Deje ir la puerta con fuerza, haciendo estruendo en toda la oficina. Rebekah, salto de los brazos de Damon. Los dos dirigieron su mirada a mí.
—¡Ups! perdón. No quise asustarlos —dije, con muchísima ironía.
Los ojos de Damon y los míos no perdieron el contacto visual.
En mi interior se desataban tantas emociones, no sabia que era lo que sentía: Si coraje, celos, emoción, o me daba todo igual.
¡No! verlo con ella me había hecho sentir mal, no podía negar eso ¿Pero por qué? Damon no era nada mio. Un momento de calentura no definía nada entre él y yo. No tenia derecho a sentirme ofendida.
Rebekah se acomodo el cabello, se paso las manos por la blusa y camino hacia la puerta.
—Damon, para la otra, ten en cuenta a quienes contratas para que trabajen contigo —me dio una mala mirada. Maldita perra.
Ladeé una sonrisa y me cruce de brazos. Damon seguía con la mirada en la mía. Me estaba incomodando.
—Ese es mi problema Rebekah. Ahora sal de mi oficina. Encárgate de tu trabajo —ella rodó los ojos y me observo de pies a cabeza. Me volteo el rostro molesta y salio de la oficina.
Damon rodeo su escritorio y volvió a su silla. Yo seguía parada en el mismo lugar. El ambiente a nuestro alrededor se había vuelto bastante incomodo. La tensión entre los dos era pesada. No habíamos hablado del encuentro de la biblioteca, aunque con él, me imaginaba que no había mucho de que hablar.
Se aclaro la garganta, elevo una mano y con el dedo me hizo señas para que me acercara. Me estaban temblando las piernas, además estaba molesta, la rabia que sentía me hacia ver rojo. Pero no le daría el gusto de que me viera mal, me haría la fuerte, actuaria como él actuaba.
Camine hasta el asiento y me senté.
—Damon, de verdad necesito que me pongas hacer algo. No me gusta estar sin hacer nada —su rostro contraído en confusión era lo que yo estaba esperando.
Puso los dedos en su boca, el estomago me dio una pirueta.
—¿Qué era lo que hacías con Robertson? —escuchar el nombre de ese jodido vegete me encendía, me revolvía el estomago.
—Era su asistente. Llenaba formas de los casos, hacia encargos. Bueno, hasta que el muy desgraciado me puso en esta desagradable situación —él curvo una sonrisa. Alzo una ceja.
—¿Tan desagradable? —preguntó. Le volteé los ojos.
—Muy desagradable —tomo una profunda respiración.
Quito su atención de mi y abrió su laptop. Se puso a escribir en ella, ignorándome.
Me rasque la nuca. Me moví en el asiento, su tranquilidad era algo que en verdad me estaba desarmando. Puse los dedos en su escritorio y empecé a jugar con ellos. Tamboriléandolos.
—Deja de hacer eso —su fuerte voz siempre hacia que me bajara un frió por la espalda—. Me desconcentras —bufo, le puse los ojos en blanco—. Pareces una niña —alce los hombros.
Él siguió escribiendo en la laptop.
—¿Cuantos años le llevas a Stefan? —lo vi tensar su mandíbula. Si no quería darme algo que hacer o ignorarme, lo jodería con preguntas.
—¿Por que te importa? —dejo de escribir.
¡Punto para mí! Nuestros ojos se encontraron.
—¿Me intriga? —dije, mientras me recostaba en el asiento. Cruce la pierna—. Luce joven, apuesto y tú bueno...
—¡Le llevo cuatro años! —me respondió con tono seco, corto mis palabras. Eso no era mucho.
—No se parecen —su mirada se oscureció.
Sabia que estaba pisando un terreno minado.
—No —respondió con sus ojos en los míos, nuestro contacto visual no se perdía y eso me erizaba la piel. Su mirada me quemaba. Era pesada, me dejaba sin aire.
Moví el rostro.
—¿Él se parece a tu padre? —seguí empujando las preguntas. Él coloco sus brazos en el borde del escritorio, elevo una de sus manos a su barbilla, y deslizo una sonrisa tenebrosa.
—¿Así que esta es tu manera de matar el tiempo? —me quede confundida ante sus palabras—, ¿hacerme preguntas? —se enderezo y se levanto de su asiento. Me enderece en el mio. Camino hacia mi silla. Dejo caer sus brazos, uno de cada lado encerrándome con ellos, haciendo una prisión con su cuerpo. Bajo el rostro intimidándome. Respire llevándome su olor, su aliento. El estomago empezó a revolotear—. ¿Creo que lo que quieres es otra cosa? —me alzo una ceja, sus pupilas se veían dilatadas. Su tono era tan sensual, que me hacia a temblar—. Puedo cumplir con lo que de verdad deseas —me reí en su cara.
—Damon ¡Jamas! —espete.
Mi corazón ya brincaba, tamboreaba con locura.
—Tú eres la que me esta distrayendo con tus invitaciones rebuscadas. Si quieres que juguemos, solo debes pedirlo —soplo en mis labios. Lo empuje saliendo de su prisión. Me levante y camine hacia un lado de la oficina. Él me siguió con la mirada, dejo salir una risita cínica. Tomo el teléfono y presiono una tecla—. Sharon, no quiero que nadie entre a mi oficina —me guiño un ojo—, ni si quiera Matt —dejo caer el aparato de nuevo.
Sus ojos llevaban chispa, deseo, lujuria.
Miles de emociones se empezaron a galopar en mi pecho. ¿Que tenia pensado hacerme?
Tenia que resistir. Mierda dudaba de eso.
—Estas loco. ¿Qué es lo que piensas que pasara entre nosotros? —bufe en burla.
Camino sosteniendo una sonrisa hacia donde estaba. Quería correr pero mis piernas no me dejaban. Odiaba a mi cuerpo, jamas me escuchaba. Camino hasta a mí aflojándose la corbata. Mis ojos estaban en sus movimientos. Me hice un paso hacia atrás. Mientras él llegaba asechandome como león. Di otro paso hacia atrás, pero mis pantorrillas tocaron el sofá. Caí en el, ya no podía moverme. Sonrió revolviendo todo dentro de mí. Sabia que me tenia en su control y lo disfrutaba. Dejo caer los brazos uno en cada lado de mi rostro, el mueblé rechino mientras ponía presión. Puso una rodilla entre en medio de mis piernas tratándolas de separar. Trague fuerte, me dolía el pecho.
—¿Estas aburrida cierto? Entonces jugare contigo —bajo el rostro y lamió mi boca. La piel me vibro.
—¿A que te refieres con jugar? —estaba concentrada en su boca.
—No te das cuenta Elena. Tu cuerpo se esta volviendo adicto a mis toques, quiere que me lo folle hasta dejarte temblando —trague saliva.
¿Qué demonios decía?
—Damon, necesitas ayuda —rió fuerte.
—La que necesitara ayuda sera otra —me presiono aun mas en el sofá. Su mirada profunda en mí, me era imposible girar el rostro. Su respiración, entrando en mi boca, haciéndome caer en espiral, estremeciéndome sin control—. ¿En verdad Elena, quieres resistirte a esto? —no pude contestar nada, estaba perdida. Perdida en su olor, en su calor, en toda esa aura que se formaba cuando se me acercaba.
Con gran agilidad se removió la corbata, sosteniendo una sonrisa traviesa. Dejo ir sus manos del mueble, se detuvo en mi cuerpo. Me tomo de las muñecas, y envolvió la corbata alrededor de estas, asegurándolas para que no pudiera moverlas. Me quede helada ante su acción, boquiabierta. No me había dado tiempo ni siquiera de protestar.
—¡Quita esta jodida cosa de mis muñecas! —le grite molesta, asustada. Él las elevo por arriba de mi cabeza, bajo el rostro al mio.
—Escucha Elena, porque es la primera y ultima vez que te lo diré. Lo que paso en la biblioteca marco tu nivel conmigo —alce una ceja. Eso me daba mala espina—. Desde ese momento ya no eres solo mi compra, eres mía completa. Puedo hacer lo que desee contigo. En pocas palabras, te volverás mi amante, te follare cuantas veces quiera —le negué con el rostro. Pero el deseo de esas palabras empezaban a quemar mi cerebro.
—Claro que no —él asintió el rostro, seguro de él mismo. Sentí una de sus manos empezar a bajar por la linea de mi cuello.
—No solo lo digo yo —empezó a correr un dedo por mis labios. Apreté los ojos—, tu cuerpo me lo dice —murmuro pasmado.
Metió su mano entre mi falda. Pegue un gemido. Presiono aun mas su cuerpo en el mio. Me había tomado por sorpresa. Mi estomago se hundió hasta llegar a mis pies.
—Damon, por favor para esto —mi voz salio en jadeos. Bajo el rostro a mis labios.
—Tan hermosa —murmuro sosteniendo mi labio inferior con sus dientes. Apreté los ojos—. Tú cuerpo me dice que siga —le negué.
Pero la realidad era que sí, sí quería que siguiera, no quería que parara. Era una maldita idiota. Momentos atrás el había estado besando a la tal Rebekah y ahora aquí estaba yo, dejándome usar como una zorra. ¿Qué demonios me pasaba?
Mi cuerpo empezó a temblar. Me tiro hacia atrás dejándome recostada en el sofá. Bajo su rostro en una linea hasta mi abdomen, mi espalda se arqueo, tire mi cadera hacia arriba. Soltó mis manos de su agarre. Sabia que no podía moverlas, estaban atadas con la corbata. Puso ambas de sus manos en cada lado de mis piernas y empezó a subir mi falda. El deseo que él desataba cuando me tocaba, quemaba en mí piel. Consumiéndome. Sus largos dedos haciendo presión, explorando cada zona de mi piel. Me convulsione mientras me arrastraba en una locura, la cual solo él y yo conocíamos. Mi falda quedo enrollada hasta mi cintura, sin delicadeza abrió mis piernas. Se posiciono entre en medio. Sus dedos corrieron hasta mi intimidad, lentamente los introdujo, presionando, moviéndose mágicamente. Su pesado y fuerte cuerpo en el mio, haciendo presión. Mi boca, mis sentidos, estaban listo para recibirlo. Se dejo caer en mi, hundiendo su boca en la mía. Me besaba como si quisiera comerme toda.
—Damon —gemí contra sus labios, entre el poco espacio que me dejaba para poder respirar. Su presión se hizo aun mas agresiva, su lengua jugando con la mía, explorándome, arrasandome, embriagándome completa. Todo lo que él hacia me enloquecía. Él tenia las tácticas para hacerme perder la cabeza, en tan solo segundos me tenia en sus manos.
—¿Qué es lo que quieres? —jadeo ronco, excitado, sin despegar demasiado su cercanía.
—A ti —jadee deseosa. Mierda. No, porqué había dicho eso. Mi maldita lujuriosa estaba presente.
—Buena chica —dijo, sacando su mano de entre mi pierna. Bajo su mano hasta la pretina de su pantalón, solo escuche el sonido del cierre al bajarse, y mi boca se seco. Mi pecho no lo soportaba mas. La cabeza me daba vueltas. Mi cuerpo calentándose como un volcán al punto de hacer erupción. Introdujo dos dedos por un lado de mis bragas y haló con fuerza, rompiéndolas. Me quede sin aire ante el movimiento. No podía hacerme perder la cabeza aun mas. Me tomo de las caderas y tiro de ellas hacia adelante, entrando en mi con fuerza y frenesí. Mi cuerpo vibro y se convulsiono. Estire los brazos haciendo quemar mis muñecas, sentía mi pulso golpear contra la seda de la corbata. Bajo el rostro para besarme, mientras sus movimientos se hacían mas rítmicos, como una danza de pasión y lujuria. Ni siquiera necesitaba desnudarme completa para hundirme en el loco deseo que despertaba en mi interior por tenerlo. Nuestros cuerpos se acoplaban, como dos moldes bien hechos. Sus gruñidos mientras me envestía me hacían gemir descontrolada. Sus manos hicieron presión en mis muslos al tiempo que alcanzo el clímax, seguido por mi jadeo incontrolable mientras yo llegaban al mio. hale aire para llenar a mis alarmados pulmones. Su pecho por igual parecía un acordeón—. Creo que he encontrado a mi igual —murmuro, tratando de estabilizar su respiración.
Gire el rostro. La cabeza me pulsaba.
Maldición yo también era una maldita bipolar.
Se impulso hacia arriba, tomo mis manos y removió la corbata. Aún agitada, baje velozmente mi falda. Él deslizo una sonrisa de satisfacción.
—¡Eres el! demonio —bufé. Pase mis manos alrededor de la piel de mis muñecas. Estaban rojas.
—Lo soy —su tono de ironía prendió mi vergüenza, junto con mi ira. Me levante del sofá y acomode mi ropa, estaba toda arrugada. Me di la vuelta. Si seguía aquí, estaba segura que este día solo lo iba a pasar abajo, o arriba de él—. ¡Espera! ¿a donde crees que vas? —me volteé dándole una mala mirada.
—¡Me largo! no soporto estar aquí contigo. Tú-tú me vuelves una persona que no soy —él bajo el rostro y rió.
—Mejor dicho, te hago ser lo que en verdad eres —camine molesta apuntándole con el dedo.
—¡Púdrete Damon! el hecho de que me entregue a ti como idiota, no quiere decir que me tienes en tus manos —que mierdas acababa de decir, ni siquiera yo me entendía. Balbucee mientras encontraba coherencia en mis palabras—. ¡Tú-tú eres un demonio! —ya no podía ni siquiera pelear contra todo lo que decía. Él en parte tenia mucha razón.
—Ayer, quise ser diferente —mascullo, me concentre en sus ojos, habían cambiado a unos tristes, perdiendo el brillo que los caracterizaban—. Trate de ser amable contigo. Te lo advertí, aún así, decidiste seguir —la vergüenza me golpeo. Tenia razón, al final había sido yo la que lo había besado, yo la que lo había arrastrado a que tuviéramos sexo—. Después te ofrecí mi cama ¿Qué hiciste? ¡Me mandaste a la mierda! —me trague el aire a mi alrededor—. Me quedo claro que lo único que buscas es diversión —sus palabras me envenenaron—. Entonces te la daré —un nudo me estrujo la garganta, me costo trabajo respirar.
Con furia me acerque a él y le solté una bofetada. Me quede inmóvil ante el acto.
Maldición acababa de golpearlo. Se sostuvo la mandíbula con sus largos dedos y sonrió.
—¡Eres un jodido cabrón! —las lágrimas se amontonaron a los lados de mis ojos.
—¿Entonces a que juegas, Elena?
—¡Yo no juego a nada! No se que demonios has hecho en mi. Pero lo odio. Odio que me toques porque me descontrolas, odio que me mires así. Sabes, ¡te odio a ti! —me di la vuelta y salí de su oficina.
Iba tan molesta, no quería saber nada. En verdad era un imbécil. Al dar la vuelta en una esquina, me tope con un pecho, mas bien parecía como si había dado contra un muro. Alce la mirada y me tope con los ojos tiernos de Matt.
—Elena, ¿estas bien? —mis ojos estaban empapados, su rostro se contrajo. Me tomo de los hombros y me haló hacia la pared—. Recuéstate aquí. Le diré a Damon.
—¡No! —se detuvo en seco—, no lo hagas, estoy bien —él se acerco a mí, paso una mano por mis mejillas tratando de limpiar un poco mi rostro.
—¿Qué te paso? ¿porque no quieres que le diga a Damon? —contuve el aliento y el repulsivo sentimiento que empezaba apoderarse de mí pecho al escuchar su nombre. Le negué con el rostro, removiendo las últimas lágrimas de mis ojos.
—Estaré bien —él me observo no muy convencido. Giro los ojos algo molesto, suspiró.
—Iba por ti. Tengo algo que entregarte —tarde en entender que decía. Moví los ojos hacia los lados. Le fruncí las cejas.
—¿Que cosa? —la verdad no tenía idea que podía darme él a mí. Yo no tenia nada.
—Ésto —me entrego una caja. La tome y la abrí, era un celular. Alce la mirada algo confundida.
—¿Un celular? —pregunte incrédula.
—Damon me mando a comprarte uno. Dijo que tal vez así podías comunicarte con tu padre, o con alguien a quien supiera donde esta —apreté la caja.
—¿Porqué de pronto Damon quiere creer en lo que le dije? —él giro los ojos confundido.
—Él siempre ha querido creerte —me reí en burla.
—Sí como no. Lo que él quiere es volverme loca, demente —elevo una mano y la dejo caer en mi hombro.
—Elena, Damon es un hombre bastante confuso. Te entiendo porque no lo soportas, pero créeme cuando te digo que todo lo que hace, lo hace con un propósito —pose mis ojos en la mano que tenia en mi hombro, él la removió. Volví hacer contacto con sus ojos.
—No Matt, Damon es un desgraciado, ya no me dejare convencer de nada de lo que haga. Sabes, también fue estúpido que me entregara una arma, por como van las cosas entre él y yo, puede que se me antoje matarlo —Matt se alejo un poco de mi, y lo vi tensar el cuerpo.
—No te conozco muy bien, pero se que hablas así por que me imagino que te hizo enfadar —le rodé los ojos—. Pero se que si Damon te dio el arma, no fue para que lo protegieras a él, es para que te protejas tú. Así que analiza las cosas antes de decir idioteces —lo mire a los ojos y me removí. Sus ojos me apuñalaban con recelo. Había tocado un tema delicado en la agenda de Matt, él en verdad quería a Damon como a un hermano.
—Lo siento, es solo que él me hace enfadar —me disculpe.
Damon me había dado el arma para mi protección. Ahora comprendía porque tal acto. Matt me sonrió.
—Debo hacer demasiadas cosas, así que no te pierdas. Tampoco deambules mucho por este sitio, es peligroso, bueno, hoy es peligroso —fruncí ambas cejas.
—¿Por que? —él se volvió acercar a mí, bajo su rostro a la altura de mi oído.
—Hoy tendremos subasta —el estomago me brincó. Mi quijada cayo al suelo. Tendrían otra subasta, dónde vendían personas. El coraje empezó a calentarme el rostro.
—Eso está tan mal —musite. Matt alzo una ceja.
—Soló cuídate —me dio una leve palmada en la espalda y se dirigió hacía la oficina de Damon.
Después de darle una arreglada a mi cabello y tratar enormemente dejar de pensar que no traía bragas, ya que el idiota de Damon me las había roto. Calme a mis sentidos para dirigirme al restaurante a encontrarme con Stefan. Él ocultaba algo, joder todos en este sitio ocultaban algo y eso me estaba intrigando.
Llegue al Restaurante y un mesero me dirigió a una ventana en la sala privada. Stefan aun no llegaba. Tome el celular y lo encendí. Damon se había tomado la molestia de conseguirme uno. Definitivamente no lo entendía, primero me daba una arma, después un celular, tal vez me estaba probando, quería comprobar que si no era una espía, y ver si esas cosas no las usaría en su contra.
Me rasque la cabeza, mientras jugaba con el aparato. Como iba a localizar a mi padre, la única forma era colocar el numero anterior. Pero dudaba que hubieran rastros de ese, si se habían tomado la molestia de borrar mi acta de nacimiento, era seguro que todo rastro mio no existía.
Tome una bocanada de aire. Escuche el aclarado de una garganta, volteé el rostro y Tyler estaba al lado mio. Brinque del susto, ni siquiera lo había sentido acercarse.
—¿Elena, cierto? —le desvié los ojos, como sí no recordará él muy idiota—. Perdón que te moleste, solo venia a entregarte esto —volví mí atención a él. Portaba un sobre en sus manos. Abrí los ojos al reconocerlo. Lo tomé desesperada y lo abrí. Él se sentó con mucha confianza enfrenté de mí—. Caroline me matará cuándo se enteré que te lo di, pero no se porqué me caes bien. Bueno, debo ser sincero, quiero hacer puntos con el jefe —una sonrisa socarrona se pinto en su rostro.
—Gracias —dije seca.
Empecé a sacar los papeles uno por uno, abriéndolos. En uno estaba un contrato firmado por mí. Decía que estaba aceptando ser subastada. Me bajo un frió por la espalda y los bellos se me erizaron. En otro papel, estaba toda una pauta para las cosas que estaba aceptando. Casi me trago hasta la lengua, no podía creer las aberraciones mientras mis ojos viajaban en todas las lineas.
—De susto ¿cierto? —hice contacto visual con Tyler, sus ojos estaban abiertos en curiosidad—. ¿En verdad aceptaste todo eso? —su pregunta me desencajo.
Le negué con fuerza.
—No tenia idea de estos documentos, esta.. esta.. es mi firma, pero estoy segura que la falsificaron. ¿Explícame como es que trabaja esto de las subastas? —gire mis ojos para poder ver si aún Stefan no aparecía. Tyler frunció las cejas en confusión.
—Tú me confundes. ¿Se supone que todo esto ya lo saben? —apreté los papeles entre mis manos.
—Yo no sabia nada de esto, me engañaron.
—Eso lo explica.
—¿Explica qué? —sus palabras me estaban confundiendo aun mas.
—El porqué no entendía, que El señor Salvatore te hubiera comprado —lo mire a los ojos confundida. Como era eso que el señor Salvatore, que acaso no Damon habia pagado eso por mi.
—¿No entiendo?
—Bueno, no Damon, tú no estabas para ser vendida para él, ni tampoco en la cantidad que te compro —contuve el aliento. Sentí un calor atravesarme el estomago.
Me impulse con los codos aun mas hacia adelante, cortando nuestra distancia.
—Por favor, te lo suplico, ¿dime lo que sabes? —él se inclino aun mas.
—Se suponía que eras para otro comprador. Él debía comprarte, todo estaba arreglado, pero por extrañas formas del destino al final te termino comprando Damon, el Salvatore equivocado —la cabeza me empezó a dar vueltas—. Car me dijo que tú estabas destinada para el padre de Damon —se me formo un hoyo en el estomago, el corazón me retumbaba en las orejas—. Damon te compro, y borro los registros de que fuiste vendida. No quedó rastro de que te compraron. Además, aparte de comprarte por cien millones, tuvo que pagar para que el accionario se largara y no dijera nada —me agarre el pecho.
Las confesiones de Tyler me estaban desarmando. No entendía nada.
—¿No entiendo? ¿pero como? —pase saliva, sentía el corazón atorado en la garganta—. ¿Él padre de Damon esta en estos negocios? —Tyler rió irónicamente.
—Él es la cabeza de todo esto, el Dios, o en este caso mas bien el diablo —mi visión se empezó a tornar borrosa.
Escuche un carraspeo. Volteé el rostro y nuestros ojos se encontraron. Tyler se levanto de inmediato. Nerviosa empecé a introducir los papeles de vuelta al sobre.
—Stefan, llegas tarde —mí voz salio chillona. Trague saliva, mi corazón galopaba con fuerza.
—La hora de grabación se extendió —su tono de voz grueso y pesado envió un mal sabor a mi boca. Aparto la mirada de mi y la dejo caer en Tyler—. ¿Desde cuando los empleados de la cocina pueden estar aquí? —el cuerpo de Tyler se tenso. Sus ojos se oscurecieron. Los dos se veían de una forma escalofriante.
—Nos vemos, Elena —dijo Tyler, dándose la vuelta. Stefan lo siguió con la mirada, sentándose en la silla. Volvió los ojos a mí.
Empecé a pasarme las manos en el cabello, para disimular mi nerviosismo.
—¿Qué es eso? —me hizo señales con la barbilla, hacía el sobre.
—¡Ah! esto, son instrucciones de trabajo —quería que me tragara el suelo.
—¿Has esperado mucho?
—No, para nada.
—¿Te llevas bien con Tyler?
—Sí —muchas preguntas, muchas preguntas. Me mordí los labios.
—¿Qué raro?
—¿Por qué? —él no despegaba su mirada de la mía. Me incomodaba.
—Él nunca hace amistad con nadie —sentí presión en el pecho.
—Bueno, creó que tengo el ángel de agradarle a las personas.
—Demasiado —murmuro con una sonrisa—. ¿Como esta Damon? ¿Mas tranquilo? —analice sus palabras. Asentí con el rostro—. ¡Genial! el que lo hayan querido matar no lo descontrola. Admiró eso de mi hermano, su facilidad para importarle un carajo su vida —sus palabras salían con un poco de piqué.
—¿Eso crees? Pues para mí es idiota portarse así. Debería de considerar su vida. La vida de todos los seres humanos es valiosa.
—Y la de él es mas, ¿cierto? —inspeccione su rostro.
—Siento que cada vida...
—Tú ni siquiera lo pensaste —había cortado mis palabras, él tenia esa maldita costumbre, nunca me dejaba terminar.
Fruncí ambas cejas.
—¿No entiendo? —él curvo una sonrisa.
—Para ser una persona mas, lo protegiste muy bien, tú solo te lanzaste, no pensaste que te podían matar a ti —le negué.
—Lo único que pensé en ese momento era evitar una desgracia.
—¿Te gusta mi hermano? ¿cierto? —pregunto de improviso, tomándome por sorpresa. Esto ya lo había escuchado, pero del otro loco. Estos Salvatores estaban mal de la cabeza, incluyendo al padre. Aun me rondaba en la mente lo de que él debía ser mi comprador.
—No veo que tiene que ver este interrogatorio. No te voy a contestar nada de mi vida personal —titubeé.
—No lo niegas —sostuvo su mirada en la mía. Retándome, quería que le contestara.
—No, no me gusta, es mi jefe. Solo eso —él estudiaba mi rostro. Mis mejillas empezaban a tornarse rojas. Empezó a reír. Me asuste.
—Lo siento Elena, es solo que ya veo por que Damon te eligió para que fueras su asistente —alce los hombros. Donde estaba el maldito mesero, no se había parado aquí a preguntarnos que deseábamos comer, o por lo menos deshacer este ambiente. Lo empecé a buscar con la mirada—. Le dije que aun no viniera —volteé mi mí mirada alarmada a la de él. Sabía lo que estaba pensando, ¿además por qué haría tal cosa?
—¿Por qué tanto interrogatorio? no entiendo por que debes interrogarme como un oficial de policía —esto empezaba a molestarme. Él empezaba a enfadarme.
—Lo siento, es solo que es muy extraño —alce una ceja, él tomo una respiración—, que aparecieras en la vida de Damon —volví a girar los ojos hacia el otro lado, y casi se me salían de las cuencas.
Damon venia hacia nosotros. Algunos murmuros crecieron en el restaurante, mas de los empleados.
Llego hasta nuestra mesa. Su mirada me hizo agachar el rostro, me sentía como cuando a un cachorro lo regañan o están apunto de regañarlo.
—Aquí estas, te he estado buscando. Ven conmigo —me tomo del brazo y me haló hacia afuera de la silla. Ignorando a Stefan. Él se levanto y deshizo el agarre de Damon.
—¡Damon! Aprende a tratar a las personas, y mas si se trata de una mujer —Damon se acerco a él, sus pechos casi tocaban entre ellos.
—¡No me jodas Stefan! ahora no tengo tiempo para tus teátricos de buen niño, además, deja de fingir, nuestro padre no esta presente —mis ojos alarmados estaban en ellos. Volvió la mirada a mi rostro—. ¡Vienes! —eso había sido una orden, no una pregunta.
—Sí —camine hacia su lado, escondiendo el sobre.
—Elena —musito Stefan.
—Stefan no te preocupes, deje el trabajo pendiente y debo terminarlo —me di la vuelta y camine hacia afuera del restaurante.
Sentí los pasos de Damon alcanzar los míos. Mi corazón corría desesperado. Se acerco a mi y me tomo del brazo. Me haló hacia un ascensor. Nos metimos en este y presiono una letra en forma de P Era la misma de la otra vez. Mis ojos giraron hacia el otro lado, nuestra tensión era tenebrosa, sentía sus pesados ojos en mí. No quería voltear a verlo, me asustaba el solo pensar en el rostro que traía. Él dejo salir el aire irritado.
—Maldita cosa tarda demasiado —musito molesto—. ¿Pudiste comer algo? —junte valor y encontré su mirada. Le negué.
—Apenas iba a ordenar —él me giro los ojos.
—De verdad te has vuelto una molestia —el ascensor sonó abriendo sus puertas. Salimos y entramos en el Penthouse. Esta vez pude apreciarlo mejor, era hermoso. Parecía un apartamento de lujo, de esos que solo podía apreciar en las revistas. La vista era espectacular. Damon, camino hacia un mesita y tomo el teléfono. Lo escuche ordenar comida. Me hizo señas con la mano para que caminara hacia una habitación. ¿Acaso quería mas sexo? con él no se sabia. Las piernas me empezaron a temblar. Entre en la habitación y vi unas cajas con unos lazos de seda encima de estas. Estaban empaquetados como regalos. Los pasos de Damon detrás de mí me hicieron saltar—. Eso es para ti —me murmuro. Estaba frió.
—¿Para qué es? —pregunte no rompiendo contacto visual.
—Ábrelo y veras.
—Piensas que después que me tratas como basura, tú forma de compensarme es dándome regalos —él elevo el pecho y se paso las manos por el cabello. Se veía que estaba tratando de controlarse.
—Créeme Elena, no me interesa compensarte por nada. Si tú piensas que es lo que quiero hacer, que mal por ti —se removió el saco y arreglo su cuello.
—¿Entonces por qué esto? —él no me presto atención.
Camino hacia un armario y lo abrió. Se introdujo en este.
—¡¿Matt te entrego el celular?! —su fuerte voz hizo eco dentro del armario.
Me estaba cambiando el tema. Lo seguí molesta. Me quede helada en mi sitio. Estaba removiéndose la camisa, gire mi cuerpo en dirección contraria, estaba avergonzada, el calor me invadió el estomago.
—S-í-sí —fue todo lo que pude responder.
Lo sentí pasarme al lado, su olor me dejó pasmada. Como no podía gustarme este hombre, él era divino. Aunque por dentro fuera un completo idiota.
Camino hacía un espejo y se acomodo la camisa.
—¿Crees que esta me quede bien? —Mierda, a él todo lo que se pusiera le quedaba bien. Sacudí el rostro como estúpida, él sonrió complacido. Por que nuestras platicas se salían tanto de tema—. Te dije que te cambies, debes obedecer.
—¿Para qué? —él camino hacia mí, invadiendo mi espacio, la punta de sus zapatos tocaron los míos. Respire hondo, tragándome su olor, él gozaba intimidarme. Se volvió a dar la vuelta, regresando al espejo.
—Iremos a la subasta. Tienes que lucir como una compradora o socia mía —claro, me acorde del sobre, esta era mi oportunidad para esclarecer tanta duda que me daba vuelta en la cabeza.
—Damon, ¿este sobre? —dije alzándolo a la altura de mi rostro. Él quito su atención del espejo y sus ojos se abrieron como pelotas de pin-pon.
—¿De donde sacaste eso? —camino hacia mí y quiso arrebatarme el sobre. Lo quite antes de que pudiera. Me hice un paso hacia atrás.
—¿Dime que significa? —él volvió a tomar compostura, sus anchos hombros se cuadraron. Tomo una larga respiración.
—Es el contrato que firman los subastados —sus ojos no se despegaron de mi rostro—. ¿No lo recuerdas? —pregunto con ironía.
—Como lo voy a recordar. Jamas firme algo como esto. Además me dijeron que tu padre era él que debía comprarme —apretó la boca rechinando sus dientes.
—¿Quien demonios te dio toda esa información? —no se veía feliz. Ahí iba el intento de Tyler de quedar bien con el jefe.
—Solo me la dieron y ya. Explícame, ¿como es que llegue allí? ¿por qué me compraste y borraste todo? dime Damon —él camino hasta la cama y se sentó. Alzo la mirada.
—¡¿Por qué debo decirte algo yo a ti?!, ¿me odias qué no? —su mirada estaba oscura. Me acerque a él, me senté a su lado. Él me negó con el rostro—. No hagas eso, no me pongas esos ojos de niña inocente, no mas —sin pensarlo tome su mano. Él se sobresalto.
—Se que dentro de ti hay algo mas bueno, se que aveces sale a flote, lo he podido ver, así que por favor, dile a ese ángel que me explique todo esto —su rostro se volvió un poema. Con la otra mano se revolvió el cabello.
—Sabia cuando te vi en esa silla, asustada como un animalito indefenso, que no pertenecías allí. No pertenecías a ese maldito mundo —solté su mano, él la tomo y la elevo a su rostro, me paso la nariz en la palma. El estomago me brinco. Trate de luchar contra temperatura que él encendía en mi—. Ese día mi padre no pudo acudir a la subasta —dejo ir mi mano. Su actitud cambio en lo que yo parpadeé—. Al final termine comprándote yo, pero tuve que borrar los registros, Caroline no dijo nada por que ella trabaja para mí, no para él —él se escuchaba como si estuviera tragando veneno—. No quiero que alguien se entere. Si eres una espía, lo descubriré solo —se levanto de la cama y empezó a caminar.
—¡No te creo! —le bufe. Él se giro y me reto con la mirada.
—No tientes tu suerte Elena, deja de hacer preguntas. Lo único que debes hacer es permanecer a mi lado, porqué eres mía, grábatelo en la cabeza. Te compre y es lo único que debes saber —empuñe las manos.
—¿Por qué? no creo que pienses que soy una espía. Porqué no solo me respondes o me cuentas la verdad. ¿Dime por qué? ¿Porqué las personas firman esas aberraciones? ¿por qué se dejan comprar por millonarios? ¿por qué tu padre quería comprarme? ¿por qué me arrastraron en todo esto?
Él camino hacia mi con fuerza y me empujo en la cama, se subió arriba de mi, presionando mi cuerpo con el suyo. Tomo mis muñecas y las puso en cada lado de mi rostro, apretó con fuerza. Su camisa estaba abierta. ¡Santo Jesús! un calor me bajo hasta los pies. Bajo su rostro, la furia llenaban sus pupilas. Nuestras narices chocaron y nuestras respiraciones se revolvieron entre ellas.
—Elena, no hagas mas preguntas. Solo debes hacer lo que te digo.
—¡No! —infle el pecho—. ¡Me niego a seguir siendo tu títere! ¡Sin respuestas no puedo seguir! —saque mi lengua y la pase en su labio, me soltó enseguida. ¡Bingo! ya sabia como quitármelo de encima.
—Eres una víbora —sonreí con malicia.
—Y tú un jodido cabrón y míranos, aquí estamos —me levante de la cama—. No me voy a poner nada hasta que me expliques que demonios es todo esto.
Los toques de la puerta nos hicieron salir de la batalla de miradas que sosteníamos. Damon me gruño antes de caminar hacia afuera. Lo seguí.
Abrió la puerta y un carrito con comida fue impulsado hacia adentro.
—Señor Salvatore, aquí esta lo que ordeno. Buen provecho —él joven se despidió bajando el rostro.
—¡Espera! —Damon saco su cartera detrás de sus pantalones y le dio unos billetes.
—Muchas gracias —respondió el chico, con chispa en sus ojos. Damon cerro la puerta. Se volteo en sus talones.
—¡Come! —me ordeno, me paso al lado. Lo sostuve del brazo. Él me acribillo con la mirada.
—No, aun no. Dime lo que debo saber —curvo una sonrisa.
—Bien. Ahora mismo debes comer, y después de eso, debes ir a esa habitación y cambiarte, sí no lo haces Elena, te follare a la fuerza y no seré delicado —le fruncí las cejas, acaso lo había sido. Sus ojos me desnudaban—, ten en cuenta que cada vez que me retas y me tocas, activas mi bestia. Te lo dije y te lo vuelvo a repetir, no hagas preguntas que no alcanzaras a entender, además me estropearas en lo que he trabajado tanto tiempo —pase saliva, su mirada me quemaba.
Deje ir lentamente su brazo. Él paso saliva, se enderezo girándose en sus talones y se perdió en la habitación.
No entendía a Damon. Él era tan malditamente confuso. Pero algo me había dejado en claro, si seguía haciendo preguntas, tal vez lo metería en problemas, eso me había hecho desistir.
Tome el jugo de la charola y me lo empine. Era un idiota, que demonios iba hacer con tanta pregunta en mi cabeza. Tome la hamburguesa que me habían traído y le pegue un mordisco. Al final me había sentado en medio de la sala a comer. Odiaba hacerle caso, pero no podía negar que tenia una presencia de mandato tan atemorizante, que hacia que uno le obedeciera. Llevaba media hora comiendo, él no había salido de la habitación. Las mejillas se me calentaron, el pensar en todo lo que me había dicho. Me pegue en las mejillas, maldición mi mente estaba mal, mi lujuriosa sí quería desobedecer, solo para que cumpliera el castigo. Volví a pegarme en las mejillas, sabia que con él mi mente se terminaría de hacer trisas.
Escuché pasos y me levante. Damon al fin había salido de la habitación. Ya estaba cambiado en un traje negro con una corbata gris, una camisa color hueso. Su pelo bien arreglado. En sus manos portaba un antifaz. Suspire, se veía tan regio, tan galante, tan deseable, tan malditamente sexy. Él brillaba.
Camino hacia donde estaba parada. Me mordí el labio y reprimí el calor que me bajo por el abdomen.
—¿Terminaste? —le rodé los ojos—, bien, ve y cámbiate —arrastre los pies—. Si no te apresuras, te cambiare yo —volteé el rostro. Sonaba tentador. No, claro que no. Él sonrió con picardía—. Sabes como terminara si te cambio yo ¿cierto? —le volteé el rostro, y corrí a la habitación. Cerré la puerta con fuerza.
Camine hacia las cajas y las abrí. Un vestido negro de cóctel estaba doblado en unas capas de papel mache. Lo tome de las tiras y lo alce. Era corto. Abrí la siguiente caja, unos tacones plateados deslumbraban con la luz de la habitación. Tome una bolsita que estaba al lado de las cajas y la abrí de igual forma, un antifaz plateado con diamantes dorados y plumas blancas y negras yacía adentro. Lo tome con delicadeza. Tome la otra cajita, ropa interior de encaje. Suspire, Damon pensaba en todo. Tenia que vestirme así. Pero mi cabello era un desastre, además, no tenia maquillaje. Gire mi rostro en la habitación, camine hacia el baño y claro, ahí estaba todo listo para que pudiera maquillarme, e incluso arreglar mi cabello.
Después de otra media hora salí del baño. Tome una respiración antes de salir de la habitación. Damon estaba cruzado de pierna, su mano en su barbilla, hundido en sus pensamientos, con la mirada perdida en la gran y hermosa vista del ventanal. Me quede observándolo, era como admirar un cuadro. Tan guapo. Di un paso hacia enfrente y me tropecé con una mesita, me logre sostener antes de caer. Él giro el rostro al ver mi alboroto. La comisura de sus labios se elevaron, en una sexy y bella sonrisa.
—Eres un diamante —murmuro.
—Me han dicho cosas mas bonitas —le alce lo hombros. Él sonrió, pude ver su sonrisa sincera.
—¿Lista?
—¡No! —tenso los hombros.
—Elena, debes aceptar que esta es tu situación por el momento —se levanto de su asiento y camino hacia mí. Traía algo en las manos. Se arrodilló enfrente de mí, como si fuera a pedirme matrimonio y saco una caja larga. Mi corazón rebotaba en mis orejas. ¿Que estaba haciendo?
—Damon —murmure, jalando aire.
—Shhh... —me dijo con un dedo en sus labios. ¡Mi Dios! me mordí el labio inferior. Un calor arrasador invadió mi estomago. Empezó a deslizar sus manos por mis pantorrillas. Cerré los ojos mordiendo mis labios, empuñe la manos. Lo sentí llegar a mi pierna y colocar algo áspero alrededor. Abrí los ojos alarmada. Él rió en burla—. Ahí quedara bien. No se mira, y nadie, excepto yo, tiene derecho a tocar esas piernas —baje la vista a lo que había colocado en mis piernas. Era el arma, la había prensado alrededor de mi pierna derecha. Le di una mirada matadora.
—¡¿En verdad?! Esto es incomodo.
—No me importa si te es incomodo o no, la traerás allí por que yo te lo ordeno —me tomo de la barbilla y la alzo, deslizo una sonrisa—. Entendido —le puse los ojos en blanco—. Eres tan interesante —me solté de su agarre.
Me arrebato el antifaz de las manos y lo coloco por arriba de mi cabeza. Lo deslizo por mi cabello y lo coloco en mi rostro.
—¿Por qué debemos usar esto?
—Según es protección —me paso una mano por las mejillas. Le sonreí—. ¡Wow! donde quedo la fiera. Esa sonrisa no es tuya, acaso también tienes un ángel ahí adentro que sale de vez en cuando —aturdida trate de no ahogarme con mi risa.
—Deja de portarte lindo cuando lo único que haces es tratarme mal —le hice pucheros con los labios.
—Me gustas Elena, y creo que protegerte al no contarte nada, no es tratarte mal —tomo su antifaz y se lo coloco. Sus ojos resaltaban, me hundí en ellos. Eran tan llamativos. Bajo el rostro, no lo había sentido, me dio un beso casto en los labios.
—No lo digo por eso —murmure cerca de sus labios. Las mejillas me ardieron.
—Podemos dejar esta platica para después, creo que la necesitare después de pasar por todo ese circo —asentí con el rostro tratando de estabilizar mi respiración—. Quiero decirte algo antes de ir —seriedad llenaron sus pupilas—. No puedes separarte de mi en todo momento. Incluso si quieres ir al baño debes aguantarte —claro que diría eso, se me olvidaba que él era divino.
—¿Temes que huya con otro millonario? —tenso la mandíbula y dejo escapar una risita nerviosa.
—No creo que sea tan bueno como yo —ladeo una media sonrisa. El estomago me bajo a los pies. Este hombre traspiraba sexo. Cada vez que hablaba, mi mente pulsaba y hacia que esa palabra alumbrara en mi cabeza. Me removí de su cercanía. Debía tener auto control. Le gire los ojos. Me puso su brazo para que lo tomara—. Nos vamos Señorita Gilbert —metí mi mano en el hueco de su brazo.
Caminamos hasta el mismo ascensor en donde había pasado la primera vez, bajamos por las mismas escaleras. Mi mente estaba intranquila, ¿que vería ahí? Iba a presenciar una subasta. Iba a presenciar como vendían a las personas. Al llegar al ultimo escalón tome una profunda respiración. Damon me apretó el brazo, eleve mis ojos a los de él, me sonrió y una calma empezó a viajar atreves de mi cuerpo. Estaba aquí con él, no me pasaría nada. ¿Acaso tenia confianza en él? no lo sabia, pero ahora mismo, sus ojos calmaban todos los sentimientos que tenia en el pecho.
Los tacones de Caroline sonaban en el salón mientras se nos acercaba. Bajo el rostro en saludo y nos hizo señas para que la siguiéramos. Apreté el agarre de Damon, estaba nerviosa. Él me apretó de igual forma, bajo su rostro a mi oreja.
—Trata de lucir relajada —volteé el rostro a verlo.
—No puedo evitarlo —elevo un dedo a mi mejilla y la pincho.
—No te preocupes, estas conmigo —sonreí.
Caroline nos dirigió a un salón donde estaba repleto de sillas, algunos subastadores ya estaban aquí. Todos vestían muy regios, y todos llevaban el rostro cubierto. Un hombre se encamino hacia nosotros al momento que nos vio entrar en el salón. Caminaba con imponencia y se movía entre la gente como si fuera el dueño del lugar. Por primera vez estaba viendo un hombre mas intimidante que Damon. Pase saliva mientras sentía a Damon tensarse completo. El hombre llego a nuestro alcance. Sus ojos en mi rostro, sonrió de lado y me pareció haber visto esta sonrisa en alguien mas. Me acorde de Stefan. Abrí los ojos aun mas. Él era el padre de los Salvatore. Las piernas empezaron a temblarme. Demonios ¿qué pasaría?
