Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Este capítulo no es apto para personas sensibles, tiene contenido explícito sexual.

Capítulo final. Soy tu fan

(Mu y Seika)

Dos siluetas presurosas y completamente húmedas de pies a cabeza huían del diluvio que les había sorprendido al recoger fresas en la enorme selva cercana de aquel castillo en Jamir. Eran tiempos nuevos, de justicia y paz, de calma y sosiego, y de largos atardeceres donde lo único que importaba era desvanecer el tiempo en memorias y suspiros, sobre todo para aquel par de amantes que se disfrutaban el uno al otro en la soledad de aquel rincón del mundo donde nadie se atrevía a molestarles y al que solo por sus deberes como santos se les tenia permitido visitar una vez al año.

- ¡Corre Mu, vamos! -gritaba Seika hacia el joven lemuriano que le acompañaba en su travesía sujeto a su mano, quien caballero, cubría la cabeza de ambos de la lluvia con una enorme hoja de palma hasta que por fin a metros de ellos, divisaron la entrada de la morada que compartían.

-Ya voy. -soltaba entre risas aquel lemuriano para después hacer uso de sus poderes de telequinesis y adentrarse con la dama que sujetaba de la mano al castillo.

Al estar dentro, aquel santo de Aries junto a su amada, tiro aquella hoja de palma sobre su cabeza al suelo, así como su bolsa repleta de fresas que habia recolectado con ella mientras se sacudía la ropa del agua que le había empapado y veía a la dama a su frente completamente tiritante, desprendiéndose una a una de sus ropas.

Mu ante aquel acto inesperado clavo su mirada esmeralda y tímida en ella sin maliciosas intenciones y comenzó a disfrutar de su belleza a media luz, como un pequeño ciervo oculto entre las sombras del nublado dia. Seika era belleza, calma y ternura en tan solo un parpadeo y él era afortunado por compartir la vida a su lado como su amigo y amante.

La preciosa figura delgada de Seika se pudo definir a perfección ante los ojos de Mu, quien hasta entonces aprecio cada femenina curva de la dama a través de aquella ropa húmeda ceñida a su cuerpo, notaba la feminidad de la joven que habia logrado con los años, con sus cabellos castaños chorreantes seductores cayendo por su espalda mientras ella comenzaba con inocencia a revelarle su piel con cada prenda que de ella tiraba, provocándole al santo los mas intimos instintos y nerviosismo puro.

¿Cómo sería tocar aquella piel?, se preguntó el lemuriano mientras su mirada iba y subía en el cuerpo de la castaña sin discresión.

El santo de Aries de pronto sintió un cosquilleo extraño en su cuerpo que subía desde su vientre hasta su pecho, por lo que, negándose a su indiscreción y a sus propios actos descorteses, se limpió la frente del agua que escurría de ella y acomodo sus largos cabellos por sus hombros, exprimiéndoles el exceso de agua mientras se giraba completamente para ya no mirar de aquella manera "apasionada" a Seika.

-Estas mojada, ve a cambiarte o enfermaras. -soltó en un rápido enunciado el santo a espaldas de Seika, quien al oírle asintió y tomo aquellas prendas de las que se había desprendido del suelo, corriendo hacia su habitación.

Mu suspiro tratando de calmar la agitación que se había reservado para si y giro lentamente cuando la vio irse. Entonces el albino bajo su mirada totalmente abatido y reprimiéndose ante los deseos que su cuerpo estaba experimentando. Por alguna razón sentía que pensar en Seika de aquella manera no era "correcto", sin embargo, Seika era la única persona capaz de despertarle tantos sentimientos nuevos que era incapaz de mantener el control al cien por cien.

El lemuriano entonces, resignado, tomo también sus prendas húmedas del suelo y decidió ir a cambiarse las ropas a su habitación, tratando de borrar aquella imagen seductora de Seika que aun continuaba en su mente, era tiempo de continuar su rutina habitual.

-x-

Tras cambiarse las prendas, Seika volvió al salón principal ataviada de una sencilla yukata rosa que le había dado su hermano en un cumpleaños mientras avanzaba por el salón principal, cepillándose los cabellos húmedos ante la espera de Mu, quien minutos después de ella, salió con una sencilla camisa y pantalones holgados cómodos hacia donde se encontraba ella.

Al reencontrarse, ambos se sonrieron entre si tímidos y pronto el lemuriano, le pregunto amable.

- ¿Quieres comer Seika?

La dama negó calmada y lentamente se acomodó en el viejo sillón frente al santo mientras extendía su mano invitándole a seguirle.

-Ven…-murmuro melosa la dama, provocando que el santo caminara lentamente a ella y se posara suave a su lado en aquel amplio sillón.

La dama de mirada encendida y brillo cálido en sus ojos, al verle frente a si, termino de cepillarse y dejo caer aquel cepillo sobre el sillón mientras veía fijamente a su amante, dedicándose completamente a él. Oh vaya que Mu era un hombre espectacular hasta con los cabellos mojados, sus ojos cual zafiros brillaban a plenitud, su nariz afilada y pestañas largas que se agitaban como mariposas bellas, labios rosados se tornaban apetitosos y sus largos cabellos violetas que caían ondulantes le hacían lucir precioso a pesar de la luz tenue que se colaba por el ventanal iluminando sutilmente la oscuridad. Mu no era un hombre que necesitara de buenas ropas para lucir bien, su simple presencia era enigmática.

Mu también la analizo en el silencio. Aquella yukata rosa sobre la piel de Seika y sus cabellos castaños cayendo ondulado por sus hombros y su rostro despejado y afilado, la hacían lucir bellísima. Hipnotizado, el lemuriano se quedo fijo en los labios de la dama, aguardo su mirada un instante en ellos deseando probarlos y con los ojos cerrados, susurro en el silencio.

-Seika, yo, yo…-el lemuriano sonrió timido buscándole las manos para animarse a confesar lo que su callado corazón aguardaba. -Quiero agradecerte tu compañía día a día y el que te quedaras conmigo con aquella promesa que hicimos tras la batalla con Ares…yo soy un hombre muy afortunado por tenerte a mi lado.

La dama sonrió conmovida por aquella confesión y tímida, acuno en sus manos el pálido rostro del santo, viéndole con aquella sonrisa tierna que solo él podía provocarle para corresponderle su amor.

Seika entonces recordó aquel día en que lo había conocido, el temblar al sujetar su mano por primera vez, lo precioso que le habia parecido al verle reparar las armaduras mientras le explicaba el cosmos, lo valiente y enérgico que había sido al protegerla de todos y de todo y al saltar al abismo con ella tras la llegada de Touma, lo dulce y protector que había sido al llorar su muerte y como había dado hasta su último ápice de fuerza por resguardarla ante los mismos dioses. Seika recordó que ahora su vida estaba unida a Mu de una manera tan fuerte y mágica que hasta las mismas constelaciones vibraban para ellos y les pedían fundirse en ellas.

Conmovida por todos aquellos recuerdos, la castaña murmuro.

-Bésame Mu...

El santo alzo lentamente su rostro al escucharla y abrió en lentos parpadeos de mariposa sus ojos zafiros de largas pestañas para enfrentarle.

El santo sonrió ante el pedido de su amada, y tierno, busco sujetarle la cintura para acortar la distancia entre ambos y quieto, impulso su rostro hacia el de Seika, sintiendo como un cosquilleo tibio le inundaba los sentidos. A veces Mu creía que alcanzaba el cielo en tan solo un beso de la castaña pues para él, ella solo era perfección, podría perderse toda la vida en aquellos labios color fresa y jamás se aburriría o morir y renacer en segundos con su sutil tacto y fragancia hasta llegar la paraiso. La amaba con todo ese fuego que solo un regente de Aries sabe dimensionar y era quien él deseaba proteger.

Mu pronto comenzó a sentirse nervioso al tener a Seika de aquella manera, pues su cuerpo comenzaba a inquietarse con tan solo ver como la yukata de Seika en su abrazo, comenzaba a soltarse ligeramente, dejando al descubierto el filo de su hombro, así como parte de su espalda.

Nervioso, lentamente soltó los dulces labios de Seika tras su beso profundo y la vio mirarle sonrojada y con un brillo intenso que le provoco nuevamente un cosquilleo natural sobre su estómago.

-Seika…-murmuro con ligera agitación el santo, mientras lograba respiraciones profundas tratando de controlar sus emociones descontroladas a la cercanía.

-Mu...-la castaña le sonrió tímida y poso sus manos en su fornido pecho que se podía palmar a perfección a través de la delgada camisa del santo.

Entonces Seika centro su mirada en el vaivén de sus manos sobre el pecho del santo, notando la respiración avivada del lemuriano y como sus latidos aumentaban enérgicamente.

-Te amo Mu…-pronuncio ella en dulce emoción.

-Y yo a ti, Seika.

Seika sonrió apenada cuando a su mente llegó una idea y con cierta seguridad tras todos aquellos recuerdos que le habían inundado, pronuncio.

-Acaríciame esta noche Mu.

El santo abrió los ojos desmesuradamente ante la confesión y absorto, miro a la tímida mujer presa en sus brazos. -Sé que me deseas y nada me gustaría que entregarme completamente a ti.

-Seika…No.-negó el santo apenado por la revelación. -No quiero hacerte daño.

La dama le obligo a mirarle y negó convincente. -Tu jamás lo harías, no a mí.

-Seika...esto no es correcto.

La dama con cierta nostalgia ante el rechazo obvio, objeto totalmente abatida: -Comprendo si no deseas esto, me siento una tonta, nunca debí proponértelo.

-No digas eso, yo...yo soy el tonto. -objeto el lemuriano al ver la melancolía en sus ojos. - Es que yo... también lo deseo Seika, pero tampoco quiero faltarte de ningún modo.

Le afirmo el lemuriano mas ella no le miro.

-Seika, mírame.-el santo al sujetarle de los hombros le obligo a mirarle. -Yo te deseo con toda el alma pero…tengo miedo de lastimarte.

-Tu nunca lo harás Mu.

La bella joven busco con suavidad los labios irresistibles del santo y los apreso con delicadeza, bailando en ellos al vaivén que había danzado por primera vez junto a él.

El lemuriano comenzó a sentir aquel fuego en su piel que se avivaba con tan solo el roce de la castaña, erizándole la piel y pronto la sangre en su piel le puso más sensible al tacto mientras su cuerpo respondía a los instintos naturales. Mu cerro sus ojos en aquel beso y en sus pensamientos, volvió a recordar la imagen de minutos atrás con la figura de Seika completamente empapada revelándole su curvilínea silueta.

-Seika…-pronuncio con la voz entrecortada mientras la dama le propinaba besos por su pálida mandíbula vagando por el cuello del santo en pequeñas caricias. Mu entonces ya no pudo pelear contra si mismo y se dejó vencer ante lo delicioso de sus carias pues era irresistible no ceder ante tanto encanto, era un sueño totalmente irreal llegado hasta el presente que le provocaba perderse fuera de sí.

La dama entonces a escuchar suspirar intranquilo al santo, calmo sus caricias y le susurró al oído. -Aquí no, vamos a tu habitación.

Mu se levantó intranquilo por su libido y en un ágil movimiento, cargo a Seika entre sus brazos desvaneciéndose con ella a su habitación.

-x-

Cuando la puerta se cerro, Mu llevo a Seika a la cama y la dejo caer suave sobre la cama mientras subía a su cuerpo dominante, besándole la piel descubierta de su cuello, avivando a su calor.

Mu ya no quiso separase de ella, había perdido la razón irracionalmente, el valeroso y pasivo cordero estaba completamente rendido a ella.

Mu abandono un instante el cuello de Seika y se arrebató agitado la camisa sobre si para volver a ella, reclamante y saborear la dulce miel de la castaña. Entonces la escucho jadear su nombre entre el silencio de sus respiraciones agitadas ante el ímpetu de sus besos y le resulto tan excitante que su virilidad respondió a sus impulsos eléctricos.

Atrevido, deslizo sus manos por el listón que sujetaba la yukata de Seika y se deshizo del nudo de su cintura, revelando por primera vez aquella virginal piel que le prendo de inmediato como una hermosa fotografía. Piel blanca como montaña, con curvas pequeñas y delicadas dibujándole el cuerpo y el precioso color rosado de su pecho, le enloqueció. Jamás había visto tanta gloria y belleza en un solo instante encantador.

Aquella bata que había portado Seika cayo de la cama, dejando a su vista aquella preciosa silueta desnuda y color de piel. Mu quiso apartar su mirada de inmediato cuando sintió sus mejillas completamente cálidas por su pena, sin embargo, no pudo hacerlo, y se quedó unos segundos analizando tal.

-Eres lo más hermoso que he visto Seika.

Tras aquellas palabras, la explosión de nervios y confusión se disolvió en un impulsivo beso que el ariano por primera vez se animó a propinarle. Su voluntad y principios claros se rompieron como vidrio para el lemuriano, provocando una hoguera de deseo y ternura en su interior.

Con la timidez de un niño, se atrevió a por primera vez a explorar el pecho de la dama, sintiéndole tensarse al instante por la frialdad y aspereza de sus manos y rendido, decidió probar con su aliento la dulzura que ella le ofrecía.

Seika entonces se abrazó a aquellos huesos que sobresalían en la espalda de Mu mientras era presa de delicados besos por el borde de su pecho vagando errantes hasta su vientre.

Ambos eran inexpertos en el amor, sin embargo, ambos deseaban tanto acariciarse el alma y dejarse guiar por sus instintos naturales que nada mas importo, experimentando que había más de una forma de amar.

Mu beso con delicadeza los muslos de Seika, que sensibles temblaban ante las embriagadoras caricias mientras las manos inquietas del santo le exploraban los rincones y lienzos ocultos por conocer.

El santo curioso exploro con sus finos dedos la intimidad de la dama, tratándola con la misma delicadeza y esmero que ponía en cada una de las piezas de armadura que reparaba. Seika entonces reconoció la chispa de sus emociones, la electricidad que corría su cuerpo ante un solo tacto y apenada, dejo escapar un sonoro gemido lleno de placer.

-Mu…-le llamo obligándolo a volver a sus labios mientras el santo se removía lentamente sus pantalones, liberando su presa virilidad que vibrante deseaba reclamarle.

La fornida silueta de Mu escalo hacia el rostro de Seika, haciéndose espacio entre sus muslos mientras le buscaba un último beso cargado de emoción.

Mu entonces percibio el contacto entre su intimidad y la de Seika bajo si en aquel contacto y no pudo evitar a erizarse en simultáneos cosquilleos que buscaban provocarle.

El albino supo entonces que estaba lista para recibirle, la llama estaba prendida y pronto arderían en un solo respiro.

Sin embargo, se detuvo un instante, disfrutando de sus bellos ojos color avellana y sonriéndole con toda esa ternura que solo ella despedía mientras le acunaba con sus antebrazos.

- ¿Estarás bien? -murmuro el ariano con sus largos cabellos lilas cayendo sobre su espalda de luna.

-Claro, contigo sí.

Tras ello y sin vacilaciones, Mu busco acomodo entre la silueta de Seika y la afianzo hacia su cintura mientras se preparaba mentalmente para su reclamo.

Seika entonces echo sus brazos sobre el cuello de Mu y con la respiración agitada, espero a sentirle.

El santo descendió su mano libre hasta su hombría y sintio el borde de su intimidad, buscándole la mirada brillante, tan brillante como la suya para hacerle saber que estaba listo. Ella le sonrió y asintió suave sobre su almohada, confirmándole que aquello estaba bien, pues era la muestra de su más puro amor.

Y entonces, suavemente, el ariano empujo sus caderas lentamente contra la frágil silueta bajo si deteniéndose a instantes temiendo lastimarla, aunque estremeciéndose por la humedad y estrechez que le recibía, enloqueciéndole los sentidos.

Seika cerro sus ojos al sentir como un punzón doloroso se hacía presente bajo su vientre y adolorida ante el intruso que lentamente se adentraba su virginidad, sujeto aún más fuerte al lemuriano marcándole la yema de sus dedos en la espalda y dejando libre un quejido atrapado en su garganta que alarmo al santo.

-Seika, ¿estás bien? -pregunto el santo deteniéndose en su avance.

La dama le asintió cerrando sus ojos un instante y fugazmente le beso los labios. -No te preocupes, solo no te detengas.

Mu obedeció y no pudo evitar soltar un gruñido lleno de satisfacción cuando se hizo uno con el cuerpo de Seika y de inmediato le beso los labios confirmándole que sí, el imponente carnero de Aries estaba completamente rendido a su piel y a su belleza. Aquella sensación de ser uno mismo solo se podía comparar con el paraíso mismo.

Mu aguardo un instante mientras Seika reconocía por primera vez aquella sensación de ser uno con su amado y notando como ese contacto ardoroso de su amado, provocaba ligeramente dolor ante la grandeza de su virilidad.

-Te amo Seika...-susurro el santo cuando sus labios se soltaron tras aquel beso apasionado y quedaron a milímetros de los suyos. -Te amo.

-Y yo a ti, Mu.

Mu se retiró nuevamente del cuerpo de Seika y entonces comenzó a mecer su figura lentamente sobre la japonesa, percibiendo todos aquellos cosquilleos que le mantenían alerta y le envolvían en una nube eclipsando el tiempo mientras ella comenzaba a comprender como al crecer su tiempo juntos, el dolor se transformaba en ardoroso placer.

Pronto Mu se acomodó más cercanamente a Seika, sujetándole reclamante los muslos y cual signo de fuego, comenzó a acelerar aquel ritmo de baile sobre su piel, escuchándole dedicarle la melodía más apasionada y tímida proveniente de sus jadeos involuntarios llenos de excitación.

Mu gruño con fuerza al tomarla, y dejo que aquel carnero lleno de vigor y braveza emergiera de sus adentros, esbozando en sus movimientos frenéticos cuan embelesado se encontraba por aquella fortuita caricia. Era el cielo, era más que lo que hubiese deseado en cualquier sueño, el tener a Seika bajo su abrazo iba más allá que todas sus fantasías, estaba fuera de límite. Era suya como él de ella en alma, cuerpo y mente.

El éxtasis entonces llegó a su cuerpo, como si cientos de estrellas, esas mismas que había leído en las constelaciones, hubieran bajado para ellos a para cubrirles la desnudez y pronto un calor inaudito lleno de su esencia el vientre de Seika, provocándole jadear con ferocidad totalmente rendido al alcanzar el cielo.

Totalmente cansado, el lemuriano se recostó con el cuerpo vaporoso y tibio sobre Seika, quien le sujeto con ternura hacia su pecho, permitiéndole escuchar los latidos de su corazón tras terminar de amarle.

-Seika…-soltó aun entre jadeos intranquilos el lemuriano mientras su cuerpo comenzaba a temblarle de frio. -Te amo tanto que ya no podía vivir sin ti…-el de los lunares pauso para tomar aire. - ¿Te quedaras conmigo siempre, cierto?

La dama sonrió ante la propuesta, ni si quiera tenía que pensarlo. Lo amaba con cada parte de su ser.

-Siempre Mu, siempre estaré a tu lado.

-Seika yo estaba esperando a alguien que hiciera girar mi mundo y llegaste tú de pronto, y me llevaste al cielo convirtiéndome en una estrella, y haciéndome brillar hoy, gracias Seika.

-Eso fue hermoso Mu…

La dama se conmovió ante lo dicho y sonrió dejándose perder lentamente entre suspiros al hermoso mundo de ensueños, guiada de la mano de su amado que entrelazo sus manos entre la suyas, haciéndole saber que jamás la soltaría.

-Te amo Mu.

-Y yo a ti Seika, siempre te amaré.

Fin...

Lindos lectores hasta aquí mi participación en la vida de los fics, no saben lo feliz que me hace concluir otro gran proyecto.

¡Ah, es broma jajaja!

Me despido por ahora, ya nos encontraremos algún día en otro fic de su interés. ¡Nos leemos pronto!

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