La mañana no había sido nada interesante, salimos a desayunar a un bar cercano, nos pasamos por casa de mi madre para ver cómo estaba y en volver a casa ya era la hora de comer. La tarde tenía pinta de ser igual de aburrida que el resto del día, nos encontrábamos en el salón, yo mirando una película cualquiera y Patch jugaba con el pequeño. De repente miró su reloj, se levantó dejando a Harrison sobre mi regazo y rebuscó entre los papeles de la mesa su móvil y la cartera.
- ¿Qué haces?- pregunté sorprendida por ese cambio tan brusco.
- He quedado para ir a jugar al pool con unos viejos compañeros y si no me voy ya llegaré tarde. ¿No te había dicho que iría?- contestó aún sin mirarme.
- ¿Al pool? Si hace muchísimo que no juegas, además no, no me habías dicho nada.
- Se me habrá olvidado decírtelo. Tengo que irme, no creo que tarde mucho, si hay algún problema me llamas.- dejó un beso en mi frente y salió rápidamente de nuestra casa.
Noté como Harrison se removía inquieto entre mis brazos por lo que decidí dejar la película a medias y salimos a dar un paseo. Estuvimos un buen rato recorriendo las calles del barrio que por suerte estaban tranquilas y cuando ya quería volver a casa nos detuvimos en frente de la de Vee al ver a Scott jugando en el jardín.
- ¡Hola!- sonrió él tan alegre como de costumbre.
- Hola.- saludé- ¿dónde está mamá?
- Aquí estoy.- respondió Vee saliendo del interior de la casa.- ¿quieres pasar?
- Claro, aunque primero voy a llamar a Patch que seguramente ya estará en casa y no quiero que se preocupe.- marqué su número pero no obtuve ninguna respuesta proveniente del otro lado de la línea. No le di más importancia, pero al ver que ya llevaba más de una hora en casa de Vee y por más que lo intentaba no obtenía respuesta decidí que ya era hora de volver a casa.
Al llegar acosté a Harrison que se había quedado dormido en el camino de vuelta y escuché como se abría la puerta principal.
- Lo siento.- se disculpó enseguida cuando me vio bajar por las escaleras.- por la cara que llevas seguro que me has llamado. Se me ha apagado el móvil porque me he quedado sin batería.
- ¿Y no se te ocurrió pedir el móvil a otro?- interrogué.
- No me di cuenta que era tan tarde, sino te aseguro que lo hubiera hecho.
- Tendré que ponerte un chip rastreador en la chaqueta como hiciste tú unos años atrás.- le sonreí burlonamente y me dirigí escaleras arriba otra vez.
Sólo eran las ocho de la mañana y ya estábamos todos en pie. El pequeño no había pasado una buena noche, al parecer había cogido un resfriado. Bajamos a la cocina para desayunar dejando a Harrison en su sillita. Patch cogió una botella de agua para llenar los dos vasos cuando una voz hizo que no terminara la acción.
- Abua.- dijo el pequeño de la casa haciendo que nos giráramos sorprendidos. Pensé que sólo había sido casualidad, seguramente había balbuceado algo sin sentido cuando lo volvió a repetir estirando su brazo en dirección a la botella quitándonos cualquier duda.
Patch se acercó a él y bajó su cabeza para quedar a su altura.
- Ahora te daré agua, pero primero di papá.- dijo probando suerte.- Pa-pá.- dijo ahora más lento con la esperanza de que él lo repitiera.
- Abua.- repitió ahora más serio y con cierto enfado al no recibir lo que quería.
Al ver que sólo iba a conseguir que se enfadara, puso el agua en su biberón y luego la dejo a su alcance.
- Agua. Ha dicho agua. No mamá ni papá. Agua.- repetía Patch con un poco de frustración.
Estaba por acercarme a él cuando oí como el pequeño estornudaba, pero esta vez el hombre que tenía en frente también lo hizo. Dos por uno.
- Parece que tenemos otro chico resfriado en esta casa.- dije observándolo con una pequeña sonrisa.
- Do etoy resfriado.- respondió él demostrando que obviamente sí lo estaba. Se veía tierno con esa voz y con la nariz levemente enrojecida.
- Tienes la nariz roja, te pareces al reno Rudolf.- contesté con cierta diversión.
- Así está de conjunto con tu pelo.- contraatacó él. No sé como lo hacía, pero siempre me dejaba sin palabras.
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que mi pelo no es rojo?- pregunté cambiando un poco el tono de mi voz.
- Repítelo cuantas veces quieras, que eso no va a cambiar, además sabes que me gusta así.- se acercó con la intención de darme un beso pero lo detuve.
- Ni lo sueñes. Ya tengo a dos enfermos en casa, no quiero estarlo yo también.- Vi como Patch dedicaba una mirada fingida de enfado a su hijo.
- Es tu culpa.- le dijo con resentimiento también fingido mientras yo cogía al pequeño para llevarlo al salón.- Ah, ¿a él si lo tocas? Esto no es justo.
- Cállate. Pareces un viejito de esos que están todo el día refunfuñando.
- Vale, ya me callo, pero sólo porque el puesto de refunfuñona es tuyo y no quiero hacerte la competencia.
- Te la estás ganando.- respondí.
- ¿Aún estás enfadada por lo de ayer verdad? Vale, sí, no estaba jugando a pool pero tampoco te diré donde estaba porque luego ya no sería una sorpresa.
