Hermione despertó con un fuerte dolor de cabeza. Se tallo los ojos y sintió que dos pares de brazos rodeándola. No sabía si entrar en pánico o asesorarse que no estuviera en peligro. Levantó un poco la cabeza y volteó a lado izquierdo había un hombre de pelo largo, rubio casi platinado. Se veía de unos 30º 40 años no estaba segura. Su piel pálida lo hacía verse como una estatua de mármol blanco.
Desvió su mirada para ver de otro y se encontró con la versión joven del hombre que estaba a su lado. Entro en pánico. ¿Qué diablos estaba pasando?
Trato sutilmente de zafarse de esos hombres. Se deslizo hacia abajo y puso una almohada para que ellos lo abrazaran. Se levanto de la cama y empezó a inspeccionarla. El cuarto era enorme. Había un enorme closet donde se encontraba su ropa al igual que unos vestidos que eran hermosos. El tocador tenía muchas cremas para la piel y pelo. Maquillaje que estaban intactos. Había fotos donde estaba ella y la versión joven de los rubios. Había otras fotos donde estaba ella abrazada con el hombre mayor.
Hermione se sintió extraña. ¿Qué diablos había pasado? ¿Estaba en un sueño? Lo único que recordaba fue a ver salido del… de un bar de mala muerte. Ahora recordaba. Ella trabaja como una bailarina exótica en un table dance. Ahí conoció al rubio mayor llamado Lucius y después conoció a su hijo llamado Draco.
—Hermione ¿Dónde estás? —se escuchó una voz con un toque de preocupación.
Ella se espantó al ver al chico joven abrazarla para después darle un beso casto en la boca.
—¿estás buscando tu ropa? —preguntó el chico mientras le acariciaba su cuerpo desnudo. Hermione se puso de muchas tonalidades de color rojo. ¡Estaba desnuda!
El chico llamado Draco sonrió y le dio otro beso en la coronilla. Para después tomarla de la mano y llevarla a otro lado de la habitación. Hermione observo que Lucius empezaba a despertar.
—¿Hermione? —escucho llamarla.
—esta conmigo —dijo el rubio que la llevaba de la mano.
—ok. ¿Cómo está? —preguntó de nuevo el rubio mayor
—parece desorientada. Bajaremos a desayunar en media hora
—le diré a la ama de llaves que empiece a preparar el desayuno
Hermione aún seguía desnuda y quería hablar pero no podía hablar de la vergüenza y estupefacción que sentía. El joven la llevo a un baño enorme y abrió la llave de la tina. Seguían agarrados de la mano y volteo a verla.
—¿estás bien? —pregunto preocupado
Ella asintió.
—¿segura?
Volvió asentir
—¿vas hablar?
Ella asintió de nuevo. Y así quedaron viéndose uno al otro; el rompió el silencio con una carcajada.
—ven, tengo que bañarte antes de ir a trabajar
