VIII: Mar de tentaciones

Faith se quedó quieta ante el susurró, y Kain la imitó. No sabía que decir o que hacer, por lo que se limitó a mirarla. Parecía más concentrada que él. Como si aquel ruido hubiera sido un grito de alguien, aunque para él no fuese así.

La chica observó el cañón con curiosidad. No podía dejar de mirarlo fijamente. No fue hasta que Kain le tomó una mano con delicadeza, llamando la atención de ella.

– Debió ser algún animal – Expresó la muchacha, sin terminar de convencer a su compañero – Es mejor que volvamos a la tienda.

La chica se levantó del suelo con un solo movimiento. Y regresó hasta su tienda, en compañía de Kain. Este último no le dio más importancia al tema, no obstante Faith parecía consternada… ¿"Sangre de mí sangre"? Kain no le había dicho nada, y confiaba en él. Pero si no había escuchado aquello, ¿por qué ella sí?

La mañana llegó con éxito a Gerudo, despertando con algunos rayos del sol a los muchachos de la brigada alfa. Para cuando los demás despertaron, el capitán y Faith ya estaban arriba y preparando algo de comer. Suerte que, por alguna razón, al lado del santuario había una cacerola abandonada, y una pequeña área de fogata.

Faith había limpiado la olla, y Kain había cocinado. Siempre se les veía haciendo un buen trabajo en equipo, desde el día en que decidieron hacer una tregua. El olor también había atraído a los muchachos, era uno dulce y agradable, como el de alguna fruta puesta al fuego, una particular.

El irresistible aroma había resultado ser manzanas a la mantequilla con miel de abeja, ya estaban listas para comer. Además la chica había sacado un poco de pan de una bolsa dentro de su mochila. Y en otra, la de Frederick, iba leche fresca, mantenida a buena temperatura gracias a una pequeña botella hermética, o algo así había dicho el capitán Edward.

El desayuno fue ameno y habían platicado como si no hubieran dicho nada la noche anterior, y se alistaron rápidamente para poder adentrarse en la guarida de los Yiga.

Habían dejado sus pertenencias "innecesarias" para la misión dentro del santuario de antes. Tomaron sus armas que venían bien camufladas entre todo el equipaje y vistieron partes de sus protecciones, como la cota de malla, por ejemplo.

Una vez completamente listos, marcharon internándose en el cañón. Este era algo cálido, pero no demasiado. Era como si dentro hiciera más frio. Ante la amenaza, los muchachos se habían preparado con prendas cálidas para la ocasión. Ni bien mal habían acertado. Conforme se acercaban a la guarida, la temperatura decrecía.

– No es nada mágico, por si lo piensas, Alan – Dijo Tora hacia el rostro del muchacho – Estamos muy cerca de los alrededores de la Cordillera Gerudo.

– Es verdad. – Mencionó Kain mientras caminaban sigilosamente – Yo también recuerdo algo así, en el mapa.

– Nos hubieran avisado, quizá – Comentó Samuel, tiritando de frio. El muchacho parecía no acostumbrarse demasiado a climas extremos.

Siguieron el camino, observando la cantidad inmensa de estatuas extrañas con el símbolo sheikah invertido. Lo que causó confusión a los presentes. ¿Para qué tenían todos esos adornos? Había banderines colgando, y se escuchaba el sonido de castañuelas, pero todo parecía muy viejo.

La entrada fue muy sencilla de pasar. No había nada ni nadie, tan sólo enormes cortinas adornando, y el pasadizo principal, que seguramente llevaba a la entrada de la guarida.

Los muchachos avanzaron, sin encontrar una sola alma dentro de esa "fortaleza" y lo único que encontraban era tesoros abandonados o arrumbados por doquier. Sobre todo, algunos plátanos bélicos, más que otras cosas, en cajas o arrumbados como un tesoro de algún mono o algo parecido.

Pero ningún rastro de lo que necesitaban: Yigas.

Sin embargo, al final del trayecto pudieron escuchar unas voces. Unas voces chillonas y torpes, riéndose como si estuvieran pasando un buen rato. Los muchachos no dudaron en ponerse en posición de combate, esperando que no les descubrieran.

– Ahora que el campeón derrotó al señor Kogg y a Ganon, ¿qué se supone que debemos hacer? – Cuestionó uno de ellos, con una voz torpe y entonación floja.

– Vivir como sea. De todas formas nuestro otro líder se fue. Aun después de que lo cuidamos cuando el Campeón Hyliano lo dejo moribundo. – Comentó otro con un tono relajado, como si eso hubiera sido nada.

– Deberíamos delatarlo con la reina – se rieron unos cuantos – Aunque no sé qué podrían llegar a hacerle. Después de todo hasta se cambió el apodo, y está juntando gente. Para quien sabe qué cosa – Los demás siguieron riendo por lo mencionado.

– Sí, claro. Ponte enfrente de la reina para que llegue el Campeón Hyliano y te asesine – Los demás volvieron a reírse, ahora más alocadamente. No obstante, las risas cesaron en cuanto Faith sostenía a uno de sus compañeros por detrás y con su espada rozándole la garganta.

Los muchachos tomaron a otros cinco de la misma forma que ella, y sólo había uno libre, que se encontraba aterrado por la intromisión tan repentina.

– ¡Ah! ¡D-Déjenos en paz! – Dijo, arrodillándose sobre el suelo, casi con una voz ronca – ¡N-No volveremos a burlarnos del Verdugo!

– ¿El Verdugo? – Preguntó Kain, interesado – ¡Digan donde se esconde ese tal verdugo o los asesinaremos con un solo movimiento!

– ¡Diles la información Kaname!
– ¡Diles!

El hombre observaba aún con terror la escena, retrocediendo. Faith miró desafiante al hombre, con mucho desprecio.

– Sí así lo quieres – La chica rozó un poco la espada contra el cuello del hombre, y este gritó estruendosamente.

– ¡Déjale! Te diré dónde encontrarlo…

Faith dejó de hacer presión, pero sin soltarlo.

– No le haré nada, siempre y cuando nos digas exactamente dónde está ese tal verdugo. Sabré si mientes, así que una sola cosa errónea que digas, y el siguiente después de ellos serás tú – La chica no parecía bromear. Sus ojos eran firmes y fieros, como si en un movimiento en falso le fuese a degollar el cuello a su rehén.

El hombre comenzó a explicar la ubicación y como entrar desapercibidos. Ese lugar era sitio de gente de mal agüero. Y hasta les ofrecieron ropas adecuadas para entrar a un lugar de mercenarios y ladrones, la peor calaña de Hyrule.

– Cerca de donde antes había una Moldora, en los límites del desierto, antes de llegar a las tormentas de arena. Al sur de la Ciudadela Gerudo, y al oeste del Gran Fósil. Ahí habría una cueva donde se escondería el verdugo. – La castaña, que iba cerca de sus compañeros observó el lugar con una vista de ave – Ahí… lo veo. Unas antorchas y la cueva.

Antes de acercarse, se miraron entre sí, poniendo en marcha su plan.

Tora y Faith estaban vestidas de Gerudo, la joven castaña con el top que Kain le había comprado, además de completarlo con una falda de un azul un poco más claro que el de su top y tacones que los Yiga tenían por alguna razón. Tora con la misma ropa Gerudo que Faith, pero en color rojo. Por otro lado, Kain y Frederick harían el papel de bandidos, trayendo a esas chicas nuevas al sitio. Ambos con una capucha hyliana, ropas desgastadas y con apariencia sucia. Samuel y Alan esperarían afuera del recinto, en un lugar donde nadie podría verlos.

Los cuatro jóvenes entraron a ese extraño bar. Los hombres le miraron con extrañeza, y uno de ellos, desconfiado de su presencia, les impidió seguir caminando.

– ¿A dónde creen que van, niñitos? – Comentó con brusquedad, haciendo enojar un poco a Kain.

– ¿A dónde más, viejo? Hemos traído mercancía del bazar Sekken, ¿no ves? – Contestó el rubio, jaloneando a Faith.

Las chicas mantenían una expresión de enfado, además tenían tapada la boca con un trapo, y las manos atadas. Parecían intentar llorar del coraje.

– Esa no parece una Gerudo – Dijo el hombre, enfocando su mirada en Faith.

– Pues debe ser una turista. ¿Pero no le parece que es muy bella? Tuve muchos problemas en contenerme de darle una pequeña probada – Comentó el muchacho nuevamente, posando la cara de Faith contra le suya, esbozando una sonrisa depravada.

– Pues que bien que no se te ocurrió. Sabes que antes de eso, son los clientes, y puede que le guste al líder.

– Sí, supongo. Que lastima – Kain parecía meterse bien en el papel. El hombre tomó las riendas de las chicas, pero antes de que se las llevara, el rubio le arremetió una nalgada a la castaña, que la hizo girar la cabeza con un enorme sonrojo y el ceño fruncido– Lo siento, amigo. Era demasiado tentador.

– Ah, estos tipos. Los más jóvenes siempre son los más estúpidos – El hombre les dijo unas cuantas cosas a las chicas, mientras las amenazaba con un cuchillo y estas asentían con todo lo que les decían. Las hizo entrar en un pasillo, a través de una cortina. Ahí se escuchaban un montón de sonidos desagradables. Desde gemidos, hasta golpes y llantos. – Muy bien, pequeñas zorras. A trabajar.

Las metió a cada una en un cubículo, dejándolas a solas, o casi solas. La estancia estaba apenas iluminado por unas velas. La primera en dejar fuera de combate al tipo que se le había intentado acercar, fue Tora. Faith estaba sola en su sitio. Como esperando pacientemente.

Por otro lado, los dos muchachos revisaban el bar. Había una mujer Gerudo en la barra. Parecía vieja. Se acercaron hasta ella para pedir una bebida.

– Parecen muy jóvenes para beber un noble afán – La mujer les sirvió un vaso con una especie de jugo – confórmense con eso.

Los hombres cercanos comenzaron a reírse de los muchachos, que tomaban con una amarga sonrisa el jugo que la vieja Gerudo les había dado. Revisaban con la mirada cada centímetro hasta el hartazgo, pero no había rastro de alguien más imponente que el tipo de la entrada.

– ¿No irán con el viejo de la tienda a por más mujeres? – Preguntó uno de los hombres, pasado de peso, mal oliente y viejo.

– Ve tú, anciano. Ya les hemos traído a dos hermosas muchachas, y cruzar el desierto de nuevo no me apetece – dijo Frederick con un tono autoritario.

El hombre masculló maldiciones ante las palabras del castaño, que lo hicieron reír por lo bajo. Luego dejaron de preguntarles cosas, tan sólo les miraban. Especialmente enfocaban su vista en Kain. Pese a su rostro serio, imponía miedo y respeto, quizá porque en ese momento el papel lo requería. Kain realmente estaba dentro del personaje en esos instantes. Veía con ojos malos la habitación a donde habían metido a las chicas.

El rubio se levantó del asiento de la barra y se encaminó hasta la habitación. – Déjame pasar – pero el hombre de antes bloqueaba la entrada.

– Ya te dije que son para los clientes. – expresó el hombre con el ceño fruncido.

– Acabo de pedir una bebida, y si quieres que te pague, lo haré. Robé lo suficiente. – Kain le extendió una bolsa con rupias. El hombre las contó, eran demasiadas. Tomó dos doradas y el resto de las metió en el bolsillo – Las demás son para el jefe, más te vale darselas.

– Bien, haz lo que quieras con la que traías. – el hombre le devolvió su saco de rupias ya vacío y dejó que pasara.

Era un pasillo extenso con un montón de cubículos. Tuvo la misma impresión de mal agüero al entrar y escuchar todos esos sonidos desquiciantes, y le daban ganas de entrar a cada uno de los sitios para sacar a las mujeres que estaban torturando. Sin embargo, Kain no podía hacer aquello, aún. Entro hasta donde se suponía que estaba la chica, y esta lo había tomado por el cuello tan sólo cruzar la puerta, hasta darse cuenta que era su compañero.

– Vaya, así que ya noqueaste a uno. – dijo con una pequeña sonrisa divertida, mirándola.

– Intentó hacer porquerías conmigo. ¿A caso tengo que dejarlos? – dijo ella con un gesto de mal genio – Y tú, más te vale que tengas una buena excusa de haber golpeado mi trasero.

El muchacho comenzó a reírse, pero el maleante estaba despertando, e intentando llamar al guardia de afuera. La chica lo golpeó con fuerza. Tomó la cuerda de antes que ella tenía, sujetó a ambos maleantes de manos y pies, y luego les amarró sobre la boca un pedazo de tela, como el que ella tenía antes. Después los escondió en un punto ciego de la puerta, para que al entrar nadie pudiera notarlos.

– No vine a disculparme. – El muchacho se abalanzó contra ella, tirándola sobre una pequeña cama dentro del cubículo – Vine a decirte que no veo a su líder.

– Hay una puerta en medio del pasillo – dijo a duras penas, sintiendo el calor subiendo hasta su cabeza. – Hazte a un lado.

– Bueno… también pagué por ti. Fuiste algo cara. Seiscientas rupias. – el muchacho le acarició el rostro, y esta comenzaba a sentir aún más calor sobre sus mejillas.

– N-No digas estupideces. Estamos en…

El muchacho rozó sus labios contra el abdomen de la chica, haciéndola gemir un poco por su acto repentino y sin vergüenza. Las sostenía de las manos con fuerza, y su cuerpo casi encima de ella no le permitía moverse.

– Has más sonidos sucios – dijo el joven, con seriedad en el tono esta vez – El hombre merodea el sitio y dos veces se paró frente a tu puerta. Casi se percata de que no está pasando nada.

La chica le observó. Sus ojos parecían preocupados al momento de hablar. Como si le hubiera entrado miedo de que fuesen descubiertos, y ella la pagara caro.

– B-Bien – La chica volvió a gemir, esta vez con un tono casi fingido. El muchacho rodó los ojos en blanco y luego volvió a pasar su boca sobre el abdomen de Faith.

Pasaron un rato de la misma forma, pero esta vez eran otras partes. Entre su cuello y su rostro, caricias en la espalda, masajes sobre sus hombros y la clavícula. Antes de darse cuenta, mantenía a la chica encima de él. Había meneado sus caderas contra su entrepierna. Ella no pudo evitar gritonear unas cuantas veces.

– E-Esto vas a pagarlo caro – dijo ella, siendo aún sujetada de ambas manos del muchacho.

– Lo siento, pero no sabes fingir placer – comentó el muchacho, tocando por fin un lugar prohibido, y siendo abofeteado por ella – Perdón – dijo el muchacho, esbozando una sonrisa de nervios. Se le había pasado la mano.

Unos pasos se aproximaron a donde estaba el cubículo de ella. Kain y Faith se miraron entre sí, podían haberlos atrapado. El muchacho se quitó rápidamente las prendas de arriba.

Cuando el hombre entró a la habitación, observó con un rostro divertido la escena. La chica sujetada de las manos por el muchacho, con el pecho descubierto.

– ¿Eh? Toca antes de entrar, maldito – Dijo Kain con un gritillo enfadoso.

– Lo siento, casanova. Parece que la chica lo disfruta, es la primera vez que veo a un galán por aquí. – Comentó el hombre con una sonrisa maliciosa, sin apartar la vista del pecho de la chica.

– Prefiero que las chicas caigan ante mí, antes de que me teman. Se siente mejor cuando ellas aprietan por placer que por miedo. Ahora largo, que apenas comenzaba – el hombre cerró la puerta con cuidado, y una vez se apartó, estos dos suspiraron de alivio.

Faith se tapó el pecho con ambas manos y el rostro sonrojado.

– Por poco – dijo el muchacho, luego dirigió su mirada a ella, sintiendo como el calor también se apoderaba de él. Acercó su rostro hasta pasar su boca por el cuello de Faith, bajando de ahí a su pecho, y relamiendo un poco hasta llegar nuevamente a su cuelo con pequeños besos. Finalmente, y antes de acercarse a su rostro para por fin besarla, el otro hombre volvió, interrumpiéndolo abruptamente. – ¡Carajo! ¡¿Qué mierda quieres ahora?! – expresó el joven con una mirada de muerte.

– Lo siento muchacho, pero Sangre de Centaleón quiere ver la mercancía. Después de la Gerudo sigue ella, así que date prisa. – El hombre cerró la puerta. Abrió la de en frente, donde estaba Tora, y luego se dirigió hasta el fondo del pasillo.

Los hylianos se miraron entre sí, habían conseguido encontrar a su objetivo y esbozaron una sonrisa alegre.

– Esto terminara pronto – dijo la joven, volviendo a colocarse sus prendas encima, y tomando un puñal de uno de los tipos.

– Concuerdo. Si tenemos a su líder, esta misión estará completa – Dijo el muchacho, seguro de sí mismo, e igual que ella, volviendo a vestirse.

Abrieron la puerta con mucho cuidado. En el oscuro pasillo sólo se veían unas cuantas velas. Cerraron despacio la puerta y luego tocaron con suavidad la del pasillo, para escuchar una gruesa voz tras esta que les indicaba el paso. Los hylianos entraron. Primero Faith, siendo tomada de las manos por Kain, y luego el joven, cerrando el gran portón con la misma suavidad que antes.

– No te conozco… – Anunciaron un par de ojos dorados en la oscuridad.

– Soy nuevo, señor – dijo el muchacho, con un tono cortes.

– Soy yo el que autoriza sangre nueva, ¿no te lo dijo el vendedor? – preguntó con sutileza. Parecía que era difícil engañarle.

– El vendedor es un viejo estúpido. Imagino que es por eso que le ha dejado aquella marca tan fea sobre su cabeza calva. – Expresó Kain con seguridad y con una sonrisa.

El hombre soltó una carcajada. Su tono de voz frio no daba más que un mal augurio, y causaba un tanto de temor. Faith sentía la piel erizársele.

– Si, es un estúpido. Pero no hay nadie más estúpido que la reina de Hyrule y su falso rey – dijo el hombre, levantándose de su asiento y dejando caer algo pesado sobre el suelo. Se acercó hasta una farola, y con un par de espadas sacó una chispa que dejo ver un poco más de luz en la habitación – Enviando a unos niños estúpidos, creyendo que pueden venir aquí como si nada sin recibir un castigo ejemplar.

Tan pronto como hubo un poco más de luz, se percataron de que aquello que había caído al suelo con fuerza se trataba nada más y nada menos que el cuerpo de su compañera, dando pequeños respingos mientras los observaba.

– ¡T-Tora! – Dijo Faith con la sangre helada.

– ¿Ven? Ni siquiera pueden aparentar que no la conocen, mucho menos ser estoicos ante un cadáver. Son tan estúpidos – El hombre se acercó hasta ellos con dos enormes espadas de centaleón. Faith pudo reconocerlas. No eran de cualquiera, eran espadas colosales, que sólo los centaleones plateados poseían. – Ahora, mueran junto a esa pequeña insolente. Las Gerudo son personajes despreciables. Es una lástima verme como ellas – Era cierto, Kain pudo apreciar sus ojos dorados, su cabello carmín y su piel morena.

– No lo son – dijo Faith, mirándole a los ojos a media marcha – Son mujeres nobles, con causas nobles. Mujeres fuertes e intrépidas… y tú, sólo eres un sucio bastardo con aires de grandeza.

– ¿De verdad va a decirme eso una pequeña niña cómo tú? – el hombre sonrió, hasta que sin darse cuenta, estaba sangrando de la mejilla derecha.

– No soy una niña, soy caballero de Hyrule y la futura campeona que va a matarte – La chica tomó un mandoble Gerudo que se encontraba como adorno sobre la pared. Se abalanzó como la daga que le había arrojado. Rápida, certera y con rabia.

El hombre no se esperaba aquello. Esa pequeña niña, ese insecto, era tan fuerte como un hombre. Lo había sacudido con más de tres golpes. Pero era fuerte, y a pesar de la fiereza de Faith, el hombre no hacía mucho esfuerzo.

Se miraron a los ojos fijamente. Los de ella irradiaban una enorme rabia contra él, pero algo logró consternarlo. El color de sus ojos era muy parecido a un fantasma del pasado que lograba atormentarlo como ningún otro. Un recuerdo lo dejo abierto en uno de los fieros golpes de la chica, y el mandoble logró rozarle otra parte del cuerpo.

El hombre se enfureció con fuerza y arrojó a la chica con uno de los golpes más fuertes que tenía. Con un solo movimiento había logrado dejarla un poco desorientada. Había chocado contra la pared.

– Muere… aunque ha sido un gusto – el hombre iba a pisotearla, pero Kain se interpuso con un escudo que también decoraba el cuarto. Y con una espada cercana, bloqueo la otra enorme arma del hombre.

– ¡No te voy a permitir que la dañes! – Dijo el muchacho. Afuera también se escuchaba la batalla. Quizá los refuerzos estaban ahí. Aunque Kain estaba preocupado, no podía dejar descubierta a Faith.

El hombre se enfocó en el muchacho, golpeando con fuerza a su protección y la espada. El metal resonaba en la estancia sin detenerse. Las energías de Kain se estaban viendo mermadas. Pero el sólo tenía en mente una cosa: proteger a Faith.

– El amor es fuerte, pero la fuerza verdadera, el poder verdadero, viene de uno mismo – el hombre esbozó una sonrisa después de terminar rompiendo el escudo de Kain. Lo pateo en las costillas, tronando el cuerpo del muchacho como si fuese un juguete.

Estaba a punto de darle el último golpe, pero Faith se interpuso. Sus ojos estaban llenos de valor y de coraje. Había tomado las manos del hombre y lo había hecho retroceder. Tomó la espada de Luna que antes tenía Kain para hacerle frente sin decir una sola palabra. La respiración de la joven era salvaje, era…

– Igual que él hombre de ojos azules – dijo el hombre con una sonrisa de satisfacción.

– ¡Eres un maldito! – La chica volvió a dañarlo una tercera vez en la contienda.

El hombre se carcajeo sin parar un montón de veces. Sonrió hacia la joven y luego retrocedió, cerca del cuerpo de Tora.

– Han pasado más de diez años sin pelear con alguien igual de fuerte que el Campeón de Hyrule. Esperaba encontrarlo hoy, pero parece que ha desaparecido así como en la leyenda… sólo me queda esperar su reemplazo – el hombre volvió a reír abasto y luego la observó – Espero volver a encontrarnos, cuando tengas la fuerza necesaria. Ahora sólo sería un desperdicio matarte.

La puerta principal fue abierta abruptamente, dejando ver a Koko y Edward. Los muchachos quedaron con la piel de gallina al ver a la joven Gerudo casi inerte sobre el piso. Y el enorme hombre, casi como una bestia, sonriendo sin parar. Tan sólo calló al ver a Edward.

– Otro como yo, abandonado pero con suerte hacia una tierra cálida y donde el viento sopla con amabilidad, ni vientos helados por las noches, o el infernal calor del desierto – dijo para luego desaparecer en una nube de humo.

Faith corrió hasta Tora, que se encontraba con los ojos abiertos, aún. Había alcanzado a tomar la mano de Faith, como queriendo que bajara su rostro hasta el suyo.

– M-Ma… mata… mátame – dijo a duras penas. Koko corrió hasta ella, encontrando una daga clavada en su espalda. La mujer la revisó meticulosamente en unos cuantos segundos.

– N-No puede ser – dijo Koko con la sangre helada – Lo siento… – Koko le clavo la daga en el corazón.

– ¡Qué has hecho! ¡Pudimos salvarla! – Gritoneó la castaña, no obstante Koko negó con la mirada y le brotaron las lágrimas.

– De este veneno aún no se encuentra una cura. Brebaje del verdugo, le dicen. Una mezcla de venenos que matan lenta y dolorosamente. – La sheikah bajó la mirada. Cerró los ojos de la Gerudo y se encaminó hasta Kain, para revisarlo.

Faith estaba petrificada, mirando a la Gerudo con un dolor terrible sobre el pecho. Un grito desgarrador la dejó vencida, desmayándose sobre el suelo sin decir una palabra más. La noche más terrible de su vida como caballero hasta el momento. Pero con seguridad, ese hombre pagaría sus crímenes tan horriblemente como había hecho desaparecer de este mundo a su compañera.

FIN DEL ARCO I: "RIVALIDAD Y COMPROMISO"


Hola uwu sí, este es el final del arco I, y veremos que pasa en los sienguientes caps, inicio del segundo arco. Nos vemos en dos o tres uwu Me tomaré un pequeño descanso uwu Byebye

PD: EL SIGUIENTE ARCO SERA ESCRITO POR SEPARADO.