Nota Orientadora: Capítulo Pre-Silent Hill Origins.


Silent Hill: De puño y letra, con alma y corazón.

Chapter XI – Tempus Fugit.

To: Travis Grady.


"Latín. Tiempo fugitivo o fugaz. Nos pide tomar en cuenta que el tiempo pasa muy rápido"

AMBROSE

TRUCKING & HAULAGE

SHIPPING FROM OWL CREEK, ALABAMA SINCE 1891.

Suspiró, quizás por quinta vez en toda la noche. Más que de cansancio era de aburrimiento.

La carretera estaba vacía a esas altas horas de la noche, más con la tormenta que se dejaba caer sobre las montañas.

Una noche tranquila. Como cualquier otra.

A un lado se erguía una enorme colina, cubierta por una malla de seguridad para evitar deslizamientos de tierra y prevenir accidentes carreteros. A su lado derecho se encontraba el espeso y tupido bosque cercano al lago Toluca.

Grandes pinos y abetos inundaban la vista, haciendo imposible presenciar la estela de neblina sobre el lago. Pero Travis sabía que estaba allí. Jamás, al menos que él recordara, lo había visto en su completa extensión, pero sus compañeros se empeñaban en contarle extravagantes historias sobre el lago y su neblina.

Es el lago de un culto extraño, dicen que sacrifican personas allí —Solía decir Jester, un anciano que llevaba más de cinco décadas en los camiones, parecía saber de todo.

¿Han escuchado sobre las criaturas que trae esa niebla? —Acompañaba Eleonor, una mujer aguerrida por el tiempo. Una compañera más.

¿Ya se embriagaron otra vez? —Contestaba él con una sonrisa.

No era fácil creerle a alguien que te contaba semejante cosa sentado en la barra de un bar con cinco botellas de cerveza vacías al costado. Travis sólo se limitaba a escucharlos, más que nada, esas historias le daban algo de risa.

Aunque no podía evitar sentir escalofríos al acercarse al pueblo de Silent Hill. Presenciar como de pronto los cabellos de su nuca se erizaban al presionar más el acelerador. La idea era pasar lo más rápido posible por el camino, sin tomar atención a las demás cosas. Sin embargo, esa noche no se podía.

El pavimento mojado era una trampa mortal para cualquier automovilista del planeta. El asfalto presentaba un peligro incluso estando seco.

Ni siquiera sabía porque había aceptado este encargo.

—Espero el doble de paga por esto, Billy —Gruñó por el transmisor del camión, sólo se oyó una risita del otro lado.

2:48.

Meneó su cuello adormecido por las horas de conducción, de inmediato las vértebras cervicales hicieron un desagradable tronido. Ahora sí que el aburrimiento era oficial. Billy dormía, se había ido de la frecuencia hace mucho. Y la radio logró decepcionarlo a la trigésima segunda estación que colocó.

—Música de jóvenes, nada que me agrade —Susurró apagando el aparato—. Estúpida tormenta.

Las horas avanzaban y los parpados le pesaban. Bostezó y se detuvo a un lado del camino. Tenía que prepararse otro café. La tercera taza en toda la noche. Tomó su termo con café dentro y lo vertió en la taza de plástico. Recargándose en el respaldo acolchonado del asiento. Sorbió un poco y lo tragó con desagrado, le faltaba algo más de azúcar. Rebuscó en la guantera del camión su cartera, donde guardaba unos pequeños sobrecitos de azúcar que tomó en una estación de servicio.

Abrió cada compartimiento de la billetera de cuero café hasta que dio con los sobres y algo más.

Una fotografía, muy antigua, de cuando era apenas un niño de cinco años. Su madre y su padre estaban a su lado, sonriendo. Suspiró, nada que ver con aburrimiento o cansancio esta vez, más bien de añoranza.

Le parecía que nada más fue ayer cuando soltaba la mano de su madre para despedirse en la escuela. Cuando a ella le dio un ataque de nervios porque su único hijo entraba a la vida escolar. Su madre era de esas que hacen escándalos por todo y por nada a la vez.

Su padre era algo más calmado. Y sonrió al recordar cuando afloraron sus primeros dotes de conductor. Nada más entretenido que poner agua al estanque de gasolina del auto de papá. Para que decir que el automóvil no se volvió a encender nunca más. Sin embargo, el señor Grady, en vez de enojarse soltó una risita agregando un: Es hora de cambiar nuestro auto.

O la vez que escaló un árbol para buscar la cometa que se había enredado en las ramas. Cayó. Su madre estaba histérica y se movía de un lado al otro en la sala de espera del hospital.

¡No me pidas que me calme! —Le gritaba a su esposo, mientras que él no pronunciaba palabra alguna. Y negaba con la cabeza.

Y él salía con una sonrisa plasmada en el rostro. Un brazo enyesado y en la mano su cometa.

A la edad de ocho años, recordó que su madre le había dado la manía de las dietas. Dieta para evitar el azúcar. Dieta para evitar la sal. Dieta para evitar los carbohidratos. Dieta para evitar hacer dietas. Dieta para esto. Dieta para aquello. Y cuando se presentó frente a él con un plato con espinacas había corrido el plato de su vista y su madre le reprochó con severidad.

Hay muchos niños que desearían tener este plato de comida frente suyo —Susurró.

Madre, lo comería, pero el suicidio es pecado —Había respondido.

Rio sonoramente en la soledad de la cabina, pero la risa se apaciguó paulatinamente.

—Ah… padre, madre… ¿Por qué es tan difícil recordarlos? —Preguntó al aire—. Es como si mi mente los hubiera bloqueado de alguna manera ¿Por qué tuve que observar esta fotografía para recordarlos? Y esas pesadillas…

Tenía razón, su vida estaba nublada desde los nueve hasta los catorce años. No lograba recordar de qué o por qué sus padres habían fallecido. Sólo tenía esos recuerdos felices y unas fotografías. Lo demás, era especulación.

—Cómo ha pasado el tiempo —Volvió a guardar la fotografía dentro de la billetera—. Algún día encontraré mi casa nuevamente ¿O serán ustedes los que me lleven a ella?

Y se tapó la boca rápidamente, escandalizado. Casi como si hubiera dicho una mala palabra.

— ¡Dios mío, estoy hablando como Jester! —Se arregló la gorra y sorbió otro trago el cual escupió al instante dentro del termo.

Ya no era falta de azúcar, estaba tan frío como la noche.

Bajó la ventanilla y lanzó el líquido fuera de la taza y el termo completo, lanzando este último en el asiento del copiloto. Calentó motores, movió la palanca de cambios y partió nuevamente.

Las ruedas giraban sobre el camino derramando un spray de agua y a un costado un cartel en medio de los árboles.

BRAHM

13 MILES

Y de pronto una sombra oscura tropezó al frente del camión a más de 100 km/hrs. Era hora de llegar a casa.

"Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen"

From: La filántropa estadounidense, Rose Kennedy


N/A: Primeramente y para que no se preste para discusión, no es que yo encuentre a Travis viejo xD al menos no hasta su aparición en Silent Hill Homecoming, donde está algo viejito, bueno entrado en edad xD.

Travis no es un personaje que yo diga ¡vaya que personaje es Travis! Nada de eso, al menos lo admiré por ser el primero en darse cuenta de que podía matar enfermeras con los puños, cosa que nadie más se le había ocurrido hasta el momento. Vale, no sé si realmente me desfasé en la edad del Travis niño, me daba la impresión de que cuando (¡SPOILER!) su madre y su padre murieron, él tenía algo así de 10 años. ¡Ya ven hace millones de años que no retomo el Origins! Por lo que no me acuerdo de todo.

El soundtrack de este capítulo es: Carry you home – James Blunt

Próximo Capítulo: Beatus ille con Alex Sheperd

¡Un beso grandísimo y nos vemos en el siguiente!