Personajes originales de la señora S. Mayer

Underneath, de Staci-Diane603

Traducción de Dulzura Letal

Capítulo nueve: Límites, continuación

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El agua caía abundante, bien caliente y con mucha presión, sobre los hombros inclinados de Jacob y se deslizaba suavemente por su cuerpo. El vapor que llenaba el baño era tan denso que era casi imposible ver nada. Jacob apoyó las manos sobre la pared de la enorme ducha, justo bajo la regadera, con los pies plantados sobre el piso de azulejos y los dedos encorvados ligeramente hacia adentro. Toda su postura mostraba rigidez: sus músculos tensos y llenos de nudos, emanaban una ola tras otra de culpa y deseo.

Jacob había sido besado antes. Tenía casi diecisiete años y había participado con bastante regularidad en fiestas con besos desde los catorce. Hasta ahora, sabía que le venían bien las chicas y los chicos; le gustaba tener opciones, y había tenido unas cuantas sesiones prolongadas de besos con ambos géneros. Siempre la había pasado bien, y le había gustado y le había excitado. Había sido besado antes, muchas veces.

Pero, nunca, jamás lo habían besado de la manera en que lo besó Edward, allí arriba.

Sus besos lo dejaron con este deseo, con esta necesidad latiéndole en las venas, en la sangre, calentándolo más que nada. Aún ahora, minutos después, seguía con esa necesidad latente y dolorosa entre las piernas. Se rehusaba a reconocerlo, pero era difícil no hacerlo porque en su mente, el vínculo con Edward estaba completamente vivo, eléctrico, mágico, y tan exigente que le era casi imposible negarlo. Era una luz brillante y pura, y Jacob apenas si podía soportarla. Hacía meses que no podía dejar de pensar en Edward, pero nunca de este modo…esta conexión…

Dios.

Lo que no le dijo a Edward, era que esta conexión no es nueva. Los vínculos no se forman con besos y contacto físico. Por lo menos para los hombres lobo, los vínculos se forjan al nacer…es el destino quien une a las almas gemelas. Eso es lo que dicen las leyendas, eso es lo que él aprendió. Los vínculos son incontrolables e innegables. La conexión con su manada siempre estuvo allí, toda la vida; sólo que despertó y se activó la primera vez que Jacob cambió de forma.

Este vínculo con Edward tenía que ser igual. Seguro que siempre estuvo allí, y ahora despertó, pero Jacob no sabía qué fue lo que cambió. No sabía el porqué de su existencia, ni cómo manejarlo. Pensó en Edward, en su sonrisa, en su voz, en sus manos tocándolo, y sintió el doloroso latido apremiante entre las piernas. El vínculo clamaba por algo, ¿contacto físico, tal vez, o qué? ¿Consumación? Esta noche, estuvo muy cerca de acostarse con Edward. Casi pasó de querer asegurarse de que estuviera a salvo, a terminar en una revolcada rápida en la cama de Edward. Solo pensarlo le producía náuseas; cuán bajo sonaba, cuán equivocado. Le gustaba mucho Edward, significaba para él mucho más de lo que debería, y la idea de que sufriera o de que se fuera, o de que estuviera con otra persona, le resultaba indescriptiblemente dolorosa. Sus pensamientos y sus sentimientos eran: Edward, Edward, Edward, y su cuerpo sentía lo mismo. El vínculo deseaba la compañía de Edward, y su cuerpo deseaba el contacto con Edward, y Jacob...

Gruñó desde lo profundo de su garganta, y apretó las manos, clavando los dedos con tanta fuerza en la pared de azulejos que se rajó. Pequeños pedacitos de cerámica le cortaron las puntas de los dedos, haciéndolas sangrar. Removió los trocitos de pared, mientras los cortes se cerraban y la sangre se escurría enrojeciendo el agua. Jacob se miró las manos: limpias, ilesas; y temblaban, deseando tocar lo que no podía tener.

Giró, se apoyó contra los azulejos rotos e inclinó la cabeza hacia atrás, dejando que el agua le golpeara la cara y empapara su cabello. Le costaba respirar. Cuando cerró los ojos, pensó en su vampiro y el vínculo latió, golpeó, exigió…algo. Jacob no sabía qué era lo que estaba pasando, no sabía de qué se trataba, ni qué se suponía que debía hacer con eso, además, este vínculo no respondía a la manipulación como los que tuvo con la manada. No podía bloquearlo parcialmente, no podía darle otra dirección. Era inquebrantable, no podía ponerle obstáculos, era impenetrable. No podía hacerle nada más que tocarlo, sentirlo, dejarlo acercarse cada vez más a Edward. Y Edward podía sentir todo, podía ver todo a través del vínculo, lo quisiera o no. Era más fuerte que ellos dos.

Jacob volvió a gruñir y abrió los ojos; dejó que el agua entrara en ellos hasta que le ardieron, luego los cerró y se quedó bajo la lluvia. Levantó las manos temblorosas y se restregó los ojos. Detrás de los párpados cerrados solo veía a Edward: su sonrisa, su risa, su voz, sus manos, sus ojos, sus labios hinchados de besos, y...

Era demasiado. El recuerdo de las manos de Edward tocándolo le estremecía de deseo, y esa excitación coincidía con el vínculo. Antes de darse cuenta de lo que hacía, su mano se deslizó por su cuerpo y se cerró alrededor de la extensión palpitante de su pene; ya estaba tan caliente que no le tomó mucho, dos o tres movimientos bruscos de la mano y el recuerdo del beso de Edward, y se corrió con fuerza sobre la palma.

No llegó el alivio, sino que el deseo se intensificó, y la culpa que lo recorrió después, lo puso de rodillas. Rosalie tenía razón. Hacía apenas unos meses que había perdido a todos y a cada uno de sus conocidos. Su familia completa había sido masacrada. Debería estar concentrándose en eso, en el dolor y en la venganza; en cambio estaba aquí, en esta ducha, pajeándose y pensando en una sanguijuela. ¿Qué había pasado con sus prioridades? ¿Qué diría su padre? ¿Qué diría Sam? ¿Qué tan enfermo estaba? La culpa lo sofocaba.

Gruñó, enojado; sintió que los ojos le ardían y se enfureció aún más. Joder, estaba tan cansado de todo esto. Estaba cansado de sentirse siempre como si estuviera a punto de derrumbarse. Estaba cansado de sufrir, de sentirse triste y preocupado y de no tener la más mínima certeza. Estaba cansado de sentirse impotente y manejado por sus emociones, como una niña pequeña. Estaba cansado de no tener el control de nada, de que las cosas siguieran esta rutina de lo imposible y lo desconocido, y siguieran ocurriendo cosas extrañas de las que no podía escapar. Estaba cansado de…joder…

Estaba cansado. Solamente, estaba cansado.

Estaba tan, tan cansado.

Y esto, esta cosa con Edward. Esta…conexión, o imprimación, o la mierda que esta cosa sea…no importaba. No le importaba. Así era. No tenía tiempo para esto.

La amargura seguía allí, la amargura y el dolor y la culpa; pero la ira llevaba las de ganar, y quería desquitarse con algo. Quería golpear algo, lo quería de veras.

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Emmett aún estaba con Jasper en el garaje, cuando Jacob entró, con un propósito obvio. El vampiro se sorprendió, porque si lo que dijo Jasper era cierto, Edward y él deberían estar ocupados. Sin embargo, Jacob estaba allí, completamente vestido y con una mirada muy intensa. Saludó a Jasper con una inclinación y sin mayor preámbulo caminó hasta Emmett, le tomó una muñeca y tironeó. –Vamos.

Emmett levantó una ceja, dejó caer la llave sobre el banco de trabajo y asintió. –Seguro, chico-. Aceptó. Lanzó una mirada intrigada a Jasper: el vampiro rubio se encogió de hombros, cosa que no fue de mucha ayuda. Emmett metió las manos en los bolsillos de su jean y siguió a Jacob hasta el patio de atrás.

Jacob temblaba y llevaba los puños apretados a los lados del cuerpo. Emmett frunció el ceño. -¿Estás bien?

Jacob giró, levantó un puño e hizo su mejor esfuerzo para quebrarle la quijada a Emmett. El vampiro se sorprendió tanto que apenas pudo moverse con la suficiente rapidez como para atajar el puño de Jacob. La palma le dolió y se resquebrajó por el esfuerzo de contener toda esa fuerza. El 'crack' del golpe de piel contra piel hizo eco en el aire. Emmett examinó las manos, luego a Jacob, que apretaba los dientes y estaba parado allí, tan tenso que de seguro tendría problemas para usar sus articulaciones. Entonces, la boca de Emmett se estiró en una sonrisa lobuna y desenfadada. Comenzaron.

Entrenaron durante horas.

Durante los últimos meses, el vampiro comenzó a enseñarle a Jacob cómo pelear, porque él era más que capaz de hacerlo en su forma de lobo, pero por razones obvias, nunca fue entrenado en combate mano a mano. En cambio, durante los pasados noventa años, Emmett se convirtió en un experto en artes marciales y en la siempre amada tradición de la sucia pelea callejera. Y ahora, le pasaba el conocimiento de los matices de ambos estilos a Jacob.

Jacob aprendía bastante rápido, pero por supuesto, Emmett seguía ganándole. Y probablemente, siempre lo haría.

Emmett no paró de luchar contra Jacob, ni de dejase atacar por él, hasta que el lobo estuvo a punto de colapsar. La fresca mañana de agosto se convirtió en un ocaso helado y lluvioso.

Llovía muchísimo, ensordecedoramente. Ambos estaban empapados; y Jacob, literalmente amoratado, mientras Emmett sentía los dolores como si lo estuviera. Jacob era bueno, muy bueno, y peleaba como un demonio, todo puño, patadas y furia. Emmett lo dejó sacar todo, porque era muy evidente que esa era una experiencia catártica para el lobo, y Emmett quería asegurarse de que pudiera exteriorizar todo lo que quisiera. Sólo Dios sabía cuánto necesitaba un poco de paz, y si dejarlo pelear como un demonio le ayudaba, Emmett se alegraba de poder hacerlo. Jacob le agradaba; le agradaba mucho.

Era una locura, toda esa situación…que Jacob viviera con ellos, entre ellos, siendo parte de la familia. No era un vampiro, de hecho, era uno de sus enemigos mortales. Joven, impulsivo, iracundo; y más allá de lo que pensaran Esme, Carlisle y todos los demás en la familia, Jacob no es indefenso. No los necesita, al menos no los necesita para sobrevivir. No necesita la ayuda de la familia como parece creer. Jacob es más que capaz de cuidarse a sí mismo. Lo que le sucedió a su familia lo envejeció mucho, y Emmett imaginaba que convertirse en lobo también contribuyó. Físicamente, cuando pasó aquello, en pocos meses se convirtió en adulto. La teoría de Carlisle era que las sustancias químicas y las hormonas hicieron que el cuerpo de Jacob madurara en ese momento. Aún le faltaba mucho por experimentar, pero hasta ahora, Jacob vivió mucho más que la mayoría de las personas en toda su vida. Aún es joven, pero no tan joven mentalmente, no es como cualquier chico de dieciséis años. Él podría valerse por sí mismo.

Pero, parecía no darse cuenta, o tal vez, subconscientemente no quería darse cuenta. Al principio, puede que haya querido utilizarlos por su conexión con los Volturi, pero ahora, a Jacob le gustaba vivir con ellos, y a ellos les gustaba vivir con él. La sensación era…era como si siempre hubiese vivido con ellos, como si siempre hubiese sido parte de la familia. O, tal vez, siempre les faltó algo hasta que llegó Jacob. Ahora eran uno, el aquelarre Cullen estaba completo.

Emmett no sabía, y honestamente, tampoco le importaba cómo. Jacob era uno de ellos, culpa del destino, o por las circunstancias, o por elección, y a él le gustaba que lo fuera. Jacob era su nuevo hermano, un nuevo miembro de la familia, y verlo lastimado, incómodo o alterado le resultaba violento. A Emmett le importaba lo suficiente como para querer lo mejor para Jacob.

Una vez que Jacob quedó completamente exhausto, después de interminables horas de práctica, se dejó caer y pidió tregua. Emmett se sentó en el suelo, a su lado, preocupado y confundido; y dolorido, allí donde Jacob le había dado unos buenos golpes. Jacob estaba acostado de espaldas, respirando con dificultad, desparramado sobre el césped, con la cara enrojecida y el cuerpo tembloroso por el ejercicio. Sin embargo, permanecía en silencio. Emmett apenas si tuvo algo de paciencia, antes de comenzar a preguntar.

-¿Quieres contarme qué fue todo eso?

Jacob se encogió de hombros, levemente, y se pasó la mano por la frente, mezclando sudor y mugre. –Quería golpear algo-. Murmuró, jadeando.

Emmett podía oír el ritmo apresurado de su corazón. Sonrió. –Bueno espero que te haya ayudado.

Jacob volvió a fruncir el ceño. –Un poco-.

Emmett deseó poder leer mentes, como Edward, o las emociones, como Jasper. Era demasiado trabajo hacer que alguien hablara cuando, en realidad, no quería hacerlo. –Entonces- comenzó, sin preámbulos –Jasper dice que tú y Edward son pareja.

Como era de esperar, Jacob se sentó rápidamente y le lanzó una mirada de enojo, con el corazón galopando acelerado. Lucía completamente incómodo, y Emmett lo tomó como un rotundo 'sí'.

-No somos pareja-. Dijo Jacob, de inmediato, con tozudez. –Nosotros…somos algo…tenemos algo…

-Ajá-. Dijo Emmett.

-¡Cállate la boca!- Exclamó Jacob, furioso. –No sé qué está pasando, pero no importa…yo no…no puedo…hay…-. Se detuvo.

Emmett sonrió y asintió. –Bien dicho.

Jacob lo empujó y el vampiro rio. Jacob suspiró. –Hay cosas más importantes que este estúpido vínculo. Yo no…yo no tengo tiempo para ocuparme de esta mierda, que probablemente ni siquiera es real…debe ser alguna…alguna cosa rara… ¡quién carajo lo sabe!

Emmett ladeó la cabeza. -¿No es real?- Repitió. –No creo que haya parejas falsas, Jake. Los vampiros nos unimos de por vida. No hay término medio.

-No es real-. Dijo Jacob. –Yo no imprimé, no soy su pareja.

-Sientes algo por él-. Apuntó Emmett, porque era algo obvio para cualquiera que los viera juntos.

-¿Qué, amor?- Dijo Jacob, con sorna. -¿Qué, encontré mi verdadero amor y ahora todo serán cachorritos y arco iris y gatitos? ¿Encontré a Edward como tú hallaste a Rose y Jasper halló a Alice, y Carlisle a Esme; y ahora todos juntos seremos una gran familia feliz para siempre?

Emmett frunció el ceño. –No seas pendejo-. Murmuró, seriamente. –Y no te tomes a la ligera esta mierda; porque es real, y es algo poderoso, y más antiguo que todos nosotros. No puedes negarlo, simplemente.

-Mira cómo lo hago-. Dijo Jacob. –Sus reglas no me alcanzan, yo no soy un vampiro. Y no tengo tiempo para eso, tengo que ver a los Volturi y cazar al monstruo que asesinó a mi familia, y eso es lo único que me importa.

-No hablas en serio-. Dijo Emmett.

-Es lo único que me importa-. Replicó Jacob, con firmeza.

-Estás mintiendo-. Respondió Emmett, y Jacob lo miró con enojo, pero el vampiro no retrocedió, no iba a endulzarle nada y tampoco iba a tolerarle las mentiras, las odiaba. –Todos nosotros te importamos, y no interesa cuánto te alejes o cuántas veces lo niegues, siempre será verdad. ¿Y esto que te pasa con Edward? Es real. Edward no juega contigo, y no actúa con nadie como actúa contigo. Pasa algo entre ustedes, y Jasper puede sentirlo.

Jacob gruñó suavemente, y luego más fuerte –exudaba enojo-. En menos de dos segundos, todo el calor y la ira lo invadieron y se lanzó contra Emmett, pero estaba cansado, descoordinado, y el vampiro lo sostuvo y lo presionó contra el suelo, fácilmente. Le pasó una mano por la cabeza, despeinándolo, en un gesto de consuelo. Jacob gruñó, murmuró insultos durante un rato, y Emmett lo sujetó hasta que dejó de luchar; recién allí, lo soltó.

Jacob se calmó un tanto, y su ánimo regresó al cansancio y a una calma involuntaria. Se acostó, cruzó los brazos sobre el pecho y levantó la vista hacia el cielo, a través de los árboles. Emmett lo dejó permanecer en silencio. Después de un rato, Jacob se volvió hacia él, con sus ojos oscuros menos hostiles. -¿Y si no es nada?- Dijo. -¿Y si pasó por accidente o sólo es una coincidencia?

-Supongo que es posible-. Respondió Emmett. –Como dijiste, no eres un vampiro, puede que nuestras reglas no se apliquen, necesariamente.

-Mm- Dijo Jacob. Se quedó callado por rato largo, y Emmett volvió a desear la capacidad de leer mentes.

Finalmente, el hombre lobo, dijo. –Quisiera…quisiera que las cosas fueran diferentes.

Si hablaba de la posibilidad de que Edward fuera su pareja, o de otra cosa, Emmett no estaba seguro, y tampoco preguntó. –Mira, ¿sabes que cuentas con nosotros, verdad?

Jacob elevó una ceja.

-Toda mierda sentimentalista a un lado, quiero decir…sabes que vamos a estar contigo y te ayudaremos encontrar al tipo que asesinó a tu manada. ¿Sabes que eres uno de nosotros, no?

Jacob lo miró sin comentar nada, y Emmett continuó. –Sé que te están pasando un montón de porquerías en este momento, sé que perdiste a tu familia, y que estás como la mierda y todo eso...Pero trata de recordar que nosotros no somos el enemigo. Edward es un jodido deprimente, pero es auténtico, ¿sabes? Tal vez no sean pareja, tal vez estemos completamente equivocados, pero ¿sería algo tan malo?

Jacob no respondió. Emmett no esperaba que lo hiciera, en realidad. En cambio, Jacob lo miró y dijo. –Gracias.

Emmett rodó los ojos. –Seguro.

Se quedaron callados, otra vez, ninguno de los dos hizo nada por moverse. La lluvia seguía cayendo torrencialmente, de algún modo, era calmante. Emmett cerró los ojos y respiró hondo. En ese momento, olió un aroma que hizo que su pecho se llenara de amor y su corazón se hinchara, era quien hacía que su mundo valiera la pena. Abrió los ojos y miró hacia la casa. Segundos más tarde, Rosalie salió elegantemente por la puerta del garage.

La lluvia la empapó, inmediatamente, el cabello se le pegó a la cara, la ropa se le pegó al cuerpo y los zapatos de mil quinientos dólares se le mojaron. El maquillaje también se le corrió y Rosalie puso una cara de molestia por todo eso. Era absolutamente hermosa.

Emmett le sonrió. Ella se acercó y su acostumbrada expresión seria se suavizó y le devolvió la sonrisa. Jacob percibió su olor unos segundos más tarde, y se sentó de inmediato, luciendo cauteloso y culpable. Era obvio que pasó algo entre ellos. Emmett los miró a ambos y, cuando Rosalie estuvo lo suficientemente cerca, le tendió la mano. Ella la tomó y se arrodilló en el césped junto a él, frente a Jacob. Emmett la atrajo hacia él, tratando de protegerla de la lluvia. Ella encajaba perfectamente a su lado.

-Quiero explicarte-. Le dijo Rosalie a Jacob. Emmett no se molestó en preguntar de qué se trataba. No era asunto suyo.

Jacob tragó saliva y la miró, con culpa. -Rose, yo no quise…yo…

-Edward te ama.

Emmett casi se largó a reír a carcajadas por la cara que puso Jacob. Era cierto, pero él no se lo había dicho, porque Jacob no necesitaba oírlo en este momento. Rosalie tenía menos sintonía con ese tipo de empatía, y nunca tuvo demasiado filtro entre sus pensamientos y su boca. Sin embargo, Jacob reaccionó según lo esperado y dijo. -No, no me ama, sólo cree que somos pareja o algo así.

-Antes de esta noche-, dijo ella, –ya te amaba. Lo hace desde hace un tiempo. Es así. Tú no has estado cerca suyo lo suficiente como para saberlo, pero Edward es muy reservado. Generalmente, no le agrada la gente, no está cómodo rodeado de otros. Pero, la manera en la que te trata…eso no es normal para él. Lo que siente por ti…Confía en mí. Te ama.

-Rose.

-Y es probable que tú mueras.

Emmett parpadeó y Jacob abrió la boca; ninguno supo qué decir. Se oyó horrible, pero el tono de voz de Rosalie y su cara, les hizo saber a ambos que no lo decía con mala intención. Emmett nunca antes la había visto tan preocupada.

-Yo voy…-Fue todo lo que pudo decir Jacob.

-Probablemente vas a morir-. Repitió Rosalie. –Todos estaremos allí, y eso, tal vez ayude, pero es probable que los Volturi te maten. Lo sabes, ¿verdad? Nunca tuviste dudas de eso.

Jacob tragó saliva y asintió. Emmett estaba asombradísimo. –Ya lo sé-. Dijo el hombre lobo. –Pero tengo que intentarlo. No puedo no hacerlo…

-Lo sé-. Interrumpió Rosalie. –Lo sé y lo respeto, y allí estaré para ayudarte, pero…Mira, Edward fue tan infeliz durante tanto tiempo, y luego conoció a Bella y estuvo bien. Mejor. Pero, luego te conoció y…sonríe, y habla más, y es feliz. Significas mucho para él, y no sé cuándo ni cómo pasó, pero te ama. Pareja o no, te ama…y es probable que mueras.

Jacob la miró con dulzura. –Y piensas que voy a lastimarlo.

-Puede perderte, y eso ya es lo suficientemente difícil, pero yo temo…temo que… si, en verdad, ustedes son pareja, y tú mueres, él también morirá.

-Rose, yo no creo…

Ella lo interrumpió. –No entiendes. Ninguno de nosotros entiende verdaderamente cómo funciona para los vampiros, pero tenemos una idea clara. Carlisle vive desde hace mucho tiempo, y tiene sus teorías. A los hombres lobo sólo les hace falta una mirada, ¿no? Para nosotros también es algo físico, pero no es inmediato, es gradual, tienes que conocer al otro. Es el destino, ¿sabes?...compañeros destinados. Pensé…creí que si no se acercaban, tal vez eso no pasaría.

-Rosalie-. Murmuró Jacob, suavemente. Se sentía mal por ella, y ahora le preocupaba Edward. Emmett podía verlo en sus ojos.

-Lo siento-. Dijo Rosalie, y Emmett parpadeó, sorprendido. Rosalie no acostumbraba a disculparse, de hecho, podía contar con los dedos de una mano, las veces que se había disculpado. –No quise decir lo que dije. Sé que no te has olvidado de lo que le pasó a tu manada. No debería haber dicho lo que dije.

-Quieres que Edward esté bien.

Rosalie sonrió, temblorosamente, y asintió. –Es mi hermano-. Susurró, como si eso lo explicara todo.

Y, realmente, lo hacía.

Emmett la abrazó y le besó el cabello, luego volvió los ojos hacia Jacob. El hombre lobo estaba más calmado, contemplando la lluvia. Emmett no estaba seguro de qué haría Jacob, o cuál será su elección, no sabía si Jacob y Edward eran el uno para el otro…

Sin importar lo que suceda, él los acompañará en el camino.

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Edward acababa de salir de la ducha cuando Jacob golpeó la puerta. De pronto, el vampiro se puso nervioso, se pasó la mano por el cabello húmedo y le dijo al hombre lobo que entrara.

Jacob estaba completamente empapado, goteaba agua de lluvia por todo el piso. Además, tenía moretones, como si hubiese peleado. Por supuesto, había estado casi todo el día afuera, ejercitándose con Emmett. De alguna manera, lo sorprendente era que no estuviera más golpeado. Sin embargo, lucía bien, y el vínculo mental tironeaba desesperadamente. Edward apenas si podía contener el deseo de acercarse.

-Ellos creen que tú y yo somos pareja-. Dijo Jacob.

Edward asintió. –Lo sé.

-Todos ellos-. Explicó Jacob. –Hasta Carlisle y Esme.

Edward volvió a asentir. Lo sabía. Después de todo, él podía leer mentes. –Pero tú no lo crees.

Jacob tragó saliva y desvió la mirada. Sus ojos parecían turbados y su postura mostraba agotamiento y fatiga. Edward ansiaba poder aliviarlo, pero la tensión entre ellos era terrible. Jacob se humedeció los labios. Vestía una camiseta negra que se le pegaba el cuerpo, mojada. Edward notó cada una de esas cosas. –No estoy seguro.

Edward supuso que era comprensible; él tampoco estaba completamente seguro de cómo se sentía con todo esto. Sentía algo por Jacob, algo muy grande e innegable, pero no sabía qué significaba. Honestamente, le resultaba atemorizante, por lo poderoso que era. –Está bien.

Jacob sacudió la cabeza. –Perdóname, por haber salido corriendo de ese modo. Fue estúpido, pero es que…me sentí culpable.

-Está bien-. Dijo Edward, otra vez. Sentía claramente las emociones de Jacob, a través del vínculo, pero sus pensamientos se percibían menos estables. –De veras.

-Edward…yo…- Comenzó Jacob, se detuvo y luego retomó. –No puedo. En este momento no sé lo que significa, no sé si es algo real o cómo funciona, ni qué es lo que está pasando…y no puedo…no puedo lidiar con esto ahora. Hay otras cosas…mi manada…mi padre y mis hermanas. Yo tengo que…yo no puedo pensar en nada más.

Edward resopló, frustrado. –No estás solo, Jacob. No tienes que soportar la carga tú solo.

-Ya lo sé-. Dijo Jacob, pero Edward sabía que lo decía a medias. –Mira, no importa. Sólo…¿podemos volver a como estábamos antes? ¿antes de esta noche? No creo…sé que el vínculo quiere algo y que no deja que nos concentremos, pero este no es el momento. Podemos investigarlo más adelante, después de que encontremos a Adlai.

Ese nombre, como siempre, le produjo un estremecimiento helado a Edward, y la idea de olvidar lo que pasó esta noche le ocasionó una oleada de decepción y dolor, pero la reprimió. Si eso era lo que Jacob quería, entonces lo harían.

–Por supuesto-. Dijo. –Por supuesto que podemos. Lo que sea más fácil para ti.

Jacob pareció aliviado, pero entre ellos quedó un clima incómodo, como hacía tiempo que no se producía. Estaba mal. Esto era un error: que ellos estuvieran separados era un error, de eso, Edward estaba seguro.

-Bien-. Dijo Jacob. –Gracias.

Edward no podía aceptarlo honestamente, así que solo asintió.

Se quedaron en un silencio incómodo por un minuto y luego Jacob se aclaró la garganta. –Voy a dormir un poco.

Edward afirmó. –Seguro.

Jacob asintió, también; la tensión persistía y la situación se tornó ridícula. Edward no podía hacer un carajo para mejorarla. Jacob carraspeó y dijo.

–Buenas noches.

-Buenas noches-. Contestó Edward.

Jacob se alejó, dejando a Edward de pie, solo, en su cuarto, con la sensación opresiva de que esto era un error. Un gran error.

xxxxxxxxxxxxDulzura Letal, 23 de julio de 2014 xxxxxxxxxxxxxx