Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y de Shiori Teshirogi

Aclaración: Semi AU, Siglo XVIII, Regulus x OC, mini serie de shoots.


"Se perdona mientras se ama." - François de La Rochefoucauld


XI

"Para perdonar…"


Era un día en el que el sol brillaba en todo su esplendor. Leander y Alcander jugaban ajenos a todo, disfrutaban en el pequeño arroyo que había frente a la cabaña. Hacia muy poco que Alcander había aprendido a caminar, y ahora se dedicaba únicamente a perseguir a Leander a donde sea que este fuese. Regulus por su parte, los observaba con una sonrisa de satisfacción desde la comodidad de una silla. No había nada que disfrutara más que ver a sus hijos crecer juntos.

Algo en su interior se removía inquieto, se sentía ansioso y un tanto nervioso. Después de tanto tiempo lejos de ella y de sus constantes negativas a decirle donde se encontraban, al fin había cedido a la retórica de Defteros, y con la excusa del primer cumpleaños de Alcander, había accedido a que Arabella los visitara y pudiera pasar tiempo con los niños. La única restricción que había impuesto es que no se le revelara la ubicación de su hogar a Arabella, por ningún motivo quería que ella tuviera la libertad de encontrarlos. Su ira había disminuido a niveles "aceptables", pero aún su mal genio hacia ella estaba a flor de piel.


Cerca del mediodía, escuchó ruido de voces y pasos acercándose a la cabaña, cuando supo de quién se trataba, la sonrisa se esfumó de su rostro y un gesto de fastidio se instaló en el. Arabella había llegado, junto con Defteros, Sísifo, y Kardia.

-Leander, Alcander...-llamó Regulus, quería tenerlos lo más cerca posible, hasta que se sintiera seguro de que nadie haría nada tonto por arrebatárselos.

-Buenos días Regulus.-saludó Defteros, para luego dirigirse a los niños, que por extraño que parezca, no huían despavoridos al ver al hombre de semejante tamaño.

-Regulus...-susurró Sísifo, aún seguía quedándose sin palabras cada vez que veía como aquel solitario niño que encontró una vez se había convertido en el hombre que era hoy. Muy en su interior, se sentía particularmente culpable por toda la situación actual entre Arabella y Regulus.

Tío y sobrino se dirigieron un saludo bastante frío, como muestra de las hostilidades que aún había entre ellos. Arabella se acercaba lentamente, sin separarse de Kardia quien le hacía gestos graciosos a los niños que se encontraban sentados en un espacioso banco de madera junto a Defteros.

-Arabella...-saludó Regulus con una voz que sonaba a peligro, se acercaba lentamente hacia ella, totalmente inutilizado al intentar reprimir el impulso de acercarse, tenía que aceptarlo, seguía amándola y realmente se preguntaba si es que era estúpido por mantener su venganza o un completo idiota por perder tiempo valioso a su lado.

-Buenos días Regulus... gracias por...-lo había ensayado una y otra vez durante el camino, pero aún así los ojos azul eléctrico de Regulus seguían dejándola sin habla. Tenía la garganta echa un nudo, y sabía que por más que ambos se hubiesen hecho daño durante el pasar de los años, aun se amaban, se deseaban, y se necesitaban.- Gracias por dejarnos estar aquí.

-No lo hago por ti, creeme. Lo hago por ellos. Si por mi fuera, estaríamos en el último confín de la tierra, lejos de tus mentiras y tus engaños.-no pudo controlarse, las palabras bulleron de su boca sin el menor cuidado y al ver que los ojos de ella se cristalizaban se arrepintió al instante.

-De todas formas, gracias... Ha sido un infierno tanto tiempo lejos de ellos...-respondió Arabella con un hilo de voz.

-Imagino que te podrás hacer una idea de lo que yo sentí...-replicó muy serio. No estaba dispuesto a demostrar flaqueza.

Totalmente conscientes de la tensión que se había apoderado del ambiente, fue Kardia el primero en romper el hielo y se acercó a los niños a entregarles los regalos que le habían traído y a desearle un feliz cumpleaños a Alcander, que de eso entendía muy poco. Después de dirigirle una mirada a Regulus, Arabella se acercó a los niños quienes increíblemente la reconocieron sin problemas, incluso Alcander la llamo mamá y no se apartó de sus brazos en toda la tarde. Al parecer, Regulus se había encargado de hacerla parte de sus vidas aunque no la quisiera en la suya, y muy a pesar de todo, le agradeció el gesto. Una cosa era perder al amor de tu vida, y otra muy distinta el ser una extraña para tus propios hijos.

Pasaron la tarde entre conversaciones superficiales y las risas de alegría de Leander y Alcander que no dejaban a Arabella siquiera respirar. Mientras jugaban, hubo un instante en que la mirada de Regulus y Arabella se encontraron, en la de ella había agradecimiento, en la de él satisfacción pura al ver a sus hijos felices junto a su madre, y porque negarlo, la mujer de su vida. Algo en su corazón de león se removió, tarde o temprano sabía que tendría que tomar una decisión, no podía apartar a Arabella para siempre de los niños, y él dudaba poder vivir el resto de sus días sin ella. Observó a Sísifo, quien le sonrió, ambos sabían que la hora había llegado.


Sé que no tengo perdón, ha pasado mas de un año desde la última vez que actualice. No pude más con el cargo de conciencia y decidí continuar con esta historia hasta terminarla. Si todavía hay alguien por allí leyendo, pues se lo agradezco!

Ya estamos en la recta final, disfruten!