estaba dejando que acarreara sobre mí me di cuenta de lo que había hecho, habías desaparecido, huyendo seguramente del dolor que te había provocado y yo aún tenía que lidiar con toda la culpa aceptando ir a un terapista particular que me ayudara a salir del hueco en el que lentamente me estaba hundiendo

Confesé la enfermedad de mi mente, y como acudir a ese tipo de ayuda de algún modo liberó mi alma y luego como la verdad de mi esposa ayudó en mi precaria recuperación. Luego intenté retomar lo que quedaba de mi existencia teniéndola a ella presente en cada simple pensamiento. Viendo en mi cabeza una y otra vez nuestro último encuentro y el último recuerdo que me quedaba de ella. Luego venían recuerdos más sensuales y era algo contra lo que no podía luchar. En ese momento no quise hacerlo porque sabía que era la única arma que tenía para evitar que la cordura se me terminara de perder.

- Y después, un día cualquiera, recibí la noticia de Rosalie, que se había venido a cuidar de mi junto con mi familia a mi casa, de que habías vuelto. El chisme estaba regado en el pueblo y en esas ocasiones era difícil dudar de que fueran verdad y para mayor coincidencia venias a trabajar al mismo hospital, el mismo que me salvo de convertirme en un loco errante. Creía que esa era la oportunidad más perfecta para hacer las cosas bien, para disculparme e intentar arreglar en entuerto que yo mismo había creado. Pero cuando te vi supe que a pesar del tiempo que había pasado seguías dolida. Demasiado dolida y aun no alcanzaba a imaginar por qué. En medio de mi egoísmo creía que solo se trataba de resentimiento por la manera cruel en que te había rechazado pero había algo más, algo de trasfondo, un odio manifiesto que me hacía pensar que tan duro había sido para ti olvidarte de mí. -

Continué hablando en vista de que ella no parecía seguir teniendo deseos de detenerme pero sabía que no sería por mucho tiempo.

- Cuando volviste, te miré de nuevo y supe que la dulzura, la inocencia que antes tenías había desaparecido y también sabia de quien era la culpa, volvía a sentirme como la mierda pero no podía imaginar que tú te sintieras igual o peor y que me miraras como lo hacías. Como seguías siendo el único cabo suelto de mi camino hacia la redención decidí que tenía que hablarte nuevamente y disculparme. No podía dejar de mirarte incluso a escondidas porque quería percibir en algún descuido que la Bella que conocí y destruí aún se hallaba dentro de esa nueva presentación tuya. Comencé a acostarte y no dabas tu brazo a torcer, estaba pensando en emprender medidas más drásticas cuando repentinamente, como todo acostumbra a pasar contigo, enfermaste de meningitis, un ataque grave que podía llevarte a la tumba o dejarte secuelas terribles

Su ataque fue la copa que colmó el vaso de mi culpabilidad. Sabía que no tenía nada que ver con los virus y sus procederes hacia sistemas inmunológicos vulnerables, pero había sido como si el destino quisiera seguir aleccionándome, no dándome la paz que necesitaba sino llenándome de preocupación y angustia por lo que pudiera pasarle a Bella tanto si vivía como si no. Mientras lo relataba también tenía visiones de su cuerpo en la cama, con palidez extrema y ojos abiertos y con miedo, la frente pálida y sudorosa y su hablar inconexo y como tuve que actuar esperando con ello que se curara y purgar algo de mi culpa.

Pero nada de eso iba a servirme por que llegue a la parte en donde le confesé que sabía de nuestro hijo. Y de su muerte y las cosas seguían estando como en el principio. Imaginé por esos momentos pode haber tenido a mi hijo en brazos si no hubiera hecho caso de las maquinaciones de Tanya y me hubiera divorciado cuando tuve oportunidad. Inevitablemente, al pensar el destino funesto en que había sumergido a lo único que había significado algo para mí, mis ojos se humedecieron como hacía mucho tiempo no hacían. Por mí, por ella, por todo lo que no tuvimos y por qué de antemano sabía que esto no sería suficiente. Ella iba a confirmármelo así.

- Gracias por tan esclarecedora confesión. Hubiera querido saberlo años antros pero supongo que estaba escrito que sucediera de esta forma – Si, no podía ser más clara, yo también deseaba tener el poder de retroceder en el tiempo y borrar con mi mano todos los actos terribles que había cometido.

- Sé que no tengo derecho a pedirte nada, Isabella, y no lo hago porque sé que sería ruin, pero al contarte esto siento algo de alivio que no me había permitido sentir en años –

Ella me observó en silencio como si estuviera asimilando, como un procesador, todo lo que le estaba diciendo, quizá hasta la última silaba, Movio la cabeza lentamente en sentido afirmativo y sin poder contenerme mas me acerqé un poco y tomé su manita regordeta entre las mias. Por momentos me imaginé que me iba a escupir o algo peor que seguramente me merecía. Pero la dejó entre mi contacto y tambor pudiendo evitarlo, la llevé a mis labios percibiendo que el olor de su piel se había debilitado un poco. Quise decirle que aparte de una oportunidad quería algo para los dos, quizá nada serio, solo la posibilidad de darme a conocer y terminar de conocerla a ella, algo más… pero a pesar de todo comprendía que no tenía derecho a pedirle algo así, aunque lo deseara sobremanera. Mis sentimientos se calmaron lo cual permitió a as lágrimas no derramadas darme un respiro. Pero mi ensoñación de quedarnos en esta posición, quizá por toda la vida se desvaneció en un segundo.

- Ya te escuché, era lo que deseabas, no puedo decir que te perdono por que el dolor esta tan fresco dentro de mi como si la herida hubiera sido acabada de hacer. Sin embargo te comprendo, intentaré entender las razones de tu proceder y hallarles lógica, quizá en entresijos de esto pueda siquiera conseguir eso que quieres, mi perdón, pero mientras tanto quiero que te alejes de mí. Edward. Necesito que te alejes de mí y así podre siquiera dejar de pensar en todo lo que me hiciste –

Apartando la vista de su blanca piel decidí mirarla a los ojos sintiéndome tan derrotado como debían sentirse los hombres que pedían perdón a sus mujeres y ellas decían no. Quizá no fuera la respuesta que deseaba, no podia negar que había deseado y esperado más, y seguía repitiéndome que no tenía ningún derecho;

- Gracias, Bella. Esto significa el cielo para mí – Suspirando ella dejó finalmente de verme y me pidió que me fuera.

No tenía nada más que decir o hacer allí, deseé darle un abrazo o algo más pero conteniéndome, ahora con renovada fuerza decidí dejarla como me lo pidió, quizá para que pensar en mi confesión y con el pasar del tiempo y muchos más análisis pudiera siquiera contemplar la posibilidad de proponerle mis intenciones.

Salí de la habitación pero no podía ir a hacer consulta, sentía que me dolían todas las partes del cuerpo, como si una pesada apisonadora acabara de pasar sobre mí. No imaginaba lo cansado que podía ser abrirle tu alma y tus más profundos secretos a alguien en quien confiabas. Si, confiaba en Bella, sabía que ella no diría nada a nadie, ni siquiera comentaría algo conmigo mismo por que no se trataba de ese tipo de mujer. Ella era integra, al menos la adolecente que conocí lo era. Quizá no fuera discreta con lo que sentía por mí pero en otros campos era la mesura personificada.

Cuando llegué al cuarto de descanso me dejé caer en una de las poltronas completamente agotado y mirando hacia el techo dejé que el sueño me llevara esperando no tener ninguna consulta extra y que pudieran apañárselas sin mí.

No supe por cuanto tiempo permanecí en ese sitio, cuando me desperté recordaba vívidamente haber soñado que estaba con Bella, que estábamos juntos, y no en la más recauda de las posiciones, pero antes de ponerme a analizar esa situación decidí terminar de hacer mis deberes en el día y dejar de indisponer a Bella con mi presencia.

Bella

Cuando pude ser dueña de mi misma verifiqué todo lo que recordaba de la conversación. Si, habían sido una serie de desafortunados hechos que habían acabado como lo habían hecho. Quizá por que lo quería en mi alma, desde el momento en que comenzó a abrirse, el perdón había estado haciéndose brecha. No me consideraba rencorosa y aun así había albergado por el un odio, o al menos un sentimiento que creía que se le parecía mucho y finalmente había decidido escucharlo, perdiendo mis sentimientos negativos hacia él cuando me percaté de que tal como la joven ingenua que un día fui, estaba más colada por el que nunca.

Pero no debía hacerme ilusiones y era mi mantra y lo seria de ahora en adelante. Las ilusiones entre más las tenías más duro te golpeaban con la realidad y no estaba dispuesta a sentir dolor porque creía que ya había cubierto mi cuota al menos por los próximos cincuenta años.

Ahora debía enfocarme en mi futuro y en si mi presencia en Forks era en realidad necesaría, aparte de la parte académica.

Aun me quedaba casi un año y durante ese tiempo muchas cosas podían pasar. No podía echarme a la depresión sencillamente porque sabía que no conseguiría nada, Podía revolcarme en la autocompasión por horas y conocia de antemano la miseria en la que ello te sumía. Y no estaba dispuesta. Ya no.

Comencé en serio mi recuperación, hacia los ejercicios que me pedían, comía la comida que me daban y tomaba todos los medicamentos que me suministraban. El dolor de espalda finalmente se retiró así que supuse que las marcas de las muchas punciones lumbares que debían haberme hecho ya habían terminado de curarse. Como había permanecido tanto tiempo acostada algunos de mis músculos seguían atrofiados así que también tuve que acudir a fisioterapia.

Me acostumbré a la presencia de Jacob porque se volvió un visitante constante y tal como dije que no haría, estaba viendo en el la vía de escape para mis sentimientos. Me prometía que debía ser honesta con él y conmigo misma pero estar en su compañía ayudaba a paliar el vacío en mi pecho y esa sensación de bienestar era algo que no quería ni tenía intención de perder.

Siempre quise dejar claro que quería solo la amistad de Jacob, a pesar de que me besaba repetidamente las manos y en las mejillas demorando sus carnosos y masculinos labios en mi piel de una manera casi que indecorosa. Si, sabía que debía sonar como época antigua pero era la manera en la que lo sentía e intentaba decirme que no me importaba, Pero si lo hacía.

Jacob representaba la puerta a mi futuro.

No volví a verlo, a Edward, desde que me confesó todo. Por muchos días temí que se hubiera retirado, desaparecido o le hubiese pasado algo, y la angustia dentro de mí me decía que no debía estarme pasando esto pero si lo hacía. No le pregunté a mi madre, ya que ella comenzaría a sospechar y seguramente me daría una cháchara sobre congeniar o preocuparse por el enemigo. Se lo pregunté a mi padre y me dijo que lo había visto tal día en la sala de urgencias, otras en hospitalización pero no revelaba mas información, seguramente porque no entendía mi interés en el Dr. Cullen.

Así que él estaba bien, lo que no quería era visitarme y aunque intenté alegrarme porque me hubiera hecho caso y se hubiese alejado de mí, la parte masoquista decía que como ya creía haber expiado sus culpas ahora no le interesaba para nada ser insistente conmigo.

Intenté que no me importara y trataba de distraerme de los largos días en los que mi hospitalización se prolongó.

El último día de mi estancia Jacob vino a visitarme en la mañana.

- Eww – dijo viendo mi frugal desayuno y las gachas de avena grises que parecía que estuviera consumiendo cemento demasiado claro. – Espero que pronto podamos volver a las tortitas y tocino –

Sonreí porque también lo deseaba, si algo había mal con cualquier institución de salud era su comida.

- Si, yo también, recuerdo que mi padre hace las mejores del condado – dije intentando que mi lengua asociara ese delicioso sabor con lo que se estaba deslizando en ese momento por mi lengua.

- ¡Ja! Eso es porque no has probado las mías – dijo, su pecho hinchándose de orgullo.

- Cuando quieras- dije yo levantando las cejas sugerentemente y sonriéndole como solo él podía hacer que hiciera.

Su sonrisa se fue apagando lentamente al verme y temí que estuviera acordándose de algo malo y me lo tuviera que decir, así que la mía decreció a la par de la suya. Lo seguí con la mirada cuando tomo la silla en donde me sentaba en algunos momentos del día a leer y hacer la terapia y la acercó a mi cabecero sentándose con el espaldar al frente.

- Bella, necesitamos hablar – dijo después de unos momentos de observarme con intensidad.

"¡Ay no! Quiere tener la charla en este momento. '¿Qué hago, Dios, que hago?"

Mi corazón comenzó a acelerarse ante la inminencia de lo que se me venía encima. Lo sospechaba, quizá estuviera equivocada pero algo en mi instinto me decía que no. Los ojos de Jacob no mentían y por un momento pensé en que había hecho para tenerlo ahora frente a mí en esa tesitura.

Me sentía nerviosa y no sabia por que motivo, si solo quería ver a Jake como un amigo no debía estrme palpitando el pecho. Pero lohacia.

- Sé que te has dado cuenta, no he podido ser mas claro – dijo con la voz ligeramente apagada y sus ojos en mí – pero en caso de que no creo que llego el momento de que te lo diga. Me gustas Bella, y mucho, quisiera que aceptaras salir conmigo de vez en cuando y llegar a conocerme. Yo puedo decir que te conozco por lo poco que Charlie cuenta, pero que cuando lo hace se explaya y he almacenado detalles de ti, y ahora al conocerte de cerca me he dado cuenta de que Charlie no exageraba – Tomó aire como si cada frase le costara doble de esfuerzo. – Quiero que tengamos algo. No tiene que ser serio sino quieres, solo deseo que me permitas estar cerca de ti. Se que has pasado por mucho incluso mientras no estabas en Forks – que mencionara eso me hizo preguntarme si alguna vez a sus oídos había llegado la historia que tuve con Cullen, o que me la pasaba metida en el hospital persiguiéndolo. Seguia sin escuchar nada y Edward en su soliloqui no había aclarado si había llevado esa amenaza a cabo tanto tiempo atrás.

- Jake…yo… - dije sin saber que responder, jamas un hombre había declarado ese tipo de intenciones conmigo, lo de Edward había sido distinto por que la que había pugnado por tener algo con él había sido yo y el, por la razón que fuera,había accedido. Mientras estuve en Florida todos los hombres de la universidad iban detrás de las perras flacas, rubias y de ojos azules, mientras que mi modelo era todo lo opuesto. Con sobrepeso, depresión mayor y poca socialización era mas que obvio que nadie se iba a acercar a tener algo serio conmigo. Y ahora, este muchacho, descendiente de los quileutes que vivieron hace marras de años acá estaba diciéndome que yo le gustaba, y al parecer como era, con kilos de mas y todo.

- Di que si, no te vas a arrepentir, y si no funciona lo dejamos y seguimos siendo amigos… - Parecia tan ansioso por la respuesta afirmativa que no pude sino sonreir internamente. A veces podía seguir siendo tan niño. Pero era un buen hombre, y tenia tantas posibiliades con él que con cualquier otro.

.- De acuerdo Jake, solo saldremos y…ya veremos que pasa. –

El sonrio como si le hubiera dicho que íbamos a casarnos, pero no me sentí mal por ello, iba a darme una oportunidad con Jake, al menos de conocerlo, lo demás, por supuesto, vendría luego.

Los días que siguieron transcurrieron sin mayor dilación, finalmente en dos días tendría oportunidad de irme a casa, estaba de baja después de esto por dos semanas mas hasta poder retomar el trabajo. Habia tenido que responder a las interrogantes del hospital sobre por que me había contagiado y tuve que confesar que por evitar que el señor Abernathy convulsionara y pudiera broncoaspirarse preferí entrar rápido y ponerle el medicamento que las pararía. Para la política de humanización del hospital eso estaba bien, para mi criterio como enfermera quizá no tanto, recibiría una sanción para mi nota final asi que tendría que esforzarme el doble cuando regresara pero no me importaba ya que era para eso que había estudiado, para ser la mejor.

El dia de mi partida estaba de pie en la habitación y escuché unos golpes en la puerta, pedi que siguieran por que igual pensé que seria alguna enfermera para darme alguna otra instrucción.

- Asi que ya te vas – dijo la voz tras mi espalda y tuve la desfachatez de quedarme de piedra, paré lo que estaba haciendo y el corazón me estalló en el pecho. No quería demostrarle nada pero seguro que él recordaba cuan… factible era yo con su presencia.

- Si – respondí mas tranquila de lo que en realidad me sentía.

- ¿Podre verte cuando estés por fuera? – preguntó con tal soltura como si estuviera preguntándome si me gustaba la lluvia. ¿Cuál podía ser su interés? Seguramente podía estárselo pidiendo a alguna otra enfermera mas atractiva o alguna medica.

- ¿Por qué querrías hacer eso? – dije en tono conciliador cerrando la cremallera de la maleta que me había facilitado mi madre para empacar lo que tuviera en la habitación. – Si es por algo relacionado con lo que hablamos antes no debes preocuparte. Todo esta aclarado –

- No, no todo esta aclarado. Hay algo que todavía esta pendiente y creo que te daras cuenta de ello muy pronto – la oscuridad en su tono me recordó incongruentemente a la voz que usaba cuando estaba conmigo en aquel paraje olvidado… Me cerré en banda ante cualquier recuerdo de ello y segui hablando esperando que no notara mi abstraimiento.

- Por favor, no te sirvas de un sentimiento de culpa para intentar ver algo donde no lo hay – no se de donde saque fuerzas para decirle ello, si creía que con estar conmigo por compasión iba a solcuionar algo estaba demasiado equivocado. – Sigue con tu vida, hiciste lo que querias, y yo seguiré con la mia - Lo amaba demasiado como para aferrarme a su caridad. Aunque no tenia demasiada autoestima no me iba a conformar con ello.

- Eso esta por verse – dijo ese croptico comentario y fue cuando me di la vuelta a mirarlo. Estaba apoyado contra la jamba de la puerta, en una pose típica de relajación, con los brazos musculosos cruzados sobre el pecho y una expresión insondable.

- ¿Qué quieres decir con eso? Ya te dije que no me debes nada – no, no debía mostrar nerviosismo ante él, especialmente no ante él.

- Lo se, pero eso no impedirá que me acerque a ti – "Que terco es"

Negando con la cabeza y resoplando con desasociego puse la maleta en el piso y me acerqué unos pasos a él a pesar de que mi ser sabia que podía no ser muy buena idea.

- No vas a acercarte mas a mi, accedí a escucharte por que ni siquiera después de mi enfermedad pude detenerte, pero ahora que estoy de pie no voy a consentir que me persigas para ser agun tipo de proyecto en el que esta involucrado ty deseo de sentirte mejor, para eso vas a tener que buscar otra terapia que no sea yo – El me observaba sin expresión en el rostro y su inactividad estaba comenzando a sacarme de mis casillas junto a sus comentarios fuera de tono.

- Es un pueblo pequeño y podre encontrarte donde quiera- ahora sonaba como algún tipo de gangster en búsqueda de el objeto que deseaba.

- Mientras no aclares tus intenciones permaneceré lo mas alejada que me sea posible de ti. Y te sugiero que me dejes en paz porque, a pesar de todo el dolor que me causaste y mas al recordarlo, hace poco decidi que necesito un cambio en mi vida, y eso implica rehacerla con alguien que me quiera de verdad. Asi que no vas a mterte en esa relación- dije sacando a colación a Jacob en un intento de que me ayudara a maternerlo a raya de lo que sea que quisiera.

- No quieres que me meta asi como lo hiciste tu en mi matrimonio – su rostro se transformó de repente a la ira y di un paso atrás por la frialdad que emanaba y por el dolor que su comentario me produjo.

- ¿Asi que eso es lo que quieres? ¿Venganza? – dije en voz baja sin poder acabar de creérmelo, después de como me había tratado lo minimo que mereceia era que me dejara en paz para lamerme las heridas en compañía de Jake. – Claro, debi suponerlo, nadie puede ser feliz si tu no lo eres – Sus facciones se descompusieron al sufrimiento pero no me deje amilanar por ellas, él dio dos pasos hacia mi y me alejé uno, no podía tenerlo cerca y saber que cada una de sus frases me podía doler como lo estaba ahciendo en ese momento, era algo que seguiramente tendría que pensar mas a fondo si de verdad quería olvidar lo que sentía por él.

- No, no quiero eso. Perdona mi impulsividad, en ocasiones me es difícil mantener el control sobre… ciertas cosas - No le crei, por supuesto, era Edward Cullen y personas como el no cambiaban asi como asi.

- Voy a epdirte que te retires, creo que ya has dicho suficiente – impasible, mientras sentía algo corrupto quemar mi dañada alma… ¿Cómo podía haberme dicho algo asi?

- Tu no lo entiendes Bella – dijo separando la distancia entre nosotros y haciéndome retroceder – Yo solo quiero saber… - al tenerlo tan cerca toda palabra se me secó de la boca. Su olor a hombre y perfume caro perforó mis sentidos y me hizo olvidar momentáneamente de todo, hasta del pobre Jake. Vi que sus manos se levantaron y me acunaron el rostro, sus pulgares acariciandomis facciones y mis ojos, seguramente a los suyos, debían verse como casi saliéndose de las cuencas. Pedí al cielo por que no me temblara el cuerpo y pude controlarlo, pero mi corazón parecía querer seguir saliéndose del pecho.

Cuando su rostro se acercó al mio mi concienca se contrajo de incredulidad ¿Por qué quería hacer eso? Fue lo unicoque se me ocurrio preguntarle antes de sentir sus poderosos labios sobre mi débil boca.

Los tenia ardiendo, o no sabia si lo sentía asi por que los mios, y toda yo en realidad, nos habíamos vuelto de hielo ante la impresión. Sentí el movimiento de sus labios sobre los mios , lentamente, copando, dando forma, luego la punta de su lengua deslizándose lentamente mientras inevtiablemnete le respondia. Dios, como dolia su cercanía, sus intenciones seguían sin ser claras y no quería matarme intentando desentrañarlas . Por un segundo pensé en apartarlo, pero si esto era todo lo que iba a tener iba a guardarlo para mi como un ultimo regalo de ese hombre que había marcado mi vida.

Como si no hubieran pasado tres años sino tres días abri mi boca y permití la intromisión de su lengua para encontrarse con la mia. Recordaba los besos que nos dimos en aquel prado y lo que le gustaba, imité sus movimientos esperando recordarlo correctamente y no me equivoqué cuando sintonizamos perfectamente. Senti sus poderosas manos posarse en mis gorditos de la cintura y por un momento obvie mi regordeta apariencia. Necesitaba de ese contacto, estas se cerraron en mi espalda acercándome inexorablemente a él. Deslice mis propias manos por su cuello y cabello deleitándome en su suavidad y en el ronroneo que le salió del pecho.

"¿Qué estas haciendo?" me preguntó mi lado concinete haciendo su aparición después de una mas que palpable ausencia.

No se.

"¿Se te olvido lo que ha pasado?"

No.

"¡¿Qué estas haciendo?!"

Deslizando mis brazos entre nostros lo empujé por el pecho para que se separara de mi. Se desprendió lentamente de mis labios y cuandi abrí mis ojos me di cuenta de que él seguía con los suyos cerrados, respirando con dificultad. Pude distinguir sus pestañas, tan cobrizas como su pelo, largas como las de una vaca y haciéndolo parecer mas joven de lo que en realidad era. Lentamnete abrió sus parpados para fijar sus impresionantes ojos en mi.

- Bella…-

Un golpeteo en la puerta hizo que lo empujara mas fuerte hasta que finalmente se separó de mi, arreglé mis cabelloz rápidamente y dije "Siga" en el tono mas indiferente posible, como si unos momentos antes no estuviera siendo besada por el hombre que mas amaba y mas daño me había hecho en el mundo.

Mi padre cruzó la estancia y casi me da un desmayo al pensar en que hubiera decidido entrar sin tocar.

- Buenos días, hijita. Buen dia Dr Cullen – dijo sonriéndonos sin sispechar nada.

- Hola, papá- dije mientras él se acercaba a besarme en la mejilla.

- ¿Ya tienes todo listo? – dijo mirando la maleta,

- Si – dije casi sin poder respirar.

- Perfecto, ire a la recepción ha por el paz y salvo –

Asintiendo dejé que se marchara y estaba segura de que Edward estaba a punto de abrir la boca cuando una enfermera entró.

- Disculpe Dr. Cullen, ha llegado un paciente critico a urgencias –

Si algo podía respetar de Edward era su amor al trabajo asi que mirándome con algo parecido a la tortura en sus ojos se marchó de la habitación y yo tuve que correr a sentarme en la cama antes de caer cual flan navideño.

Me toqué los labios y sentí todavía mi corazón agitado en el pecho.

"¿Qué hice?"

Era lo unicoq ue seguía dando vueltas en mi cabeza-