Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins, Stephenie Meyer y Abbi Glines.
CAPÍTULO 6: DEPRESIÓN
POV PEETA
Me paso todo el día viendo la televisión. Odio la programación del Capitolio, sin embargo mi objetivo es estar atento a cualquier noticia de Katniss que haya.
Mi IPhone suena. Carlisle me dio uno para poderse comunicar conmigo directamente.
-¿Carlisle?
-Hijo escucha, no tengo mucho tiempo. –Por el hecho de que me diga hijo y no Peeta, significa que hay gente a su alrededor y teme que lo escuchen. Según el Capitolio, todos excepto Bella, Jacob y Esme son sus hijos adoptivos.
-¿Sucede algo?
-Katniss tuvo una crisis por la entrevista. Ella no quiere aparecer en televisión. Se ha tratado de negar pero no pueden posponerlo más. Han pasado dos meses desde que empezaron los juegos y un mes desde que terminaron. Panem quiere saber qué pasó con la "madre viuda".
-Me he dado cuenta. Ojala pudiera hacer algo. Pero…
-No puedes. No hagas nada por ahora. Snow quiere que la vean vulnerable porque servirá para aplacar los desastres que ustedes dos causaron. Es lo mejor. Mantente al margen hasta que sea el momento adecuado y sea seguro hablar con ella.
-¿Alguna razón por la que me digas esto?
-Quiero que estés preparado, porque estoy seguro que será muy duro lo que verás. También hay algo más que me enteré hoy, revisando su ficha médica. Pero prefiero que lo sepas por ella misma en unas horas. Hice copia de todo para llevarlo a casa y puedas verlo tú mismo
-¿Eso es malo?
-No, te aseguro que no lo es. Pero te enterarás por la persona que corresponde. Estaré de vuelta en la noche. Me quedaré para asegurarme que Katniss esté bien durante este día. Cualquier cosa que suceda, la sabrás.
-Gracias, Carlisle. Por cuidarla.
Él ha estado atendiendo a Katniss los últimos días, para reemplazar a la doctora que estaba enferma. Katniss está cada vez peor emocionalmente y todo por mi supuesta muerte. Lo más triste de la situación es que no puedo hacer nada para aliviar su dolor momentáneamente. Pero volveré a ella en cuando esté preparado y todo estará bien. Estoy pensando que cosas hacer para hacerla sentir bien. Tal vez enviarle cosas, escribirle cartas. Pero aún no he hecho lo último.
No sé qué decirle, le debo mentir y escribir como si hubiera muerto, como si no supiera que es de su vida y me hubiera adelantado a mi pronta muerte. Le escribí una carta antes de ir a los juegos, pero dadas las circunstancias no se parecerá en nada a lo que debo escribir ahora. En ese momento no sabíamos de la existencia del bebé. Y de hecho en la carta le dije que debía olvidarme y seguir adelante, enamorarse nuevamente de un hombre y ser feliz. Ahora sé que durante mi vida humana dejé una pequeña parte de mí en su vientre, y aunque suene egoísta no quiero que me olvide, ni se enamore de nadie más. Yo siempre estaré junto a ella. No la abandonaré.
Con suerte jamás encontrará esa carta y tal vez consiga que Carlisle le haga llegar de alguna manera una nueva.
-Te lo debemos. Debo seguir trabajando, nos vemos más tarde.
-Está bien. Adiós.
Carlisle me deja pensando en varias cosas. ¿Qué es eso que debo saber por boca de Katniss? ¿Qué tipo de crisis habrá tenido? Ahora mi preocupación aumenta, pero trato de olvidarlo. Trato, pero no sirve de nada. Quedan siete horas para la coronación y la entrevista de la nueva vencedora. Decido bajar con los demás con un cuaderno de dibujo y los lápices, para mantenerme ocupado el tiempo que resta. Antes de apagar la televisión, veo la imagen clara de Katniss en la pantalla del informativo. Ni uno sólo de los conductores parece feliz informando que muy pronto se encontrarán con la Vencedora de los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre. Todos están tristes porque no habrá más Trágicos Amantes y un bebé se quedó huérfano antes de nacer.
No sabía que nos apreciaban tanto. Ni que fueran tan sentimentales.
Querían que ambos ganáramos, porque nos cogieron cariño y teníamos una familia que cuidar.
Sonrío con tristeza. Yo también preferiría estar con ella y nuestro bebé. Seguir vivo como humano, cuidar de mi pequeña familia… casarme con la madre de mis hijos y consentirla por completo a ella durante el embarazo. Pero es imposible en las circunstancias actuales, el proceso de trasformación, cambia partes de ti para toda la eternidad.
POV KATNISS
Ando como zombie por todo el piso, sin escuchar a nadie, hay veces en las que no deseo ni comer. Pero después pienso en Peeta y nuestros bebés y me obligo a alimentarme. Temo ser una pésima madre. Estos bebés tuvieron mala suerte, porque no podré hacer esto sola, ellos necesitan al padre. Ahora tienen a una madre destrozada que no puede ni cuidar de si misma porque perdió al hombre que amaba, quien era su refugio en el mundo.
Me dejo caer sobre la hierba del patio de la terraza, justo donde Peeta y yo estuvimos acostados, abrazados y sentados mirando el cielo compartiendo un picnic y hablando el día anterior a la entrevista. Acaricio el pasto y cierro los ojos. Imaginando que cuando los abra, encontraré a Peeta recostado a mi lado, tomando mi mano o acariciando mi vientre, levantando mi remera para dejar besos allí y hablarle a sus hijos diciéndoles lo mucho que los ama y que sus papás los están esperando ansiosos fuera. No puedo olvidar que lo hizo varias veces desde que supo del embarazo y la sonrisa que se extendía en mi rostro cuando lo escuchaba hablar de forma tan dulce a unos seres que aún no nacían.
Él nunca sabrá que tendremos mellizos, tampoco se enterará del sexo de ellos cuando llegue el momento, no consentirá mis caprichos de embarazada, no verá a nuestros hijos nacer, no los cargará en sus brazos, ni les cantará nanas para que se duerman y dejen a su mamá tranquila por unas horas. Ellos no conocerán al perfecto padre que habrían tenido de seguir vivo.
-Te necesito, Peeta. ¿Por qué nos dejaste? –Grito al cielo, el sitio donde seguramente mi novio está, él se caracterizó por ser una persona buena. Su lugar es el cielo. -¿Cómo pretendes que siga adelante sin ti?
No sé porque me detuve cuando en un momento de crisis casi me suicidé. ¿Fue por los bebés? ¿Fue por la promesa? ¿O por qué siento que no todo está perdido? Lo último lo descarto. La verdad es que aún no acepto su muerte y sigo esperando que aparezca como por arte de magia frente a mí, para decirme que todo fue un mal sueño, que él sobrevivió y que nunca se irá de mi lado. Sigo esperando un milagro.
¿Por qué la vida es tan dura? Perdí a mi padre, y ahora a Peeta. Yo sé lo que es vivir sin tu propio padre, mis hijos no merecen pasar por eso. ¿Cómo les explicaré la forma en que murió él sin que se sientan mal? ¿Pensarán que soy un monstruo por haberlo arrastrado a la muerte, desde el momento que se presentó voluntario para ir conmigo a los Juegos del Hambre? Odio al Capitolio por habernos hecho esto. Me odio a mi misma por darle las bayas. Y estoy deprimida.
-Prometiste que te quedarías siempre conmigo. Debí morir contigo.
Sigo hablando mirando hacia arriba, esperando que me escuche y sepa cómo me siento. Deseando que regrese a mí de alguna forma. Porque yo estaré esperando reencontrarme con él.
-Te amo, Peeta. Siempre te amaré, sin importar cuánto tiempo pase hasta que vuelva a verte.
En cierto momento me quedo dormida tras llorar varias horas. No quiero ver a nadie, quiero estar sola aquí. Estoy harta de que todo el mundo me vigile pensando que cometeré la locura de quitarme la vida, y detesto ver la lástima grabada en los ojos de todo el mundo cada vez que están frente a mí. Me hace sentir peor saber que sufren por mi causa.
…
-Te encontré. Aquí estás.
Grita alguien despertándome de mi sueño plagado de pesadillas. No me doy cuenta del frío que siento hasta que despierto por completo. Cierro los ojos y me coloco en posición fetal protegiéndome del frío. Estoy temblando, pero mantengo los ojos cerrados.
-Katniss.
-¿Cinna? –Murmuro.
-Sí, soy yo. No debiste venir arriba con el frío que hace ¿en que estabas pensando?
-Peeta. Aquí pasamos el penúltimo día antes de los juegos. Sólo quería recordarlo. –Empiezo a sollozando maldiciendo a mis malditas hormonas, que también tienen su parte de culpa en mi exacerbada sensibilidad.
-Está bien, Kat. Te llevaremos dentro ¿sí? Has estado toda la noche a la intemperie y no has traído abrigo.
Abro los ojos. Sorprendida me doy cuenta que es de día, cuando vine era de noche. Lo peor de todo es que está nublado y parece que va a llover.
Cinna me carga sin dificultad en brazos y yo sigo tiritando con la garganta aparentemente irritada.
-No puedo hacer esto, Cinna. No quiero encontrarme con Caesar, ni hablar con la gente que fue partícipe de la muerte de… él. No lo aguantaré. Haz algo, por favor. –Le ruego.
-No puedo hacer nada. Lo siento. Hoy deberás aparecer en televisión nacional y recibirás tu corona. Después podremos llevarte a casa, lo prometo. Te sentirás mejor cuando llegues allí. Si quieres marcharte pronto del Capitolio como me dijiste días antes, eso deberás hacer.
-¡Eso no es verdad! ¡Necesito a Peeta! ¡Todo está mal! Siento que estoy muriendo, que arrancaron mi vida en segundos.
-Los hijos de ustedes te necesitan.
-¡Necesitan al padre! No necesitan a alguien tan despedazada como yo. No necesitan a la asesina de propio padre.
-No fue tu culpa. Debes convencerte de eso. Será más duro para ti si sigues culpándote.
Tiene razón en parte, pero tampoco quiero hacer las cosas más fáciles. Peeta se fue para siempre y yo sigo aquí. No es justo. Yo deseo morir e irme a su lado. Si no estuviera embarazada… lo habría hecho al instante que Peeta murió.
No hablo el resto del trayecto, cuando me lleva a la habitación veo al doctor que me ha atendido últimamente, porque la mujer que pidió días libres por temas de salud.
Carlisle Cullen.
Sin embargo, lo ignoro, como a todos. Sigo temblando y lloriqueando cuando Cinna me deposita en la cama.
-Tiene fiebre. –Informa mi estilista. – ¿Podría darle algo, Dr. Cullen? Pasó la noche en la terraza. Debimos vigilarla más seguido en la noche, lo siento. Cuando Effie vino a verla estaba dormida. No sabemos en qué momento subió.
Siento que el hombre me toca y examina. Yo no hago nada más que estar en mi propio mundo y de vez en cuando mirar los llamativos ojos dorados del hombre. ¿También se hacen tratamientos para el cambio de color del iris? No importa demasiado.
-¿Algo fuera de lo normal?
-Ha hablado mucho sobre Peeta, y sobre la culpa. No es algo que no haya hecho antes, Pero hoy está más alterada.
-Debe ser por la fiebre en parte. –Espero que no quiera decir que estoy delirando porque no es así. –Le recomendaría que primero la ayude a darle un baño con agua tibia, no queremos que se enferme. Está volando en fiebre, le hará bien. Tomara unas pastillas para la fiebre.
Lo miro y Carlisle sonríe.
-No dañará a tus bebés. –Apoya su mano en mi vientre sobre la tela de mi chaqueta, como si estuviera hablando con una niña pequeña. Últimamente me siento así. –Ayudará a que te repongas más rápido. Después dejarás que tu equipo cuide de ti ¿de acuerdo?
Asiento.
-¿Alguna molestia más?
-Me duele la garganta.
-Se nota cuando hablas. Pasaste horas bajo el frío. Te daré algo para calmar esa molestia. Debes estar preparada para hoy. Por cierto, no vuelvas a hacer esto. No puedes enfermarte. Debes cuidarte mucho durante el embarazo, no son simples mellizos, casi sufriste un aborto en la arena. Y aunque ya te lo hayan dicho, te repito que debes hacer reposo hasta que lo consideremos necesario. También debes alimentarte bien.
-Lo sé. No quería… No pensé en eso. No se volverá a repetir. ¿Mis hijos estarán bien?
-Mañana tienes nuevo turno con un obstetra. Si no has sentido un dolor similar al de la arena y no hay sangrado, no hay nada de qué preocuparse.
No he sentido ese dolor nuevamente. Ninguno en absoluto. Mis bebés son fuertes… como su padre.
-¿Podemos hablar fuera? –Pregunta a mi estilista.
-Claro.
Ambos se van y me dejan sola. Hay cosas que nadie habla conmigo, pero tampoco me interesa saber cuáles son, mientras no afecten a mis hijos. Cinna vuelve a ingresar sin el doctor, y me prepara la bañera. Cuando está lista me alza y me ayuda a desvestirme, me quedo en ropa interior. Yo estoy tan débil que no me opongo.
-Debes resistir, Chica en Llamas.
En mi cabeza lo único que pienso es:
No puedo.
El agua supone un alivio para mi cuerpo, él lava mi cabello y después lo seca. No estoy sucia, sólo helada. Me quedo quieta, sin hablar y mirando a algún punto de la pared, pensando en todo lo que perdí y nunca volvería.
Peeta. ¿Dónde estás? ¿Por no vuelves junto a mí? No puedo hacer esto sola.
En algún momento Cinna me obliga a ponerme de pie y se encarga de colocarme un camisón, una vez que el secador de cuerpo ubicado en el suelo hace su tarea.
Me lleva a la cama y me recuesta en ella. Me tapa con las sabana y prometiendo que volverá en breve, con un balde, medicación y paños para reducir la fiebre. Me acurruco en cama entre las sabanas temblando por el dolor palpitante de mi cabeza y lloro aprovechando que estoy sola. Viene con Portia e Effie están con él. No les presto atención. A ninguno de los tres. Pero dejo que me cuiden como el doctor Cullen dijo.
Si yo estoy rota, debo dejar que alguien más cuide de mí y los hijos míos y de Peeta. No puedo hacerle esto a dos criaturas inocentes. Puedo destruir mi vida, pero no tengo permitido destruir las suyas. Peeta me odiaría si los dejara morir dentro de mi vientre. Él siempre quiso ser padre. Debo mantenerlo vivos por él y asegurarme que nazcan sanos, lo que pase después lo dirá el destino. Pero hay algo que nunca cambiará. Yo siempre le perteneceré a Peeta. Nunca habrá nadie más.
