Hey, señoritas, aquí estamos con nuestra cita semanal, y como siempre les agradezco con todo mi corazón que me acompañen con vuestra lectura y con sus comentarios. A las chicas que hace poquito se han integrado, pues bienvenidas y a las que siempre me acompañan, pues mi infinito agradecimiento. Espero seguir adelante y no defraudarlas en el camino.

A mi super equipo, Gaby Madriz y Maritza Maddox en la edición de los capítulos y a doña Manu de marte con la imágenes y adelantos en el grupo de facebook donde todas son bienvenidas.

Y bueno, vamos a ver que nos trae esta aventura para esta semana, espero que les guste.

Les dejo un beso y recuerden que nos encontramos cada miércoles por estos lados con la actualización.

¡Besotes a todas!

Cata!

AHORA A LEER!


Capítulo 11.

―Pensé que alguien me estaba jugando una broma cuando me dieron tu recado. ―Ese fue el primer comentario que Senna hizo cuando llegó al encuentro con su cita.

El hombre que la esperaba sentado en una mesa junto a la ventana, miró a la mujer de rasgos afroamericanos de semblante altivo, que lucía prendas de diseñador y joyas a simple vista carísimas, preguntándose dónde había quedado la chica que a la que recordaba, que se vestía sencilla y que más allá de eso, mantenía siempre una actitud graciosa y cándida. La presencia de esaSenna frente a él le parecía tan extraña, a pesar que habían crecido juntos, como hermanos que eran.

Emmett entonces inspiró y se levantó sin saber qué hacer, si debía abrazarla y saludarla después de diez años sin verse, aunque él muchas veces la buscó, pero ella simplemente hizo oídos sordos a eso. Por lo que simplemente abrió la silla a su lado, para invitarla a sentarse. Además, la postura de ella no daba pie para realizar ningún tipo de demostración de afecto.

―Quien pensó que le jugaban una broma, fui yo ―admitió mientras se sentaba― cuando tu asistente me confirmó la cita.

―Lo siento, ahora soy una mujer muy ocupada.

―Por supuesto. ―Emmett apartó su taza de café ya vacía, mientras ella se cruzaba de piernas y afirmaba su cartera de cuero negro sobre sus largas piernas.

―Entonces, qué haces aquí, para qué me llamaste… ―quiso saber Senna mientras jugueteaba con sus anillos de oro.

Emmett pensó con tristeza que quizás no había sido su más brillante idea buscar a su hermana, recordando como su amigo Derek había intentado convencerlo de que no se acercara a ella, menos después de saber cómo están las cosas. Pero él se lo prometió a la esposa de su padre, madre de Senna, con quien ella también había cortado todo contacto.

―Senna, ¿tiene que haber un asunto puntual para querer verte? Eres mi hermana, por vida de Dios y siempre soy yo el que trata de acercarse a ti, pero tú simplemente…

―Emmett, no te pongas melodramático ―hizo un gesto de desdén con la mano―. Mejor dime, qué te trae de regreso a este infierno.

Infierno. Esa era una denominación acertada para lo que significaba esa ciudad para Emmett, un infierno. Fue donde perdió a la única mujer a la que había amado con apenas diecisiete años, y fue donde perdió a su hermana a quien adoraba, y que ahora estaba sentada frente a él como una desconocida. Suspiró y dejó pasar esos tristes sentimientos, pues su siempre característico buen humor se esfumaba frente a aquello.

―Negocios.

Senna torció la boca, y aguardó a que el camarero que acababa de llegar a tomar su pedido se esfumara. ¿Negocios, eh?

―Por supuesto, olvidaba que estás a cargo de los negocios del Rey Midas ―comentó Senna, haciendo mención al padre de Emmett. ―Pero seguro no vienes solo, ¿A caso Derek te acompaña?

Emmett bajó los ojos y los posó sobre su taza, preguntándose cómo debería responder a eso. Él sabía de la conexión entre Edward y su hermana por lo que Marcus les contó. Quizás era peligroso que lo supiera, no supo bien por qué, pero por otro lado ¿no era mejor actuar con la mayor naturalidad posible? Se inclinó entonces por lo último.

―Me acompaña, él también tiene asuntos aquí.

― ¿Alguna novia quizás?

―Quien sabe… ―procuró no admitir ni negar nada, pero ya le parecía extraño que ella preguntara. Entonces se arrepintió de no hacerle caso a su amigo, cuando le aconsejo que esperara un poco antes de reunirse con ella―. Mejor por qué no me cuentas qué ha sido de ti en todos estos años. He visto revistas donde apareces como una exitosa mujer de negocios, además de ir colgada de brazos de empresarios… como Edward Cullen.

―No puedo quejarme ―asintió, mirando la perfecta manicura francesa de sus uñas― me ha ido bien. No tengo todo el dinero que tú tienes en tus bolsillos, pero…

— ¿Qué dices, Senna? ―respondió Emmett con fastidio―. Mejor dime, qué…

―No, no, no ―le interrumpió la mujer ―. Mi vida es lo que has visto en los periódicos y en las revistas, ni más ni menos. Mejor cuéntame sobre ti y tu regreso aquí. ¿Fue por negocios, placer? ¿Ya estás casado, con hijos?

Senna lanzaba preguntas una tras de otra, sin darle tiempo a Emmett de inquirir en su vida. No le daba la gana contarle sobre su existencia, ya mucho había tenido que ceder aguantando ese estúpido encuentro, todo para conseguir información. Aunque… no podía reconocer que la primera impresión cuando vio a Emmett hizo que su estómago se retorciera de nervio, y una extraña y no muy recurrente sensación apretó su pecho. Negar que ese hombre la había querido como un verdadero hermano sería mentir, al igual que negarque como él mismo dijo, la había buscado una y otra vez, negándose ella al encuentro que en verdad no se le antojaba, porque traer a colación su vida pasada, sería cuestionarse si en realidad todo lo que había conseguido hasta ese momento valía la pena en relación a lo que había perdido.

Después que oyó sobre hitos en la vida de Emmett, tratando de aparentar interés, Senna preguntó otra vez por Derek, por quien sentía verdadera curiosidad.

―Se graduó de chef en el extranjero, trabajó allí unos cuantos años y regresó, es todo.

― ¿Es todo? ¿Y las mujeres, qué hay de eso?

―Senna, esas cosas de la vida privada de Derek, no las hablaré contigo.

―Alguna vez yo fui parte de la vida privada de Derek…

―Y dejaste de serlo porque así tú lo decidiste.

―Si Derek no me hubiera abandonado, las cosas hubieran sido diferentes…

― ¿Abandonado, dices? ―hizo Emmett la pregunta, destilando indignación. Afirmó sus manos sobre la mesa y se acercó a ella para susurrar entre dientes―. Creo que has consumido demasiadas drogas, Senna, porque claramente distorsionas la realidad.

― ¿Podrías hacerme un favor? ―Preguntó, levantándose de la silla, dando por finalizado el reencuentro. Se colocó el tirante de su cartera en el hombro y miró a su hermano con desdén cuando este se apresuró en levantarse―. Dile a tu amigo Derek que me gustaría tener… una cita con él. Dile que se comunique conmigo, ya sabes dónde puede hacerlo.

Y sin despedirse, dio media vuelta, sorteando las mesas hasta la salida del café. Emmett se quedó de pie, decepcionado de sí mismo, porque no había podido dirigir el reencuentro con su hermana como él lo hubiese querido. ¡Por vida de Jesús, eran diez años de no verse! Él tendría que haber dado el primer paso… bueno, lo hizo, siempre lo hacía, pero debería haber guardado para si el reproche, no era el momento cuando ella finalmente había accedido a verlo…

Eso fue lo que le dijo a Derek cuando regresó al apartamento. El chef leía unos contratos que estaba a portas de firmar que lo anclarían en la ciudad por tiempo indefinido. Lo mejor de todo es que los dueños del restaurante no habían puesto problemas en que él llevara a uno de sus ayudantes, que en este caso sería Bella, debiendo participar en la entrevista de los demás que trabajarían con é contento por decirlo de una manera, pero ese sentimiento se opacó por la inquietud de los últimos acontecimientos.

―Te lo dije, Emmett, era demasiado apresurado.

―Lo sé, lo sé ―admitió con pesadumbre, despatarrándose en el sofá, suspirando como cansado― pero quería seguir mi instinto.

―Tu instinto está bien perdido, si me lo permites…

Emmett respondió lanzándole un cojín en el rostro a su buen amigo, mientras este se carcajeaba con ganas.

― ¿Y por qué estás de tan buen humor? ―quiso saber Emmett. Derek alzó la comisura derecha de su labio y volvió a concentrarse en los papeles.

―Bella tenía la cita en la universidad y según como imagino las cosas, llegará aquí con buenas noticas. Además, mañana vienen a cenar sus padres, finalmente.

―Finalmente vas a conocer a tus suegros, ¿eh?

El cojín que Emmett le lanzó antes, le fue regresado del mismo modo ante el comentario tan fuera de lugar del empresario ese, que parecía venido de un niño de primaria. Pero no podía esconder lo contento que se encontraba. Hace una semana de la inesperada visita de Edward al apartamento, momento que él sintió temor que Bella pudiera ceder e irse con él, pero no lo hizo. Es más, esa semana el ánimo de Bella fue de menos a más, cuando primero él le contó que ya tenía trabajo como su mano derecha en un excelente restaurante que estaba a portas de su inauguración y que lo tendría a él, como chef en jefe. Estaría aprendiendo directamente en ese lugar y eso le ayudaría en sus estudios universitarios, sobre los que ya había recibido una primera respuesta, la de la entrevista en la que se encontraba en ese momento.

Además, estaban revisando con qué recibir a los padres de ésta cuando vinieran al día siguiente a cenar allí, haciéndole saber Bella lo entusiasmados que estaban de conocerle. Eso hacía sentirse a Derek secretamente bien.

Y por último, cuando Bella y él se quedaban a solas hablando, cocinando o en cualquier otra actividad, él podía adivinar que no le era indiferente. A veces se quedaban mirando en silencio y más de una vez él estuvo a punto de besarla sintiendo que ella era lo que también esperaba, que no pondría trabas…. Pero siempre o sonaba el teléfono, o aparecía Emmett, o cualquier cosas los interrumpía. Pero ya él había decidido ponerse manos a la obra con la conquista. Él era un hombre soltero, libre, que estaba enamorado ―sí, enamorado― de una chica de dieciocho años, soltera también. ¿Qué de malo había que la cortejara?

― ¡Hey, sonrisitas! ―lo llamó Emmett, mirándolo con las cejas alzadas―. ¿Por qué no te la llevas a cenar por ahí, para celebrar?

― ¿A quién?

― ¡Joder, Derek! Pues a Bella…

―Una buena idea, finalmente, Emmett ―concedió Derek, dejando los papeles sobre la mesa de centro y retirándose a su habitación para tomar su celular y hacer una reservación en un buen restaurante.

Mientras tanto, Bella salía por las amplias puertas de la universidad abrazando a su pecho una carpeta de color azul, esbozando una grande y luminosa sonrisa. La cita con el decano de la escuela de cocina había ido mejor de lo que ella imaginaba. Pudo ver la sorpresa del hombre cuando leyó las cartas de recomendación, una firmada por un colega amigo de Emmett a quien conoció en la otrora fiesta de comida, y la otra firmada por Derek, por supuesto.

El encargado en cuestión le dijo que estaba dentro de los plazos admisibles para el ingreso especial, pero debería sortear un par de exámenes para los que tendrías veinte días de preparación. Ella estaba tan emocionada, que incluso sin darse cuenta abrazó al correcto señor, quien se ruborizó un poco por la reacción de la chica.

Sacó de su bolso el Iphone que Emmett y Derek le regalaron aquella mañana, dispuesta a contarles a sus amigos las buenas nuevas. Apenas dos tonos y el chef contestó al otro lado.

― ¿Bella?

― ¡Ya está! ―exclamó dichosa, caminando por la vereda hacia la próxima estación de tren subterráneo―. Aceptaron las cartas y me dieron la bibliografía con la que me tengo que preparar para los exámenes.

― ¡Te lo dije, pequeña!

―Dios, Derek, tengo tanto, tanto que agradecerte.

―Me lo agradecerás esta noche cuando salgamos a celebrar, ¿te parece?

― ¡Sí! Quiero celebrar y pasarlo bien como hace tiempo no lo hago.

Oyó la risa de Derek al otro lado de la línea, concluyendo que él, se sentía tan feliz por su logro. Después de advertirle que llegaría justo para el almuerzo, colgó y se dispuso a llamar a sus padres para darles las buenas nuevas, cuando una mano en su hombro la detuvo. Se giró algo asustada y se encontró con un par de ojos verdes inquisitivos que la miraban. Su sonrisa se esfumó de su rostro y sus relajados músculos se tensaron al instante.

― ¿Por qué vas dando saltitos por la calle, bebé?

Ella hizo un movimiento con el hombro para soltarlo del agarre de Edward, dando un paso atrás, apretando su móvil en la mano, a la vez que aferraba ahora con más fuerza la carpeta a su pecho, como si fuera un escudo.

―Por qué… por qué me estás siguiendo…

Hace una semana, desde el día que la dejó en casa del tipo ese, Derek, la seguía como obseso. Se paraba en su coche en las afueras del apartamento y esperaba a verla. Para su frustración, generalmente Bella salía acompañada no solo de aquel cocinero, también de otro tipejo que no conocía. Había días en que simplemente no la veía y ni siquiera podía hablarle por teléfono, pues apenas hasta ese momento, supo que tenía uno nuevo.

¿Por qué la seguía? Porque quería estar pendiente de cada uno de sus pasos, esa mujer no se le volvería a escapar, antes muerto. Además, Bella era suya, aunque ahora ella lo negara, aunque no viviera con él y aunque se la pasara con el imbécil ese a quien haría desaparecer si era necesario.

Bella era suya, ella lo amaba, y eso para él, bastaba para excusar su delirio de espía que ella despertaba en él.

― ¿Por qué das por hecho que te estoy siguiendo? ―Alzó una mano y delineó con su dedo índice la ceja oscura de su bebé―. Yo solo pasaba por aquí, y quizás hablas de tu deseo por saberte perseguida por mi…

― ¿Sabes qué? ―preguntó, indignada, obligándose a mantener el control y no doblegarse ante ese hombre. Así que irguió su postura y lo miró directo a los ojos―. Allá tú si sigues perdiendo el tiempo, yo ya lo dejé estar…

― ¡Tú no dejaste estar nada! ―La voz hasta ese momento graciosa de Edward, se tornó oscura y amenazante. Volvió a acercársele y la tomó por el antebrazo, acercándola a él―. No me mientas, maldita sea. ¡Por qué maldita razón te cuesta tanto aceptar la jodida realidad, bebé…!

― ¿Y cuál… cuál según tú, es la realidad…?

―Que tú eres mía y que tarde o temprano tienes que dejar esa actitud combativa conmigo, y regresar a mí, porque es donde tienes que estar.

―Pero fíjate que yo no quiero estar contigo… ¡Suéltame! ―tironeó hasta soltarse de la mano de Edward, pero este otra vez la agarró.

―Disfruta tu tiempo con tu amiguito ese, Bella, porque más temprano que tarde volverás a mí ―susurró con sus labios casi pegados a los de ella. Estrechó su mirada e hizo un silencio antes de agregar―. Y dile al chef ese, que no me toque los cojones. Están advertidos.

Y sin más, dejó a Bella temblando en la acera, mientras él se giraba y caminaba calle abajo directo a donde había aparcado su coche. Bella en tanto, cerró los ojos e inspiró con fuerza, felicitándose un poco pues no había cedido de buenas a primeras ante la demanda de Edward, aunque su piel se erizó y su corazón martilleó pesado cuando lo tuvo en frente, debía de reconocer. Además, saber que él advertía de sus sentimientos por él la ponía en desventaja, desventaja que estaba dispuesta a hacer desaparecer.

"Porque voy a sacar a Edward Cullen de mi sistema, cueste lo que cueste" juró, mientras retomaba su camino hacia el tren subterráneo y recordaba que debía llamar a sus padres para darles la buena nueva.

**o**

―No puedo creerlo ―reconoció Bella, mirando hacia todos lados, sentada en una mesa para dos frente a Derek, quien aquella noche la había llevado a degustar de la mano del más famoso chef de la ciudad, quien fuera maestro suyo.

― ¿Qué es lo que no puedes creer? ―quiso saber Derek, quien no había podido apartar sus ojos de la belleza frente a él. Ella vestía un vestido recto negro con escote redondo y mandas tres cuartos, muy sencillo pero que para él resultó fascinante.

―Estar en un lugar como este y pensar en que quizás, dentro de algunos años, también puedo llegar a tener un local así… ―se alzó de hombros y continuó divagando sus ojos por el elegante ambiente, pero cómodo y acogedor, que por cierto estaba lleno de comensales―. Bueno, quizás me demore unos buenos años llegar a este nivel, pero puedo soñar, ¿no?

―Puedes soñar y puedes hacer tus sueños realidad. Además ―recordó, alzando su dedo índice y tomando su copa de vino, cosa que ella imitó― trabajarás dentro de poco como ayudante de uno de los chefs revelación del último tiempo.

Bella se carcajeó y alzó la copa, chocándola con la de él, que también compartía su alegría con carcajadas.

―Bueno, es un honor, chef revelación.

―Dios, Bella, no sabes lo hermosa que te ves con esa sonrisa en los labios, tan relajada, tan feliz…

―Es que… ―bajó su rostro ruborizada por la galantería de Derek ―me siento relajada y muy contenta, y tú has contribuido bastante en eso. Apareciste tendiéndome una mano en el momento en que más lo necesitaba, y no has pedido nada a cambio… me siento muy en deuda contigo.

―No quiero saber que sientes que tienes una deuda conmigo, Bella, lo hago porque quiero y con mucho gusto. Y no voy a desaparecer a menos que tú me lo pidas. No podría apartarme ahora de ti. Me… me rompería el corazón.

Dejó que Derek tomara sus manos sobre la mesa y las mantuviera allí, acariciándole con los pulgares, mientras la miraba como si a través de los ojos él le quisiera decir todo lo que llevaba atragantado en su pecho. Es que era una mirada tan limpia, cristalina, que sus sentimientos no podían ser escondidos pues esos zafiros declamaban claramente sus sentimientos, sentimientos que ella tenía miedo a que él expusiera abiertamente con palabras, pues no sabría cómo reaccionar.

Hablaron de la cena con la que esperarían al día siguiente a los padres de la chica, y coincidieron que ya que el padre de ella gustaba de los productos del mar, prepararían todo en base a pescados y mariscos, asegurando Derek que don Charlie y doña Renée saldrían levitando de ahí.

Además, tocaron un montón de temas mientras ella degustaba el mejor filet mignon que había probado en su vida, haciendo planes incluso de regresar al pequeño pueblo donde se conocieron para visitar a Ester, Eloy y la demás gente del restaurante.

―Será genial volver a verlo ―comentó ella ―realmente los extraño mucho, sobre todo a Ester y a Eloy.

―Son una pareja increíble ―recordó Derek con alegría― me dio mucho gusto conocerlos.

― ¿Y a tu padre, no lo extrañas? ―quiso saber ella, mientras dejaba los cubiertos sobre el plato casi vacío. Él suspiró y bebió de su copa de vino.

―Claro que lo extraño, pero ahora lo tengo más cerca que antes, al menos en cualquier momento puedo ir y visitarlo.

―Y… sobre Alice, ¿has tenido noticias?

―Al menos día por medio llama a Emmett o a mí ―le contó― y tiene la idea de venir también pero no nos ha dicho cuándo.

Derek quiso mantener oculto el hecho de que Alice tenía la idea de presentarse ante Edward finalmente. No era el momento ni era un tema que ellos debían tratar, además seguro con mencionar eso el ánimo de Bella decaería.

― ¿Ella y tú son buenos amigos? ―preguntó ella, mirando su plato. No quería sonar entrometida ni nada que se le pareciera, aun así Derek no pudo evitar sonreír.

―La ayudamos a escapar antes que la degradación del mundo que la envolvía, la devorara. Ella dice que estará agradecida por el resto de su vida…

―Entonces eres especialista en rescatar almas perdidas, o algo así ―comentó, jugueteando con el mantel de lino.

―Por qué lo dices… ―quiso saber Derek. Ella se mordió su labio pintado de rosa antes de responder.

―Porque de una u otra forma, a mí también me rescataste.

―Quizás nos rescatamos mutuamente.

―Yo no te rescaté de nada ―murmuró, bajando su cara por la intensidad de la mirada zafiro de Derek, quien se apresuró a buscar su mano sobre la mesa y tomarla entre las suyas. Necesitaba su contacto y no respondió hasta que ella alzó la vista de regreso a sus ojos.

―Sí que lo hiciste ―susurró, pero ella se negaba a creer eso, por lo que arrugó su frente y negó con la cabeza.

―Cómo puedes decir que te rescaté, cuando por mi culpa…

―Por tu culpa nada, Bella ―la interrumpió con rapidez ―. Mira, mejor no nos desviemos hacia allí, hemos pasado una noche estupenda y no quisiera arruinarla. Simplemente agradezcamos que nos encontráramos, es todo.

―Salud por eso ―alzando su copa casi vacía Bella proclamó, seguida por Derek quien no demoró en seguirla.

Más tarde, mientras caminaban hacia el aparcamiento ya finalizada la cena, Bella se abrazaba pensando en la encantadora noche que había pasado junto a Derek. El encuentro de aquel día con Edward no había logrado opacar esa cita y pensó que teniendo tan claras sus metas, concentrándose en ellas y rodeándose de la gente correcta, iba a poder salir adelante y dejar su etapa de affaire con Edward atrás, sintiéndose confiada ante la expectativa.

Derek a su lado, desvió la mirada hacia ella, sonriendo cuando la vio con la comisura de sus labios alzadas, mirando las estrellas. Entonces admitiendo que él había contribuido un poco a esa sonrisa, la abrazó por los hombros y la acercó a su cuerpo, haciendo fricción en una de sus brazos. Ella no se tensó ni intentó apartarse, simplemente dejó abrazarse por los brazos y el calor que él le ofrecía.

―Muchas gracias Derek…

―Bella, estoy un poco cansado de que siempre me estés dando las gracias, porque no se la merecen.

―De todas formas ―esperó que él le abriera la puerta del copiloto pues ya habían llegado hasta el coche que Emmett les facilitó― gracias, por todo.

—De nada, de nada ―agitó la cabeza pero siempre con la sonrisa en sus labios―. Ahora será mejor que entres y comencemos a movernos.

― ¿Lo dices por Emmett, verdad? ―preguntó y él asintió, rodeando el coche hasta subirse tras el volante ―para que nos pasara su coche nuevo, debimos haberlo pillado volando bajo. Ahora mismo debe estar pegado en la ventana.

―Pues no lo hagamos sufrir más.

El viaje de regreso fue hecho en un como silencio, mientras ambos escuchaban la música que salía de la radioemisora que Emmett, había programado, siendo Miles Davis, el rey del blues, envolvía el ambiente mientras su trompeta hacía maravillas. De tanto en tanto la pareja se miraba de reojo y sonreía por nada, sintiéndose el hombre en realidad, como un chiquillo de quince años, planeando en su cabeza como cortejar a la chica de al lado.

Subieron por el ascensor luego de dejar el coche en el lugar predispuesto, muy relajados, riéndose de una anécdota que Derek recordó y que lo involucraba a él y a su amigo Emmett, por supuesto. Cuando abrieron la puerta principal, caminaron directo a la sala, aun carcajeándose por la historia, cuando se encontraron con Emmett sentado en un sofá en compañía de una chica a quien Derek al menos no esperaba ver tan pronto.

― ¡Alice! ―dijo, un poco sorprendido―. Cuándo llegaste ―le preguntó, acercándosele, a la vez que ella se levantaba y se colgaba de su cuello. Automáticamente, Emmett miró a Bella, quien había bajado su cabeza un poco avergonzada, y miraba atentamente la punta de sus zapatos. Se levantó él también y se acercó a la chica, rodeándole con el brazo por los hombros.

― ¿Cómo lo pasaron, pequeña?

―Fue muy entretenido, lo pasamos muy bien, Emmett, aunque podrías haber venido también.

―No estoy para tríos, Bella.

―Muy graciosos ―le reclamó ella, bromeando por supuesto, a la vez que golpeaba su duro abdomen col codo―. Uhm… creo que iré directo a la recamara, seguro tienen mucho de qué hablar.

―No antes que las presentemos formalmente ―le dijo, acercándola hacia donde Alice mantenía en cautiverio a Derek entre sus menudos brazos, diciéndole lo mucho que lo había extrañado. Bella no supo bien por qué deseaba salir corriendo de allí, quizás por el hecho de saber a esa chica hermana de Edward, o por verla en esa postura tan cómoda e íntima con Derek.

―Alice, pequeña ―finalmente logró Derek soltarse del agarra de su amiga, tomándola por los hombros y girándola hacia quedar frente a Bella, quien seguía rodeada por el brazo de Emmett― quiero que conozcas a Bella, ella es amiga nuestra y está viviendo aquí con nosotros.

Bella pudo ver que sin disimulo, la chica de corto cabello negro le dio una pasada desde los pies a la cabeza, esbozando una sonrisa que a toda vista parecía forzada. Ella tragó grueso y se agarró las manos, retorciéndose los dedos como solía hacerlo cuando estaba nerviosa, y es que no puedo evitar ver en esos ojos un brillo misterioso que a ella le parecía tan familiar…

"Por supuesto, es hermana de Edward…"

―Ho-hola Alice, es… es bueno conocerte… y se bienvenida.

―Gracias. ―Sin más, se giró de regreso hacia Derek―. Necesito hablar contigo en privado.

―Ejem… bueno, me voy a mi cuarto. Buenas noches ―dijo Bella y caminó hacia el pasillo. Emmett alzó sus cejas hacia Derek y se apresuró a seguir a Bella al dormitorio. Cuando la chica recién llegada y el chef quedaron solos, este se apartó y se sentó en el sofá individual, dejando espacio entre ambos.

―No me gustó tu actitud con Bella ―con voz seria hizo saber su desacuerdo, mientras miraba las maletas que habían a un lado, concluyendo que ella se quedaría allí con ellos.

"Y por qué maldita razón Emmett no me llamó para informarme…"

Alice suspiró y se dejó caer en el sofá frente a Derek.

― ¿Esa es la amiga de Edward, verdad? ¿Y por qué la tienen aquí cuando se supone…?

―Alice, ella está aquí porque yo la invité a quedarse, y como ya sabes, no te debo ninguna explicación, así que ahórrate el tiempo y deja de preguntar, ¿vale?

―Entonces supongo que si ella está aquí, yo tendré que ir a quedarme en un jodido hotel, y tú sabes cómo odio los hoteles.

―No he dicho eso ―respondió mordaz, llevando sus dedos hasta la sien para masajearlas, pues un inminente dolor de cabeza estaba formándose.

―Emmett me dijo que la habías invitado a cenar, ¿era una cita o algo…?

―Alice, que es lo que te acabo de decir.

―Perdona, solo es curiosidad ―se reincorporó y dio un golpe con la palma de sus manos sobre sus muslos―. ¡Y estoy preocupada! Si ella es algo de Edward, él no te dejará tranquilo, ¿Por qué ella fue su amante, verdad?

―Es suficiente. ―Derek se puso de pie, y maldiciendo por dentro dio dos pasos para ir hasta su recamara, pero la menuda chica se interpuso de un salto en su camino, deteniéndolo.

―Perdona, perdóname Derek… es que estoy nerviosa, ¿no lo ves? ―suspiró y tomó las manos cálidas de su amigo―. No sé cómo van a salir las cosas en adelante, y pues necesito tu apoyo… Emmett y tú son mis únicos amigos.

―Tienes nuestro apoyo, siempre, pero eso no te da pie para comportarte como lo has hecho ahora.

―Lo siento, de verdad.

―Mira, puedes quedarte aquí mientras demoras en encontrar algo ―indicó, para desviar el tema y para dejar en claro que su estadía sería por un corto tiempo―. Mientras, puedes tomar mi habitación, yo me moveré al dormitorio de Emmett. Debes estar cansada por el viaje, ya mañana tendremos tiempo de conversar de lo demás, ¿vale?

―Vale… y lo siento, de veras.

―Dame un momento para sacar mis cosas del cuarto, quédate aquí ―entonces se hizo a un lado y caminó hacia el pasillo que daba a las recamaras, sin detenerse frente a la puerta de su habitación, sino yendo una más allá, la que golpeó para enseguida abrir lentamente, asomando su cabeza. Vio a Bella sentada sobre la cama con sus piernas cruzadas y un cojín sobre estas, con vestigios de una sonrisa mientras hablaba quizás de qué cosa con Emmett.

― ¿Interrumpo?

―Claro que no ―dijo ella, mientras le invitaba ha pasado moviendo su mano.

―Emmett ―le habló Derek a su amigo― voy a tener que dormir en tu recamara, para dejarle la mía a Alice…

―Oh, no harás eso ―rebatió Emmett, poniéndose de pie ―tu dormitorio es una jodida cueva de león. Le pasaré la mía que está ordenada, así que iré allá y la instalaré.

―Como quieras, muchacho ―asintió Derek, rodando los ojos y dejando que su amigo saliera. Este antes de hacerlo, se detuvo en la puerta, y miró a Bella.

―A mediodía tenemos una cita tú y yo, madeimoselle

― ¿Cita, eh? ―preguntó Derek cuando Emmett desapareció de la habitación. Bella soltó una risita y torció su cabeza.

―Le conté sobre el menú para la cena de mañana, y quedó en llevarme a un mercado gourmet para comprar lo necesario, y después me llevará a almorzar a la bahía…

―No sé si esté muy de acuerdo en esos planes entre Emmett y tú, además soy el chef en jefe, también debería ir a por esas compras…

―Contábamos contigo, aunque quizás quieras quedarte con Alice…

―Sobre ella ―interrumpió Derek, buscando las manos de bella, las que envolvió entre las suyas ―. No quiero que te sientas incomoda con ella aquí. Suele ser un poco… quisquillosa a la hora de conocer gente nueva, por todo lo que la rodea, pero es una buena chica.

―Está bien, no te preocupes.

―Bueno, ahora te dejo descansar. Yo también me iré a dormir ―dijo él, poniéndose de pie―. ¿Necesitas algo?

―No, nada. Me meteré a la cama ahora.

―Bien pues ―se inclinó entonces y dejó un beso largo sobre la frente lisa de Bella, poniendo sus manos en ambas mejillas― fue una velada encantadora, que espero repetir a menudo contigo.

―Para mí también lo fue, Derek.

Él suspiro, acarició sus mejillas sonrojadas y sonrió encantado, sonrisa similar a la que ella tenía en sus labios, hasta que él le dio las buenas noches y salió de la habitación. Enseguida se hizo hacia atrás, cayendo de espalda sobre la cama, mirando fijo hacia el techo del dormitorio, con ambas manos sobre su pecho, algo cansada, pero muy contenta por cómo habían salido las cosas durante ese día, a pesar de la intromisión algo extraña de los hermanos Cullen de aquel día.

―Pero no lograran opacar lo que he conseguido… ―susurró para sí mismo, a la vez que cerraba los ojos y recordaba los hitos que la hicieron feliz aquel día.

A la mañana siguiente, Derek y Emmett desayunaban en la isla de la cocina en compañía de Bella, cuando Alice apareció frente a ellos.

― ¡Buenos días, Alice! ―la saludó alegremente Emmett, alzando su humeante taza de café hacia ella―. ¿Nos acompañas a desayunar?

―No, Emmett ―dijo, mirando a Derek, que revisaba algo en su celular―. Debo hacer una visita hoy.

Derek automáticamente alzó su vista hacia ella, en tanto Bella se atragantó con el café, comenzando a toser. Cuando Emmett la vio con esa sonrisa irónica en el rostro, supo que había dicho aquello solo para llamar la atención de Derek, consiguiéndolo.

― ¡Joder, Alice! ―exclamó Emmett enojado―. ¿A qué viene ese tipo de comentario? ¿Crees que vamos a tragarnos el hecho de que de buenas a primeras vas a ir a visitar a tu hermano?

Alice lo miró con ojos de falsa inocencia, alzándose de hombros.

―Yo no he dicho eso, simplemente haré una visita a una vieja amiga. Además… ―miró entonces a Bella, que se había quedado estupefacta mirándola directamente―. Tú lo conoces mejor que nadie aquí, ¿cómo crees que me recibirá?

―Por… ¿por qué me preguntas eso…?

―Ignórala, Bella. ―Con brusquedad, dejó la taza sobre la encimera y agarrando su teléfono salió en dirección a su recamara. Bella hizo lo mismo, pero con movimientos más lentos, ligeros. Entonces Emmett y Alice se quedaron a solas en la cocina.

―Estás consiguiendo hartar a Derek, Alice ―dijo él, llevando su taza hasta el fregadero―. No sé qué pretendes con esa actitud.

―Esa niñita me da mala espina ―admitió, sentándose sobre un taburete― esa… imagen de pobrecita no me convence…

― ¿Imagen de pobrecita? ―preguntó él, desconcertado―. No la conoces, no sabes lo que ella ha tenido que pasar, y como se ha enfrentado a las dificultades. De pobrecita no tiene nada.

―Como sea ―sacó de la cartera que llevaba cruzada al torso un espejo, revisándose su maquillaje antes de salir―. Voy a visitar a una amiga, y no volveré hasta la tarde… y por cierto, no me voy a reunir con Edward sin decírselos primero, no creas que soy desleal. Además, nunca los vincularé conmigo y sobre lo que ocurrió hace años.

―Te lo agradezco, pero aun así, no es forma de comportarte.

―Lo siento. Esta noche me disculparé con Derek…

―Le debes no solo a Derek una disculpa ―intervino Emmett―. Por cierto, los padres de Bella vienen a cenar esta noche, así que si vas a estar aquí con esa actitud, será mejor que llegues bien entrada la noche, ¿estamos?

Alice rodó los ojos y tras guardar el espejo, se bajó del asiento y le lanzó un beso con la mano a su amigo, antes de retirarse.

―Joder con esta mujer… ―hablaba consigo mismo, mientras lavaba la loza que estaba sucia― ni que tuviera la edad de Bella… si hasta ella se comporta con más madurez…

En su habitación, Bella estaba frente al armario donde su ropa estaba colgada, mirando qué ponerse. Aunque en realidad, su concentración no estaba en ello, sino en el altercado de momentos atrás. Alice no disimulaba su reticencia con ella y eso la incomodaba… y la asustaba un poco. Era hermana de Edward, y más temprano que tarde ella se presentaría ante él, y quien sabe si era capaz de usar a eso en contra suya, o en contra de Derek, porque era de tontos no percatarse que Alice sentía algo más que simple agradecimientos hacia su amigo Derek.

"Quizás sea mejor que me vaya…" pensó, arrugando su frente. Bufó entonces y se sentó a los pies de la cama que seguía desecha, deseando volver a meterse en esta. Jugueteó con las motitas que se pegaban a su pantalón de dormir a cuadros, pensando en qué era lo mejor no solo para ella, sino para los demás. Así la encontró Derek cuando entró al dormitorio.

― ¿En qué estás pensando, eh? ―preguntó, sentándose a los pies de la cama junto a ella―. ¿Supongo que no le estarás dando vuelta a la actitud de Alice, verdad?

―No le caigo bien, Derek ―dijo, alzándose de hombros― y presumo por lo que me dijo, que sabe que yo y Edward…

―Nos oyó en una conversación hace un tiempo a Emmett y a mí. Perdona…

―No, ahora mismo da igual. Yo solo quiero que las cosas alrededor tuyo y de Emmett estén tranquilas, sobre todo ahora que ella está aquí. No quiero que los perjudique.

― ¿Por qué dices que nos puede perjudicar?

―Qué se yo… ―bajó el rostro, negando con la cabeza, sin admitir en voz alta sobre sus miedos. Derek sin embargo pudo intuirlo, pensando que Alice nunca haría nada para dañarlos.

―Mira, la conozco y sé que se relajará cuando todo esto pase ―se giró y obligó a Bella a mirarlo, levantándose el rostro con ambas manos. Su cabello rojo estaba tomado en una moña desordenada y su rostro carente de maquillaje la hacía ver más niña de lo que en realidad era, y eso a él le encantaba―. Necesito que me prometas que te quedarás aquí, y que no te verás obligada a irte porque veas en Alice una mala actitud. Esta es tu casa, ¿entendido? La visita aquí es ella, así que debe atenerse a las reglas que tenemos, y entre esas reglas de convivencias están la de no molestarte.

―Te tomas demasiadas molestias por mí, Derek. ―Y como si nada, Bella se acercó a él y lo rodeó por los hombros, descansando su cabeza allí. Derek no demoró en devolverle el abrazo, sintiéndose increíblemente cómodo, y pensando que podría estar abrazado a ella por tiempo indefinido…

"Derek, pareces un adolecente enamorado…" se auto reprendió, pero sin apartarse.

―No son molestias ―giró su cara y besó la cabeza de la chica, obligándose a apartarse un poco―. Ahora, tenemos que ponernos de acuerdo. Yo voy saliendo a una reunión con los dueños del restaurante y me reuniré con Emmett y contigo a medio día. Deben mandarme un mensaje para saber dónde estás.

― ¡Entendido jefe! ―respondió ella con entusiasmo.

―Así me gusta ―Se puso de pie, y cerró la cremallera de su chaqueta negra, metiendo sus manos a los bolsillos de esta―. Recuerda que tus padres vienen esta noche, debes llamarlos y preguntarles si quieren que vayamos por ellos o llegaran por cuenta propia hasta aquí.

―Vale, vale ―se levantó de un salto, empujando a Derek hacia la puerta― seguro se te hace tarde, y te prometo que no olvidaré nada. Ahora vete, no queremos que contraten a otro chef…

― ¡¿Estás loca?! ―preguntó con falsa socarronería, elevando una ceja―. Soy el chef revelación, y me ganaré tantas estrellas preparando platillos que me contratarán para iluminar el árbol de navidad de Time Square

― ¡Oh, eres un presumido! ―Exclamó la chica entre risas, empujándolo fuera del dormitorio.

Cuando el chef apareció en la sala, una radiante sonrisa adornaba su rostro, siendo esto motivo de burla por parte de Emmett.

― ¿Qué traes con esa sonrisita? ¿A caso Bella ya te dio el sí…?

Un cojín del sofá que Derek tenía justo a lado, voló en dirección al burlista amigo suyo, justo a su rostro, en respuesta a su pregunta. Era la forma que ambos amigos tenían de conversar.

Los tres amigos hicieron todo según lo planeado: Derek se reunió con ellos en un mercado de productos alimenticios muy exclusivo al que Emmett había llevado a Bella, comprando todo lo necesario para la cena Después se fueron a comer los tres a unos restaurantes en la costa de ciudad, para regresar más tarde al apartamento y ponerse manos a la obra.

Bella había llamado a sus padres para avisarles que todo estaría listo para recibirlos, quedando ellos en llegar hasta el lugar gracias a la dirección que Bella les dio. Ayudó en lo que pudo a su amigo quien estaba preparando la cena, mientras Emmett preparaba la mesa del comedor como si visitas ilustres, fueran a llegar allí.

―Todo huele delicioso ―indicó Bella, apareciendo en la cocina después que Derek la mandara a tomar una ducha y prepararse. Se había puesto un sencillo vestido azul marino y su pelo iba tomado en una pequeña coleta atada a la nuca.

―Según Emmett, todo sabe muy bien ―dijo, cubriendo la sartén y bajando la llama de la cocina para mantener su preparación con la cocción indicada―. Ahora, es mi turno de tomar una ducha rápida. Vigila que Emmett no venga por aquí o comenzará a engullirse todo, ¿vale?

―Lo vigilaré.

Unos veinte minutos más tarde, el portero llamó por el interfono anunciando al matrimonio que había llegado para visitarlos. Emmett se apresuró en indicarle que los hiciera subir, mientras daba un vistazo a que todo estuviera en orden. Fue él quien los recibió en la puerta, desplegando toda su cordialidad ante ellos.

―Sean bienvenidos ―les dijo al hacerlos pasar. Bella apareció entonces y corrió a abrazar a sus padres.

― ¡Qué bueno que ya llegaron! Por cierto, él es Emmett. ―El aludido extendió su mano primero hacia Renée, que miraba alucinada el entorno tan moderno y elegante del piso donde ahora vivía su hija, saludando enseguida a Charlie, que no se esperaba que su hija viviera en aquel lugar. Claramente estaba en un buen sitio, y no pasando penurias como temió. Sólo esperaba ir vestido acorde con lo que tenían preparado, mirando el atuendo de Emmett, que llevaba un pantalón de vestir gris y una camisa blanca, muy parecido al atuendo que él llevaba, salvo la chaqueta azul marino de vestir que cubría la camisa, aunque su esposa se sí había esmerado más con aquel vestido de cóctel rojo sangre y sus tacones negros de charol.

―Trajimos este vino para la cena ―le dijo Charlie a Emmett, entregándole una botella de un muy buen vino―. Edward nos lo recomendó.

Emmett y Bella se miraron, pero no dejaron que la mención de ese hombre arruinara la velada.

―Es un excelente vino, será ideal para lo que el chef ha preparado.

Pasaron a la sala, donde se les unió Derek, saludando cordialmente a los padres de Bella, contándoles lo mucho que ella les había hablado. Y así comenzó la velada: conversaciones ligeras y amenas relajaron el ambiente, sintiéndose los invitados cada vez más a gusto en el lugar, y encantados de los chicos que vivían con su hija, que parecía, la querían mucho.

―Pero Bella nos habló de otra chica que vivía con ustedes…

―Ah, sí. Alice ha estado fuera todo el día y no estamos seguro de que llegue…―se apresuró en responder Emmett a la pregunta de Renée, agregando en forma de cuchicheo ―pero de ya les digo que ella es media extraña, así que no se preocupen si aparece y sale con sus cosas raras.

Bella agradeció que él dijera aquello de forma tan liviana, poniendo a sus padres en sobreaviso si ella aparecía con su carácter tan extraño, por decirlo de alguna forma.

― ¿Tienes más de esto? ―preguntó Charlie a Derek, extendiendo su copa vacía del aperitivo que el chef les había servido― Está delicioso…

―Cuida tu cuota etílica, Charlie ―lo regañó su esposa, haciendo que los demás se rieran. Sin embargo, Derek no demoró en llenar la copa para él y entregarse con el licor en base a Campari y jugo de naranja.

Derek y Emmett les contaron a los padres de Bella lo que hacían y cómo es que habían conocido a su hija, adornando un poco la historia. Derek, les contó que ella había trabajado en el restaurante de su familia, y que él mismo insistió en que no podía dejar pasar la oportunidad de estudiar cocina, que era algo que ella hacía instintivamente bien, a pesar de no tener estudios.

―Creo que va a ser una excelente cocinera ―se aventuró a decir Derek, mirando con orgullo a Bella que con una sonrisa le agradecía aquellas palabras.

Durante la cena, ni Renée ni Charlie dejaron de elogiar las manos de Derek, que había preparado la cena en base a pescados y mariscos, algo que al padre de Bella le gustaba mucho.

―Creo que podría comer todos los días de mi vida platillos como este… ―dijo Charlie, degustando el platillo de fondo.

―Bueno, dentro de poco comenzaré a trabajar en un restaurante y habrá platillos como este para que vayan a comer.

― ¿Es cierto que Bella trabajará contigo en ese lugar, Derek? ―Preguntó Renée.

― Es así, en la medida que no interfiera con sus estudios. Además, tendrá mucho camino adelantado, y sus maestros reconocerán eso, la ayudará sin duda en la destreza.

―La práctica hace al maestro, dicen ―indicó Emmett, chocando su copa de vino blanco con la de Bella, quien no podía estar más feliz al ver a su padres totalmente relajados y contentos, no solo de saber dónde estaba ella ahora viviendo, sino por la gente que la rodeaba y por los planes que tenía.

Fueron tres horas de amena charla y excelente comida, no solo para las visitas sino también para los dueños de casa, que agradecieron la visita e hicieron prometerles que irían allí a menudo, tantas veces como ellos quisieran.

―Les agradezco que sean tan buenos amigos con mi Bella ―Dijo Charlie ya a la hora de la despedida, abrazando a su hija―. No puedo negar que tenía miedo de saber con quienes vivía, y dónde, pero me voy muy tranquilo de que esté con ustedes.

―Cuidamos de su hija, Charlie, es como nuestra hermanita pequeña ―indicó Emmett, dándole un codazo en el brazo a su amigo antes de preguntarle— ¿Verdad, Derek?

―Claro, Emmett.

―Bueno, y está de más decir que ahora son ustedes los que nos deben una visita ―dijo Renée, abrochándose los botones de su chaqueta roja―. Esperamos tenerlos en casa muy pronto, para que conozcan a nuestro nietecito.

Emmett asintió sonriendo, al igual que Derek, quien pensó en la sorpresa que sería para los padres de Bella si supieran que él ya tenía el gusto de conocer al pequeño, a quien meses atrás se acostumbró a ver a menudo.

Charlie y Renée se retiraron, agradeciendo una y otra vez la hospitalidad, pidiéndole a Bella que no dejara de visitarlos. Ella prometió ir a verlos al día siguiente para saber a ciencia cierta la percepción de sus padres, que a simple vista fue mejor de lo que ella esperaba.

― ¡Todo salió increíble! ―exclamó ella cuando Emmett la tomó y la hizo girar sobre sus pies. Derek se cruzó de brazos mientras sonreía al ver tan contenta a Bella, alegrándose él también pues las cosas no podrían haber salido mejor.

―Bueno, no quiero aguarles la celebración ―interrumpió Derek― pero hay un montón de loza que meter al lavavajillas y…

―Oh, ¿y no podemos dejarlo para mañana? ―protestó Emmett―. Hay media botella de vino que aun quedó en la botella y no podemos desperdiciarla.

―Emmett, ya has bebido bastante ―apuntó Bella―. Además mañana no se nos antojará ordenar, mejor dejamos todo ordenado ahora.

A Emmett no le quedó de otra que seguir las instrucciones del chef en jefe y comenzar con las labores de limpieza, pensando en que sería una buena idea contratar a alguien que se encargara de esos quehaceres.

"¡¿Cómo no se me había ocurrido antes?!" Se auto reprendió cuando levantaba los platos sucios de la mesa.

Una hora tardaron en dejarlo todo impecable, ya marcando el reloj pasadas las once de la noche. Emmett extendió sus brazos al cielo y estiró sus músculos, bostezando en el proceso.

―Voy a dormir como un bebé ―señaló, y Derek rodó los ojos.

―Roncas como un oso, Emmett…

― ¡Claro que no! ―Bostezó otra vez―. Bueno, esta alma cansada se retira. Hasta mañana.

―Adiós, Emmett ―se despidió Bella, sentada sobre el taburete, con su cabeza apoyada sobre su mano, algo cansada por las actividades y las emociones del día.

Derek en tanto se acercó a ella, quedando justo en frente, ensimismado en los rasgos hermosos de la chica. Le parecía casi irrisorio que una niña de dieciocho años lo tuviera sitiado como ella lo tenía, enamorado al punto de direccionar los hechos de su vida para acompañarla y cuidarla. ¿Existiría una posibilidad para ellos? Pensó, extendiendo su mano hasta el rostro de la chica, abarcando su mejilla y haciendo que ella se inclinara hacia su toque, como disfrutándolo. La textura de su piel era tan suave, tersa, tan tibia…

Desvió entonces su dedo pulgar hacia los labios de ella, acariciándolos lentamente, mordiendo el suyo propio por el deseo imperioso de probarlos de una vez por todas.

"No hay motivo para que sigas reprimiéndote" se animó, inclinándose poco a poco hacia adelante, elevando si otra mano y tomando el rostro de Bella por ambos lados, siempre con sus ojos azueles profundos e intensos sobre los de ella, que no advertían aversión ni reticencia alguna a la cercanía de Derek, muy por el contrario.

Ella sentía su corazón galopar como un caballo en plena carrera, y los dedos de sus pies estaban entrelazados unos con otros. Sentía las hormigas corriéndole por la piel de los puros nervios y la anticipación, como cuando era una adolecente, o sea no hace mucho tiempo atrás, pero siempre con sus ojos fijos, anclados en los del hombre que ahora casi rozaba la punta de su nariz con la suya.

―Te voy a besar, Bella ―susurró él, a lo que ella simplemente asintió, hipnotizada. Algo dentro de ella quería de una vez por todas, saber que sentiría al unir los labios suyos con los de Derek y así poder…

Hasta ahí llegaron sus reflexiones, cuando por insistió cerró los ojos cuando finalmente sus labios fueron sellados por los fuertes labios del chef, que apretó con seguridad, moviendo una de sus manos hasta su nuca. Ella buscó aire y abrió su boca, recorriéndola un escalofrío a lo largo de la columna vertebral cuando la lengua sedosa de él chocó con la suya y revoloteó en una danza de iniciación.

Otra vez, su instinto se apresuró a tomar la iniciativa, haciendo que la chica, perdida en las sensaciones de ese beso, rodeara a Derek por los hombros y se pegara a él, olvidándose de todo lo demás, porque ese beso era el más dulce que ella había recibido nunca, como dedicado a ella, hecho para ella, logrando hacer a un lado sus preocupaciones, sus incertidumbres, su pasado, su futuro, solo concentrándose en ese presente que la engulló ferozmente, sin ella poner resistencia, pues las sensaciones aquella le encantaban.

"Por Dios, esto es de otro planeta" balbuceo su inconciencia, dejándose envolver por ese beso que no quería que acabara, pues había logrado abstraerla de todo, incluso de su tormento omnisciente que llevaba nombre de hombre, que ni siquiera se atrevió a traer a colación.

Se besaron varias veces, besos arrolladores y otros como roces suaves, pero siempre en silencio, como si las palabras fueran a mancillar el instante, teniendo miedo ambos de arruinar el momento.

"¿Qué pasaría ahora entre ellos de ahora en adelante?" era la pregunta que ambos se hacían en silencio, la que solo tendría respuesta a partir del día siguiente, cuando se volvieran a ver después de la noche de descanso, cuando pusieran sus mentes a correr pensando en qué tan bueno o qué tan malo era esas sensaciones que los envolvía a ambos, las que a partir de ahora no podían ignorar.


GRACIAS POR ACOMPAÑARME, Y NOS VEMOS LA PRÓXIMA SEMANA!