Disclaimer: Casi ninguno de los personajes nos pertenecen. Son de SM a excepción de Edwina, a la cual le hacemos la operación jarocha cada noche para nuestra satisfacción personal. Si la hurtas te saldrán granos en el culo. La historia si es nuestra.
Edwina Cullen
By
Chiliwilas
(Dulce & White)
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Summary: Iba a restarle importancia y decir que era sólo una compañera, sin embargo, la telaraña había llegado a un punto interesante. Una sonrisa maliciosa se plasmó en mi rostro y, dando la espalda a Charlie, respondí: — ¡Oh sí, papá! Edwina es mi mejor amiga.
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No pudimos dormir después de eso, eran casi las cuatro de la mañana y seguíamos asustadas por ver la zonita prohibida de Alice. Rose estaba asqueada y curiosa, Alice muy satisfecha y yo deprimida como la mierda. ¿Por qué Edward no llamaba?
Nos dormimos casi al amanecer y, para mi desgracia, tuve extraños y escalofriantes sueños sobre flores y cosas que Dios sabe necesito olvidar con todas las fuerzas de mí ser. Ya en la mañana fui la primera en despertar, exactamente por mis pesadillas. Una vez despierta, Edward ocupó cada uno de mis pensamientos haciendo temblar mi labio inferior, no podía creer todo lo que me había dicho, aunque si lo pensaba detenidamente, había sido muy desconsiderada con él.
Y el feo monstruo de la culpa me asechó, necesitaba con urgencia algo para levantar mi ánimo así que bajé a conseguir algo que tuviese mucha azúcar y ojala estuviese cubierto de chocolate.
Al llegar a la cocina me encontré con mamá, envuelta en una bata, mezclando cosas.
—¿Buscas la cura al cáncer, mami? —pregunté fingiendo inocencia.
—Sí, sí, muy graciosa —respondió ella agitando su mano restándole importancia—, no importa lo que digas, tu papá ama mis hot cakes—terminó, dándose así misma una nalgada, provocando que mi cabeza chocara contra la puerta del congelador, con la desesperada intención de anular las imágenes mentales.
Mi santa madre rió divertidísima, y yo quise llorar.
—Hoy hay función en el moulin rouge, ¿recuerdas? así que… —dejó la frase en el aire.
Abrí los ojos más de lo necesario por la sorpresa, lo había olvidado totalmente.
—No, mamá, no puedes… —intenté explicarle que me había peleado con "Edwina" o decirle en su defecto que había muerto en manos del infame Edward, en un arranque de ira, pero ella se giró y me enfrento apuntándome con una cuchara de madera llena de mezcla que olía a pasta dental.
—No hay pero que valga, Isabella, se lo prometiste a tu madre y esas promesas no se rompen, señorita —soltó pareciendo indignada—. ¿Quieres que te recuerde cuanto me dolió cuando tu enorme cabeza de balón no salía?
Fruncí el ceño y arrugué la nariz molesta, de veras me parecía que exageraba, mi cabeza nunca fue tan grande, y si algún día llegó a serlo no era cortés que me discriminara de esa manera.
Pero no discutí porque conservaba mi instinto de supervivencia.
—Sí, mamá.
—¡Ésa es mi niña! —exclamó feliz, acercándose para darme un beso en la mejilla.
En cuanto mi madre volvió a su mezcla de misterio, mis ojos se elevaron al cielo y supliqué a quien me quisiese oír, haciendo exageradas muecas y gestos con las manos, rogando que por favor un meteorito me aplastara de una vez.
Tomé unas barras de chocolate de la alacena, y salí de la cocina, al llegar a la sala Rosalie y Alice estaban listas para irse.
—Ésas son mis amigas, las que me abandonan cuando el buque se hunde —reclamé llena de reproche apuntándolas con mis chocolates.
Rosalie se encogió de hombros.
—Sabemos lo del moulin rouge.
Gemí frustrada.
—Llévenme con ustedes, se los suplico.
—Lo siento, salgo de la ciudad con mi mamá —anunció Rosalie—. Reunión nacional de la asocian por la moral y las buenas costumbre para conservar la virtud de los jóvenes —explicó distraída hurgando en su mochila.
—¿Y dejan entrar a las rameras como tú? —pregunté incrédula.
—Claro que sí —respondió sacando un espejo— porque ellos, obviamente, no lo saben.
—Cierto, eres la virgen de Fátima si tu mamá pregunta —recordé, sacudiendo mi cabeza, sin terminarlo de creer—. ¿Y ahora qué hago?
No podía pedírselo a Alice, su mamá tenía una rara mierda con que nadie podía cruzar el umbral de su puerta, o arruinaría el perfecto equilibrio espiritual que hay allí.
Nos sentamos en la sala, esperando a que las recogieran. Me di cuenta que Alice caminaba raro y supuse que después de podar su jardín del Edén tenía comezón porque... de verdad... ella lucía como una vaquera mientras andaba.
Me preocupaba Alice, sabía lo difícil que había sido para ella abrirse y Jasper no había valorado eso, sabía que jamás podría hacer algo contra Edward, lo amaba demasiado, pero Jasper... oh, sí, él sí que me las pagaría.
Aunque probablemente no estaba enojada con Jasper, pero necesitaba desahogarme, ¡Oh, sí!
Entonces, recordé quién podría ayudarme.
—Chicas, creo que sé lo que voy a hacer —dije satisfecha, tomando el teléfono y marcando el número de mi mejor amigo.
…
—¡Jake! —chillé emocionada, cuando abrí la puerta de mi casa y ahí estaba él, con su cara tonta de siempre.
—¡Bella! —Exclamó, emocionado también envolviéndome en sus brazos y alzándome del suelo—. ¡Me da tanto gusto verte, amiga! ¡No sabes cuánto te he extrañado! ¡Qué detalle más sano el tuyo de buscarme! ¡Dios, esto es genial! ¡Santa Cachucha!
No, no se lo están imaginando. Jake tiene esta... forma de ser, optimista a morir, positivo, con esa sonrisa casi desquiciada que a veces no soporto mirar porque me asusta. Jake es alto, moreno y extremadamente guapo. Alguna vez lo había visto serio, cuando se concentraba en algo y debía admitir que mi amigo era sexy... pero sólo era necesario que algo lo distrajera y volviera a ver todo color de rosa en su idea de "la vida es genial". Además vestía la clase de ropa que usan los niños de cinco años, chaleco de lana, pantalones de vestir, cabello relamido y cosas así. Todo eso en conjunto lograba que me diera un poquito de miedo y no lo viera con esos ojos. Sabía que él tampoco me veía así, era novio de Leah, una chica sumamente extraña y con un problema de bipolaridad gravísimo, lo cual hacía que fueran así como la pareja perfecta.
Ambos estaban un poco zafados.
—Lo sé, me da gusto verte también. Ven, entra, quiero que conozcas a mis amigas.
Entramos a mi casa con Jake pisándome los talones. Podía sentir su efusividad detrás de mí, soltando exclamaciones ante cada cosa que veía como si fuera la primera vez que entraba a mi casa. "oooh's" y "aaaah's" por aquí y por allá hasta que llegamos a la sala, donde Alice y Rose seguían esperando a sus familiares.
—Jake, ellas son...
Ni siquiera me dejó terminar. Antes de que pudiera decir nada más él ya estaba dando grandes zancadas hacia ellas, con su sonrisa súper cordial y la mano extendida.
—¡Oh, es un gusto conocerlas! ¡Las amigas de Bella son mis amigas! ¡Soy Jake! ¡Genial!
Alice sólo le sonrió un poco.
—Námaste. Veo que tienes un aura muy limpia, me gusta, eres la clase de humano que me da paz —dijo ella, con sus manos juntas como rezando y un asentimiento de cabeza.
Sagrado Cristo... no los juntes, por favor, no hagas de ellos uno mismo...
—¡Oohh! ¡Genial! Eres algo así como una hippie, ¿cierto? —dijo Jake muy emocionado. Después trató de ponerse más serio, y haciendo ese gesto de concentración que lo hacía ver sexy, imitó la postura de Alice—. No hay pastel.
¿Uh? ¿Qué en la Tierra quiso decir Jake con los pasteles?
Alice lo pilló al vuelo.
—No, querido Jake. Ná-mas-te.
Oh, vale, eso lo explicaba todo.
Me di cuenta que Rose lo estaba devorando, deteniendo su mirada más de la cuenta en el culito respingón de mi amigo.
—Soy Rose, es un gusto conocerte también.
—Vaya, Bella, no me habías dicho que tus amigas son tan hermosas. Rose... ¡Eres bellísima! —dijo el final casi gritando, espantándonos un poco a todas—. Estoy tan contento. Muy emocionado... hilarante...
—Sí, casi paranormal —dije un poco exasperada de tanta efusividad—, Jake, te llamé porque necesito un favor... verás, mi casa va a estar un poco... inhabitable esta noche, y me preguntaba si podría irme a la Push contigo y talvez...
—¡Pijamada! Esto es súper guay... Sabes que mi casa es tu casa, Belli-Bolly, y todos te queremos allá. Leah va a estar feliz de tenerte con nosotros, últimamente ella está mejor, hay horas completas donde no dice groserías, ni nada. Genial, ¿verdad?
¿Belli-Bolly? ¿En serio?
—Sí, Jake, genial. Bueno, en cuanto mis amigas se vayan podremos irnos.
Jake abrió los ojos desmesuradamente y yo comencé a arrepentirme de esta brillante idea. Iba negando por el pasillo mientras nos dirigíamos a la salida, listos para partir en cuanto las recogieran de mi casa.
—Yo las llevaré, por supuesto —dijo, solemne—, de ninguna manera...
—Ésa de ahí es mi madre —lo interrumpió Alice—, y se molesta si la hago esperar, el tiempo corre y no nos espera, Námaste, chicos...
Y sin más salió de la casa y se subió al Volks Wagen rosado que su madre manejaba.
Ni cuatro segundos pasaron cuando la madre de Rose, con su habitual vestido azul marino con cuello de tortuga y broches en la garganta la recogió, no sin antes obsequiarnos una mirada reprobatoria y más a Jake.
¿Qué le pasaría a esa señora? ¿Por qué no le gustaban los penes?
Rose le dio una última mirada al trasero de mi amigo y con un suspiro se marchó de ahí.
—¡Bien, Bells! —gritó Jake, haciéndome soltar un gritito. Él se tallaba las manos con entusiasmo como planeando algo tan maravilloso como los dildos—. Vámonos, estoy ansioso por nuestra pijamada, esto es muy cool...
—Vamos, Jake —dije sonriéndole a mi mejor amigo, era raro pero sí que lo apreciaba.
. . .
—¡Bella, hace meses que no te paras por aquí! Es un gusto volver a verte, en serio —me dijo una sonriente y aparentemente normal Leah. Talvez lo que dijo Jake era cierto y ella de verdad se estaba curando de su enfermedad, talvez ella ya...
—¡PUTÍSIMA MADRE! —gritó de pronto, demostrándome cuán equivocada estaba.
—Muy puta, bebé, muy puta —dijo Jake.
Según en Doctor de Leah, lo mejor que se podía hacer era aceptar sus insultos como si ella de verdad no pretendiera insultar a nadie. Era ésa la razón por la que Jake y Leah hacían una fenomenal pareja. Él jamás perdía el temple en esta situación, y eso, aunque a veces me causaba mucha gracia como ahora mismo, me hacía sentir orgullosa de la clase de amor tan profundo que él le profesaba a su novia. Haría cualquier cosa por ella, la aceptaba tal cual era y con tal de estar juntos él hacía cosas bárbaras como aplaudir sus groserías.
Eso era amor.
Sentí el nudo pendejo en mi garganta por recordar a Edward disfrazándose de mujer con tal de hacerme feliz... y después sus palabras en el auto.
—Hijo de la gran marmota cachera —mascullé enojada.
—Sí, Bella, ¡eso es! —dijo Jake emocionado—, así también la ayudamos.
Claro, él pensaba que lo hacía por Leah. Vale, talvez esto sería mejor de lo que pensé, desquitaría mi coraje ayudando a Leah.
—Dime, Bella, ¿por qué decidiste visitarnos? —me preguntó Leah mientras comíamos nuestros rollitos de arroz con salmón dentro. Billy, el padre de Jake, tenía en la Push un restaurante de comida Japonesa, y él mismo preparaba muchos de los platillos, lo cual nos proporcionó una cena gratis de "Ojitos rasgaditos más no chinitos".
Un nombre bastante guay si me lo preguntan.
Yo tenía problemas con los palillos chinos, y me costaba mucho poder comer con ellos. Me desesperé así que los aventé lejos al otro extremo de la mesa.
—¡VÁYANSE A LA PUTA VERGA, PALILLOS DE COÑO! —gritó Leah en dirección a mis inútiles palitos. Le sonreí en respuesta.
—¡Sí, lárguense, pendejos! —dije emocionada. Jake sólo sonreía como un demente—. Pues, verás, Leah, no podía dormir en mi casa esta noche y no tenía adónde ir... me quedaré aquí, en casa de Jake, espero que no te moleste... si es así... yo...
—Oh, no, Bella, por favor. Sabes que confío en ambos... eres mi amiga también, y Jake además de ser el amor de mi vida es mi mejor amigo, por supuesto que no hay problema —me dijo muy sonriente y, de verdad, ella parecía sincera.
—Leah, muchas...
—¡PUTA! —gritó y sonrió, como si de verdad no hubiera notado que me acababa de gritar "puta".
—Una verdadera cualquiera, amor. ¿Quieres aderezo para ese rollito, bebé? —le preguntó Jake como si nada.
No me sentí ofendida, por supuesto, sólo pude sentir envidia de ver que había alguien capaz de amar incondicionalmente. Los había visto en lugares públicos, y hace meses el problema de Leah era peor que ahora. La Leah de ahora era un osito cariñosito a comparación de la de antes. En los lugares públicos nunca dejaban de verla, de señalarla o criticarla. Jake se limitaba a tomarla fuerte de la mano, de la cintura o de los hombros y besar su frente, su boca o lo que sea que tuviera cerca.
—¿Pensé que a veces dormías con tu novio? —dijo Leah casi como una pregunta, que de verdad no tenía ninguna mala intención—. Lo último que supe fue que Charlie ya los dejaba verse gracias a un plan tuyo, pero jamás nos dijiste qué plan era ése... ¡CHARLIE PUEDE IR A BESARLE LOS HUEVOS GRANULADOS A MI PADRE!
Con ése último no pude evitar reírme, Jake también lo hizo y Leah mientras seguía comiendo como si nada.
—Pues... sí. Bueno, decidimos —no es verdad, yo decidí pero eso no debían saberlo ellos— que si Charlie el "besa-huevos" pensaba que Edward era una mujer... y era mi amiga, talvez nos dejaría estar juntos.
Ambos me miraban con confusión. Suspiré y decidí se clara.
—Edward comenzó a disfrazarse de mujer, simulando ser algo así como mi mejor amiga, se hacía llamar Edwina y, sí, Charlie se lo tragó todo. Pero eso ya es pasado. Edward y yo terminamos.
—¡Espera! —dijo Jake poniendo las manos frente de sí mismo como si estuviera deteniendo el tránsito—. ¡Me estás diciendo que tu novio se disfrazó de mujer por ti?
—Sip.
—Vaya... eso es... genial... —Y llámenme la persona capaz de acabar con el entusiasmo de Jake en un momento. No pasaron ni tres segundos cuando Leah y Jake ya estaban retorciéndose de la risa. Leah soltaba improperios al azar y Jake se los apoyaba y ambos reían como locos.
Búrlense de mi puta suerte, ¿por qué no?
Vale, yo también comencé a reírme después de eso.
Una vez nos calmamos del asunto, Jake recuperó el hilo de nuestras ideas.
—Dijiste que ya habían terminado. ¿Cómo es eso?
Les expliqué la pelea en su auto, lo que me dijo y cómo me sentía, las razones por las cuales Edward tenía derecho a molestarse y las cuales yo tenía derecho a decidir que no me interesaba su puta molestia.
—¡QUE VAYA A OLERLE LA PANTUFLA APESTOSA Y CANOSA A SU JODIDA ABUELA! —gritó Leah, esta vez claramente molesta, así que no estaba segura si era parte de su enfermedad o si de verdad se sentía indignada. Aun así me sentí agradecida de tener su apoyo en esta situación.
—Una pantufla horrible, mi vida —dijo conciliadoramente Jake, pero después me frunció el ceño como diciéndome "aquí no acaba el asunto".
Fuimos a dejar a Leah a su casa, que no estaba a más de cinco minutos caminando. Iban demasiado amorosos —a excepción de los momentos de ira de Leah que de pronto tenía, insultando a Jake con cosas espantosas que no sé muy bien cómo mi amigo las podía soportar—, así que yo decidí distraerme con mi celular. Lo saqué de mi bolsillo, desde que salí de mi casa que no lo miraba. Me di cuenta que lo tenía en silencio, y era por eso que no me di cuenta que tenía cinco mensajes y tres llamadas perdidas.
Eran casi ya las diez de la noche.
El primer mensaje lo recibí a las tres de la tarde con trece minutos.
"Rose y yo vamos a pasar la tarde juntas, talvez nos hagamos un baño de cebolla.
Alice."
El segundo era a las cinco con cinco minutos.
"Emmett se acaba de enamorar de mí y quiere meter su polla en mi cuevita. Así de sexy soy, nena.
Jasper."
¿Qué mierdas...?
Bueno, al menos me daba gusto que, a pesar de que Edward fuera un cabrón hijo de la chingada, Jasper siguiera siendo mi amigo.
El tercero era diez minutos después del de Jasper.
"Si ves a Rosie dile por favor que la amo, no quiere responder su celular. No le cuentes a Edward ni a Jasper de este mensaje.
Pd. Si Jasper te cuenta algo referente a mí no le creas, debe ser mentira.
Emmett."
Vale, todos se estaban volviendo locos.
El cuarto era a las seis en punto.
"Tu hombre sexy de cabellos cobrizos y tetas envidiables llamó. Chantajeó mi cordura y tuve que ceder. Sabe que estás con Jacob. Me tomé la libertad de describir a tu amigo como un dios griego, cosa que se acerca mucho a la realidad omitiendo la parte donde luce un poco más bizarro que yo, lo cual es casi imposible. Rose y yo te queremos, estamos tomando nuestro baño de cebolla y discutiendo si es mejor dejar el vello púbico crecer o podarlo.
Alice".
Iugh...
Vale, de tres cosas estaba segura.
Una, el mundo estaba de cabeza, loco, loco, y yo era la última especie cuerda del universo.
Dos, Alice era la peor y mejor amiga que podía tener, demasiado débil para guardar un secreto pero lo suficientemente inteligente y loca como para hacerlo benéfico para mí.
Y tres... el quinto mensaje era de Edward...
A las siete con dos minutos.
"Acabas de despertar a la peor bestia que hay en mí.
Edward".
Vale, estaba un poquito asustada —y excitada— de lo que la bestia ruda de Edward podría hacerme, pero al menos por ahora estaba muy segura aquí en la Push, nada me iba a pasar, ya me enfrentaría a él pasado mañana cuando lo viera en el colegio.
Jake y yo regresamos a su casa después de dejar a Leah en casa. En cuento cruzamos el umbral de su puerta él me tomó por los hombros y me obligó a sentarme en el sofá de su sala.
—Debes hablar con él —me dijo en un tono serio que nunca le había visto antes—, sabes que no soy machista, y mucho menos me pongo de parte de nadie que te lastime, pero esta vez la cagaste, masivamente.
Abrí la boca y la cerré, entre furiosa por su falta de solidaridad y mi desconcierto por verlo tan serio también.
—¿Qué? —fue todo lo que atiné a decir.
—¿Te das cuenta de lo que vestirse de mujer para un hombre significa? No es cosa de orgullo alfa o machismo, es cosa de naturaleza. No supiste valorar eso que él hizo por ti. Su hermano se burló de él, en la escuela lo ridiculizaron y tú a veces hasta te reías con ellos, ¿no es así?
—Sí... pero...
—Pero creíste que podías reírte de él, ¿por qué no hacerlo? Después de todo ya se vestía de mujer por amor a ti, ¿qué más daba aguantar tus burlas si ya aguantaba usar vestido?
—Jake... yo no...
—Exactamente, Bella. Tú ni siquiera pensaste.
Suspiré derrotada. Tenía razón y a mí como que me cagaba de sobremanera no tener razón.
—Hablaré con él mañana, ¿de acuerdo?
Nos fuimos a dormir después de eso. Ya me estaba quedando dormida cuando mi subconsciente comenzó a engañarme.
—Cállate, cabrón, deja de hacer tanto ruido o vamos a despertarlos a todos...
Ésa era... era la voz de...
—Ya, ya, Eddie, cierra tu piquito y sube en mis hombros...
No... no, no, no... ellos no estaban haciendo esto...
.........
Una tarde lluviosa, que iba acorde con el estado de ánimo de WhiteBella, ésta comenzó a preguntarse dónde estaba su enana, pixie, hiperactiva y loca amiga de AliceDulce.
—¿Dónde podrá estar esa loquilla? —se pregunta mientras cepilla sus largos rizos que caen sobre su espalda mientras suspira ante su reflejo en el espejo—. Es todo lo que puedo lograr —termina con derrota.
Entonces, como un torbellino negro, la pixie hiperactiva loca por las compras, más conocida como AliceDulce, entra en la habitación parandose justo detras de su amiga.
—¡WhiteBella MarieJena SwanBerenjena! —gritó con lo brazos en garra mirando el reflejo de su simplona y antisocia amiga— Así nunca vas a conquistar al sexy capitan del equipo de futboll y play boy que es mi hermanito —canturreó haciendo gala de toda su bipolaridad enferma, mientras se lanzaba de cabeza al armario de WhiteBella— ¡Esto es un horror, iremos de compras! —gritó desde dentro.
WhiteBella, con cara de horror ante la idea de pasar setenta y tres horas con diez minutos y cuarenta segudos en un centro comercial, comenzó a negar frenéticamente con la cabeza.
—AliceDulce... esta vez no me vas a convencer —dijo, abiendo que al final, los pucheros de perro Chihuahua de su amiga iban a hacerlo—, sabes que éste es mi estilo, la ropa sencilla va más conmigo. No quiero usart tacones de muerte, sabes que daré dos pasos e inevitablemente moriré. Me gusta la ropa de hombre, floja, cómoda...
Quería seguir hablando, pero AliceDulce dando golpecitos en el suelo con su diminuto pie (muy diminuto, medía dos centímetros) comenzó a darle miedo. AliceDulce era pequeña, pero tenía la fuerza de Sanzón.
—Nada de eso, a la escuela llega una nueva alumna y todos hablan de lo sexy que es, no querras que mi hermanito se fije en ella ¿no? —la pixie, seguia agitando su pie y sonrio complacia cuando vio la mueca de su amiga, nadie sabia como lo hacia pero tenia un sexto sentido infalible... la verdad era que tenia television satelital y se entraba de todo antes que los lugareños, pero eso nadie debia saberlo— Su nombre es Edwina y tiene unos pies enormes —siguió pinchando a su desaliñada y marimacha amiga.
—¿Edwina? Suena a que es sexy... me gustaría dejar de ser la tonta WhiteBella... Si tan sólo a algueins e le ocurriera la idea de convertirme en la zorra del colegio y cambiarme este aspecto, no sé, una idea tan genial como que me hagan un Fashion emergency y yo me vuelva popular... una idea tan genial como hacer NA parodiando los fics cliché.. —dijo WhiteBella, triste y no esperando en absoluto que esa idea la tuviera la duende.
En ese momento, entro RoseLiz molesta porque tuvo que darle collejas a EmmettCelesto todo el día.
—Mi osito es tan tonto, otra vez confundio el timbre con la alarma de incendio—comentó rodando los ojos— si nuestra relacion no fuera un jodido cliché ya no lo soportaria, pero yo soy rubia, hermosa y amargada y el es extremadamente guapo y musculoso, es el destino —suspiró dejandose caer en la cama de WhiteBella
WhiteBella envidiaba la relación entre RoseLiz con EmmettCelesto, siempre amándose, follando en la cocina mientras todos desayunaban y EmmettCeleste sufriendo violencia intrafamiliar.
—Me gustaría que el destino me pudiera dar a alguien así, como SofyEdwardKiller —susurró sin pensar, para después ponerse de un rojo imposible, de verdad era imposible, la realidad era que se embarró de ketchup—. Oh... yo no dije... —pero era demasiado tarde, AliceDulce y RoseLiz ya la miraban con un brillo diabólico.
Oh, oh... esto no podía ser bueno.
AliceDulce maquino un plan a tanta velocidad que parecia imposible, pero ella tenia otro secreto, toda su energia por supuesto que no era natural, era cocainomanca y su guapisimo novio JasperAlejito la abastecia, literalmente, de su droga personal.
—¡Compras! —Chilló a todo pulmón, mientras su ceja derecha temblaba y su ojo se cerraba y abria en un desagradable tick...
*Horas más tarde en el centro comercial y luego de quitarle el frasco de salza de tomates a WhiteBella, la tres amigas estaban fuera de la tienda Victoria's Secret*
WhiteBella estaba cansada, no sólo de caminar sino de escribir esta NA que ya no tenía un punto de dónde acabar. Pero lo peor y mejor de su día ocurrió.
—Hey, enana —dijo la suave, sedosa, algodonada, sexy y orgasmeante voz de SofyEdwardKiller, haciendo que a WhiteBella se le erizaran los vellos de la nuca y se pusiera rosita como el culo de un bebé—. Hey, amigas de mi enana hermana, soy EddiePlayBoy, y seguramente todas me desean porque soy irresistible pero deben saber que la marimacha aquí presnete de WhiteBella cambiará, me seducirá y yo dejaré de ser u cabrón de mierda para volverme fiel y decente, pero eso no ocurrirá aún.
White: Lo que sí debe ocurrír ahora es que djemos de escribir esa mierda cliché porque ya no sé dónde demonios terminar. Hola =)
Dulce: ¡Oh, sí! Porque eso, fue raro, hasta para mí.
White: Fue tu ideaaaa... en fin. lamentamos la tardanza y no pienso alargar lo inalargable a menso que sea el pene de Edward, así que sólo puedo pedirles disculpas y esperar que disfruten a Leah bipolar y Jake positivo. en el Cap que viene: El secuestro. Las amo!
Dulce: Las amamos, como amamos amarlas, y ya saben nos leemos cuando nos leamos, porque si no nos leemos, no nos leeremos, un beso dulce y uno blanco Já, Jena, lo dije! aunque vomites.
White: Ni siquiera entendí. ¡NO HAY PASTEL!
.
Las alas que nos llevan a volar no se encuentran en nuestras espaldas, sio en el redondo culo de Eddie que nos inspira día a día
Cambio y fuera.
