Nos cedamus amori
Anakin se encontraba entrenando con un maniquí de madera, no necesitaba demasiado esfuerzo, ya que sabía cómo moverse de un lado a otro y empezaba a aplicar ciertos movimientos que vio de la joven consejera en su duelo, hace ya varios días; pero Vizla no era un hombre muy paciente y le hacía hacer demasiadas lagartijas y pesas que lo hacían sudar hasta el cansancio, ya estaba acostumbrado a sus maltratos y desde que llegó a la ludus, su comportamiento había mejorado un montón, pero no se dejaba caer por las manipulaciones de Vizla ni del Emperador y de su hijo ni se diga. Hablando del príncipe, se había dado cuenta en la celebración en honor a los consejeros recién llegados, que el príncipe Paolo, se la pasaba pegado a Padmé todo el tiempo y a pesar de no saber por qué, sentía molestia ante esas acciones; pero lo peor del caso, es que ni siquiera lo sabía, Anakin sabía que Padmé era una mujer hermosa, bueno a quién engañar, para Anakin era la mujer más hermosa del Imperio y del Universo y ninguna diosa romana, griega y egipcia, podría comparársele.
- Eres una vergüenza, Skywalker – lo llamó Vizla enojado, él seguía frustrado de su derrota en contra de una jovencita extranjera – quiero veinte más – le exigió, a pesar de que Anakin ya llevaba más de ciento cincuenta lagartijas hechas y a pesar de que no lo vio a los ojos, su mente y su cuerpo se tensaban más por el hecho de que le pidió más esfuerzo; no se quejaba del ejercicio, sino de la arrogancia que mostraba su amo actual.
- "¿Veinte más? Ya llevó más de cien lagartijas hechas" – todos aquí en la ludus, odiaban a Vizla con todo su ser, por su egolatría y por su vanidad combinadas y agregándole el maltrato cotidiano que les daba a sus empleados, por eso todos se esforzaba por llegar al rango de soldados imperiales, porque al menos estarían libres de participar en las peleas, de toda la humillación y sobre todo, libres de Vizla, claro que corren el máximo riesgo de estar al mando del Emperador, pero así siguió contando cumpliendo con los caprichos de su entrenador.
- Tienes que superarte Skywalker, no podemos permitir que una señorita extranjera venga a vencernos – dijo frustrado y viendo a la ventana izquierda, Anakin pensaba que el avergonzado era él, que ellos no tenían nada que ver con su falta de humildad - ¡más rápido, debes ser todavía ágil cuando te enfrentas a un guerrero! No me importan tus debilidades, quiero…. – seguía gritándole casi al oído, pero fue interrumpido por uno de los gladiadores.
- Entrenador Vizla – el gladiador Kit Fisto, tuvo que esforzarse para hablar fuerte, pero sin hacerlo demasiado para que no pensara que un esclavo le exigía a su amo, habiendo aprendido de muchas ocasiones en que él y otros compañeros, sufrieron de eso por otros amos.
- ¡QUÉ! – exigió molesto y Anakin sin que se diera cuenta, descansó por unos instantes.
- Hay alguien que quiere verlo – continuó con su mensaje – me dijo que quería hablar primero con usted – con un suspiro de exaltación, Vizla se fue acercando a la puerta y se dirigió a la zona a la que lo guiaba Fisto; Anakin se fue a descansar por el momento, ya había sido suficiente con el entrenamiento de hoy. Además de que debía alimentarse, para esperar la llegada de su mamá y en la noche, Vizla los llevaría al bosque a seguir entrenando. Mientras tanto, Vizla llegó a la entrada y se dio la sorpresa de saber que era nada más y nada menos que la princesa Padmé.
- ¡Princesa Padmé! – dijo sorprendido e hizo reverencia, claro que Padmé giró sus ojos, no estaba de humor y lo que menos necesitaba, los falsos halagos del hipócrita de Vizla - ¡Qué agradable sorpresa! Lamento no recibirla como se debe, pero me encontraba entrenando con uno de los muchachos – por más que quería volver a girar los ojos y gritarle por el dolor que sentía, debía aguantarse porque no quería tener problemas ahora con su suegro; ya que Paolo se inventaría la excusa de ser el inocente y que se aprovechara de su papel de marido, para evitar ser el responsable de su violación.
- Vizla, le pido que dejemos los halagos por hoy, ¿sí? – dijo lo más tranquila que pudo, Vizla hizo una reverencia confundido – Quisiera tener una audiencia con el gladiador Skywalker, necesito hablar urgentemente – fue directo al punto, para que no se hiciera más larga la conversación de lo que ya era – tengo que hacerle un aviso importante y requiero de sus servicios también – de repente sale Caspio, quien acababa de llegar para hablar con Vizla.
- ¿Puedo preguntar para qué necesita al joven Skywalker, my lady? Digo no es por dudar de su juicio, pero…. – dijo acercándose para hablarle a susurros – pero Skywalker no es de los más indicados para estar cerca de una dama – dijo mintiendo, de alguna manera Vizla quería tener algo que ver con Padmé, pero debía ser cauteloso, un paso en falso y sería su fin.
- ¿De qué está hablando, Vizla? Skywalker se ve como uno de los mejores gladiadores de su ludus y lo ha demostrado enfrente de Roma – dijo imponente, no iba a dejarse engañar por un mentiroso como él – además, también logró equipararse a la agilidad de la consejera de Sicilia y no dudo que sea consciente de la importancia de lo que le voy a pedir – en realidad no le iba a pedir nada, pero necesitaba a alguien con quien pasar la tarde, para no tener que soportar a su marido esta noche; además, no tenía por qué darle explicaciones a alguien que es igual que Paolo y por la simple razón, de que no quería a ese señor contando el chisme a medio mundo.
- Me parece que el joven Skywalker, tiene la habilidad suficiente como para defender a la princesa y/o incluso al Emperador – eso espantó a ambos, Caspio entró por atrás sin aviso y tenía la intención de encontrar al príncipe Paolo para iniciar con su plan, pero ahora escuchando la situación actual y teniendo a la princesa Padmé en frente, podía jugar sus cartas de manera diferente e incluirlo en su estrategia.
- Pero…pero….pero – intentó reclamar, pero Caspio volvió a interrumpirlo.
- Nunca hay que dudar de sus aliados señor Vizla – le respondió de nuevo – además, yo también venía para solicitarle que me otorgara a algunos de sus soldados para proteger a mi esposa y algunos de mis colegas ya que como el Emperador y usted saben, que hay rebeldes entre los esclavos y los ciudadanos de Roma – Vizla asintió e intentó volver a hablar, pero Caspio lo volvió a interrumpir – además, con los rumores que existen sobre los germanos queriendo invadir el Imperio, no creo que sea buena idea dejar que nosotros paseemos por la ciudad solos, ¿no cree? – le fue explicando mientras lo iba alejando de Padmé y le hizo señas a ella de que pidiera su cita, mientras mantenía distraído al jefe. Y ella de inmediato, mandó a otro de los gladiadores a llamar a Anakin, mientras tanto, ella se dirigió a la sala de visitas y lloró por otros quince minutos, ya que Anakin estaba terminando de arreglarse para ver a su madre.
- Me alegra que hayas encontrado a tu mamá Anakin – le comentó Obi-Wan a su amigo – jamás pensé que ella iba a terminar como dama de la princesa, sin ofender Anakin – le dijo humildemente y era verdad, ya llevaba quince años trabajando ahí y a pesar de haberla visto un montón de veces, jamás la había reconocido.
- Ni yo, Obi-Wan – dijo sonriendo, terminando de ponerse la túnica nueva que les trajeron hace dos días, porque la otra ya era vieja, estaba sucia y necesitaba repararse de las mangas; después de cerca de un mes de estar bajo las órdenes de Vizla, dudaba mucho que la ropa duraba por tanto tiempo – pero me alegra que esté cerca, bueno….cerca no tanto, porque no puedo visitarla todo el tiempo, ya que está bajo la vigilancia del Emperador y sus guardias, lo que me impide naturalmente ir a verla.
- Estoy seguro, Anakin – comenzó mientras Anakin terminaba de arreglarse – que algún día, serás nombrado soldado imperial, dedicado a proteger el palacio – Anakin, bufó y rió con él – pero debo preguntarte algo.
- ¿Dime? – preguntó antes de salir.
- ¿Sientes algo por la princesa Amidala? – preguntó curioso, lo que causó pánico repentino en su joven compañero.
- ¿Qué….có..cómo dices, Obi-Wan? – preguntó muy nervioso, el hecho de que ella fuera una mujer muy hermosa, no era lo mismo con el hecho de que fuera la princesa heredera al trono y casada con el hijo del Emperador; sin embargo, debía admitir que su sola presencia lo hacía estremecer de rodillas.
- Anakin, se notaba en tu mirada en la fiesta – le contestó seguro, sonriendo ligeramente al verlo temblar – se podía ver a kilómetros, que la interacción que el príncipe tiene con la princesa te causa tensión, más el hecho de que con sólo verla de lejos, te hace sudar e incluso, con tan sólo nombrarla puedo hacer que tus rodillas tiemblen hasta que te caigas – Anakin suspiró rendido, sabiendo que jamás podría vencer a su mejor amigo en eso.
- ¿En serio es tan obvio, Obi-Wan? – preguntó recargándose en la pared, esperando un regaño que seguramente ha de llegar.
- Al principio no lo era, ya que nunca te había visto cerca de ella….o al menos, nunca había visto tu reacción hacia ella, hasta que sucedió la fiesta de bienvenida y el pequeño duelo al que los retó esta consejera de Nápoles – al pensar en esa jovencita, se le hizo muy extraña su repentina aparición, pero sabía que era un tema delicado que debía tratar después, porque no quería meterse en problemas fuertes y menos, si se trata de la unión de esas tres naciones con Roma; pero era demasiado extraño que después de quince años de persecución y de la "desaparición" de aquellos reyes, de la nada llegaran estos consejeros a querer reconstruir aquella unión que no han podido realizar el Emperador y su consejo.
- Es que…no sé qué hacer, Obi-Wan – comenzó sin dirigir la mirada a ningún lado, pero pensando en ella y nada más en ella – cuando la vi por primera vez en su balcón, sin saber que era ella, fue un momento mágico e incluso pensé que era un ángel enviado por los dioses – explicó Anakin, mientras Obi-Wan analizaba su predicamento, comparándolo con su situación con Satine, pero Anakin corría con un riesgo mayor, porque con su relación con Satine….era un poco menos arriesgado, ya que podría vencer a Vizla en un duelo con facilidad y Satine conocía a ciertos colegas que podrían ayudarla a separarse de Vizla sin problemas (según lo que ella le había dicho); sin embargo, Padmé era un asunto completamente distinto, porque estamos hablando de la mujer de Paolo de Roma, hijo primogénito de Palpatine y cualquier intento por aniquilarlo o arrebatarle a la esposa, sería considerado como traición y no estaba dispuesto a perder a alguien más - ….luego, cuando llegamos a la fiesta después de la reunión que ella arreglo con mi madre, no he podido dejar de observar cada movimiento que hace y…. – su relato regresó los sentidos de Obi-Wan y asintió recordando que su amigo le había contado que la princesa había traído por primera vez a su mamá, hace como tres o cuatro días, después del torneo en el Anfiteatro.
- Y supongo que, desde entonces, no has podido dejar de pensar en esa bella joven ¿o sí? – Anakin negó con la cabeza, aceptando la realidad, pero aún sin entender lo denso de su sentir hacia la hermosa princesa y sin siquiera saber que era a ella a quién vería.
- No y es horrible, porque sé que está mal lo que siento – suspiró nervioso – pero no puedo evitarlo, es como si sus ojos hubieran penetrado los míos en esa noche y que su alma se impregnara con la mía – Obi-Wan asintió, recordando perfectamente esa sensación cuando conoció a la mujer de sueños hace tantos años.
- Te entiendo, Anakin – le dijo dándole unas palmaditas en su hombro, dirigiéndolo a la puerta, pero debes entender que tu vida cuelga de un hilo, si te acercas demasiado a ella, no porque ella sea el problema, sino porque ella está casada con el príncipe de Roma y por más fastidioso que sea, no puedes arriesgarte a que el príncipe busque una excusa para eliminarte de esta vida y más, dándole la oportunidad de difamarte por algo que no has hecho – le dijo preocupado y Anakin entendió completamente su preocupación.
- Lo sé….pero eso no lo hace más sencillo de lo que ya es – terminó con una sonrisa a medias y se dirigió a la sala donde su madre lo estaba esperando, sólo que….cuando entró a la sala, se sorprendió de ver que su madre no estaba en ningún lado e incluso pensó que era la habitación equivocada, hasta que escuchó un llanto ligero del otro lado de las cortinas de seda. Decidió entrar para ver si era su madre, cambiando en modo protector, pero cuando entró se dio cuenta de que su madre no era quien lloraba, sino… - ¡Padmé! – llamó angustiado y quería abrazarla así como a su madre, pero recordó las palabras que le dio Obi-Wan y decidió no hacerlo.
- ¡Anakin! – contestó sorprendida, no esperaba que llegara tan pronto, aunque en realidad pasaron cerca de veinte minutos de su espera y suspiró aliviada de ver que la puerta estaba cerrada, pues no quería que la escucharan llorar los demás gladiadores – No te esperaba tan pronto, pensé que te estabas arreglando después de tu entrenamiento – le dijo nerviosa, tratando de secar sus lágrimas, pero Anakin no podía dejar de sentir que su corazón se le rompía cada vez una lágrima salía.
- "Tranquilízate Anakin, no pierdas la compostura….ELLA ES UNA PRINCESA….la más hermosa de las princesas en toda Roma, pero ella ya es casada" – discutía para sus adentros – de hecho sí me arreglé, tardé como veinte minutos en hacerlo – se aclaró la garganta, para evitar el silencio incómodo – pero siendo honesto, no esperaba verla a usted aquí – cuando se dio cuenta de su error, se puso todavía más nervioso y trató de corregirlo – no que no sea un placer verla, domina – continuó nervioso y sonrojado – pero esperaba que mi madre viniera a verme – Padmé se acordó de la razón de su visita y reaccionó saliendo de su trance.
- Ah cierto, Shmi me pidió que te dijera que no podría venir, porque le duele la espalda – Anakin abrió los ojos, pero estaba agradecido de que le avisaran porqué no iba a verlo hoy.
- ¿Está bien? ¿No es grave lo que tiene? – preguntó angustiado, aún no creía del todo que la princesa era del todo tan buena persona, como su madre dice afirmar.
- ¡No, gracias a los dioses está bien! – dijo lo más tranquila que pudo, tratando de no sonar alterada por los sucesos de anoche – Lo que sucedió es que Shmi se esforzó demasiado en ir y traer tantas cosas que pidió el Emperador, que anoche terminó muy cansada de la espalda, a pesar de que le ayudó bastante y en todo momento otro de los soldados.
- Oh, entiendo – suspiró más tranquilo, pero aún con la angustia y la duda del porqué su domina estaba llorando en la sala de visitas - ¿hay algo más en lo que le pueda ayudar, my lady? – la cara de Padmé se transformó de una sonrisa ligera a una de decepción, no hacia él, sino por lo obvio de la situación ella era la princesa y él no podía acercarse a ella, pero muchas veces ella deseaba que a él no le importara su estatus y que se atreviera a hacer lo que ella deseaba.
- No…sólo era eso – Anakin percibió la tristeza en su voz y vio cómo empezó a dirigirse hacia la salida; pero justo en eso, vio sus brazos y se dio cuenta de que tenía cicatrices recientes y eso, lo hizo estremecerse y no sólo eso, una parte de su vestido morado daba a mostrar las antiguas y no tan antiguas marcas de los maltratos de Paolo y Palpatine – espero que tengas un día excelente, Anakin – se despidió pero no contó con que él la tomaría del brazo derecho y la haría voltearse con delicadeza, quedando frente a frente y ambos, tenían problemas para poder recordar respirar.
- Perdone, domina fue inapropiado de mi parte – se disculpó Anakin, sin saber porqué reaccionaba de esa manera – pero quisiera hacerle una pregunta – Padmé se quedó asombrada, pero en lugar de contestar sólo asintió con la cabeza y Anakin tomó una buena bocanada de aire para obtener el valor que necesitaba para hacer su pregunta - ¿por qué tiene cicatrices? – su pregunta salió de sus labios mucho antes de que pudiera procesarla y temió por la reacción de la princesa; sin embargo, a pesar del miedo que sentía Padmé, sabía que Anakin no era una mala persona….es más, podía decir que era infinitamente mejor que su marido y que de alguna manera, ella podía confiar en él sin lugar a dudas – Perdone mi atrevimiento, domina….es sólo que….yo también tengo cicatrices, debo decir que demasiadas – dijo tímido, pero a Padmé le pareció muy tierno y sin querer, pensó en cómo sería quitarle su túnica para poder admirarlo completamente – sin embargo, yo las tengo por ser esclavo y por desobediencia….en cambio usted, no puedo pensar en ninguna razón por la que haya merecido esas marcas – terminó con un suspiro y Padmé se enterneció por su sinceridad e incluso pensó que se le iban a salir unas lágrimas por su valor.
- Tal vez no estés tan equivocado con respecto a eso, Anakin – empezó a responder, lo que dejó a Anakin con cara de confusión, pero la dejó hablar – seré la esposa del príncipe de Roma, pero soy todo menos eso, una princesa – admitió sintiendo que la amargura regresaba a su ser, pero le extrañaba que pudiera confesarle todo a él, cuando sabía que ella era su enemiga….no porque ella quisiera, sino porque así lo establecieron sus vidas – yo no quería casarme con el príncipe cuando sucedió, mis padres son comerciantes en los bordes del Imperio en Britania y cuando llegó el Emperador buscando una mujer para Paolo, llegó con los rumores de encontrar a la mujer más bella en ese país y la encontró y mis padres con la búsqueda de ampliar su negocio, aceptaron la oferta del Emperador y él les concedió su deseo – suspiró sentándose sin poder verlo directamente, su mente dentro de los recuerdos del pasado y Anakin, por más que quería estar con ella y consolarla en su lamento, no quería ofenderla con su presencia – mientras que yo, sigo siendo una esclava dentro de las cuatro paredes de un palacio sin fin – Anakin la vio confundida y se atrevió a ponerse en frente de ella.
- ¿Cómo es eso?
- El hecho de no estar encadenado o estar dentro de un calabozo, no quiere decir que no sea prisionera de los deseos y órdenes de Roma – dijo seriamente, pero sus ojos delataron sus lágrimas que empezaban a derramarse – viste las marcas en mi espalda supongo – aunque no era una pregunta, sabía perfectamente que la razón de su pregunta era porque él vio sus marcas y Anakin asintió avergonzado – después de la boda, unas dos semanas después, Palpatine me otorgó demasiadas esclavas y decidí liberar a la gran mayoría; pero no tenía en cuenta que esas mujeres también eran pertenencia del Imperio, por lo que Paolo y mi suegro se enfadaron conmigo y me castigaron diciendo que la próxima vez que intentara liberar a alguien esa persona moriría antes de verla partir – Anakin abrió los ojos y recordó que su madre le había dicho que Padmé no era sólo una princesa caprichuda, sino que había sacrificado mucho por su gente.
- Entonces, ¿Paolo te hizo todo esto? – preguntó mareado, sin poder creer que un marido pudiera maltratar a su esposa.
- Paolo nunca fue un príncipe encantador, Anakin…..al igual que su padre, ellos buscan obtener todo lo que quieren por la Fuerza, cuando no se los dan por las buenas y llevo quince años con él y siempre es lo mismo cada vez que tiene que satisfacer sus deseos – se limpió unas lágrimas y sin querer, Anakin levantó su mano temblando, tratando de no ofender a su señora, pero no podía soportar ver que ella sufriera los maltratos de su esposo; ahora ya no veía a una princesa mimada y egoísta, sino a una mujer que ha sufrido por defender a sus amigos – desde entonces, no me he atrevido a volver a retar a Palpatine, por lo que les he aumentado el sueldo para que ellas puedan buscar su libertad….sin embargo, me gustaría hacer algo más por ellas – cerró sus ojos avergonzada, sabiendo que a él no le bastaba con un simple esfuerzo, sobre todo para cuestiones de su madre – hay veces en que desearía poder morir en vez de seguir con este tormento – ese comentario hizo que abriera los ojos de golpe, sin poder entender ese extraño deseo de su ama.
- ¿Por qué domina?, ¿qué le hizo el príncipe que le hace desear su propia muerte? – preguntó ansioso, él no quería que la bella princesa a la cual le tiene afecto sufriera por algo que ella no merecía.
- Dime Padmé, Anakin, créeme que prefiero que me hablen como una persona normal, a que me recuerden mi martirio – dijo temblando, tratando de ocultar sus nuevas heridas.
- Está bien, Padmé – al hacerlo, Anakin sintió que su nombre era hermoso y que se sentía bien al decirlo y Padmé se sintió halagada con sólo escucharlo pronunciar en su boca.
- Anoche, Paolo se emborrachó a más no poder y…. – continuó temblando, sin molestarse en ocultar las cicatrices de las manos de su marido – llegó sin tocar a mi habitación, me tiró varias veces al suelo y terminó tomándome por la fuerza y me lastimó en el proceso por la brusquedad – al terminar su confesión, Anakin no pudo más y la abrazó con todo lo que tenía, dejándola llorar por su dolor; al mismo tiempo, él sentía odio por el príncipe y por su padre y se dio cuenta, de que Padmé no era la villana aquí, gracias al cielo no, sino que Paolo y su padre eran las personas más crueles en todo el Imperio y que era injusto que se les permitiera gobernar cuando eran unos monstruos en todos los sentidos – y no puedo reclamarle nada – continuó entre sollozos – ya que tiene la excusa de que es mi marido y que él puede hacer lo que se le plazca conmigo por ser mujer.
- Fui muy injusto contigo Padmé – le dijo arrepentido, sabiendo que él la había juzgado mal y Padmé lo vio confundida – cuando me di cuenta de que eras la dueña de mi madre, pensé que debías ser cruel y temeraria con todos tus esclavos; pero me doy cuenta de que no es así y te pido disculpas por todas las ocasiones en que te vi con rencor – confesó acariciándole su cabello, atesorando la suave sensación que era tocar su cabellera oscura y Padmé se estremeció pero no de miedo, sino con la tranquilidad que la presencia de Anakin le daba.
- No tienes por qué disculparte, Anakin – le contestó sonriendo ligeramente, dándose cuenta de lo cerca que ambos estaban, que incluso bajó la mirada para notar que sus labios carnosos eran demasiado apeladores a su atención – debo admitir, que ésa es la reacción que siempre sobre sale de mi posición, por más que no quiera mostrarlo. No es de admirarse que tengas por marido a un ebrio y abusador de mujeres y menos, si es el heredero al trono – dijo un poco más tranquila después de haberse confesado.
- Sobre todo si el heredero es idéntico al papá – ambos rieron ligeramente, pero la seriedad volvió cuando Anakin se separó con lentitud, añorando otra vez volver a tenerla entre sus brazos; sin embargo, sabía que no debía ya que era irrespetuoso hacia una dama y no quería meterla en más problemas, si fuera por él no habría daño tan grave, ya que estaba acostumbrado al maltrato de sus amos….pero ella era especial y no quería que sufriera más de lo que ya le habían hecho.
- Gracias por escucharme, Anakin – le agradeció poniéndose de pie, pero aún añorando quedarse un poco más con él – créeme que me sirvió de mucho tu compañía – él sólo asintió y le tomó la mano con delicadeza, tratando de no hacerla sentir incómoda, sabiendo perfectamente por las atrocidades que pasó hace tan sólo unas horas.
- Desearía hacer más por usted, domi…digo Padmé – corrigió al recordar su acuerdo – lo que hizo tu marido fue brutal y monstruoso, no puede aprovecharse de esa manera.
- Lo sé, pero él tiene derechos que no puedo negarle y tampoco puedo separarme de él – suspiró.
- Habrá alguna forma de liberarte, estoy seguro – le volvió a acariciar los brazos y se sorprendió de que Padmé no lo rechazara, sino que correspondiera a su afecto, quería continuar, pero en eso sonó que tocaron la puerta, haciendo despertar a ambos de su sueño.
- Debo regresar, no quiero que Paolo venga con una escolta de búsqueda y que te meta en problemas – ambos se despidieron formalmente y luego salió para regresar a la pesadilla que es su vida, dejando a Anakin tenso y con un nuevo aprendizaje.
- "Te salvaré Padmé, te lo prometo aunque sea lo último que haga y te llevaré conmigo para que seas feliz, aunque no sea conmigo" – hizo un juramento en silencio, en donde cumpliría liberarlos tanto a su madre como a Padmé y a sus amigos, sobre todo, porque ahora se daba cuenta, de que sentía algo profundo por la hermosa princesa ya que no sólo era bella por fuera, sino que tenía un gran corazón que la hacía todavía más hermosa en todos los sentidos.
