Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a chels926, yo solo la traduzco.


A SEMESTER IN THE SMOKE

Capitulo oncePillados

Antes de que me diera cuenta, era miércoles por la tarde. Toda la familia y yo nos íbamos a París en unas horas después de que Carlisle, Esme y Edward volvieran del trabajo.

"¿Qué vas a meter en la maleta, Bella?" me preguntó Alice mientras entrábamos en mi habitación.

"Bueno, no tengo mucho para elegir. ¿Quieres ayudarme?" le pregunté. No era una incompetente en el tema de la moda, pero nunca rechazaría la ayuda de alguien que entiende de ello.

Una hora más tarde, habíamos juntado unos seis conjuntos para llevar a nuestro viaje a París. Tenía algunos conjuntos casuales para llevar durante el día y otros más de vestir en caso de que fuéramos a algún sitio bueno.

"¿Has estado antes en París?" me preguntó Alice mientras yo cerraba mi maleta.

"Sí, hace unos tres años. Mi abuela me llevó allí después de mi junior year en el instituto. Por supuesto, mi abuela me volvió loca todo el tiempo, así que no lo disfruté tanto como podría haberlo hecho," le dije.

"¿Qué hizo tu abuela?" preguntó Alice con curiosidad.

"Bueno, primero, mi abuela es una quejica. Se quejaba por tener que andar a todas partes, sobre todos los escalones que había en el Louvre, y otro montón de cosas. En segundo lugar, se cree que es historiadora, cuando no lo es. También llevaba siempre una de esas faltriqueras bajo su ropa, lo que es una buena idea, supongo, mientras no tengas que levantarte la camisa en publico para sacar dinero. Quiero decir, ella no era terrible, pero era molesto," expliqué. "Espero que no pienses que la odio o algo. La quiero mucho. Pero aún así."

"Se puede encontrar molesta a la gente que quieres. Sé lo que es. Estoy segura de que yo no seré tan molesta," contestó Alice. "Además, estoy segura de que crees que Edward no puede hacer nada mal."

"¡Hey! Estoy segura de que él puede hacer algo mal. Lo único que pasa es que tengo percepción selectiva en este momento, así que todavía no puedo ver sus fallos," bromeé. "¿Cómo lo vas a pasar sin ver a Jasper durante cuatro días completos?"

"Dios, no estoy tan obsesionada," contestó, actuando consternada. "Todavía puedo pasarlo bien sin él."

"Claro, vale. Así que, ¿has estado antes en París?" preguntó.

"No," suspiró. "Pero el resto de mi familia sí. Mamá y papá viajaron mucho antes de tener hijos y Edward fue durante sus A-levels. Yo también habría ido, pero no, mis padres me hicieron cambiar de escuela."

"Al menos vas ahora," añadí, intentando volver a animarla. "¡Tendremos toneladas de diversión! Y, además, ir con gente que ya ha estado será incluso mejor. No tienes que preocuparte por parecer una turista con tu nariz en un mapa."

"Cierto," dijo sonriendo. "¡Estoy entusiasmada! ¿Qué cosas crees que debería ver?"

"Realmente me encantaron los Jardines de Luxemburgo y el Museo d'Orsay. La vista de París desde la Basílica del Sagrado Corazón también es bastante increíble. Le dije a Edward que iríamos a ver las Catacumbas bajo París. Viajar a Versalles para ver el Palacio también está bien. El Louvre está sobrevalorado, pero si no has estado, tienes que ir," le dije.

"Sí, realmente quiero ir allí. ¡Y por supuesto a la cima de la Torre Eiffel!" gritó Alice. Realmente estaba entusiasmada.

Escuchamos como se cerraba la puerta principal en el piso de abajo y pasos subir al piso de arriba. Era Esme.

"Hey, chicas. ¿Habéis hecho las maletas y estáis listas para irnos?" preguntó, inclinándose contra el marco de la puerta de mi habitación. "Tan pronto como lleguen Edward y Carlisle, nos vamos. Nuestros billetes de Eurostar son para el tren de las 5:55 que sale de la estación de St. Pancras, así que deberían estar pronto en casa. Todos dejamos el trabajo una hora antes."

"Sí, las dos hemos hecho las maletas y estamos listas para irnos," contestó Alice. "¿Deberíamos bajar nuestras maletas?"

"Eso sería una buena idea," contestó Esme. "Voy a cambiarme esta ropa y os veré en el piso de abajo en un rato."

Alice me ayudó a bajar mi maleta los dos pisos de escaleras antes de que yo la ayudara con su equipaje. Acabábamos de bajar la maleta de Alice cuando se abrió la puerta, revelando a Edward y Carlisle que se estaban riendo por algo.

"¡Alice! ¡Bella! Parece que vosotras dos os habéis anticipado," exclamó Carlisle cuando nos vio en el pasillo. Detrás de él, la cara de Edward se iluminó cuando me vio. Estoy segura de que la mía se veía igual.

"Edward, supongo que deberíamos cambiarnos y marcharnos," le sugirió Carlisle a Edward antes de dirigirse al piso de arriba.

"¿Qué tal ha ido el trabajo?" le pregunté a Edward.

"Aburrido," contestó. "He estado pensando en marcharme pronto en lugar de en mi trabajo. Volveré en unos minutos." Fue al piso de arriba hacia su habitación.

Mientras los tres trabajadores se cambiaban y terminaban de empacar, Alice y yo nos sentamos en el sofá de la sala de estar, encendiendo la televisión. Vimos un programa en la BBC durante otros diez minutos más o menos hasta que bajaron su equipaje.

Esme repasó mentalmente la lista de comprobación antes de que todos nos encontráramos en la acera caminando hacia la parada de metro, llevando nuestro equipaje con nosotros. La estación de St. Pancras solo estaba a una parada de Islington, así que no nos llevó mucho tiempo antes de que nos encontráramos en la estación de tren.

Carlisle fue hasta las máquinas de los billetes electrónicos y recogió nuestros billetes antes de distribuirlos entre nosotros. Miré al billete y vi que costaba 45 libras. Tendría que asegurarme de pagarles cuando volviéramos. Llegamos justo antes del límite de 30 minutos para registrarse.

Cuando abordamos el tren, encontramos espacio para nuestro equipaje y tomamos asiento. Edward, Alice y yo nos sentamos en uno de los asientos con mesa mientras que Esme y Carlisle encontraron una fila con dos asientos detrás de nosotros.

"¿Sabes cuanto va a durar el viaje?" le pregunté a Edward mientras me sentaba en el lado de la ventana.

"Creo que el viaje en tren es de unas 2 horas y 45 minutos. Deberíamos llegar a París a las 9:40 más o menos, hora de allí," contestó. "Ahora, por favor, dime que hablas algo de francés."

"Hablo francés. Fueron cuatro años de ellos a través del instituto y la universidad," contesté.

"Eso es bueno. Porque yo estudié italiano en la escuela y Alice estudió alemán. Creo que mamá lo hablaba un poco, pero fue hace mucho tiempo," dijo Edward. "Así que ahora no tenemos que preocuparnos por encontrar un traductor."

"Supongo que entonces esa seré yo. Sin embargo, hablan mucho inglés allí, así que estoy segura de que estaréis bien en caso de que yo no esté cerca." Saqué Los Miserables de mi bolso. Realmente tenía que terminarlo.

"¿Vas a leer?" preguntó Edward.

"Sí. Empecé este libro en el viaje desde los Estados y todavía tengo que terminarlo," contesté.

"Bueno, es un libro súper largo," dijo mirando el ancho del lomo.

"Cierto. Pero cuando lo leí por primera vez, solo me tomó dos semanas," contesté. "Estoy fallando en mi velocidad de lectura."

"Entonces términalo. No podemos tenerte fallando," me tomó el pelo. Él sacó su iPod y se puso los auriculares. Miré a Alice que estaba mandándole mensajes a alguien. Tenía la fuerte sospecha de que era Jasper, pero no pregunté o dije nada. Abrí el libro por donde lo había dejado y continué leyendo.

Cuando no estaba leyendo, estaba mirando por la ventana. Me sentí extraña sabiendo que estábamos bajo el Canal de la Mancha en el momento particular.

Tenía lágrimas en los ojos cuando finalmente terminé la historia y cerré el libro. Miré por la ventana e imaginé que deberíamos estar en algún lugar de Francia. Me volví y vi que Edward todavía estaba escuchando su iPod con los ojos cerrados. Alice se estiró en el asiento vacío a su lado y parecía estar dormida también.

Estaba a punto de cerrar los ojos cuando escuché a Edward hablar. "¿Has acabado?" preguntó.

"Sip. Pensé que estabas dormido," le dije en voz baja.

"Solo estaba descansando los ojos," contestó. "¿Qué tal el espacio para las piernas?"

"Mis piernas están a punto de quedarse dormidas por no moverme," confesé. Él dio palmadas en su regazo, haciéndome una señal para que me moviera y estirara mis piernas.

"Gracias," le dije, colocándome.

Incliné mi cabeza contra el cristal de la ventana y miré a Edward. No podía creer que fuera tan afortunada como para encontrar a alguien a quien amaba y que también me amaba a mí. Era un sentimiento completamente distinto a lo que había sentido antes.

"Te amo," vocalicé silenciosamente.

"Yo también te amo," vocalizó antes de sonreír.

Veinte minutos más tarde, vi como entrábamos en los suburbios de París. El número de luces en el cielo oscuro se hizo más y más frecuente mientras pasábamos.

Cuando desembarcamos en el Gare du Nord, estábamos finalmente en París.

"Vale," dijo Carlisle, reuniéndonos a todos juntos. "Iremos a encontrar la linea de taxis y probablemente tendremos que usar dos. Bella, ¿he oído que hablas francés?" Asentí. Me dio una tarjeta con nuestra información del hotel en ella. "Nos quedamos en el Grand Hotel Haussmann. El que llegue primero esperará en el lobby." Le dio a Edward un montón de euros para pagar.

Atravesamos la estación de tren francesa y encontramos la linea de taxis fuera. Carlisle y Esme nos dejaron subir en el primer taxi. El conductor francés nos ayudó a poner nuestro equipaje en el maletero antes de que Edward, Alice y yo nos apretujáramos en el asiento trasero.

"Bonsoir madames et monsieur," el taxista habló en francés. "Votre dèstination, s'il vous plaît?" (Buenas tardes damas y caballero. ¿Vuestro destino, por favor?)

"Bonsoir. Le Grand Hotel Haussmann, s'il vous plaît," respondí. Mi acento francés no era genial, pero valdría. (Buenas tardes. El Gran Hotel Haussmann, por favor.)

"D'accord," contestó antes de entrar en las calles parisinas. (De acuerdo.)

"Bella, ¿sabes, por casualidad, quien es Haussmann?" preguntó Alice.

"Era un arquitecto del siglo 19 de cuando cambiaron todo el look de la ciudad. Fue uno de los que hizo los planos para que la mayoría de los edificios se vieran así," expliqué, apuntando a los edificios franceses por los que estábamos pasando. "Se hizo una ley por la que los edificios no podían pasar una cierta altura, que es la razón por la que tiene un centro de ciudad tan relativamente bajo. También tiene acreditado el trazado de las calles, creo."

Solo cinco minutos después, el taxi aparcó en una pequeña calle lateral frente al Gran Hotel Haussmann. Parecía estar bien por la fachada. El taxista nos ayudó a bajar nuestras bolsas del maletero antes de que Edward contara los euros que tenía que darle. Justo cuando estábamos abriendo las puertas dobles de cristal para entrar al hotel, otro taxi aparcó con Carlisle y Esme dentro.

"Bonsoir," dijo Carlisle mientras se aproximaba al mostrador. "Tenemos una reserva a nombre de Cullen." Todo el lobby parecía estar hecho de mármol con detalles en oro.

La recepcionista buscó en el ordenador. "Sí señor. Una habitación triple superior y una habitación doble superior. ¿Es correcto?" preguntó en su fuerte acento francés.

Carlisle asintió. "Sí, es correcto."

"¿Puedo ver su tarjeta de crédito?" preguntó. Carlisle sacó una tarjeta de crédito de su cartera.

Unos minutos más tarde, estábamos tomando los ascensores para subir a nuestras habitaciones. La habitación de Carlisle y Esme era la 203 y la nuestra la 301.

"Nos veremos en vuestra habitación cuando deshagamos el equipaje," nos dijo Esme mientras salían en su piso.

Nuestro pasillo estaba decorado de azul. Todas las puertas estaban pintadas de azul también. Edward cogió la llave que le habían dado y abrió la puerta 301.

Dentro había tres camas individuales con cobertores rojos. Había dos ventanas con cortinas rojas en la pared más lejana y un gran armario y escritorio frente a las camas. Colgando de la pared había una televisión de pantalla plana. Me asomé al baño y vi una ducha bastante bonita con azulejos de mármol.

"Edward, ¿cuánto ha costado esta habitación?" pregunté.

"No te preocupes por eso," contestó, desechando el tema.

"Pero, voy a tener que pagar a tus padres mi parte. Han pagado esta habitación de hotel, los billetes de tren y Dios sabe qué más. No puedo dejarles pagar por todo," discutí.

"Sí, sí puedes," contestó. "No íbamos a decírtelo porque no creímos que importara. Pero la Universidad está pagando a mis padres bastante bien por mantenerte. A mamá, sin embargo, no le gusta la idea de que le paguen por dejarte comer nuestra comida y dormir en nuestra casa porque eres nuestra invitada, no nuestra inquilina. Todo el dinero que han recibido está pagando tu parte en este viaje. Así que no deberías sentirte obligada a pagar tu parte de nada en este viaje."

"Oh, vale," dije aliviada. Si tuviera que pagar mi parte, probablemente me quedaría en bancarrota. Además, probablemente mis padres estaban pagando a los Cullen sin darse cuenta al pagar a la Universidad.

"Me quedo con la cama de la ventana," dijo Alice, lanzándose en ella.

"Yo me quedaré con la del medio, supongo," dije mientras abría las cortinas para ver si teníamos una buena vista. Nuestra habitación daba a Rue du Helder. Debíamos estar en el distrito de la Opera, porque al otro lado de la calle había una señal que decía "Parfum de l'Opera."

Llamaron a nuestra puerta y Edward fue a abrir. "Oh, bien, hay tres camas," dijo Esme cuando entró en la habitación, seguida por Carlisle. "Es lo que pedimos, pero ya sabéis que puede haber malentendidos."

"Sois libres de hacer todo lo que queráis el resto de la noche. Pero, ¿qué queréis hacer mañana?" preguntó Carlisle.

"¿Podemos ir a ver el Louvre?" preguntó Alice.

"Claro. Probablemente sea una buena idea quitarnos de en medio los lugares más turísticos antes del fin de semana. ¿Qué tal ir a la Torre Eiffel y luego al Louvre? Después podemos ver a donde vamos," sugirió Carlisle.

"Suena bien para mí," contesté. Todos los demás estuvieron de acuerdo con ese plan.

"Veámonos a las 9 de la mañana para desayunar," sugirió Esme antes de que ella y Carlisle se fueran. "Recordad dejar vuestra llave en recepción antes de iros. Y aquí tenéis un mapa que hemos cogido."

"¿Podemos ir por algo de comer?" pregunté cuando se fueron. "Estoy hambrienta."

"Sí. Podemos dar una vuelta también. Ver que hay cerca," sugirió Edward.

Dejamos el hotel y bajamos la calle para encontrar algo para comer. Estábamos en la intersección de Rue du Helder y Boulevard des Italiens.

"Parece que tenemos un McDonald's a nuestra izquierda, un Pizza Hut al otro lado de la calle y un café Segafredo a nuestra derecha," dijo Edward mirando a su alrededor.

"Probemos Segafredo," dije, entrando en el chic café italiano.

Tras encontrar algo de alimento en Segafredo, bajamos por el Boulevard des Italiens hasta que llegamos a la Plaza de la Opera. La Opera Garnier estaba iluminada en el cielo nocturno, los dos ángeles dorados a cada lado nos miraban desde arriba.

"Es hermosa," escuché a Alice decir impresionada.

"También hay tours por el interior," le dije. "Incluso hablan sobre la leyenda del Fantasma de la Opera."

No pasó mucho tiempo hasta que nos encontramos de nuevo en la habitación de hotel, agotados por el viaje. Tras tomar una ducha y secarme el pelo, me acurruqué en la cama.

"Si decidís susurraros cosas dulces el uno al otro, ¿podéis al menos darme algún aviso? ¿Una tos, tal vez?" susurró Alice mientras se metía en su cama.

Edward tosió y Alice se puso una almohada sobre la cara y gimió. No pude evitar reír.

"Te amo, Bella," susurró.

"Y yo te amo," susurré y le di un corto beso antes de ir a dormir.

- . - . - . - . -

Fui despertada a las 7:45 cuando sonó la alarma del teléfono de Alice. Escuché a Alice levantarse para ducharse antes de que yo rodara y me quedara dormida.

Cuando Edward fue a ducharse después, decidí levantarme y vestirme. "Buenos días," le murmuré a Alice que también se estaba vistiendo. Me puse unos vaqueros, una camiseta de tirantes azul y mi cardigan marrón antes de peinarme y ponerme un poco de maquillaje.

Mientras Alice se secaba el pelo, Edward salió del baño recién lavado y afeitado. "Estoy celosa del poco tiempo que les toma a los hombres prepararse por la mañana," le dije. Todo lo que él tenía que hacer ahora era ponerse los zapatos y una chaqueta y estaría listo.

"Bueno, buenos días a ti también," contestó, dándome un beso en la cima de la cabeza mientras me maquillaba los ojos.

Otros diez minutos y estábamos en el piso de abajo en el comedor para encontrarnos con Carlisle y Esme para desayunar. Cogí un pan de chocolate y un vaso de leche antes de sentarme en una mesa con Edward y Alice.

"Buenos días," cantó Esme cuando ella y Carlisle se unieron a nosotros en la mesa con algo de comida. "¿Qué hiciste anoche?"

Como Alice y yo teníamos la boca llena, Edward respondió. "Encontramos algo de cena y luego fuimos hacia la Opera."

"Oh, acabo de recordarlo. ¿Podemos parar en algún momento en un cajero automático? Necesito sacar algunos euros," les pregunté después de tragar mi comida.

"Claro," contestó Carlisle. "Buscaremos uno de camino a la Torre Eiffel."

Terminamos de desayunar y salimos del hotel.

"Supongo que deberíamos buscar la parada de metro más cercana," remarcó Edward.

Consulté el mapa del metro que tenía. "Hay una línea 8 entre la parada de la Opera y la de la Escuela Militar. La Torre Eiffel debería estar lo suficientemente cerca para ir andando desde allí," anuncié.

Bajamos el Boulevard des Italiens hasta que encontramos la parada de la Opera.

"Bonjour. Je voudrais cinq billets, s'il vous plaît," le dije a la persona que repartía los billetes. (Buenos días. Quería cinco billetes, por favor.)

Tras pagar por nuestros billetes y que nos los dieran, encontramos el tren correcto. El sistema de metro de París no era tan limpio como el sistema de Londres. En realidad olía bastante mal en una de las paradas.

Salimos de la parada de metro en la orilla izquierda de París cerca de la Escuela Militar. En la esquina, había un cajero automático del que saqué 100 euros de mi cuenta bancaria.

"¡Puedo verla!" gritó Alice. Era un día frío pero soleado y el sol brillaba en gran estructura de metal.

Bajamos por los tres caminos alineados de los Champ de Mars antes de parar para tomar unas fotos.

"Supongo que no vamos a subir a pie," remarcó Edward cuando llegamos a la larga linea para las entradas e ir al elevador.

"Probablemente podría subir al primer piso," le dije. "Pero como vamos a subir hasta arriba, cogeré el ascensor."

Esperamos más de media hora hasta que compramos las entradas y subimos al elevado con una docena de personas. Mi espalda estaba presionada contra Edward, que había envuelto su brazo alrededor de mi cintura. Se sentía realmente bien.

Mientras el elevador ascendía por la pierna de la torre, miré el horizonte de París. Finalmente paró en el segundo piso, donde tuvimos que salir y ponernos en linea para coger otro ascensor para subir a la cima.

Finalmente, llegamos a la cima de la Torre Eiffel. Hacía bastante viento y apenas podías sentir el balanceo de la estructura.

"No te mareas fácilmente, ¿no?" preguntó Edward cuando sintió el balanceo.

"No, estaré bien. No pude andar por el Puente Golden Gate en San Francisco, pero este balanceo no es nada comparado con eso," le dije.

Miramos la ciudad. Podíamos ver el Montmartre y la Basílica del Sagrado Corazón al notre y La Defensa al oeste. Miré a través del telescopio y encontré la Catedral de Notre Dame y el Arco del Triunfo. Después de mirar las vistas, Edward y yo fuimos a la tienda de regalos, y compré unas cuantas postales para mis amigos y familia.

"¿Listos para volver abajo?" nos preguntó Carlisle cuando nos encontramos con él, Esme y Alice fuera de la tienda.

"Sí. Si vosotros lo estáis," contesté. Nos pusimos en la linea para bajar de la torre.

"Vayamos andando al Louvre," sugerí una vez que estuvimos de vuelta en las calles de París.

Todos estuvieron de acuerdo, así que caminamos a lo largo del Sena hasta que cruzamos el Puente de la Concordia.

"¡Los Campos Elíseos!" exclamó Alice cuando estábamos en la Plaza de la Concordia, que es el final del famoso boulevard de tiendas.

"Una cosa a la vez, Alice," le dijo Esme riendo.

Cruzamos el Jardín de las Tullerías hasta que llegamos a la infame pirámide de cristal a la entrada del Louvre. La línea no era demasiado larga, pero todavía tuvimos que esperar bastantes minutos hasta que bajamos por las escaleras mecánicas y entramos en el centro de visitantes abajo.

Carlisle insistió en comprar las entradas de todos. "Vale, probablemente nos dividamos. Así que veámonos aquí al lado del mostrador de información en dos horas y media a las 2:00," sugirió.

Edward cogió un mapa y él, Alice y yo nos dirigimos hacia la sección Denon.

Examinamos la selección del Louvre de pinturas francesas, españolas e italianas. Cuando llegamos a la habitación con la Mona Lisa, había una gran multitud, como siempre. Yo ya sabía que ver la famosa pintura en persona era bastante decepcionante. Era muy pequeña y estaba detrás de un cristal a prueba de balas. Ni siquiera se permitía tomar fotos. Por supuesto, eso no paró a Edward de sacar una rápidamente solo para ver si le pillaban.

"Vas a hacer que nos echen," le susurré.

"No, no lo haré. Ni siquiera lo han notado con toda la gente que hay," contestó traviesamente.

Continuamos por los pasillos de parqué mirando las pinturas italianas de hace siglos. Edward y yo estábamos bien con solo pasar delante de ellas, mirándolas una vez, pero Alice quería quedarse.

"Seguid sin mí," nos dijo. "Aparentemente aprecio esto más que vosotros dos."

"Bien por mí," contestó Edward, cogiendo mi mano y tirando de mí por el pasillo.

"¿Podemos ir ahora a la sección de escultura?" pregunté. "Me gusta la Venus de Milo."

"Claro. Siempre que podamos ir a la sección egipcia después de eso," contestó Edward. "Es mi parte favorita."

Tras perdernos y dar vueltas varias veces, finalmente encontramos las esculturas griegas e italianas. Todas las estatuas de hombres desnudos cincelados me dejaron recordando la vez que vi a Edward con solo una toalla, dejándome un poco caliente y confundida.

Miré a Edward, que estaba mirando intensamente en mapa del Louvre.

"Vamos," dijo, cogiendo mi mano y llevándome a través del atestado museo.

"Creí que íbamos a ver la colección egipcia después," remarqué mientras él me llevaba a través de los artefactos egipcios y los pasábamos.

"Tendremos tiempo para eso más tarde," dijo de plano.

Tras un laberinto de corredores y escaleras, nos encontramos a nosotros mismos en la sección de Arte y Civilizaciones: África, Oceanía y las Américas. No parecía haber nadie allí excepto un guardia de seguridad y un par de turistas.

Edward me llevo a un hueco con una cabeza de la Isla de Pascua. "Bien," empecé a decir cuando de repente sentí los labios de Edward en los míos.

Pasamos unos minutos besándonos febrilmente, mi espalda estaba presionada contra la pared. Edward se alejó a regañadientes para que pudiéramos respirar.

"Lo siento," se disculpó. "Apenas hemos tenido un minuto solos en mucho tiempo."

"No te disculpes," contesté. "Estoy disfrutando esto mucho más que la Venus de Milo." Me volví a lanzar a sus labios, iniciando otro beso espectacular.

Solo estuvimos un minuto o dos besándonos antes de que escuchara una garganta aclararse. Abrí los ojos para ver quién era. Estaba esperando a un guardia de seguridad o a un extraño.

"¡Oh Dios mío!" exclamé, rompiendo el beso cuando vi a Esme y Carlisle ahí. Habría estado completamente mortificada si ellos no hubieran estado sonriendo y riéndose.

Edward se volvió para ver quien era, y cuando lo hizo, se envaró. Se veía solo un poco avergonzado.

"Tal vez deberíamos haber pagado extra. No creí que veríamos una exhibición así," le dijo Carlisle a Esme divertido. En ese momento me alegré mucho de que los padres de Edward tuvieran sentido del humor.

"Siento que nos hayáis pillado," contestó Edward incómodo. "¿Estáis disfrutando del museo?"

"Bastante," contestó Esme, todavía sonriéndonos.

"Bueno, nosotros, um, os dejaremos disfrutar la cabeza de la Isla de Pascua en paz. Ahora vamos a ver la exhibición egipcia, ¿verdad, Bella?"

"Sip," contesté, arreglándome mi camisa y mi pelo.

"¿Dónde está Alice?" preguntó Esme antes de que nos fuéramos.

"Ya la conoces," contestó Edward. "Necesita casi cinco minutos para estudiar cada pintura. Se encontrará con nosotros en el lugar y a la hora acordados."

Acabábamos de dejar la exhibición cuando los dos empezamos a reír incontrolablemente. Ser pillados así por sus padres fue tan raro que no pudimos evitar reír.

Tras perdernos una vez más en el gran y confuso museo, finalmente volvimos a la sección egipcia.

"¿Por qué la colección egipcia es tu favorita?" le pregunté a Edward mientras mirábamos los antiguos jeroglíficos.

"No tengo una razón específica," contestó. "Solo creo que es genial, ya que es una de las primeras civilizaciones del mundo. Quiero decir, mientras la civilización egipcia estaba floreciendo, difícilmente había personas en Europa u otros lugares alrededor del mundo."

"Eso es bastante genial," remarqué. "Siempre he estado interesada en el proceso de momificación."

"Así que, ¿cuales son tus exhibiciones favoritas en los museos?" preguntó.

"Me gustan mucho las cosas de la Europa medieval, como los tapices y eso. También me gusta la pintura impresionista, como la de Edgar Degas. Me encantan sus pinturas y esculturas de bailarinas," le dije.

Pasamos otra hora más o menos pasando por las exhibiciones antes de que fuera la hora de volver. Edward y yo fuimos los últimos en aparecer.

"Buen trabajo," dijo Alice sarcásticamente cuando nos aproximamos a ellos. Carlisle y Esme debieron de contarle nuestro encuentro, pero la ignoramos.

"Debéis estar hambrientos," dijo Carlisle. "Vayamos a comer al café cercano a las tiendas." En realidad no había notado lo hambrienta que estaba hasta que él mencionó la comida.

Comimos dentro del Louvre. "¿Podemos ir a los Campos Elíseos ahora?" preguntó Alice. "Ya que estamos cerca y todo."

Carlisle y Esme estuvieron de acuerdo. Así que cuando terminamos nuestra comida y nos dirigimos a la calle, empezamos a cruzar el Jardín de las Tullerías hacia nuestro destino.

"Tienen una tienda llamada Promodon the Champs Elysées, que tiene ropa bonita y que no es cara," le dije a Alice.

"¡Oh bien! Porque no puedo permitirme comprar en Louis Vuitton o Yves Saint Laurent. Vamos a tener que verlas desde el escaparate," contestó.

Pasamos por la sección más cara del boulevard mirando los escaparates. Eventualmente, llegamos a la tienda Promod. De alguna manera, me recordaba a una versión francesa de H&M o Forever 21.

Edward y Carlisle nos siguieron dentro de la tienda unos minutos hasta que se dieron cuenta de que Alice y yo en realidad íbamos a probarnos ropa.

"Vamos a ir a la tienda de Virgin," le dijo Carlisle a Esme mientras él y Edward se saltaban las compras.

Media hora más tarde, Alice y yo habíamos hecho nuestras compras. Alice compre un jersey naranja de botones y mangas ¾. Yo compré un vestido corto tipo sweater de cuello vuelto holgado de color gris que me encantaba.

Alice, Esme y yo fuimos a la tienda de Virgin para buscar a Carlisle y Edward. Tras dar una vuelta durante diez minutos, los encontramos en la sección vintage.

"Tienen el original de Long Road Out of Eden de The Eagles," me dijo Edward entusiasmado.

"Maravilloso," contesté entusiasmada. No estaba muy segura de porqué él estaba entusiasmado. Supongo que era difícil de encontrar.

"¿Qué has comprado?" preguntó.

"Un vestido," contesté simplemente.

Edward compró el disco y empezamos a andar hacia el Arco del Triunfo. Vimos la Tumba del Soldado Desconocido bajo el monumento y decidimos no subir todos los escalones hasta la cima del Arco del Triunfo.

Para ahora ya eran las 4:30. "Vuestra madre y yo vamos a volver al hotel para descansar antes de la cena. Podéis hacer lo que queráis. Solo encontraros con nosotros en el lobby del hotel a las 7 en punto," nos dijo Carlisle.

"¿Ahora qué?" preguntó Alice después de que Carlisle y Esme se fueran.

"Si no estáis muy cansados de museos, podemos ver el Museo de Orsay," dije. "Quiero ver las pinturas impresionistas y de Toulouse-Lautrec."

Caminamos hacia la estación de tren reformada y dimos una vuelta por el museo durante otra hora más o menos hasta que decidimos volver al hotel.

"Mis pies están agotados," me quejé mientras andábamos de vuelta hacia el hotel. Podíamos haber cogido el metro, pero decidimos andar y ver París. Además, no quedaba tan lejos andando.

"¿Has hablado hoy con Jasper?" le preguntó Edward a Alice.

"Me llamó él cuando estábamos en el Louvre," contestó. "Él y Rosalie vuelven a Oxford el próximo fin de semana. Me ha invitado a ir con él el fin de semana antes de que empiecen las clases."

"Eso será divertido," comenté.

"Sí. Entonces, ¿queréis salir esta noche después de cenar? ¿Buscar un bar o un club o algo?" preguntó Alice. "Será realmente aburrido si solo volvemos al hotel."

"Claro," aceptamos Edward y yo al unisono.

"Sin embargo, ¿sabes dónde ir?" pregunté.

"No, pero estoy segura de que si llamamos a Rosalie, ella conocerá algún sitio," dijo Alice, sacando su teléfono del bolso.

"¿Rose? Soy Alice... Estamos bien... Escucha, estamos buscando un club al que ir esta noche. ¿Conoces alguno?" dijo al teléfono después de marcar el número.

"Está buscando algo," nos susurró mientras seguía en línea.

"Vale... bien... espera, déjame encontrar algo para apuntarlo." Paramos mientras Alice sacaba un boli y papel de su bolso. "Vale... Le Cab... cerca del Palacio Real... vale. ¡Gracias Rose!"

"¿Entonces?" pregunté.

"Hay un club llamado Le Cab que está cerca del Louvre. Es difícil entrar, pero ha dicho que mientras vayamos bien vestidos, deberíamos poder entrar," explicó Alice.

Llegamos al hotel treinta minutos antes de la hora que habíamos quedado con Carlisle y Esme. Una vez que entramos en la habitación, me tiré en la cama y me quedé ahí hasta que tuvimos que bajar.

- . - . - . - . -

Dos horas y media más tarde, Edward, Alice y yo estábamos en línea para intentar entrar en Le Cab.

Habíamos cenado en un restaurante flotante en el Sena. Volvimos al hotel y nos cambiamos de ropa. Me puse el mismo vestido negro tipo corsé que había llevado la primera vez que fuimos al Equinox con un abrigo. Alice llevó un vestido verde de satén que había traído, y Edward se puso sus tradicionales pero sexy pantalones y camisa de botones. No queríamos liarnos con el metro, así que caminamos la larga distancia hasta el Palacio Real donde estaba el club.

La línea no era muy larga, pero estaba llena de gente francesa hermosa y moderna. Era intimidante.

Finalmente llegamos adelante e intentamos parecer tranquilos. No hablamos, por si acaso rechazaban a los turistas. Por todo lo que sabía el gorila, éramos parisinos.

El gorila nos miró y nos hizo un gesto con la mano. Respiré aliviada.

Entramos en Le Cab en el nivel superior. Había una sala y una barra. Bajo nosotros había una pista de baile donde tocaban música popular francesa. El diseño interior era futurista, con motas rojas y negras por todas partes.

Acababan de dejar una mesa libre, así que nos apresuramos hasta ella y la cogimos. "Os traeré bebidas," sugirió Edward. "¿Qué queréis?"

"¿Cómo vas a pedir bebidas en francés?" pregunté. "Ni siquiera yo sé nada de ese vocabulario."

"Porqué no ves si habla inglés y nos traes lo que puedas," sugirió Alice. "No me importa lo que me traigas."

"Sí. Haz eso," le dije. Edward se fue hacia la barra para intentar conseguir bebidas.

Tan pronto como se fue, un hombre mayor francés vino y se sentó a mi lado. "Excusez-moi, mon petit chou," habló. "Vous etes très belle. On dirait que j'ai perdu mon numéro de téléphone. Est-ce que je pourrais emprunter le tien?"

"Um, je ne parle pas francais," contesté. "Ciao." Alejé la vista de él dramáticamente para que lo pillara. No lo hizo. Siguió ahí sentado. Afortunadamente, llegó Edward con algunas bebidas. Me incliné sobre la mesa para darle un beso. El hombre francés finalmente se rindió y se marchó.

"¿Qué dijo?" preguntó Alice.

"I think he said, 'Perdona, repollito. Eres muy hermosa. He perdido mi número de teléfono. ¿Puedo tener el tuyo?' Luego yo dije 'No hablo francés'... en francés," expliqué lo mejor que pude recordar.

"Me alegro de haber venido cuando lo he hecho," dijo Edward. "Así que tenemos un citron pressé, una bebida con Grand Marnier y una cerveza belga."

"Yo tomaré el citron pressé," dijo Alice, cogiendo la bebida. Yo cogí la bebida con Grand Marnier y dejé a Edward tomarse la cerveza.

"¿Cómo has pedido esto?" pregunté.

"El tipo delante de mí pidió las mismas bebidas, así que cuando fue mi turno, dije que pediría lo mismo. Afortunadamente el barman sabía suficiente inglés como para entender," explicó Edward.

Brindamos por saber inglés y tomamos un sorbo de nuestras bebidas. Era divertido ver a la gente y hablar, pero me temía que Alice se sentía como la tercera en discordia.

"¿Quieres bailar?" me preguntó Edward cuando terminamos nuestras bebidas. Miré a Alice para ver si le importaba.

"Id a bailar," dijo. "De echo, yo también bajaré a bailar."

Edward me llevó a la pista de baile donde bailamos varias canciones. Empezaba a sentirme cómoda con mis habilidades de baile, finalmente, probablemente porque no me sentía como una tonta cuando estaba con él. Él me hacía sentir confiada.

Decidimos marcharnos a medianoche. Teníamos que encontrarnos con Carlisle y Esme a las 9 en punto de nuevo por la mañana para ir a Versalles, así no nos quedaríamos dormidos. Nos llevó menos de media hora volver andando al hotel. Pero incluso aunque era pasada la medianoche, todavía había mucha gente fuera, justo como en Londres.

Cuando nos metimos en la cama, Edward tosió alta y notablemente. "Te amo," susurró.

"Te amo, siempre," contesté cuando me estaba quedando dormida.


Hola!!

Aquí está la primera parte del viaje a París. ¿Qué os parece? A mi me encanta, me gustó mucho París cuando estuve hace bastante tiempo ya, claro que seguro que se ve diferente si vas al lado de Edward. Los dos capitulos siguientes también son en París y ahí veremos más interacción de Edward y Bella. ¿Qué les pasará a estos dos solos por las románticas calles de París por la noche?

Lo vereis el proximo sabado. Teneis todas las imagenes de los sitios que visitan en este capitulo en mi perfil.

Muchas gracias por todos vuestros reviews, alertas y favoritos y también a los que solo leeis.

-Bells, :)