Narrado desde la memoria de Fumito.

Seguía bebiendo, era el quinto wiski que me bebía en 15 minutos.

Mire el reloj, ya eran las 2:00 de la mañana, miraba a la gran ventana de mi despacho, mientras me levantaba y tambaleaba andando hacia el balcón.

-Saya…- sonrió- eres tan hermosa.

Empecé a llorar y agite mi cabeza de lado a lado.

-Señor Fumito- dijo Yuuka- Kisaragi ha huido de la ciudad –se paró- con la niña.

Al oír eso enfurecí y tire el vaso contra el cristal de la ventana haciéndolo mil trozos.

-¡BUSCARLAS!- grite mientras veía como varios de mis hombres venían- ¡Buscar en los lugares más ocultos de la tierra! ¡EN TODOS!- me apoye en la pared- traedme a Saya ante mí.

Yuuka suspiro.

-Si señor- se retiraron.

Cuando se fueron deje de morder mi labio y empecé a llorar cayendo de rodillas al suelo.

-¿Por qué?- solloce- ¿¡porque Saya!?- me levante y empecé a gritar- ¡YO! ¡QUE ME HE ESFORZADO EN SALVARTE, QUE HE SACRIFICADO MILES DE VIDAS POR DARTE UNA A TI, Y ENCONTRAR TU CURA! Yo… ¡QUE SACRIFIQUE MI HUMANIDAD POR TI! Y tú... permites… que otro hombre…. Te posea, que posea tu cuerpo, tus labios, tus caricias, el cuerpo que ¡SOLO YO PUEDO TOCAR!

Seguí llorando mientras veía el hermoso paisaje que formaba las luces de la ciudad en todas las noches junto a las estrellas.

-Como me gustaría…- sonreí como pude- ver este paisaje abrazado a ti, Saya.

Pasaron los días y no encontraron a Saya ni a Eiko.

Deje de comer, solo pensaba en ellas.

-Saya….- lloraba- vuelve…. Vuelve, por favor- grite ¡PERDONAME! ¡PERDONAME POR TODO LO QUE TE HICE!

Pasaban más y más días y no se sabía nada de ellas.

Seguía sin comer.

No tenía fuerzas ni para levantarme.

Estaba en mi despacho, cerré la puerta y eche las cortinas.

Puse la pantalla grande conectada a mi ordenador y puse la foto de Saya, me acerque a la pantalla.

-Tus labios…- los acaricie- que lastima que solo pueda verlos en una foto…- el corazón me iba dando más fuerte y menos tiempo- Solo…. Una…. Foto…

Fue lo último que dije antes de desmallarme.