¡Perdón por el retraso!¡Me atasqué un poco bastante en la mitad de este capítulo, pero bueno, lo he compensado escribiendo casi cinco páginas. ¡Espero que os guste!
Muchas gracias a Fujimy, Anvaz, Charlie, OdaRivaille, Hagane Yuuki, Momo Evans y Hibary-Hiwatari por sus reviews en el capítulo anterior!
Y ahora, a leer!
Eren y Mikasa corrían desesperados por las calles hacia la plazoleta del mercado. La furia recorría las venas del joven ojiverde, haciendo que más que correr, volara sobre los adoquines. Poco les importaba ya ser vistos, debían darse prisa y no podían permitirse el lujo de dar rodeos por los callejones. Armin estaba en peligro. Eren apretó los dientes al recordar lo que había pasado cuando llegaron a la casa en la que estaban escondidos.
ºººº
Eren abrió la puerta de la casa con poca discreción y dispuesto a pelear, pero se encontró un panorama muy diferente al que se esperaba.
- ¿Qué demonios ha pasado...?- preguntó Mikasa, sorprendida.
Ante ellos se encontraban los cuerpos de los subordinados del capitán, tirados por el suelo en distintas partes de la casa. Armin no estaba por ninguna parte. Eren tuvo un mal presentimiento y fue zarandeando, uno a uno, a los subordinados, a ver si alguno le respondía. Cuando llegó hasta Petra, vio que la chica estaba un poco más consciente que los demás.
- ¡¿Dónde está Armin?!- gritó Eren, zarandeándola con fuerza.
La chica abrió los ojos lentamente, pero no consiguió contestar. En su lugar, tosió varias veces seguidas. Fue entonces cuando Eren vio una nota pegada a la chaqueta de la chica. Cuando la leyó, su semblante cambió a uno aún más sombrío si cabía.
"Vuestro amigo esta bajo nuestra custodia. Venid a la plazoleta del mercado antes de las doce del mediodía o lo decapitaremos allí mismo".
No había firma, pero Eren podía jurar que había sido cosa de la Policía Militar. Y sólo había una persona que conociera el paradero de la casa, y que hubiera estado en contacto con la Policía.
- ¡Eren!¿Qué dice la nota?- preguntó Mikasa, acercándose rápidamente al ver su cara.
- Le han secuestrado- respondió el chico.- El capitán... es un maldito mentiroso.
Petra se sorprendió. Mikasa levantó las cejas.
- Debió ser antes o después de que nos fuéramos de allí- murmuró Eren, levantándose.- Les ha dicho dónde nos escondíamos.
- La proxima vez que lo vea, lo mato- siseó la chica.
Eren se dirigió a la puerta y salió con brusquedad, seguido por su hermana.
- No sólo a él- siseó.- ¡Los mataré a todos!
ºººº
Tras volver a maldecirse por haber caído como un tonto en las redes del Capitán Rivaille, aceleró el paso hasta que por fin comenzaron a vislumbrar la plazoleta del mercado. Como esperaba, vio a varias personas en los tejados, vigilando. En cuanto les vieron, empezaron a hacer señales y los chicos escucharon pasos tras de ellos. No necesitaban girarse para saber que les habían cortado el paso. Y sinceramente, les daba igual. No dejaron de correr hasta detenerse delante de la fuente en la que tenían amarrado a Armin, lleno de moratones y sangrando por la nariz. Eren dirigió su mirada más furiosa a la chica rubia que sujetaba a su amigo y que le dedicaba la sonrisa más retorcida que jamás había visto.
- No me puedo creer que hayáis venido tan fácilmente- dijo la chica, riéndose.- ¿Tan importante es este renacuajo para vosotros?
Eren no respondió verbalmente. En su lugar, se subió a la fuente de un salto y se tiró a por ella con el puño en alto. Casi ni la vio venir.
- Idiota- murmuró la rubia.
El chico recibió una patada en la barbilla y cayó al agua. Mikasa entró en acción al instante y evitó un mal mayor para su hermano. Con ella, a la rubia no le fue tan sencillo maniobrar y tuvo que soltar a Armin, que cayó a la fuente junto con Eren.
- Te mataré, maldita zorra- siseó Mikasa, furiosa por el golpe que había recibido su querido hermano.- A ti y a toda tu chusma de lameculos.
La otra chica se rió.
- Veamos a ver si eres capaz de hacerlo- dijo.- Sobre todo cuando mi chusma de lameculos haya cogido a tus amigos y tengan un cuchillo en sus cuellos.
Mikasa se dio cuenta de la situación y se giró rápidamente hacia los chicos. Aquel error le salió caro, pues la rubia aprovechó la distracción para asestarle una patada en el costado y tirarla también a la fuente. Eren evitó que se diera un golpe en la cabeza con la piedra de la escultura que había en el centro de la fuente.
- ¡Mikasa!- gritó. Al ver que la chica abría los ojos, suspiró de alivio y se giró hacia su amigo.- ¡¿Armin, estás bien?!
- Me duele todo...- se quejó el rubio, con la mano en la nariz.
- Creo que ese es el menor de tus problemas ahora, Armin- dijo Mikasa, mirando a la rubia y a su séquito rodear la fuente.
- Mi nombre es Annie Lionhart, oficial de la Policía Militar. Quizá no hayáis oído hablar mucho de mí, pero cuando os entregue a los jefes me forjaré un buen nombre.
Los policías comenzaron a acercarse a ellos, encabezados por la rubia. Eren tenia la espalda apoyada en la escultura central de la fuente. Se sentía débil y cansado, dolorido tanto física como psicológicamente. Por unos momentos, pensó que rendirse y entregarse sería lo mejor en sus circunstancias. Estaba claro que sería ejecutado, pero quizá aquello acabaría con su sufrimiento. Pero entonces, sintió los hombros de sus amigos apoyarse en los suyos, y recordó que no estaba solo. Mikasa y Armin estaban a su lado, y si conseguían atraparlos, los ejecutarían a los tres. Recordó todas las mentiras de las que habían sido víctimas, todas las penurias que habían pasado y los problemas que habían superado juntos. Y la furia comenzó a arder en su interior.
En cuanto uno de los policías dirigió su mano hacia él para sujetarlo, le agarró del brazo y lo tiró contra la estatua, dejando impresionados a Mikasa y Armin. Aprovechó la conmoción para arrebatarle la porra metálica y comenzó a golpear la escultura. Al cuarto golpe, la destrozó, haciendo que el agua saliera despedida a presión en todas direcciones, y levantando una polvareda.
- ¡Armin!- gritó.- ¡Llévate a Mikasa, está herida!
- ¡Puedo pelear!- protestó ella.- ¡Armin, ni se te ocurra!
- ¿Puedes cargar con ella?- preguntó el ojiverde al rubio.
Armin se sorprendió.
- C-creo que sí... pero ella no estará de acuerdo...
- Eso no es problema- dijo Eren.
Antes de que pudieran hacer nada por evitarlo, se acercó a su hermana y le dio un golpe detrás del cuello. La chica cayó inconsciente antes de poder protestar, y Armin se apresuró a sujetarla.
- ¡Eren, ¿qué has hecho?!- casi chilló el rubio.
- Llévatela, Armin, por favor.
- ¡No vamos a dejarte solo...!
- ¡Armin!- gritó Eren, mientras la polvareda iba poco a poco dispersándose. Le dio otro golpe a la estructura, provocando más escombros y dándoles un poco más de tiempo.- Es lo último que te pido. Sálvala.
El rubio contuvo las lágrimas y asintió, cogiendo a la chica con todas sus fuerzas y sacándola de la fuente por la parte menos visible. Eren, sin dudarlo, se lanzó por delante de ellos para despejarles el camino. Derribó a tres policías y vio cómo su amigo se llevaba a su hermana por un callejón. La polvareda se terminó de dispersar, y el chico vio que había cinco hombres apuntándole con sus armas. Eren tiró la porra al suelo y levantó las manos, mientras la chica rubia dirigía su mirada hacia él, con cara de mosqueo.
- Míralo, qué buen amigo- dijo ésta, dirigiéndose hacia él.- Sacrificándose para que sus compañeros puedan escapar. Qué tierno.
Eren no respondió. Simplemente se dedicó a lanzarle una dura y profunda mirada fulminante. Había aceptado que su vida iba a terminar ahí, por lo que no tenía sentido seguir peleando ahora que Armin y Mikasa estaban a salvo. Sólo rezaba porque su hermana hiciera caso al rubio y se marcharan de aquella ciudad cuanto antes.
Una considerable cantidad de gente se había reunido en la plazoleta debido al estruendo provocado por el chico y los militares. Annie miró a un lado y a otro y sonrió.
- ¡Ciudadanos de Trost!- gritó, levantando las manos hacia el cielo.- ¡Hoy seréis testigos del final de uno de nuestros criminales más peligrosos!¡Traed una soga!
Un chico muy alto se acercó a ella rápidamente con cara de contrariedad.
- Annie, se supone que lo íbamos a llevar con vida...- murmuró.
- Vivo o muerto, esa era la petición, Bertholdt- respondió la otra.- Vamos a colgarlo de los restos de la estatua que él mismo ha destrozado. Así, la gente comprenderá que hasta el más escurridizo de los ladrones puede ser capturado y ajusticiado.
Eren fue casi arrastrado hasta la fuente, lugar hacia el que se dirigían dos policías con una soga de horca. Estaba resignado a morir... hasta que cierto pensamiento le cruzó la mente. Sí que había algo que podía hacer, después de todo.
- ¡Mi nombre es Eren Jaeger, y vengo de Shiganshina!- gritó, sorprendiéndolos a todos.- ¡La historia de mi pueblo ha sido manipulada por el gobierno y por el rey!¡Os esconden la verdad para que no sepáis las atrocidades que cometieron en el pasado, y para que así no os esperéis las que cometan en el futuro!
Los ciudadanos allí reunidos le escuchaban con los ojos muy abiertos. El chico alto se dirigió hacia él con intención de hacerlo callar, pero fue detenido por una persona que no esperaba.
- ¡Nos negaron toda la ayuda, nos enviaron a morir!- prosiguió el ojiverde.- ¡Desde aquel terremoto hemos vivido sin recibir nada más que odio por vuestra parte!¡No hemos tenido una comida decente en años!¡Y ahora, preguntáos por qué me hice ladrón!¡Malditos canallas de...!
Su discurso fue interrumpido por una patada que casi le hace saltar una muela. Tras aquel primer golpe, quedó tan aturdido que casi no fue capaz de ver los siguientes. Recibió patadas en el abdomen, en la cara y en la espalda. Durante un momento, levantó la mirada y se encontró con el hombre al que más odiaba en aquel momento. El mismo del que se había enamorado, y que posteriormente le había sumido en una profunda depresión y le había causado un grave conflicto psicológico. La mirada de odio que le dedicó le costó otra patada en la cara, tres en el abdomen y un pisotón en la cabeza, que le impedía volver a levantarse, aunque no le quedaban fuerzas para hacerlo. Reinó el silencio en la plaza.
- No sé quién eres ni me importa lo más mínimo- siseó Rivaille, mirando a Annie.- También me dan igual vuestras razones para colgarlo. Este criajo va a pagar hasta la última gota de sangre que ha hecho derramar a mis subordinados.
La rubia tragó saliva y echó un poco de valor para contestarle. Después de todo, habían sido ellos los responsables de aquella paliza a los soldados del pelinegro. Notaba el nerviosismo de sus compañeros y pensó bien qué decir, ya que si se lo cedían muy rápidamente, el capitán sospecharía.
- Es un criminal detenido por la Policía Militar, esta bajo nuestra jurisdicción- dijo.- Además, su comportamiento no es agua clara, Capitán Rivaille.
- Mi comportamiento te importa una mierda, ya he aclarado todo con tus superiores. Si este imbécil sobrevive, os lo devolveré y podréis darle la muerte llamativa y pública que queréis. ¿Alguna oposición?- preguntó, lanzando una mirada asesina.
Annie se amedrentó y se dio cuenta de que el capitán no estaba para réplicas.
- No, señor- dijo.
Rivaille cogió al chico del pelo y se lo llevó de allí, dejando atrás a unos sorprendidos policías y a unos consternados ciudadanos. Eren derramaba lágrimas de dolor y rabia, mientras no tenía otra opción que seguir, cojeando y encorvado, a aquel hombre que parecía que fuera a arrancarle el pelo a jirones. Cuando giraron una esquina, el pelinegro le soltó y lo cogió en brazos. Y desde ese momento, lo trató con cariño, como si fuera una especie de muñeca de porcelana. Eren no se esperaba ese cambio en el comportamiento del otro, pero estaba demasiado cansado y dolorido como para poder reaccionar físicamente. No dijo nada cuando el pelinegro le llevó a una casa en la que no había estado nunca, ni cuando le dejó con suavidad sobre una cómoda cama, ni cuando le quitó la ropa, ni cuando comenzó a curar sus heridas con un suave paño.
Simplemente le miró a los ojos, que a su vez tenían la mirada puesta en los suyos. Así permanecieron en un largo silencio, únicamente perturbado por el continuo goteo del agua almacenada en el barreño, con la que Rivaille mojaba el paño para después pasarlo sobre las heridas del menor. Eren no pudo evitar romper a llorar, pues en los ojos de aquel hombre comenzaba a atisbar una verdad distinta a la que había aceptado aquella misma mañana. Lo estaba volviendo a hacer, estaba volviendo a engañarle.
Rivaille torció el gesto con cierta tristeza al ver la reacción del menor.
- Eren...- susurró.
- Déjame...- pidió el otro.
- Lo que escuchaste esta mañana...- continuó el pelinegro.
- ¡Que te calles!- cortó el ojiverde.- ¡Deja de intentar engañarme!¡Deja de hacerme sufrir!¡Deja de confundirme...!
Rivaille tomó al chico por los hombros y le hizo mirarle a los ojos.
- Todo lo que dije esta mañana era mentira- explicó.- Tenía que decirles esas horribles mentiras si quería convencerlos de que no estaba contigo. Tienes que creerme, Eren.
El chico negó con la cabeza.
- ¡¿Por qué iba a creerte ahora?!- gritó, aún llorando.- Yo... llegué a quererte... Pero tú sólo me estabas utilizando...
- ¡No, Eren, maldita sea!- gritó Rivaille, frustrado.- Yo te quiero de verdad, todo lo que te dije anoche era cierto. ¡Poco me importa a mí sacar la verdad sobre Shiganshina, como quiere Erwin; lo que quería era sacarte de Trost y llevarte lejos, a un sitio donde pudiéramos vivir en paz, tú y yo!¡Me mordí la lengua cien veces esta mañana antes y después de soltar aquellas brutalidades!¡Pero eran necesarias!¡Al igual que esta maldita paliza que te he dado!
Eren consiguió cesar su llanto y mirar al pelinegro. Se sorprendió al ver dos lágrimas bajar por sus mejillas y su cara torcida en un gesto de profunda frustración. El corazón le decía que el capitán estaba diciendo la verdad, pero su mente se resistía a creerlo. Entonces recordó lo que había encontrado al volver a por Armin.
- Me has acusado de dar una paliza a tus subordinados- dijo.
- Sólo apariencia, Eren- explicó el pelinegro, frunciendo aún más el ceño.- Sé quiénes han sido y lo van a pagar. Pero tenía que sacarte de allí, y ellos estaban armados. Lo siento.
Poco a poco, Eren fue comprendiendo la forma violenta de actuar del capitán. Y lo más importante, empezó a creerle. Desde la noche anterior, el capitán no había hecho otra cosa que protegerlo. Había tenido que engañarlos a todos, incluso a él.
La mente del chico explotó debido a la gran cantidad de emociones fuertes que había tenido aquel día. Estaba cansado, física y mentalmente. Le dolía todo el cuerpo por los golpes y los párpados le pesaban debido al llanto. Sólo reaccionó ante ciertas palabras del pelinegro.
- Has dicho... que habías llegado a quererme...- dijo Rivaille, acariciándole el pelo.- ¿Es eso cierto?
Eren bajó la mirada y asintió, secándose las lágrimas. El pelinegro suspiró.
- ¿Crees... que podrás darme otra oportunidad?
El chico continuaba sin mirarle, pero sus mejillas ahora estaban sonrojadas.
- Es... posible...
Rivaille curvó los labios en una pequeña y casi imperceptible sonrisa y se acercó a él.
- Eso me basta- susurró, antes de depositar un beso en los labios del menor.
Aquel fue el último recuerdo que tuvo Eren del día más extraño de su vida.
¡Se acabó el angst, leñe! XD Rivaille es demasiado inteligente para ello.
Dejad review si os ha gustado! (Si no, también XD)
Hasta el próximo capítulo y gracias por leer!
Rikku
