Dragones

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K.- 11

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Lejos de la cafetería de los hermanos Wheeler; Aiko y Kousuke conversaban en su oficina viendo el previo de la revista.

—¿Y bien, qué opinas, Aiko?—

—Kousuke, eres el mejor— ella hojeaba la revista —Esas dos fotografías editadas… lluvia y nieve, creo que son la elección adecuada—

—Gracias, aunque me preocupa Joey, se veía decaído—

—¿En serio? No me di cuenta— se lamentó ella

—Eso es lógico, estabas emocionada por ver a jóvenes guapos— rió el fotógrafo

—¡No te burles Kousuke! Quizá algún día salga con alguno de ellos— amenazó

—No lo creo— el hombre se mostraba confiado

—Lo dices muy seguro—

—Lo estoy. Por dos cosas— ella lo contempló —Uno, ni Joey ni Seto están interesados en ti— Aiko frunció el ceño, se notaba su molestia — y dos… yo jamás permitiría que tea alejaras de mí—

Kousuke se levantó de su lugar y besó a Aiko con dulzura… como amaba Kousuke a su futura esposa. Ella se limitó a corresponder el beso y después habló.

—No sé si sentirme preocupada o halagada—

—Tú sólo piensa en no dejarme, yo me encargo del resto—

—Hmm… no, no puedo hacer eso, sabes que no es lo mío—

—Lo tuyo es provocarme ¿verdad?—

Ella sonrió divertida para después volver a besarse, olvidándose del trabajo pendiente, a fin de cuentas ya sólo faltaba dar el visto bueno para que las revistas salieran a circulación.

Mientras tanto, en la corporación Kaiba, el dueño de la misma estaba hecho una furia. Desde que llegó, no esperó a que su chófer le abriera la puerta, el mismo Seto lo hizo y lo hizo con tal brusquedad que Mokuba guardó silencio en vez de pedirle a su hermano que se tranquilizara y le esperara.

Habiendo entrado al edificio pasó de largo a la recepcionista, acción común de no ser porque la chica, al sentir la hostilidad que su jefe emanaba, volteó a verlo encontrándose con las dagas azules de su jefe inyectadas de sangre y su paso veloz. Sintió pavor.

Seto subió al ascensor rumiando maldiciones, sacó una lapicera de su abrigó y comenzó a jugar con ella entre sus dedos, como si eso ayudara a que el elevador subiera más rápido pero que, al momento abrirse la puerta, la lapicera fue trozada.

Una vez que llegó a su propio piso, caminó rápidamente y no se dignó en ver a su secretaria, la cual tenía unos papeles para entregarle pero que se detuvo en seco al ver la actitud del castaño a pasar junto a ella.

La puerta de la oficina fue cerrada después de escucharse un sonoro golpe. Adentro, Seto arremetió contra lo primero que encontró: el librero; aventó todos los libros con furia, incluidas algunas figuras decorativas. Estaba furioso, por vez primera no podía controlar su rabia y, aunque su mente le decía que debía controlarse no podía hacerlo, la sangre le hervía cada vez que recordaba a ese mocoso impertinente.

Estuvo así por varios minutos, desordenando su oficina. Afuera, Mokuba estaba de pie a la puerta, quería entrar y ver a su hermano pero esperaría a que éste se tranquilizara; no comprendía el porqué de su ira pero escuchaba todas las cosas caer y cómo algunas de ellas se quebraban al contacto con el piso o la pared.

—Seto…— Mokuba quería llorar

Finalmente, los ruidos cesaron y, cuidando de no hacer ruido, el pelinegro abrió la puerta de la oficina de su hermano. Se asomó un poco y vio a su hermano apoyado en el escritorio dándole la espalda y respirando muy agitado. A su alrededor todo estaba hecho un caos: papeles regados por doquier, el librero vacío, vidrios y estatuillas rotas en el piso, la mesa de centro cerca de la puerta de entrada y esquinada. Todo era un caos total.

—¿Hermano?— se animó a hablar

Al escuchar la voz, el castaño volteo a verlo, su semblante estaba contrariado, se notaba que no lograba ordenar sus pensamientos.

—Mokuba…—

Con esta respuesta, el chico se animó a entrar a esa zona en desastre, cerró la puerta y se acercó a su hermano.

—¿Qué tienes, Seto?—

—Nada. Sólo necesito ordenar mis ideas… no te preocupes—

—¿Qué no me preocupe? ¡Debes estar bromeando, hermano, ve cómo dejaste tu oficina!— el pelinegro señaló la escena, el castaño vio todo y respiró resignado

—Creo que no puedo decirle al personal de limpieza que limpie todo esto—

—Hermano, dime que te pasa ¿Tiene Joey algo que ver?—

—¿Por qué el perro tendría que estar involucrado, Mokuba?— Seto en verdad no comprendía la pregunta de su hermano

—Porque él es el único que te saca de quicio—

—Era…ya hay otro— bufó y desvió la vista a un cuadro que tenía en la pared y que mostraba la zona donde harían el resort, una pequeña bahía en las afueras de ciudad Domino —creo que estaría bien ir de nuevo allí— murmuró

El menor contempló a su hermano y comprendió a lo que se refería.

—Ah, es cierto, la primera vez que vimos a Joey después de la escuela fue cuando veníamos de esa bahía—

—¡ ¿Qué dices? !— Seto volteó a verlo confundido y con los brazos cruzados

—Sí ¿no lo recuerdas? Cuando veníamos en la limusina… Joey estaba sentado la ribera del río en las afueras de la ciudad; lo vi por la ventana del auto y bajamos por él—

—¿Cómo que bajamos por él?—

El empresario puso atención a lo que su hermano le decía y cada palabra lo sorprendía puesto que no recordaba nada de lo sucedido.

—Si… fui muy imprudente, me regañaste porque salí casi corriendo del auto y me acerqué a Joey—

—¿Qué más sucedió esa vez, Mokuba?— en verdad el castaño estaba interesado en lo ocurrido esa tarde

—Pues… le dije al chófer que se detuviera y salí corriendo del auto; llegué con Joey y le llamé varias veces pero no me hizo caso; entonces me acerqué y… lo que vi fue espantoso: Joey tenía la cara toda lastimada, varios raspones, cortadas y uno de sus labios roto; temblaba y se abrazaba a sí mismo pero mantenía la vista fija al frente, hacia el río. Temí que hiciera alguna locura y pedí tu ayuda hermano—

—¿Yo me acerqué?—

—Sí, estabas de pie frente a la limusina, esperando a que yo regresara pero corrí y te jalé para que me siguieras, te dije que Joey me preocupaba. Me acompañaste y viste lo mismo que yo. Le hablaste pero él apenas y te volteó a ver, tenía la vista nublada, como si estuviera en un trance—

—¿Qué pasó después?—

—No me queda muy claro. Sé que le llamaste varias veces por su nombre alzando la voz, querías que reaccionara; me ordenaste regresar al auto y desde allí vi que lo sacudías y le hablabas. Después le ayudaste a caminar y subir al auto, yo estaba asustado porque Joey hacía todo de forma automática, como un robot y su expresión no cambiaba—

Para ese momento, Seto no veía a Mokuba, estaba viendo el piso, seguía con los brazos cruzados, golpeando con uno de sus dedos su brazo contrario, acción que delataba su impaciencia por recordar todo lo que su hermano le contaba.

—¿Y después? ¿Qué pasó después?—

—Fuimos al hospital de nuestro doctor. Yo iba sentado frente a ti y Joey… de primero veía por la ventana, sin hablar, tú y yo sólo observábamos en silencio, después él nos vio y, sin decir nada, se apoyó en tu hombro y se quedó dormido—

—Supongo que después llegamos con el médico y le atendieron— concluyó el castaño

—Así es. El doctor dijo que era probable que Joey hubiera tenido una pelea muy reñida dado lo lastimado que estaba que, por suerte, no tenía heridas internas. Debía estar internando por casi un mes pero en cuanto pudo él se marchó por cuenta propia y no supimos de él hasta que encontraste la cafetería—

—Así que eso sucedió… me pregunto por qué no recuerdo nada de eso—

Seto se dirigió a su silla ejecutiva y se sentó; Mokuba comenzó a recoger los papeles que estaban regados.

—No lo sé… tal vez quisiste borrarlo de tu cabeza porque se trataba de Joey. Pero ahora que él significa algo para ti… tal vez te frustra no recordar ese suceso—

—¿Qué significa algo para mí?—

—Hermano, no finjas. Joey te gusta ¿cierto?—

—¿De dónde sacas esa idea?—

—No habrías estado más de una hora con él en la cocina si no te interesara—

Obvió el menor al tiempo que colocaba los papeles en el escritorio y volvía a la zona desastre para acomodar los muebles.

Seto observaba a su hermano ¿estaría bien decirle que se le había declarado al rubio?

—Mokuba… Si lo que dices fuera cierto ¿no te incomodaría que mi pareja fuera un chico en vez de una chica?—

—¿Bromeas?— el pelinegro lo observó sin miedo —yo lo que quiero es que tú seas feliz, Seto. Si lo eres con Joey, yo no tengo nada que objetar. Él me cae muy bien y lo quiero mucho— aclaró

—Yo también lo quiero mucho— se sinceró el mayor y sonrió

—¿Y él? ¿Sabes si él también te quiere, hermano?—

—Sí, lo averigüe ya y sí, me quiere—

—Vaya que son extraños…mira que enamorarte del que considerabas tu enemigo—

—Y que lo digas… pero no me arrepiento. Pienso que está bien que me haya enamorado de él y no de alguien más— se levantó y comenzó a recoger los libros, se acercó al librero y comenzó a colocarlos en su lugar —es alguien único—

—¿Cómo tú, Seto?— ambos hermanos sonrieron altivos

—Así es. No muchas personas que se igualen a mí, por tanto, yo debo de tener cosas únicas—

—¡Oye! Joey no es una cosa— defendió el menor

—Tienes razón. Es mi perro—

—¡Hermano!—

Ante la sorpresa de Mokuba, Seto rió divertido. Al verlo, el pelinegro de imitó.

—Gracias Mokuba, me has ayudado a relajarme—

—Me alegra oír eso—

Continuaron acomodando las cosas y cuando hubo necesidad de recoger los restos de los vidrios, Mokuba solicitó a la secretaría que el personal de limpieza acudiera a la oficina de su hermano.

Y mientras la oficina del dueño de Kaiba Corp, era limpiada, los hermanos Kaiba daban su recorrido habitual por la empresa, llegando al departamento de construcción del resort.

—Señores Kaiba— saludó el encargado del proyecto

—Ishimoto— fue el saludo del C.E.O. —¿Ya está terminado el prototipo?—

—Sí, precisamente me disponía a ir a su oficina a informarle—

—Muéstrame el resultado—

Los tres se dirigieron al centro de la sala en la cual se veía materializada la idea del genio de Kaiba Corp.

En las paredes de dicha sala había imágenes proyectadas mostrando con detalle los acabados de decoración y los materiales usados, las terminaciones del diseño, la luminaria, sin olvidar la laguna artificial pública, porque la natural sería área restringida para evitar su contaminación.

—Así es como quedará en emporio—

—Más vale que sea así. No quiero que haya nada de menor calidad a lo que me estás mostrando—

—Así será señor Kaiba. Como encargado del proyecto es mi deber cerciorarme de que todo quede igual e inclusive mejor a lo planeado. Estoy consciente del deber que se me encomendó— respondió el joven arquitecto y diseñador.

Ishimoto Jun, un hombre joven, de la misma edad que Seto Kaiba, de hecho, compañero de la universidad pero de área distinta. Seto lo conoció en la semana cultura que la escuela organizó a la mitad de su ciclo escolar. Jun presentó una maqueta donde exponía su idea de una nueva área para su misma escuela: una remodelación en la zona de la cafetería. Si bien la propuesta quedó al aire, Seto tomó interés en ese chico porque su proyecto estaba bien planteado y las bases eran sólidas.

Fue entonces que lo invitó a incorporarse a su lista de empleados capaces, convirtiéndose en el jefe del departamento y segundo al mando en la construcción del resort de Kaiba Corp.

Y, hasta lo que llevaban hoy, Seto no había encontrado fallas y aprobaba las ideas de su compañero de generación.

—¿Cuándo comienzan la construcción?—

—Oh, ya estamos en eso, señor Kaiba. Desde hace tres días de hecho—

—¿Cuánta gente hay allá?—

—Una cuarta parte de la planilla de empleados. Han estado limpiando la zona y llevando la maquinaria y materiales necesarios para que los obreros comiencen hoy mismo. Habrá dos turnos y el plan es tener el resort terminado para finales de este mes. Todo esto tomando en cuenta que no haya contratiempos de causa mayor—

—¿Qué podrían ser esos cambios, Ishimoto?— preguntó suspicaz el castaño

—Nada de gravedad realmente, sólo cuestiones climatológicas o escases del algún material—

—Lo cual procurarás que no suceda ¿verdad?— advirtió

—Como acordamos, Seto. Sé que quieres tener todo esto listo antes de terminar el año. Entonces yo me he prepuesto que quede antes de lo que tú me has pedido—

—Entiendo… me agrada eso— el arquitecto sonrió —la próxima semana iré a ver lo que llevan avanzado, sé que no encontraré habitaciones totalmente construidas pero, espero y mínimo esté el esqueleto del lugar—

—Lo estará— aseguró el chico

—Confió en ti—

—No fallaré… y gracias por darme la oportunidad—

—Yo no te di nada. Tú te lo ganaste. Nos vamos, Mokuba—

Todo lo que duró la conversación, el menor de los Kaiba observaba las proyecciones. Le resultaba difícil creer que una persona podía hacer real lo que allí veía. Cuando ambos hermanos salieron de la sala el menor habló.

—Hermano…. ¿en verdad crees que pueda hacer lo que dice?—

—Lo hará. Ishimoto es alguien muy capaz—

—Entonces te agradece que confíes en él—

—En parte, supongo— el pelinegro observó a su hermano y éste comprendió lo que le preguntaba sin hablar y respondió con una sonrisa presumida —el área del comedor quedó a su total cargo. Le di libre permiso para su construcción—

Cuando regresaron a la oficina, confirmaron que ya estaba limpia y todo en completo orden. El castaño tomo asiento en su respectivo lugar mientras que el pelinegro se sentaba en uno de los sofás. Eran las cinco de la tarde y el estómago de Mokuba comenzaba a protestar.

—Seto… ¿no irás a comer?—

—Ve tú Mokuba, necesito revisar estos documentos porque el domingo esta la susodicha sesión grupal—

—Iré con Joey ¿está bien?—

—No. Hoy no vas. Ve a casa. Es más…— el castaño llamó a su secretaria por el comunicador —dígale a Kurosawa que pase a mi oficina—

Instantes después se escucharon leves golpes en la puerta de la oficina y tras permitir la entrada hizo acto de presencia el chófer de los hermanos Kaiba.

—Señor—

—Kurosawa, lleva a Mokuba a casa. Directo. Si él te pide que te desvíes de la ruta o que hagan una parada no autorizada por mí, no te detengas a menos de que sea una emergencia—

—¡Hermano!— reclamó el menor. Se preguntaba el porqué de esas extrañas órdenes

—De acuerdo señor—

—Te quedarás en casa hasta que yo te llame para que vengas por mí—

—Como ordene. Vamos, joven Mokuba—apremió el chófer; le daba gusto ver a su amo más tranquilo pero seguía siendo más recomendable estar tan lejos de él como fuera posible en este día.

El castaño ordenó a su hermano retirarse, no le dijo la razón de su comportamiento pero la intuición de Mokuba le dictaba que algo tenía que ver la cafetería de Joey, aun así, no quiso preguntar nada por el momento, Seto se veía tranquilo y era mejor no alterarlo otra vez. Ya hablarían en casa con confianza.

Una vez que Mokuba salió de la oficina, Seto se reclinó en su silla y cerró los ojos; había sido una larga y estresante mañana, aun así, no pudo evitar sonreír al recordar el beso que se habían dado el rubio y él. Palpó sus labios con dos de sus dedos, como si éstos bailaran al ritmo de una melodía imaginaría, debía reconocer que estaba feliz, por vez primera en mucho tiempo, Seto Kaiba estaba feliz.

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Listo!

Hola, hola! Cómo están? Espero que muy bien n.n

Disculpen la demora per aquí estoy dando guerra con el fic…. Que esta vez como que estuvo muy seria la situación pero era necesario dado los acontecimientos pasados.

Por cierto, rápidamente diré que Jun es sólo el arquitecto, no se va a meter entre Seto y Joey, o al menos eso espero porque ni siquiera tenía pensada su existencia…en serio, conforme escribía lo que pasaba en la oficina el encargado tomó forma general…. Su personalidad, pero aún no decido su apariencia física… alguna sugerencia? Digo, por si acaso llega a salir más adelante, jeje.

Ryu, muchas gracias por tus mensajes n.n me alegra saber que "Ironía" resultó de tu agrado y te alivianó la espera de este capítulo pero aquí lo tienes, casi recién salido del horno, jeje.

Cuídense mucho y nos leemos en la próxima entrega!

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