Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.
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De haber tenido más tiempo para prepararse y defenderse del ataque de la boca de Edward, no habría respondido tan apasiona damente, se dijo a sí misma más tarde. La boca se le transformó en mil lenguas de fuego tan pronto como entró en contacto con él. El cuerpo empezó a latirle de deseo.
Bella sintió en el cuerpo la fuerza de la erección de Edward mientras la lengua de él conquistaba la suya. Gimió del placer que le producía tenerle tan fuera de control, tan apasionado a pesar de lo que opinaba de ella.
Edward la besó con loca pasión, recordándole lo que la haría sentir cuando la penetrara. Y el cuerpo de ella se preparó para el asalto mientras Edward la conducía al suntuoso salón.
La tumbó en la alfombra que había a sus pies y empezó a desnudarla.
Bella lanzó un grito cuando Edward le cubrió un pezón con la boca y empezó a lamérselo. Ella entre lazó las piernas con las de Edward y alzó el cuerpo para sentir más la fuerza de la potencia que tanto de seaba.
Edward ya no la amaba, pero ella podía demostrarle de aquella manera lo mucho que le quería, po día demostrárselo con sus caricias, con el anhelo que mostraba de que él la poseyera.
Edward levantó la cabeza de los pechos de ella y la miró a los ojos.
—Dime que me deseas, Bella —le ordenó Edward mientras empezaba a acariciarla íntimamente.
—Te deseo…
—Más alto.
—¡Te deseo!
Un brillo triunfal iluminó los ojos de él.
—Pronuncia mi nombre. Dilo, Bella, di a quién deseas.
Ella estaba a punto de sollozar de desesperación mientras los dedos de Edward continuaban excitándole.
—Te deseo, Edward… No sabes cuánto te deseo…
Bella tembló con el orgasmo. Se sintió liviana y ligera, toda feminidad en los brazos de Edward.
Abrió los ojos y se encontró con los de él, sus os curas profundidades le causaron inseguridad.
—¿En quién pensabas al alcanzar el éxtasis? —pre guntó Edward.
Bella frunció el ceño.
—¿Por qué me preguntas eso?
Edward le cubrió un pecho con la mano.
—Quiero que sólo pienses en mí, ¿me has enten dido? En mí. No en un amigo de tu infancia.
Bella jadeó cuando él empezó a moverse dentro de su cuerpo mientras le besaba la temblorosa carne desde los pechos a los muslos. Sabía lo que le estaba esperando y se estremeció de anhelo. La primera caricia de la lengua de Edward la hizo arquear la es palda, la segunda la hizo aferrarse a él, las siguientes la dejaron sin respiración. Jadeó, se retorció y gritó mientras su cuerpo entero se sacudía con el segundo orgasmo.
Apenas se había recuperado cuando Edward em pezó a dar empellones dentro de ella acompañado de gruñidos de placer y, una vez más, la llama del deseo se encendió en ella. Se abrazó a él mientras Edward volvía a acercarla a la cima del placer.
La boca de Edward acalló sus gritos de éxtasis. Bella sintió su cuerpo lleno con la fuerza del or gasmo de él.
Por fin, cuando ambos hubieron recuperado la respiración, Edward se incorporó ligeramente apo yándose en un codo y se la quedó mirando.
—¿Alguna vez Black te ha provocado tres orgasmos seguidos?
Bella cerró los ojos, con el dolor y el sufrimiento lacerándola.
—Por favor, Edward, para.
—Mírame.
Bella cerró los párpados con más fuerza.
—No.
—¡Mírame! —gruñó él.
Bella abrió los ojos, llenos de lágrimas.
—¿Por qué te empeñas en estropear lo que acaba de ocurrir? Estás haciendo que parezca sórdido.
Edward salió de ella con un rápido movimiento, se puso los pantalones y la miró con desdén.
—Porque es sórdido —respondió él—. Puro sexo, nada más.
Las palabras de Edward se le clavaron en el cora zón. ¿Cómo podía ser tan cruel?, pensó mientras re cogía su ropa. Había hecho el amor con Edward porque le amaba, era así de sencillo.
—Supongo que debería habértelo preguntado an tes, pero… ¿Sigues tomando la píldora? —preguntó Edward.
Bella, que estaba abrochándose el sujetador, se quedó inmóvil momentáneamente. Por fin, terminó de abrochárselo y alzó la barbilla.
—He notado que no te has tomado la molestia de utilizar un preservativo. Espero que no me pases ninguna infección que te haya podido pasar alguna de tus numerosas amantes.
—Si a alguno de los dos debiera preocuparle eso, sería a mí en todo caso —respondió él fríamente.
Ella le lanzó una gélida mirada.
—Eres un sinvergüenza.
—No has respondido a mi pregunta. ¿Estás to mando la píldora sí o no?
Bella evitó mirarle a los ojos. Hacía semanas que no tomaba la píldora.
—Bella…
—Ah, sí… no te preocupes, no hay peligro.
—Si hay alguna duda, será mejor que me lo digas ya —insistió Edward—. Si concibieras, sería muy difí cil…
—Vamos, dilo, Edward. No te molestes en aho rrarme sufrimiento —dijo ella con amargura.
—No sé a qué te refieres. Lo único que iba a decir es que…
—Sé lo que ibas a decir —le interrumpió Bella—. Ibas a decir que sería muy difícil saber quién es el padre, ¿no?
—Por lo que sé, eso sería muy fácil de resolver, sólo se necesitan unas sencillas pruebas, nada más. Pero no, no iba a decir eso.
Bella se retractó:
—Ah, yo… perdona. Creía que…
—Iba a decir que sería muy difícil seguir con el proceso de divorcio si te quedaras embarazada. ¿No te parece?
Sorprendida, Bella le miró fijamente a los ojos.
—¿Estás loco?
—No, no estoy loco. Sólo pienso en la posibilidad de un recién nacido en medio de un divorcio —contestó Edward.
—Un niño no es algo con lo que solucionar pro blemas matrimoniales —dijo ella—. Además, creo que nada podría ser peor para un niño que criarse con unos padres que se odian.
—¿Qué harías si ocurriera?
—¿Si me quedara embarazada?
El asintió.
Bella tragó saliva mientras trataba de recordar la última vez que había tenido el periodo y se vio presa del pánico cuando sumó las semanas.
¿Era posible que hubiera transcurrido tanto tiempo?
Prefirió no pensar en ello.
—No va a ocurrir, Edward —dijo ella, preguntándose si no habría ocurrido ya.
Hacía dos meses que no menstruaba, lo que sig nificaba… ¡No, no! ¿Sería posible que ni siquiera pudiera estar segura de quién era el padre?
Edward frunció el ceño al ver la expresión con fusa y abatida de Bella. De repente, se había puesto muy pálida.
—Vete a la cama, Bella, se te ve muy cansada. Tienes cara de no haber dormido en semanas.
«Ocho semanas sin el periodo», pensó Bella mien tras se dirigía hacia la puerta.
—¿Vienes tú también? —preguntó ella.
—¿Todavía no te sientes satisfecha, Bella? —pre guntó él con expresión insinuante.
Bella enderezó los hombros y le miró a los ojos.
—No me daré por satisfecha hasta que no me mi res con respeto en vez de con odio en los ojos —res pondió ella.
Edward esbozó una sonrisa burlona.
—En ese caso, tesoro, vas a tener que esperar sen tada.
—No me llames tesoro, no soy tu tesoro —dijo ella enfadada—. Más bien, soy el trapo con el que te limpias los pies.
Edward la miró sin compasión.
—Ni yo mismo lo habría explicado mejor —dijo él con sonrisa sardónica.
Tras esas palabras, Edward salió de la estancia, cerrando la puerta tras de sí sigilosamente.
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Odio a este Edward maldito, pero como me gustaría, besarlo y… todo lo demás jejeje…. Bueno les dejo el nuevo capítulo, espero q les guste.
Se les quiere….
