En este tiempo tuyo...

...

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El resto de la mañana fuimos a un sin fin de lugares, después almorzamos juntos. Albert no se había podido reunir con nosotros por cuestiones de trabajo. Agradecí que no pudiera alcanzarnos porque cada pensamiento mío se enmarañaba con el que a continuación fabricaba mi confundida imaginación, todo era un lío. Mientras los demás conversaban y reían, yo no podía sacar de mi cabeza todas aquellas imágenes en su cabaña. Sentía unos tremendos celos y una terrible confusión. No tenía mucha hambre pero debía disimular mi falta de apetito y pedí algo ligero de la carta.

Stear y Archie se miraban entre ellos y me observaban también, estaba segura que al ser amigos de Albert estaban al tanto de lo que sucedía, sólo que no les vi intenciones de tocar el tema y tampoco era mi propósito interrogarlos. Esto se había convertido en un asunto de pareja y era sólo Albert quien tenía que aclararlo.

Sólo me quedaban dos días y medio en Brasil y el tiempo seguía volando.

Estaba muy cansada, aunque no íbamos a pie, sino en la lujosa camioneta de Archibald, el desvelo de la madrugada y la impresión de la mañana comenzaban a pasarme factura. Apoyé mi cabeza en el hombro de Patty y me perdí en el sueño. A ratos dormitaba, a ratos despertaba, llegamos a una agencia de boletos y entre sueños creí que tendría algo que ver con la cancelación del viaje de regreso de Patty. Quise incorporarme para enterarme de lo que pasaba, pero cuando desperté la camioneta ya iba en movimiento otra vez a lo largo de la carretera.

Entonces llegamos a una desviación conocida; el camino que llevaba a nuestro hotel y por consiguiente a la playa donde todo había empezado. Escuchaba entre sueños la conversación entre mis amigos y en lo que me parecieron dos segundos de cerrar otra vez los ojos llegamos al bar en la playa.

-Hemos llegado bella menina, -Archie me ofreció su mano para salir del vehículo. Los demás ya se habían adelantado y yo sentía los ojos pequeños y pesados.

-Gracias Archie...

Sonreí al novio de mi amiga que con una reverencia de caballero de principios de siglo, me ayudó a bajar de su camioneta. El calor húmedo y sofocante del exterior me envolvió y crucé los dedos para no resfriarme por el cambio de temperatura del aire acondicionado en que había viajado.

Pronto, la preocupación por el congestionamiento nasal que sentía, fue desplazada por otro tipo de molestia; estaba en el territorio de Marissa y el simple hecho de acercarnos a la barra me producía una especie de tensión abdominal. Respiré profundo y me alegró encontrarme con esa sonrisa conocida y esos ojitos azules que no me parecía guardaran secretos ni maldad alguna. Si bien, no sabía que tipo de complicidad compartía Winston con Marissa, tampoco podía tratarlo mal o ser grosera con el chico. Él había sido muy amable conmigo, yo estaba muy cerca de regresar a mi ciudad, a mi vida y no me iría enemistada con nadie, ni siquiera con Marissa, mucho menos con la persona que me hizo plática y compañía desde los primeros días.

Tomamos unas bebidas y Alipio llevó algunos aperitivos a nuestra mesa. Me miró sorprendido, un poco torpe colocó los extensos platillos con las entradas y no dejaba de mirarme.

-¡Que no te tiemble la mano Alipiooo! -Stear saludó amigablemente al muchacho y con una palmada en el hombro lo animó a sentirse en confianza. -No hay mucha gente, tampoco veo cerca a cierta persona... si puedes y quieres ven a acompañarnos un rato.

Winston Alipio sonrió con timidez y agradeció la invitación, negándose al decir que Marissa iba a volver en cualquier momento y no quería tener problemas. En cuanto se hubo retirado, aproveché que nuevamente me sentía un poco incómoda con mis cuatro acompañantes y me dirigí a la barra para platicar con mi amigo, hacia un buen tiempo que no lo había visto.

-¡Hey! -tomé asiento en uno de los banquillos de la barra.

Se giró hacia mí sonriendo.

-Hechicera, creí que ya no te vería por aquí.

-Sí... te noté muy sorprendido con mi presencia. ¿Se puede saber que te llevó a pensar eso?

-N... nada.

-Winston, dime que pasa. Éramos amigos, ¿o no?

-Lo somos, todavía... pero William habló conmigo. Se me ocurrió la mala idea de preguntarle por ti y lo que se traen ustedes dos. En pocas palabras me dijo que no quiere que intervenga en nada que tenga que ver contigo, eso incluye no hacer ningún comentario o pregunta que pueda molestar o que... ay creo que ahí voy de nuevo. Ya estoy hablando de más.

-Está bien, -tomé su mano- no necesitas decirme nada sobre William. Cuando recién nos conocimos no hablamos de él ¿recuerdas? Pronto voy a irme y quisiera agradecerte por todo.

-Yo no he hecho nada por ti Candy.

Su mirada me causaba una ternura muy grande, era muy diferente a Albert, pero había algo en él que me hacía tenerle un aprecio especial. Como si lo conociera de antes, como si en el fondo supiera que podía confiar en él.

-Has hecho mucho, creo que todo en este lugar se confabuló para que pudiera conocer a tu hermano. Tu ayudaste con eso también, -le guiñé el ojo.

-Y yo creo que todo pasa por algo Hechicera. No puedo hablar mucho, es más... no debería decir nada, pero sólo voy a decirte que hay cosas que no entendemos, que ni siquiera imaginamos que sean posibles y suceden.

-No te entiendo.

-Por ejemplo; mira el mar Candy, si supieras cuantos secretos esconde, mira todo lo que te rodea... todo tiene un mensaje. Mira en tu interior, mira cada una de las señales. Hay cosas que no imaginamos que existen y no por eso dejan de ser.

-Sigo sin entender nada Winston...

En ese momento sentí la pesadez de una mirada. Era ella. Winston de pronto guardó silencio e hizo como si limpiara una mancha inexistente en la barra. Me sonrió y repitió en voz baja:

-Busca las señales Candy...

Regresé a la mesa pues el mesero ya había llevado los platillos y las bebidas. Ahora estaba peor, ¿esto era parte de un complicado sudoku? peor aun, me sentía como descifrando cada unos de los mensajes encriptados del Código da Vinci. Traté de despejarme o mi ligera congestión con jaqueca terminaría convirtiéndose en una migraña que me dejaría tirada el resto de la tarde y noche.

No quería ya descubrir nada, sólo quería hacer muchas preguntas y obtener respuestas de la persona indicada. Aunque esa persona no daba señales de aparecerse por ningún lado. No era el fin del mundo, no me había casado con Albert, debía ser práctica, cualquier cosa oscura o mala en su pasado no debía afectarme. Si, lo amaba. Pero había superado en mi vida suficientes situaciones de pérdida, de dolor, como para saber que la vida sigue. No deseaba para mi existencia algo que trajera más problemas, la intención de este viaje había sido otra.

Mis cuatro acompañantes reían y charlaban en una conversación de la que poco me interesaba ser partícipe. Hacía como que reía con ellos, como que de pronto opinaba con alguna tontería, pero en el fondo miraba al cielo, al mar, a ese paisaje que no me decía nada del otro mundo, que no guardaba ningún mensaje cifrado para mí. Y decidí buscar las señales en mis alimentos, el hambre me había llegado de repente y arrasé con todo lo que había en mi platillo.


Mas tarde nos quedamos a solas en el cuarto de hotel. Curiosamente me parecía ajeno y extraño volver a ese lugar. El carnaval ya había terminado pero el ambiente festivo en Brasil continuaba cada noche. Teníamos entradas para un concierto y aunque no deseaba asistir sabía que Albert nos alcanzaría en ese lugar.

-Estás molesta por algo, toda la tarde te mantuviste tan alejada de todos.

-No Annie... -suspiré y me senté a su lado. -No estoy molesta, hay tantas cosas que tengo que hablar con Albert y simplemente no puedo hacerlo. Me dijo que esta tarde estaría conmigo y no se apareció.

-Pero vas a verlo en un rato más... -intervino Patty con su dulce sonrisa.

-En un lugar donde los decibeles apenas nos van a permitir imaginar que decimos con el movimiento de nuestros labios... -respondí seria.

-No seas quejumbrosa Candy, vas a verlo. Eso es lo único que debería importarte... después de todo los movimientos de tus labios los puedes emplear de una manera más provechosa... -dijo Annie con el doble sentido implícito en su comentario.

-Además debes entender los problemas en su trabajo, ya sabes, por ausentarse tanto... -anadió Patty.

-No lo sabía, es decir... ¡tampoco sabía eso! ¿lo ven? todo lo que rodea a Albert es un jodido misterio... todos se enteran de todo menos yo, ustedes sabían eso de Albert mientras yo busco las señales equivocadas...

Las miradas de Annie y Patty cambiaron de pronto.

-¡Vaya pues contigo! Pasaste una noche completa con ese hombre y ¿tienes dudas? Candy no te entiendo. Perdón pero sus asuntos laborales se mencionaron a la hora de la comida, sólo que tú estabas pensando en la inmortalidad del cangrejo y no parecía importarte mucho lo que comentábamos. -Annie ya estaba molesta.

-Stear creyó que estabas drogada. Hablabas sola de repente de esas señales, sonreías o murmurabas algo completamente fuera de la plática.

-¿Eso hice? -pregunté sintiéndome más tonta y ridícula que en todos mis veinticuatro años de existencia.

-Sí, Archie pensó que Winston te había dado algo extraño en una bebida, le reclamó cuando casi nos íbamos. ¿Tampoco te diste cuenta de eso, verdad?

Negué en silencio mientras encendía mi teléfono. Se había caído de mi bolso en la camioneta de Archie y a estas horas apenas estaba enterándome que había ocho llamadas perdidas de Albert.

-Mi Stear sopesó la idea de que Marissa te hubiera lanzado un hechizo desde donde se escondía lanzándote sus miradas asesinas. ¡Macumba, macumbaaaa! era lo que repetía Stear en voz baja cuando Marissa te miraba con tanto afán. -Dijo Patty aguantando las ganas de reír.

Por primera vez en todo el día no pude reprimir la carcajada. Sí recordaba a Stear haciendo gesticulaciones extrañas y moviendo las manos en forma siniestra pero imaginé que hablaba de nuevo de los Kelpies.

-Yo ni en cuenta. -Respondí todavía riendo.

-Es comprensible, hoy te hizo falta tu motor. Pero vamos amiga, cambia esa carita porque estoy segura que esta noche tampoco dormimos en esta habitación. El tiempo se acaba niñas. Sólo nos quedan dos noches en Brasil...

-A mí no... -Respondió Patty y nos lanzamos encima de ella para atacarla por ser tan odiosamente presumida.

Salí al balcón de nuestro dormitorio, con la mente más despejada y mi alocada melena revolviéndose con el viento. Decidí devolverle la llamada, pero ahora fue él quien no contestó ni esa, ni las tres siguientes.


Sugerencia para escuchar: Lo Air - Day and Night (Original Mix)

El lugar era bastante amplio, pero la sensación de estar atrapada entre tantas y tantas personas me hacía sentir ligeramente asfixiada.

"¡No eres claustrofóbica, no eres claustrofóbicaaaa!" me repetía mentalmente a cada momento mientras nos abríamos paso entre la multitud. Stear iba al frente, Patty se abrazaba a él, yo tomaba a Patty de la cintura, Annie me sujetaba a mí y Archie iba al final protegiendo a mi amiga. Según ellos esa sería la mejor forma para mantenernos a salvo de las manos lascivas y el contacto tan cercano con otras personas. Era inevitable rozar con cantidad de cuerpos desconocidos. Hombres y mujeres por igual representaban un peligro si parecías dispuesta o hacías contacto visual con alguien.

Mientras caminaba a empujones y apretujones, una mano traviesa se deslizó con avidez rodeando uno de mis glúteos, presionando y abarcando por completo con la palma de la mano. Giré molesta y dispuesta a dar un golpe en media cara a quien se hubiese atrevido y me detuve ante la carcajada de Annie.

-¡Sólo quería comprobar que estabas alerta! -me dijo al oído.

-¡Eres una tonta! -respondí en un grito que con suerte alcanzó a escuchar debido al volumen de la música.

Archie sonreía por encima del hombro de mi amiga y besaba su cuello mientras atraía su cuerpo al suyo con ambas manos, sujetándola por las caderas. La música, las luces, todo en ese ambiente de locura se esparcía como contagiando a los asistentes a comportamientos bastante íntimos.

Y yo, buscaba entre todas esas personas a quien anhelaba con tanta fuerza encontrar, sólo necesitaba verlo. No reprocharía nada, ni mencionaría nada sobre sus secretos, sólo deseaba que se apareciera cuanto antes.

Al final llegamos a lo que parecía una explanada a un nivel más alto que el resto. Había barandales que rodeaban la zona y mesas privadas. Stear llegó hasta una de ellas, la más cercana al escenario. Entregó los pases especiales que nos daban acceso al lugar. Una tenue iluminación a colores por diferentes zonas. Eso parecía sin lugar a dudas una noche de antro y no tanto un concierto. Pero posiblemente, los conciertos eran algo muy distinto en Brasil y me dispuse a relajarme y pasarla bien.

Cuarenta minutos más tarde el lugar a mi lado permanecía vacío. Ya me había cansado de cruzar una pierna sobre la otra o tamborilear ansiosa los dedos sobre la mesa. Archie me miraba atento, metió la mano bajo su blazer y sacó una elegante cigarrera, me ofreció uno de sus sofisticados cigarrillos importados y lo encendió en mis labios.

Annie no dijo nada y evité mirar a Patricia ya que mis discursos sobre la salud y el mal hábito de fumar iban siempre enfocados a ella después de haberla obligado a dejar precisamente ese vicio.

Era bastante fuerte el bendito cigarro, evité toser para no parecer la típica adolescente que trata de impresionar a sus amigos. Me concentré en la sensación de mareo y aturdimiento que me generaba en el cuerpo. Le agradecí a Archie y con un asentimiento y una sonrisa respondió sin decir nada más.

Hasta entonces pude apreciar la cantidad de instrumentos en el lugar. Era prácticamente una orquesta la que estaría presentándose. Algunos de los músicos comenzaban a ocupar sus sitios al tiempo que la iluminación se tornaba un poco más clara en el escenario.

Imposible tratar de mantener una charla en ese lugar, pero estuve lo bastante alerta para escuchar cuando entre ellos se preguntaban por Albert, y del susodicho: nada. Ni una sola señal como las que Winston me había aconsejado encontrar. Revisé mi teléfono con la esperanza de encontrar otra llamada, pero no había nada. Ya estaba yo por terminar el segundo cigarrillo anestesiante, la bebida también me estaba ayudando mucho a enfocarme en la lentitud con la que mi cuerpo comenzaba a reaccionar, para no pensar tanto en el individuo que no llegaba.

Empezaba a hacerme a la idea de que esta noche alguien dormiría en la habitación del hotel: yo.

Para cuando la tercera llamada se escuchaba en el portugués más claro de mi vida, las luces se apagaron en todo el recinto y una iluminación azulosa enfocó exclusivamente el escenario. Dejé de pensar, de imaginar, dejé de suponer y buscar señales donde no las había. Albert no llegaría esta noche y sólo me quedaría una más antes de largarme a Chicago.

Sugerencia: Ana Carolina - Quem De Nós Dois (La Mia Storia Tra Le Dita)

Entonces el espectáculo comenzó; las luces azuladas iluminaron de pronto el escenario, ahí estaban ya todos los músicos ocupando sus lugares. Tres banquillos al frente con los cantantes y sus guitarras. Escuché los aplausos, los silbidos eufóricos de las personas y después de eso, el delicioso retumbar de unos tambores, las cuerdas de las guitarras y de fondo la orquesta. Los gritos emocionados de las personas y las voces a coro acompañando a la vocalista. Me sentí tan ajena a todo eso, la canción me transmitía un sentimiento que entendía a medias al no saber hablar portugués. Pero de igual forma la piel se erizaba en mis brazos con cada nota, con la potente y peculiar voz de la cantante...

Y mi alma tembló de emoción al sentir su abrazo cálido rodeándome, al respirar su delicioso perfume, al escuchar su grave voz de barítono traduciendo en mi oído cada una de las palabras de la canción...

Eu e você
Não é assim tão complicado
Não é difícil perceber
Quem de nós dois
Vai dizer que é impossível
O amor acontecer
Se eu disser que já nem sinto nada
Que a estrada sem você é mais segura
Eu sei você vai rir da minha cara
Eu já conheço o teu sorriso, leio teu olhar
Teu sorriso é só disfarce
E eu já nem preciso
Sinto dizer
Que amo mesmo, tá ruim pra disfarçar
Entre nós dois
Não cabe mais nenhum segredo
Além do que já combinamos
No vão das coisas que a gente disse
Não cabe mais sermos somente amigos
E quando eu falo que eu já nem quero
A frase fica pelo avesso
Meio na contramão
E quando finjo que esqueço
Eu não esqueci nada
E cada vez que eu fujo, eu me aproximo mais
E te perder de vista assim é ruim demais
E é por isso que atravesso o teu futuro
E faço das lembranças um lugar seguro
Não é que eu queira reviver nenhum passado
Nem revirar um sentimento revirado
Mas toda vez que eu procuro uma saída
Acabo entrando sem querer na tua vida
Eu procurei qualquer desculpa pra não te encarar
Pra não dizer de novo e sempre a mesma coisa
Falar só por falar
Que eu já não tô nem aí pra essa conversa
Que a história de nós dois não me interessa
Se eu tento esconder meias verdades
Você conhece o meu sorriso
Leu no meu olhar
Meu sorriso é só disfarce
Por que eu já nem preciso
E cada vez que eu fujo, eu me aproximo mais...

Tú y yo
No es tan complicado
No es difícil percibir.
¿Quién de los dos
Va a decir que es imposible
El amor suceder?
Si digo que ya no siento nada
Que el camino sin ti es más seguro
Yo sé que te reirás de mí en mi cara
Yo ya conozco tu sonrisa, leo tu mirada.
Tu sonrisa es sólo un disfraz
Que yo ya no necesito.
Siento decir
Que amo incluso, ser malo para ocultar
Entre nosotros dos
No cabe mas ningún secreto
Además de lo que ya hemos compartido
En vano las cosas que la gente dice
Que no nos queda más que ser solamente amigos
Pues cuando digo que ya no quiero
La frase dice lo contrario
Y cuando finjo que olvido
No he olvidado nada
Y cada vez que huyo, me aproximo más
Y si te pierdo de vista así, es demasiado malo
Y es por eso que atravesé tu futuro
Y hago de los recuerdos un lugar seguro
No es que quiera revivir ningún pasado
Ni revirar un sentimiento revirado
Pero cada vez que busco una salida
Acabo entrando sin querer en tu vida
Yo busqué cualquier excusa para no encararte
Para no decir de nuevo y siempre la misma cosa
Hablar solo por hablar
Que yo ya no estoy ahí para esa conversación
Que la historia de los dos no me interesa
Si intento ocultar medias verdades
Tu ya conoces mi sonrisa
Lees en mi mirada.
Mi sonrisa es sólo un disfraz
Que ya no necesito
Y cada vez que huyo, me aproximo más
Y si te pierdo de vista así, es demasiado malo
Y es por eso que atravesé tu futuro
Y hago de los recuerdos un lugar seguro
No es que quiera revivir ningún pasado
Ni revirar un sentimiento revirado
Pero cada vez que busco una salida
Acabo entrando sin querer, sin querer en tu vida...

Sentí el calor de su aliento dulzón rozar mis mejillas al tiempo que seguía traduciendo para mí lo que cantaba aquella mujer, cerré mis ojos y entrelacé mi mano a la suya por debajo de la pequeña mesa. Quería abrazarlo, besarlo en ese preciso momento. La oscuridad del lugar era idónea para hacerlo, mas la privacidad que requeríamos para tal efecto nos jugó en contra.

Mucho de lo que decía a mi oído tenía sentido... ¿era una de esas señales? Había también mucho que no comprendía. ¿De qué se trataba todo, de pretender que esa canción hablaba de nosotros?

Necesitaba respuestas, pero sería inútil tratar de hablarlo justo ahí. Así que opté por disfrutar y sentir, apoyé mi espalda en su pecho y me dejé envolver en su abrazo. Escuché su voz cantar algunas otras canciones y me estremecía de placer cuando en algunos momentos apretaba mi cintura ligeramente hacia él.


Lo que no pensé que pudiera suceder esa noche, sucedió sin posponerse un momento más. Tomé mis zapatillas en las manos y sentí la arena fresca envolver mis pies adoloridos. Habría deseado estar con él a la orilla de la playa, sentarnos juntos, con la entrometida luna brillando en lo alto, iluminando la noche, escuchando como testigo todo aquello que Albert iba a revelarme. Pero hasta ella se había escondido. Había presenciado tanto y ahora tan cobarde nos había dejado una noche tan oscura como el océano mismo.

Entramos a su cabaña. La corriente de aire que nos acompañó al interior hizo bailar los carrizos de bambú que colgaban suspendidos nuevamente en su lugar.

Dejé mi bolso a mi lado en uno de los sillones de la pequeña salita y antes de perderme en los recuerdos de la mañana, en todas esas fotografías, pinturas y secretos, observé una nueva imagen enmarcada en el centro de la mesa.

Me incliné para tomarla entre mis manos.

-Esta es nueva... quiero decir, no estaba en la mañana.

Albert se acercó a mí con una pequeña charola. Traía más aperitivos y bebidas y con una hermosa sonrisa respondió:

-Eres tú.

No recordaba cuando nos habían tomado esa imagen juntos. Estaba a mi lado, abrazándome, sonriendo... había sido la tarde del acuario y del Restaurante. Ahora había algo mío en su mundo, por primera vez sentía que me abría las puertas de su vida para quedarme.

-Hay mucho que no puedo decirte, pero hablaré de todo lo que si puedo...

-No me escondas nada...

Albert se sentó a mi lado y subió mis piernas a las suyas. Tomó mis pies y con sus manos comenzó a darme un masaje en ellos.

-Cuando te dije que tenía miedo de que supieras todo de mí, hablaba en serio. Te dije que pensarías que soy un loco, que escaparías pensando que te habías encontrado con el más grande de los lunáticos de éste mundo...

No pensaba interrumpirlo, así que me obligué a permanecer en silencio.

-Bien, no me queda mucho tiempo para hablar, así que aquí voy...

Se puso de pie y abrió todos aquellos cajones y puertas que yo había investigado la mañana anterior.

-Todo esto ha sido mi vida, yo... vengo de otro tiempo Candy. Un tiempo muy distinto a éste. Una época que dejé atrás por perseguir un sueño, un milagro...

Me acomodé en el sillón, erguí mi espalda y me bebí un buen trago de Whisky hasta sentir que me quemaba la garganta.

-La mujer de las fotografías, esa que es tan parecida a ti... no es mi abuela, ni mi madre... era mi esposa.

Hizo una pausa y ante mi silencio siguió hablando:

-Vengo de una época que no es ésta. Nací hace tanto tiempo que quizás tus bisabuelos eran gente que respiraba el aire al mismo tiempo que yo. Fui un hombre con un gran poder económico, con ambiciones que aunque no eran las mías me trajeron por negocios a Brasil. Viajé con mi esposa hasta este lugar, ella se empeñó en acompañarme porque esperábamos un hijo y no quería que me perdiera de verlo llegar al mundo.

Ella era hermosa, era el amor de mi vida. Antes que ella llegara a mí, ya había conocido a otras mujeres, algunas de ellas eran damas de sociedad, otras llegaron a buscar un pago a cambio de compañía. Pero a ninguna de ellas llegué a quererla como a mi esposa. -Hizo una pausa y bajó la mirada. Después buscó mis ojos con los suyos y me encontró expectante, seria.

-La conocí desde que ella era una niña y desde entonces sentí que nuestros caminos estaban destinados a cruzarse para siempre... que mi alma estaba conectada a la suya de una forma que no podría explicarte, porque ni yo la entiendo. Cada vez que ella enfrentaba un dolor o un problema, el destino se encargaba de ponerme en su camino para acompañarla, para confortarla. Sería cosa de estar toda la noche aquí sentados si te contara nuestra vida juntos...

-Y nada te asegura que no saldré por esa puerta antes de que termines de enumerar todas y cada una de las virtudes de la mujer de tu vida... todos los lazos increíbles que los unen para siempre.

Me escuché decir en un arranque de celos, esto iba a ser más difícil de lo que suponía. Hasta este momento había escuchado una serie de incoherencias de otro tiempo, de bisabuelos y épocas que no comprendía en absoluto. ¡Por Dios, ni siquiera había conocido a mis padres y este hombre se atrevía a mencionarme unos bisabuelos! Estaba mareada, incómoda, enojada; pero por ningún motivo tan idiota como para quedarme a escuchar la historia de amor de mí hombre con otra mujer.

Albert se sonrojó y dio un buen trago a su bebida.

-Soy el hombre que aparece en todas las fotografías, -señaló titubeante ante el legajo de imágenes que mantenía en mi regazo. -Ese de ahí no es mi abuelo... soy yo, Candy. Esa era mi vida antes de perderla, antes de perderme en este... lugar y este tiempo.

Lo miré tragándome la sal de mis lágrimas, la misma sensación de aturdimiento de la mañana oprimía mi pecho y me exigía salir de ahí corriendo. Pero necesitaba las respuestas y decidí seguir escuchando. Al dejarlo terminar su cuento absurdo podría decidir si quedarme o alejarme para siempre.

-Cuando ella murió, me convertí en una sombra. Me perdí unos meses aquí en Brasil. Me encerré en esta cabaña que había construido para ella y mi hijo y bebí tanto que me olvidé de todo, de mi realidad, mis compromisos, mi trabajo... pero nunca de ella, ni de mi hijo. Cada noche la encontraba en mis sueños, en mis delirios la veía entrar por esa puerta y hablarme, escuchaba su voz Candy... sólo deseaba irme con ella y seguirla a donde quiera que hubiese ido.

La historia en sí era demasiado triste. Sentía romperse mi corazón en pedazos al escucharle hablar con ese sentimiento, con ese dolor tan profundamente arraigado y no resuelto, pero más que todo eso, lo que me tenía al borde del propio llanto era el darme cuenta que el hombre del que me había enamorado estaba mal de la cabeza, no podía existir ni una pizca de cordura en alguien que creía con tal vehemencia en todo aquello. No podía ser cierto nada de lo que estaba diciendo.

-Fue entonces cuando mi familia me encontró. -Bebió de un sorbo el resto de su Whisky y se apresuró a servirse uno nuevo bastante más generoso. -George vino por mí y me llevó de regreso a Chicago. ¿Lo ves? Todo tiene sentido Candy... ¡Chicago!

Yo lo miraba tratando de encontrar eso precisamente, el sentido era algo que no encontraba en una sola de las palabras que me contaba con lágrimas en sus ojos.

-Albert... tal vez lo mejor sea que no tomes más de esto...

Me miró con decepción, el dolor en su mirada y la tristeza profunda en su rostro me traspasaron por completo cuando retiré de su alcance el vaso con la bebida ambarina.

-No me crees...

-Pienso escuchar todo lo que tengas que decir hasta el final. Pero preferiría que terminaras de contarme antes de terminar con las reservas de tu cabaña.

Se puso de pie y lo observé con atención. No se tambaleaba ni arrastraba las palabras. No presentaba la reacción de un hombre pasado de copas. Sacó de una caja las cartas de papel amarillento que yo ya había encontrado pero que por respeto no me había atrevido a leer.

-Todo esto prueba lo que digo...

Colocó aquellos documentos con olor a viejo y a secretos en mis piernas. Las toqué con cuidado, como si en mis manos se hubieran depositado las claves, las señales de las que me había hablado Winston... él, infame, otro loco que seguramente se había puesto de acuerdo con Albert para burlarse de mí.

-En aquella época tuve una tía que me amaba como una madre, una mujer fría de corazón para el resto de las personas, pero cálida y gentil con los suyos, empeñada siempre en las buenas maneras y en la opinión de la sociedad... no creí que ella pudiera ayudarme. Pero fue ella quien poseía un secreto...

-Albert... todo esto...

-Déjame terminar, te lo ruego. Si después de escuchar todo lo que tengo que decir decides irte, no voy a detenerte. Es un riesgo que sabía que existía y voy a aceptarlo como tal. Por favor Candy...

Pasar de admirar a un hombre, de sentir tanto por él y estar a un paso de abandonarlo todo por seguirlo, para en esa misma noche darte cuenta de las graves limitaciones mentales que le aquejan había sido demasiado para un corazón lastimado como el mío.

Y comencé a llorar, tenía miedo, mi mente aprensiva me empezaba a mandar impulsos de salir de ahí corriendo. La adrenalina en mi cuerpo comenzaba a fluir lanzándome advertencias de que quizás estaba frente a un loco, un peligroso demente que había sabido embaucarme en sus redes para después hacer lo que quisiera conmigo.

Mordí mis labios y me aferré a escuchar un momento más.

-Mi tía tenía tiempo insistiendo en alejarnos de América, de todo aquello que me recordara a mi esposa. Al principio me negué, nada me haría renunciar a ella, pero con el pasar de los días, las semanas y meses, me di cuenta que perdería la poca cordura que me quedaba si permanecía en Lakewood. A veces miraba su figura deambular por los pasillos de la casa. Escuchaba su voz llamándome y una vez... una vez juro que pude sentir cómo su gélida mano recorría mi brazo al tiempo que le escuchaba nombrarme.

Vivía atormentado por su recuerdo y sólo cuando me vi sumido en la consciencia de saber que nunca regresaría a mí, fue cuando decidí hacer caso a las peticiones de mi tía. Volvimos a la tierra de nuestros antepasados: Escocia. Llegamos a un lugar entre las montañas, donde había otras personas que decían ser parientes nuestros pero a quien yo no reconocía, o al menos, no recordaba. Pasaron algunos días hasta que una mañana llegaron más parientes. Todos parecían estar enterados de los recién llegados, excepto yo.

Recuerdo que uno de ellos, el más viejo de todos, sin hacer saludos o presentaciones, caminó hacia mí. Sacó una serie de amuletos de su bolso de cuero y los pasó por mi cabeza. Nos dio una serie de explicaciones en gaélico de las que sólo recuerdo algunas partes y me quedé dormido. Agotado.

Cuando desperté ya había amanecido de nuevo. El anciano me dijo que debía ir con él a algún lugar. Sin preguntar demasiado y sintiendo mis fuerzas bastante renovadas, accedí. Sabía que me ayudaría de alguna manera, cualquier tipo de ayuda era mejor que esperar a que algo sucediera con el paso de los días... comprendí que había viajado hasta allá con un propósito, nada era una casualidad. Así que me dejé llevar.

Caminamos por valles y veredas. Recuerdo que esa mañana anduve detrás de él sin hablar, sólo lo más mínimo. Al fin después de un par de horas caminando llegamos a un claro rodeado de pastizales. Había una serie de piedras acomodadas en una especie de espiral. Me llevó al inicio de ésta y me dijo que el camino lo haría yo solo. Dijo que no tenía mucho tiempo, pero que volvería a verla. Que había una magia muy poderosa, un pacto entre los dioses y los mortales... pero sólo si ella era a quien yo buscaba se completaría el camino. Sólo si ella reconocía en mí a aquél que había dejado, podría volver a conectar mi alma con la suya.

Bebí un brebaje que el anciano Andrew llevaba preparado en una especie de cantimplora y dejé que me untara una grasa aromática y extraña en las sienes.

Entonces comencé a caminar sin miedo, no llevaba nada conmigo, salvo la mente abierta. Cualquier cosa que pudiera suceder después de todo lo que ya había vivido sería un mero juego de niños.

Al avanzar por el círculo que cada vez se volvía más estrecho recuerdo haberle preguntado: -¿Qué hago cuando llegue al final?, pero no escuché respuesta, me volví hacia el anciano familiar que me había llevado hasta ahí y a mi alrededor sólo había bruma, una blanca y espesa neblina que no estaba cuando habíamos llegado.

Sentí miedo, tuve miedo de haberme dejado guiar por un brujo, de haber bebido algo que me hubiese enervado los sentidos. Pero ya era tarde, porque sin seguir dando un solo paso, había llegado al centro del círculo.

Seguía observándolo, a veces me encontraba hasta conteniendo la respiración por un breve lapso. Imaginando los detalles, los paisajes que había fabricado ante mis ojos mientras narraba su historia. Todo aquello era digno de un cuento bien elaborado para entretener a cualquier grupo de personas, desde los más inocentes hasta los más fieles seguidores de hechizos, magia y eventos sobrenaturales. Pero no a mí. Me mantuve quieta, callada; no deseaba interrumpirlo para no alterar su estado de relativa calma.

-Desperté en una cama de hospital, en este tiempo tuyo. Aterrado al encontrarme con tantos aparatos y zumbidos que no existían cuando yo tenía mi vida en los años treintas.

Era un hombre de treinta y cuatro años cuando viajé por última vez a Escocia, de ahí regresé a un hospital de Brasil en 2015. Nada tenía sentido Candy, nada lo tiene. Nada de lo que había conocido hasta entonces existía ya y con todo y eso vivo en este presente, en este momento.

Salí del hospital y omití contar mi propia verdad, sabía que si decía algo a las personas que me rodeaban me encerrarían en un manicomio, me mirarían con esa cara con la que tu me miras ahora y no podría encontrar nunca el extraño propósito de enviarme a este tiempo.

Me encaminé de inmediato a lo que conocía de Brasil, busqué esta cabaña y encontré a la familia de Winston Alipio viviendo en ella. Su tía tan parecida a la mía, me miraba con una expresión recelosa, desconcertada, pero no me echó de aquí. Me dijo que ya había sido informada de que yo llegaría alguna vez, mi nombre, mis rasgos físicos. Que ella pensó que sería parte de una historia extraña que le había contado su madre desde niña. Pero ahí estaba yo, como la más clara evidencia de que hay cosas que escapan de nuestro entendimiento.

Un tiempo viví con ellos, pero al cabo de un año, mi nueva tía ya que así decidí llamarle y Winston, alguien que se volvió como un hermano para mí, buscaron otro lugar para vivir.

¿Estás cansada? -Interrumpió su historia.

-¿Perdón?

-Ya te cansé con tanta plática.

-No Albert, me parece una historia fantástica. Es sólo que...

-Que no puedes creerme...

-Hablemos mañana, ¿te parece? no me he cansado de escucharte, pero mi cuerpo está rendido. Creo que es mejor que me vaya.

-¿A donde quieres irte?

-Yo...

-Candy no vas a ir a ninguna parte, el que se va soy yo. Entiendo que todo lo que he dicho ha sido demasiado para ti...

Albert se puso de pie y tomó una chaqueta de cuero. Me dio las llaves de su cabaña y antes de salir me dijo:

-Cierra con llave para que estés segura.

-No es necesario que te vayas, Albert, ésta es tu casa.

Pero no se volvió a mirarme, caminó por la arena y tomó el camino que llevaba hasta su automóvil. Lo miré hasta que lo perdí de vista. Cerré con llave y suspiré cansada, triste, aturdidamente decepcionada y rota. Me sentía como parte de una mala broma, sentía que había llegado al final del Código da Vinci para enterarme de algo que me parecía simple y sencillamente irreal.

Albert no era quien yo creía conocer. No era un hombre en sus cabales y eso me había hecho pedacitos el alma.

Me acomodé en su sofá, por ningún motivo dormiría de nuevo en su cama, en la cama de un loco que me había dado la estocada final en este bendito viaje.

Sólo esperaba que no se apareciera mientras estaba dormida para intentar estrangularme, deseaba volver a Chicago más que nunca, me dormí pidiendo a Dios regresar a mi vida, a mi trabajo, quería volver a ver a mamá Pony y dejar esto en el pasado, olvidarlo si era posible. Ni perder a Antoine me había dejado sumergida en un abismo tan profundo y oscuro como en el que ahora me sentía.

Las lágrimas mojaban mi brazo, no tenía sueño pero me dormí por el cansancio. Esa noche fue pesada hasta en mis sueños, soñé tanto, soñé con Albert, con Chicago, con personas que jamás había visto o que también había olvidado...

...

..

.

Continuará...

Gracias:

venezolana lopez: Gracias venezolana! Pues por ahí vas acertando. A estas alturas ya saben que es lo que ha pasado con Candy y Albert, aunque falta muy poco para que esto se acabe. (jajajaja dije eso desde el capitulo anterior a este, creo) Saludos y gracias por seguir leyendo!

Pivoine3: Bonjour Pivoine3: Vous avez presque découvert le sens de cet enchevêtrement, merci pour votre soutien chapitre par chapitre. Je le valorise beaucoup! Salutations!

Ana Isela: Síiii, imaginate un locadio con esas características! yo me quedaría con él antes que vivir con un amargoso, horripilante y cuerdo!

Adoradandrew: Jejejejeeee, si mi hermosa Adorada! me escondí un poquito con eso de la clasificación M, pero es que ya he narrado cosas muy subiditas de tono, (con todo y mi bloqueo para narrar escenas sexosas como una amiguita me dice a veces) y como que ya no se me hacía para clasificacion K, T o esas cosas. Candy sigue en su plan de no darse cuenta de las señales, pero, ¿será que falta poco para que lo descubra? Saludos hermosa y que todo vaya bien en tu vida.

Only D: Preciosa de mi corazónnnn! Usted hablando de maestría para escribir?! Bahhhhhh! donde me escondo porque me avergüenza con esos cumplidos que no merezco ¡y menos viniendo de ti Dayiiiii! Mi sensei! Creo que en este capítulo voy a decepcionarte un poco con eso de que Candy no es pendeja... jejejeje. Bueno, todo depende desde el punto de vista de cada quien. Yo trato de ponerme desde su lugar en el que ella no sabe en que termina esta historia y siente desconfianza por Albert y sus revelaciones. Pero desde el punto de vista del lector, pienso: ahhh que brutaaaa! pues que no ves que eres tu y estás reencarnandoooo?! jajajaja. Gracias por tu apoyo, por darme ideas para las historias que me quedan pendientes, por apoyarme en esta. Gracias por todo! Te mando un beso.

MadelRos: Gracias bonita porque leerte es un agasajo, cada comentario tuyo es un regalo y como tal, no puedo menos que agradecerte enormmeeeeeee por el detalle tan bello de analizar cada capítulo y regalarme tus opiniones tan acertadas y motivantes para apurarme a lo que sigue. Eres una lindura! Y en serio tus reviews directos y sin escalas al corazón! Un abrazote enorme para ti.

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Ya tengo el siguiente capitulo, me falta editar y eso, pero ahora si no me tardaré! I promise!