Capitulo XI: Los recuerdos que me atormentan.
Una niña de largos cabellos azabaches con destellos azules, estaba tocando una hermosa melodía en su piano de cola, el único espectador era un hombre alto, de cortos cabellos azabaches con destellos azules y mirada azulada como la de su hija. Su pequeña llevaba un traje de ballet, pues era muy aficionada a la música y la danza desde su corta edad. Los dedos de la niña se movían creando las más hermosas melodías con las cuales entonaba las más bellas canciones para su único espectador. Su padre.
—Bravo… bravo… muy bien hecho hija—dijo su padre—has mejorado mucho últimamente.
—Gracias papá—dijo la pequeña—lo he hecho por ti—ella corrió hasta el sillón de su papá y se sentó en sus piernas, el hombre acaricio sus cabellos.
—Eso lo sé cariño—ambos ojos azules chocaron—te pareces mucho a mi.
—Y tu a mí—dijo la niña, el hombre estallo en risas—por que te ríes…
—Por lo que dices Aome—contesto su padre—eres tú la que se parece a mí… serás una mujer muy linda cuando crezcas.
—Wow, tan bonita como mamá…—ella se imagino de grande—me casare con un niño muy bonito y mis hijos serán muy bonitos ¿verdad?—el hombre volvió a estallar en risas.
—Sí, y ¿quién es ese niño bonito?… no me digas que es Rick Miller Kugawa, ese niño inglés… —dijo pensativo el señor Higurashi.
—Pero padre, Rick es muy bonito, tiene el cabello amarillo y sus ojos son muy verdes—dijo la niña haciendo un puchero. Su padre la vio sorprendido.
—Bueno hija yo diría que es rubio, y como es eso… solo tienes 5 años y ya te me quieres casar—el hombre volvió a estallar en risas, su hija tenia sus cachetes inflados del enojo.
—Papa, yo no me quiero ir con nadie, quiero quedarme contigo—hizo ojitos de borrego – y mamá, te amo papá. —ella lo abrazo.
—Y yo a ti mi linda princesa—el señor Higurashi beso la frente de su hija—nunca te dejare sola…
En ese momento el timbre de la casa sonó, algo extraño dado que eran las 8 de la noche, su esposa fue al hospital y dijo que después iría donde su madre a visitarla, y la servidumbre ya se había marchado, sospecho de aquellas amenazas en el tribunal, y temió por su pequeño tesoro.
El señor Higurashi bajo las escaleras, su hija lo seguía, sus pasos resonaban por toda la mansión, volvieron a toca pero no era el timbre ahora era la puerta y golpeaban fuertemente.
Padre e hija retrocedieron, cuando la puerta se rompió a causa de tan fuertes golpes.
—Corre a la cocina Aome—grito su padre, la niña hizo caso.
—De nada servirá eso—dijo uno de los hombres que entraba a la estancia—ya sabes a lo que hemos venido… no es así Higurashi.
—Su dolor es conmigo no con mi hija, déjenla en paz—exigió el señor Higurashi.
—Claro que la dejaremos en paz… pero antes—el hombre tronó sus dedos y la niña era traída por uno de los hombre, su pequeña forcejeaba con el hombre—ella vera a su papi sufrir.
Los hombres llevaron al señor Higurashi hasta el comedor y una vez ahí, comenzaron a golpearlo delante de la niña, lo golpearon, patearon y escupieron, no dejaban de darle golpes, tuvieron que callar a Aome amordazándola. No suficiente con eso, cuando el hombre estaba moribundo, sacaron un arma y dispararon a su pierna, Kino gimió de dolor, la niña lloraba y pataleaba ante la injusticia.
—Ya fue suficiente, es hora de que vea sufrir a su hija—rio cínicamente, le quitaron la mordaza a la niña—conocerás el dolor pequeña… es una lastima ya que eres una niña muy linda.
—No por favor, no nos hagan daño…—suplico Aome—no lo hagan… dejen a mi papá tranquilo…—las lágrimas resbalaban de sus ojitos zafiros.
—Niña, él ya está tranquilo—el hombre le dio un golpe muy fuerte a la niña en su abdomen, esta se doblo de dolor, luego comenzaron a abofetearla, y golpearla, pero uno de ellos empezó a bajar su mano por la entre pierna, la niña se estremeció y mordió la otra mano del hombre que la traía sujeta.
—Maldita mocosa—grito dolido, le planto un fuerte golpe en su carita, tirándola al suelo—pagarás, por eso.
El hombre comenzó a patear su vientre, su rostro, su estomago, diciendo cosas espantosa, la niña no podía ni llorar del dolor, sus partes íntimas sangraron, el hombre había pateado muy fuerte, su rostro estaba muy hinchado, sangraba, pero no sabía de donde salía tanta sangre, ya casi no veía, tenía los pómulos muy inflamados de tantos golpes, sintió que el hombre dejo de patear, y vio a su padre sobre él.
—Padre—susurro muy débil desde el suelo—no… padre…
Pero de su mente jamás borraría la escena en que ese hombre iba a dispararle a ella, el arma apuntaba hacia su cabeza, cerro sus ojitos al oír el tiro, sintió la sangre correr por su cuerpo y una calidez extra, cuando abrió los ojos vio a su padre sobre ella, este le sonreía con ternura, de su -boca salía sangre, el tiro perforo su pulmón derecho.
—Nuestro trabajo ya está hecho, gracias a Higurashi—dijo sarcásticamente uno de los hombres.
—Es una lástima—expresó otro—quería más diversión.
—Y la tendrás—hablo el líder con una sonrisa siniestra—quemen todo el lugar…
Los hombres entraron a la cocina, encendieron la estufa y dejaron que el gas fluyera, unos minutos después, cuando el gas estaba esparcido en el ambiente encendieron una véngala y la lanzaron hacia la casa mientras ellos corrían, no sin antes dejar advertida a la niña.
La cocina junto con la sala ardían en llamas las cuales se extendían hasta el comedor, la niña con sus pocas fuerzas empujo el cuerpo de su padre hasta la puerta trasera, ella hacia un esfuerzo sobrehumano, hacer rodar el cuerpo de su padre en esas condiciones, entonces pensó, en el jardín estaba kero su san Bernardo, un can muy grande, corrió hasta el patio y soltó la cadena del perro, este corrió junto con ella hasta la casa, la niña ato la cadena al pantalón de su padre e hizo caminar al perro hacia el patio.
Una vez en el patio ella se acercó a su padre y soltó al can, el cual ladraba y aullaba a las voraces llamas que quemaban toda las cocina, sala, comedor y sala de té, sintió que sus pulmones escocían, que su corazón latía más lento, que su cuerpo comenzaba a pesar, pero algo la saco de su ensoñación y fue la voz de su padre.
—Aome… eres muy… valiente…estoy orgulloso… de ti… — susurro el señor Higurashi— se fuerte… tu madre… ella… te necesita…
—Padre… no… tu prometiste que siempre estarías conmigo… — ella lloro, las lágrimas que no podían salir, salieron.
—Y así será mi niña… yo siempre estaré contigo… — su último aliento de vida expiro.
—Padre… padre—ella sacudía su inmóvil cuerpo—papá… no me dejas—sus fuerzas fallaron, ya no soportaba y se desmayó encima del cuerpo inerte de su padre.
Las sirenas del camión de bomberos se oyeron, también las de la ambulancia, pero un sonoro grito fue el que partió la noche de invierno, el grito de una madre al encontrar así, los cuerpos de su familia. Estaba semiconsciente, pero escucho claramente, aun sin entender.
—Tiene muchas contusiones y hemorragias internas además de muchas quemaduras—hablo una voz varonil—es un milagro que siga con vida—hizo una pausa lo que venía iba a romper su frágil corazón maternal—la destrozaron por dentro… si usted lo autoriza haremos una reconstrucción… pero su niña nunca podrá tener hijos… lo siento—el hombre puso una mano en el hombro de su madre
Su madre comenzó a llorar, ella también quería, pero no tenía control de su cuerpo.
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Ella estaba ahí, sentir el calor de las llamas la hizo darse cuenta que nunca borraría ese invierno de su vida, pero una mano se posó en su hombro, ella volteo a ver, era su padre.
—A mí, también me duele princesa, pero sé que vencerás tus tinieblas—se comenzó a transfigurar.
—No vuelvas a dejarme sola… — suplicó ella.
—Yo siempre he estado contigo—al instante desapareció.
—Padre…
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—Oh por Kami… Aome ha sufrido mucho—dijo la exterminadora viendo el espejo.
—Ella era muy joven cuando todo esto paso—afirmo el monje posando una mano en el hombro de sango la cual estaba gimoteando.
—Señorita Aome—dijo la pequeña Rin llorando— el señor Sesshomaru fue muy duro con ella—la niña volteo a ver al youkai, vio como sangraba de la palma de su mano, sabía que estaba enojado, pero no con ella, sino con aquellos malvados hombres. El youkai la vio su Yuki estaba muy elevado, vio como la joven sacerdotisa se retorcía a causa de su energía espiritual, el bebé sabía que su padre estaba cerca, por lo que la miko estaba empezando a expulsar de manera inconciente su poder.
—Basta señor Sesshomaru—dijo Kikyo—si sigue elevando su energía demoniaca, Aome podría purificar las raíces y usted sabe las consecuencias—el youkai la vio, pero el espejo gano su atención cuando otro recuerdo apareció.
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La niña de cortos cabellos azabaches y ojos tan azules como el mar, estaba cargando al pequeño sota, tarareaba una canción, su cabello se había quemado un parte durante el incendio así que tuvieron que cortárselo.
—Madre… porque me pusiste Aome… todos se burlan de mí—dijo la niña aun con el bebé en sus manos—y también dicen que soy muy extraña.
—Bueno es que cuando naciste vi un resplandor en tu pecho así—hizo el dibujo en la mesa— ¿y por qué dicen que eres extraña?—pregunto su madre.
—Es porque nunca han visto a alguien con un cabello negro azulado como el mío, y que mis ojos son muy azules, más que el cielo—dijo ella pensativa.
—Hija… eso es envidia, las personas temen a lo que desconocen y por ello lastiman a los demás—dijo sabiamente su madre—nunca hay que juzgar sin conocer…
—Si madre… eso hare—dijo la pequeña azabache.
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Una joven de cabellos azabaches estaba sentada en una peña apreciando un eclipse de luna, estaba sola, sus amigos estaban en la aldea, el hanyou estaba con Kikyo, y Kirk estaba vigilándola, ya no sabía que sentir respecto a eso, un ruido la alerto que no estaba sola y reconoció quien era son voltear a ver hacia atrás.
—Hola Sesshomaru, si buscas a Inuyasha está con Kikyo… muy lejos de aquí—dijo sin voltear a verlo y viendo que el eclipse estaba comenzando
—Así que no está contigo…—se convenció el youkai.
—Verdad que es mágico—dijo ella, él levanto su vista hacia el eclipse, y en efecto era espectacular—las personas temen a lo que desconocen, por eso temen a los youkais.
—Aun sigues a su lado—dijo el youkai— ¿porque?
—Él dijo que me protegería… confío en él—dijo ella.
—Te deja por otra—espeto él.
—Si… supongo que estoy condenada a que no me cumplan las promesas… pero yo no romperé las mías—dijo ella con una gran sonrisa—tu eres honorables ¿no es así? Me cumplirías una promesa.
—El solo la miro y asintió, esta chica era muy extraña.
—Prométeme que te sentaras a mi lado y terminaras de ver este eclipse conmigo… es que temo a la oscuridad…—dijo ella bajando la mirada—debes cumplirlo… lo prometiste.
—No digas tonterías—dijo el youkai dando la vuelta.
—Estoy acostumbrada a que no me cumplan las promesas— ella soltó un suspiro—gracias de todos modos—pero se sorprendió al ver al youkai sentarse junto a ella.
Esta sonrió, el eclipse iba a la mitad, ella se acercó al youkai, temía a la oscuridad y sentirse sola, el youkai la vio acercarse pero no le dio importancia. En el cielo no se apreciaba luna, todo estaba en penumbras, ella sujeto el brazo del youkai.
—Si temes tanto ¿porque lo haces?—cuestiono el demonio.
—Porque es algo que no vemos todos los días—contesto ella—además la oscuridad es solo la antesala del espectáculo—en eso la luz de la luna comenzó a aparecer—lo vez... viene lo mejor—dijo ella sonriendo.
El levanto su vista y era simplemente hermoso, como la luna renacía entre la oscuridad, como vencía las tinieblas con su luz, sintió el peso extra y vio a la sacerdotisa recostada en su estola, y solo por esta ocasión le permitió hacerlo, solo porque el momento era mágico.
—Gracias Sesshomaru, por compartir esto conmigo… será nuestro secreto—dijo ella levantándose y regresando a la aldea.
—De verdad que eres única… — susurro al viento—Aome.
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—Sesshomaru ¿Cómo explicas eso? Aome y tú se trataban—preguntaba el hanyou.
—No tengo porque darte explicaciones—corto el youkai—lo que haga o deje de hacer no te interesa.
—No me convence, porque fuiste a buscarla a ella si sabias que no estaba ahí, mi olor lo delataba… fue una excusa—dijo inuyasha. Sesshomaru lo vio con ojos asesinos. Su Yuki comenzó a aumentar.
—Inuyasha eres tan impulsivo—dijo sereno el youkai.
—No me evadas, que relación tienes con ella… porque la proteges… no eres tú el que odia a los humanos—grito el hanyou. El youkai comenzó a caminar dándole la espalda al hanyou, pero este se cruzó en su camino.
—Contesta Sesshomaru—exigió.
—Apártate de mi camino—gruño peligrosamente el taiyoukai.
—No lo hare… contesta—dijo con voz desafiante.
—Nadie me da órdenes y menos un hibrido como tú. —su Yuki demasiado, estaba por transformarse, pero una oleada de energía espiritual lo saco del trance. Aome había purificado el árbol, pero el espejo no se quebraba, significaba que ella se había quedado ahí atrapada.
—Aome… ¿Qué haremos ahora?—dijo el kitsune llorando.
—No se puede hacer nada, ahora ella pertenece al otro mundo—dijo Kikyo carente de emoción.
—Esto es tu culpa—grito el hanyou señalando a su medio hermano. Este no se inmuto.
—Su alma está atrapada en el inframundo—afirmo el monje. Un chispazo vino a la mente del youkai la única que podía ayudarlo era su madre…
—Andando—dijo el youkai tomando a la miko en sus brazos – visitaremos a mi madre…
—Tu… madre…—dijo Inuyasha—está viva.
—Y que pensabas Inuyasha, ella no es un débil humano—dijo el youkai.
—Amo Sesshomaruuuuuuu – grito el sapo bajando desde el dragón—he traído el atuendo que me pidió, como vera era el más fino y elegante que encontré, porque era el único de varias capas que había…— estaba exasperado sus sirviente no respiraba al hablar. Tomo el paquete y llamo a la exterminadora y a Rin.
—Mujer, tú y Rin vístanla—le dio el paquete—avísenme cuando terminen.
Sango tomo el paquete, era una kimono blanco con detalle de flores de loto en violeta, en la manga y cuello, el obi era de un color violeta, el kosode era crema y el kimono de encima era azul oscuro con detalle de bordados en las mangas y cuello de color plata, este se llevaba encima del kimono. La miko parecía una bella durmiente, el espejo la seguía donde iba.
—Solo una cosa les advierto—dijo Kikyo quien no iría con ellos—si no se dan prisa el espejo la absorberá pronto—sus serpientes la envolvieron y ella desapareció junto con ellas.
El youkai tomo a la bella dama y comenzó a caminar hacia el oeste, visitaría el palacio de las nubes donde su madre habitaba. El resto lo seguían en silencio, temían por la vida de la sacerdotisa, solo sango se fijó en el vientre levemente hinchado de la joven miko.
CONTINUARA
Próximo capítulo: Vamos al palacio de mi madre.
