Disclaimer: InuYasha, su historia y sus personajes son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, yo simplemente los tomé prestados por un tiempo indefinido para escribir esta historia, sin fines de lucro.


Negocios Prohibidos

Por: Samantha Blue1405

Capítulo 11

Revelaciones

Durante las semanas siguientes, Rin se pasaba los días encerrada en el pent-house, dedicada a su trabajo de grado. Algunos días de la semana iba al hogar de ancianos o pasaba por casa de Sussy, y aunque había tenido la oportunidad para hablarle de Sesshomaru, por alguna razón no sabía por dónde empezar. Le diría: "Oye, ahora que no trabajo para él, empezamos a salir y pienso casarme con él. No es la persona desagradable que pensábamos."

No. No podía decirle eso. Después de haberlo odiado por tanto tiempo, no podía salirle con el cuento de que se había enamorado perdidamente de él… Aunque en el fondo y para desgracia de Rin, no era del todo falso.

Durante todo ese tiempo no cruzo palabra con Sesshomaru, a excepción de un día en que habló por teléfono para ordenarle que no saliera del pent-house bajo ninguna circunstancia.

Aquella orden le pareció demasiado extraña, pero como no tuvo nada importante que hacer fuera del apartamento así que decidió obedecer y quedarse dentro. Y el día pasó tan monótono como cualquier otro.

Eran casi las tres de la tarde y Rin estaba viendo un programa de TV en compañía de Ah-Un. Ya habían pasado más de quince días desde esa extraña llamada de Sesshomaru. Después de eso, él nunca había hablado para explicarle el porqué de la orden y mucho menos había vuelto a dar una orden semejante.

En realidad, esa actitud misteriosa y sobreprotectora no sólo la intrigaba sino que también le daba un poco de temor y desconfianza. Aun así, Rin evitaba pensar mucho en ello. No quería volverse paranoica y mucho menos andar buscando fantasmas donde no los había. Simplemente, Sesshomaru era demasiado paranoico, y a ella se le estaba pegando un poco de eso.

Se levantó del sillón al terminar la película y recordó que debía comprar víveres, comida para Kuro y otras cosas personales en el supermercado. Hizo una lista de lo que necesitaba y la guardó en la bolsa junto con su teléfono móvil y cuantos cachivaches más guardaba en él. Tomó el abrigo del perchero y salió seguida por Ah-Un. Compraron lo necesario y luego tomaron un café caliente en el centro comercial.

A pesar de que ellos dos no pronunciaban palabra alguna, Rin apreciaba su compañía. Si no se les veía como enemigos, irradiaban cierta paz y tranquilidad que ella agradecía.

Al llegar al estacionamiento del centro comercial, algo extraño le pasó por la mente. No supo qué fue pero era como aquella extraña sensación de que la estaban observando. Rin, sin dejar de caminar, observó sobre su hombro, pero el estacionamiento estaba totalmente vacío. Y, a ciencia cierta, no sabía si eso era alentador o muy malo.

De pronto, sintió como uno de los tailandeses, Un, pasaba un brazo por su espalda, obligándola a caminar más de prisa. Rin lo interrogó con la mirada, pero su rostro estaba imperturbable, absorto en inspeccionar todo a su alrededor.

Y cuando Rin miró hacia el frente, Ah ya los estaba esperando junto al automóvil, totalmente atento a cualquier movimiento o ruido que había en el estacionamiento.

El estacionamiento estaba vacío y la temperatura estaba muy baja, ya estaba oscuro y algunas de las luces altas del techo estaban averiadas, proporcionando ciertas sombras en los lugares adecuados, justo para ser aprovechadas por alguien con deseos de espiar desde las sombras, y mucho más.

Atravesaron un tramo particularmente oscuro a toda prisa. El Audi y Ah ya estaba cerca. Si tan sólo se hubiera puesto sus botas sin tacón y no las de cuero negro tacón siete y medio, las cosas serían más sencillas, empezando porque no tendría que caminar rápido, sino que podría lanzarse a correr hacia el auto y a estas alturas ya estarían saliendo sanos y salvos del estacionamiento. Pero no, había decidido ponerse sus consentidas botas negras.

Rin intentó preguntar qué ocurría, pero prefirió callar, tenía demasiado miedo como para poder pronunciar palabra. Si ellos estaban así de alterados debía ser porque habían tenido la misma sensación extraña que ella. Algo no andaba bien y ellos también podían sentirlo.

Observaba como loca a su alrededor cada que daba un paso, pero no lograba ver más allá del cumulo de sombras, que bailoteaban cada que alguna bombilla comenzaba a fallar, emitiendo rayos de luz intermitentes y esporádicos. No había nadie allí más que ellos, sin embargo podía sentir algo. Algo que no veía pero estaba segura que ese algo sí podía verlos.

El trayecto hasta el Audi se le hizo peor que una agonía interminable. Ah arrancó el auto a toda prisa y en menos de tres minutos estuvieron fuera centro comercial. Fue entonces, cuando Rin pudo respirar más aliviada. Por fin a salvo…, o por lo menos eso esperaba.

Ya eran más de las cinco de la tarde y hacía mucho más frio que en el estacionamiento, por lo que las calles de la ciudad estaban medio vacías. Y Rin aun no podía sacarse de la cabeza la idea de que alguien los estaba siguiendo. Ah, que conducía el auto, frecuentemente miraba por el espejo retrovisor hacia atrás, en busca de algo en la carretera que estuviera persiguiéndolos. Lo cual la ponía más nerviosa.

Al cabo de unos minutos y mil maniobras hábiles de Ah, para esquivar el poco y parsimonioso tráfico por el centro de la ciudad, llegaron al edificio, pero no entraron al estacionamiento, como siempre lo hacían. Ah aparcó justo frente a la entrada y dio una señal silente a Un con la mirada. Los tailandeses bajaron del auto y prácticamente tiraron de ella, introduciéndola al edificio y olvidándose por completo de los paquetes, que habían quedado en el maletero del auto.

A estas alturas, Rin ya había corroborado con sus propios ojos lo dicho por InuYasha. Uno de ellos era un experto tirador, ese era Un, quien se había rezagado junto a ella en el estacionamiento para protegerla, escoltándola hasta el Audi, dispuesto a protegerla con su vida, si era necesario. Y el otro, que conducía mejor que el tipo de "El Trasportador", ese debía ser Ah, quien había tomado hábilmente su lugar tras el volante.

Antes no había notado la diferencia entre ambos porque solían sortearse el honor de conducir el Audi. Sin embargo, cuando la situación lo ameritó, los dos tomaron los lugares que les correspondían.

Pero si ellos habían tenido que desplegar su formación de ataque, ¿de quién trataban de protegerla? ¿Qué había ocurrido realmente en el estacionamiento que ella no fue capaz de ver y ellos sí? ¿Quién quería lastimarla?

Y fue sólo hasta entonces cuando comprendió el porqué de los escoltas en su vida. Sesshomaru sabía desde un principio que las cosas se tornarían peligrosas y por eso envío a Ah-Un para cuidarla.

La cabeza le daba vueltas, y estaba tan nerviosa y confundida que no lograba meter la llave en la puerta, mientras Un miraba impaciente a su alrededor, especialmente preocupado por la puerta del ascensor. Cuando por fin pudo hacerlo, Ah entró primero al pent-house e inspeccionó el lugar antes de que ella pudiera siquiera echar una ojeada.

Unos segundos después Ah regresó, indicándoles que era seguro entrar al pent-house. Cuando Rin estuvo dentro y a salvo, Ah dejó el apartamento para regresar al auto por las maletas, mientras que Un permaneció de pie junto a la puerta, tal vez terminando de pasar el susto.

Rin no se alejó de Un, hasta que él relajó los músculos de sus hombros por completo. Y fue cuando ella pudo lanzar un hondo suspiro de alivio. ¡Por fin estaba a salvo! Nunca había sentido tanto alivio y felicidad de llegar a aquel pent-house, ahora hasta podía decir que amaba estar en él.

Pasándose una mano por su cabello, alborotándolo con impaciencia, giró sobre sus talones para dirigirse a la sala de estar. Jamás había sentido tanto miedo en su vida. Jamás se había sentido tan cerca de un peligro mortal, como aquel día. Fue la misma sensación que tuvo cuando sentía a Naraku cerca. Estaba casi segura de que todo eso había sido obra de Naraku pero, ¿por qué?

No entendía. Ni Naraku ni nadie tenía conocimiento alguno sobre su relación con Sesshomaru. Un ataque de Naraku sería justificable si supiera algo, pero era imposible. Debía haber otra explicación. No podía ser Naraku. Esa posibilidad estaba absolutamente descartada.

Lanzó un hondo suspiro y caminó por inercia a la sala de estar, pensando en lo reconfortante que sería sentarse frente al fuego de la chimenea. Estaba tan absorta en su mente confusa, que cuando reparó en la presencia ajena en su sala, estuvo a punto de desmayarse de la impresión.

Sin embargo, su miedo inicial se convirtió rápidamente en una ira sin control.

— ¡¿Qué carajos está haciendo aquí? ¿Por qué se aparece así de la nada? ¡Está loco! ¡Esta no es su casa!

— Ya se te olvidó quién paga por todo esto, Blake —dijo de pie desde la ventana, con la vista de la ciudad iluminada a sus espaldas.

Sesshomaru iba vestido con un traje de gala negro bastante elegante, que resaltaba el dorado brillante y misterioso de sus ojos, centellantes a la luz del fuego de la chimenea.

— ¡Pagó yo!, porque desde este mes, la maldita cuota del pent-house está siendo descontada de mi mensualidad —Rin estaba tan alterada que las manos le temblaban. Sentía una extraña mezcla de rabia, nervios, temor y alivio por no encontrarse sola con Ah-Un.

— Si es un reclamo, Blake, está de más decir que no tengo porqué responder por tu manutención, por lo menos no hasta que nos casemos —le aclaró con superioridad—. Y el pent-house es necesario no sólo por el bien de nuestro teatro, sino también por tu seguridad. Y por otro lado, quien paga tu mensualidad, soy yo.

— Si hubiera sabido que yo tendría que pagar por este estúpido lugar, hubiera buscado algo más económico. El alquiler cuesta casi ¡doce mil dólares!, señor Ishinomori. Y eso sin incluir la cuota de administración.

— Prefiero que estés aquí—siseó, apretando la mandíbula, en un tono que no admitía replica alguna.

Sesshomaru siempre había estado acostumbrado a que se hiciera su absoluta voluntad, pero esta vez no sería así. Ella tenía derecho a conocer porqué estaba en peligro, y si debía desafiarlo cara a cara para saberlo, lo haría.

— ¡¿Por qué? —demandó.

— No hagas tantas preguntas, Blake.

— ¡Qué no haga tantas preguntas! —Gritó histérica, desquitando sus nervios contra él— ¡QUÉ NO HAGA TANTAS PREGUNTAS! Algo está pasando aquí. Algo malo y ¡usted —dijo señalándolo— me ha metido en algo grave, señor Ishinomori! Por eso contrató los guardaespaldas, por eso me encierra aquí donde puede tenerme vigilada todo el tiempo, donde está seguro que nada puede pasarme. Porque si me pasará algo, su maravilloso y brillante plan se iría al carajo, ¿me equivoco? —Le retó, alzando la barbilla y apretando los puños fuertemente— ¿Qué está pasando? ¿En qué mierda me ha involucrado? Me parece injusto que esté exponiendo mi vida sin saber siquiera porqué. Ni siquiera me parece justo estar exponiendo mi seguridad y mi vida por usted. No lo vale.

— ¿Crees que los cincuenta mil dólares son gratis? —la encaró, enarcando una ceja y observándola con dureza.

Rin abrió la boca en señal de protesta. Él era la persona más cínica que había conocido en su vida. La había involucrado hasta el cuello en quién sabe qué, y ahora le decía semejante locura. Ella jamás hubiera aceptado aquel contrato de saber que su vida correría peligro.

— ¿Por qué no me lo dijo antes de firmar el contrato?

— No era necesario.

— ¡¿Así de simple? —Objetó incrédula—. Pero ahora sí lo es. ¡Y exijo que me lo diga! ¡¿Qué es?

— Cámbiate —ordenó con sus ojos rojos plagados de ira, indicándole un par de cajas sobre el sillón angular.

— ¡¿Qué? —Exclamó incrédula— ¿Se ha vuelto rematadamente demente, maldito imbécil?—le gritó, totalmente fuera de sí.

— ¡Cuida tus modales, Blake!—le advirtió, acortando peligrosamente la distancia entre ellos de manera amenazante, como un depredador en busca de su débil e insolente rival—. El idiota de InuYasha debía de haberte avisado —refunfuñó más para sí, que para ella.

— ¿De qué diablos está hablando? ¿InuYasha qué tiene que ver en todo esto?

— ¡Cámbiate ya! —volvió a ordenarle, con mucha menos paciencia que antes—. Y podrías, por favor, mejorar tu vocabulario. Eres tan tosca como un irlandés ebrio, ni siquiera pareces una dama inglesa. Suenas peor que InuYasha y Koga juntos.

— ¡Oh! —Exclamó horrorizada y sorprendida— ¡Cómo se atreve! No es más que un desagradable hombre grosero y endemoniadamente engreído —le atacó sin reparos, apretando los puños a los costados de su cuerpo, totalmente histérica.

Sesshomaru terminó de acortar la distancia entre ellos con una larga zancada. La tomó por el brazo y deslizó su mano hasta aprisionarla por la cintura. Evitando que escapara de su feroz agarre.

— Pero voy a ser tu esposo, querida —Aquella palabra la siseó de la misma forma en que pronunciaba su apellido. Luego, acercando su fina nariz hasta rozar la de ella, susurró —: Y vas a tener que acostumbrarte.

— No —Masculló con los ojos cerrados para no caer en la tentación de sus ojos dorados—. No podría acostumbrarme jamás a vivir con un hombre tan grotesco como usted.

Rin lo sintió tensarse ligeramente, tal vez afectado por sus palabras o tal vez impaciente por su desobediencia.

— Cámbiate —le ordenó de nuevo, soltándola bruscamente.

— ¿Para qué? —inquirió en un susurro.

— Llama a InuYasha, él quedó de avisarte. Cuando yo estuviera aquí, tú deberías estar llegando de la peluquería.

— ¡¿Qué? ¿Cuál peluquería?

— Date prisa. Llegaremos tarde.

Dicho esto salió de la sala de estar y fue a reunirse con los tailandeses en el recibidor, dejándola a solas y con más preguntas que respuestas. Al parecer, Sesshomaru jamás le daría las respuestas a todas sus preguntas. De él jamás obtendría algo más que órdenes, reproches y demostraciones de afecto fingidas.

Rin tomó las cajas del sillón y entró en su habitación, pero antes de ver qué había dentro, decidió llamar a InuYasha.

Pero ¡Opps! Había olvidado el teléfono en el bolso desde hacía horas, y como había permanecido todo el tiempo en modo silencioso, no lo escuchó. Encontró unas quince de llamadas perdidas de su amigo. Lo cual, de hecho, ya era bastante extraño.

— ¡Hasta que al fin apareces! —le reclamó en cuanto contestó.

— Lo siento —se excusó, mordiéndose el labio inferior. Para que su amigo llamara tantas veces, debía ser algo importante.

— Sesshomaru ya llegó, ¿cierto?

— Sip —respondió, mordiendo su labio con insistencia.

— Dime que por lo menos fuiste hoy a la peluquería de casualidad.

— Nop —Dijo viendo su reflejo en el espejo.

A pesar de que su cabello lacio lucía hermoso, como una cortina de fina y brillante seda negra que llegaba hasta más abajo de su cintura…, el resto de su look no era algo que Stacy London y Clinton Kelly [1] alabarían. Tenía ojeras y bolsas en los ojos que la hacían parecer como si no hubiera dormido en siglos. Y los blue jeans desgastados y el suéter caqui no ayudaban en absoluto a su look.

— Entonces, empieza a hacer algo…, de eso que hacen las mujeres para verse bien. Pero hazlo sin gastar mucho tiempo.

— ¿Qué está pasando, InuYasha? —preguntó rebuscando su estuche de maquillaje en los cajones.

— El bastardo de tu prometido decidió empezar hoy con la fase dos del plan.

Rin entrecerró los ojos al oírlo. ¿Por qué Sesshomaru no podía decirle algo tan sencillo como eso? ¿Por qué siempre tenía que recurrir a InuYasha, Myoga o Totosai para saber ciertas cosas?

— Hay un restaurante francés que inauguró hace unos días y está de moda entre los estirados influyentes y las celebridades. Imaginaras como son esas cosas… —masculló con hastio.

— Si —refunfuñó sin ánimos rodando los ojos, pues podía hacer mucho más que imaginarlo.— ¡Oh, Dios mío! —dijo alarmándose de pronto. Se había quedado sin aliento al pensar lo que eso significaba—. No me digas que… ¡Oh!

— Un tiro perfecto —comentó imitando el tono del personaje de un viejo videojuego—. Sesshomaru arregló todo para los dos. Van a ser un par de tortolitos muy lindos —se mofó, divertido.

— ¡Cállate! Tu hermano es insoportable.

Sin embargo, pese a la seriedad de sus palabras, su interlocutor estalló en carcajadas del otro lado del teléfono.

— ¡Basta! ¿Qué le voy a decir a Sussy? Si esto sale en algún diario mañana, de seguro ella lo verá ¡y estaré perdida, InuYasha! No le he contado y no quiero que se entere aun. Quiero decirse yo misma.

— Vístete, Rin —le aconsejó cuando la risa se lo permitió—. Te ocuparas de eso después, tonta. Sabes que el bastardo tiene tan poca paciencia, que es capaz de entrar ahora mismo, quitarte los jeans rotos a la fuerza y ponerte el vestido que se le antoje.

— Creó que mandó a Jaken a comprar un vestido —atinó recordando las cajas, y logrando que InuYasha muriera de la risa nuevamente.

Mientras InuYasha superaba su ataque de risa recargado, Rin reviso dentro de las cajas. La primera, la más pequeña, contenía un par de zapatos forrados en satén duquesa rojo. Con sólo ver el color de los zapatos, tragó en seco. Aquello sólo podía significar una cosa, y lo comprobó al ver el contenido de la segunda caja.

Era un exquisito vestido palabra de honor rojo. El corpiño en tela ligeramente fruncida se ajustaba hasta las caderas, desde ahí, la falda caía en "A" con un sutil bullicio de tela roja hasta el piso. El vestido tenía una sugestiva abertura lateral, que dejaría al descubierto una porción prudente de su pierna.

Rin tuvo que contener el aliento cuando sacaba poco a poco el elegante vestido de su caja. Estaba tan asombrada, que InuYasha permanecía parloteando solo al teléfono.

— ¡InuYasha! —dijo alarmada, cuando salió de su estupefacción—, creo que Sesshomaru realmente quiere que nos vean —aseguró con la boca seca y los ojos abiertos como platos.

— Obvio, tonta… Espera un momento —dijo de pronto, como captando algo—, ¿por qué lo dices?

— Lo veras mañana en algún tabloide, si un paparazi nos atrapa. Tengo que dejarte. Hablamos luego, ¿sí? —se despidió preocupada.

— Está bien. Y no te preocupes, eres tonta pero sabes comportarte.

— Eh… ¿debo decir "gracias"?

— ¡Keh!, como quieras.

Al colgar el teléfono, Rin estaba más preocupada que antes. Cuando InuYasha dijo que era el restaurante francés de moda en la ciudad, ella no se imaginó que sería del calibre de un vestido de gala rojo como el que sostenía en sus brazos. Hacía muchos años que no usaba un vestido de gala. Y, haciendo memoria, nunca había utilizado uno rojo. Era demasiado para ella.

Echó un último vistazo a la caja, y encontró una cartera de mano a juego, con esquicitos bordados en pedrería roja brillante.

Sin pensarlo más tiempo, se apresuró a buscar en internet algunos "tips" de maquillaje para usar con un vestido así, decidiéndose al fin por una paleta de tonos cálidos y un maquillaje enfocado en sus ojos, complementado con un sutil gloss color ladrillo traslucido.

Sin embargo, el cabello seguía siendo su preocupación. Deseó tener a uno de los "chicos" de Jakotsu a su disposición sólo por cinco minutos. Cinco minutos sería tiempo suficiente para que alguno de ellos lograra un bonito peinado, igual al del otro día.

Pero no tenía más opción que valerse por sí misma, y sin tiempo ni habilidad para hacer algo más elaborado, decidió pasarse un par de veces la plancha por algunas zonas problemáticas, y recogerse un mechón de cabello a un costado con un par de sujetadores negros, casi invisibles en su cabello. Y ya estaba lista para entrar en aquel atemorizante vestido.

El vestido era elegante y etéreo, tal como Bankotsu lo habría descrito, si tuviera oportunidad. Pero el color rojo era demasiado, más de lo que su autoestima y autoconfianza estaban dispuestas a soportar. No sabía si sería capaz de lucir un color así. Era algo similar a pararse en la plaza principal de una ciudad desnuda y gritar "¡Ey, estoy aquí! ¡Mírenme!".

Demasiado llamativo. Sesshomaru de verdad debía tener ganas de hacerla notar, si había comprado semejante vestido. Ella brillaría por sí sola.

Un golpe secó en la puerta la sorprendió. Y un segundo golpe impaciente, le confirmó quién era. Era cuestión de segundos para que Sesshomaru derribara la puerta e hiciera jirones su ropa, cual bestia furiosa, para luego enfundarla en el vestido rojo a la fuerza.

— Mo-momento —titubeó— ¡Ya casi estoy lista!

En menos de diez minutos estuvo dentro del vestido y ya estaba terminando de ponerse los zapatos. Se disponía a echarse un último vistazo en el espejo, pero el sonido de la puerta al abrirse la sorprendió, obligándola a ver esa dirección.

Pero la sorpresa fue mayor en el rostro de Sesshomaru al contemplarla. Por su cara, jamás se esperó encontrase con algo así. Su expresión cincelada e inescrutable, había desaparecido por completo, y por un momento Rin vio algo que nunca antes había visto en él: sentimientos humanos. La veía maravillado con los ojos ligeramente abiertos, como si fuera la primera vez que la viera, como si por primera vez pudiera verla de verdad.

Rin tragó en seco al ver que se acercaba sigilosamente, como asechándola en silencio, y no pudo hacer más que observarlo expectante. Cuando la miraba con esos ojos infinitos era como si cayera bajo algún tipo de hechizo, las piernas le temblaban y sabía que estaba perdida. Había caído rendida a sus pies desde que entró a la habitación.

Pero, como era de esperarse, él no pronunció palabra alguna cuando estuvo frente a ella. Levantó la mano y apartó una gran cortina de cabello brillante que caía sobre el hombro de Rin y llegaba hasta más abajo de su busto. Y al hacerlo, no pudo evitar que sus largos dedos de pianista rosaran delicadamente la piel perlada de sus hombros, que el vestido rojo dejaba expuesta.

Rin se sobresaltó al sentir aquel contacto extraño y a la vez tan familiar, tan acogedor, que emitió un leve jadeo involuntario. Sonrojándose hasta las orejas.

Sesshomaru sonrió a medias, tal vez complacido y satisfecho con aquella reacción. Pero Rin, lejos de estar molesta u ofuscada por su reacción, había quedado sin palabras. Aquella sonrisa retorcida y macabra solía dejarla sin aliento, haciendo latir su corazón más rápido de lo normal. Sesshomaru era francamente irresistible…

Su sopor aumento cuando sintió que él hacía su cabello hacia atrás y ascendía lentamente, recorriendo peligrosamente el camino de su brazo, hasta llegar nuevamente a su hombro. Allí se detuvo, y acarició su piel haciendo ligeras ondas con el pulgar sobre ella.

— Es tarde —masculló Rin torpemente, haciendo acopio de los escasos restos de su autocontrol y dominio.

Una parte suya le recriminó por hacerlo, sin embargo había otra orgullosa de que lo hubiera hecho. Y Rin estaba a punto de arrancarse los cabellos. Cada día que pasaba se volvía más loca.

Sesshomaru asintió un par de veces en respuesta, antes de separarse por completo de ella. Avanzó hasta la entrada de la recamara, sin dejar de observarla de vez en cuando por el rabillo del ojo.

Rin exhaló todo el aire que había contenido durante los últimos minutos, cerrando los ojos para liberarse de aquella atracción magnética que provocaban los ojos ambarinos de Sesshomaru.

— Te espero afuera —dijo parcamente, cerrando la puerta al salir.

Rin se desparramó sobre la cama, sintiendo que sus piernas no podrían sostenerla por más tiempo. Respiró un par de veces antes de tomar la cartera de la caja y salir de la recamara.

Como lo prometió, Sesshomaru la esperaba recargado en la chimenea, sosteniendo dos pesados abrigos en su brazo y una copa con vino tinto en la otra mano. Se podía decir que el vino tinto hacía juego con el vestido de Rin y el sobrio atuendo de Sesshomaru, como un cuadro perfecto. Ni Jakotsu hubiera podido ambientar una escena tan natural como esa.

Sesshomaru la observó de nuevo, otra vez con aquella extraña mirada de hacía unos minutos. Dejó la copa sobre la repisa de la chimenea, y se acercó a ella, extendiéndole uno de los abrigos. Pero, cuando ella estaba por tomarlo, él lo apartó.

— ¿Abriste la cartera?

Ella lo observó arrugando el entrecejo en señal de interrogación.

— ¿Qué?... No, sólo guardé el gloss y… —respondió, abriendo la cartera y quedando muda de pronto.

En el interior de la cartera había un pequeño estuche de fino terciopelo negro. Rin observó a Sesshomaru con los ojos abiertos como platos. No podía ser lo que estaba pensando. No podía. Aun no podía ser eso. Ella no estaba preparada para algo así todavía. Sabía que algún día llegaría ese momento, pero no ahora. No esa noche. Debió darle tiempo para prepararse psicológicamente, y así no reaccionar justo como lo estaba haciendo.

Sesshomaru tomó el estuche de sus torpes manos, y lo abrió.

Rin tragó en seco, imaginando qué seguía. Si pudiera lanzarse de la ventana del pent-house en ese momento, lo haría. Sentía que su corazón latía tan fuerte, que estaba segura que en el piso de abajo podían escucharlo sin ningún inconveniente.

Él giró lentamente el estuche para que ella pudiera ver su contenido. Rin inhaló profundamente, sorprendida y… decepcionada al mismo tiempo.

Definitivamente no era lo que imaginó, pero tampoco podía afirmar que no estaba sorprendida. Era un hermoso juego de aros y brazalete de diamantes, elaborados en oro blanco.

— Úsalos —le ordenó.

— Señor Ishinomori… —intentó protestar, pero la rudeza de su mirada la acalló.

— Deja de llamarme de esa manera. No quiero que más adelante, frente a alguien importante, me llames con esa falta de familiaridad.

— Pe-pero… —protestó— Usted sigue llamándome "Blake", lo justo sería que también dejara de hacerlo.

— Sandeces —afirmó macabramente—. Date prisa.

Rin asintió y obedeció. Cuando estuvo lista, él puso el abrigo negro sobre sus hombros y salieron del apartamento escoltados por Ah-Un.

El dichoso restaurante se veía justo como InuYasha lo había descrito. Quedaba en la zona de los mejores bares y restaurante de la ciudad. Justo en la acera del frente, a dos locales de distancia, quedaba uno de los bares que frecuentaba con InuYasha, Sussy, Koga, Ayame y sus amigos.

Ah detuvo el Aston y Sesshomaru y Rin permanecieron en su interior unos momentos más antes de decidirse a bajar.

— No creo que una cena romántica amerite un vestido como este —dijo señalando la tela roja expuesta bajo el grueso abrigo negro, adivinando el significado de su silencio actual.

— Es un coctel de caridad. Los dueños de este restaurante son los hijos de un parlamentario [2] y organizaron el coctel a beneficencia de los huérfanos —comentó viéndola de reojo

— ¿Se está burlando de mí? —dijo con cautela, captando un tonito extraño y familiar cuando pronunció la palabra "huérfanos", pero él ignoró completamente su pregunta.

— Aprovecharan la ocasión para subastar algunos artículos y el diseñador de tu vestido se unió a la causa prometiendo que las ganancias de las ventas del día serían donadas.

— Así que…

— Así que tu verdadero trabajo comienza hoy. Veremos de qué estás hecha, Blake. No quiero que salgas con una de tus bocanadas, ¿entendido?

— ¿Qué clase de personas están invitadas? —preguntó tragando en seco.

— Algunos miembros del parlamento y sus familias, y empresarios. Hoy es tu gran día, muchos de los invitados son nuestros principales inversionistas y socios, y a ellos son los que tienes que impresionar. Hazlo bien —le explicó.

— Sí señor.

— Es probable que Naraku esté aquí.

Rin asintió un par de veces bastante meditabunda, recordando lo sucedido en la tarde, pero justo cuando iba a retomar el tema, él descendió del auto ayudándola a salir. A fuera, algunas personas estaban ingresando al restaurante, y también había uno que otro periodista sacando fotografías aquí y allí. Uno de ellos entrevistaba a un miembro ilustre del parlamento justo en la entrada, y Rin apretó con fuerza el brazo de Sesshomaru.

— Si no quieres, no lo hacemos —aseguró, comprendiendo a la perfección la preocupación de Rin.

— Sin declaraciones de momento —corroboró, sonriéndole dulcemente en agradecimiento.

Un par de flashes relampaguearon mientras se dirigían a la entrada, pero por fortuna, Sesshomaru la guió discretamente y sin apartarse de su lado un solo instante. En la entrada un hombre los esperaba para recibir sus abrigos, y fue cuando los nervios e inseguridades de Rin reaparecieron. Estaba segura que aquel vestido rojo había sido diseñado pensando en alguna modelo famosa, incluso podría ser alguna de las acompañantes de uno de los invitados o alguna de las antiguas novias de Sesshomaru.

— Tranquila —le susurró Sesshomaru al oído con su voz aterciopelada, haciendo que su aliento cálido y embriagante diera de lleno en su cuello, al tiempo que le ayudaba a quitarse el abrigo.

Pero aquel gesto no sólo logró tranquilizarla sino hacerla estremecer desde la punta de los pies hasta el último cabello negro de su cabeza.

Antes de alejarse de ella, deslizó un par de dedos sutilmente por su espalda, en un movimiento que parecería involuntario, pero que Rin sabía que estaba fríamente calculado, tal vez para convencer a las pocas personas que los observaban o para jugar con sus emociones de nuevo. Había descubierto que Sesshomaru adoraba provocarla para manipularla, y ella debía ponerle un alto algún día. Debía ser más fuerte y menos ingenua…

Pero era tan difícil poner algún ápice de resistencia, cuando él fingía ser el hombre maravilloso que ella sabía que no era. Sin embargo, en ciertas ocasiones, como ésta, a ella también le encantaba fingir que él sí lo era.

Y esta noche podía darse el lujo de fingir que él sí era el hombre maravilloso que ella adoraría y al que ella le entregaría todo cuanto tenía, porque sólo por esa noche estaba permitido, y su contrato se lo exigía. Así que, dejándose llevar por la farsa, le sonrió amplia y coquetamente, entrelazando su brazo con el suyo, como si fuera una agradable costumbre hacerlo.

Cuando entraron, muchas de las miradas de los asistentes se posaron en ellos. Y Rin pudo distinguir entre la multitud algunos rostros conocidos. Pero Sesshomaru la arrastró sutilmente en dirección opuesta ellos. Saludaron primero a unos cuantos inversionistas y hombres de negocios que estaban reunidos en un grupo en torno a los anfitriones del evento.

Después de unos quince minutos con ellos, pasaron saludando a algunas otras personalidades importantes, hasta que llegaron al grupo donde una cabeza platinada sobresalía entre la multitud.

InuYasha le sonrió burlonamente, pero visiblemente sorprendido con el cambio de Rin.

— Jaken tiene buen gusto —le susurró, cuando ella se acercó para saludarlo.

— Debo admitir que sí —dijo sonriéndole ampliamente, sin embargo en realidad quería arrancarle cada uno de los hilos de cabello platinado de la cabeza— ¿Por qué no me dijiste que ibas a estar aquí? —le preguntó entre susurros.

— Quería sorprenderte, pero veo que fue otro el sorprendido —dijo señalando a Sesshomaru— ¡Imbécil! —se mofó de él— Apuesto a que no se lo esperó.

— Basta, InuYasha —susurró, sonrojada.

— Rin —le llamó Sesshomaru, captando su atención.

Sesshomaru estaba acompañado de un par de hombres y sus esposas. Una de las parejas era extranjera, un hombre canoso de traje negro y una mujer abarrotada en diamantes. La otra era una pareja de japoneses, un hombre bajo y su esposa, sencilla y elegante.

— Quiero presentarte al embajador de Japón en Francia, Matsumoto Fujio, y su esposa — le dijo pasando un brazo por su cintura cuando ella estuvo cerca.

— Mucho gusto, señor Matsumoto —respondió, apretando la mano que él le ofrecía—. Rin Blake —luego tomó la mano de la señora —Mucho gusto, señora.

— El placer es mío, señorita Blake —dijeron los dos, casi al unísono.

— Él es el señor Gastón de la Roche, embajador de Francia en Japón —prosiguió Sesshomaru con su presentación.

— Mucho gusto, Monsieur de la Roche —saludó, con exquisito acento francés.

— Y Madame Deborah de la Roche.

— Un gusto, Madame.

Luego de eso, Rin tuvo una amena plática con el embajador francés y su esposa, aprovechando la oportunidad para practicar su francés. Mientras tanto, Sesshomaru e InuYasha platicaban de negocios con el señor Matsumoto.

Pero pese a lo ameno de sus conversaciones, los tres estaban atentos y cautelosos, pendientes de la aparición de Naraku. Una media hora después y un par de copas de champaña más, los tres abandonaron el grupo de los embajadores y fueron a saludar a ciertos rostros familiares.

— Mira nada más a quién tenemos aquí. De desaliñada y patosa… a reina de Inglaterra —se mofó, con aquel ronroneo afeminado, mordisqueando ligeramente la uña de su pulgar.

— No sabía que las víboras venenosas hicieran obras de caridad —le respondió, enarcando una ceja y sonriéndole con superioridad.

— Lo que puede hacer un vestido de alta costura.

— Sip. Eso mismo que nunca podrá hacer uno de estos contigo, querida. Lastimosamente —exclamó con fingido pesar, sacándolo de quicio finalmente. Jakotsu jamás podría lucir un vestido como ése y eso era lo peor que alguien podría decirle—. Yo también te extrañe, Jakotsu.

— ¡Hmmp! Yo sólo extrañé a mi InuYasha lindo. ¿Porqué no has vuelto a visitarme, cielo?

InuYasha se tensó de inmediato, refugiándose disimuladamente tras la espalda de Rin, quien no paraba de disfrutar su venganza.

Luego de saludar a Bankotu y sus acompañantes, Sesshomaru le susurró al oído que iría a atender una llamada de Jaken en la terraza. Pero antes de irse, depositó un fugaz beso en sus labios, un sutil rose de sus labios contra los suyos, tomándola desprevenida.

Rin estuvo a punto de colapsar, pero sabía que debía actuar con naturalidad, como si no hubiese sido el primer acercamiento real entre ellos, como si fuera normal una demostración de afecto de su parte. Como si entre ellos hubiera ocurrido más que aquel pequeño beso.

— No sabía que aun existían las mujeres que se sonrojaban ante cualquier nimiedad —continuó mofándose Jakotsu, que parecía disfrutar haciéndole la vida a cuadritos.

— Envídiame, Jakotsu —atinó a decir, recuperando la poca compostura que le quedaba, sonriéndole con malicia—. Mi trabajo es más divertido y emocionante que el tuyo.

— Al único que hay que envidiar esta noche es a Sesshomaru, tiene la mejor compañía de la velada —le alagó Bankotsu, en un derroche de confianza, sonriéndole de manera seductora.

Rin agachó la mirada apenada, e InuYasha rodó los ojos, al tiempo que Jakotsu lanzaba un sonoro bufido.

— Ni pienses creerte las palabras de éste —le advirtió InuYasha, señalando a Bankotsu con su dedo índice—, sino quieres convertirte en la número 1000.

— ¿La número 1000? —inquirió.

— Un estúpido record —afirmó Jakotsu, observando sus uñas ahora pintadas de color berenjena.

— El bastardo quiere ostentar el record de haber enamorado a 1000 chicas ingenuas y torpes, como tú. Miroku y Koga lo retaron.

Rin abrió la boca incrédula, sin dejar de observar a Bankotsu con reproche e indignación. Con razón tenía aquella soltura y naturalidad para alagarla. No era más que un soberbio y engreído. Y el muy cínico continuaba sonriéndole.

— ¡Ey! —exclamó Bankotsu, pero no tenía más argumentos. No podía más que sonreír arrogantemente.

— ¡Atrévete a negarlo, infeliz! Lo único que quiere es cerrar con broche de oro su record, enamorando a la mujer de un Ishinomori.

— Muy cierto —corroboró Jakutsu sin mayor interés en plática, interesado más en el perfecto manicure de sus uñas.

— ¡Eres mi hermano, imbécil! Cuando mínimo deberías apoyarme.

— Pero es cierto, hermano mayor—respondió, encogiendo los hombros, con aspecto inocente.

— No eres más que un infeliz —le atacó InuYasha.

— Y tú un bocón.

— ¡Basta! —Les susurró Rin—. Algunos han empezado a mirar en esta dirección. A Sesshomaru no le hará gracia que ustedes dos se saquen los ojos en frente de todos —dijo viendo a InuYasha con reproche.

— No me mires así, yo sólo te estoy advirtiendo.

— Y te lo agradezco, pero yo tengo muy claro cuál es mi tipo de hombre, y Bankotsu, afortunadamente, no lo es —afirmó con la barbilla en alto, mirando a Bankotsu con reproche.

— Tu tipo son hombres poco expresivos, con nitrógeno líquido corriendo por sus venas, de misteriosos ojos dorados y sedosos cabellos platinados —afirmó Jakotsu con una ensoñación fingida, en aquel tono agrio y sarcástico tan característico suyo.

— Muy gracioso —masculló Rin, asesinándolo con la mirada.

— No sabía que hablabas francés —comentó InuYasha, tratando de cambiar de tema y de detener el duelo de miradas entre Rin y Jakotsu.

— Hay muchas cosas de ella que aun no sabes —atinó Jakotsu.

— Hay muchas cosas que preferirías no saber, Jakotsu —le amenazó—. Pero al final de cuentas, a quien debe importarle mis asuntos es a Sesshomaru.

— ¿Él lo sabe? —dijo suspicaz, alzando una ceja.

— ¿De qué están hablando? —quiso saber InuYasha.

— No tengo idea —escupió Rin con hastío.

— ¡Rin! —exigió con cautela.

— No lo sé. Jakotsu está demente, aparte de enfermo.

— Lo que digas, bruja.

— Serpiente venenosa.

InuYasha lanzó un hondo suspiro, al tiempo que Bankotsu veía a su hermano y a Rin divertido.

— Voy a saludar a Koga y Miroku —dijo InuYasha—. Desde que entraste con Sesshomaru se les están saliendo los ojos.

Rin miró disimuladamente en esa dirección y Koga la observaba con incredulidad. Mientras que el otro joven, Miroku, un amigo de InuYasha, la veía con curiosidad.

— ¿Qué les vas a decir?

— La verdad —se mofó.

Rin rodó los ojos y le sonrió.

— Te dejaré con este par hasta que venga Sesshomaru. No te muevas, no hables con nadie. Hay una cantidad de lobos que quieren despellejarte.

— ¿Porqué?

— ¡Niña! ¿De qué planeta vienes? —intervino Jakotsu— Eres la novia de Sesshomaru Ishinomori. ¿Tú crees que él traía a las otras mujerzuelas a reuniones como ésta? ¡Aterriza de una buena vez, mocosa!

—Víbora rastrera… —le insultó en un siseo.

— Nada de eso, Rin —le reprendió InuYasha—. Es lo único sensato que éste ha dicho en toda la noche.

— Ahora me van a salir con que Sesshomaru nunca salió con ellas, y sólo las llevaba del apartamento al hotel, ¿cierto?

— Sesshomaru no es de esos. Eso puedes esperarlo de Bankotsu o Miroku.

Rin enarcó la ceja, incrédula. Negando en silencio sin poder creer. Tan formal y atento que se veía Bankotsu y era todo un Casanova y rompecorazones. Un asesino de chicas.

— Esto es un coctel con miembros del parlamento. Hay desde embajadores extranjeros hasta familiares del primer ministro, Sesshomaru jamás se arriesgaría a traer aquí a alguien que pudiera dejarlo en ridículo —Explicó Bankotsu—. Es muy listo el infeliz.

— Este no es un lugar para modelitos huecas —agregó Jakotsu, desparramando todo su odio hacia el género femenino en estas palabras.

— Confía en ti —dijo InuYasha.

— No eres la gran cosa — atinó Jakotsu, haciendo un ademan de nimiedad con su mano—, ni mucho menos la reencarnación de Afrodita, ¡eso es obvio! Pero hay que abonarte que tienes cerebro, algo que las demás nunca tuvieron.

Alguien se acercó a ellos y tuvieron que dejar la continuación de su plática para otro día. Era el dueño de una prestigiosa firma de arquitectos, quien se hizo el interesado en el diseñador del vestido de Rin, con el simple propósito de indagar más acerca de la misteriosa chica de rojo que acompañaba a Sesshomaru Ishinomori.

Aquel hombre platicó con ellos por unos instantes y luego regresó a su grupo, sin obtener mayor información acerca de Rin. Jakotsu, Bankotsu y Rin se observaron complacidos de haber ganado una nueva batalla en contra de las fieras de la sociedad.

— Regreso en un par de minutos —dijo Inuyasha, que no había tenido oportunidad de partir aun—. Si alguien se acerca y las cosas se ponen incomodas, Bankotsu te lanzará un salvavidas, ¿Ok? Asegúrate de tomarlo.

Rin asintió como niña aplicada.

— Lárgate ya, InuYasha. Ella sabe cuidarse sola. Creo que sabe cuidarse más que tú y yo juntos. Lárgate.

— Sí, sí, sí. ¡Si algo sale mal, te corto la cabeza, Bankotsu!

— ¿Puedo acompañarte, cielo? Prometo no estorbarte, sólo me quedare muy cerquita de ti.

— ¡No, enfermo! —exclamó InuYasha, alejándose de ellos a toda prisa, al tiempo que Rin estallaba en risas.

InuYasha se reunió con sus amigos y con otras personas que ella no conocía. Y en cuanto InuYasha se acercó, el interrogatorio comenzó. Rin pudo notarlo por la expresión seria y mortificada de su rostro.

Rin lanzó una mirada a la terraza, donde Sesshomaru permanecía recostado al balcón hablando por su teléfono, y sin quitarle la mirada de encima. Ella le sonrió ligeramente, obteniendo una mirada extraña de su parte.

— ¿Nerviosa? —inquirió Jakotsu, sonriendo maliciosamente, sacándola de su ensoñación.

— ¿Porqué iba de estarlo? —respondió Bankotsu, encogiéndose de hombros.

— ¡Cierto! Muy cierto, hermano mayor —viendo a Rin nuevamente, agregó—: Tienes bastante experiencia en este tipo de reuniones.

Rin entrecerró los ojos, tragando en seco. Ahí estaban otra vez con ese tema. Tal vez preferiría que InuYasha la hubiera dejado en medio de las fieras que querían despellejarla, y no con ese par. Por lo menos ella sabía cómo defenderse de las fieras.

— No sé de qué hablan.

— Entiendo tus razones para ocultarlo, pero puedes estar segura de que no te traicionaremos —dijo Bankotsu, llevándose una mano al pecho.

— De verdad, no sé de qué están hablando o con quién me están confundiendo.

Bankotsu sonrió con sorna y Jakotsu lanzó un hondo suspiro de decepción.

— Cuando dije lo de nerviosa, era obvio que no me refería a este coctel —comentó el afeminado, rodando los ojos—. Deberías darnos clases de etiqueta, Lady Blake.

— ¡Cállate! —Siseó molesta al escuchar la forma en que le había hablado.

— El punto es, querida, que aun no han llegado todos los invitados.

Ella lo interrogó con la mirada, pero fue Bankotsu quien respondió.

— Falta Naraku —siseó.

— Exacto.

Tan sólo de escuchar aquel nombre, Rin se estremeció, recordando su repulsiva presencia y su mirada macabra. Y la sensación que había tenido en el estacionamiento del centro comercial la invadió nuevamente.

— Lo cual sería un problema, si Sesshomaru no estuviera contigo. Pero estando ese bombón a tu lado, ese tipo repulsivo no se atrevería a tocarte. Sin embargo, es por otra razón por la que deberías preocuparte.

— No entiendo. Si lo peor no es tener que soportar a Naraku durante toda la velada y arriesgarse a que haga de las suyas, entonces, ¿qué es?

Jakotsu lanzó una sonora carcajada, como si en lugar de una pregunta seria, hubiera contado el mejor chiste de la red.

— No le veo la gracia —insistió, viendo a Bankotsu, quien parecía tan anonadado como ella.

— Su esposa —acotó, y sonrió satisfecho al ver los ojos abiertos de Rin— ¿Te olvidaste de ella?

Rin negó con la cabeza. ¿Cómo podía olvidarse de la mujer que estuvo junto a Sesshomaru por más de tres años y a la que se vio obligado a dejar al enterarse que se había casado con Naraku, su peor enemigo, en una sobria ceremonia? Aunque nunca la había visto en su vida y ni siquiera sabía su nombre, jamás podría olvidarla. Porque ella había conseguido algo que Rin jamás lograría: Una caricia sincera de Sesshomaru. Entre ellos dos las únicas demostraciones de afecto eran una farsa, un requisito obligatorio de su negocio.

— De seguro vendrá con ella.

— ¿Y? —le retó Rin, alzando la barbilla, tratando de olvidar sus inseguridades.

— ¿Ni un poquito insegura, niña? — Preguntó complacido, enseñándole una terrible sonrisa en sus labios.

Rin negó en silencio, viendo de reojo a la terraza, donde Sesshomaru continuaba observándola, como hipnotizado.

— Fue la top model más cotizada del país antes de casarse. Mide aproximadamente un metro ochenta sin tacones, medidas perfectas, sexy…

— ¡Basta, animal ponzoñoso! ¿Nunca has temido envenenarte cuando te muerdes la lengua?

— Para tu desgracia, soy inmune a mi propio veneno…Dime, ¿no temes que Sesshomaru…? —dijo en un derroche de crueldad inimaginable viniendo de alguien tan menudo.

— Confío en él —le interrumpió autoritariamente.

— ¡Ja! Ingenua.

— Sesshomaru no me dejaría por nadie —dijo bastante segura, pero no por las razones que quisiera estarlo.

Desearía poder decirlo porque estaba segura de su amor hacia ella, pero sólo podía decirlo porque habían firmado un contrato donde se estipulaba que, pasará lo que pasará, él se casaría con ella en menos de seis meses. Eso era lo único que tenía seguro en su vida.

— Él se casará conmigo.

— Y todos sabemos perfectamente por qué.

— Pero lo hará, así que no debo porque sentirme nerviosa, Jakotsu.

— Me preocupa más que Naraku se dé cuenta que eres la novia de Sesshomaru —intervinó Bankotsu—. Es bastante astuto y sé que hallará la razón para que te haya elegido, y con eso estará seguro de que ustedes se casaran.

— ¿Qué piensas que hará? —inquirió recordando lo ocurrido en la tarde. Pero era imposible relacionar este hecho con Naraku. Él ni siquiera sabía que ella estaba saliendo con Sesshomaru… ¿o sí?

— Eso es lo que me preocupa.

— ¡Oh! Dejen esos temas aburridos para otro día. Somos el centro de atención de todos esta noche y ustedes no pueden estar con cara de preocupación. Y menos tú, que deberías estar luciéndote y haciendo bien tu trabajo —atacó, tomando una copa que les ofrecía el mesero. Cuando todos tuvieron su copa, dijo—: Salud. Por los secretos—brindó, levantando la copa, sonriendo macabramente.

— Por las mentiras—brindó Bankotsu, sonriéndole irresistiblemente, como aquella vez en el estudio de Jakotsu.

— Por los mentirosos —brindó Rin, viendo a Sesshomaru desde lejos, concentrado aun en su llamada. Y sin apartar los ojos de él, añadió—: Por nosotros.

Y los tres brindaron susurrando al unísono un "salud" cargado de ironía. Justo en ese instante alguien se acercó a ellos, contoneando sus caderas y caminando como si el salón fuera la pasarela de "Proyect Runway" [3].

— ¡Reconocería ese vestido en cualquier lugar del planeta! —exclamó viendo a Rin de pies a cabeza.

— ¡Oh, Hoshi! —Canturreó Jakotsu, y por primera vez en la noche, genuinamente alegre de ver a alguien. — ¡Qué gusto que hayas podido llegar! Te estuvimos esperando toda la noche. Supongo que no la conocías.

Hoshi sonrió anchamente, sin dejar de observa a Rin.

— Tuve algunos pendientes, pero tenía que ver con mis propios ojos a la afortunada que portaría mi más gloriosa creación hasta la fecha—comentó, guiñándole un ojo a Rin— Mucho gusto.

— Rin Blake. El gusto es mío, señor Hoshi.

— Debiste haber pasado por mi taller antes de venir, te habría dejado como una princesa.

— Gracias —dijo Rin con una tímida sonrisa.

— ¿Pensaste que alguien… —haciendo un ademan hacia Rin dijo—: como Rin, usara tu vestido? —inquirió Jakotsu.

— Lo diseñé pensando en alguien con un cabello castaño claro… Pero tienes un cabello precioso, querida. Tu color negro azabache combina perfecto con el rojo bermellón —dijo más emocionado que un niño en Disneyland—. Eres hermosa, cariño.

— ¡Oh, por favor! Terminara creyéndoselo —exclamó haciendo un mohín de disgusto al ver que el tiro le había salido por la culata.

Justo en ese instante, Sesshomaru regresó a su lado, pasando un brazo por su cintura de manera posesiva. Y ella completó su magistral actuación, sonriéndole como si él fuera el motor de su vida.

A simple vista no se sabía cuál de los dos era mejor actor, pero claramente ganarían el premio de los mejores mentirosos del año categoría por géneros. Aunque para desgracia de Rin, quien menos necesitaba actuar, era ella.

InuYasha regresó minutos después en compañía de Koga y Miroku. Y ya que Rin no había tenido la oportunidad de conocer antes a Miroku, InuYasha tuvo el honor de presentarlos.

Miroku era un hombre unos pocos años mayor que InuYasha, de ojos azules y cabello negro. Era bastante divertido y simpático, siempre salía con alguna ocurrencia descabellada, haciéndola reír a carcajadas.

En el transcurso de la velada, Rin y Sesshomaru recorrieron el salón saludando a los demás invitados, entre ellos unos cuantos clientes e inversionistas de las empresas Ishinomori, quienes quedaban maravillados con la pareja, justo como Sesshomaru lo planeó desde el principio.

No cabía dudas que él era un hombre maquiavélico y manipulador, y Rin debía tener mucho cuidado si no quería terminar tan o más engañada que cualquiera de los ilusos inversionistas con los que acababan de platicar.

Alrededor de la media noche, Sesshomaru la condujo en silencio hasta la terraza. Rin intentó preguntar, pero él la atajó diciendo que sería algo bueno para el plan. Así que sin más se dejó guiar.

— ¿Ocurre algo? —preguntó haciendo un esfuerzo para que sus facciones no delataran su preocupación.

— Lo más lógico es que una pareja necesite un poco de intimidad de vez en cuando. Salud —dijo alzando su copa.

— Salud —le respondió sonriendo.

Brindaron como cualquier pareja normal lo haría y luego dejaron la copa sobre una de las mesas de la terraza. Ambos permanecieron apoyados en la baranda metálica, observando el horizonte plagado de edificios y unas cuantas estrellas.

— Hace frío —comentó Rin—. Deberíamos regre… —pero tuvo que detenerse al sentir el abrazo protector de Sesshomaru.

La atrajo a su lado, cobijándola con su brazo. Pasó una mano por su cabello, deteniéndose hasta llegar a su cintura.

— Están observando, ¿cierto? —dijo refugiada en su pecho.

— Sí —le susurró Sesshomaru.

Ahora todo encajaba a la perfección.

— ¿Estás lista?

Rin se apartó unos centímetros para interrogarlo con la mirada, pero él sólo sonrió de aquella forma que la desquiciaba. Entonces, tomó su mentón, obligándola a verlo fijamente. Acarició su mejilla suavemente, como si cada rose fuera sincero.

Era tan reconfortante sentir de nuevo aquellas caricias en su rostro, que Rin había quedado sin palabras.

Él apartó un par de hilos negros de su rostro, y la observó como si de verdad fuera su novia, como si de verdad la amara.

Su actuación fue tan convincente que a Rin no le quedó difícil creerle. Y sin chistar se dejó llevar por sus caricias, perdiéndose en el recorrido de aquella mano por su espalda.

Sesshomaru se acercó a ella, jugueteando con sus narices. Y Rin pudo sentir su embriagante aliento nuevamente, esta vez mezclando con el amargo olor a champaña, y aun así no dejaba de ser hechizante. El corazón inerte de Sesshomaru latía al compás de su respiración tranquila, a diferencia del suyo que parecía la locomotora de un tren.

A estas alturas, ella ya estaba perdida en el mar indescifrable de sus ojos ambarinos, y pese a esto, estaba feliz. Estaba dichosa de sentirlo cerca, como nunca antes lo había sentido. Sonrió antes de relajar por completo su cuerpo, entregándose de lleno a sus caricias.

Él la apretó más contra su cuerpo, amoldando su torso musculoso y fuerte, al cuerpo frágil y sensual de Rin. Y entonces, lentamente rozó sus labios con los de ella. Primero suavemente, como la caricia de una rosa, y ella le correspondió con una dulzura que él jamás había experimentado antes.

Rin acarició las mejillas níveas de Sesshomaru con sus manos temblorosas, obligándolo a profundizar un poco más aquel beso. Y él accedió, atrayéndola más hacia sí.

Pudo sentir como Sesshomaru exploraba su boca posesivamente, como nunca nadie lo había hecho, reclamando cada milímetro de ella. Él jugueteaba hábilmente con su lengua, mientras ella trataba de seguirle el paso. Todo aquello era tan nuevo y diferente para ella, que apenas y podía respirar.

Rin correspondía a cada una de sus caricias de un modo tan tierno y dulce, que lo hacían desear más y más. Quería fundirse con ella, besarla hasta que sus labios no pudieran más. Pero fue ella quien se apartó suavemente de él.

Sesshomaru le lanzó una mirada intimidante, cargada de reproches.

— Por favor… —suplicó, casi sin aliento—. No se olvide de dónde estamos.

Sesshomaru le sonrió a medias, y la atrajo nuevamente a su pecho, acariciando su cabellera negra con ansiedad y delicadeza.

Y entonces, Rin deseó que aquello fuera mucho más que una buena actuación. Aquel había sido el mejor beso de su vida, lástima que hubiera sido tan corto. Si tan sólo hubieran estado en otro lugar, y si tan sólo no fuera una farsa, quien sabe qué más habría podido ocurrir.

Lo que para los demás asistentes a la velada había sido una demostración normal de afecto, para Rin fue la mejor experiencia jamás vivida, y a la vez la mentira más grande en la que se había visto involucrada.

Permanecieron abrazados unos minutos más, y luego regresaron tomados de la mano al salón principal, donde sus amigos los observaban anonadados.

InuYasha la observaba de pie a cabeza con reproche, y Jakotsu se notaba a leguas que estaba muerto de la envidia. Mientras que Miroku y Koga no daban crédito a lo que habían visto. Por otro lado, Bankotsu parecía estar en otro planeta.

Poco antes de la una de la madrugada, pasaron al comedor y luego de la cena se realizó la tan esperada subasta. Después, algunos asistentes hicieron sus donaciones voluntarias, dentro de este grupo estaban Koga e InuYasha. Este último realizó la donación a nombre de las labores sociales de las empresas de la familia Ishinomori.

Para sorpresa de todos, Naraku no se apareció en toda la noche. Y Rin, más que sorprendida, estaba aliviada de no tener que soportarlo cerca. Además, estaba feliz de no tener que conocer a la famosa esposa de Naraku, la ex novia de Sesshomaru.

A eso de las tres de la mañana, Sesshomaru, Rin, InuYasha, Miroku y Koga estaban saliendo del restaurante. Afuera hacía un frío impresionante, parecía como si estuviera a punto de caer una ligera nevada, pero esto no evitaba que las aceras estuvieran abarrotadas de gente, todos entrando o saliendo de los bares y discotecas de la zona.

La porción de acera desde la entrada del restaurante, hasta el lugar donde los autos esperaban a sus dueños, estaba bordeada por un par de vigilantes enormes a cada lado, que impedían que la multitud se mesclara con los encopetados asistentes al evento.

Un Maserati GranCabrio rojo esperaba justo en frente, e InuYasha se encaramó de un salto en el asiento del conductor y Miroku subió en el asiento del copiloto, no sin antes despedirse galantemente de Rin. InuYasha se despidió de ellos con un simple movimiento de mano y haciendo rugir el motor de su descapotable.

El siguiente auto en la fila era el Aston Martin One-77 de Sesshomaru, conducido nuevamente por Ah, mientras que Un les abría la puerta trasera.

Rin echó una ojeada a su alrededor, recordando el suceso del centro comercial. Era como si hubiera estado toda la noche encerrada en una burbuja de sonrisas fingidas y miradas largas, todo tan falso como una moneda de cuero.

Champaña va y champaña viene, un saludo aquí y un saludo allí, y de pronto, el frío de la realidad la despertó de golpe. Y volvía a sentirse tan insegura y vulnerable como en el estacionamiento del centro comercial.

Justo cuando estaba mirando sobre su hombro derecho vio algo que jamás esperó ver. Algo que le quitó el aliento por completo. Y sólo tenía una palabra para describir lo que acaba de ocurrir, pero sus labios sólo pudieron pronunciar un nombre.

— ¡Sussy! —susurró con los ojos abiertos como platos, mientras veía reflejados el reproche y la decepción en los ojos avellana de su amiga.


Aclaraciones:

1. Stacy London y Clinto Kelly: Son los conductores de "What Not to Wear" ("No te lo pongas" para Latinoamérica), un programa de telerrealidad en el que se somete a una persona a un cambio de apariencia. Ambos son asesores de imágenes y especialistas en moda.

2. Gobierno Japonés: es una monarquía constitucional pero en la práctica, es una democracia parcial o parlamentaria, en la cual el pueblo no vota a un presidente, sino a los miembros del Parlamento y éstos, a su vez, votan a un Primer Ministro de entre uno de ellos.

3. Proyect Runway: es un reality show estadounidense. Los participantes compiten entre ellos para crear el mejor vestuario con muchas limitaciones (dinero o materiales), luego los diseños son evaluados por jueces especializados y uno o más diseñadores resulta eliminado cada semana. La presentadora del show es la top model alemana Heidi Klum.


Hola de nuevo chicos.

Como lo prometido es deuda, aquí está el nuevo capítulo. ¿Qué tal?

Ultimamente los capítulos me han salido más largos de lo habitual, creo que tengo muchas cosas en la cabeza. A pesar de que tengo el desarrollo y el desenlace de la historia clara desde antes de escribirla, cada vez me surgen nuevas ideas… y termino dividiendo un capitulo en dos, como lo que ocurrió con el capitulo 10 y 11. Inicialmente eran uno sólo, y ya ven, salieron dos de más de 15 hojas cada uno :S

Pero de verdad, espero que les haya gustado. En especial el beso :D Trate de hacerlo lo más interesante posible, sin sonar demasiado meloso o vulgar. Espero de verdad que les haya gustando. Esperó sugerencias para próximas escenas de este tipo.

Bien, ¿correrá Rin algún tipo de peligro o es sólo su imaginación?

Jakotsu y Bankotsu saben algo más de lo que aparentan, eso está claro, pero ¿qué es? Y si lo saben, ¿por qué no lo dicen? ¿Serán de fiar estos dos personajes?

¿Cómo les pareció la aparición de Rin en sociedad? Jajajaja Sesshomaru se lució escogiendo aquel vestido rojo, ¿nop? O deberíamos decir que Jaken se lució Jajajaja.

Espero que este capítulo haya sido de su agrado, chicos. Y me disculpo de antemano si hay alguna posible tardanza más adelante. ¡Tengo mucho trabajo! Les prometo hacer todo lo posible por actualizar la próxima semana.

Agradecimientos:

Gracias a todos los que pasaron, leyeron y especialmente a los que comentaron. Gracias por no olvidarse de esta historia durante los días que estuve fuera de línea :D

Agradezco a Meyllin por agregar la historia a sus alertas y favoritos. También a rosedrama por agregarme a su lista de autores favoritos.

Mil gracias a los que comentaron el capítulo 10: Ako Nomura, rosedrama, SolMjTaisho, nodoka-san, ary princxsaku, e Meyllin. Gracias especialmente a black urora por su primer review :)

Gracias, gracias, gracias, gracias infinitas a Miara Makisan, por comentar desde el principio :D Eres un gran aliciente para escribir todas las semanas. Gracias!

Un abrazo de oso enorme para todos!

Nos leemos pronto.

Sammy Blue