Agradecimientos a rinxxxav, story love, claudiozero777, Tsukishirohime-chan, Anita509, Argin Heart, Naoko Tendo, chofisima, ryu archer, metitus, a1dee, LadySc -Maaya-, chappyxrukia, Uchiha Katze, Laura V, love_ichiruki, RukiaxUchiha, Kumiko Kusajishi, SakuraHimeSama y a todas las personas que se han tomado la molestia de pasar a leer y/o dejar su comentario y una disculpa a quienes no pude responderles su review mi internet se pone roñoso ¬¬ pero no volveráapasar.

Ok ya, ya finalmente pue venir a subir el capítulo, me tardé mucho T.T una disculpa también por eso u.u tuve muchas complicaciones tanto al escribirlo como para tener el tiempo, pero ya es el capítulo XI, que espero sea de su completo agrado y como lo prometí, va dedicado a Tsukishirohime-chan por toda su ayuda en la mejoría n.n

Ya se darán cuenta de que es más fácil casarse en Japón que en occidente jeje y ojala guste el lemmon.

Les mando muchos saludos, se cuidan y nos vemos pronto ;)


… … * … …

Capítulo XI

"Boda & Una Noche

A la hora fijada, el día 11 del calendario, yacía ataviada de aquel kimono completamente blanco con un sobre-kimono rojizo, sobre su elaborado peinado y adornos, traía una capucha blanquecina, según las creencias, para ocultar los cuernos los cuales daban el significativo de diablo, ya que eran común la creencia de que toda mujer tenía un diablo en su corazón y debía ocultarlo. A unos centímetros distantes, a su lado, estaba el pelinaranja, envuelto en el kimono tradicional masculino en tono gris oscuro.

No se había dirigido la palabra en ningún momento, una que otra mirada por mucho, la ocasión propiciaba a un mutismo y seriedad, aún aguardaban a que el fraile purificara el templo a realizarse la ceremonia. Para cuando éste culminó su labor, permitió el acceso tanto a la pareja a contraer nupcias como al mismo hermano de la morena, las hermanas de Ichigo y su padre; ya que según la tradición, a la ceremonia sólo está permitida la asistencia de los familiares más cercanos de ambos contrayentes.

Se ubicaron cercanos al monje, quien se encargaría de dirigir y hacer válido ese matrimonio desde una elevada superficie cerca de las divinidades.

La ceremonia no era algo que tomara mucho tiempo, pues con la presencia de las respectivas familias y los contrayentes se dio seguimiento a leer el código de ética de Meiji y el ingerir sake en tres momentos diferentes durante el evento.

Para después dar por culminada la ceremonia, tanto la morena como su ahora esposo salieron en procesión del templo, siendo seguidos por sus familiares.

Una vez al aire libre, finalmente alguien se dignó a retirar aquella capucha blanca que Rukia traía puesta, para lucir su elaborado peinado con todo y su ornamentación. No obstante por la formalidad del evento, pasaron a felicitarse con una reverencia, ya había quedado sellado el contrato y sólo quedaba que se diera marcha a la recepción, donde seguramente sus invitados estarían esperándoles para dar pié a la celebración.

El transporte les aguardaba, así por los Kurosaki abordaron su respectivo carruaje, hizo lo propio Kuchiki Byakuya, mientras en el tercer carruaje se tomó a disposición de la ojiazul y el pelinaranja.

El trayecto sería un poco largo, así que mientras se contemplaba el cielo y los nacarados rayos del sol en anunció al ocaso, así como el paisaje alegre en sus colores.

Ichigo rompió el silencio.

—Su presencia resalta entre la seda blanca— Le elogió, como un inicio a que empezara una amena charla.

—Gracias— Respondió con una media sonrisa, fijando sus ojuelos de mar en aquel muchacho que ahora formaba parte de su vida.

— ¿No tiene un elogio para mí? — Inquirió enarcando una ceja, esperando que ella hablara.

—Se los haré saber cuando deba— Volvió a sonreírle, para después ladear su rostro para continuar deleitándose del panorama.

No dijo más, la vista era maravillosa, pero la presencia de su mujer captaba más su atención, ese perfil perfecto, la tez tan nívea y bien contrastada con sus ojos y su cabello, con diversos adornos hechos de metales preciosos y pedrería, la media sonrisa que ella enfilaba y el aroma que desprendía y como estela iba hasta a su nariz, dulcificándole.

— ¿No le emociona el hecho de saber como será nuestro hogar? — Volvió a preguntar el muchacho, ella estaba muy callada, pero en su rostro era evidente cierta alegría, aunque le causaba cierta curiosidad saber la razón, podía ser cualquier cosa.

—Claro… Por lo que escuché es un sitio grande, tendré que estudiarlo muy bien para no perderme— Aclaró con simpatía — ¿Usted ya tuvo la oportunidad de verlo? — Le preguntó, esperaba que no, así el asombro sería de ambos.

—No, mi padre no me lo permitió— Declaró, en efecto cierto padre suyo no le dio dato alguno, según era una sorpresa, pero ya no lo sería tanto, puesto que en esos momentos los que habían recibido el asombro al conocer la propiedad eran los invitados.

—Y por cierto… hoy la veo alegre— Comentó amenamente, esperando que ella le dijera las razones.

— ¿Insinúa que los demás días he estado de amargada? — Airosa le preguntó, alzando su ceja, vaya manera suya de arruinar el momento.

—No para nada— Le contestó, desde que la conocía, siempre encontraba un vestigio de agresión verbal a cada palabra que soltaba cuando no tenía ni la intención.

Hubo otro silencio, Rukia contempló de nuevo el paisaje, lo cual le hacía recordar cada situación vivida y que se relacionaba con Ichigo, desde esa primera mala impresión, las discusiones, los gritos, las ofensas, el día del lago, cuando le salvó de sus profundidades, sus sorpresivas visitas al cuartel, la noche del festival, su despedida poco convencional y el que podía decir más significativo momento, el abrazo compartido en el festejo del anuncio. La percepción que tenía de él cambió poco a poco, revolucionando su vida, sus propias emociones, era cuando notaba que las cosas pudieron ser peor pero la voluntad de ambos hizo que cambiara de curso a uno más próspero.

—Si las cosas hubieran continuado tan mal como la primera ocasión, en estos momentos estaría muy molesta— Comentó la morena, volviendo a posar sus ojos en Ichigo, quien sostuvo su mirada con asombro, entendía lo que trataba de decirle, y le alegra el mensaje oculto, era la primera vez que le expresaba su gusto por que estuviesen juntos.

—Afortunadamente, y con su ayuda, mi opinión cambió… Me alegra que sea usted la persona con la pasaré todo mi vida— Terminó de confesar con un muy ligero rubor matizando sus pómulos, bajando un poco la mirada por la pena, nunca antes había expresado ese tipo de sentimientos a una persona en específico.

—Lo mismo digo— Le regresó el comentario.

Poco después observaron como antes ellos se abrían los anchos portones, ya se podía leer el grabado de sus apellidos en el arco de entrada. Una vez vuelto a emprender la marcha al interior del antepatio, un camino de tierra que los guiaría a la entrada principal, donde seguramente les recibiría alguien, en ambos lado era apreciable la vegetación y esos frondosos árboles cubiertos de tradicionales flores rosas, sus pétalos cayendo en vilo, un espectáculo imposible de ignorar.

Rukia estiró su mano para que en el hueco de su palma se aglomeraran varios pétalos, los contempló un poco, le gustaba su color y textura, tan suaves, para después animosa arrojarlos de nuevo.

Momentos después el carruaje se detuvo frente a las puertas principales, cuidadosamente desbordaron, sobre todo la morena, quería evitar ensuciar su kimono.

Un mujer de edad avanzada hizo una reverencia y guió tanto a los ya esposos, como a sus familiares cercanos al amplio recinto donde yacía reunidos los invitados que nada más aguardaban al arribo de la pareja.

Al entrar el recinto se llenó de aplausos y bullicio, completamente lleno en su mayoría por miembros de las distintas divisiones, pero también estaban nobles entre ellos, tanto mujeres como hombres, todos con sus más finas galas, resaltando el negro en el atuendo negro de las mujeres casadas y los coloridos kimonos en las solteras, como indicaba la costumbre.

Rukia sin poder evitarlo se aferró con fuerza al brazo de él, lo cual le dio a entender que estaba algo nerviosa y asustada. A diferencia de la mayoría de las mujeres, a la morena detestaba ser el centro de atención.

La tranquilizó poniendo su mano sobre la de ella y oprimiéndola para darle ánimos.

Tras subir la plataforma, tomaron asiento en la mesa central, desde ahí se podían apreciar algunos de los invitados, el pelinaranja encontró entre ellos a sus amigos, quienes parecían esperar el brindis para colmarse de sake, aunque era notorio que el que no la estaba pasando muy bien era el calvito, ya que por segunda ocasión en un evento formal, venía acompañado de la molesta castaña de la familia Asano.

También se encontró con algunos Capitanes, había gente distinguida.

Rukia por su parte se encontró con aquella rubia mujer que no dejaba de cotillear con algunas de las damas de la mesa contigua, así mismo a Kiyone y su hermana mayor, Isane. Sin olvidar al Capitán Kyoraku y a Lady Ise Nanao que no tenía muy bonita expresión, ya que consideró que había arruinado su existencia al aceptar a Kurosaki, no conocía las razones de su evidente odio pero ya tendría tiempo para saberlo.

Lo primero que se sirvió fue el brebaje sagrado, el sake, puesto una vez todos los recipiente servidos, se daría inicio a las palabras, todo un discurso alusivo al festejo.

Cuando todo estuvo en el momento, desde la mesa principal habló el pelinaranja.

—Quiero presentarles a Rukia, de la familia Kuchiki, nativa de Kyoto— Dijo el muchacho, el mencionar algunos datos básicos de su ya esposa era parte del protocolo.

Cuando terminó, miró a su esposa, ella también tenía que hablar, para Rukia era la parte más complicada, de hecho tuvo que aprenderse de memoria lo que iba a decir, esperando no arruinarlo.

—Es un honor presentarles a mi esposo, Kurosaki Ichigo, un hombre lleno de virtudes, es prudente, respetuoso, amable, talentoso y protector— Con eso finalizó, cumpliendo con el protocolo en derretirse en elogios y alabanzas hacia su esposo, algunas de las virtudes dicha no concordaban mucho viéndolo de ciertos enfoques.

Los amigos del pelinaranja se miraron entre si al escuchar a la morena hablar y resaltar esas virtudes, ninguno se creía las dos primeras por el trato que Kurosaki les daba aún siendo sus amistades.

Quien no se tragó ni una sola de las virtudes fue Ise Nanao, pues ante cada palabras sus ojos se abrían cada vez debido a la sorpresa, Kurosaki no podía tener esas cualidades, sobre todo por los altercado que tuvo con él en antaño, desde ahí nunca pensó que el hijo de Isshin fuese un hombre digno de su apellido.

En cambio Inoue Orihime, que se encontraba ocupando mesa con su hermano mayor, sonreía a pesar de la desdicha, ella era una de las pocas personas que podía decir que Kuchiki decía la verdad, al menos su trato con Kurosaki siempre fue así.

No sólo la pareja tuvo que hablar, los cabecillas de familia también, Kuchiki Byakuya habló poco, se encargó de decir lo suficiente de ambos, mientras Kurosaki Isshin habló más de lo debido, se desató en elogios tanto para su hijo como para la nuera.

Después se dio inicio a probar las delicias elaboradas para la celebración, a todos los presentes se les sirvió en porciones iguales 3 diferentes platillos, los cuales se acompañaron con sake o con agua para quien no le gustara, no viera educado tomarlo o no estuviese en edad de hacerlo, como algunas de las damas.

Con tranquilidad se degustó la comida, la miradas de aquel par se cruzaban por momentos o con una ligera sonrisa se daban a entender la comodidad en la que se encontraban.

Aunque incluso la recepción no era algo que se llevara en mucho en celebrar, una vez que terminaran de comer lo elaborado tendrían que pasar a agradecer la presencia de los invitados con lo cual anunciaba el prontitud de la culminación del festejo, dando paso a lo inevitable. Rukia lo sabía, en aproximadamente media hora se estaría enfrentando al tema de conversación de la mañana que tuvo con Rangiku, Nanao y la misma Yumi, por eso sentía que lo nervios la estaban invadiendo.

Minutos después se dio inicio a la procesión de entre las mesas en el recinto, como la costumbre lo marcaba, tuvieron que erguirse para agradecer de mesa en mesa la presencia de los invitados, Rukia tenía que guardar un metro de distancia tras el pelinaranja, casi asomándose por encima de su hombro. Conforme pasaban por cada mesa, los asistentes les retribuían su consideración para después desocuparla y marcharse.

Si bien el transcurso en las diversas mesas fue bastante tranquilo y con intercambios de palabras educadas y nada fuera de lo normal, claro, hasta que llegó a la mesa de sus compañeros de armas que antes de agradecer, lo bombardearon con todo tipo de quejas, desde la comida hasta la bebida que porque no se les dio lo suficiente, además de los comentarios elevados de tono y que se vinculaban con la morena ojiazul.

—Ella es muy inocente— Le dijo Sentaro con cierta audacia.

— ¿Acaso pretendes enseñarme? — Inquirió algo molesto, por supuesto que lo sabía, lo que menos necesitaba eran comentarios incómodos, al menos no en frente de ella.

Rukia trataba de mostrarse lo más tranquila posible, pero en el interior era toda una marea de dudas y nervios, conforme notaba como la mayoría de los invitados desalojaba el recinto sintió que las piernas le flaquearon por instantes.

Cuando en aquella gran casa sólo quedaron sus familiares cercanos, se dio el momento a una despedida, obviamente, para dejarles disfrutar del resto de la velada.

—Con su permiso paso a retirarme— Fue la seria voz del hermano mayor de la morena la que se escuchó, antes de marcharse la miró por unos instantes, no pretendía decirle nada para apaciguarla, se supone que para eso pidió a esas damas a que tuvieran la charla con su hermana, su parte ya estaba hecha, lo demás lo dejaba en sus manos.

—Nosotros también nos vamos— Dijo el pretencioso padre del pelinaranja, dejando a su hijo azorado, pero era algo de tarde o temprano tendría que ocurrir.

—Te veremos pronto Ichi-ni— La pequeña Yuzu dijo con ese tono tan dulce que la caracteriza.

—Recuerda lo que te dije... Nos veremos— Comentó la morena guiñándole un ojo a su hermano mayor, quien al instante entendió a que se refería, como olvidar sus sugerencias.

— ¿Qué-qué le dijiste? — Comenzó a preguntar el mayor con mucha curiosidad mientras se encaminaban hacia la salida.

Poco a poco las voces se fueron desvaneciendo, hasta que ambos quedaron en mutismo y en medio del gran recinto.

—Creo que…— Balbuceó entre tartajeos, mirándola con cierta reserva —deberías ir a la habitación…— Sutilmente lo insinuó, la morena sólo bajó la cabeza y asintió.

—Ahí estaré esperándote…— Lo dijo casi en un susurró, fueron palabras que le causaron un gran bochorno por lo que englobaban.

Acto seguido la morena salió del recinto por donde había entrado, y fue a ir en busca de alguien de servidumbre que fuese tan amable de indicarle la habitación ya que ese nuevo espacio era completamente desconocido.

Mientras tanto el pelinaranja seguía varado en ese mismo lugar, ideando que demonios hacer una vez que entrara a la recámara y corriera la puerta pero nada llegaba a su mente, se sentía atrapado, para ella era algo que debía tratarse con delicadeza y él era algo impulsivo… quizás la improvisación sería una mejor arma pero trataría de no olvidar el consejo de su hermana.

En medio del silencio, bajo la nítida luz de dos candelabros, la morena esperaba en medio del amplio futón la llegada de Kurosaki, ataviada de un jubón del mismo material que sus kimonos, esa fina tela era lo único que cubría su piel de caer en la desnudez.

De vez en cuando miraba a la puerta, preguntándose cuanto más iba a demorar, ya que escasos minutos atrás alguien de servidumbre había entrado en busca de la bata azulina que pertenecía a él, seguro para llevársela y se mudara, pero no estaba ansiosa de que ese proceso diera inicio, de hecho temblaba de miedo, no aquel que se percibe cuando hay un peligro eminente, era miedo a algo especial, a la experimentación de nuevas sensaciones junto a él.

Pocos minutos después se volvió a correr la puerta, dejando pasar al muchacho de hebras naranjas arropado en esas telas oscuras que hace minutos había buscado servidumbre. Se cerró la puerta dejándolos en privacía, ni siquiera buscaron mirarse, el ambiente era de completa tensión, sin embargo no se podía postergar por mucho tiempo.

El pelinaranja se acercó hasta donde ella, se sintió incómodo, sin saber como emprender la tarea de dejarla embarazada. Era una situación insólita; nunca había estado en alguna semejante. Si la mujer que tenía ante él hubiese sido una del barrio rojo, ella sabría exactamente qué hacer si él la animaba a hacerlo. Pero ésta era diferente y resolvió que sería cortés a cualquier costo; no podría permitir que todo degenerase.

Rukia se mantenía con la mirada gacha debido a la cercanía que mantenía con él, sus manos tiritaban, simplemente aguardaba a que diera el primer paso que ella no sabía dar.

Ichigo comprendió que debía atravesar la barrera de formalidad que existía entrambos.

— Rukia, — Le dijo, usando deliberadamente su nombre de pila—tratemos de sentirnos cómodos uno con el otro. Con ésta formalidad, no llegaremos a ninguna parte—

La morena se animó a levantar la mirada y asintió con una ligera sonrisa.

—Trataré de no hacerte daño— Dijo, en voz ronca— Trataré de ser delicado—

Pero Rukia no tenía noción de que un acoplamiento fuese delicado, todo lo contrario.

—Y será mucho más fácil si tú no te resistes— Advirtió — ¿Me ayudarás, Rukia? —

Se pasó la lengua por sus labios reseco y susurró:

—Lo intentaré—

Le vio acercarse más con toda la intención de dar inicio. Ahora que iba a suceder, la noción de que Kurosaki compartiría con ella la intimidad del futón, que se tendería junto a ella, desnudo, le provocó un estremecimiento que la recorrió toda y que casi no pudo contener.

Tranquila y delicadamente la recostó, observó su mirada profunda y azul del mar, percibió su temor, de ningún modo deseaba que ella se sintiera atrapada. Desanudó aquel cinto, y desplegó a los costados la estorbosa tela, dejando a su deleite la nívea piel de la joven. Se le secó la boca al verla en su estado natural, que los dioses tuvieran piedad de él, ¿Cómo haría para contener el flagrante deseo que empezaba a sentir?

Sus mejillas se tiñeron de carmín cuando él le contempló en su desnudez, y poco después él mismo tomó su mano y la guío a que le desanudara el cinto de su propia túnica, dejando a penas visible su tostado cuerpo, ni siquiera iba por la mitad del camino y ya quería salir corriendo pero sabía que él no se lo permitiría.

La tentación de tocarla terminó venciéndolo, se inclinó hacia ella y besó con ternura su mejilla, tomando un rumbo hacia su cuello, así mismo sus manos buscaron entretenerse al sembrar caricias en ese virginal cuerpo.

La ojiazul sentía las manos de él increíblemente fuertes y cálidas. A medida que le acariciaba y frotaba su cuerpo contra el suyo sentía que su calor le iba penetrando. Era una sensación maravillosa, aunque su proximidad le cortaba el aliento. Vio que su mirada se posaba en sus pechos, que ascendía y descendían a causa de la respiración.

El deseo y los anhelos se remontaron en él, salvajes, y lo empujaron a seducirla, a acabar con su virginidad.

Se incorporó sobre las rodillas poniéndose a horcajadas sobre los muslos de ella, y luego descendió para colocar su erección en la rosada hendidura femenina, sostuvo con la suya la mirada de la morena y la penetró con cuidado.

— ¿Te duele? — Susurró el pelinaranja con la voz ronca de deseo en el oído de la joven.

—Un-un poco— Expresó lastimosamente, con dificultad, elevando apenas sus piernas para favorecer esa furtiva invasión.

Se detuvo cuando calculó que estaba a medio camino dentro de ella, a fin de permitirle que tuviera tiempo de acostumbrarse a esa sensación nueva. Le acarició instando a ese suave y adorable cuerpo a rendirse por completo.

Rukia se sentía colmada, a punto de explotar, hasta esa noche, jamás había tenido conciencia de su monte de Venus; ahora lo percibía sensible, tibio, vivo. El calor y la presión eran tan deliciosos que creyó que se derretía por dentro. Rukia nunca creyó que hubiese nada más exquisito, pero se equivocaba.

Estando seguro, sus manos se deslizaron desde la cintura hasta las caderas de la ojiazul, para sujetarla. La atrajo hacia abajo con rapidez y firmeza y, al mismo tiempo, se impulso hacia arriba sin piedad, perforando el obstáculo que custodiaba su inocencia.

De la garganta de la morena escapó un grito que no tuvo tiempo de contener, no lloraría, no lo haría. Ichigo la apretó contra sí.

—Tranquila— Le susurró. No podía soportar la idea de provocarle más dolor y le concedió un minuto a que se recuperase, buscó su mirada encontrándola acongojada, por un momento creyó que iba a ahogarse en las profundidades de esos ojos azules.

Cuando el muchacho la cubrió, apoyó las manos en el pecho de él como para defenderse, su pecho macizo le rozaba la mejilla y podía oír el palpitar de su corazón. Pero él empezó a moverse dentro de ella y la envolvió en su aroma, nunca antes había sentido a una mujer tan apretada y ardiente en su vida.

Continuó con su afanoso vaivén que les robaba el aliento, por parte de la morena ya no sentía esa intensa molesta en su bajo vientre, quedó atónita ante lo mucho que disfrutaba sintiéndolo. Hizo una profunda inspiración y se rindió a él, gozosa en la percepción de su gran potencia.

De súbito, lo sintió ponerse rígido, lo oyó jadear, luego su cuerpo se arqueó, y su simiente se derramo en las entrañas.

Fue el suceso más impresionante en su vida, observó la boca del pelinaranja con avidez, ansiando besarlo y conocer su sabor, le temblaba aún todo el cuerpo. Pero nada de eso sucedió, lo cual le extrañaba.

Rukia tardó en dormirse ya que no estaba acostumbrada a ese nuevo futón ni a dormir con otra persona. Mientras el ojimiel cuando estuvo seguro de que ella había caído rendida hasta el límite del sueño, depositó un beso en la frente de la morena y le acarició el pelo.

Esa noche había dado rienda suelta a las emociones y deseos que ella le despertaba, dejándose llevar, pero eso era sólo el comienzo.


Verdad que tengo razón al decir que las bodas en Japón son menos molestas? 20 minutitos y ya está casado! no que acá como 1 hora de misa y ahhh me trauma u.u que bueno que me casé por el civil xDDD

Saludos y gracias!!