Mocoso probetaUhuru-Chan

Alfufu tsundere over 9000.

Disclaimer: Hetalia es de Himaruya. El prompt de un anon.

Advertencias: OoC, Mpreg, Omegaverse, sexo, lenguaje inadecuado, chistes aburridos.

-.-.-.-.-.-Capítulo 11-.-.-.-.-.-

Se sentaron uno al lado del otro y pidieron un trago cada uno. Alfred pidió lo más caro del lugar sólo para molestar al alfa, pero Arthur no hizo más que sonreír y pedir whiskey para sí mismo.

-Te eché de menos, ¿Dónde te habías metido?- El inglés se enderezó y volteó su rostro para ver al menor.

Libertad le sonrió y bebió un sorbo de su vaso, mirándole fijamente.

-¿Acaso no puedo tomarme unas pequeñas vacaciones?

-Oh, por supuesto que puedes, pero pudiste haber avisado. Sabes que vengo aquí sólo por ti, ¿Verdad?

Alfred rió y dejó su vaso sobre la barra.

-No es mi problema, cariño.

-Deberías tratar mejor a tus clientes, ¿No crees?

Libertad posó su mano sobre el muslo del alfa y la deslizó con firmeza de un extremo al otro, acercándola peligrosamente a la entrepierna del mayor.

-A ti te trato mejor que a los demás, cariño.

Arthur apretó el vaso en su mano y carraspeó.

-Los compadezco, entonces…

Alfred bufó de mal humor y alejó su mano, poniéndose de pie. Arthur pestañeó, confundido, y lo imitó. Libertad le miró con molestia.

-¿Qué pasa?

-Ya terminé mi trago.-Explicó cortantemente el omega, volteando para ir en otra dirección.

-¡Espera!

Arthur le tomó del brazo con suavidad y el omega se soltó bruscamente. El hombre que atendía el bar miró al alfa en forma de advertencia, pero dejó de prestarles atención cuando Alfred le dijo que no pasaba nada.

-No te enojes, ¿Si? Era broma. –Arthur acarició la mano del menor y se acercó un poco más.-Lo siento.

Libertad desvió la mirada y se sonrojó tenuemente ante la cercanía del alfa. Se recordó a sí mismo que se trataba de un cliente más y que debía tratarlo bien.

-¿Podemos hablar en un lugar más privado? –Preguntó de súbito Arthur, sintiéndose incómodo con la gran cantidad de miradas que estaban atrayendo. Al parecer los compañeros de Libertad no tenían nada mejor que hacer.

El omega parecía inquieto, pero finalmente asintió y lo jaló de la mano en dirección a la puerta de donde había salido anteriormente. Dentro del lugar lo guió por un pasillo con varias puertas con carteles en ellas. Entraron en una de las puertas que decía "vacante" y Libertad cerró tras él después de presionar algo en una pantalla junto a la puerta.

La habitación era algo pequeña, al medio había un caño y alrededor había un sofá rojo que encerraba en un círculo al metal. Las paredes eran espejos y arriba, en los rincones, había parlantes con música de ambiente acorde al lugar.

-Toma asiento. –Ordenó Libertad, empujándolo con firmeza hacia la blanda superficie.

El omega se acercó al tubo de metal y comenzó a menearse al compás de la lenta música, mirándolo fijamente en todo momento. Arthur se quedó sorprendido mirando al menor bailar, sin entender bien por qué se encontraban en aquella situación. Él planeaba conversar sobre Peter cuando le dijo que buscaran un lugar más privado.

-Espera, pensé que íbamos a hablar.-Dijo el alfa, observando al omega mientras éste comenzaba a sacarse parte del vestuario.-No entiendo.

Libertad le miró con evidente duda en sus ojos y siguió desnudándose después de reírse burlonamente.

-Claro que sí, cariño.

El omega le lanzó la prenda en el rostro, evitando que siguiera hablando. Arthur gimoteó al oler la tela y se sonrojó al ver que Libertad seguía mirándolo fijamente.

-¿No tienes sed?-Preguntó el omega, moviendo sus caderas sensualmente.- ¿Hambre?

Libertad se le acercó con lentitud y señaló la colorida pantalla de uno de los apoyabrazos. En ella se mostraban imágenes de objetos y sus precios.

-Puedes pedir lo que quieras.

Arthur miró el objeto sin mucho interés y volvió su vista hacia el bailarín que ahora estaba acariciando sus piernas y muslos mientras seguía bailando.

-E-estoy bien, ¿y tú?

-Chocolates estarían bien.-Susurró el omega, alejándose un poco para sacarse los ajustados pantaloncillos, dejándole una buena vista de su trasero al inglés. –Y champaña, me gustaría brindar.

El inglés asintió, presionando rápidamente las imágenes de su pedido y el botón de aceptar. Libertad continuó bailando y sacándose la ropa, y para cuando llegó la mesera con el pedido, el omega se encontraba vistiendo solamente su diminuta y traslúcida tanga de malla negra y su antifaz. La joven dejó la bandeja con las cosas sobre el sofá, junto a Arthur, y se alejó rápidamente, cerrando la puerta con un suave "clic".

Libertad sonrió y se acercó hasta quedar a horcajadas sobre el alfa, apoyando su cabeza sobre el hombro del mayor y mirándole con una expresión de ruego que se veía fuera de lugar en su rostro.

-¿Me convidas?

-C-claro.

Arthur tragó con dificultad y tomó uno de los bombones. Lo acercó a la boca de su compañero y éste comenzó a morderlo y lamerlo en sus dedos, rozándolos con su cálida lengua por intervalos. Libertad tenía los ojos entrecerrados y las manos aferradas a la camisa del inglés. Daba suspiros y gemidos, y para cuando acabó de lamer los restos de chocolate de los dedos del alfa, podía sentir claramente su erección en su trasero.

-Puedes tocarme si quieres.-Incitó Alfred, sobando su trasero contra la entrepierna del inglés, sacándole un jadeo.

-¿Haces esto con todos?-Preguntó Arthur, tomando las caderas del omega para controlar el ritmo de sus movimientos.

-¿Celoso?- Alfred sonrió irónicamente, mirándole con gracia. Arthur frunció el ceño, estaba seguro de que el omega no necesitaba preguntarlo, pudiendo oler su molestia perfectamente con la cercanía que compartían.-Nunca hago privados.

Arthur acercó su nariz al cuello del americano, oliendo profundamente su aroma para grabarlo en su mente. Comenzó a besarlo y morderlo suavemente, asegurándose de usar la suficiente fuerza como para dejar marcas rojas, enviando escalofríos por la espina del omega. Deslizó sus manos por los muslos del menor, restregando la nariz por su cuello y quijada, sintiendo el desvanecido aroma de Peter y Matthew junto al suyo, sin embargo, no había olor a otro alfa como había esperado hallar a pesar de que su hijo y Matthew le habían asegurado que Alfred los odiaba.

Libertad se dejó tocar, perdido en las nuevas sensaciones que se esparcían por su cuerpo, no habiendo estado nunca antes en una situación tan íntima con un alfa. Cerró los ojos y decidió que se sentía diferente a estar con un omega. Las manos del inglés no eran tan suaves, si no que más bien un poco ásperas, su aroma masculino irradiaba posesividad y deseo, y sus jadeos y su caliente aliento sobre su piel le hacían estremecerse sutilmente. Imágenes de las fantasías que tuvo durante su celo llenaron su cabeza y le hicieron preguntarse, una vez más, cómo se sentiría el tener sexo con un alfa, el ser dominado y usado por este hombre que estaba haciendo que su entrepierna comenzara a endurecerse a una velocidad alarmante.

-¿Por qué yo?- Preguntó Arthur, sacándolo de su ensimismamiento y alejándose de su cuello para poder mirarlo a la cara.

Libertad se sonrojó levemente al volver en sí y desvió su mirada hacia la pared, apretando los labios hasta formar una fina línea. La verdad era que no lo entendía muy bien él mismo, al principio sólo quería molestar al patético alfa que insistía en ver cada uno de sus bailes, pero el asunto claramente se le estaba yendo de las manos y ahora buscaba inconscientemente al hombre entre el público en todas sus actuaciones. Pero no podía decirle eso al alfa, ¿verdad?

-Porque me das pena.-Espetó Alfred, mintiendo descaradamente y mirándolo con renovada confianza. No podía mostrarse así de débil. Se enderezó, presionándose intencionalmente contra la erección del alfa, y le miró desde arriba con la barbilla en alto.-Incluso mis compañeros han visto la cara de estúpido que pones cuando me ves, ¿sabes? Insistieron tanto que accedí a subirte al escenario, y lo único que hiciste fue ponerte en ridículo.-Libertad bufó un risa cruel.- ¿Qué edad tienes de todos modos? ¿40? ¿No te da vergüenza venir a ver bailar a un jovencito?

Arthur sintió ira con cada palabra llena de veneno que escupía el americano, y comenzó a apretar sus dedos con fuerza alrededor de sus muslos mientras fruncía sus cejas a más no poder, pero detuvo su hilo de pensamientos a medio camino y esbozó una sonrisa irónica, soltando el agarre de sus dedos para deslizar una mano hacia el visible bulto y líquido en la ropa interior de Alfred, haciéndolo dar un chillido de sorpresa.

-Es gracioso recibir este discurso de parte de un omega que apesta a desesperado. Mírate, -Arthur deslizó ambas manos hacia el trasero del bailarín, separando sus nalgas para escurrir un dedo entre ellas.-todo mojado y listo para-

-¡B-Basta!

Alfred se soltó, entrando en pánico y poniéndose de pie, alejándose del mayor. Sentía sus mejillas ardiendo y una molestia en la parte baja de su barriga. Esto estaba mal, no se suponía que debía pasar, no debía llegar tan lejos.

Arthur pestañeó un par de veces y su expresión mutó de burlesca a una de culpa en una fracción de segundo. Se levantó para acercársele, pero el omega levantó ambos brazos, intentando poner una barrera entre ambos.

-Vete…-Susurró, dando un par de pasos hacia atrás.

-Dios, yo… Lo siento, tú comenzaste y-

-¡Fuera! -Alfred señaló hacia la puerta, mirándole con sus azules ojos cargados de cólera.

-No era mi intenc-

-¡No quiero volver a verte aquí! ¿Entiendes? ¡Juro que si te veo otra vez les diré a los guardias que te echen!

El inglés tragó saliva con dificultad y asintió, caminando con lentitud hacia la puerta, mirando a Alfred con remordimiento. Se le había pasado la mano, pero era difícil controlarse con un omega tan bravo como él, sus hormonas actuaban y le decían que no debía aceptar que un omega lo tratara de tal modo. Además, no era su naturaleza el aceptar insultos gratuitos de desconocidos, por muy guapos que fueran estos.

-De verdad lo siento.-Murmuró el alfa antes de salir de la habitación.

Libertad se quedó solo, de pie en medio de la habitación. La música aún sonaba y dejó escapar un sollozo, abrazándose así mismo. Se miró en los espejos y sintió vergüenza al ver el estado en el que se encontraba por culpa de un alfa. Se suponía que él no era como sus estúpidos compañeros del colegio que buscaban con desesperación la atención de los alfas, ni como sus colegas que se sonrojaban y reían alegres cuando ellos les llevaban regalos. Pero estaba igual que ellos, llorando por un alfa, y se había excitado con uno, y se sentía triste ahora que no estaba, y tenía miles de emociones más en el pecho que no debía sentir. Se daba asco.

Alfred se limpió las lágrimas, sintiéndose iracundo. ¡Y ni siquiera le había pagado! Tomó la ropa que estaba tirada en el piso y se vistió, para luego salir en dirección hacia los camerinos. Se cambió de ropa y se marchó hacia su casa, dejando a sus compañeros hablando solos cuando le habían preguntado sobre cómo le había ido. Eran unos estúpidos, decidió, igual que los alfas que tanto seguían, seguramente por eso eran perfectos los unos con los otros. Llegó a su hogar y dio un portazo, caminando hacia su habitación y cerrando con pestillo, no queriendo ser molestado por su hermano. Sólo quería darse una larga ducha para intentar quitarse el olor del maldito alfa e irse a dormir y no soñar con nada.

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Gracias por los reviews, fav, y follows.

Seguramente tendré el siguiente para la semana que viene, no sé.

Bye!