Capitulo con Rating M, porque ya era justo y necesario.
CAPITULO 11
Los primeros en llegar a sus habitaciones fueron Mulder y Scully quienes entraron después de decir buenas noches.
Los demás continuaron con su trayecto hasta las habitaciones de Harm y Mac, antes de llegar Sam y Jack dijeron buenas noches y siguieron su camino al doblar en una esquina. Mac miraba desconcertada a Harm cuando vio que el sacaba la llave de su habitación.
- ¿Ya te irás a la cama?- le pregunto abrumada.
- Si, no quiero que me pase lo de esta mañana- contestó casi en un susurro porque se estaba haciendo el cansado.
- ¿Por qué no entras un rato? Así charlamos- le comento Mac.
- No, creo que es mejor que vayamos a descansar- le aconsejó mirando hacia el suelo.- Buenas noches Mac- se despidió dándole una mirada de culpa.
-Buenas noches Harm- le dijo y enseguida entró a su habitación dándole un portazo enfurecido.
No entendía por qué negaba aceptar lo que existía entre ellos dos, lanzaba los zapatos con furia en medio de la habitación y se cubría la cara con frustración. Se sentía derrotada y se sentía humillada porque aunque le insistiera a Harm, él se negaba a aceptar la realidad.
Mac se sentía mal porque ella había hecho todo lo posible para hacerle entender a Harm que el sentimiento generado entre ellos había crecido con los años y que no podía ser olvidado porque estaba ahí y se odiaba porque no pudo hacerle entender nada. De repente escucho que alguien le tocaba la puerta y ella se seco las lágrimas que corrían por su rostro antes de abrir.
Sus ojos brillaron ante la sorpresa de ver a Harm frente a ella.
- ¿Ocurre algo Harm?- preguntaba confundida.
- Necesito preguntarte algo- respondió perturbado.
Ella le dio espacio para que él pasara y Harm así lo hizo. Mac cerró la puerta tratando de ocultar su desmán por la repentina manifestación de Harm en su puerta. El se movía como león enjaulando en la habitación, con los labios ligeramente abiertos y su habitual mirada de cuando se encontraba enredado.
-¿Por qué lo haces? ¿Por qué insistes Mac?- preguntaba ligeramente alterado.
-¿Insistir con qué?- preguntaba mas confundida que antes. - En lo nuestro- se detuvo en medio de la habitación, mirándola fijamente,- En lo que ha nacido entre nosotros. Sabes como yo que es imposible, pero aun así insistes.
-Nada en esta vida es imposible Harm, tú más que nadie lo sabes- agregó con angustia.- Estoy harta de este juego de palabras, de besos sin sentido y de un amor que está pero que no se puede concretar. Yo lo quiero concretar y si me tengo que ir sobre todas las reglas de la marina y la naval lo haré- se acerco a él tomando su rostro entre sus manos.- Tal vez creas que estos últimos días me he estado comportando como una solterona desesperada, pero el hecho es Harm que no puedo más, si sigo con esta mentira me romperé- decía evitando romper a llorar.
- No llores, las marines no lloran - bromeaba con melancolía, secándole las lagrimas.- Mac… yo… sabes lo que siento por ti y no lo cambiaría por nada en el mundo, pero… -
- Pero nada, deja de mentirte a ti mismo- le pedía desesperada- Y no me mientas a mí en el proceso, no lo hagas- acariciaba sus mejillas.- ¿Tienes miedo Harm?- el asentía abrumado.- Yo también, pero eso nos hacer ser lo que somos, tú y yo nada más -
El no pudo esperar más y cortó la distancia, rompiendo el espacio entre ellos y besándola con un frenesí necesitado y ella respondiendo de igual forma lo llevó hasta la orilla de la cama cayendo ambos sobre ella.
El beso húmedo resonaba en la habitación silenciosa. Harm rompía el beso acariciando el dulce rostro de Mac que lo miraba a él con adoración mientras sonreía triunfante y victoriosa ante su logro.
-¿De qué te ríes?- preguntaba divertido.
-De nuevo debajo Comandante ¿No se cansa usted de esto?- le preguntaba en forma de burla.- Esto jamás va a dejar de gustarme.
-Siento caer en picada- agrego serio ante el comentario de Mac.
-Entonces caeremos juntos- y así volvió a besarlo.
Mientras tanto, a la vuelta de la esquina, Jack esperaba nervioso a que Sam encontrara las llaves de su habitación.
Cuando por fin abrió la puerta, Sam se giró y lo miró con ternura.
- ¿Qué sucede? - le dijo al verlo actuar como si tuviera al peor de los Goa'ulds enfrente.
- Hace mucho rato que no hago esto… - le respondió sonriendo un poco
- ¿A qué te refieres Jack? -
- A tener que acompañar a una chica linda hasta su puerta, deseando más que nada en el mundo… - la tomó de la mano - …poder besarla antes de despedirme… - y acercándose a ella le dio un pequeño beso en la nariz, y luego se alejó un poco - Y si tengo mucha, mucha suerte… - y rozando suavemente sus labios le dio otro beso.
En ese momento sintió que Sam lo tomaba del cuello de la camisa y lo llevaba hacia adentro de la habitación. Jack quedó un poco asombrado por el rápido movimiento.
- Ser discretos, Coronel… - le decía Sam mientras verificaba que nadie los hubiese visto y cerraba la puerta tras de sí. - ¿Recuerda? - dijo sonriéndole sensualmente y acercándose de nuevo a él.
Jack sonrió ampliamente. Le encantaba ver a su siempre profesional y hermosa Mayor Carter actuando así, como si estuviera en uno de sus sueños, sus fantasías.
- Mayor, ¿segura que no me levantará cargos por acoso? - habló siguiéndole el juego.
- Todo depende Coronel… - le dijo ella acariciando ese cabello gris oro, que tantas veces antes deseó tocar como ahora.
- ¿Depende?… ¿de qué? - preguntó Jack con sospecha - Y no me salga con una de esas extensas pero terriblemente sexys explicaciones científicas… -
Sam lo miró muy sorprendida, sin poder creer lo que acababa de oír.
- Jack, ¿eso piensas? - le preguntó en un susurro
El supo que acababa de revelar uno de sus secretos más ocultos. Así que se acercó a su oído para responderle.
- Sam, la principal razón por la que no te dejo terminar cuando empiezas una de tus largas explicaciones, es porque no hay nada más sexy que tu cara de emoción cuando has descubierto algo nuevo, y… la verdad no puedo pensar muy bien para dar órdenes y tomar decisiones cuando estoy… excitado - besó suavemente su nuca y luego se alejó un poco, tomando su rostro con las manos a ambos lados.
- Es eso, y porqué confío en ti ciegamente, si tú me dices la versión corta, yo creo en ti para haber revisado y comprobado los detalles -
Sam le regaló una de sus grandes sonrisas de Sol.
Y por un segundo, solo estuvieron así, mirándose a los ojos fijamente, disfrutando del momento.
- ¿Estás segura de esto? - le preguntó Jack - Aún estás a tiempo de arrepentirte, porque no hay vuelta atrás, conmigo te has ganado el paquete completo, yo… -
Sam lo silenció con un beso, muy suave y muy tierno, rozando apenas sus labios.
- Estoy segura, quiero el paquete completo Jack, todo, no podría ser diferente, después veremos cómo manejamos las cosas, así que ahora estás bajo mis órdenes… - le susurró separándose por un momento, para luego volver a besarlo.
Un par de minutos, y muchas caricias después, Sam lo llevaba hasta la cama, empezando a batallar con la camisa de él, para poder sacarla de adentro de su pantalón. Poco pudo hacer, y perdió la paciencia.
- Jack… - le dijo en un sonido que bien podría catalogarse como un gruñido exasperado.
- Si señora, como usted mande - dijo tomando la tela para levantarla sobre su cabeza, todo con una gran sonrisa en los labios.
Ella no quería separarse de ese, su lugar preferido entre los brazos de Mulder.
Después de un largo y apasionado beso, había regresado a la acción concreta que le hizo perderse para siempre de amor por él, un abrazo de Mulder.
- No quisiera separarme de ti nunca… - dijo apenas en un susurro, solo dirigido a sus oídos.
-No hay motivos para hacerlo- le decía suavemente mientras acariciaba su pelo.- Estas dentro de mi corazón, como yo estoy en el tuyo. Yo jamás me alejare de ti- agregó finalmente sellando una promesa después de lo que ella había dicho.
- Quédate conmigo esta noche... - le habló suplicante, mirándole a los ojos desde su posición con la cabeza aún apoyada en su pecho.
-Y todas las demás noches también- dijo sugerentemente alejándose un poco de ella.
Scully sonrió - Te haré mantener tu palabra Mulder... - dijo tomándolo de la mano y empezando a caminar hasta quedar al borde de la cama, llevándolo con ella, hasta que lo tuvo muy cerca a su cuerpo, y empezó muy lentamente a desabotonar su camisa.
Mulder sonreía feliz ante lo que estaba ocurriendo. Lo que jamás pensó que ocurriría estaba pasando y eso lo llenaba de una gran alegría. Amaba con locura a la mujer que se atrevió a atravesar aquella barrera de cristal que los mantenía alejados.
El dejaba que ella le quitara la camisa calmado sin que ambos dejaran de mirarse, escudriñando en las miradas de cada uno. Cuando la camisa cayó al suelo Mulder volvió acercarse a Scully, besándola, llenando ese hueco del corazón de ella que aguardaba por él.
Con sus manos rozaba los brazos de Scully hasta llegar hasta los finos tirantes de su elegante blusa fucsia, tan finos que un simple roces los hizo ceder a los lados de sus hombros mientras Scully abrazaba completamente a Mulder.
Scully dejaba pequeños besos en el cuello de Mulder, recorría despacio el camino hacia un hombro y luego saltó a los labios, para después volver a empezar en el lado opuesto, tomándose su tiempo, saboreando cada centímetro de su piel.
Cayeron suavemente en la cama, profundizando los besos y las caricias. Mulder rompió el beso para levantarse un poco y en ese momento Scully delicadamente comenzó a retirarse la blusa. Y él la observaba maravillado al notar que ella no llevaba sostén.
- Ven acá - le dijo Scully sonriendo - Esto está de sobra - y abriendo la hebilla del cinturón empezó a quitarle el pantalón, de la forma más sensual posible.
Pero Mulder no pudo resistir como Scully lo miraba de esa manera tan excitante mientras le sacaba el pantalón tan despacio que logro dejarlo en boxers; tan pronto ella termino él volvió a besarla con frenesí mientras volvían a recostarse sobre la cama.
Los suspiros de Scully resonaban en toda la habitación. Las manos de Mulder buscaban el cierre de su falda, pero ella lo ayudo con la tarea incorporándose de nuevo y quitándosela ella misma.
Su ropa interior era blanca y hacia un juego perfecto con su piel color marfil. Scully se coloco sobre Mulder, se miraban fijamente con tanto amor que la habitación vibraba por el sentimiento y él beso el centro de su pecho, sintiendo el latir de su corazón. Un corazón que latía solo para él.
- Aún no lo puedo creer... - le decía acariciando su cabello mientras atraía su cabeza hacia ella para poder besarlo - Todas las veces que quise tocarte y no pude... -
Besó un par de veces su pecho y fue bajando, haciéndole cosquillas al llegar a la altura del ombligo. Mulder no pudo evitar reírse.
- Quédate quieto - le dijo ella sonriéndole al descubrir ese punto sensible en su cuerpo.
-Scully ¿Qué estás haciendo?- preguntaba Mulder ante la sensación, tratando de adivinar que ella pretendía hacer.- Creo que estas llegando a terreno peligroso- expresó casi riendo.
- ¿Peligroso Mulder? - empezó a tomar el elástico de los boxers y a retirarlos lentamente - No estarás tratando de impresionarme... -
-Tal vez…- dijo con los ojos totalmente cerrados.
Terminó su tarea con cuidado, y pudo sentir la mirada de Mulder sobre ella mientras lo liberaba de esa apretada tortura.
Cuando Scully terminó de sacarle los boxers y lanzarlos a una esquina Mulder sintió que el frió del aire acondicionado le recorría toda la piel y aun así ese frió no calmaba su notoria excitación. Se sentía vulnerable y no por estar desnudo, ya Scully lo había visto así muchas otras veces; sino porque no solo estaba desnudo su cuerpo sino también su alma.
Scully lo observó en toda su masculinidad, y no pudo aguantarse más las ganas de tocarlo, de acariciarlo, por fin podía conocerlo completo, sin barreras, así sin más.
Ella paso su lengua por sus labios y Mulder se acercó a ella tomándola de la cintura. Uniendo sus labios con los de ella, empezando una batalla apasionada donde lo primordial, el objetivo era alcanzar la liberación de sentimientos en el ámbito más carnal posible.
Volvieron a rodar sobre la cama, esa vez Mulder sobre ella. La miraba fijamente con fervor desmesurado que a ella le hacía estremecer. Se tocaban como si no hubiera mañana, se besaban como si no pudieran existir más besos entre ellos y se llamaban como si no se volverían a llamar jamás.
Mulder llevó sus manos hacia las pantaletas de Scully, asegurándose de que no estuvieran ahí mucho tiempo y sin ella darse cuenta, mientras él la besaba se las sacó fabricando un camino de fuego con sus manos mientras terminaba de sacárselas. Ella lo miró con asombro.
Scully sintió una chispa recorrer su cuerpo y detenerse en su vientre, la seguridad de que pronto sucedería lo que tanto anhelaba, sentir el calor del cuerpo de Mulder contra el suyo... la excitación la empezaba a consumir, a derretir poco a poco.
El empezaba a besar el cuello de Scully en un intento de dilatar lo que no se podía dilatar. Ella acariciaba su fornida espalda entre suspiros provenientes de su profunda garganta, mientras el continuaba besando su dulce cuello de miel y azúcar.
Pero las miradas decían lo que no se podía decir con palabras. Las palabras eran innecesarias, ellos hablaban con sus miradas, con la profundidad de sus pupilas e iris, verde mar y azul cielo. Fundiéndose y haciéndose uno.
Cuando él sintió que ella abría sus piernas lo comprendió todo. Ella quería pertenecerle como él a ella. Una nueva unión estaba por comenzar. Mulder la besó sutilmente, mientras Scully sentía cómo buscaba la entrada de su hogar.
El instante preciso desató una sensación sobrenatural en ambos, un gemido ahogado en sus gargantas era el único sonido posible.
Mulder intentó moverse despacio, no quería que se terminara pronto, pero Scully tenía otras ideas, no podía esperarlo más, lo abrazó con fuerza hacia ella, insistiéndole, en un suave pero continuó empujón se hizo suya por completo.
Y pasó, en un instante. Uno dentro del otro, como nunca se imaginaron.
El comenzó a moverse despacio, con gruñidos ahogados ante la sensación de placer. Sentirla rodeándolo lo quemaba de una manera celestial, pero verdaderamente impresionante para él.
Scully sentía que Mulder se fundía en ella, nunca había experimentado algo así antes, ningún hombre le había hecho sentir esa clase de sensaciones, con esa fuerza con que lo sentía a Mulder en ese momento, un placer indescriptible recorría todo su cuerpo formando solo pequeños gemidos entre sus labios.
Finalmente estaba siendo suya y se sentía el ser más feliz sobre la tierra. Demasiado egoísta, pudiera ser. Pero solo el hecho de poder tocar a Scully y sentirla en sus brazos era su gloria personal. El calor de su cuerpo y la dulzura de sus besos lo hacían completo. Escuchar sus gemidos y como ella lo llamaba era su redención.
Scully de repente abrió los ojos y miro firmemente a Mulder. Ella tanto como él sabía que estaban a punto de llegar. Mulder tomó las manos de Scully y ella aferro más sus piernas en la cintura de él. El continuaba las embestidas sin dejara de mirarla y besarla.
Un grito al unísono resonó en todo el lugar, mientras ella se arqueaba ante el placer del orgasmo y no solo era el de ella, sino el de él también. Ambos orgasmos recorrían la piel de cada uno de ellos haciéndolos estremecer ante la sensación de gozo. Habían llegado finalmente como uno solo, como siempre.
Los polos opuestos que eran finalmente se habían unido y jamás se separarían.
