Kate le sonrío mientras se cepillaba los dientes, viéndole salir de la ducha, y sin poderse contener empezó a reír intentando no tragarse la espuma de la boca.

- ¿Qué pasa? – preguntó él enrollando una toalla en su cintura y acercándose a ella.

- Mmmsssnada – atinó a balbucear

- Vamos – le dijo abrazándola por la espalda mientras ella se inclinaba sobre el lavabo para enjuagarse – compártelo conmigo.

- Es solo – le dijo incorporándose y girándose para mirarle – que sigo sin creer que tu primera vez fuese con Bárbara Sloan.

- La verdad es que no debería importarte mi primera vez – le dijo besándola – yo prefiero recordar la última o mejor aún… ¿que tal si empezamos a planear la siguiente? – le dijo desatando el nudo del albornoz de ella.

- ¡Quieto! – le dijo ella dándole un manotazo – nada de eso hasta que no me cuentes más.

- ¿Estás segura? – le preguntó sonriéndola.

- Si – contestó empujándole suavemente para salir del baño – completamente segura.

- ¿Y si no te cuento nada más? – le dijo asomándose por la puerta del baño con el cepillo de dientes en la boca.

- Pues… - contestó ella volviéndose para mirarle, dejando caer su albornoz y cogiendo su ropa interior – no te podré obligar a hacerlo.

- Claro – contestó devorándola con la mirada – no puedes obligarme…

- Date prisa ¿quieres? – le dijo – o llegaremos tarde.

Kate se giró sonriendo y él volvió al baño negando con la cabeza sabiendo que de nuevo le había ganado.

Buscaron a Espo y Lanie en la cafetería, ambos se miraron sonriendo al ver que la pareja no se había percatado de su presencia, demasiado pegados como para ver lo que ocurría a su alrededor.

- Creo que será mejor que nos sentemos en esta otra mesa – le dijo él.

- En algún momento tendrán que respirar – contestó Kate - ¿tienes envidia Rick?

- ¿Estas jugando conmigo verdad? – preguntó.

- ¿Yo? – preguntó ella haciéndose la inocente - ¿Por qué me preguntas eso?

- Ah – dijo Lanie – hola chicos – les dijo mirando el reloj.

- No es tarde Lanie, somos puntuales – dijo Castle mientras hacia señas a Espo para que se limpiase las marcas de pintalabios que tenía cerca de la boca – somos demasiado puntuales – aclaró mirando a Kate.

- Solo somos poco locuaces – intervino Kate ante la mirada de extrañeza de Lanie.

- ¿Problemas en el paraíso? – preguntó en voz baja Lanie a Kate mientras iban juntas a por café.

- Nooo – contestó Kate sonriendo – sólo es una pequeña apuesta y la ganaré yo – le dijo segura- Ya veo que tu no tienes ningún problema – le dijo dándole un pequeño codazo.

- Le debo un regalo a tu escritor – dijo moviendo lateralmente su cabeza – me encanta este hotel – aseguró riendo.

Llegaron al Jeffersonian, donde como era habitual, Cam les esperaba para poder dar su autorización y que accediesen a las instalaciones. Kate apretó el brazo de Castle que la sonrío con complicidad y se dirigió a la sala donde le esperaba su pizarra seguida de Espo.

Castle aficionado al laboratorio de Hodgins, se encaminó hasta allí para aprender todo lo que pudiese de su nuevo y entusiasta amigo.

- Rick, tío – le dijo al verle entrar – tengo datos sobre la tierra de los zapatos encontrados en las víctimas.

- Hola Jack – le respondió – eso genial. ¿Qué has encontrado?

- Suelo arcilloso y he encontrado – le dijo mientras le enseñaba esquemas en la pantalla del ordenador – restos orgánicos y nitrógeno, fósforo y potasio ¿sabes que significa eso? – le preguntó sonriendo.

- Emmmmm – dijo Castle mirándole con los ojos muy abiertos – ni idea – afirmó.

- Son nutrientes para el crecimiento de plantas – le aseguró.

- ¿Y como vamos a encontrar nuestra granja? – preguntó Castle con una media sonrisa.

- Tengo que coger más muestras y analizar los posibles huevos o larvas de insectos – le dijo – que pueda determinar una zona, también estoy buscando minerales raros que pueda determinar una localización mas o menos exacta.

- ¿Puedes hacer eso? – preguntó entusiasmado.

- Claro – afirmó – no creas que toda la tierra sobre la que pisas esta compuesta de la misma forma – le informó – hay millones de razones por las que son diferentes, inundaciones, incendios, volcanes… de la misma forma que una determinada planta crece en un lugar concreto del mundo, también hay minerales cuya abundancia es exclusiva de una zona – le intentaba explicar – mi trabajo ahora será determinar de donde pudo venir esa tierra y además, saber si todas las encontradas en los zapatos de nuestras víctimas provienen del mismo sitio.

- Increíble – dijo Castle.

- ¿Soy el rey del laboratorio eh, amigo? – le preguntó riendo.

- No lo dudes – le aseguró - ¿Qué ha pasado con tu hombre de mortadela?

- Ángela tiene los datos – le dijo – ella lo reconstruirá por ordenador, si quieres ve a verla, hoy creo que te aburriré con mi trabajo de microscopio.

- Si… - afirmó – iré a verla y debería de ir a ver el trabajo de Brennan.

- Oye Rick… – le dijo cuando él salía por la puerta.

- Lo sé – le afirmó – le recordaré que la quieres.

- Gracias tío – le dijo sonriendo.

Castle salió del laboratorio con una sonrisa en sus labios, le parecía extraña la relación de aquellos dos, él con esa cara de vikingo de rubio pelo ensortijado y enormes ojos azules. Si le ponía una imaginaria corona sobre su cabeza, podía situarle en cualquier lejano y ficticio reino con una espada en la mano y luchando contra un inmenso dragón que escupía fuego y amenazaba a su princesa, su altísima princesa de exótica belleza medio oriental ojos oscuros y rasgados, piel tostada y pelo casi negro.

Sonrío pensando que quizá algún día el también debería mandar a alguien a que recordase a Kate que la quería.

Llegó al despacho de Ángela y la vio con un Ipad en la mano, arrastrando nerviosa sus dedos.

- Hola Ángela – le dijo al entrar y ella se giró para mirarle.

- Hola Richard – le saludó con énfasis - ¿Qué tal todo?

- Genial – respondió él - ¿sabes que te traigo un recado?

- Mi dulce marido me recuerda que me quiere – aseguró ella.

- Si – contestó Castle riendo – y yo parezco el tonto del correo.

- Bueno, Richard, podría ser peor – le dijo – si me odiase.

- No me prestaría a hacer de correo entonces– aseguró mientras Ángela buscaba su móvil que había comenzado a sonar.

- ¿Si? – contestó ella

Castle aprovechó para revisar el trabajo que ella estaba haciendo. Tenía sobre la mesa unos bocetos hechos a carboncillo de las caras de las víctimas, y otros de cuerpo entero con anotaciones de las medidas.

- Esto es un estupendo trabajo Ángela – le dijo mientras los dejaba de nuevo sobre la mesa.

- Gracias Richard – contestó – verás debo ir a la guardería, he olvidado el juguete de Michael – dijo sacando un peluche de su bolso.

- Yo lo llevaré – se ofreció – tu debes seguir con tu trabajo y yo solo soy un observador.

- ¿No te importa? – le preguntó

- Claro que no – le dijo tendiéndole la mano para que le diese el juguete.

Castle salió del despacho de Ángela camino de la guardería tal y como ella le había indicado. Paso por al lado de la sala donde Cam y Lanie examinaban restos, seguramente provenientes del cadáver encontrado en la estación, sonrío al oírlas hablar, Lanie sin duda estaba contenta con Espo y así se lo hacía saber a la jefa del equipo.

Le hacia gracia pensar que en esos tres días había conocido bastante más fondo a la forense que en cuatro años trabajando cerca y ya no le asustaba tanto como al principio. Tan sólo era una mujer más, preocupada como cualquier otro humano por ser querido por alguien, y empeñada en poner en orden el universo de todo aquel que la rodeaba sirviéndose su don para saber lo que estaba pasando a su alrededor y actuando de inmediato dando consejos e intentando ponerle remedio. Quizá el estar toda la jornada laboral rodeada de cuerpos sin vida le hacía valorar más que al resto los pequeños retos del día a día, las alegrías y las penas, dando importancia solamente a aquello que realmente la tenía. Kate tenía mucha suerte de tener una amiga como Lanie.

Brennan salió de la sala de observación donde trabajaba con Vaziri, siguió dándole instrucciones andando de espaldas y casi chocando con Castle.

- Perdón señor Castle – le dijo – iba distraída.

- No hay problema – contestó él.

- ¿Venía a ver nuestro trabajo? – le preguntó – voy a salir un momento pero vuelvo en cinco minutos.

- No… - le dijo él – pero quizás luego…

- Le espero – le dijo alejándose.

Castle continuó su camino, parándose frente a la puerta de la sala donde Kate concentrada sobre su pizarra impactaba con pequeños y rítmicos golpecitos un rotulador sobre sus labios. Espo hablaba por el móvil, entendía que con Ryan. Sweets después de un momento de silencio atrajo la atención de Kate comentando algo sobre la personalidad de la asesina. Booth leía informes con el logo del Jeffersonnian. Se alejó de allí con una sonrisa. Era sencillo acostumbrarse a trabajar allí. Era sorprendente lo que podían averiguar aquellos "mirones" como les había llamado Booth.

Llegó a la guardería, podía ver una decena de niños menores de cuatro años, era un gran recinto lleno de luz proveniente de las enormes cristaleras que daban a un gran jardín. Las paredes estaban pintadas de dibujos infantiles y fondos de colores pastel. Dentro del recinto, pequeñas vallas multicolores separaban varias estancias, una zona donde había pequeñas mesas hexagonales de colores llamativos y sillitas a juego, tal vez era el comedor. En otra podía verse colchones con suaves mantitas y pequeñas almohadas, sin duda allí era donde dormían. En mitad de la sala, columpios de plástico en colores chillones, y grandes contenedores de plástico lleno de muñecos, balones y piezas de construcción de mil colores. Llamó con los nudillos sobre las puertas de cristal mostrándole el juguete de Michael a una de las cuidadoras que le hizo una señal con la mano para que empujase la puerta mientras presionaba un botón de un mando que tenía colgado por una cinta a su cuello. Castle entró y cerró la puerta tras él.

- Buenos días – dijo Castle – traía este juguete del pequeño Michael.

- Michael – llamó la cuidadora y el niño apareció corriendo abrazándose a la pierna de Castle que se agachó y lo cogió en brazos dándole su juguete.

- Hola campeón – le dijo – me manda tu mami para que te dé esto.

Castle jugueteó con el pequeño haciéndoles carantoñas mientras a su espalda sonaba de nuevo la apertura de la puerta de entrada.

- Hola Amanda – dijo una voz de hombre – estás guapísima esta mañana.

- Tan adulador como siempre – le dijo ronroneante la cuidadora - ¿vienes a ver a Christine?

- No es como siempre – le dijo – realmente hoy estas guapísima. ¿Dónde está mi preciosa sobrina? – preguntó y Castle se volvió para ver de cerca al ex de Kate.

- Hola – dijo Castle tendiéndole la mano - ¿Jared Booth verdad?

- Si – contestó él respondiendo al saludo - ¿Richard Castle?

- El mismo – contestó.

- Iré a buscar a Christine – dijo la cuidadora con una amplia sonrisa y Jared la siguió con la mirada fija en la parte baja de la espalda mientras se alejaba.

- Vaya – dijo Jared – así que tú eres el famoso escritor novio de Kate.

- Y tú eres el ex marine y ex de Kate – le respondió dejando a Michael en el suelo que corrió con su juguete.

- El mismo – dijo riendo con suficiencia.

- Pues me alegra verte – le dijo Castle.

- ¿Ah si? – preguntó extrañado el joven.

- Si – contestó mirándole serio – verás – comenzó Castle – yo no soy un tipo duro, jamás habría podido entrar en la marina como tú – aseguró – jamás me he peleado con nadie, seguramente caería muerto de dolor al primer puñetazo… – le dijo

- ¿Pero? – preguntó Jared – porque la frase continua con un pero…

- Si, hay un pero… pero no dudaré un momento, aunque eso me cueste la cara – le aseguró mientras a su espalda volvía a sonar la puerta de entrada – en ser el primero en romperme los dedos dándote un puñetazo como se te vuelva a ocurrir besar a Kate, y créeme, no me importará si salgo perdiendo, pero tú te llevarás el primero y dicen que es el que más duele, y te llevarás todos los que mis fuerzas me permitan darte después hasta que me tumbes – afirmó – y no te lo tomes como una amenaza, como ya te he dicho no soy un tipo duro, sólo te informo de lo que pasará.

- Descuida – le dijo levantando las manos en señal de paz – no volverá a pasar – aseguró – fue un impulso, por los viejos tiempos, no pude contenerme – afirmó – puedes estar tranquilo, no volverá a pasar.

- Impulsos… - dijo Castle

- Si, fue sólo un impulso – le dijo – adoro a mi mujer y no tengo intenciones de hacerle daño.

- Hola Jared – dijo Ángela y el joven se giró para mirarla.

- Guau Ángela – le dijo – ese vestido te sienta genial.

- ¿Y que opinaría Padme de mi vestido? – le preguntó.

- Supongo que te diría lo mismo que yo – admitió –es la verdad – dijo encogiéndose de hombros - y mi mujer no miente.

- Aquí tenemos a Christine – dijo la cuidadora entregándole a la niña a Jared.

- Olvidé traer esto – dijo Ángela a la cuidadora entregándole un biberón.

- No lo necesitaba – le contestó ella – tenemos varios de Michael – le dijo extrañada.

- Ah… Vaya…Tengo que volver al trabajo – indicó Ángela - ¿Vienes Richard?

- Si – contestó él acariciando la cara a Christine que le sonreía – vamos.

- Jared – dijo Ángela a modo de despedida.

- Adiós Ángela – contestó Jared viendo como se daba la vuelta para irse– adiós señor Castle.

- Adiós – contestó Richard acercándose a su oreja – esto queda entre tú y yo – le susurró y él asintió.

Castle siguió a Ángela saliendo al largo pasillo que les llevaría a la zona de investigación.

- No iba a hacerle nada – le aseguró Castle.

- ¿Cómo? – contestó Ángela fingiendo que no sabía nada.

- Vamos Ángela – delató él – una excusa la del biberón, no era necesario que vinieses a buscarme.

- No sé de que me hablas – aseguró.

- Claro – le dijo – no tienes ni idea de lo que hablo – dijo con sorna - no soy un pendenciero que va por ahí pegando al primero que mira a su novia – aseguró y Ángela se paró acariciándole el brazo.

- Ya pero yo eso no podía saberlo – admitió – le vi llegar con Tempi y…

- Gracias Ángela – le dijo Castle – por ir a evitar alguna tontería.

- Eso que le decías cuando entré… - le dijo sonriendo- te ha quedado muy romántico ¿sabes?

- ¿De verdad crees eso? – le dijo devolviéndole la sonrisa.

- Tienes claro que te romperá la cara si le pones un dedo encima – aseguró Ángela – y fijo que lo haría, pero no te importará si te hace daño, lucharás por Kate – él sonrío encogiéndose de hombros – me ha gustado como se lo has dicho, no ha sido amenazante...

- Sólo le informaba… - dijo poniéndose pensativo - Ángela… yo… te pediría que…

- No voy a decir nada – aseguró cortándole.

- Gracias – le dijo con una de sus encantadoras sonrisas ladeadas.

- Volvamos – ordenó Ángela – tengo trabajo.

Ángela puso en marcha su simulador y una figura de un hombre apareció sobre la pantalla, atacado por una mujer armada con una horca que se la clavaba de forma que causase el daño que Brennan y Vaziri habían observado en los restos óseos.

- No puede ser – dijo Ángela – para poder hacer ese daño no podían estar de pie, apenas tiene ángulo para causar los daños en esa costilla.

- Prueba en el suelo – le dijo Castle – quizá cayó y…

- Voy a variarlo – dijo ella introduciendo de nuevo datos en el Ipad – veamos…

- No puede ser – dijeron ambos a la vez.

- Si estuviese en el suelo… - comenzó Ángela

- Hubiese ejercido más fuerza y habría causado más daños – terminó Castle y ella afirmó.

- Probemos de otra forma – dijo Ángela trazando una línea de salida desde el cuerpo

- ¿Y si hubiese utilizado la horca sin mango? – preguntó Castle y ella sonrió cambiando las variables.

- Pues tampoco podría ser Richard – le dijo – sin el mango ese ángulo tampoco es posible, no se podría hacer fuerza.

- ¿Y si le pones elevado? – preguntó Castle mirando atentamente la pantalla – digamos que un metro por encima…

- Veamos – dijo Ángela modificando las variables.

- Mola – le dijo entusiasmado – es alucinante lo poco que tardas.

- ¡Mira Richard! – le dijo Ángela – ahora si encajaría…

- ¿Tienes las medidas de la horca? – preguntó él.

- Si… espera un momento – le dijo introduciendo los datos – y ahora pongamos a la atacante.

- Ya la tienes – le dijo Castle sonriendo.

- La tenemos – corrigió Ángela – y ahora veremos cuanto mide…

Castle admiró el trabajo de Ángela. Era el más humano y artístico, aunque tuviese que trabajar con cráneos y fragmentos de huesos. El resto eran médicos o científicos, acostumbrados a tratar con vísceras, huesos, sustancias, insectos… tratando la vida como simples cuerpos como máquinas de huesos, músculos, venas y sangre. Pero el de Ángela, el trabajo de Ángela era diferente, ella le ponía sensibilidad a esas escenas. Cuidaba cada detalle, hasta reconstruía las ropas originales con las que cada uno había sido asesinado.

- Esto me va a llevar un poco más de tiempo – le dijo Ángela.

- ¿Te apetece un café? – le preguntó Castle ofreciéndose para preparárselo.

- Sería todo un detalle – le contestó riendo.

- Ahora vuelvo.

Castle subió a la zona de descanso y preparó tres cafés. Desde allí vio a Booth salir de la zona de trabajo de Brennan y a esta salir detrás llamándole para darle un beso y volver de nuevo a su trabajo.

Castle sonrío dando un sorbo a su café. Al final el mundo era como un gran parque de atracciones donde todos y cada uno de los seres humanos subían y bajaban de las diferentes máquinas pensando que el único objetivo de la vida era ser felices, cuando en realidad lo que nos pasaba alrededor sólo tenía una única meta: perpetuar la especie. Sonrío de nuevo moviendo la cabeza para desechar de su mente esas ideas tan serias que de vez en cuando revoloteaban por su cabeza. Cogió las dos tazas con una única mano y se llevo la otra a la boca dando un nuevo sorbo mientras salía de la zona de descanso.

- Me perdonáis un momento – dijo Castle mientras irrumpía en la sala policial

- Hola Richard – le dijo Booth – claro pasa ¿ocurre algo?

- No – dijo él con media sonrisa – pero puede ocurrir si Kate no se toma su café – afirmó – y no creo que estés preparado para verlo – dijo sonriendo.

- Gracias – atinó a decir Kate sonrojándose mientras cogía la taza que él la entregaba.

- De nada – le dijo él casi en un susurro – nos vemos luego chicos – dijo saliendo de la sala.

Comenzó a andar mientras sonreía viendo aun en su retina la cara de sorpresa de Kate cuando él había entrado.

- ¡Castle!

Se paró en seco y se giró con cuidado, la vio en la puerta de la sala, con su mano sujeta al quicio e hizo una fotografía mental, aun tenía algo sonrosadas las mejillas y sonreía ampliamente, con un bucle cayendo desde su frente por mitad de la cara. Comenzó a andar hasta él que se quedó completamente inmóvil sin dejar de sostenerle la mirada. Cuando llegó a su altura puso una mano sobre el pecho de él dando un pequeño paso para quedar más pegada y se aupó levemente sobre las puntas de sus pies, inclinándose sobre él acariciando suavemente su nariz con la de ella y rozando levemente sus labios.

- Gracias – le dijo y se dio la vuelta rápidamente volviendo a la sala no sin mirarle al traspasar la puerta y volviendo a lanzarle una sonrisa.

Castle volvió a girarse y retomar el camino hasta el despacho de Ángela, pero esta vez llevaba junto a él un pequeño plan para aquella noche.

Ángela determinó que la asesina debía medir entre 1,65 y 1,70 y disponía de gran fuerza, casi equiparable a la de un hombre, por lo que la teoría de Sweets quedaba algo coja.

Desde Nueva York, Ryan había llamado para informar que había encontrado lo que parecía ser una pista común en tres de las víctimas. Todas visitaban con cierta regularidad un almacén de material de construcción, cuando Ryan llamó, el almacén ya había cerrado y no pudo ir a interrogar al encargado.

- Chicos – dijo Booth cuando todos estaban reunidos en la zona de descanso – creo que deberíamos aprovechar e irnos a nuestras casas – dijo mirando el reloj – Huesos, deberíamos ir a por Christine – le dijo a Brennan.

- Y nosotros a por Michael – añadió Ángela mirando a Hodgins.

- Bien chicos – dijo Cam – mañana seguimos – dijo encaminándose a las escaleras.

- Cam – le dijo Lanie acercándose a ella - ¿Qué tal si salimos a cenar con tu chico?

- Por mi bien – contestó – le preguntaré a él.

- Bien – contestó la morena – yo se lo diré a Kate

Para sorpresa de Lanie, Kate se disculpó con ella, tenía planes con Castle.

- ¿Vas a contármelo? – inquirió Lanie.

- No – le dijo muy segura Kate.

- ¿Tiene algo que ver con tu apuesta? – le preguntó.

- Si – contestó Kate sonriendo.

- Al menos espero que me cuentes que has ganado – le dijo mientras se acercaban al coche de Brennan.

- Lanie ¿lo dudas? – le preguntó riendo.

- No, supongo que no – le dijo ella con una gran sonrisa – me gusta verte así ¿sabes? – y Kate sonrío asintiendo mientras se sentaba en el coche.

Castle entró en el baño mientras Kate se duchaba.

- ¿Te importa si me voy afeitando? – le preguntó elevando la voz sobre el sonido del agua.

- No – dijo Kate abriendo un poco la mampara de la ducha y mirándole – casi estoy acabando.

Kate sonrío sabiendo que él había empezado atacando fuerte. Cerró los grifos y pensó en una jugada rápida para contra atacar. Salió de la ducha y le vio mirarla a través del espejo, con toda la tranquilidad del mundo, alcanzó el albornoz, entreteniéndose en quitar una pelusa invisible del cuello y poniéndoselo con lentitud mientras le miraba. Él se extendía espuma por la cara, se había quitado la camisa y tenía los botones de los vaqueros desabrochados.

- ¿Se puede saber porque te afeitas antes de acostarte? – le preguntó Kate mientras le rozaba el desnudo torso para coger el cepillo del pelo.

- ¿No dices que te pincho y te salen granitos? – le contestó mirándola a través del espejo.

- ¿Y quien te dice que vas a acercarte lo suficiente para pincharme? – le dijo saliendo del baño mientras le miraba los pies descalzos.

Castle sonrió. De momento había ganado un punto, ella había salido del baño para evitar mirarle mientras se afeitaba. Ahora tenía que pensar cual sería su siguiente paso.

Kate se quitó el exceso de agua del pelo con una toalla. Ya tenía claro su siguiente paso. Entró en el vestidor y dejo caer su albornoz al suelo.

- Necesito el secador del pelo – le dijo a Castle entrando al baño con naturalidad.

- Ajá – contestó él sin mirarla mientras rasuraba su mentón.

- ¿No te importa no? – preguntó Kate.

- ¿Qué te seques el pelo? – preguntó - debes hacerlo o enfermarás – aseguró.

- No… - le dijo Kate poniendo su mano en la espalda de él y moviéndose para buscar el secador – no que me seque el pelo, que te haya cogido esto – dijo estirando de la goma de los bóxer de Castle que se había puesto.

- ¿Qué? – preguntó él mirándola con los ojos muy abiertos y dándose un pequeño corte - ¡auch! – se quejó – acabo de cortarme.

- ¿No te importa no? – repitió

- En absoluto – dijo mirándola y tragando saliva… ella estaba vestida con sus bóxer de seda negros y una ajustada camiseta de tirantes.

- Hace demasiado calor para dormir con el pijama – le aclaró rozándole de nuevo mientras buscaba sin aparente éxito el secador de pelo.

- Ya… - dijo volviendo a su afeitado para contrarrestar el ataque y volviéndose a cortar de nuevo.

- Aquí esta – dijo ella por fin

- ¿Necesitas más sitio? – le preguntó a través del cristal – casi he acabado

- Menuda carnicería – le dijo divertida señalándose su propia cara.

- Son sólo un par de cortes – le restó importancia mientras abría el grifo y se quitaba los restos de espuma

Kate presionó el botón de encendido y echó su cabeza hacía atrás empezando a secar su pelo. Castle se miró en el espejo uno de los cortes no paraba de sangrar y abrió el pequeño botiquín que estaba junto a las toallas limpias.

- Anda – le dijo Kate apagando el secador y cogiendo el botiquín de sus manos – deja que te mire

- No es nada – le dijo algo confuso, no era ese el paso que él tenía planeado dar.

- Siéntate – le ordenó señalando el wc y él obedeció.

- Veamos – dijo Kate inclinándose sobre él y levantándole la barbilla mientras cogía del botiquín una toallita antiséptica.

Se miraron en silencio mientras Kate le limpiaba la herida tiñéndola de color marrón con la toallita.

- Me rindo – dijo él poniendo su mano sobre la espalda de Kate y atrayéndola hasta obligarla a que se sentase a horcajadas sobre él – tu ganas, tu ganas… no puedo más.

- ¿Qué? – le dijo ella

- Soy el cazador cazado – admitió y ella rio escandalosamente – te contaré todo lo que quieras – dijo besándola y apartándole el húmedo pelo, pero… ¡no puedo más! – afirmó mientras llevaba sus manos a la cintura de ella y agarraba su camiseta tirando de ella para quitársela.

- Yo tampoco – le aseguró Kate levantando los brazos ayudándole – pero hoy no te libras de hablar – le dijo lanzando sus manos hasta el resto de botones de los vaqueros de él.

- Te lo prometo – afirmó entrecortadamente él mientras estrellaba su boca contra la de Kate.