-¿Mi padre cómo podría salvarlo si él era… humano?- Pregunté confundido.
-¿Humano? ¿Crees que tu padre era humano?- el padre de Johan parecía divertido- Lamento decepcionarte, pero tu padre no era humano.
No podía creerlo, simplemente no podía, mi padre no era humano… era algo científicamente ilógico…
-y si no era humano entonces que…
-Un vampiro- me interrumpió el Sr. Anderson.
¿Un vampiro?
-Pero entonces como yo…
-¿Eres humano?- El Sr. Anderson me quitaba la palabra de la boca.
-Tu madre era humana- La Sra. Kumiko habló después de un largo rato callada- Y aun así no eres totalmente humano cariño.
-Eres mitad Humano mitad vampiro…tus cromosomas están totalmente alterados ni eres completamente humano, ni totalmente vampiro.
Miré a Johan aterrado, jamás había esperado que mi padre fuera vampiro, ni que yo no fuera totalmente humano…
-No deberías temer lo que eres…- continuó el Sr. Anderson- al contrario deberías estar orgulloso de tu raza, de tu madre que no le importó que tu padre fuera un putrefacto vampiro, y de tu padre que era una persona sumamente fuerte y valiente sin temor a nada…bueno casi nada- miro a su esposa quien saco una risita.
"Orgulloso de mi padres, siempre lo he estado…los amo…".
-¿Qué es tan divertido?- Johan preguntó algo irritado.
-Nada, Johan.
Johan fulminó con la mirada a su padre, parecía molesto…
-Tengo que llevar a Judai a su casa…si me disculpan…- se levantó del sofá, acto seguido su madre y yo también nos pusimos de pie.
-Johan espera…-La Sra. Kumiko se acercó al oído de Johan y le susurró. Mientras su madre le decía algo, Johan se sonrojaba, era tan hermoso cuando sonrojaba.
No puede evitar sacar una risita, no de burla si no de su hermoso rostro, con un color carmesí en sus mejillas bastante atractivo…
-¿Podemos irnos?- preguntó Johan suplicante.
-Claro...- su madre sonreía mientras se acercaba a su esposo, este la abrazó por la cintura y le besó la frente.
Johan se acercó a mí, tomó mi mano entrelazando nuestros dedos…
-Muchas gracias, por todo- sonreí.
-Sabes que esta es tu casa, cuando quieras venir, serás bien recibido.
-Gracias Sr.
-Por favor, dime Josuke.
-Gracias…
Al despedirnos salimos por la puerta y comenzamos a caminar lentamente, la verdad es que no me quería separar de Johan ni por un minuto.
-¿Judai?- lo miré a los ojos, esos ojos verdes que me enamoraron- ¿Cómo te sientes?
-¿A qué te refieres Johan?- sonreí ante su mirada.
- Al saber que tu padre es vampiro y que no eres totalmente humano como creías.
-Me siento orgulloso…
-¿Orgulloso?
-Si de mi padre, de mi madre, de mi linaje, de todo, me siento orgulloso de no ser el completo imbécil que creía.
-No eres un completo imbécil, eres sumamente inteligente y fuerte…por eso es que te…- se detuvo en la frase.
-¿Qué?
-Nada olvídalo…
Después de eso, el camino fue sumamente tranquilo, hablamos acerca de la escuela, de él, amigos, etc…pero nunca volvimos a tocar el tema del principio.
Llegamos a mi casa algo tarde, más bien muy tarde eran las 7:00pm.
-¿Quieres entrar?- pregunté.
-Claro me encantaría…
Saqué la llave de mi pantalón, la metí en la perilla, la giré y al entrar todo estaba totalmente oscuro, las cortinas estaban cerradas, las puertas cerradas, no había ningún tipo de luz, parecía que nadie vivía allí.
-¡Sra. Akemi!- gritaba su nombre- ¡Sra. Akemi!
Johan y yo entramos y encendí la luz. Hubiera querido no encenderla nunca. En la chimenea a lado de la escalera se encontraba la Sra. Akemi con una laguna carmesí bajo de ella.
-¡Sra. Akemi!- grité aterrado.
Johan me siguió sin decir palabra. La cargue en mis brazos y le tomé el pulso, entonces me di cuenta de que no tenía pulso…
-Está muerta…-declaré con tristeza.
-Judai no es seguro que te quedes aquí.
-¿Por qué?
Johan señaló hacia la chimenea que tenía un mensaje escrito con la sangre de la Sra. Akemi…
"Esto es sólo una advertencia…a la próxima serás tú Judai…."
ILZzE: HEHE, esto se pone muy interesante
Zelda: Lo que no entiendo es si ya tienes toda la historia ¿Por qué no la subes? ¬¬
ILZzE: ¡CARAJO! ¡NO TENGO TIEMPO! -_-* y tu no me ayudas
Zelda: *se va sigilosamente*
ILZzE: ¡PUDRETE!
Zelda: Yo también te quiero
