¡Hola, hola, hola, soy Noah!

En fin, que... después de mil doscientos años, ¿aparezco? Si es que soy un maldito desastre.


X

"Eres bastante interesante"

Adrianne caminó a mi lado.

- ¿Vamos a algún lado mientras recuperas tu corazoncito porque vas a estar sin sexo una semana o así?

La fulmine con la mirada y resoplé, no sé qué me espero de ella. Aun no me creo que Nathaniel esté saliendo con ella, parece tan inocente en comparación a ella. Adrianne sonrió, a pesar de que me quejaba, ella había estado bastante conmigo, aunque casi no nos veíamos, era una buena persona y siempre se portaba de maravilla conmigo.

- Que te den.

- Ojalá Nathaniel te escuche.

- ¡Adrianne!

Ella rió y tiro de mi brazo, sin embargo se detuvo cuando vio a un grupo de chicas, la llamaron y me quedé allí, esperando a que se saludasen y hablasen, escuché a medias, y solo supe que Adrianne tenía que ir al seminario a entregar un reporte, así que me pidió que me adelantase a casa y que ella vendría con Leia y unas pizzas.

Asentí y camine lejos de ella, despidiéndome cordialmente de todas las chicas desconocidas. Sí, debería irme a casa.

[…]

Los días pasaron.

La fiesta de pijamas fue entretenida, incluso cuando nos despertamos, luego de charlar, películas y mucho más estudio, había estado realmente bien. Los exámenes estaban a punto de terminar, así que podía encontrarme un poco más aliviada.

Me apoye contra el ventanal y sostuve el teléfono en mi oreja.

- Buenos días, dormilón.

- Te veo bastante contenta.

Sonreí divertida.

- Estoy aliviada de no tener que soportar a un pesado como Castiel por aquí, ¿sabes?

- ¿Ah, sí? Yo creo que ese pesado es bastante sexy y que lo dices porque estás realmente infeliz sin él.

- Ya te gustaría, Cassy.

Él rió y luego oí como expulsaba el aire del cigarro fuertemente por la boca.

Sonreí divertida y conserve mis ojos en el paisaje hermoso y teñido del atardecer. Tenía razón, le echaba un poco de menos, sin él la casa estaba demasiado tranquila, y normalmente siempre se encontraba por ahí animándola.

- Espero que os vaya muy bien- dije, acurrucándome contra el ventanal.

- Por supuesto que nos irá bien- presumió. -Soy impresionante, ¿sabes?- reí ante ese comentario. No cambiaría nunca.

[…]

Entre en la biblioteca, donde Sota estaba trabajando por las tardes, eso le daba créditos y le subía algunas notas de su carrera, después de todo, el trabajar y ocupar los horarios de la profesora en la biblioteca.

- Buenos días, Sota.

- Buenos días- dijo seriamente, ordenando algunos documentos de la biblioteca.

Sonreí suavemente y camine directamente hacia algún lugar tranquilo para ponerme a repasar, hoy no tenía que ayudar en la biblioteca, así que estaba bastante feliz, no me apetecía andar con papeleo y clasificaciones, aunque no era demasiado para mí, estaba un poco densa hoy.

Continúe tranquilamente repasando mis apuntes cuando Sota se acercó a mí.

- ¿Quieres un café?- preguntó en voz baja.

- ¿Uh? ¿Qué? ¿Puedo?

- Por supuesto.

Aclaremos qué clase de café quería y me lo entregó unos segundos después.

Aunque siempre había sido amable conmigo, nunca había llegado al extremo de tratarme con tanta amabilidad, después de todo, era una persona solitaria y silenciosa, apenas hablaba con alguien, solo con su grupo de amigos o su grupo de trabajo…

Esto es muy extraño.

[…]

Salí de clase.

Camine hasta las afueras del campus, pero una mano retuvo mi paso, miré un poco aturdida y le miré a los ojos, allí estaba él, tranquilamente observándome.

- ¿Sota? ¿Pasa algo?

- No realmente.

- Eh… bueno… ¿vale?- le miré sin entender.

- Me preguntaba si… podíamos ir juntos a mitad del camino.

Estaba un poco confundida pero acepté, me gustaba mucho hablar con él de libros, así que supongo que está bien. Sonrió y caminó a mi paso, caminamos en silencio y me quedé un poco intimidada por el hecho de que Sota estaba tan… extraño a mi alrededor, sabía que él seguía parte de mi ruta, pero luego el torcía a la derecha y yo a la izquierda.

Me sentí incómoda unos segundos hasta que decidí enfrentarle.

- Puedo…- tosí. –Puedo saber porque estás tan cercano a mí, últimamente.

- No es nada, eres agradable.

- ¿Solo eso?

Él rió, negando con la cabeza.

Mi semblante cambió por un par de segundos, esa risa había sido extraña, muy extraña, casi me siento un poco descolocada en esos momentos, pero él se despidió antes de poder preguntarle de nuevo que demonios estaba pasando. Fruncí el ceño. ¿Qué demonios?

[…]

Me senté de nuevo ante el ventanal y sostuve el móvil en la mano.

La inquietud continuaba en mí, Sota no era la típica persona sociable, sí que era una buena persona, o eso parecía pues se comportaba de forma amable con todo el mundo, prestando su ayuda si se lo solicitaban, pero lo cierto era que prefería mil veces estar solo a estar con otra persona. Ya me había sorprendido que hubiese pedido mi ayuda o que me estuviese buscando tan frecuentemente, pero no quería sacar conclusiones precipitadas.

Solo… era extraño.

Su voz en aquel momento, cuando dijo que era agradable… me sentí un poco intimidada por él. ¿Quizás solo habían sido imaginaciones mías?

Negué con la cabeza y marqué el último número que había marcado. El tono de espera de llamada resonó por todo mi oído izquierdo, "Hell to Hell, Girl", tataree las ultimas notas hasta que la llamada se cortó.

Resoplé mirando hacia las vistas de nuestro apartamento.

Estaba ocupado, me llamaría después, pero quizás después ya las dudas me hayan consumido y mi paranoia sea transferida a otras personas… Suspiré, cerrando los ojos y dejándome llevar.

[…]

Leia y Adrianne aparecieron en mi casa, como habían prometido, con pizzas y películas.

Me senté en el suelo, dejando que ellas ocuparan el sofá grande, con pizza y palomitas, pusimos una película que había acompañado nuestra adolescencia "Crepúsculo", aun recordaba como yo había lloriqueado con amanecer y como deseaba un Edward Cullen en mi vida. En esa época de mi vida, Castiel había pasado su vida entera diciéndome que era una niñita cursi, constantemente recordándome que estaba sin mi príncipe azul.

En estos momentos empecé a recordar las indirectas, muy directas, que Castiel me hacía. Recordé exactamente una de sus frases más comunes, "aunque ese Cullen no exista, tienes a uno mucho mejor delante de tus ojos que te deslumbraría tanto como él cuando se pone al sol". Sonreí como una idiota y pensé en lo mucho que le echaba de menos.

Nos fundimos las películas, las pizzas y las palomitas con rapidez, hablando de nuestra adolescencias y metiéndonos las unas con las otras, recordando nuestros momentos épicos en la secundaria, en el bachiller y hablando de nuestros novios.

Entre risas, confesiones y hablar un poco de los exámenes, nos fuimos agotando lentamente. Las chicas estaban empezando a cansarse, sobre todo Adrianne, que ya estaba en una posición cómoda y con los ojos más cerrados que abiertos.

Afablemente las invite a mi cuarto, la cama era lo suficientemente grande para las dos, así que, las dejé irse con tranquilidad, mientras yo recogía los cartones de las pizzas y los boles de las palomitas, además de los vasos de nuestras bebidas.

Al terminar, dejé todo bien ordenado, limpio y perfectamente perfecto.

Miré mi habitación y camine hacia la habitación de Castiel. Creo que él tenía razón, yo era la que lo estaba echando de menos, increíblemente de menos, me acosté en aquella fría superficie, normalmente estaba caliente y tenía al lado a un chico ardiente que me abrazaba y me acariciaba la espalda hasta que me quedaba dormida.

Respiré la fragancia de la almohada y me acurruqué.

- Te echo de menos.

[…]

El incesante ruido del móvil terminó despertándome.

Tantee la mesita de noche, buscando, desesperadamente, el móvil para que dejase de hacer ese ruido tan infernal, ni siquiera comprobé la hora, solo miré que alguien me llamaba, el botón verde para coger y el botón rojo brillaban y, aunque mis ojos no estaban adaptados aún a la luz, podía adivinar perfectamente que me estaban llamando.

- ¿Sí?- murmuré, dejando caer mi cabeza contra la almohada.

- Ei, ¿estabas durmiendo?

- Sí.

- Lo siento, no tuve tiempo a llamarte hasta ahora.

Di un gruñido adormilada como asentimiento y giré mi cabeza hacia a un lado, para respirar mejor, dejando el móvil reposando en la almohada, bajo mi oreja, me incorporé de lado, en la postura que yo dormía.

- ¿Sucedió algo malo?

- Hm… Sota…

- ¿Eh? ¿Sota? ¿Quién es Sota?

Pero sin poder responderle a Castiel, me dejé arrastrar de nuevo al mundo de los sueños.


Espero que este capítulo os haya gustado.

Y lamento la tardanza.

Que sepáis que un review, ayuda a que avance más mi proceso creativo.

A más reviews, más rápido subo.