Disclaimer: Como ya sabrán, los personajes son de Stephenie Meyer, a ella las gracias, yo sólo peleo con el ocio.
Capítulo XI
Deseos
Edward
«Porque no hay garantía de que la vida sea fácil.»
.
Dormí hasta que Alice me despertó y para mi gusto era demasiado temprano. Tenía la espinita de la curiosidad y la intriga por Bella al no contestar mis llamadas ni mis mensajes y haber apagado su celular. Algo me decía que el aparato no se había descompuesto.
—Edward, quita esa cara —exclamó Alice con su tono serio—. A mí tampoco me contesta, pero no por eso deseo arrugas antes de tiempo. Espera a llegar al instituto.
Positivismo ven a mí. No lo encontraba, de hecho no encontraba nada bueno de todo esto. En la fiesta se veía tan hermosa, tan radiante con su sonrisa que me hacía pensar en cómo podré estar tanto tiempo lejos de ella. Estaba feliz antes de irse, estábamos bien.
—¿Vamos? Sé que mueres por irte ya aunque refunfuñaras al despertarte.
Creo que mi rostro dice a la perfección que no estoy con un humor precisamente apto para una mujer como Alice. ¿No le quedó claro a ella cuando no contesté ninguna de sus preguntas? A veces pensaba que me conocía un poco más.
—Alice, esta situación me tiene un tanto preocupado —le dije al subirnos a mi auto—. Deja de interrumpir mis reflexiones para relajarme.
—Necesitas unos buenos golpes que con gusto te daría por estresarte así —replicó—. Bella seguramente tuvo algún altercado con Renée, o estaba tan cansada que se durmió al tocar su cama —comenzó a enumerar con tono molesto—, o tal vez su maldito celular estaba en silencio y se le olvidó revisarlo.
—¿Hoy en la mañana también olvidó apagar su despertador? —pregunté con sarcasmo—. No finjas tranquilidad. Te oí maldecir anoche.
Se cruzó de brazos fuertemente sin molestarse en rebatirme. El camino a Forks lo hicimos sólo con la música de la radio, sin palabras entre nosotros hasta que aparcamos en el Instituto.
—De acuerdo, tú ganas —reconoció acomodándose en el asiento y volteando hacia mí—. Bella no es de no contestar, no importa a qué hora la llame siempre atiende y eso que su celular la mayoría de las veces está sólo en vibrador. Algo me huele mal.
—Báñate.
Recibí un golpe en mi estomago bastante fuerte, pero hizo que el ambiente se aligerara un poco con su risa. Le revolví su cabello tan rebelde y suspiramos al unísono.
—¿Qué hora es?
Vi mi reloj y apuntaba que era las ocho menos cinco. Alice comenzó a mover inquietamente su pierna que por consiguiente, me puso inquieto a mí. Mentalicé mis pensamientos en algo feliz, agradable, como Bella anoche con su vestido. Ni comparada a las veces que la imaginé usando algo así: apegado a su figura, mostrando inocentemente su cuerpo y deseable hasta lo impropio.
El timbre me sacó de mis cavilaciones y —estúpidamente— me di cuenta que ese día no llegaría a clases. Era tan obvio al sólo saber que llegaba siempre quince minutos antes. Observé a Alice fruncir el ceño y bajarse sin mucho entusiasmo del coche.
—Esperaré a que todos entren e iré a verla, ¿de acuerdo?
Me asintió sin ánimos.
—Avísame cualquier cosa.
Intenté llamarla varias veces y nada. El estacionamiento estaba vacío de gente y en total silencio. Arranqué el motor y me dirigí a casa de ella sin otro intento de que contestara o prendiera su —en estos momentos lo odio— celular. Ni siquiera fui tan inteligente de pedir el número de su casa. Me hubiese ahorrado todo este malestar.
Estacioné donde el auto de Renée aparcaba ayer. Me quedé algunos segundos sin saber qué hacer, no tenía idea si estaría despierta o de humor para recibirme. Bajé con la determinación en todo mi cuerpo. Estaba en pie, escuchaba su voz y no estaba sola.
Llegué a la puerta con cierto arrepentimiento de interrumpir, pero de igual manera toqué el timbre. Oí sus pasos acercarse cada vez más hasta que la puerta se abrió. Vestía pijama, su pelo en una trenza improvisada y lo más hermoso que son sus ojos estaban rojos, brillosos, toda la connotación de que estuvo llorando.
—Hola —saludé al ver que no decía nada.
Acercó su cuerpo al mío y me abrazó fuertemente, le devolví el gesto de inmediato sin saber por qué había comenzado a llorar, ni por qué sentía una extraña sensación de angustia al verla. Acaricié su espalda, su cabello recogido y besé su cuello donde me quedé unos segundos. Subió lentamente su rostro hasta que quedó su mejilla rozando mi barbilla. Le di un pequeño beso en sus labios a lo que sonrió.
—Siento… no haber contestado —comenzó a excusarse con voz llorosa—. Lo apagué en cuanto llegué anoche —finalizó con un encogimiento de hombros y una sonrisa de disculpa.
Le sonreí de vuelta.
—¿Qué pasó? —pregunté mientras acariciaba su rostro—. ¿Estabas ocupada? —inquirí al recordar otra voz en la casa.
Asintió y volvió a abrazarme.
—Sucede que tengo una hermana —dijo con voz amortiguada en mi pecho sorprendiéndome—. Un año menor que yo, hija de Charlie y ni siquiera tenía conocimiento de ello —se separó observando el piso—. Me lo ocultaron todos estos años, Edward. Me siento una idiota.
—Tranquila —dije al ver que comenzaban a caer lágrimas otra vez—. Deberías esperar a Renée para que aclare esto. Supongo que ella lo sabe, ¿no?
Asintió nuevamente.
—Sí, la única ignorante era yo —respondió molesta—. ¿Te puedes quedar?
No le podía —ni deseaba— negar nada con ese brillo en sus marrones ojos. Era imposible no resistirse y menos ahora. Entré con ella y me llevó a la cocina.
—Ella es Renesmee —apuntó a la joven sentada frente a nosotros—. Él es Edward mi novio, y llámala Nessie —dijo recargándose en mí—, es más fácil.
—Había oído hablar de ti. Charlie quiere saber con quién sale su hija —explicó ante mi confusión. Bella rodó los ojos y bufó mientras se acomodaba en mi regazo—. Debes saber que si quieres ser partícipe de la familia Swan el interrogatorio no es un privilegio.
—¿Cuántos llevas tú? —preguntó con simpatía mi novia.
Renesmee puso cara pensativa y comenzó a contar con sus dedos. Si seguía así necesitaría nuestras manos.
—Sólo dos, los demás se dieron a la fuga.
Reímos por su respuesta y ella se encogió de hombros sonriéndonos. Observándola y sin tener que desviar la mirada, tenía cierto parecido con Bella, sobretodo en el color de sus ojos, eran idénticos. Llevaba el cabello suelto, largo hasta arriba de la cintura y con ondas que Rosalie envidiaría al verlas. Lo distinto al de Bella era su color que gracias a Alice, puedo decir que era igual al mío, un raro color bronce-castaño y ciertos matices más. La chica en sí era muy linda.
—¿Puedo pedirte algo, Bella? —averiguó mostrando una mueca—. Mi abuela me mataría si sabe que vine a Forks y falté a clases. ¿Serías tan amable de no decirle nada a Renée? Creo que me estoy arrepintiendo de haber venido, Charlie me castigará hasta que tenga treinta —exclamó con cierto horror dejando caer su cabeza sobre sus brazos.
—No seas exagerada, Renée no se enterará hasta que se digne a decirme a la verdad.
Su tono molesto fue claro y conciso. Se acurrucó más y le besé lo alto de su cabeza, Nessie miraba arqueando una ceja.
—Soy idiota —dijo ella inclinándose hacia atrás de su silla—. Tu mamá trabajando, Edward sin hacer nada, tú sin ir a clases y yo interrumpiendo lo que puede ser un momento íntimo —se levantó y se cruzó de brazos—. Me gustaría habernos conocido en otras… circunstancias, Bella.
La aludida se irguió sin un ápice de querer levantarse.
—Estás loca —comentó simplemente.
Su hermana asintió sonriéndole.
—Podríamos seguir con la plática tan espontánea algún sábado o domingo —sugirió sin esperar respuesta—. Tendré que decir algunas mentiras blancas para vernos, pero obviamente vale la pena.
Vi a Bella sonreír sinceramente.
—¿En qué vas a volver? —indagó ahora con un deje de preocupación.
Agitó su mano sin darle importancia.
—En bus, me gusta viajar así.
—Podríamos ir… —dos pares de ojos color chocolate me miraban con curiosidad— a dejarla. No tengo nada que hacer.
Bella me miraba y no sabía qué esperaba, se quedó unos segundos sin apartar la vista de mí hasta que volteó rápidamente a Nessie.
—A todo esto, ¿dónde vives?
—Seattle.
Mi novia ahora me observaba divertida. Se acercó a mi oído y susurró:
—Lamentarás haberte ofrecido —su acusación me hizo soltar una suave risa—. Edward vive allá, creo que probablemente no tendremos que esperar hasta el sábado para hablar.
Bueno, ahora entendí su punto. Suspiré y me pasé una mano por mi cabello, le gustaba hacerme sufrir sin necesidad de lo físico.
—Una hora y nada más —sentencié bromeando viendo a mi cuñada—. No sé si sabes pero mis días están contados.
Las vi hacer un mohín, Renesmee de preocupación y Bella de enfado. Se veía mucho más madura molesta. ¿Ya había dicho que la encontraba sexy?
—No tienes que repetirlo, por lo mismo Nessie entenderá que vamos a tener que esperar hasta el sábado.
—No te vas a morir de alguna enfermedad terminal, ¿verdad? —preguntó frunciendo sus cejas delineadas desde el otro lado de la mesa—. Porque si es así viviré con un remordimiento enorme.
Le reímos la equivocada especulación ganándonos una lengua —infantilmente— sacada por una joven de dieciséis años.
—No tengo intención de morir, sólo regreso a California por unos días —oí su suspiro de alivio y sonreí. Me caía bien esa niña.
—No quiero hablar de viajes ni California nunca más —musitó Bella levantándose de mis piernas—. Iré a cambiarme.
—¿Me pasas una bolsa para mi ropa? —pidió Nessie un tanto avergonzada—. Si no fuera por tu vena solidaria pescaría un resfrío.
Le indicó donde estaban y subió a su cuarto. Algo extraño pasaba por su cabeza, nunca había reaccionado así cuando salía a la conversación mi viaje. Me disculpé con Renesmee y subí al siguiente piso. No tenía idea cuál era el suyo así que golpeé el que supuse podría ser.
—Edward, me estoy cambiando —me recordó en tono no muy amistoso.
—Abre —le ordené en el mismo tono.
Pasaron unos segundos y por fin abrió dándome la espalda y caminando hacia un mueble. Cerré la puerta y la seguí, ignorando completamente el por qué de su actitud. Rodeé su cintura y me acerqué para hablarle.
—¿Vas a decirme qué te ocurre?
Negó lentamente con sus brazos cruzados.
—No me pasa nada.
La volteé algo brusco pero no oí queja alguna. Estaba comenzando a molestarme y no quería que por algo que ni siquiera sabía, enfadarnos. La besé sin mucha suavidad en un impulso, querer devorar sus labios, morder y succionarlos sin darle tiempo de reaccionar hicieron que se aferrara al cuello de mi camisa acercándome más a ella. Sentía un alivio el poder probar y sentir otra vez su suavidad, la calidez y la pasión de sus labios.
Perfilé —ahora en calma— con mi lengua sus rosados labios esperando que los abriera. Una de sus manos acariciaba mi mejilla y los dedos de la otra jugaban y aferraban los cabellos de mi nuca. Fue la que dio el primer paso al impulsarse y arremeter contra mi apasionadamente y de la fuerza que usó, me topé con su cama perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas a ella con Bella encima. Algo de lo que obviamente no me quejé.
—Debo parar… —habló contra mis labios mordiéndolos—. Pero no quiero ni pue…
La callé tomando su rostro y besándola con mucha más fuerza que antes. Dejándola sin respiración, jadeando mientras seguía mi labor favorita. Morder sus sensuales labios que en estos momentos eran mi perdición.
—Piensas demasiado, Bella —dije sintiendo su lengua perfilar ahora los míos.
Acomodó su cuerpo sentándose a horcajadas, sus manos a cada lado de mi cabeza y su cabello ahora suelto rozándome el rostro.
—Alguien debe hacerlo —besó succionando mi labio inferior—. Y al parecer… —respiró en cuanto toqué su piel desnuda—. ¿Debo ser la única sensata?
—¿Sientes calor? —pregunté acercando su cuello a mi boca—. Llevas al parecer demasiada ropa.
Dio un suave gemido en respuesta que prácticamente me llevó a la locura. El sonido encendió algo que mi autocontrol estaba tranquilizando. No quería asustarla, por lo que a regañadientes me separé de ella.
—Serás mi muerte, lo prometo —sentenció siguiendo mis intenciones y dándome el último beso.
—Deberías verte, Bella —sugerí sentándome normalmente y viéndola buscar su chaqueta—. Eres lo contrario a una chica normal. Nessie tiene razón, interrumpe los momentos íntimos.
Me lanzó una camiseta y sonrió ampliamente recordándome mi propósito al seguirla hasta aquí. Se veía tan feliz que no quise arruinar el momento. Bajé cogido de su mano y Renesmee esperaba pacientemente viendo los retratos.
—En serio siento interrumpir su privacidad, Jake odia cuando nos pasa a nosotros así que entiendo si se sienten frustrados sexualmente.
Habló sin desviar su mirada de las fotos colocadas estratégicamente en el mueble. Bella musitó un «mmh» algo incómoda y yo preferí no decir nada. Nos quedaban dos horas de viaje y no deseaba tener que llevar la conversación yo solo.
—Vamos, aunque sea llega a clases sin levantar sospechas.
El camino a Seattle fue divertido si tenías a Nessie como acompañante. Contaba anécdotas que a Bella la hicieron llorar de tanto reírse y unas historias bochornosas donde ella era la protagonista. Si seguían así, la relación de medias hermanas no iba a hacer para nada complicada. Es como si se conocieran de toda la vida.
—¿Podrías llevarme al parque? Caminaré para no levantar… sospechas.
Aparqué donde me dijo y antes de bajar se despidió de cada uno con un apretón de mano.
—Lo siento, es incomodo besarlos desde el asiento de atrás —explicó imitando un gracioso tono serio.
—Sin problemas —dijo Bella volteando para verla—. Cuídate y no te desvíes del camino.
Nessie rodó los ojos.
—Está bien —masculló—. Ahora que te conocí tendré a más personas vigilándome. Si eres como mi abuela prometo no meterme en tu camino.
—Dudo que sea como ella —replicó con una sonrisa—. Sólo estoy en el papel de hermana mayor, no creo que sea tan malo.
—Y son mujeres, imagínate a Emmett y Alice.
—Exacto, deberías sentirte feliz de no tener como hermano mayor a un hombre y sobre todo con nombre Emmett.
—Creo que no entendí bien, pero algún día exigiré una explicación —bajó divertida y antes de cerrar se despidió con una sonrisa—. Adiós tortolitos, cuídense.
La vimos cruzar el parque y cuando desapareció retomé el camino hacia mi casa. Bella llevaba cogida mi mano en su pierna y se veía satisfecha, con una perceptible sonrisa en su cara. Una mujer hermosa.
—Si Renée no sabe que Nessie estuvo en tu casa, ¿significa que faltaste al instituto por otra razón?
Se quedó en silencio con una seriedad no acorde a ella. Ahora más que nunca estaba seguro que algo me escondía.
—Voy a ir a ver a Charlie —dijo sin emoción alguna—. Con Renée por supuesto y volveré el fin de semana.
—¿Cuándo te vas?
—El miércoles.
Vaya, menos tiempo para estar con ella. Apretó un poco más el agarre de nuestras manos y recostó su cabeza en la ventana. No se veía emocionada ni siquiera un poquito.
—¿Estás así porque sabes ahora de tu hermana o hay algo más? —indagué tratando de sonar lo más suave posible. Asintió con sus ojos brillosos.
—No quiero ir —declaró, volviendo al tono molesto que usó en su casa—. Menos ahora.
La quedé viendo por un pequeño momento, entendiendo su punto de no querer ir sabiendo lo que le ocultaron, mas algo me decía que eso no era todo el problema.
—Sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad? —asintió de inmediato y le dediqué una sonrisa amigable—. Entonces podrías empezar por decirme la verdad desde un principio —cerró sus ojos y supe que estaba en lo correcto—. ¿A qué vas en medio de semana donde Charlie?
Suspiró parpadeando y dejando caer lágrimas sobre sus piernas. Me sentía impotente al no poder ayudarla, al no saber qué tan grave podría ser.
—Quiere… quiere que nos mudemos con él —su mirada encontró la mía y me vi a mi mismo sorprendido—. Tiene sus ventajas, como que es en California y estaríamos en el mismo estado.
Eso suprimió directamente mi desilusión y sonreí internamente por saber que la tendría mucho más cerca. Pero pensé inconscientemente en Alice y la sensación de perder a su mejor amiga. Bella se veía realmente afectada y el estar conduciendo no ayudaba a que su tristeza aminorara. Deseaba abrazarla.
—¿Ya sabes cuándo?
—Renée dijo que probablemente en las vacaciones —su tono neutro y mirada perdida hicieron que me estacionara en la carretera.
Nos quedamos en silencio y lo rompí pasados unos minutos.
—¿Sabes por qué Alice va al Instituto de Forks, vive en Seattle y no se ha ido a la casa de California aún?
Asintió sin decir nada más.
—Veo el problema, Bella —tomé su mano y sequé sus lágrimas que rápidamente eran sustituidas por otras—. Cuando Alice se entere ni siquiera va a llorar, va saltar como siempre lo hace y te abrazará dejándote sin respiración —me sonrió—. Tú te vas, ella se va. Son como siameses, no pueden estar lejos y mi hermana al saber que vivirás donde ella también puede estar será una loca feliz. ¿Eso te tenía así?
—No lo había pensado de ese modo —reconoció a su pesar—. Aparte de eso creo que saber de una hermana no ayudó mucho.
Su sonrisa ya más real sin atisbos de demasiada tristeza ni fingida felicidad, me contagió, y me incliné para darle un pequeño beso.
—Te quiero —susurró con nuestras frentes juntas.
Acaricié su mejilla y tras darle un suave beso contesté.
—Yo te quiero más.
Rodó los ojos y reímos ante la declaración. Era la primera vez que me decía aquello y me sentí un hombre afortunado. Bella ha sido con creces una de las mejores cosas que me ha pasado. Una mujer que estaba seguro amaba.
Un «te amo» y un «te quiero», personalmente, son muy importantes y diferentes... demasiado diferentes. Jamás le he dicho a alguien que lo amo, sí que lo quiero, esa palabra de cinco letras es muy, muy grande... y en la historia soy más bien como Bella, así que ese era mi comentario, no tiene relevancia, pero el final hizo que... en fin.
Gracias por estar aquí, saludos enormes, tengan buen día todos.
Éxito.
