Capítulo 11:

-Yes, My Lord.

Ciel juntó a los demás sirvientes y llevaron a los hermanos para seguir buscando a Alice, mientras que él aprovechaba para buscar entre las cosas de la ojiverde, tal vez hubiera alguna pista que se les había pasado. Al entrar a la habitación se percibía un poco de loción y otro tipo de olor que había percibido durante su primer encuentro con Sebastian.

Una idea fugaz cruzó por su mente, si la chica sabía la verdadera naturaleza de Sebastian lo más probable es que buscara el modo de detenerlo y tal vez, solo tal vez, hiciera ella un contrato y por eso había desaparecido de la mansión sin rastro.

Del otro lado de la mansión unas siluetas blancas se acercaban a la ubicación del mayordomo, este los vio y les dio una cálida bienvenida.

-Bienvenidos a la Mansión Phantomhive, no los esperábamos tan pronto.

-La Reina quería hacerle unas preguntas a la chica y entregarle esto al Conde-contestó Phillip-Espero que no importunáramos con nuestra presencia.

-Claro que no, siempre son bienvenidos en la Mansión, por favor acompáñenme –hizo un delicado ademán a los mayordomos de la Reina.

-Será un placer-dijo Charles.

Los tres se dirigieron a la Mansión, al llegar los dejó en la sala del té para poder ir por el joven amo. Una vez que estuvieron cara a cara, Ciel no pudo negar que le intrigaba saber si ellos eran culpables de lo sucedido.

-Espero que la fiesta de anoche haya sido de su agrado.

-Bastante, la señorita Anastasia fue una gran sorpresa y más por su acto con el hielo.

-Un pequeño espectáculo para sorprender a los presentes, aunque no puedo negar que después de eso hubo mucho interés en la chica.

-Hablando de ella, su Majestad quiere tomar el té con ella mañana, al parecer tiene cierto interés en su habilidad con el hielo. También esta carta es para usted.

-Gracias y por supuesto que Alice estará presente.

-Maravilloso-sonrió Charles-Nos gustaría quedarnos a cenar pero hay ciertos pendientes que atender…nos veremos pronto Conde.

Sin más ambos caballeros se marcharon al mismo tiempo que Sebastian desaparecía para encontrar a la chica, se concentró y pudo detectar 3 aromas distintos y el de la joven. Usando su velocidad antinatural llegó a una cascada que estaba a kilómetros de la mansión cuando la vio.

Estaba sosteniéndose gracias a una soga que estaba a punto de romperse, se acercó a ella pero cuando estaba a punto de sujetarla una hoja muy familiar le rasguñó la mejilla.

-No dejaré que robes esa alma, además todavía no es su tiempo.

-Si están tan pendientes de ella es porque su tiempo se acerca ¿verdad?

-Eso no es de tu incumbencia, además una criatura de tu tipo debe ser constantemente vigilada por nosotros.

-No te preocupes, no le haré daño tengo otro tipo de alma en la mira-le dijo antes de bajarla y ponerla en zona segura.

-No se te olvide Michaelis, te estoy vigilando.

-Me retiro.

El pelinegro se dirigió hacia la habitación de la chica, no sin antes ver que no estuviera herida y que nadie lo siguiera, estaba por llegar cuando una voz lo detuvo.

-¡Sebas-chan! ¡No te vayas!

-Tengo mucha prisa, no puedo quedarme-ocultó a la chica como si de un viejo costal se tratara.

-¿Quién es ella?-preguntó curioso al ver lo que parecían unas botas.

-No es asunto tuyo-dijo antes de desaparecer-Tantas molestias por ti Alice-a punto de llegar la acomodó para evitar represalias pero antes tomó aquel collar que le había causado tanto interés desde que lo vio.

Al llegar a la mansión los sirvientes lo detuvieron, pero sin más les ordenó que prepararan la cena, llevó a la joven ante su joven amo para informarle que ya había cumplido la misión, al entrar los hijos de la familia Midford se acercaron para ver el estado de Alice, el demonio estaba algo cansado por la atención que recibía la chica además de las molestias que había causado.

-Sebastian-lo llamó Ciel-Necesito que la lleves a descansar, cuando despierte hablaré con ella-ordenó.

-No-lo interrumpió Edward-Será mejor si la llevo yo, quiero disculparme por mi actitud.

-No creo que sea lo…

-Ciel por favor-esta vez fue Elizabeth quien habló-Tienen mucho de qué hablar-lo miró de forma suplicante.

-Está bien, pero recuerda lo que hablamos Edward-contestó algo serio y con la mirada algo amenazadora.

El mayor de los hermanos cargó a la chica con delicadeza, el mayordomo lo iba a seguir pero un gesto de su amo lo detuvo, sin saber cuál era su habitación la llevó a una de las principales. Al llegar a la cama la recostó suavemente y después se sentó en una de las sillas para esperar que la chica reaccionara.

Pasaron cerca de dos horas más antes de que la chica comenzara a despabilarse, una vez que despertó una voz la llamó.

-Hola Liddell-la miró pero ella solo bajó la mirada-¿Podemos hablar?-ella solo hizo un pequeño gesto-De acuerdo-suspiró-¿Cuándo regresaste?

-No lo sé, como hace un mes-su voz era casi audible.

-¿Dónde habías estado?

-En…-pensó en decirle Wonderland pero optó por decir parte de la verdad-Estuve en los barrios pobres de Londres, en un hogar abandonado por culpa del invierno-su cuerpo temblaba ligeramente.

-¿Por qué nos mentiste?

-No les mentí-su voz aumentó de tono y mostraba la molestia de la chica-Por culpa de un mal tratamiento perdí mi memoria ¡contento! ¡Ahora me toca preguntar! ¿¡Dónde estaban cuando me quedé sin nadie?! ¡Qué fácil es juzgar mis acciones y nos las tuyas!-le reclamó con los puños cerrados

-Alice yo-se detuvo cuando sintió un pequeño nudo en su garganta-¡Te buscamos después de enterarnos que habías sobrevivido!-suspiró-Te buscamos…pero era como si hubieras desaparecido.

-Necesito hablar con Ciel.

-Todavía quiero hablar contigo.

-Yo no, primero tengo que hablar con Ciel por favor.

-Tan testaruda como siempre ¿verdad Liddell? En un momento vendrá el Conde pero antes-exhaló de forma exagerada-Lamento haberte dicho que eras una mentirosa, no sabía que hacer-su voz parecía algo quebrada-cuando bailé contigo sentí que te conocía pero negué la probabilidad de que se tratara de mi antigua prometida-discretamente limpió su mejilla derecha-Lamento el haberme comportado como un idiota.

La chica se le quedó viendo fijamente sin saber cómo responder a la disculpa, era sincera, la primera que recibía en quien sabe cuánto tiempo así que optó por quedarse en silencio tratando de calmar las diferentes emociones que le causaba el hijo mayor de los Marqueses, instintivamente llevó sus manos al collar para tratar de calmar su ansiedad pero este no estaba.

Lo buscó con la mirada en los muebles de la habitación aunque sabía que no lo iba a encontrar, miró nerviosa al rubio cuando recordó lo que pasó antes de desmayarse después de despertar de su siesta.

-¿Dónde estoy?-preguntó algo más calmada.

-Estás en la mansión Phantomhive, no sabía cuál era tu habitación así que te traje a la primera que encontré… ¿Te ibas a marchar por mi culpa?

-No-en ese momento sintió una punzada en la sien y llevó su mano a la zona.

-¿Te sientes mal?

-Me duele un poco la cabeza, es normal no he dormido lo suficiente-se levantó algo temblorosa de la cama-Iré por un poco de té.

-Espera Liddell-la sujetó del brazo-Tienes que descansar, no todos los días eres víctima de un secuestro-su voz sonaba algo nerviosa pero no tanto como para levantar su voz.

-¿Qué estás diciendo? Nadie me secuestró-cruzó sus brazos-Solo me desmayé.

-Te encontraron cerca de una cascada, alguien debió tratar de secuestrarte para después pedir un rescate o algo así.

-Alice ¿cómo te sientes?-la voz de Ciel interrumpió.

-Mejor, lamento importunarlo amo.

-¿Amo?

-Soy sirvienta de la mansión, por eso mi habitación no es ninguna de las principales-comentó sin darle más importancia-Terminaré mis deberes.

-No, debes descansar pero antes necesito saber que pasó. Te espero en mi oficina, y Sebastian lleva a Edward con Lizzie.

-Sí joven amo.

La joven se levantó y se dirigió hacia la oficina de Ciel, trató de aparentar que estaba mejor pero su cabeza le punzaba y su mirada se ponía algo borrosa, pero el peor de todos era el ardor en su antebrazo, siguió caminando aunque antes de llegar una figura de color rosa se acercó a ella.

-¡¿Estás bien Alice?!

-Si señorita Elizabeth, no se preocupe-sus labios formaron una media sonrisa.

-Sabes que detesto que me hables así-hizo un ligero puchero-Pero me alegra saber que estás bien-la abrazó.

-Lo…lo lamento Elizabeth-quiso devolverle el abrazo pero sabía que no estaba en condiciones-Debo ver a Ciel.

Elizabeth soltó a Alice no sin antes brindarle su mejor sonrisa, la pelinegra entró a la oficina tímidamente, si la habían estado buscando tal vez vieron aquel libro vacío aunque sin la habilidad de encogerse no podrían leer el contenido, su corazón comenzó a latir con fuerza, sus dedos jugaron entre sí. Todo estaba en silencio hasta que el mayordomo entró acompañado de Ciel.

-¿Cómo te sientes Alice?-le preguntó una vez que se sentaron.

-Confundida pero un poco mejor-esperaba que la poca luz del lugar escondiera su palidez.

-No tienes que fingir ser fuerte Alice-la miró fijamente- Tendrás que descansar y comer apropiadamente.

-No tienes que preocuparte por mí, puedo cuidarme sola.

-Ese es otro asunto, ¿qué pasó durante tu siesta?

-No lo sé-su honestidad sorprendió al mayordomo-Recuerdo estar durmiendo y después como si me hubiera ido a Wonderland pero no estoy segura de que haya regresado-en ese momento recordó la ausencia de su collar-Por cierto ¿quién tomó mi collar?

-No lo traías cuando Sebastian te regresó a la mansión, tal vez se cayó durante tu viaje.

-Es imposible, la cadena está hecha con plata de las minas del norte-se detuvo ante la mirada confundida de Ciel-lo siento, es que ese collar es muy importante para mí.

-Entiendo, no te preocupes le pediré a Sebastian que lo encuentre…pero antes de eso, la Reina quiere hablar contigo.

-Creí que sería dentro de mucho tiempo-lo interrumpió.

-Al igual que yo, pero su Majestad siempre sorprende. Iremos mañana así que te pido que vayas a descansar para estar en óptimas condiciones mañana.

-Así será Ciel-se levantó y estaba por marcharse cuando la llamó el ojiazul.

-Después del encuentro real quiero visitar ese lugar tuyo.

-Pero nunca he llevado a alguien más.

-Sé que lo conseguirás, confío en ti-sonrió.

Cuando la joven se marchó el mayordomo entró y le entregó el collar de la chica mientras negaba con la cabeza.

-Al menos eso descarta una posibilidad, quiero que prepares todo para el viaje con su Majestad y revises sobre Wonderland.

-¿Sólo el lugar o todos los antecedentes de la chica?

-Todo.

Al terminar de hablar Sebastian sintió la presencia de Alice pero al salir no la vio, ni a ella ni a otra persona, lo que no sabía es que si había estado ahí y había escuchado la última orden de Ciel y no iba a permitir que el Demonio se enterara de más.

-La curiosidad puede matar Michaelis-susurró antes de desaparecer entre un brillo azul.