¡Capítulo nuevo! Como siempre no tengo más que decir que agradecerles por seguir leyendo y por cada review que dejan. Realmente significa muchísimo para mi...
Espero que les guste el capítulo de hoy. Lo encuentro ligeramente diferente a los anteriores así que veamos cómo reaccionan ustedes, ojalá disfruten leyéndolo tanto como yo al escribirlo.
Mills1, éste chapter va especialmente dedicado a ti, mi fan Nº1. Jajajaja.
¡Los adoro! Que tengan una linda semana :)
Si quieren contactarme, búsquenme en twitter como SwanMnsterQueen :D
Claramente, los personajes no me pertenecen. Todo es una historia de mi autoría, basada en los personajes de la serie Once Upon a Time.
·11·
Ya había pasado un mes desde aquella carrera hacia el hospital debido a las perdidas de Regina. Por suerte todo siguió bien y el sangrado solo duró un día.
La Alcaldesa continuó con sus días de reposo hasta el viernes de esa semana, siempre bajo el atento cuidado de su hijo y su novia... Y, a pesar de odiar tener que estar todo el día sin hacer nada, respetó estrictamente el tiempo dado por el Dr. Whale. No se arriesgaría por nada del mundo a que algo les pasara a sus pequeños.
Ahora su vientre ya se encontraba bastante más abultado, ya no había forma de ocultarlo. Aunque tampoco quería hacerlo. A sus trece semanas y media de embarazo, las ajustadas faldas que estaba tan acostumbrada a llevar y que tan loca volvían a su rubia ya no eran una opción de vestimenta. Ahora usaba blusas holgadas y pantalones de vestir de tiro no muy alto para que no hicieran presión alguna sobre su abdomen.
Ese miércoles por la tarde se encontraban nuevamente en la sala de espera para hacer otra ecografía. Nada grave, sólo por control como se debía hacer cada un mes durante los primeros dos trimestres.
Whale las recibió con una sonrisa. El doctor había dejado de caerle tan mal a Regina y él ya comenzaba a apreciarla casi tanto como el resto del pueblo lo hacía. Realmente todo había cambiado desde la llegada de la Salvadora a Storybrooke, incluso la vida de la ex Reina.
Luego de revisar su presión sanguínea y preguntar si hubo algún otro malestar después de la perdida que había tenido, el doctor comenzó a preparar lo necesario para realizar el ultrasonido.
Al aparecer la imagen de sus pequeños en el monitor, Regina sonrió. Amaba poder ver cómo sus bebés crecían en su interior.
– Bien, como pueden ver ahora hay más movimiento fetal. Ellos aún no son conscientes del movimiento que realizan, por ahora son solo reflejos... Ya pronto puede que empieces a sentirlos, Regina. – Dijo Whale. – Sus latidos van a un ritmo normal, y están creciendo muy bien. Según me cuentan no tuvieron más complicaciones así que todo va bien, esa es una gran noticia... Dime, Regina, ¿has estado usando magia?
– No, luego de las perdidas no volví a usar mi magia. – Contestó la morena.
– Bien, porque aún desconocemos si eso puede tener algún efecto secundario o algo por el estilo. Puede que el hecho que la hayas usado anteriormente también haya ocasionado la pequeña hemorragia que tuviste pero no voy a asegurarte nada porque, sinceramente, no sabemos si eso es posible o fue solo por el rápido crecimiento de la matriz. Por eso, a menos que sea estrictamente necesario, preferiría que continuaras sin hacer magia. ¿Crees que eso será un problema?
– Por supuesto que no. No usaré magia.
– Perfecto, puedes limpiarte lo que resta de gel de tu vientre mientras voy por tu historial médico.
Mientras esperaban a que volviera el doctor, ambas mujeres se robaban pequeños besos y la rubia no dejaba de hacerle cosquillas a Regina. Parecían dos adolescentes, no la Sheriff y la Alcaldesa de Storybrooke.
Emma adoraba ese lado tierno de la morena. Amaba que fuera así con ella y con su hijo... Porque sí, ellos eran los únicos que conocían a esa Regina, la Regina que tenía miedos y sueños, no la mujer seria y aburrida que muchas veces hacía presencia ante las demás personas del pueblo.
Últimamente, se les hacía casi imposible mantener las manos lejos de la otra. Y así fue como las encontró Whale al volver. Bueno, en realidad sólo estaban besándose algo apasionadamente cuando escucharon un suave carraspeo interrumpirlas.
A Regina le costó contener las ganas de estallar de risa al ver lo sonrojada que se había puesto su novia.
– Lamento interrumpirlas. – Dijo el doctor algo incómodo y recibiendo una leve sonrisa por parte de la morena que le hizo entender que no había ningún problema. – Anotaré todos los datos de hoy en tu registro, Regina, mientras les voy contando algunas cosas sobre tus trece semanas de gestación. – Añadió terminando de escribir la nueva información de la ecografía. – ¿Sigues con nauseas o ya han disminuido?
– No tanto como antes, por suerte. Odio tener nauseas. – Respondió Regina, haciendo una mueca de desagrado.
– Perfecto, poco a poco irá desapareciendo ese malestar así que puedes alegrarte por eso. – Replicó Whale riendo. Le daba ternura lo dulce que era la Alcaldesa embarazada. Y, jamás lo admitiría, pero le gustaba mucho la pareja que ella y la Salvadora hacían. – En esta etapa puede que comiences a tener algo de insomnio y eso es algo muy normal, nada de qué preocuparse.
– Yo soy la que debe preocuparse por eso, no ella. – Dijo Emma sonriendo, poniendo los ojos en blanco y recordando una de las varias noches que Regina la había despertado porque no conseguía conciliar el sueño.
1 semana atrás...
– Regina, por el amor de Dios, quédate quieta. – Se quejó la rubia, hundiendo su rostro nuevamente en la almohada.
– Lo siento, pensé que ésta era mi cama. – Replicó la morena irónicamente. – No puedo dormir, Emma.
La rubia suspiró y separó su rostro de la cómoda almohada para mirar a su novia. Ésta se veía cansada pero, aún así, hermosa. Se sentó y miró hacia el reloj. Eran las 4.30 am... ¡Y ella quería dormir!
Tomó la mano de Regina y le hizo un gesto para que se acercara más a ella. La acomodó entre sus piernas, apoyando la cabeza de la morena en su pecho y su espalda contra su torso. Comenzó a acariciar suavemente sus brazos mientras le decía:
– Yo también tenía noches así cuando estaba embarazada pero, si mal no recuerdo, fue cuando mi embarazo estaba más avanzado... Recuerdo que lo único que podía hacer era mirar las paredes de la celda o pinchar las sábanas de mi pequeña cama. Estaba sola. – Dijo apenadamente.
– Lo siento. – Se disculpó Regina antes de que la rubia pudiera seguir con lo que estaba diciendo. – No quería despertarte ni que recordaras algo así. Sólo... Sólo vuelve a dormir, yo estaré bien. – Agregó, tratando de alejarse de Emma para que ésta volviera a acostarse, pero ella no se lo permitió y la rodeó con sus brazos.
– No tienes por qué disculparte, y tampoco me dormiré hasta que tú lo hagas. No me dejaste terminar... No tienes que sentirte mal por cómo fue mi embarazo con Henry, sólo te contaba eso porque todo lo que viví valió la pena porque me trajo hasta ti, Regina. Y ahora que estoy contigo, no dejaré que te sientas sola. Nunca.
La morena sonrió y secó una solitaria lágrima que se deslizó por su mejilla. Todos los días se preguntaba qué bien había hecho ella para merecer tener a una persona tan maravillosa como Emma a su lado.
Se acomodó más entre los brazos de la Sheriff, mientras ésta deslizaba la punta de sus dedos sobre su vientre.
– Cierra los ojos, mi linda. Imagina cómo serán nuestros bebés. – Le susurró al oído y Regina hizo lo que su novia le dijo. – ¿Sabes? A mi me encantaría una pequeña morenita, tan bonita como tú y que tenga tus ojos. ¿Te imaginas que sean dos niños? Dos pequeños parecidos a Henry. Oh, serían hermosos. – Dijo tiernamente, haciendo reír a la morena.
– No me importa si son dos niños o dos niñas, o un niño y una niña... Tan solo quiero que sean saludables y tan dulces como tú, Emma. – Respondió la Alcaldesa, aún con los ojos cerrados.
– Sí, a mi tampoco me importa mucho si son niños o niñas, quiero que estén sanos... Pero tengo que admitir que la idea de una mini Alcaldesa me fascina. Ay, hasta la vestiría con trajecitos similares a los que usas tú. Dios, Regina, me volvería loca. Me tendría a sus pies, como su madre... Ya no puedo esperar a conocerlos. Quiero tenerlos en mis brazos y llenarlos de besos. Los cuidaré con todas mis fuerzas. No solo a ellos, a ti y a Henry también. No dejaré que nada malo les pase porque ustedes son mi vida. Porque los amo y quiero pasar cada día del resto de mi vida haciéndolos sonreír. – Soltó una suave risita. – No te imaginas lo feliz que me haces, Regina. – Musitó y dejó un beso en el hombro de su morena.
No recibió respuesta a ésto último pero, por la respiración pesada de su novia, se dio cuenta de que finalmente se había dormido mientras imaginaba cómo serían sus bebés. La recostó con mucho cuidado y la cubrió con las sábanas para luego acostarse a su lado, abrazarla y cerrar sus ojos para volver a dormirse.
– ¡Son tus hijos los que no me dejan dormir, Srta. Swan! – Le dijo Regina, riendo y dándole un suave golpe en el brazo.
– Créame, Sheriff, que las noches de insomnio recién están comenzando. – Whale le aseguró sonriendo ante la interacción de la pareja antes de continuar diciendo: – Bien, además de ésto, por ahí comiences a pasar por las normales hinchazones en los pies. Te recomiendo que los dejes reposando en agua bien fría, realmente va a calmarte eso. – Pensó un poco para acordarse de alguna información más. – Oh, como tu embarazo es múltiple, Regina, eres más propensa a tener estrías debido al estiramiento repentino de la piel. Las cremas ayudan mucho a disminuir el daño en tu piel y es mejor que empieces a usarlas con anticipación antes de que estas marcas comiencen a aparecer... También puede que sientas mayor deseo sexual, eso suele suceder muy a menudo.
Emma miró a Regina pícaramente, ganándose otro golpe por parte de la sonrojada morena.
– Y también tus antojos van a aumentar, ahí es donde tú entras, Emma. – Le dijo sonriendo. – Debes satisfacer sus antojos o la pasarás mal. No quieres hacer enojar a una mujer embarazada. – Agregó, haciendo reír a la morena, que recordó lo que había pasado hacía tan solo unas horas.
Ocho horas antes...
– Emma, Emma, Emma, Emma... – Canturreaba la morena, tratando de que la rubia dejara de mirar la película. – ¡Emma! – Insistió. – ¡Emma Swan, tu novia está embarazada y tus hijos están insistiendo en que coma Lemon Pie! ¡Emma, quiero Lemon Pie!
– Tan sólo déjame terminar de ver la película e iré a Granny's por tu tarta, ¿de acuerdo?
– ¡No! Esto no puede esperar. Cariño, por favor... Ve por mi Lemon Pie, ¿si? – Suplicó, mostrando su sonrisa más tierna y haciendo que su rubia bufara y apagara la televisión.
– Deberías agradecer que te amo y que soy capaz de dejar mi parte favorita de Star Wars por la mitad sólo por ti y nuestros hijos.
– No es mi culpa, son los bebés... – Dijo Regina, riendo ante el enfado de su mujer. Le resultaba tierno y cómico al mismo tiempo.
– Estoy empezando a creer que usas a nuestros hijos de excusa para no admitir que realmente adoras comer cosas "poco saludables". – Replicó la rubia, sin poder evitar soltar una carcajada ante lo dicho.
La alcaldesa la miró, levantando su perfilada ceja. Cruzó sus brazos sobre su pecho, intentando parecer molesta pero mucho no sirvió porque apenas sintió los labios de su amada sobre los suyos, bajó la guardia y tomó el rostro de su Salvadora entre sus manos para profundizar el beso.
– Te amo. – Susurró la morena contra los labios de Emma.
– Y yo a ti, amor. – Dijo la rubia sonriendo. – Sí sabes que sólo te molesto cuando digo que no quiero traerte lo que quieres comer, ¿verdad?
– Lo sé, cariño. Eres una dulzura... Ahora, Srta. Swan. Sus hijos quieren su Lemon Pie. – Añadió Regina en tono autoritario, haciendo reír a Emma mientras ésta se dirigía hacia la puerta.
– Oh, estoy al tanto de eso, Whale. – Le dijo Emma, volviendo a poner los ojos en blanco mientras todos reían.
El hombre cerró el historial médico de la morena, juntó sus manos sobre el escritorio y, sonriéndoles, les dijo:
– Muy bien, señoras. Todo está más que bien aquí, así que ya pueden ir a casa. Cualquier duda que tengan pueden llamarme, estaré más que feliz de ayudarlas.
– Gracias, doctor. – Dijeron al unisono.
– Recuerden que ya tienen asignado un turno para el mes que viene para la nueva ecografía. Quizás tengamos suerte y podamos ver el sexo de los mellizos.
Ambas mujeres sonrieron y se despidieron de Whale.
Mientras caminaban hacia el auto de Regina, la morena se detuvo por un momento y ésto llamó la atención de su novia.
– ¿Olvidaste algo, cariño? ¿Estás bien? – Preguntó Emma, acercándose a la ex Reina.
– No, mi amor. – Respondió Regina sonriendo. Luego llevó sus manos hacia su vientre antes de seguir caminando mientras le decía a Emma: – Sólo que acabo de darme cuenta de que muero de ganas de comer una hamburguesa.
