No podía moverse, por más que lo intentara, no podía hacer nada, mas que oír y sentir lo que le hacían. Su "comprador" quería saber cómo funcionaba la tactotelepatía a nivel biológico y cómo podría inducirla en su propio cuerpo.

Pero para esto, requería de muchos experimentos. Le habían inyectado una especie de paralizante que supuestamente lo dejaría dormido. Pero su mente estaba muy despierta y alerta.

Intentó gritar, su mente le ordenaba a su cuerpo que gritara, pero éste no respondía.

Sentía la hoja filosa cortar su antebrazo verticalmente, el agudo dolor expandiéndose por su cuerpo, la sangre verde brotando de la carne y dedos introduciéndose en el corte.

Su mente no podía procesar nada más que el dolor.

Hasta que tuvo un pequeño espasmo muscular. Lo captó. Un espasmo en su pierna derecha.

Por fin su cuerpo reaccionaba. Trató de centrar su mente en moverse. Moverse. Moverse. Mover.

Abrió los ojos de repente. Tomando una enorme bocanada de aire, asustando al individuo que se encontraba revisando sus venas y arterias.

Con una mano inútilmente se cubrió su brazo y trató de levantarse, pero al poner los pies en el piso, sus rodillas cedieron y cayó al suelo. Escuchó que ese hombre hablaba, pero no le importó. Trató de levantarse nuevamente. Buscó con la mirada algo con qué defenderse, hasta que su vista se fijo en el pequeño bisturí con sangre verde. Usando su brazo bueno, se sostuvo del mesón donde había estado acostado y agarró el bisturí, apuntando hacia el hombre que retrocedió al instante.

Unas puertas se abrieron y él se volteó hacia los individuos que entraron. Estaba mareado, miró hacia abajo, una laguna verde lo rodeaba. Su brazo tenia una gran hemorragia que no se detenía. Volvió a mirar arriba, eran humanoides muy similares a los humanos. Le apuntaban con Phasers. Se tambaleaba ligeramente. Sintió una punzada en su cuello y se dio cuenta que aquel doctor le había inyectado con un hypospray. Nuevamente, sentía que perdía el control sobre sí mismo. Escuchó un sonido metálico y luego cayó en cuenta que había soltado el bisturí. Sus piernas flaquearon y otra vez fue a dar al piso.

Sólo que esta vez ya no podía levantarse.

-0-

Abrió los ojos.

Había tenido la peor pesadilla. Estaba atrapado por unos piratas espaciales con Jim y el duende y unos Klingon se había llevado a Spock. Qué estupidez.

Miró el techo. Qué raro, recordaba diferente el techo de su cuarto, menos tenebroso.

Giró su vista. ¿Desde cuando dormía en el suelo?

Escucha algo, una puerta se desliza.

- ¡Maldita sea! - dijo una voz femenina que le pareció conocida. - Lumm, ayúdame con ellos.

¿Lumm? Ese nombre era raro. Su mente evocó la forma de un muchacho alto y delgado de piel amarilla y cabellos azules. Lumm...

Unas manos lo intentaron sentar.

- Está despierto - dijo la chica. - McCoy, ¿Está bien?

Ella seguía hablándole, pero él difícilmente podía mirarla. Era una Vulcana, qué gracioso, una Vulcana acababa de maldecir.

- ¡Despierta, McCoy!- le dieron una bofetada que lo dejó bien despierto en sus cinco sentidos.

- ¡Ay! ¿Por qué carajo hiciste eso? - gruñe, pasándose una mano por su mejilla.

Luego se fija bien. Demonios, no era una pesadilla, es peor que eso.

- Leonard, ¿Qué pasó aquí? - dijo T'praya. - Nos retrasaron el almuerzo tres horas y cuando llegamos, ustedes estaban desmayados en el suelo y no está Spock.

- Spock... - murmura el doctor. Luego se levanta repentinamente. - ¡Spock! ¡Se lo llevaron! Ese tal Kahar. ¡Y dos Klingon!

La chica mira el suelo. Ahora entiende todo. La sangre purpura debió de ser de algún Klingon.

- Supongo que los atacaron - murmura ella - eso explicaría porqué hay sangre Klingon en el suelo y porqué ustedes estaban inconscientes.

- Eh, ¿Si? - luego mira a su alrededor.- ¿Y Jim?

Se fija en una esquina. Lumm lo tenía en sus brazos, pasándole un trozo de tela húmedo en el rostro. El Zarminiano lo mira.

- Oye, sin ofender, pero tu amigo creo que es masoquista. - dijo, volviendo a lo suyo.

- No tienes ni idea - dijo acercándose.

- Maldita sea - volvió a exclamar T'praya - Vendieron a Spock.

El doctor la mira con los ojos abiertos.

- Es lógico - sigue ella- Sólo se lo habrían llevado por esa razón.

- ¿Sabes a quién? - preguntó.

- Me acabo de enterar por ustedes, ¿Crees que tengo la menor idea de quién podría ser? - dijo sarcástica. - Por cierto, en cinco horas van a volver a bajar al planeta.

McCoy se sentía derrotado. Se sentó en el suelo contra la pared.

- Bien, este es el fin. - dijo - Se llevaron a Spock, nos venderán en cinco horas, nos separarán a todos, viviremos siendo esclavos de unos malditos alienígenas perversos y moriré sin volver a ver a mi hija.

La romulana lo miró, no sabía qué decir. A decir verdad, las circunstancias eran peores. Sin el vulcano, su oportunidad de escape se reducía considerablemente.

- T'pra...- dijo Lumm en un murmullo. Ella desvío su vista hacia él.- Hay algo mal con el Vulcano.

El Zarminiano observaba con atención el rostro de Jim.

- El Vulcano... Está sufriendo.

- ¿Cómo sabes? - pregunta McCoy.

- Lo veo en su cara - dijo Lumm. - su mente está conectada de alguna forma con el Vulcano.

- Si, lo está - respondió Leonard.

- Lo puedo sentir... Veo el vínculo. Pero puedo ver que a esta mente está llegando dolor, mucho dolor físico y mental.

Leonard estaba muy preocupado. Quien sabe qué le estarían haciendo a Spock.

Luego levantó la cabeza.

- ¡Rápido, T'praya, ahí vienen!- Ella se acercó a él, ambos se dirigieron a la puerta, pero antes de que llegaran, ésta se abrió.

Era Kahar seguido de un Klingon.

- ¿Qué hacen ustedes aquí? - gruñó.

- Estábamos entregando la comida. Nos retrasaron tres horas el horario - respondió la Romulana impasible.

Kahar la miró y asintió.

- Largo - murmuró amenazante. Ambos asintieron y dando un pequeño vistazo hacia atrás. Salieron.

Al pasar al lado del otro Klingon, vio que éste traía en su hombro el cuerpo pálido del vulcano. Estaba inconsciente y no pudo evitar notar la sangre seca sobre él. Salió, sintiendo una sensación de náuseas.

La puerta se cerró.

McCoy se encontraba sobre el cuerpo de Jim, protegiéndolo.

- Se quedará temporalmente - dijo Kahar.- Doctor, es su deber mantenerlo vivo hasta entonces.

El otro Klingon se adelantó y aventó a Spock cerca a Leonard, quien miró aterrado a los dos Klingon.

- ¡¿Es que ustedes están dementes?! - gritó con terror, acercándose al inconsciente vulcano.

- Más respeto, humano - gruñó Kahar, acercándose de manera amenazadora. McCoy refuerza sus agarre sobre Spock.

El Klingon sonrió perversamente y se marchó de la celda con su acompañante.

Tan pronto estuvieron solos, Leonard empezó a escudriñar el cuerpo de Spock. De inmediato se dio cuenta de la extrema palidez y de la cicatriz apenas remendada sobre su brazo derecho, cubierto casi por completo de sangre seca.

- Malditos - murmuró viendo la piel del vulcano, su voz quebrándose al finalizar la palabra. No sabía qué hacer. Estaba cada vez más desesperado. Miró hacia Jim, que seguía dormido. Se sentó en medio de ambos, pasándose las manos sobre sus ojos, descubriendo que se encontraban húmedos por llanto mal contenido.

-0-

Había pasado las últimas 13 horas armando y desarmando un arma dañada que se encontró en aquella nave. No sabía en qué otra cosa mantener su mente ocupada. Habían visto el edificio con la tarima y Sam se había encargado de diseñar el mapa para poder llegar rápido al lugar, en eso había pasado su tiempo.

Y Andrew... Tal parece que prefirió ahorrar energías tomando una siesta mientras su compañero mantenía una conversación con el doctor.

- Terminé, Jay - anunció Roger, levantando la vista del monitor en el que se encontraba.- No podemos llevar tricorder ni el Padd de la federación. ¿Dónde lo envío?

- ¡Ah! - exclamó - No traje mi Padd, no es de la Federación.

- Yo tengo el mío - interrumpió M'benga, siendo objeto de las miradas - lo conseguí durante mis estudios de medicina en Vulcano.

- ¿Un Padd Vulcano? - preguntó Roger.

- En efecto, si. - el doctor se levantó y lo buscó entre su bolso. - Ten.

Sam lo recibió y empezó la transferencia de información.

Jaylah se estiró un poco, guardó su daga en su cinturón, y se colocó su chaleco nuevamente, escondiendo el phaser bajo este y el comunicador.

Andrew agarraba la cadena de Sam, quien se la había vuelto a poner y éste sostenía el Padd con el mapa abierto. Se lo entregó a Jaylah, ella le echó un rápido vistazo. Y asintió.

- De acuerdo, estamos listos. - miró a M'benga. - Energice.

- Suerte - les dijo y empezaron a desmaterializarse.

-0-

T'praya sabía lo que tenía que hacer. Lo habían conversado con Lumm. Ellos tenían al Vulcano, así que era ahora o nunca.

Tenia su phaser como siempre en su cinturón, lo podía sentir allí. Se dirigía al área de ingeniería, donde tenían un cuarto con los objetos de los prisioneros. Se aseguró que nadie la veía y entró.

El cuarto estaba a oscuras.

- Luces al 10 porciento - dijo en Klingon. Al ser un ave de presa, sólo funcionan los comandos de voz en este idioma. Le tocó aprender algunas cosas si quería que su estadía en aquella nave no fuera tan monótona.

Miró a su alrededor, sorprendida de por fin ver algo ordenado en la nave. Empezó a buscar, se dio cuenta de que había objetos cubiertos por polvo, así que según la lógica, lo más reciente no lo estaría. Veía por encima todo, buscando cualquier cosa que no tuviera señas de estar ahí desde hace eones, hasta que vio en un rincón algo que se veía relativamente nuevo.

Era una pila de ropa doblada, encima había una camisa azul. Trata de recordar, según los fanfics, la división a la que pertenece. Ciencia. Esta muda de ropa está al lado de tres trajes de protección, así que asume que es de ellos. Y, por supuesto, la ropa debe ser de Spock. Luego ve en un estante no muy lejos, tres comunicadores, dos tricorder y tres phaser, más un botiquín de primeros auxilios, pudo ver por su contenido alto en hyposprays.

Sabe lo que tiene que hacer. Agarra los tres comunicadores y los esconde en los bolsillos de su pantalón, asegurándose que no se noten. Luego, saca del botiquín tres hypos, una que dice sedante, una que dice "Cordrazina" y un suplemento vitamínico. Piensa en llevarse la ropa de Spock, pero ya de vería muy abultada, no corre el riesgo.

- Luces fuera - dice, viendo viendo como las luces se van apagando hasta quedar sumida en la oscuridad. La puerta se abre y ella sale rápidamente, aliviándose al notar que no había nadie en aquel pasillo. Como si no hubiera pasado nada, ella emprende su camino en dirección a la cocina. Quedaban dos horas para que se los llevaran y ella debía llevarles la comida en media hora.

Se encuentra con Lumm en el camino y le da un pequeño asentimiento que él supo interpretar. Ambos recogieron las comidas y empujaron el carrito por los pasillos de la nave.

- T'praya - susurra Lumm - ¿Dónde debes conectar el comm?

- En ingeniería - susurra de vuelta. Por debajo, le pasa un comunicador, provocando que éste la mire atónito. - Es por si algo sale mal conmigo, necesitamos un plan de respaldo.

- De acuerdo. - Lumm empuja una bandeja de comida por una rendija de una puerta y siguen caminando - Entonces, se conecta en ingeniería, a algún cable que éste relacionado con comunicación- ella asiente - y llamamos a la Enterprise.

- Pero - dice ella, luego de pasar otra bandeja - recuerda que tan pronto llamemos, debemos alejarnos de allí, la Enterprise captará el mensaje y sabrá donde estamos.

- ¿Y qué hay de todas las naves al rededor?

- Espera, aún no termino - ella le sonríe - primero tendremos que liberar a todos los rehenes.

- ¿Todos? - Lumm se puso pálido.

- Los llevamos a la sala de transporte, iremos transportándolos a la Enterprise. - debemos cerrar las puertas.

- ¿Y si desactivan el transporte? - dijo Lumm preocupado.

- Ya lo pensé - dijo ella. - Yo me quedaré en Ingeniería vigilando. Tengo mi phaser y un comunicador.

Llegaron a la celda. Miraron a ambos lados. Lumm agarró la bandeja y T'praya desenfundó su Phaser. Abrió la puerta con rapidez y ambos se adentraron.

McCoy estaba sentado en medio de ambos chicos, con la cabeza de Jim en sus piernas ya que éste estaba apenas recobrando el conocimiento.

- Oye - dijo T'praya suavemente - Tengo los comunicadores y te traje esto.

De sus bolsillos saca los tres hypospray, haciendo que la mirada del doctor se ilumine.

- Es justo lo que necesito. - toma el suplemento vitamínico y gradúa las dosis para tres aplicaciones. Inyecta una en el cuello de Spock, una en el de Jim, quien emitió un pequeño quejido y una en su propio cuello. El resto lo guarda en sus respectivos bolsillos.

- Bones... - murmuró Jim - Te odio...

- Me lo agradecerás mas tarde, niño. - responde, pasando una mano por su cabello. Mira a la chica. - Justo ahora ninguno está lo suficientemente apto para levantarse, creo que ya se dieron cuenta. ¿Cómo haremos?

- Eso venia comentando con Lumm - responde T'praya - yo estaré en ingeniería y tomaré el mando de la nave de forma discreta tan pronto la Enterprise responda, así abriré todas las celdas al mismo tiempo. - mira a Lumm- Ustedes dos tendrán que dirigir al grupo hasta teletransportación. Yo les enviaré las coordenadas de la Enterprise, si es que responde, espero que no estén equivocados y la nave esté cerca.

Así ellos no podrán alertar a las demás naves que rodean al planeta sobre que una nave de la Federación anda cerca.

- Ese plan suena a suicidio - dijo McCoy.

- Me gusta... - susurró Jim.

- Ay si, tú todo con ganas de morirte. Imbécil.

El rubio empieza a incorporarse lentamente.

- T'praya - dice, cuando por fin logra sentarse - Pero, ¿Qué hay de ti? Cuando se den cuenta que la nave dejó de responder, irán a Ingeniería.

- Los distraeré, sé defenderme, así tendré una oportunidad de escapar.

- Una oportunidad muy reducida. - escuchan un susurro casi ahogado. Era el vulcano.

- Spock - Jim, sin importarle su dolor de cabeza, ni las personas presentes, se acerca hacia él, lo mira bien y al darse cuenta del estado en el que se encuentra, algo en su pecho se encoge; lo abraza con cuidado, sintiendo como una lágrima se le escurre.

- Estoy bien, Jim. - responde el vulcano, levantando su rostro para besar al joven capitán, provocando que McCoy exclamara un "No es el maldito momento" pero no le importó, se separó y miró a la chica y al chico, quien había desviado la mirada - escuché el plan - dice, tratando de sentarse también, encogiendo su brazo derecho sobre si mismo. - Me parece que tenemos un gran porcentaje a nuestro favor, sin embargo, T'praya, si piensas quedarte en ingeniería, pueden atraparte. Lo sabes.

- Soy consciente del riesgo que esto supone, Spock - responde ella - Y he aceptado las consecuencias luego de evaluar todas las situaciones posibles.

El vulcano asiente. Lumm la mira y mira a los demás.

- Entonces, cuando los lleve a la sala de transporte, iré por ti, T'praya.

- Lumm, no...

- No se discute - dijo decidido - Los llevo a sala de transporte y voy por ti. Así aumentan sus posibilidades, ¿Cierto?

La pregunta fue para el vulcano, quien asintió.

- Hecho... - la cara de Lumm momentáneamente se puso en blanco y luego, formó una expresión seria. - T'pra, ya vienen por ellos, vámonos.

Ellos se paran rápidamente.

- Cuando vuelvan, le daremos marcha al plan - les dice a los tres.

Iban saliendo cuando apareció el comandante Kahar con Xar y C'ronte tras de sí. El Klingon miró a la chica y la agarró del brazo, provocando que se tensara.

- T'praya, vienes con nosotros. - ella se sorprende, al instante que el Klingon la suelta. - Creo que ya estás lista para bajar como escolta. - Kahar ve a Lumm y le gruñe - Largo, debilucho.

El Zarminiano asintió en obediencia y le da una mirada preocupada a T'praya, para luego retirarse a entregar el resto de comidas.

La chica vuelve a entrar al cuarto, seguida de los otros dos romulanos y el Klingon ante la mirada estupefacta de los tres.

- Agarren a los humanos - dijo Kahar con una sonrisa - esta vez los venderemos.

- T'praya, lleva tu al rubio - dijo C'ronte. - está muy débil, dudo que nos meta en problemas.

Mientras, entre él y Xar agarraban a McCoy.

Ella se acercó y en una demostración de su fuerza, se echó a Jim en su hombro.

- Uff, tiene que dejar de comer porquerías - murmuró, solo siendo escuchada por el capitán.

Jim sabía que no debía moverse, confiaba en T'praya, a pesar de que lo levantó bruscamente, sabe que solo es para guardar las apariencias.

Le da una última mirada a Spock.

Xar se adelanta y se fija en su objetivo. Le sonríe maliciosamente.

- Dile adiós a tu novio, marica - murmura - No lo volverás a ver en tu vida.

Jim está seguro que deberían otorgarle el Nobel de la Paz, pues ya lleva dos encuentros con ese desagradable ser sin golpearlo.

Spock lo mira y le envía sentimientos tranquilizadores a través del vínculo.

- Descuida, Jim - dijo - Todo saldrá bien.

La puerta se cerró, perdiendo así la vista del vulcano.

-0-

No sabe porqué no se dio cuenta el dia anterior que había servicio de transporte, lastimosamente, nada allí era gratis.

- ¿Cuánto dijo? - a Jaylah casi se le cae la mandíbula al suelo. Una cifra tan elevada sólo por unos kilómetros. Ella definitivamente prefería irse a pie.

- Si no te gusta, tal vez te interese un trueque - dijo aquel Klingon, que desvió su mirada al cinturón de la chica.- Bonita daga.

Ella abrió los ojos.

- No, gracias. - dijo gruñendo - mejor caminamos.

Así el dueño de aquella plataforma deslizable se fue.

- Bien, estamos a hora y media de la venta - empiezan a caminar, siguiendo a Andrew, quien sostenía el Padd- Así tendremos de una hora a cuarenta minutos para inspeccionar la zona.

Ella trata de memorizar el camino de regreso, por si necesitan escapar repentinamente. También localiza puntos donde cree que será mas fácil esconderse. Algo le dice que debe fijarse en eso. Ella carga en uno de sus bolsillos varios dispositivos holográficos que le ayudarían en caso de que se metan en problemas. Cinco segundos de distracción cuanto mucho. Lastima que no carga su rifle, pero sería demasiado obvio. Aunque en ese momento no le preocuparía eso, ya que, bueno, en casi todos lados venden armas.

Se adentran por fin a la zona de las grandes edificaciones, donde se encontraba principalmente los burdeles y uno que otro casino, era la aclamada "Zona verde" porque la mayoría de los propietarios eran Oriones.

Una Orionita en medio de la calle bailaba semidesnuda sensualmente, para atraer clientela. Pasando por su lado, sintió que se detenía de repente. Sam se había hipnotizado con la chica. Puso los ojos en blanco y le dio un tirón a la cadena lo suficientemente fuerte para sacar a Roger de su ensueño.

- Debes tener más cuidado con sus feromonas - dice ella con una sonrisa - te pueden arrancar tu virginidad en un abrir y cerrar de ojos.

El muchacho enrojeció.

- No soy virgen.

- Claro, y yo nací ayer.

Ambos siguieron conversando, tal vez para calmar sus mentes mientras llegaban al centro de la ciudadela. Cuando pasaron la Zona Verde y La Calle del Gatillo, que por el nombre es obvio que es donde venden armas y municiones; por fin se encontraron en la entrada de su destino. Había más gente congregada que el dia anterior, lo cual quizá era una mala noticia.

Apresuraron el paso hasta dar con el edificio donde estaba puesto el escenario. Para su completo horror, ya había empezado la venta.

Encima se encontraban varios Klingon rodeando a un grupo de oficiales de la flota, todos camisas rojas.

- Vamos, nos sean tímidos - decía una Romulana con el cabello corto - Aquí tenemos a Joseph, Susana, Karina, Esteban, Lizbeth y Donovan. - dijo ella, luego de leer los nombres en un Padd. - Los primeros cuatro de la división de ingeniería y los últimos dos, comunicaciones.

Jaylah no conocía a ninguno, posiblemente eran de la otra nave, la Farragut. Miró a un humanoide a su lado.

- Hey - llamó su atención - ¿Hace cuanto empezaron a vender?

- Acaban de empezar - responde éste sin voltear a verla - ellos son los primeros.

Luego, él levanta la mano.

- Pido la chica de comunicaciones y el hombre de ingeniería - gritó.

La Romulana sonrió.

- El pago será recibido personalmente.

Él se acercó. Ella aprovechó para ir detrás de éste, junto con Sam y Andrew; para poder quedar al frente.

Aquel humanoide habló con aquella romulana.

- Trueque - dijo, la chica lo miró interesada, elevó una ceja.

- Continúa...

- Dos cristales de Dilitio, uno por cada uno.

- Que sean tres - dijo la chica con una sonrisa perversa.

Aquel humanoide hizo una mueca de desagrado, luego escupió muy cerca de Jaylah, quien retrocedió con asco y finalmente, asintió.

- De acuerdo, ladrona - gruñó. - Tres cristales de Dilitio.

- Primero pagas, luego reclamas - dijo la Romulana - Estarán en nuestra nave hasta que nos des lo que prometes.

Ella elevó la mirada a un Klingon quien asintió y agarró a Lizbeth y a Joseph con fuerza de los brazos, para que otro Klingon, con una especie de aguja para tatuajes, les hiciera a ambos una marca en el cuello, primero al chico y luego a la chica, quien se retorció del dolor. Sam estaba a punto de gritar ante la visión de cómo marcaban a los suyos como ganado, pero un jalón por parte de Jaylah a la cadena lo devolvió rápido a su misión actual.

- No era necesario que fuese tan fuerte, Jay. - dice, sobándose la sien y revolviendo sus cabellos cobrizos - vas a terminar separando mi columna de mi cabeza.

- Silencio, Sam. - susurra Jaylah, cuya vista se perdió en el horizonte. Él se extrañó y miró en su dirección, abriendo bien los ojos.

En la plataforma que ellos rechazaron para llegar al centro, había tres romulanos, un Klingon y dos humanos. Eran Jim y Leonard.

Andrew también los vio y dirigió instintivamente su mano hacia su Phaser, siendo detenido por Jaylah.

- No podemos correr el riesgo de perderlos tan rápido - les dijo a ambos.

Un tellarita miró a Jaylah como si estuviese loca.

- Niña - le dijo en tono burlón - Vas a tener que pagar mucho por ellos. Son los más codiciados de la venta. Lástima que ya se llevaron al Vulcano. Era una buena oferta.

Ella se paralizó al instante. ¿Ya habían vendido al comandante Spock? Por eso no iba con ellos. Se sintió frustrada, triste y muy furiosa. Si hubieran llegado el dia anterior a tiempo. Quizá lo hubieran detenido.

- Sostén a Sam - le dijo a Andrew, dándole su cadena. - ya vuelvo.

Rodeó el edificio a una esquina donde no había nadie. Sacó su comunicador.

- Aquí Zahree, respondan.

- "Aquí K'ran. ¿Qué sucede?"

- Encontramos lo que buscamos, están vendiendo al capitán de la Enterprise y a su jefe médico. Tal parece... Que ya vendieron al Vulcano.

Tuvo que batallar para que su voz no se quiebre en esta última frase. Hubo un pequeño silencio.

- De acuerdo, Zahree, al menos aún quedan dos. Has lo posible por obtenerlos.

- Bien, Zahree fuera.

Cerró el comunicador, dándose vuelta y dirigiéndose hacia la multitud, donde tenía que armar algún plan para sacarlos de allí lo más pronto posible.

Por fin estaban a punto de llegar al edificio, venía comunicándose con James mientras los sujetaba del hombro.

- No sé si pueda hacerlo otra vez, Kirk - dijo ella - Tengo que vigilarlos a ustedes y sería muy sospechoso si desaparezco y de repente sucede otro incidente.

- ¿No hay nada que puedas hacer?

- Tal vez... - ella lo pensó bien- al ser descendiente de vulcanos, mi telepatía a distancia funciona mejor que en los romulanos, quienes no la poseen, así que tal vez pueda usar a alguien del frente y le ordene que dispare al cielo o algo así.

- Cualquier cosa que se vea amenazadora está bien.

Ya se habían bajado de la plataforma y estaban llevándolos a las cajas de cristal. Por ser "especiales" tenían mejores cuidados a prueba de robos.

- Ya saben que es esto y para que sirven - Dijo Kahar, quitándoles la venda de los ojos y colocándoles el collar de castigos. - Hoy no les perdonaré nada. Una sola falta y están muertos.

Los empujó a las cajas de cristal.

Jim no soportó su propio peso y cayó de rodillas.

Las compuertas se abrieron y las cajas empezaron a descender.

La luz les envolvió.

Había mucha más gente que el día anterior, puede ser bueno o malo.

Cuando las cajas terminaron de bajar, miró a McCoy, quien también estaba preocupado. Los Romulanos tomaron sitio al lado de ellos. T'praya quedó al lado externo de Jim. Xar en medio de ambos y C'ronte al otro extremo.

Ella miraba a las personas frente a sí, buscando alguien que sea lo suficientemente pequeño para poder controlar.

- Kirk - dice ella en su mente - ¿Te parece esa chica de piel blanca en el frente?

Él buscó con la mirada, hasta que la encontró. Se levantó al instante. Siendo objeto de la mirada de Xar. Levantando las manos en señal de precaución. Luego, cuando el romulano se calma, mira a Jaylah y le responde a T'praya.

- Ella es de mi tripulación, también el chico de la cadena en el cuello y el hombre detrás de ellos.

T'praya se sorprende. Así que sí estaban allí, ellos los habían encontrado. No debía dudar de la tripulación de la Enterprise, después de todo.

Desconecta su mente de James y trata de contactar con la chica, que al estar más lejos, requiere mayor esfuerzo y concentración.

- Hola...

Jaylah miró a ambos lados suyo y frunció el ceño, lo cual indica que si la escuchó.

- Soy la romulana al lado de James Kirk.

Jaylah mira al frente y se sorprende.

- Necesitamos tu ayuda, tenemos un plan de escape que depende de que no sean vendidos hoy. Si vas a responder, que sea mentalmente, por favor.

Se estaba agotando, pero ella necesitaba resistir lo suficiente.

- Me llamo Jaylah - responde. - ¿Qué necesitan?

- Una distracción lo suficientemente amenazadora para que cancelen la venta.

- ¿Requieren algo para su plan de escape?

- Que la Enterprise no se acerque pero que presten atención a sus comunicaciones. Nosotros les enviaremos una señal para que teletransporten a todos los rehenes.

Siente algo en su labio, se pasa la mano y ve que es un hilo de sangre verde que desciende de su nariz. Se está sobreesforzando mentalmente y ya le empieza a doler la cabeza.

- La distracción, ¡Ya! Asegúrate que no los atrapen. Sean sigilosos.

Se desconecta de Jaylah y coloca una mano sobre su cabeza, cerrando sus ojos con fuerza para mitigar el dolor.

Cuando abre los ojos, la chica de piel blanca había desaparecido, al igual que los dos humanos que estaban con ella.

- Esa romulana los quiere ayudar - dijo, al instante que salió de su mente. - Vámonos.

Jaló a Sam quizá un poco mas fuerte de lo que pretendía.

- Espera, ¿Qué? ¿De qué hablas, Jaylah? - Sam estaba confundido.

- La Romulana entró en mi cabeza.

- ¿A la que le sangró la nariz?

- Si. Tienen un plan de escape pero requieren de una distracción ya mismo. Así retrasarán la venta un día más y esta misma noche se ponen de acuerdo los planes.

- ¿Ya? - Sam ahora estaba atónito? - ¿Algo como...

Jaylah levantó su phaser y apuntó al Klingon, que se encontraba en la tarima. Sam y Andrew entienden y el muchacho empieza a correr de regreso a la cueva de teletransporte.

- ¡Ve con él! - grita Jaylah, al instante que dispara. Provocando que el gigantesco cuerpo Klingon se tambaleara y mirada en su dirección. Al instante, los romulanos empezaron a correr hacia ella, desenfundando sus propias armas. - ¡Corre!

Los dos empiezan a irse, corren frenéticamente. Jaylah agradece que Sam haya entendido y les haya tomado ventaja. Le alivió ver que cuando ella disparó, un romulano dio la orden para que los chicos sean teletransportados a la nave.

Un disparo le rozó la oreja, lo cual provocó que casi se tropezara, sintiendo el ardor quemar en su piel.

Siguió derecho. Pero Andrew se detiene de repente.

- Toma - dice y le avienta su Comunicador. - Así no me reconocerán.

Luego empieza a correr en dirección opuesta, para el horror de Jaylah. Pero ella entiende. Un retraso. Los está retrasando y le está dando la oportunidad de escapar. Sin momento para dramas, sigue huyendo. Doblando en una esquina pequeña que había visualizado de camino al centro.

Saca su comunicador.

- K'ran, teletranspórtame, una lunática le está disparando a todos y los romulanos la persiguen.

Sus moléculas se dispersaron y se reorganizaron en la cueva de teletransporte, donde estaba el chico Orión.

- Quiero ir a mi nave - dijo lo más calmada posible.

El Orión asintió, provocando que de repente apareciera en la pequeña nave, donde le recibió el doctor M'benga y el otro chico de seguridad, pero... ¿Y Sam? Ella se preocupa y mira a todos lados.

- Eddie - gruñó con fuerza en su comunicador. Eddie era el nombre en clave de Sam. - ¿Dónde demonios estás?

- Voy... Llegando.

La señal se prende y M'benga lo teletransporta a la nave.

Cuando llega. Ve al chico que cae con fuerza en el piso metálico. La chica se acerca hacia él, asustándose al ver tantas manchas rojas sobre su cuerpo y todo empeoró cuando ve una de sus piernas, que estaba empezando a formar un pequeño charco de sangre bajo sí.

- ¡Doctor!- gritó Jaylah con lágrimas en los ojos. Ya perdieron a Spock y Andrew ese día. No quería perder a Sam.

- Calma, va a estar bien. - lo examina - le dispararon en la pierna. Con la intensidad que tenía ese Phaser, es un milagro que no se la destruyera.

- ¿Podré caminar? - pregunta el chico.

- Sí, luego de una cirugía en la nave, te recuperarás. Mientras tanto, debo parar la hemorragia.

Jaylah se sentó en el piso, lanzando un sonoro suspiro de alivio. Una noticia mala menos...

Había cumplido su parte, solo espera que la romulana cumpla con la suya.

- Necesito hablar con la Enterprise.- dijo.

- ¿Estás loca? - preguntó el doctor - nos descubrirán.

- No si uso una fachada temporal. - se acerca al puesto de comunicación de la nave, presiona unos botones. - Jefe, aquí Zahree. Respondan.

Pasan unos segundos...

- Aquí el jefe, ¿Qué quieres, Zahree? ¿Conseguiste el combustible?

- Mucho mejor - responde ella - también conseguí varias municiones de torpedos. Manténganse alerta, aún no me los han transportado. Tan pronto los tenga, necesitaré que se acerquen lo suficiente para enviárselos directamente. Manténgase cerca y ocultos, no queremos que la Federación se entere.

- Entendido, Zahree. Siempre es un placer negociar contigo. Fuera.

Los tres hombres la miraban.

- Si nos descubren, será tu culpa, Jay - Sam echa la cabeza hacia atrás en el suelo.

Se volvieron a materializar, ahora era la nave. Jim miró a McCoy con claro alivio, hasta que escucha un gruñido tras de si y antes de poder ver a su emisor, alguien lo agarra de la cabeza y lo empuja contra el suelo con una fuerza descomunal.

- ¡Esto es su culpa! ¡QIp! - les gritó a ambos.

- Ignoraré el hecho de que nos llamaste idiotas en Klingon - murmuró Jim, levantándose lentamente - ¿Cómo podría ser nuestra culpa? Estábamos encerrados.

- No seas insolente, humano - Kahar sonríe - ¿Se te olvidó que yo tengo el control de los castigadores?

Con una mano lo levanta. Le baja la intensidad lo suficiente para que sufran, pero no para matarlos.

Kirk y McCoy lo miran aterrados, al instante que el Klingon presiona el botón y ambos empiezan a recibir descargas eléctricas, que los tira al piso y empiezan a retorcerse del dolor. Kahar los mira sonriendo perversamente, de verdad estaba disfrutando hacerles daño. Hasta que escucha que se enciende el teletransportador. Por mas que quiera, no los matará. No aún.

Aparecen los tres Romulanos, Xar cargando un cuerpo. C'ronte se sostiene su brazo izquierdo con fuerza. Recibió un disparo en el hombro que le dejó muy adolorido. Pero aquel hombre que les disparaba no tenía intención de matar, su phaser estaba en aturdir, le causó más que todo una migraña.

- Este fue el imbécil que te disparó, Kahar - dice T'praya, a la vez que Xar tira el cuerpo del humano en el suelo.

- ¿Él fue el que atacó ayer?- preguntó la chica.

- No, señor - respondió - ayer era una persona delgada y un poco más baja.

El Klingon se acerca a mira el rostro del humano. Luego, se acerca a Jim y lo levanta del cuello, haciendo que éste lance patadas en un inútil esfuerzo de liberarse. Kahar lo tira al lado de aquel cuerpo con ira.

- ¿Es uno de tus hombre? - gruñe.

Jim, con una mano sobre su cuello y tosiendo, se levanta a gatas y lo mira.

Si... Era aquel hombre de seguridad que protegía a Jaylah y a Sam. Su nombre era Andrew Stevenson, tenía esposa que se encontraba gestando y un hijo que acababa de entrar a la Academia de la Flota; se iba a retirar... Le había dado su renuncia hace un mes. Quería ver crecer a su nuevo hijo.

Toda esta información pasó corriendo por la mente de Jim en menos de un segundo. Se tragó cualquier reacción que su rostro pueda expresar y mira a Kahar.

- Jamás en mi vida he visto a este hombre.- La Enterprise estaba ahí y él no podía arruinar todo el progreso que habían hecho. Le dolió mucho, se sintió tan mal y le entró una sensación de náusea. Acaba de negar a uno de sus tripulantes. Hace algunos años, que ya parecen siglos, Spock estuvo a punto de morir en un volcán. Una de las frases que dijo antes de entregarse a lo que sea que le deparara su destino fue "El bienestar de la mayoría...

Supera el bienestar de la minoría, o de uno"

Esta voz se encontraba en su mente. Era de T'praya.

"Por eso decidí ayudarlos... Ayudarlos a costa de lo que me pueda pasar"

Kahar ordenó a los Romulanos que los devuelvan a la celda.

- Y si a la próxima, no los logramos vender - advirtió - Los mataré de una manera tan lenta y dolorosa, que suplicarán piedad.

Xar y T'praya se encargaron de llevarlos a la celda, mientras que C'ronte era atendido por Pirtenax.

El camino fue en silencio roto únicamente por el sonido de sus pisadas contra el suelo.

Cuando llegaron a aquel cuarto, T'praya instintivamente sacó su Phaser. Xar hizo lo mismo. Entrando a la celda, Spock los mira y se sorprende de ver a aquel Romulano. Jim y McCoy entran con las manos arriba.

- Ya escucharon, insectos - sonríe Xar con odio hacia ellos - Una más y ustedes no serán más que alimento para para gusanos.

En un rápido movimiento que nadie en aquel cuarto se esperaba, T'praya le dispara en la cabeza a Xar, provocando que éste cayera contra el suelo. Saca su comunicador.

- Lumm, ya es hora. Ven lo mas pronto posible. - dijo, mirando a los tres chicos.- trae tu d'ktahg, siento que esto se va a poner feo.

Lumm cierra el comunicador, tan pronto escucho que le llamaban, se había metido al baño para responder. Asomó su cabeza por la puerta. Sale de allí. Los demás Oriones están en sus respectivos puestos, por lo que sólo quedan dos esclavas Oriones. Él pensó en llevarlas, pero ellas ya habían expresado anteriormente su agrado a esa nave. No se querían ir. Busca debajo de su colchón su daga Klingon y la guarda en su cinturón.

- ¿A dónde vas, querido niño? - dijo una de las esclavas.

- El deber llama, señoritas - dijo con un poco de tensión. Podía sentir las feromonas que ellas emitían, pero él podía decidir a voluntad si las aceptaba y dejaba entrar en su cuerpo, o no.

- Sé un buen chico - dijo la otra sonriendo.

Él se despide de ellas con un rápido movimiento de su mano y sale de aquel cuarto.

Se dirige con paso apresurado a las celdas, hasta que encuentra la que busca, se adentra rápidamente, sorprendiéndose de lo que ve.

- ¿Qué carajo me has hecho a Xar? - pregunte algo alterado.

- Sólo está inconsciente, cálmate. - dice ella - McCoy tiene un sedante, eviten usarlo, pero si despierta, vuelve a dispararle a la cara.

Se acerca a la salida.

- Lumm... - T'praya lo miraba desde la puerta, el Zarmino ya estaba adentro.- No tardaré. Te daré la señal por el comunicador. Cuídalos y cuídate.

Ella no resiste y se abalanza a darle un abrazo a si amigo, que es fuertemente correspondido.

Cuando se separan, ella sale de aquella celda, decidida a continuar con el plan.

Lumm la vesañor y se da vuelta, mirando el cuerpo del Romulano con desgana.

Recuerda que en frente hay una cabina de suplementos y se le ocurre meter allí el cuerpo. Para asegurarse de que no despierte en un largo tiempo, le vuelve a disparar con el Phaser en modo aturdir.

- Esperen aquí. - dijo, haciendo fuerza para levantar el pesado cuerpo de Xar. Salió con él. Dejando a los tres chicos solos.

- Veo que no tenemos de qué...

Justo en ese momento, la puerta se abre y entra Kahar con otro Klingon.

- No estoy de humor para esto - gruñó - Requieren al vulcano nuevamente. Si ustedes intentan algo, les disparo y acabo con sus vidas de una vez por todas.

Saben que no pueden retrasar el plan más de lo que se está haciendo. Así que Spock se entrega voluntariamente. Siendo nuevamente sometido al choque eléctrico que lo dejaría inconsciente.

Jim se muerde los labios ante la vista de aquel desagradable Klingon cargando a Spock como si fuese un costal.

Ambos salen con el Vulcano, dejando a Jim y a McCoy estáticos en su sitio.

Ambos se miran a los ojos. No pueden retrasar el plan, pero...¿Ahora qué?

Rápidamente entró Lumm, casi asustando a los dos humanos.

Éste de veía muy, muy preocupado.

- Ay, no. No pudieron escoger peor momento para llevárselo - decía entre dientes. Saca el comunicador. - T'praya, se llevaron a Spock. Sigue con el plan. Iré tras ellos y lo traeré de regreso.

- ¿Qué? ¡¿Estás loco?!

- Tengo una idea, confía en mi, toma el mando de la nave cuando te diga. Mantente en posición.

- ¡Lumm!

Él cerró el comunicador sin dejar que respondiera. Luego mira a ambos. Les da su Phaser.

- No puedes quedarte desprotegido - le regañó Leonard.

- Tengo mi propio método.

Dicho esto, su piel tomó una tonalidad diferente y poco a poco, se perdió de la vista. Hubiera desaparecido por completo si la ropa también tuviera esta propiedad. El Zarmino empezó a desvestirse, estando en estado de camuflaje.

- Es como un camaleón - murmuró Jim admirado.

- Gracias a esto he logrado pasar desapercibido en la nave. - dijo Lumm en la oscuridad - Iré por Spock. No se metan en problemas.

El Zarmino salió de la celda, corriendo en dirección al teletransportador.

Al llegar a la sala, se da cuenta que ya se habían ido. Desesperado, se dirige al puesto de control de teletransporte, aprovechando que el lugar estaba completamente vacío. Busca las coordenadas del ultimo transporte y lo enciende, corriendo a la plataforma, sintiendo como el hormigueo se esparcía por su cuerpo, hasta que dejó de visualizar una sala oscura y roja a una brillante y metálica.

Estaba en la nave del comprador del Vulcano. Ahora sólo debía encontrarlo.

Apenas estaba recobrando la consciencia cuando siente la familiar sensación de inmovilidad, lo habían vuelto a llevar a aquel extraño laboratorio.

Siente incomodidad. Se da cuenta que alguien está tocando sus dedos con unos ajenos, recubiertos por guantes. Estos dedos suben a lo largo de su brazo izquierdo, pasando por encima de la herida, presionando fuerte sobre esta, provocándole un dolor agudo. Después se retiran y siguen con su suave recorrido sobre su cuerpo. Se da cuenta que el nuevo doctor es una mujer por su voz, ya que dijo algo en un idioma que no logra entender. Los dedos suben a su cara, pasando por sus labios, sus ojos, su cabello, tocando una de sus orejas desde el lóbulo hasta la punta. No sabe qué es lo que quiere esta persona con aquellas acciones y esto lo empieza a preocupar. Escucha una puerta.

- ¿Cómo se encuentra el espécimen?- era la misma voz masculina que el día anterior, su comprador.

- Espera un poco, acabo de iniciar con el examen - respondió la mujer - te daré los datos que necesitas. Por ahora creo que si puede continuar con los experimentos. Por ahora.

Su comprador gruñó y por las pisadas alejándose, deduce que se fue.

- Vaya, que fastidio de hombre - murmulla la doctora. Y sigue con su extraño análisis.

Baja los dedos por su cuello, su pecho, el estómago, su abdomen, tocando, palpando, revisando superficialmente si los órganos se encuentran en buen estado. Baja su mano por el vello púbico y sostiene el miembro del vulcano, revisa sus piernas, sus rodillas, sus pies.

Luego y con mucho esfuerzo, lo voltea, dejándolo boca abajo y separando sus brazos y piernas.

- Hombre, pesas mucho - murmuró ella - y eso que no lo aparentas.

Volvió a comenzar su recorrido. Comenzando nuevamente desde los dedos, subiendo por el brazo llegando a los hombros, la nuca, revisó su cabeza, palpando entre el cabello. Bajando por su espalda, tocando las costillas y enumerándolas.

- Tienes un buen trasero, amigo- comentó, mientras palpaba la piel. Luego, se detiene de repente. - No puede ser.

Spock, consciente de todo lo que sucede a su alrededor, deseaba, como dicen los humanos, que "se lo tragara la tierra". La mujer continuó con aquella parte íntima de él.

- Un... Vulcano... Gay... - soltó una risa irónica- Eres ilógico, amigo. Yo creería que ti te montan y no viceversa.

Claro, tenía que saberlo, después de todo, la última vez que tuvo relaciones sexuales con Jim fue hace cinco días... Parecía tan lejano ahora.

La doctora siguió con sus piernas y pies. Terminando el "análisis", escucha que ella llama a alguien, no logra entender a quien.

Ella, volviendo a hacer el esfuerzo, lo coloca nuevamente boca arriba, cuando se abre la puerta.

- ¿Ya? - preguntó su comprador. La doctora responde con un "aja"

- Físicamente está bien, por el color de piel sabemos que ha perdido mucha sangre, así que deben evitar otra hemorragia como la de ayer. No tiene más que un pequeño moretón en su costado izquierdo, algunas cortadas ya cicatrizadas en las plantas de sus pies, la obvia herida de su brazo izquierdo y una pequeña fisura rectal. Como dije, lo más grave es su brazo. Y si quieren estudiar mejor la telepatía, deben encontrar a su pareja.

- ¿Está enlazado?

- Claro, si no trata de explicar por qué un vulcano macho recién capturado, no tan maltratado físicamente como para decir que fue violado, tiene una fisura rectal. Él tiene una pareja y es un hombre.

- Tendré que hablar con el comandante Kahar - dice el hombre. - mientras tanto, continúa con el procedimiento.

- Si, fase dos - dice ella- manos.

Spock al escuchar esto sabe que no le augura nada bueno.

Lumm por poco y se tropieza con un extraño hombre... ¿Humano? Que salió de la nada. Cuando ve el cuarto detrás de él, cuya puerta empezaba a deslizarse, se entró velozmente. Allí estaba Spock. Una mujer, también de apariencia humana, estaba usando un implemento muy anticuado, un bisturí, para hacer una apertura en la palma de la mano izquierda, deslizando la hoja hasta el extremo del dedo medio.

Lumm se alteró, sabe lo delicados que son los vulcanos con sus manos. Busca a su alrededor algo que le pueda ayudar. Se siente cansado, jamás había estado oculto por tanto tiempo.

Encuentra una inyección con una etiqueta en varios idiomas. "Anestesia" Se notaba que sus implementos eran de hace un siglo. Ma agarra y con mucha precaución, se acerca a la mujer, levantando la aguja e inyectando su contenido completo en el cuello de la mujer que apenas pudo emitir un grito. Se volteó con rabia.

- Vas a morir, desgraciado. - gruñó ella. Pero al dar un paso, se sostuvo del mesón donde se encontraba Spock, agitó su cabeza varias veces y cayó al suelo.

Lumm se acercó rápidamente a la mano sangrante de Spock. No sabe qué hacer, necesita un dermoregenerador, pero no ve ninguno cerca. No puede cocerlo, porque podría empeorar la situación. Decide agarrar una venda y pasarla por la mano, dándole vueltas para trancar la sangre en la mayor medida. Cuando terminó, se acercó a la mujer en el suelo y al ver que estaba desarmada, maldijo. Él necesitaba un Phaser.

La puerta de abrió de repente. Entró aquel hombre que había visto salir hace poco.

- Por cierto, usa más anes... - el hombre quedó mudo al vr a la mujer en el suelo y saca un Phaser. Haciendo sonreír a Lumm. Era justo lo que necesitaba. Tal parece que ese será su día...


Aclaración: Cuando coloco "-0-" es como una separación de situación y tiempo.

Los tres puntos, los " •", son separadores sólo de situación, es decir, todo es continuo pero cambia el lugar y los personajes.

(Estos usos me los inventé xD cualquier otro escritor los puede usar en contextos diferentes)

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH MÁS DE 7 MIL PALABRAAAAAAAAS.

*El universo explota*

No puedo creer que en 4 días escribí este capítulo, 4 días! y más de 7 mil palabras *c muere*

Es que este capítulo me emocionó mucho, quería meterle de todo xDDD y casi que lo termino todo aquí.

P.D: No lo dije al inicio, pero este posiblemente sea el antepenúltimo capítulo... Sólo quedan dos más, aproximadamente. (Pueden ser tres, todo depende de los enredijos que le meta xD)

P.D.2. Si ven dedazos, avísenme para arreglar, please. Ténganme paciencia xD

EN FIN!

¿Merece este largo, extenso, colosal, larguísimo capítulo, algún comentario?