Día once.- Vistiendo Kigurumis.

Ukyo checaba su teléfono a cada momento, Ema se había ido al centro comercial hace unas horas para comprar "algunas cosas importantes".

— Se ha tardado demasiado. — Por decima ocasión, observa la pantalla de su celular esperando si recibía una llamada o mensaje de la castaña. — ¿Le habrá pasado algo? — Pensaba lo peor. — ¿Debí haber ido con ella?

Una gran preocupación le llegaba al pensar lo peor, Ukyo era de las personas que siempre está al pendiente de los demás aunque no sea de manera directa, si llegase a enterarse sobre algo malo de su familia, recurriría de inmediato y trataría de conseguir una solución a los problemas, aunque en verdad sólo piensa soluciones legales en situaciones que no son de ese aspecto.

— Para que esperar una llamada de ella, si yo podría hacerlo. — Se da golpes internos por no pensar eso antes.

Buscando en su celular el número de Ema, antes de dar click al icono de llamar, el tono de llamada comenzó a sonar… tal parece que alguien se adelanto.

— Ema. — Responde casi enseguida.

— Ukyo-san, hola. — Responde algo preocupada, pensaba que su amad estaría molesto, cosa que es verdad.

— ¿Ya regresarás a casa? — Decidí "ignorar" el saludo para "irse a lo importante".

— Si, en realidad estoy frente a la puerta. — Responde la castaña. — Quería pedirle a Ukyo-san ayuda para poder cagar lo que he comprado, si no es molestia, claro.

Suspira aliviado al saber que su amada está bien. — Por supuesto que no me molestaría. — Ahora su voz es más suave. — Enseguida estaré ahí.

— Gracias. — Dice esto último para luego terminar la llamada.

— ¿Y qué fue lo que compraste? — Pregunta el rubio señalando las grandes bolsas de compras.

— Algo muy lindo. — Contesta mientras toma las bolsas y revisa dentro de ellas para sacar su contenido.

— ¿Algo muy lindo? — Repite la contestación de la menor.

— Si, sólo obsérvelo. — Le muestra el contenido de la bolsa. — ¿Qué tal? — Parecen ser trajes de ¿animales? Para ser usados por las personas, como si fuese una botarga. Los dos disfraces eran mapaches rojos, uno de ellos era más largo y grande que el otro.

Observa con detenimiento las "compras importantes" de la castaña. — ¿Eso era lo que ibas a comprar?

— Si, vi una promoción en internet sobre estos Kigurumis y decidí comprarlos. — Sonríe ampliamente, su inversión del día sí que fue productivo.

— ¿Y por qué compraste dos? — Esperaba que su respuesta no se incluyera él.

— Uno para ti y uno para mí. — Le entrega su correspondiente Kigurumi. — Pruébelo, espero que le quede. — Comienza a quitarse una de las prendas de su ropa para usar el traje. — ¿Qué sucede? — Observa a su amado.

— ¿Quieres que yo use esto? — Le avergüenza con sólo pensar que deberá usarlo.

— Si, ahora que el clima está demasiado frio, serviría mucho para calentarnos. — Termina de vestirse. — ¡Tada! ¿Cómo se me ve? — Hace una pose algo extraña.

— … — Sin decir nada, el rubio hace lo mismo que la castaña.

— Ukyo-san, se ve muy adorable. — Las mejillas de los amantes empiezan a colorearse.

Los dos se acercan para darse un gran abrazo.

— Si que calienta esto, eh. — Ríe entre dientes el rubio, tratando de darle un mensaje a su amada de lo que trataba de decir.

— U-Ukyo-san. — Apoya su cabeza en el pecho del rubio.

— Sabes, los trajes tienen algunas aberturas, podríamos usarlas. — Comenta el abogado.

— ¿Usarlas? ¿Cómo? — Pregunta "inocentemente".

— Te mostraré. — Contesta el mayor.

Desde ese día, esos adorables e inocentes trajes fueron usados para ¿un extraño fetiche? para la joven pareja.

Sí, sería difícil quitar las manchas de los fluidos de los dos, pero realmente cumplían su propósito, calentaba bastante los cuerpos de las personas, hasta tal punto, de hacer aquel acto de amor en varias ocasiones.


Nota de la autora:

Siento que no me quede bastante bien como debería este día, pero bueno.

Espero que les haya gustado.

Gracias por el apoyo y por ser pacientes en cada actualización.