Estoy agotada, lo siento. Vayamos directo a lo importante.

Yowamushi Pedal no me pertenece si no a Watanabe-sensei.

Disfruten la lectura.

n-n-n-n

De momento, su visita en Kyoto no estaba resultando lo que imaginaba. Midousuji le metió prisa en la estación, cuando el amable senpai de su amigo se apareció e hizo por querer acercarse a saludarlos. "Es Ishigaki, no Ishi. No sé de dónde sacaste ese nombre tan absurdo", pero Onoda no hizo esfuerzo alguno por explicarle que así era como el mayor se presentó, estaba más concentrado en pedalear para seguirle el ritmo y no perderse entre las calles. Y luego, cuando Midousuji logró calmarse de semejante sobresaltó, una chica en patines se les juntó de pronto. "¡Akira, que esperes!", por su tono daba la idea llevar un buen tramo siguiéndolos y tratando de llamar la atención del más alto. El otaku terminaba de procesar lo linda que era cuando su amigo la presentó como Yuki. Yuki a secas, o como Onoda la reconoció: la chica por que Midousuji había comprado la nueva figura de Love Hime. El más alto no volvió a mencionarla y él nunca tuvo curiosidad de saber si a la famosa Yuki le había gustado la figura, por lo que conocerla no estaba en su lista de pendientes.

Yuki era bastante animosa aunque un poco escandalosa, su risa era de todo menos discreta y la gente giraba a verlos cuando la chica contaba un chiste; era muy linda, se repitió, le llamaba la atención su brillante cabello rubio cenizo y los ojos grandes y brillantes; parecía llevarse bastante bien con el más alto, tanto que Midousuji no se molestaba por los constantes roces de la chica, ni por el ruido que hacía, mucho menos por sus pésimas bromas. Más sorprendente aun, Yuki debía estar cursando la secundaria, ¡era una niña! (Bueno, que él tampoco era el gran adulto. ¡Ni siquiera podía ser un buen senpai para Kaburagi! Y, ¿dónde estaba? No se había fijado en el camino).

Y no es que la chica le resultara desagradable, pero sencillamente se había retraído no más la vio aparecer. Estaba emocionado por ese viaje, alegre de visitar a su amigo y la ciudad natal de este; pensaba en todos los caminos nuevos que recorrería, ¡las empinadas carreteras que escalaría! Le hacía ilusión todo eso, tanta que podía pasar por alto el asunto de Ishi-san...Ishigaki-san; y sin embargo, no comprendía porque con la chica se había desanimado por completo. Por supuesto, hacía lo posible por fingir y seguir la conversación para no molestar a Midousuji. (Yuki le hablaba sobre el último capítulo de Love Hime y él sólo respondía con monosílabos o falso entusiasmo, ¿qué le pasaba! Estaba hablando con otro fan de su preciosa Himeno Kotori, debía estar feliz).

Pesé a la esfuerzo del otaku, Midousuji notó la actitud decaída del chico. Era tan extraño, en la estación no paraba de hablar de su viaje, como si las palabras no tuvieran fin dentro de ese menudo cuerpo; y ahora, estaba tan callado. ¡Ni siquiera participaba en la platica de Yuki! Pensaba que tendría a ese cuatro ojos parlanchín escupiendo alabanzas a su anime favorito hasta por los codos, ahora que por fin estaba con alguien que también apreciaba la personalidad hueca de Kotori. Pero no. Incluso parecía que le costara mucho trabajo el pedalear. (¿El clima? ¿La altura? Él no tenía ningún problema al pedalear en Chiba). Era desesperante ver a Onoda así. Tenía ganas de zarandearlo y soltarle unos zaku bien merecidos. Ese fastidioso escalador debía ser un parlanchín empedernido, debía sonreír con esa asquerosa sonrisa de facciones infantiles y...¿por qué se preocupaba tanto! "¡Kimo!".

—¿Estás bien? —preguntó Yuki. Hacía rato que había disminuido la cadencia para que la chica pudiera seguirlos sin esfuerzo. La niña miró a uno y luego a otro antes de dedicarles una sonrisa tierna, con aire maternales que hizo sonrojar al más alto y que el escalador notó con fastidio—. Están muy callados. Para ser chicos y amigos parecen muy tímidos entre ustedes.

El comentario les cayó como una pedrada. Aunque Onoda le daba la razón: esa no era una actitud común para un par de amigos. Pero, también estaba seguro que si Yuki no estuviera ahí, las cosas serían distintas. Cuando sólo eran Midousuji y él el asunto resultaba distinto, ¿más cómodo? Bueno, cuando eran ellos dos no es que hablaran más, no —Onoda era el único que hablaba, en todo caso—, pero era una atmosfera de complicidad. No se tenían que decir mucho para entenderse. En poco tiempo se habían aprendido sus mañas más comunes —Midousuji no hablaba, y siempre parecía estar con la mirada perdida, pero eso no significaba que no escuchaba a Onoda; el escalador podía tener una actitud desenfadada pero podía discutir temas serios o llevarle la contraria a Midousuji cuando algo no le parecía—; o bien, a veces pasaban tanto tiempo en la carretera, montando sus bicicletas, que las palabras estaban de sobra, sus cuerpos se expresaban solos. Ya había un código entre ellos, y ahora era interrumpido por Yuki. Le resultaba molesto que un tercero entorpeciera esa comunicación casi perfecta —decía casi, porque no faltaba el momento en que uno u otro mal interpretaba las señales. Midousuji terminaba enfadado y él avergonzado, pero nada que un buen capítulo de anime no arreglara—. Era...era irritante ver como alguien más tenía un intercambio tan natural con el chico. Se sentía un poco celoso. Un momento...¿celoso? Si Midousuji era sólo su amigo. ¿Uno podía celar a sus amigos? ¿Eso no sería raro? Forzó a su mente a recordar, pero no tenía ni un recuerdo o sensación similar en que se hubiera sentido igual con Imaizumi o Naruko. Entonces, ¿por qué con Midousuji?

—Hemos llegado —la voz del todo terreno lo sacó de su estupor el momento exacto para frenar y evitar estrellarse de lleno con la De Rosa del otro.

Notó a Yuki desfilar por el pequeño jardín delantero de la casa y luego escuchó a su amigo reclamar a la chica quitarse los patines antes de entrar a la casa para no maltratar el laminado del recibidor. Antes de que el pequeño cerebro de otaku de Onoda pudiera unir cabos, Midousuji le pidió seguirlo por un camino lateral del jardín. Rodearon la casa hasta la parte trasera, donde un pequeño edificio aparte se alzaba. Midousuji sacó unas llaves, abrió la puerta mientras hablaba:

—Aquí pondremos las bicis y volveremos a la casa principal a saludar, ¿bien?

El escalador asintió, aun confuso por todo los que pasaba. Tomó en un brazo su BMC y murmuró un timído "lamento las molestias" mientras se adentraba al lugar. Una cama y un escritorio lo recibieron al entrar; a su espalda, un librero dejaba ver unos pocos libros y la figura del EVA 02 que le había regalado. A lado una cómoda con algunas revistas de ciclismo cuidadosamente acomodadas sobre ella. Una larga repisa sobre la pared del escritorio, lucía atiborrada de premios de primer lugar, premios de competencias de ciclismo. El piso pulcramente limpio y eso era todo en el sitio. No se necesitaba ser un genio, aquella era la habitación de Midousuji.

—Hey, zaku, pon tu bicicleta aquí y date prisa. Seguro mi tía debe estar esperando.

Onoda se apresuró a dejar la bici y sus cosas antes de seguir a Midousuji. Por un momento creyó que lo llevaría de vuelta por el mismo camino, pero esta vez sólo atravesaron la extensión de jardín que separaba la casa principal del segundo edificio. Un camino de tierra se marcaba entre el pasto recortado, y era el que seguían para andar, hasta una puerta en la que no había reparado antes y que le daba la bienvenida a un improvisado recibidor: no estaba el acostumbrado escalón que separaba el piso de madera del concreto exterior. "Pon tus zapatillas donde puedas, da lo mismo. No va a entrar nadie más". Onoda atendió las ordenes y le siguió en silencio en todo momento, demasiado temeroso de importunar a su amigo; y en parte, curioso de su alrededor. Esperaba descubrir algo nuevo, algo que le hablara del estilo de vida del todo terreno. Pero comenzó a desanimarse cuando, en su paso rápido por los pasillos, sólo haya ocasionales cuadros con pinturas de flores y un casual camaleón que desentonaba, a su parecer, con el resto; un par de puertas abiertas le revelaron estancias que podría encontrar fácilmente en su casa —una sala de estar con su televisión; y una más con un pequeño altar—.

Esperaba algo distinto. Esperaba aprender sobre Midousuji. Tenían poco tiempo de relacionarse, por lo que no sabía gran cosa sobre su amigo, y no servía de mucho que el propio chico evitara responder sus preguntas. No insistía, por supuesto, él también tenía cosas de las que prefería no hablar. Pero la forma tan hermética en que Midousuji manejaba su vida, era lo que lo tentaba a querer averiguar.

Pronto, escuchó de nuevo la voz de Yuki. Quizá de alguna habitación cercana. La chica decía algo de que el amigo de Aki-nii era tan tímido como el mismo Akira, pero más bonito. El escalador sintió un tenue calor en la mejillas. Midousuji se detuvo y Onoda supo que había llegado a donde fuera que lo había llevado. Se asomó por uno de los costados del otro para ver. Estaban a la entrada de la cocina, donde dos mujeres —Yuki, una de ellas— pelaban duraznos.

—Piii —Midousuji se hizo notar. Ambas mujeres dieron un bote en su sitio, y al ver que el amigo tímido y lindo también estaba ahí, sonrieron nerviosas.

—Akira, ¿qué te he dicho de esos sonidos? Habla bien, cariño —el chico más alto murmuró con fastidio un kimo al que la mujer respondió con los ojos en blanco mientras se limpiaba las manos en el delantal y se acercaba a ellos, en especial al pequeño invitado—. Hola. Me parece que hemos hablado por teléfono antes. Soy la tía de Akira, y creo que ya conociste a su prima, Yuki.

—¿Prima? —repitió perplejo. La chica asintió con entusiasmo. Ambos podían haber dicho eso. Aunque éel tampoco había hecho por preguntar y se limitó a sacar sus conclusiones, bastante erróneas, al parecer. A su lado, escuchó un largo piii que le inyectó algo de confianza para sonreír y dirigirse a la mujer—. Sí. Digo, nos acabamos de conocer. Ah, soy Onoda Sakamichi, lamento las molestias —hizo una profunda reverencia que consiguió que sus gafas resbalaran.

La mujer insistió en que no era necesario tanto formalismo, que le encantaba tenerlo ahí. Que su sobrino, que de pronto parecía demasiado callado, no solía invitar a nadie a la casa, que estaba feliz de tenerlo ahí. Onoda respondió con una risita nerviosa. La tía de Midousuji le recordaba a su propia madre el día que invitó al otro a su casa. Su madre se puso tan feliz que incluso... "La cena de hoy será especial, espero que te guste", escuchó decir a la mujer, casi como una calca a las palabras de su atolondrada madre.

—Por cierto, agradezco a tu madre y a ti por su hospitalidad con Akira.

—Ah, no. No. Me gusta Midousuji-kun...quiero decir, me gusta que Akira-kun. Me agrada Akira-kun. No tengo...no tenemos ningún problema con que se quedé en casa, ¡es un buen amigo! ¡Sólo amigo! —¡Kami! ¿No podía ser más torpe?

—Ja. De verdad que son tímidos ustedes dos —rio la mujer, dando unos golpecitos en el brazo de su sobrino, quien tenía expresión poca amigable que hizo temer a Onoda por su vida. "Ya se enojo. Seguro me va a regañar"—. Ahora veo porque son tan amigos.

—¿Verdad que sí? —intervino Yuki tan animada, y encantada como su madre por la torpeza del invitado.

El chico de gafas sonrió nervioso y miró de forma insistente al más alto, que para ese momento masajeaba su siena. Era bastante obvio que no estaba acostumbrado a lidiar con ese tipo de situaciones. Pese a ello, Onoda no pudo evitar sentirse feliz y más cercano al otro. No estaba seguro de haber aprendido algo nuevo sobre Midousuji, pero al menos podía asegurar que eran más parecidos de lo que creía al principio.

Midousuji sintió la mirada curiosa del escalador, lo miró unos instantes antes que Onoda le dirigiera una sonrisa dulce y luminosa, de esas a las que comenzaba a acostumbrarse. Había imaginado esa reacción de su tía y Yuki, no tanto la torpeza de Onoda —pero el chico siempre lograba sorprenderlo y superarse así mismo con sus momentos tan únicos—; y pesé a los escandaloso de la situación, demasiadas risas, demasiada gente, estaba descubriendo que en realidad no le molestaba. No le importaba mientras se tratara del cuatro ojos.

—Kimo...estaremos en mi habitación —dijo con intensión de cortar todo intento de seguir con esa alegre conversación que de seguir seguramente acabaría con Onoda y él ayudando en los preparativos de la cena o de lo que sea que tuvieran deparado para los olvidados duraznos.

—Claro, cariño. Más tarde vengan a comer tarta de durazno. Te prepararé un té delicioso, Sakamichi-kun —respondió alegre la mujer—. Espero que estés cómodo, hasta entonces. Encárgate que esté cómodo, Akira.

Midousuji rodó los ojos al mismo tiempo que jalaba del cuello de la camisa al otaku para hacerlo caminar de nuevo hasta el improvisado recibidor, fuera de la casa, de vuelta al edificio de la parte trasera. Notó que el ojiazul estaba callado y por las expresiones de su rostro estaba pensado mucho. El ceño levemente fruncido y los labios apretados, como si eso le ayudara a concentrarse más. Seguramente tenía preguntas por hacerle, o quizá estaba ideando teorías y buscaba el modo de hacerlas funcionar. Lo que fuera, Midousuji augura que ese sujeto lo abordaría con algunas preguntas y se encontró, nuevamente, que siendo por el escalador podía darse licencia para responder algunas. "Las menos impertinentes, por lo menos".

—Este...Midousuji-kun —soltó un suspiro a modo de preparación. Jaló la silla frente a su escritorio y se dejó caer de forma pesada. Le dirigió una mirada para saber que podía continuar. Lo vio sonreír amplió y dar un par de pasos al frente, recordándole a un niño de elemental listo para su examen ante el grupo—. Tu tía es muy agradable. Ah, y Yuki es muy bonita, digo, agradable...también.

¿Perdón? No se suponía que...Ah, cierto, estaba lidiando con Onoda Sakamichi, la princesa de Chiba; o, el ciclista imprevisible. Era difícil leer sus movimientos; si el plan tenía una opción descabellada, Onoda le daría la vuelta con una aún peor. Onoda Sakamichi, el ilegible, incluso fuera de la carretera. Se cubrió los labios con una mano, para ocultar la sonrisa que se había dibujado en sus labios, y que no estaba dentro de su guion:

—Kimo...¿linda, agradable? Pensé que Yuki no te había gustado. Estabas muy tenso en el camino hacia acá.

El ojiazul sintió que enrojecía ante tales palabras, ¡se había dado cuenta! No tenía cómo explicarse, porque ni siquiera él sabía porqué había actuado así en presencia de Yuki. Se había hecho ideas tontas, cuando en realidad todo había sido tan obvio...o quizá no tanto, o quizá sí. No. Sí. Tal vez...

—Nunca me dijiste que era tu prima, y yo...pensé que era...tu novia —terminó por confesarse, envalentonado por un momento de despiste. Y lo había dicho tan bajo, un murmullo que caía en la cuenta de lo vergonzoso que resultaban sus palabras; pero no lo suficientemente bajo para que Midousuji no escuchara.

El alto ciclista soltó una carcajada que no tuvo reparo en ocultar. Onoda se sonrojo tanto, que parecía que había estado pedaleando por largo rato bajo el sol.

—Kimo, kimo, kimo —unas lagrimas asomaban por el rabillo de sus violáceos ojos. Se abanicó el rostro con una mano, mientras trataba de controlar los último espasmos de ese ataque de risa—. ¡Kimo! —Onoda se encogió en sí mismo cuando Midousuji le dirigió su mejor sonrisa retorcida: esa amplia que dejaba ver los alineados y blancos dientes del otro, y que zurcaba el hueso rostro de oreja a oreja, tan literal como escalofriante—. Eres asqueroso, Sakamichi, suponer esas cosas. Yuki es mi prima. Y tampoco tengo novia —se anticipó a la pregunta.

Onoda apretó los labios para contener la sonrisa que peleaba por florecer tras semejante revelación.

—Pero, de seguro hay una chica que gusta, ¿no? —¿y a él que le interesaba? Ah, cierto, quería conocer más de su amigo.

—No. Eso asqueroso —respondió cortante, tanto que el escalador pensó que lo había. Incluso, el propio Midousuji pareció darse cuenta de su respuesta, pues se apresuró a continuar, esta vez con un tono que buscaba ser despreocupado—. Tengo mejores cosas que pensar y hacer. No me queda tiempo para andar pensando en chicas...¿qué? —agregó al notar la extraña expresión del de gafas. Una mueca que oscilaba entre la sonrisa y el asombro. Lo oyó murmurar su nombre y bajar el rostro sonrojado y no pudo evitar pensar en el otaku como una linda chica que se estaba confesando. Un momento, ¡paren el carro! ¿Linda?—. ¿Qué!

—Ah...si no te gustan las chicas, eso quiere decir...Oh, vaya. Eres el primer amigo que tengo así.

—¿Cómo así?

—Bueno, tú sabes, que le gustan los hombres.

Desde la casa principal les llegó el rumor de la risa de Yuki. Onoda jugueteaba nervioso con los dedos índices de sus manos, y Midousuji estaba en su propia lucha entre salir del asombro y el ordenar las ideas. Estaban hablando del parentesco que había entre Yuki y él, Akira; luego cambio a hablar sobre novias y ahora, ¿novios? ¿Cómo habían llegado ahí!

—¡Kimoi! —Onoda se encogió en sí mismo, como cual hámster asustado por su cazador—. ¿Me estás diciendo...gay?

—Sí...

—Za-ku-mi-chi —el hámster asustado soltó un gritito al ver a su cazador incorporarse y acercarse a él con paso amenazante. Pero antes de que pudiera cubrir su cabeza o correr y ponerse a salvo, Midousuji lo sujetó por el rostro, con una mano. Se inclinó hacía él y, pesé a la situación sonreía. Pero no era una sonrisa amistosa, era esa misma que le dedicaba a sus rivales en plena carrera. Onoda temió por su vida—. Escucha, zaku, no me interesan las mujeres, ni los hombres. Tengo mejores cosas que hacer, como entrenar. ¿Entiendes?

—S...s...sí, entiendo. Lo lamento. No debí sacar conclusiones apresuradas.

—No lo vuelvas a hacer —gruñó y lo liberó de golpe. Notó el temblor en el cuerpo del más bajo y se sintió mal por haber reaccionado así. Ambos podían exagerar—. Pero no está mal que tú disfrutes de ver a chicas vestidas de maid, Hentaimichi.

—¡Midousuji-kun!

Siguiente capítulo, 14 de abril. Por única ocasión la haré un poco más espaciada, los trabajos en la escuela me están demandando tiempo. Nos leemos la próxima.