Hetalia no es mio
Fanfic inspirado en la baraja de cartas "Cardverse" de Arte Stella de Himaruya Hidekaz
Corazones (Rojos) / Rey: Alemania / Reina: Japón / Jack: Italia
Diamantes: (Amarillos) / Rey: Francia / Reina: Liechtenstein / Jack: Suiza
Trébol: (Verdes) / Rey: Rusia / Reina: Hungría / Jack: Austria
Espadas: (Azul) / Rey: America / Reina: Inglaterra / Jack: China
Jokers: Prusia y Sealand
Capítulo 10. Feliciano
Feliciano Vargas era un muchacho alegre, siempre había sido apasionado por el arte, la música y la comida; y le encantaba jugar, había jugado muchas veces en su vida, y con diferentes personas: con su hermano, con su abuelo, con Antonio, con vecinos y distintos niños que encontraba en su camino; pero había una persona, siempre hubo un niño con el que nunca pudo jugar, por más que quiso buscarlo sabía que era imposible lograr que Ludwig Beilschmidt jugara con él.
Feliciano suspiró, no sabía exactamente cuánto tiempo había estado enamorado del actual rey. Se atrevería a pensar que fue desde la primera vez que lo vio, jamás pensó que podría ser correspondido, y maldijo el que las cosas fueran así. Simplemente ¿Por qué Feliciano no fue hijo de alguna persona con mucho dinero? O una familia que fuera imprescindible en Hearts, hijo de algún magnate líder de uno de los pilares de la economía del reino, que fuera tomado como un candidato para merecer a Ludwig Beilschmidt.
Jamás elegiría tener una familia diferente a la que pertenecía, así que no lamentaba su nacimiento. Pero en ese caso ¿Por qué no fue el rey una persona de humilde origen? ¿Por qué no pudo Feliciano tener la suerte que Arthur Jones-Kirkland tuvo?
Pensó que podría ser como un libro abierto, y lo fue por mucho tiempo. Practicó hasta que supo el secreto para mantener sus sentimientos de amor desconocidos al rey. Solo se concentraba en pensar en otras cosas cuando Ludwig lo veía a los ojos, Feliciano pensaba en todo menos en el rey, comida, vino, pinturas… Lo que fuera con tal de no mostrar el amor que sentía por él. Aunque había tenido sus fallas, había mostrado otro tipo de emociones, e incluso el rey se había dado cuenta de que se sentía atraído hacia él, mientras los sentimientos más hermosos se habían logrado mantener ocultos de todas las personas que lo rodeaban.
Estaba cansado de llorar, pero no podía parar. Jamás pensó que verlo partir sería tan doloroso, tuvo que contenerse de no desmentir aquella atrocidad que había dicho como sus últimas palabras, correr y tirarse al rubio; no le hubiera importado no ser atrapado y al hacerlo caer, hubiera soportado el regaño y gritado que siempre lo había amado, desde que lo conoció, desde que podía recordar. Toda su vida sentiría lo mismo, huir de sus sentimientos no funcionaba.
Pero… estaba Kiku.
Feliciano Vargas suspiró de nuevo.
Era de noche, no había querido cenar. Últimamente no tenía hambre. Estaba en su cama, no era incómoda, pero no era la suya, ni la de su hogar, ni la del castillo. Le era difícil dormir.
Sin darse cuenta de cuánto tiempo había pasado, sintió algo diferente; abrió sus ojos y vio que ya no estaba en esa cama, sino en la suya. Vio a su alrededor, habían dibujos pegados en la pared, y juguetes que pendían de un hilo desde el techo, vio al suelo, había ropa interior que parecía arrojada con indiferencia, este era su cuarto, pero era diferente, se veía más infantil de lo que recordaba.
Sintió una mano acariciar su cabello, y se dio la vuelta rápidamente, vio al hombre más fuerte que había conocido en su vida, a la par suya, parecía arrullarle. Al ver su rostro sintió una calidez embargar su corazón, impulsado por la añoranza de no verlo más y el deseo de que esta persona siguiera a su lado, lo abrazó fuertemente.
—¡Abuelo! —dijo, sintiendo los brazos fuertes rodearlo, dándole la seguridad que siempre había conocido y que extrañaba.
—¿Qué tal, pequeño? —le respondió sosteniéndolo cerca de él— Te he extrañado.
—Y yo a ti —contestó Feliciano con una sonrisa triste, cayendo en la realidad de la situación—. Esto es un sueño ¿No?
—Lo es —admitió imitando la sonrisa del joven—. Has estado deprimido últimamente y necesitaba hablar contigo. Te he visto llorar varias veces ya, pero no por caerte o golpearte, como usual; sino por algo diferente, por una persona.
—Estoy bien —fue lo que dijo a Lovino y a Antonio, y lo continuaría repitiendo a toda su familia.
—No puedes mentirme —le recordó su abuelo—. Golpearé a la persona que te haga daño, Feli, lo sabes.
—No puedes golpear a esta persona —indicó, alejándose lo suficiente para verlo a la cara.
—¿Sólo porque es el rey crees que no puedo darle una bofetada? —dijo como una broma— Déjame felicitarte por eso, mi querido nieto.
—¿Sabes lo que pasó? —preguntó. Vio a su abuelo asentir en respuesta— No sé si le dolió mas de lo que mi mano se inflamó después —admitió apenado.
—¿Por qué no lo olvidas, Feli?
Era fácil para el abuelo imaginar que eso era posible, el castaño sabía muy bien que no lo era. Él ya lo había intentado. Era momento de sincerarse con alguien, por lo menos lo haría ahora con este hombre, quien era la persona que había tenido su confianza más que nadie, el árbol al que se aferró cuando tenía miedo, y ahora lo tenía, y mucho.
—Siempre lo he amado, abuelito —dijo viéndolo a los ojos.
El hombre mayor suspiró. Cerró los ojos, y después de un momento los volvió a abrir.
—¿Cuándo comenzó?
Feliciano Vargas sabía que un niño de ocho años no debería ir muy lejos sin un acompañante. Pero estaba emocionado, quería ir a dejar los buñuelos que había comprado para su abuelo antes de que se enfriaran, nada sabía mejor como cuando era recién horneado.
El momento era ahora que Lovino estaba ocupado haciendo los deberes de la escuela, y la señora encargada de cuidarlos en ausencia de un adulto, se había quedado dormida con su café caliente frente a ella.
Mecía la canasta de buñuelos de izquierda a derecha, iba dando pequeños saltos, dirigiéndose hasta el enorme castillo donde el abuelo trabajaba. Él se había equivocado, dijo que estaría en casa antes de pasadas cinco horas del mediodía, y ya eran seis, así que no tuvo más remedio que querer hacerle probar el contenido de la canasta, mientras aún estuviera caliente.
Por fortuna vio a su abuelo a lo lejos, hablando con otro hombre, quien vestía de soldado pero su traje no era tan bonito ni elegante como el del hombre que recibiría los buñuelos.
—¡Abuelito! —gritó emocionado, dando un salto hacia él. Fue atrapado antes de caer al suelo, fue elevado y colocado sobre los hombros del hombre más fuerte del mundo.
—Feli ¿Qué haces aquí? Debiste esperarme. Ya me dirigía a casa.
Extendió la canasta hasta colocarla frente a la cara de su abuelo, impidiéndole la visión.
—Muy bien, muy bien. Sé que me tardé, pero no es bueno que hagas este recorrido tu solo, entiendes.
—Si… —respondió con tristeza. Si bien sabía que no le estaba regañando ni gritando, conocía ese tono de autoridad que le indicaba que debería obedecer la próxima vez—… Cuando esté más grande sí ¿Verdad?
Escuchó "claro, claro" de respuesta, pero no puso mucha atención. Vio en los jardines del palacio de Hearts, en medio del césped unos juguetes, pelotas, una espada falsa, un escudo falso y más. Pero también vio un libro, con algunas palabras y muchos dibujos, sostenido por un niño. Un pequeño rubio que parecía de su edad, leyendo en silencio; mares de juguetes a su alrededor, pero no había nadie con quien pudiera jugar.
Ese niño probablemente se sentía muy solo.
—Ve… Abuelo ¿Quién es él?
El hombre que lo sostenía siguió la mirada con la suya.
—Es el príncipe Ludwig, pequeño.
—¿Puedo jugar con él?
Vio la mirada del abuelo, su sonrisa desapareció y parecía querer decirle algo, pero no saber cómo hacerlo.
—Feli, no creo que los papás del príncipe quieran que su hijo juegue con niños que no conocen.
—Pero tú me conoces —argumentó.
—Así es este tipo de gente, cuida mucho a sus hijos. Temen que alguien les haga daño, y no dejan que muchas personas se les acerquen. Hay muchos niños por nuestra casa que querrán jugar contigo ¿Si?
Feliciano hizo una mueca, pero no tenía opción. Él sólo quería jugar con este niño que se veía muy solitario.
Cuando se iban, los pesados pasos del abuelo hicieron un ruido que llamó la atención del niño rubio, quien levantó su mirada y lo vio partir. Desde la distancia que se encontraban, no podía ver bien su rostro. Feliciano le hizo una señal de despedida con su mano.
—Así fue como lo conociste, entonces… —comentó el hombre que se encontraba en su cama, en este sueño.
—La historia no termina ahí. Luego fui más grande —afirmó el nieto más joven.
Cuando Feliciano Vargas alcanzó la pubertad, su voz fue lo primero que cambió.
Comenzó a notar que las niñas de su edad lo trataban diferente. Las hijas de las vendedoras le daban tomates extra, en sus compras de víveres aparecían pequeñas flores sin ninguna explicación, y le preguntaban su nombre constantemente.
Cuando se lo mencionó a su abuelo, éste lo abrazó y le dijo que estaba muy orgulloso de él. No entendió el significado de aquello.
Entonces comenzó a hacer un experimento. Si les sonreía a las niñas, ellas regresaban la sonrisa. Si las saludaba con un movimiento de cabeza, ellas se colocaban un mechón de su cabello por detrás de la oreja. Si les guiñaba con un ojo, ellas reían, se sonrojaban y se cubrían los ojos con una mano.
Pero siempre obtenía una respuesta.
—Te gustaban las niñas, entonces…
—Me parecían lindas —contestó con sinceridad.
—¡Típico! ¡Con mis genes, es obvio! ¡A tu edad yo tenía cinco novias!
Ambos rieron.
—¿Recuerdas cuando te retiraste? —preguntó el joven.
El abuelo había prometido llevarlos a cenar a "El Encanto" esa noche. Feliciano y Lovino se pusieron sus ropas más formales, no podían llegar vestidos sin fineza a ese tipo de lugar. Era el mejor restaurante de la capital de Hearts, sólo personas con ahorros o con muchísimo dinero cenaban ahí.
El lugar era impresionante, grande, olía bien y tenía candelabros para generar iluminación. La música era agradable, relajante y suficientemente baja como para mantener una conversación sin gritar. Feliciano se preguntó si así lucía la casa de la gente rica y famosa.
—¡Que agradable! Solo mis dos nietos y yo —estableció el abuelo.
—Mamá estaría orgullosa de ti —dijo Feliciano, con un tono triste en su voz.
—Feli, maldita sea. Venimos a celebrar, no hay que decir nada triste —regañó Lovino, quien a pesar de mostrar enojo, aún sentía dolor por la ausencia de sus padres.
—Está bien, mis pequeños. Toda mi familia está aquí, en esta mesa —les dijo cariñosamente.
Feliciano sabía cómo preparar los platos que mostraba el menú. Aunque probablemente los ingredientes que usaba este restaurante eran de mayor calidad de los que encontraba en el mercado.
Eligió el que se veía más complicado de hacer, y se prometió a sí mismo saborearlo bien y descubrir los ingredientes que guardaba. Tal vez, si tenía suerte, podría reproducir el platillo por su cuenta. De todas formas, la cocina se le facilitaba.
—Abuelo… —escuchó a Lovino comenzar mientras esperaban la comida—… No son ellos tus jefes. ¿No deberías saludarlos?
Feliciano siguió con la mirada lo que su hermano señalaba, observando a una familia en la mesa comer. Sus ropas eran las más bonitas que había visto en su vida.
—Oh, no creo que quieran interrupciones, Lovi —contestó el abuelo.
—¿Pero no eres amigo del rey? —esta vez fue Feliciano quien preguntó.
—Sí, pero no de este rey; sino de su padre. El y yo fuimos grandes amigos, a veces no nos soportábamos, pero éramos muy unidos —recordaba con melancolía. El rey había muerto y su hijo había tomado su lugar.
Feliciano vio un poco más de tiempo a la familia real. El rey y su esposa, hablando suavemente, haciéndose pequeñas bromas y riendo cariñosamente; de vez en cuando regañando a su hijo mayor, de cabello blanco parecido a su progenitor; que seguía arrojando migajas de pan a la mesa contigua. Y a la par de todos ellos, el niño rubio que había conocido antes. Era mayor ahora, parecía de unos trece o catorce años, no conversaba mucho y comía muy educadamente. No compartía el humor de su hermano cuando dejó caer una uva en el cabello de la mujer que tenían en la mesa de enfrente.
—Ludwig… —susurró, entrecerrando sus ojos para ver mejor.
—¿Dijiste algo? —preguntó su hermano.
—Ve… Nada, nada —respondió apresuradamente.
Comenzó a preguntarse silenciosamente a sí mismo, sobre qué reacción tendría Ludwig si le sonreía, o si le saludaba con la cabeza, o si le guiñaba el ojo… ¿Que haría?
—¿Y lo hiciste? —preguntó el señor en el sueño del jack.
—Muchas veces, pero nunca vio en mi dirección. Así que me rendí —confesó.
—¿Ahí descubriste que estabas enamorado?
—No, no fue ahí. Luego conocimos a Antonio.
—Hey, yo quiero saber cómo pasó de ser amigo mío a esposo de mi nieto mayor —dijo con un enojo falso.
—Creo que ayudé a eso, un poco.
Antonio había llegado a su hogar por amistad con el General Vargas, ahora retirado.
Al parecer Antonio era aprendiz para ser el próximo Ace de Hearts, era un joven, con mucha energía que venía a su hogar a pedir consejos del retirado ídolo de la milicia. Que, según él, eran muy útiles para buscar en los próximos héroes de Hearts, ya que su trabajo le obligaría a elegir hombres y mujeres sin equivocarse.
Al principio solamente hablaba con el abuelo, pero poco a poco comenzó a encariñarse de ambos nietos. Al punto en que casi se podría decir, que formó parte de la familia.
Su trabajo sería convertirse en el consejero real, pero comenzó dando consejos antes de eso.
Sabía pelear y convenció al abuelo de enseñarles a sus nietos el arte de la pelea.
El retirado coronel le enseñaba a Feliciano, mientras Antonio le mostraba a Lovino. Al principio no estuvieron de acuerdo, pero decidieron que no les afectaría en absoluto, y que si alguna vez había alguna emergencia, no tendrían que correr y esconderse como habían planeado.
—Te hiciste muy bueno peleando —observó el abuelo.
—No me gusta pelear —admitió Feliciano.
—Pero eres un soldado.
—Lo sé, sé que tarde o temprano tendré que usar mi lanza, pero prefiero no tener que hacerlo. Prefiero no hacerle daño a nadie.
El castaño recibió una mirada comprensiva de la persona mayor junto a él.
Se sabía que el hijo mayor del rey había sido exiliado de Hearts. La gente comenzaba a preguntarse sobre a quién le quedaría el reinado cuando el gobernante dejara su puesto libre.
El abuelo y Antonio llevaron a ambos nietos a un anuncio que el rey había informado que debía hacerse a todo el pueblo, sin ninguna excepción. Lovino se mostró interesado, Feliciano simplemente quería pasar comprando tomates para la cena.
Entonces el rey habló, Feliciano escuchó las primeras palabras y luego perdió el interés. Se distrajo al ver una muchacha que le había soplado un beso, era la hija de una vendedora, Feliciano le respondió con una sonrisa. Entonces escuchó las últimas palabras del actual gobernante.
—… Por lo tanto me complace anunciar que mi hijo, Ludwig Beilschmidt, tomará mi lugar cuando mi tiempo se haya acabado.
Feliciano volvió a ver al frente de nuevo, viendo al rey alejarse. Entonces Ludwig se acercaba, con sus ropas finas, su postura perfecta, su cabello estaba peinado hacia atrás, se le veía muy bien, sacaba a relucir su pálido rostro.
El castaño reparó en que Ludwig era muy atractivo, comenzó a preguntarse a sí mismo si ésa era la razón de por qué cada vez que él lo había visto, no había evitado hacer otra cosa que simplemente verlo ahí, casi hipnotizado, dejar todo lo que hacía para observarlo.
Pero cuando escuchó su voz por primera vez, sintió que se derretía.
—La responsabilidad del trono caerá sobre mí a su debido tiempo; cuando mi padre haya cumplido con su deber, será mi turno de empezarlo. Acepto continuar con el trabajo de mis predecesores, y mantener al Kingdom of Hearts como la gran nación que hasta ahora ha sido.
La gente aplaudió, se escuchaban murmureos entre las personas, algunos decían cosas positivas de Ludwig, otros no estaban seguros si eso sería lo mejor para el reino. El rubio tendría que convencer a aquellos antes de convertirse en rey.
Feliciano optó por creer que Ludwig era una buena persona y que sería un buen rey.
—Feliciano, ¿Por qué lloras? ¿Es ese tipo?
—No… —le costaba hablar sin que su voz se quebrara, sabía muy bien lo que había ocurrido después de ese recuerdo. Se lanzó a su abuelo para abrazarlo con más fuerza, hacerlo mientras fuera posible, aunque esto fuera solo un sueño, se sentía real, su abuelo estaba ahí con él, y quería mantenerlo así el mayor tiempo posible.
Él pareció entender la razón del llanto, del abrazo y de la tristeza repentina.
—Oh… —dijo, solamente. Respondió al abrazo con fuerza sin llegar a lastimarlo, nunca lo había lastimado; le dio un beso en cada mejilla, como solía hacerlo antes.
—Tu corazón se cansó después de eso… —dijo suavemente.
—Feli, disfruté mucho de sus infancias y los vi crecer, convertirse en muchachos que pudieran cuidarse solos. Además creo que al final sí me alegra que tuvieran a Antonio con ustedes —dijo con una sonrisa.
Feliciano sabía que el otro tenía razón, pero perderlo fue lo más difícil que había ocurrido en su vida.
Había cumplido diecisiete años ya. Habían pasado seis meses desde la pérdida de su abuelo. Comenzaba a sonreír y disfrutar un poco de sus caminatas, pero a veces, en algunos momentos en que la tristeza lo acechaba de cerca y lograba alcanzarlo, continuaba derramando lágrimas, lo extrañaba y mucho.
—Lovi, Feli… Creo que es hora que elijan lo que quieren hacer de por vida. Si de mí dependiera, los apoyara a ambos con el dinero, pero no creo que eso es lo que el señor Vargas hubiera querido.
—Quiero ser un soldado —dijo Lovino sin pensarlo.
—¿Disculpa? —preguntó el mayor sin creer lo que había escuchado.
—Es lo que el abuelo era, ¿No? Creo que es una buena forma de honrar su memoria —Feliciano pudo ver que su hermano aún sufría con la pérdida, estaban iguales, su abuelo había sido la persona más importante para ellos.
—Pero, ¿Estás seguro? Digo, es un trabajo peligroso… Y tú eres muy bueno cocinando —comenzó.
Lovino vio hacia abajo, escondiendo su rostro del mayor con los mechones de su cabello. Feliciano pudo ver que sus mejillas parecían estar encendidas ante el cumplido que le había dado.
—No me importa —admitió— Quiero trabajar donde él trabajó.
—Mmm… Bueno también trabajarás conmigo —se quedó pensando un poco, al parecer no se había dado cuenta de la reacción que causó en Lovino—… de acuerdo, podrás meter tu solicitud, yo estaré ahí, para apoyarte y protegerte.
Lovino se dio la vuelta y rápidamente habló, sus palabras sonaron fusionadas unas con otras —Iré a preparar la cena— dijo levantando su mano, y mostrando su pulgar, una señal de que estaba de acuerdo con lo que Antonio había dicho antes.
Su hermano era muy obvio.
—Espera, ¿Fue mi nieto el que se enamoró primero? —preguntó con incredulidad.
Feliciano lo pensó un poco —No estoy seguro, siempre he vivido con Lovino y quizás por eso lo noté.
—Pero Feli, tú eres muy despistado… Tal vez fue desde antes y tú ni cuenta te habías dado —argumentó el mayor.
—Puede ser… ¡Pero Antonio es más despistado!
—Creo que es un empate… —dijo el abuelo, sonriendo para sí mismo.
—¡Qué malo! —respondió en broma, riéndose con su abuelo. Haciendo caso que ahora estaba con él, y no podía mantener una cara triste, pues no quería que lo viera llorar de nuevo. Su abuelo podía estar en el más allá, pero ahora mismo estaba con él.
Feliciano aún no sabía lo que quería hacer por el resto de su vida. Sin duda le gustaba la idea de trabajar cerca de su hermano y de Antonio, en realidad, cerca de su familia y de lo que conocía.
La idea de ser soldado era un poco aterradora, sabía que su abuelo estaría orgulloso si era premiado o reconocido, pero lo veía como algo difícil de alcanzar, además no disfrutaba las peleas, en realidad las odiaba y las evitaba siempre que podía.
Iba por el camino de regreso a su casa, acababa de comprar una botella de leche al señor Heracles, un hombre de veintitantos años, que era muy lento para hablar pero era una persona divertida, además los gatos solían visitarlo y a Feliciano le gustaba acercarse a acariciarlos. De repente, vio a una multitud reunida, no pudo con su curiosidad y se acercó a ver, ahí estaba sobre una tarima, el príncipe Ludwig. Estaba diciendo algo, haciendo promesas, escuchando las opiniones del pueblo, haciendo lo necesario para convencer al país de que él era una buena decisión como próximo gobernante.
Feliciano rió ante la idea de acercarse y hablarle por primera vez en su vida, escucharía esa prominente e increíble voz, y se presentaría como había deseado; pero no tenía nada que decir, la verdad, Hearts le parecía el lugar más hermoso y apacible del mundo, no tenía quejas, ni nada malo de qué hablar; solamente iría ahí a escuchar su voz y ver cómo era su rostro de cerca. Rió de nuevo. El príncipe lo miraría raro y sabría que él era extraño.
Siguió con su camino, dando pequeños saltos de vez en cuando, girando la botella junto con los víveres, evitando siempre golpearla demasiado, o recibiría un regaño por parte de su hermano.
Iba disfrutando los olores de la panadería que se encontraba en el camino, cuando sintió a la par suya un carruaje, al verlo, supo al instante que era el carruaje real. No pudo evitar detener sus pasos y verlo pasar hasta detenerse a unos treinta metros de él.
Se quedó ahí mirando al cochero apresurarse a abrir la puerta, pero antes de que llegara, el pasajero se había adelantado, saliendo del carruaje por su cuenta. Ludwig Beilschmidt estaba ahí afuera, parado, viendo hacia una tienda que estaba frente a él. Feliciano nunca había estado tan cerca, se sintió nervioso, se preguntó cómo sería saludarlo y preguntarle qué cosa quería comprar. Dio un paso hacia adelante, pero Ludwig se apresuró a entrar a la tienda que había visto. El castaño se sintió como un acosador viendo ahí, desde lejos sin decir nada. Pero ¿Cómo podía evitar ver a Ludwig Beilschmidt cuando él era el hombre más hermoso de Hearts? ¿O quizás, de Lythirus?
Se preguntó qué hubiera pasado si le hubiera dicho al abuelo sobre su pequeña obsesión de ver desde lejos al príncipe, no era como si lo buscara, simplemente cuando la oportunidad se daba, no la dejaba pasar, y se quedaba observando al rubio hasta que sus caminos partían una vez más.
Jamás se había sentido así por una chica, por más que les coqueteara o les hablara con dulzura. Este tipo de nerviosismo, la sensación de que en su estómago hubiera algo que flotaba, la sensación de calor en su rostro, la forma en cómo sentía que no podía hablar, cómo su voz, sus movimientos se cortaban bruscamente. ¿Qué era esto? Era algo nuevo, algo agradable y aterrador. ¿Acaso esto era…?
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el príncipe salió de la tienda, había comprado algo que llevaba consigo. Feliciano entrecerró sus ojos y vio que en los brazos de Ludwig había un perro, un pequeño cachorro negro, era muy lindo, se veía indefenso, adorable y diminuto. Luego vio a la persona que ahora era dueña del cachorrito, quedo sorprendido al ver el rostro del rubio. Ludwig siempre se había visto como una persona seria, casi enojada, pero ahora tenía una expresión diferente, su mirada era de ternura, indicaba una promesa de cariño. Feliciano vio la boca del próximo rey, estaba curvada en forma de una sonrisa. Jamás había visto al príncipe sonreír, y ahora le parecía que podría verlo todo el día. El rostro que veía del heredero del reino era definitivamente lo más hermoso que había visto, más que cualquier muchacha en el reino, más que cualquier otro hombre que había conocido.
Feliciano se preguntó a sí mismo si era posible desarrollar sentimientos por alguien con solo verlo.
—No es para tanto —estableció el abuelo en lo que parecía una queja.
Feliciano rió ante la muestra de celos paternales que tenía con él.
—Para mí lo es —contestó el nieto, sabiendo que esa respuesta irritaría al otro.
—Bueno, Feli siempre supe que necesitarías anteojos. Por cierto, ¿Fue ahí que decidiste convertirte en jack?
—No, pasó algo para que tomara esa decisión —dijo, sumiéndose en sus recuerdos nuevamente para relatarlos.
Trabajar en el palacio era una buena idea, así que optó por dirigirse ahí y preguntar si ofrecían empleos, como cocina o algo en lo que fuera bueno.
Obtuvo respuestas negativas, los puestos ya estaban tomados y no se necesitaba más gente. Estaba triste, realmente quería trabajar en el castillo.
Fuera de la enorme casa real, se sentó en una banca que tenía vista al jardín. Reparó en que era muy bello, los colores armonizaban muy bien, y el contraste con el verde tallo y frescas hojas daban una apariencia cautivante. Entonces se le ocurrió otro empleo que podría tener… Jardinero.
Se acercó a la persona que se encontraba regando las plantas, por su figura podía decir que era una mujer, aunque en lugar de un vestido parecía usar una falda, tal vez era la mejor opción ya que un traje más largo podría arruinarse si se llenara de lodo en medio de toda la tierra mojada. Sus ropas eran finas, quizás demasiado para hacer jardinería… Se dio cuenta cuando la mujer lo vio, era una señora, era "La Señora", ¡Era la reina!
Hizo una reverencia rápida y llena de nervios.
—¡Su Majestad! Saludos.
—Saludos —respondió la mujer, de rubios cabellos y ojos azules, se parecía a Ludwig—. ¿Estás viendo mi jardín?
—S-si, lo siento —respondió apenado.
—Oh no te disculpes, es una alegría que te fijes, a mi esposo y a mi hijo no les llama la atención en absoluto. A veces pienso que nadie ve mi trabajo —ella sonaba un poco triste.
—Es un jardín hermoso, debería estar orgullosa —Feliciano era bueno tratando a las mujeres, sabía muy bien qué decir para alegrar a una dama.
—Eres muy amable — rió la reina—. ¿Puedo ayudarte en algo?
Feliciano decidió aprovechar el momento.
—Bueno, este es un jardín grande. Me preguntaba si necesitaba ayuda al cuidarlo —pidió tímidamente.
—Vaya que eres dulce —comenzó, pero Feliciano sintió que algo malo seguiría—. Pero, lamentablemente tengo demasiado tiempo libre, cuidarlo me llena de vida.
—Ve… ¿No debería ser una reina ocupada? —preguntó de repente, sintió que iba a ser regañado por su insolencia, pero no fue su caso.
—Con todo lo que pasa, mi hijo está teniendo un entrenamiento duro; mi esposo está arreglando todo para cuando llegue su reinado. Y no puedo darme el lujo de hablar de mi otro hijo…
Tal vez la reina se sentía sola, tal vez no había nadie más que la escuchara, tal vez sintió que Feliciano era una persona suficientemente amable para prestarle un oído a una boca necesitada de hablar. La señora se veía triste…
—Es difícil ser una reina ¿Verdad?
—Sí que lo es… —la mujer hizo una pausa— ¿Cómo te llamas, hijo?
—Feliciano Vargas, Su Alteza.
—¿Vargas? Ese apellido me es familiar… ¿Vargas? ¿Dónde lo he oído? ¿Quiénes son tus padres?
—Sólo conocí a mi madre, murió cuando era pequeño —dijo con un poco de tristeza. La esposa del rey colocó una mano en su hombro a modo de consolación—. Probablemente conoció a mi abuelo, el fue general de aquí por muchos años —quería cambiar el tema, aunque hablar de la parte de su familia que ya no estaba en este mundo no era la mejor forma de avanzar.
—¿General Vargas? ¡Tienes razón! El padre de mi esposo hablaba mucho de él, fueron muy buenos amigos.
—¡Eso decía mi abuelo! —contestó, recordar la buenas cosas siempre era la mejor forma de hablar de él.
—Ya lo recuerdo, a veces mi suegro mencionaba que se entristecía de que él no fue su jack.
—¿Su qué?
—Todos opinábamos que parecían jack y rey, por la cantidad de tiempo que pasaban juntos. Además el señor Vargas era muy fuerte y hábil con las armas, en palabras del antiguo rey "el mejor peleador con cabeza de chorlito de todo Hearts". Discutían mucho, pero eran inseparables.
Feliciano quería evitar llorar, el recuerdo de su abuelo aún era fresco, y su ausencia aún era dolorosa.
La reina pareció percatarse de eso.
—Tu abuelo era un buen hombre.
—Lo sé.
La reina lo observó de pies a cabeza, lentamente estudiándolo.
—Creo que siendo un jack honrarías muy bien su memoria, más que como un jardinero.
—¿Cómo?
—Si Vargas fue tu abuelo, parte de su talento en pelea debería correr por tu sangre. ¿Sabes pelear?
—… Sí, pero ¿Qué hace un jack?
—Bueno… es como un guardián del rey, su mano derecha, su acompañante eterno. Es algo así como una "segunda reina" —ella rió ante su propio chiste.
—¿Pero el rey ya tiene un jack, no? —Feliciano no entendió el chiste, ni el punto de la reina con mencionar el empleo.
—Mi esposo sí, no puedo evitar ponerme celosa a veces —dijo en un falso enojo—. Pero mi hijo no, y estoy segura que cuando su turno llegue, el jack actual será muy viejo, ha servido a dos reinados ya.
—Lu… ¿El príncipe Ludwig? —el castaño sintió su corazón acelerarse, latir contra su pecho más fuerte de lo normal.
—Solo opino que sería agradable para sus abuelos que están en cielo, ver a sus nietos, que están en la tierra, trabajar juntos.
Era una opinión soñadora, casi mágica. La reina era una persona simpática y buena. Feliciano no pudo evitar caer en la red que ella había tejido sin quererlo así.
Feliciano pausó en su relato para ver a su acompañante. Su abuelo estaba callado, con una mano en el mentón, escuchándolo atentamente. No parecía querer hablar. Estaba inmerso en sus pensamientos.
—Te hiciste jack… ¿Por mi?
El castaño más bajo pensó por un momento lo que iba a responder.
—En parte por ti, en parte por mi propio deseo —no sólo lo dijo para librarle de cualquier culpa que pudiera tener, sino también por el simple hecho de que era verdad. Feliciano quería pasar el tiempo de un jack con Ludwig, quería conocerlo, escuchar sus pensamientos y opiniones, saber sus gustos, lo que amaba, lo que odiaba, cuáles eran sus sueños, si tenía o no pesadillas. Feliciano había querido saber quién era Ludwig Beilschmidt.
—¡Absolutamente no! —gritó Lovino un segundo después que su hermano le dijo lo que quería hacer el resto de su vida.
—Lovi, es mi decisión —argumentó Feliciano lo mejor que pudo.
—No me importa, ¡No dejaré que te sacrifiques por un macho patatas como él! —continuaba enojado.
—¿Quién dijo que me voy a sacrificar? —cuestionó a su hermano.
—Ser soldado es mucho más seguro, no dejas el palacio nunca. Los jacks tienen que estar dispuestos a morir por el rey ¡¿Sabías eso?!
—Ve… todavía no sé en qué consiste ser un jack exactamente, pero lo que sé es que cumpliré con el deseo del ab-
—¡¿Te quieres meter a algo que ni sabes qué es?! —la voz de Lovino sonaba tan fuerte que Feliciano quiso taparse sus oídos.
—Pero cuando comience a entrenar, sabré en qué cons-
—¡No serás el jack nunca! ¡¿Entiendes?!
Dicho eso se dio la vuelta, se dirigió a la cocina pisando con fuerza en su camino.
—Si esperas un poco, tu hermano se tranquilizará —dijo Antonio intentando calmar la tensión.
—Lo sé —respondió el castaño—. Se preocupa mucho por mí, por eso está tan enojado.
Feliciano corrió hacia el mayor y lo tomó por los hombros.
—¡Antonio tienes que ayudarme! ¡Tú eres el Ace! Debo ser el próximo jack.
—Woah, tranquilo pequeño. No creo que deba ir en contra de los deseos de tu hermano.
—¿No se supone que debo ser yo quien decida lo que quiero ser? —Feliciano miraba fijamente a Antonio, quería transmitirle su determinación, quería demostrarle su convicción.
Antonio suspiró, liberándose del sostén en que Feliciano lo tenía.
—Feli, es un trabajo de por vida. Tendrás un tatuaje, solamente podrás renunciar si no eres capaz de servir al rey; tendrás que estar dispuesto a morir por él, y obedecer en todo lo que dice. Pondrá toda su confianza en ti, y tendrás que pasar todos tus días con él.
Feliciano había escuchado lo primero, tuvo un poco de miedo; pero al escuchar las últimas responsabilidades, se sintió feliz, esto era lo que deseaba. Era el trabajo perfecto para él.
—Antonio, de verdad quiero hacerlo —dijo con toda seguridad.
Antonio se quedó en silencio, analizando la situación, observando a Feliciano. Abrió la boca para hablar pero el menor se adelantó.
—¡Te diré quién le gusta a Lovino! —dijo sin pensarlo.
—¿Qué?
Ya había empezado, su hermano lo odiaría por esto; pero ahora no tenía otra opción.
—Comparto el cuarto con él, así que lo he notado. Mi hermano dice un nombre por las noches mientras duerme.
Antonio se quedó en silencio, Feliciano pudo ver que su piel se coloreo de un tono rosa en sus mejillas. ¿Así que a Antonio también…?
—No sabía que a tu hermano le gustaba alguien —dijo viendo hacia abajo.
—Ve… ¡Claro que le gusta!
Antonio hizo una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Parecía triste.
—Ya están en esa edad, supongo que debí haberlo esperado —dijo suavemente—. Apuesto a que es muy amable con esa persona.
Feliciano bufó, luego rió abiertamente. ¿En serio Antonio pensaba eso?
—¡Para nada! Todo lo contrario, ¡Es lo más grosero posible con esa persona! —dijo entre risas.
Antonio se quedó observando, como esperando una explicación.
—Verás, Lovino es cruel conmigo, me grita, me insulta y todo eso. Pero entre más lo hace, quiere decir que más me ama —vio en el rostro de Antonio toda la confusión que sus palabras causaron, tuvo que esforzarse más para explicar—. Por alguna razón, desde pequeño ha tenido esa forma de defender su corazón, siendo malo con los demás. Es extraño, pero a mí también me costó aceptar que no me odiaba.
—¿Entre más quiere a alguien peor lo trata?
—Claro que si le haces daño a él o a alguien que quiere, será grosero con esa persona. Pero si es malo sin razón, lo más probable es que siente un cariño especial.
—¡Entonces debe amarme! —Antonio rió, pero más que sincera, su risa sonaba irónica— En mi vida, nadie me había tratado tan mal. En serio, Feli, yo sigo aquí por la amistad con tu abuelo y contigo, pero si de Lovi dependiera yo estuviera muy lejos de ustedes.
—Tienes problemas para ver a través de él, ¿verdad Antonio?
Antonio dejó de reír, se quedó en silencio viendo a Feliciano, pensando en Lovino.
—Eres un… —dijo su abuelo poniendo sus manos en el cuello de su nieto.
—¡Ahh! Abuelo ¡Auxilio! —gritó al sentir la presión— ¡No me mates!
Feliciano sabía que su abuelo no le haría daño, pero aún así, tener manos ajenas aprisionando su cuello lo ponía nervioso.
—No puedo creer que le hayas dicho a Antonio los sentimientos de Lovino.
—¡No lo hice! Solo le aclaré cómo es la forma de ser de mi hermano, tal vez era necesario, de Lovi nunca iba a salir nada. Y Antonio siempre hubiera pensado que lo odiaba.
El abuelo suspiró.
—Bueno, Feli ¿Fuiste su Cupido entonces?
Feliciano rió.
—Se puede decir que sí.
—¡Feliciano! —se escuchaba por toda la casa el rugido airado de Lovino.
—¡Ve! —gritó con miedo el aludido.
—¿Me puedes explicar esto? —cuestionó el hermano mayor mostrando un papel que enlistaba los candidatos al puesto de jack en el Kingdom of Hearts.
—Yo… yo —titubeó.
—Nada de eso, te pedí explícitamente que no fueras a pedir ese puesto. Pero ¿Sabes qué? ¡No importa! No hay forma que te acepten, hay muchos otros hombres perfectos para el trabajo de ese estúpido bastardo patatas.
Feliciano se quedó callado, sabía que era cierto. Por sí mismo no podría obtener el puesto jamás, pero con ayuda, y muchísimo esfuerzo, el trabajo sería suyo seguramente.
Lovino pareció percatarse de eso, cuando vio a Antonio llegar en la tarde, como usualmente hacía todos los días.
—¡Bastardo! ¡Esto es tú culpa!
—¿Cómo es mi culpa, Lovi? Es lo que tu hermano desea.
—¿Tú usaste tus "influencias de Ace", verdad? ¡Vas a hacerlo de nuevo para lograr que Feliciano sea el jack!
—Escucha, yo sé lo peligroso que es. Intenté convencerlo, pero Feli realmente quiere esto, eso no se lo puedes quitar.
—¡El idiota de mi hermano no sabe lo que quiere! ¡Tú eres un traidor!
Feliciano estaba con la cabeza baja, en silencio, escuchando los gritos de su hermano, y los desesperados intentos de Antonio para tranquilizarlo.
—¡Tienes razon, Lovino! Te he traicionado, entiendo que estés molesto conmigo —exclamó el mayor dramáticamente.
—Vaya que sí, tie-
—Ahora, ¿Debe haber alguna forma en que puedas perdonarme?
—Bueno, ya que lo pones as-
—Entiendo… Entonces, para redimirme te llevaré a cenar a algún restaurante. Escucharé todo lo que me tienes que decir, regáñame todo lo que quieras; y después déjame decirte las cosas desde mi punto de vista, déjame decirte lo que opina Feliciano de todo esto.
—Yo-
—Pero primero, Lovino. Tiene que ser en un restaurante, pasaré por ti para la hora de la cena, ponte una bonita ropa y te recogeré en un carruaje ¿Si?
Lovino estaba callado de repente, todos sus gritos se habían acabado. Hubo silencio por primera vez, todos esperando la respuesta del castaño.
—De acuerdo, pero tú pagarás bastardo —dijo y se dio la vuelta para irse a su habitación, el sonrojo en sus mejillas era fácil de ver.
Feliciano volvió a ver a Antonio, quien le dio un guiño como señal de complicidad. Feliciano respondió con una sonrisa.
—¿Después de eso todo fue viento en popa, no?
—No exactamente…
—¿Qué paso? —preguntó con preocupación.
El nieto hizo una pausa.
—Mi corazón se quebró.
Feliciano había sido elegido como el siguiente jack real, gracias a meses enteros de entrenamiento, gracias a su rapidez y agilidad, y gracias a Antonio y su poderosa influencia como consejero.
El castaño estaba orgulloso de sí mismo, sabía que era cuestión de tiempo para que tomara el puesto que le correspondía. El jack actual era un hombre viejo, probablemente se consideraría que ya no era capaz de proteger, se le dejaría ir a su casa, y pasar su vejez con su familia.
Había pasado los últimos meses lejos de su hogar, se trataba de concentrarse solamente en entrenarse, extrañaba a Lovino, y a Antonio. Deseaba ir a casa, pero el último año había sido más intenso, la capacitación debía ser rápida, pues no se sabía a ciencia cierta, cuando sería el turno del siguiente jack de servir.
Un día lo llamaron de repente, le dieron ropas adecuadas y lujosas, y le dijeron que había que reunirse para asistir a la fiesta del príncipe. Nadie le había dicho nada más, de hecho el castaño se había desconectado del mundo, si hubo una guerra en Hearts, si llegó el fin del mundo, Feliciano no se enteró de nada. Su vida se había convertido en correr por las mañanas, ejercitarse, aprender a usar la lanza en las tardes, usar la espada en la noche, y leer información vital sobre el príncipe, y la familia real antes de dormir.
—¿Fiesta de qué? —le preguntó a un guardia que se estaba abotonando la camisa.
—¿No sabes? El príncipe se casa hoy.
Las palabras fueron como un puñal en su pecho, atravesando la piel, sus costillas, hasta llegar a su corazón. ¿Ludwig se casaba?
Le tomó unos minutos recuperarse del shock. ¿Cómo no había pensado en eso antes? Seguramente el próximo rey necesitaría una reina, y obviamente Feliciano sólo iba a ser el jack. ¿Qué era esto que sentía? ¿Por qué habían lágrimas en su rostro?
Ya en el acto. Todos estaban reunidos, Ludwig Beilschmidt estaba sentado a la par de su novio, y Kiku Honda, la nueva princesa de Hearts estaba ahí también. Pensó en odiar a Kiku, por un momento lo hizo, pero la verdad no era su culpa, solo se había enamorado de Ludwig, no debía ser muy difícil; Feliciano estaba cautivado por él sin haberle ni siquiera hablado alguna vez.
Se esforzó para guardar la compostura, para no hacer de sí mismo un triste desastre, aunque así se sintiera por dentro.
Se obligó a sí mismo a ver a Ludwig y a Kiku besarse en el altar, comprobar que no era una pesadilla, forzarse a sí mismo a aceptar esa unión, callar la negación que crecía dentro de él, que lo engañaba para aferrarse a una fantasía ideal, lejos de la malvada realidad.
Tomó una decisión, Ludwig había decidido casarse con Kiku, y viceversa. Feliciano no iba a interponerse en ese amor, no iría a coquetear, ni a intentar buscar algo más que la amistad del rubio. Tenía que convencerse a sí mismo de no caer enamorado de Ludwig una vez que se presentaran.
No iba a desistir de ser un jack, siempre cumpliría con la idea de antes, trabajar juntos como sus abuelos habían hecho, tener la confianza del rubio, conocer finalmente a aquella persona que desde que recordaba, había estado observando. ¿Quién sabía? tal vez podrían llegar a ser buenos amigos.
—¿Y funcionó? Tu plan de no enamorarte de él —inquirió el abuelo, sabiendo perfectamente la respuesta a eso.
—Para nada —respondió Feliciano con sinceridad—. Cuando se convirtió en rey, me presenté a él. Me di cuenta que tenía los ojos más azules que había visto, hasta más azules que el cielo. Todo él, su voz, su olor, sus brazos…
—De acuerdo Feli, es suficiente. Sigo siendo tu abuelo, y por más que entienda que mi nieto más joven pueda enamorarse, aún me pone celoso.
Feliciano sonrió un poco.
—Bueno, esa es prácticamente la historia completa.
—Lo sé.
—¿Lo sabes?
—¡Claro que sí! Lo que desconocía fue lo que pasó antes de mi muerte, de ahí en adelante te he estado observando a ti y a Lovino. Ha sido difícil, ser un espectador sin poder intervenir.
Feliciano parpadeó.
—Si sabías la historia, ¿Por qué querías que la contara?
—Quería saber tu punto de vista, tus pensamientos, tus sentimientos. Todo eso no lo podía saber sin que me lo dijeras.
—Entonces sí sabes por qué estoy aquí.
—Por supuesto, el idiota ese te lastimó, te quiso obligar a-
—No me lo recuerdes. Abuelo, Ludwig no es malo, me he dado cuenta después de pensarlo, solo que está depositando su amor en la persona equivocada.
—¿Cómo puedes ser "la persona equivocada"? Feli, no creo que exista otra persona que ame a ese tipo más que tú.
Feliciano sintió sus ojos humedecerse, el agudo dolor que precede al llanto.
—Aún así, si yo hubiera sido para él, Kiku no hubiese sido su reina.
El abuelo colocó ambas manos en las mejillas de su nieto, dándole un beso en la frente, mirándolo cariñosamente. Desvió su mirada hacia otro punto, se quedó pensando en un recuerdo lejano por algún tiempo, y finalmente habló.
—Feliciano, cuando tu abuela murió, creí que nunca volvería a amar a nadie más que a ella. Sentí que una parte de mi se fue ahí, sentí que me destruí y no quedaba nada por amar. Pensé que el único objeto de mi afecto serían su madre y ustedes dos, pequeños diablillos.
El nieto escuchaba atentamente el relato, su abuelo de repente parecía más viejo.
—Después, sin quererlo así, ni siquiera sin pensarlo bien, me enamoré otra vez. Caí profundamente, ni siquiera recordaba cómo se sentía amar a alguien que no llevaba tu sangre; pero pasó. Creí que estaba mal, no solo por el hecho que me sentía infiel a tu abuela, sino también porque parecía un amor prohibido, sentía que me estaba enamorando de la persona más equivocada en Hearts. Decidí ocultar mis sentimientos y no decir nada, callar y actuar como si todo era igual.
—¿De quién te enamoraste?
Su abuelo sonrió tristemente.
—Ahora no importa, de todas formas es difícil de creer.
Feliciano se sintió un poco decepcionado.
—Mi punto es, mi querido nieto, que ese fue el error más grande de mi vida. Lamenté mucho no haber dicho nada, cuando esa persona se fue, lloré amargamente por días enteros. Mi vida ni siquiera fue la misma.
—P-pero…
—Feliciano, ¿Te has fijado que ya no tienes ese tic? Solo lo tienes cuando eres feliz. Quiero que digas "ve" de nuevo, que sonrías, que cantes y bailes. Quiero que seas el mismo de antes. No serás realmente feliz hasta que lo olvides, y no creo que eso suceda alguna vez. Tienes que aceptar lo que sientes.
Feliciano cerró sus ojos.
—Yo…
—¿Sabes? No lo entiendo, siempre has seguido lo que tu corazón desea, has sido un alma libre que no se deja dominar por su mente, y esa falta de racionalidad es lo que te hace ser lo que eres, te hace ser feliz; y ahora, cuando más lo necesitas, has decidido serle indiferente a tu corazón, escuchar a tu mente y entristecerte por eso. Feliciano, lo que tú sientes está bien, todos tus sentimientos están bien ¿Cómo podría el amor ser un sentimiento malo?
Feliciano abrió la boca para hablar, sin estar seguro de lo que iba a decir. Su abuelo se adelantó.
—Te quiero, mi nieto. Recuerda que eres todo para mí. Recuérdaselo a tu hermano también.
El castaño abrió sus ojos de repente. Ya no estaba en su hogar, sino en la habitación que se le había dado mientras hacía de guardia en el norte de Hearts. Su nuevo trabajo, después de haber abandonado el puesto de jack por el que tanto se había esforzado.
Había despertado de su sueño. Vio hacia el techo de la habitación menos lujosa que la que tenía en el palacio, sonrió.
—Yo también te quiero, abuelito.
Feliciano estaba seguro que era una mala idea, pero estaba obedeciendo a su abuelo, más bien siguiendo su consejo. ¿A quién quería engañar? Estaba haciendo lo que quería, se sentía extraño, se sentía incómodo, incluso nervioso, pero se sentía demasiado bien.
Llevaba en sus manos una docena de la flor que había regalado a las chicas en el tiempo que había estado por la costa. Ludwig había actuado extraño cuando lo vio con la muchacha, Feliciano tuvo la idea de que al rubio le habría gustado recibirlas. De todas formas era una flor muy bonita.
Había decidido dormir todo el camino de regreso a la capital del reino, pero la ansiedad que precedía al encuentro lo evitó. No paraba de mecerse dentro del carruaje, contar cada piedra que veía en el camino, cantar con desafinaciones (producto de sus nervios) una buena parte del camino, hablar con el cochero que conducía sin que él fuera muy conversador.
Tenía hambre, no había almorzado, y su desayuno fue muy temprano en la mañana.
Pensó en pasar por su casa antes de ir al castillo, rió inmediatamente ante la idea. Lovino lo regresaría a golpes de donde había venido.
De todas formas no aguantaba mucho, su corazón ardía por ver a Ludwig Beilschmidt de nuevo. El niño jugando, el príncipe serio, el rey amable y el alto y fuerte hombre que, cuando se sonroja parece un niño de diez años. Ludwig era la persona más adorable que había conocido, su rostro era el más hermoso, y su cuerpo… bueno, estaba muy bien proporcionado, no era difícil ver los músculos que se escondían bajo la ropa… ¡¿Qué estaba pensando?!
Feliciano estaba demasiado nervioso, se obligó a sí mismo a respirar hasta controlar el ritmo de su corazón. 'Ludwig te veré de nuevo' se dijo a sí mismo.
El tiempo se sintió eterno, pero cuando el conductor hubo anunciado la llegada, sintió que había pasado demasiado rápido y que aún no estaba listo.
Se bajó torpemente del carruaje y vio el castillo a poca distancia, le echó una mirada antes de entrar, era justo como lo recordaba, y además no había olor a desechos de gaviotas cerca.
Podía sentir su corazón golpear fuertemente contra su pecho, podía escuchar su respiración agitada. Dio una mirada a sus flores, estaban un poco menos vivas que cuando las cortó, pero con agua aguantarían más. Necesitaba apresurarse.
El ambiente era muy tétrico ¿Qué le pasaba a este lugar? La gente parecía estar triste en todas partes, algunos sirvientes tenían los ojos hinchados de llorar ¿Había muerto alguien? Los guardias se habían descuidado mucho, sus ropas estaban desordenadas, las mujeres estaban con sus cabellos enredados… Era como un acto sacado de una obra de terror.
Algunos guardias y sirvientes que notaron su presencia, lo miraron con cierta curiosidad, expresiones de sorpresa en sus rostros. Claro que lo conocían, él era el jack, o solía serlo. Pero nadie se acercó a saludarlo, volvieron a su burbuja de desgracia, a caminar arrastrando sus pies, a su nivel de depresión colectiva.
Feliciano estaba extrañado por toda esa escena, el castillo no era como el lugar alegre y ordenado que recordaba.
—¡Feliciano! —escuchó el grito detrás de él. No se dio la vuelta, sabía quién era, cerró sus ojos, hizo una expresión de desagrado, no quería ver a esta persona primero, por lo menos no todavía.
—Feli, ¿Qué haces aquí? —preguntó la persona que lo había llamado, abriendo sus ojos completamente.
—Hola Antonio —saludó suavemente.
Antonio lo tomó por los hombros zarandeándolo con cierta brusquedad.
—¿Te obligó a venir? —Antonio levantó su voz al borde del grito.
—No, no. Nada de eso.
Antes que su cuñado hablara, Feliciano se apresuró a agregar.
—Vine porque este es mi hogar, me hacía falta demasiado. Lovino, el rey, tú… aquí es donde pertenezco.
—Feli nadie te está obligando a-
—Entonces déjame regresar, ¿Sí? Aquí es donde quiero estar. Antonio, de verdad créeme, esto es lo que quiero hacer.
Antonio se tapó sus oídos con ambas manos, cerró sus ojos, empezó a darse la vuelta y darle la espalda al menor.
—De acuerdo quieres estar aquí, no me lo expliques —dijo más fuerte que lo necesario.
Feliciano quitó con ambas manos, las de Antonio, para ser escuchado.
—Ya puedo decidir lo que es mejor para mí, y sé que lo mejor es lo que me hace feliz. Aquí está mi felicidad —dijo el castaño forzando al otro a escuchar cada palabra.
Antonio lo observó calladamente. Se calmó después de un momento. Suspiró pesadamente.
—A Lovino no le va a gustar esto —dijo solamente.
—Lo sé, tendré que explicarle bien las cosas, tendré que convencerlo de que esto es lo que deseo para mí.
—Por eso no quería que me lo explicaras, me obligas a darte la razón y ponerme en contra de Lovi —se lamentó, luego suspiró otra vez—. De acuerdo, te ayudaré con esto. Juntos le diremos a Lovino que esto es lo que realmente quieres.
Feliciano sonrió ampliamente y abrazó a Antonio.
—Gracias, ¡Gracias!
Antonio regresó el abrazo.
—Espero que Lovino no me eche de la casa —deseó Feliciano con un humor negro.
—Espero que Lovino no nos eche de la casa —corrigió Antonio.
Al terminar de hablar con Antonio, cuando mencionó al rey, Feliciano corrió hacia la oficina de éste. Abrió la puerta sin tocarla primero y entró.
Estaba completamente vacía, no había nadie dentro de ella.
—Antonio ¿Qué significa esto? —dijo con decepción y un poco de miedo.
—Si no hubieras salido corriendo te lo hubiera dicho —regañó levemente el mayor— . El rey fue a la reunión de los reinos de las cuatro lunas.
—Peace Shrine —reconoció suavemente Feliciano. Ahora los demás reyes sabrían que no había jack, a menos que el rey hubiera conseguido un reemplazo. Tenía miedo de la respuesta, pero se obligó a sí mismo a preguntar— ¿Consiguió otro jack?
—No —dijo Antonio, bajando su mirada—. Últimamente casi ni le habla a nadie, no ha pedido otro jack, y cuando alguien lo insinúa, lo manda a callar inmediatamente. Muchas personas han estado a punto de perder sus empleos.
Feliciano no sabía si alegrarse o sentirse triste y culpable.
—¿Qué son esas flores, Feliciano? —preguntó Antonio para cambiar el tema.
—Son una especie que crece al norte, muy bonitas. Son un regalo para Ludwig.
—Deberías ponerlas en agua —aconsejó.
Después de dejar las flores en un jarrón con agua en el despacho del rubio; Feliciano se había sentado por una hora, había dado un paseo por el jardín, había practicado dibujar un pájaro que había visto, ya no sabía qué más hacer. Se estaba haciendo tarde y Ludwig aún no llegaba. Pronto tendría que ir a casa y enfrentar a su hermano, le hablaría de su sueño con su abuelo, y si es posible le contaría todos los detalles, con el fin de que entendiera su situación. No podía contarle los sentimientos de Ludwig, porque esos no eran suyos, y no sabría las consecuencias de ventilar los secretos del rey sin su consentimiento.
Ya el sol estaba por ocultarse, toda la tarde había esperado en el castillo.
Visitó su antiguo cuarto, justo como lo había dejado. Su lanza seguía ahí. Nadie había tocado esa habitación, al parecer.
Era inevitable, tendría que esperar al día siguiente para hablar con el rey de Hearts.
Sonrió para sí mismo, de verdad le hubiera gustado ver la reacción de Ludwig al ver las flores en su escritorio.
Se despidió de Antonio, diciéndole que esperaba que llegara pronto a su hogar para ayudarlo a calmar a Lovino, una vez que lo viera. Éste aceptó, era bueno no estar solo en esto.
Caminaba despacio hacia la puerta del castillo, una parte de él aún tenía la esperanza de que Ludwig llegara antes de que él se fuera. Pero cuando colocó un pie fuera de la puerta del enorme hogar del rey, estuvo seguro de su decepción al no verlo.
Comenzó a caminar lentamente, alejándose cada vez más del castillo. Después de los nervios que había tenido todo el día, necesitaba aplacar su desilusión al no haber visto al rey. Iba dando pequeños saltos hacia las afueras de su antiguo lugar de trabajo, planeando ya lo que diría al día siguiente, algo como "Un admirador secreto le dejó esas flores ayer, Su Alteza", "Dicen que las muchachas bonitas reciben una flor, pero los hombres guapos reciben más", "Me dijeron que cuando un rey se pone celoso, caen flores desde el cielo"… Feliciano reía ante sus ocurrencias, tal vez haría a Ludwig reír con ellas.
De repente.
—¡Feliciano! —no era la voz de Antonio, era otra voz. Una voz que hacía que Feliciano se derritiera al escucharla.
No estaba seguro si era su imaginación jugándole una cruel broma.
—¡Feliciano! —escuchó de nuevo, si fuera falso no se repetiría ¿Verdad?
Feliciano se dio la vuelta, y lo vio.
Ludwig Beilschmidt, su cabello estaba despeinado, sus ojos aún más azules de lo que recordaba, su voz prominente y masculina… todo él estaba ahí, a unos metros de él, parecía cansado por el grito que había dado.
Feliciano no quiso moverse, ni vio al rubio hacer algún movimiento. Solo estaban ahí, viéndose fijamente, sus rostros con una expresión que indicaba que no parecían creer lo que tenían en frente. Tenían miedo de que si se acercaba, la bella alucinación desaparecería.
El jack se movió primero, colocó un pie hacia adelante. Ludwig pareció percatarse, porque comenzó a correr hacia él, rápidamente, tanto como sus piernas le permitían. Feliciano corrió también, con todas sus fuerzas, como si su tiempo estuviera contado, como si sólo tuviera un momento más de vida. Cómo si todo dependiera de ese encuentro.
Todo se resumía a esto.
Feliciano cayó en cuenta de lo que iba a pasar, se frenó a sí mismo, se esforzó por controlarse y extender su mano, podía lanzarse a los brazos de Ludwig, pero no a los brazos del rey, tendría que conformarse con un saludo respetuoso, se inclinó para hacer una reverencia.
A éste pareció importarle poco, porque lo abrazó con fuerza, lo envolvió con sus brazos y lo levantó del suelo. Feliciano abrió los ojos en sorpresa, se rió abiertamente y regresó el abrazo sobre el cuello del rey. Sintió los fuertes brazos de Ludwig alrededor de él, sintió el olor tan atrayente del rubio; Feliciano sintió una alegría enorme, un gozo abrumador, era real, todo esto era real. Y era hermoso.
Ludwig soltó su abrazo y posó una mano sobre la mejilla del castaño, viéndolo fijamente. Sí, los ojos del rubio seguían siendo los más hermosos que había visto.
—Vi las flores y corrí hasta aquí, esperaba que aún no te hubieras ido —dijo Ludwig finalmente, en su tono de voz se escuchaba una dicha grande.
¿Las flores? Feliciano intentó recordar lo que había planeado decirle.
—Ve… "Un guapo admirador secreto cayó del cielo porque estaba celoso"
¿Qué acababa de decir? ¡Eso ni siquiera tenía sentido!
Ludwig hizo una expresión de confusión. Se quedó viéndolo un momento y luego habló.
—Eres tan extraño… —dijo mientras reía. Ese siempre le había parecido a Feliciano el más contagiante y alegre sonido que había escuchado. Podría escuchar su risa por siempre.
Sintió la mano del otro en su rostro aún, su calor tocando su piel. El silencio se hizo una vez más.
—Dímelo —pidió Ludwig de repente.
—¿Eh? —los pensamientos de Feliciano habían sido interrumpidos
—Lo que sientes por mí —La mirada de Ludwig era dulce, cálida, llena de cariño.
Feliciano se dio cuenta de que sus ojos habían estado expuestos todo este tiempo, y que no se había esforzado en lo más mínimo en distraer su mente y alejarla de su corazón. Ludwig había estado leyéndolo, y había descubierto que todo lo que el castaño había dicho en la última vez que se vieron, era completamente falso. El rubio había descubierto su acto y desenmascarado su mentira.
Ahora sabía exactamente como Feliciano Vargas se sentía.
—Ve… sabes lo que siento, puedes verlo en mis ojos ¿No?
Ludwig asintió, pero siempre habló.
—Aun así, quiero escucharlo.
Feliciano parpadeó, ya no era momento para pensar. Sintió dentro de él, que esto era lo correcto y habló.
—Te amo, Ludwig.
El rey sonrió ampliamente, era extraño verlo así; pero Feliciano podría acostumbrarse fácilmente.
Sintió los brazos de Ludwig abrazarlo nuevamente, y se dejó llevar en su sostén. Cerró los ojos y disfrutó de la sensación de estar con el rubio, y ya nunca alejarse de él.
Cuando abrió los ojos, vio a lo lejos una figura: la reina Kiku estaba ahí, cruzado de brazos.
Sintió su cuerpo paralizarse, y después interrumpió el abrazo repentinamente. Sus nervios se acrecentaron y sus brazos cayeron a la par suya. Ludwig no había notado la presencia extra.
—Lu-, Rey…
Ludwig se alejó lo suficiente para ver el rostro de Feliciano, los sentimientos que vio en él parecieron alarmarlo porque se dio la vuelta. Cuando reconoció de quien se trataba, le indicó a Feliciano que lo acompañara. Ambos caminaron hasta estar frente a Kiku.
—¡Kiku mira! —exclamó— ¡Feliciano va a regresar! —dijo con alegría obvia, caminando hacia él. Por primera vez no era Feliciano el que no podía leer el ambiente.
Feliciano no supo qué hacer, esto era demasiado incómodo. Sabía que este momento llegaría, y aún así no estaba preparado. Tarde o temprano, Kiku tendría que saber la verdad, él no estaba dispuesto a ocultarlo más. Si Ludwig de verdad quería estar con el jack, tendría que ser sincero con su esposo.
—Bienvenido —saludo Kiku con una expresión imposible de leer, al menos para Feliciano.
No sé que me pasa que no puedo terminar con un capítulo sin nada de suspenso. Aunque yo pienso que este es un buen final de cap, la única duda que nos queda respecto a esto es la opinión de Kiku.
Quienes crean que esto es el final, NO... No estoy lista para decirle adiós a esta historia, y no lo estaré por un buen tiempo... Quedan muchos personajes por descubrir, y muchos capítulos por escribir, así es que no se preocupen ;D
Los últimos capítulos se han tratado enteramente de GerIta y de Hearts, el siguiente cap los dejare descansar y se tratara de DIAMONDS! Así que sabrán la historia de Francis y sobre la estatua de oro que visita cada día.
A ver, quiero darme una galleta yo solita porque esto fue un reto. Terminar en tan poco tiempo un capítulo tan largo es un verdadero trabajo.
Como no fue el fin del mundo el 21, ahora les deseo ¡Una agradable noche buena, una feliz navidad y un prospero año nuevo!
¡El capitulo anterior tuvo una buenísima respuesta de reviews, los quiero por eso! No voy a pedirles que se repita, pero un review sería un buen regalo de navidad *guiño guiño*
Bye~
P.D. Alguien ha visto K project? Solo estoy esperando el capitulo final! Si no lo han visto lo super recomiendo, además también porque últimamente estoy pensando en hacer un one-shot basándome en una de las parejas ;D
