Hey, hey, ya estoy aquí. Antes de empezar con el capítulo tengo que decir que estoy de muy mala leche. No sé si os habréis enterado pero en Valencia, es decir, donde yo estudio, da miedo salir a la calle. El partido político que gobierna ahora en España, va a hacer recortes en educación y sanidad debido a la situación de crisis que vivimos, y ha llegado un punto en el que en el instituto del centro de Valencia, donde se inició la concentración pacífica por luchar por nuestros derechos, tenía que ir a clase tapados con mantas. Repito, concentración pacífica, que consistió en que chavales de instituto (14, 15, 16 años…), e incluso maestros, cortaran una de las calles principales de Valencia durante unos minutos. Todo bien hasta que llega la policía y se pone a arremeter a base de porrazos, empujones y puñetazos contra los jóvenes protestantes quienes no habían realizado ningún acto de vandalismo o violencia en contra de los agentes. Estos agentes, quitaban los partes médicos en la puerta del hospital a aquellos que habían acabado allí por su culpa, e incluso se metían en el propio hospital para quitar las copias de dichos partes que los médicos guardan y que son confidenciales. A parte de todo esto, llevan los números de placa tapados para que no se les pueda denunciar. No sé si estará bien que diga esto en esta página, pero necesito desahogarme por que esta tarde no he podido ir a clase por miedo a que arremetan contra mí sin motivos. Sin nada más que alegar, nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly no me pertenece.
Llevaba hora y media esperando en Zumolandia a Freddie, no porque él llegara tarde, sino por que yo llegué demasiado pronto. Me las ingenié para saltarme el castigo, tantos años igual le dan a una mucha experiencia. En ese tiempo me dio tiempo de tomarme tres batidos y medio… bueno, ahora son cuatro, y comerme 3 raciones de kétchup con patatas fritas. Sí, yo soy de esa clase de personas que encuentran patatas en su kétchup y estoy orgullosa de ello. El caso es que cuatro batidos hicieron… bueno… os lo podéis imaginar, así que salí pitando en dirección al baño, y, cuando salí de allí con la sensación de pesar tres kilos menos, encontré a Freddie en la mesa.
-No hay nada como mear cuando te estás meando – Dije en modo de saludo mientras me unía a él en la mesa.
-Hola. No te he visto llegar. Sé que la mesa está sucia pero están todas ocupadas, habrá que…
-Tranquilo, todo esto es mío.
Al oír aquello se giró hacia mí con los ojos como platos, miró la comida, a mí, la comida, a mí… y yo no pude evitar sonreír ante el careto que tenía.
-¿Cómo…? Sam, ¿enserio eres humana?
-Claro. He salido de clase hace como hora y media y tenía que hacer algo para entretenerme.
-¿Pero no estabas castigada?
-¿Si tu fueras el vigilante de un castigo aguantarías dos horas de…? Me muero de hambre, tengo sed, me aburro, dame de comer, me va a explotar la vejiga – Dije subiendo mi voz varias octavas.
-Sinceramente… no.
-Él tampoco aguantó – Dije metiéndome en la boca una patata que había quedado en la última bandeja. Él soltó una pequeña carcajada – En fin, hablemos de negocios.
-Estamos aquí para planear nuestra venganza. Para reivindicar la igualdad en los pasillos de los institutos. Para derrocar a los deportistas de su trono – Recitó él con tono solemne, como si se tratara de un político.
-Muy bueno el discurso, pero ¿se te ha ocurrido alguna idea?
-No – Dijo mientras pasaba de estar erguido y solemne a cabizbajo y decaído.
-Vale, pensemos… mediante la palabra poco vamos a conseguir, por motivos obvios. Si hablando no conseguimos llamar la atención de nadie, ¿cómo lo hacemos?
-¿Y cuándo?
-Cómo y cuándo ¿qué?
Me di la vuelta y Freddie miró por encima de mí, para encontrarnos de pleno con Cameron.
-¿Qué están planeando vuestras mentes retorcidas?
-Vengarnos de los deportistas y animadoras por tratarnos tan mal – Dijo Sam como si fuera lo más normal del mundo.
-Eso es cruel… me encanta – Dijo rasgando ligeramente la voz y poniendo una sonrisa malvada.
-Bienvenido al Club de las Mentes Retorcidas – Dije.
-Vamos a ver, por lo que veo vais un poco perdidos con esta venganza. Lo primero es ver cuál es la mejor forma que tenemos de transmitir nuestro mensaje, llevarla a cabo, pensar en un lugar y un día, y, si es necesario, una excusa para que ese día y ese lugar puedan ser usados.
-Hay que hacer que prueben de su propia medicina. Tenemos que congregar a los alumnos de mi instituto y de vuestro instituto y escarmentar a esos deportistas – Dijo Sam dando un golpe en la mesa.
-Y, a la vez tenemos que evitar que sepan quiénes somos o nos expulsan a todos – Advirtió mi mejor amigo.
-¿Máscaras? Y sabéis, esas blancas – Propuse.
-Buena idea – Sam sacó su teléfono y empezó a apuntar todas las ideas que nos iban surgiendo.
-Y ropa negra. Todos de negro con la misma ropa a poder ser, en plan ejército, como en V de Vendetta.
-Máscaras blancas y ropa negra. Tomo nota.
-Hablando de V de Vendetta. Recuerden, recuerden el 5 de noviembre – Recité – Estamos a principios de Octubre, yo creo que ese día podría ser el idóneo.
-5 de Noviembre – Repitió Sam, tecleando sin parar en su teléfono – Música. Podemos componer una canción sobre la violencia en los institutos o algo así.
-Buena idea Sam – la felicitó mi amigo – si no nos escuchan con la palabra, transmitiremos nuestro mensaje con la música. Ahora solo nos falta el sitio y comentarle esto a Brad y Brison.
-La excusa perfecta para llamar la atención de los deportistas y animadoras, es el deporte. ¿Qué tal si…?
Sam estaba castigada, y teóricamente ya habría salido del instituto, pero no había venido a casa. Raro en ella. Pero bueno, así pude aprovechar para estar con Gibby a solas.
-¿En qué piensas? – Me preguntó – Llevas un rato muy callada.
-En todo y en nada a la vez. ¿Dónde estará Sam?
-No lo sé, ni quiero saberlo la verdad. Puede que esté con Freddie o con alguno de los del grupo. Enserio, este jabón líquido es genial Carly. Deberías olerlo.
-Por enésima vez. Soy alérgica a las fresas y solo con olerlas me ahogo.
No tengo quejas de Gibby, pero esa obsesión suya con el jabón líquido a veces me sacaba de mis casillas.
-Relájate mujer, no vayamos a discutir ahora por una cosa así.
Y volvió a reinar el silencio en la habitación.
-Gibby. ¿Por qué crees que estamos juntos? – Bocazas Carly, eres una bocazas.
-¿Qué quieres decir con eso? – Noté cómo se empezaba a poner tenso.
-Me refiero a que… apenas tenemos cosas en común, no somos una pareja muy convencional que digamos.
-Puede que tengas razón, pero… si estamos juntos será porque quitando todas las diferencias hay algo que nos une. Algo más fuerte que todo eso que nos hace tan diferentes. Nunca me ha gustado centrarme en eso porque hace que me cuestione cosas innecesarias que lo pueden mandar todo a la porra, y sinceramente no quiero que eso pase.
-Sí, tienes razón, ¿en qué estaría pensando? – Dije para quitarle peso a la situación, aunque todavía no había parado de darle vueltas.
No soy una persona muy exigente en el tema de los chicos, muchas veces me entran antes por la palabra que por su físico, pero… a mí me gusta hacer deporte, no tanto como a Sam, pero me gusta estar en forma, mantener la figura. Sin embargo Gibby cada día come más, y raras veces lo he visto preocuparse por su salud en ese sentido. La gente ha de estar feliz con su cuerpo, pero una cosa es esa, y otra muy distinta es no preocuparse por la salud de uno mismo.
Y luego está esa obsesión por el jabón líquido y quitarse la camiseta en cualquier logar a cualquier hora. Es una característica suya, lo sé, pero lo de la camiseta… llega una edad en la que eso ha de quedar a parte. No quiero que mate al niño que lleva dentro, nadie debe hacer eso, pero ha de madurar un poco en ese sentido.
Y… pero… ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué de repente no paro de cuestionar aspectos de Gibby? Hace unos meses eso me daba lo mismo, ¿por qué ahora me surgen todas esas dudas? Muy bien Carly, dejemos de pensar en eso y centrémonos en… un momento… ¿por qué huele a fresas? Oh, mierda…
-A ver, repasemos – Dije -. El atuendo para todos, incluso el grupo, será ropa negra que tape todo el cuerpo, y máscaras blancas. Nuestro mensaje será transmitido por una canción la cual tenemos que componer antes de que llegue el 5 de Noviembre, es decir, el día en que se llevará a cabo nuestra venganza. El lugar será el Salón de Actos de Ridgeway, o sea, mi instituto, el sábado 5 de Noviembre como hemos dicho antes. El motivo para reunirlos a todos, será la celebración de un partido solidario entre ambas escuelas.
-Para – Me cortó Cameron -. ¿Cómo conseguiremos las llaves del instituto para entrar un sábado para prepararlo todo?
-Mamá tiene sus recursos.
-¿Podemos confiar en que las tendremos? Y también está la alarma, y…
-Freddie, relájate. Como ya he dicho, mamá tiene sus recursos. El lunes en el ensayo tendremos la clave de la alarma y las llaves. Lo que no sé cómo hacer, es enviar los correos para avisar a los alumnos.
-Eso no es problema. Freddie es un friki de los ordenadores.
-¿Qué te he dicho sobre lo de llamarme friki? – Interrumpió.
-¿Friki de los ordenadores? ¿Peleón? Me encantan los trapos sucios de la gente.
Cameron se rio ante mi comentario y Freddie rodó los ojos, para después soltar como si nada:
-Cam ha hecho 8 años de ballet.
-Golpe bajo.
-Yo prefiero llamarlo vendetta – Sonrió maliciosamente.
-¿Ballet? – Dije entre risas – Eso quiero verlo, a ser posible con esos leotardos blancos que marcan todo – Y en tres, dos, uno… genial, mi cara es del mismo color que mi mochila. Las hormonas me han ganado la batalla esta vez.
-Salida.
-¿Seguimos? – Dije avergonzada -. El tema de los correos.
-Puedo hackear las redes de ambos institutos y mandar un correo en nombre de nuestros directores a los deportistas y animadoras, y después, de tu parte y de mi parte, un correo al resto de alumnos para convocarlos el día V de Vendetta.
-¿Y no quedará rastro de nada en los ordenadores?
-No, si yo no quiero.
-En ese caso, tenemos otro punto resuelto. Ahora está lo más importante de todo… ¿cómo nos vengaremos?
Se produjo un silencio de media hora en la mesa. Alguna que otra vez levantábamos la cara y abríamos la boca para decir algo, pero parecía ser que todo lo que iba a salir de nosotros no eran más que tonterías, chapuzas o cosas imposibles de hacer.
-Hagamos una cosa – Dijo Cameron de pronto, captando mi atención y la de Freddie – id pensado en cosas, apuntadlas donde sea para que no se nos olvide. Esta noche le comento a los gemelos nuestro plan y les digo que también piensen en formas de vengarnos, y mañana en el ensayo, hacemos una especie de lluvia de ideas, ¿qué os parece?
-Genial – Dije yo. Ahora si me disculpáis, tengo que ir a casa de Carly a que me eche una mano con unos ejercicios que tengo que entregar mañana. Nos vemos por la tarde para ensayar.
-Vale. Hasta mañana – Dijeron a la vez.
-Adiós Cam y… Freddiefreak.
Subí por el ascensor del Bushwell Plaza hasta el apartamento de mi amiga, y al entrar allí vi una imagen… curiosa. Carly estaba tumbada en el sofá blanca como la pared, con los ojos inyectado en sangre y llorosos y respirando con dificultad. Por otro lado, Gibby estaba sentado en el sillón con la cabeza gacha y… ¿eso es un ojo morado?
-Está bien, ¿qué ha pasado aquí?
-Lo que ha pasado – Dijo Carly con un susurro, como si se estuviera ahogando – es que le he dicho mil y una veces al nene que soy alérgica a las fresas.
-Cierto, te ahogas solo con olerlas, aunque sean artificiales.
-Pues, esta tarde, no se le ha ocurrido otra cosa que ponerme una botella de jabón líquido debajo de la nariz. ¿A qué no adivinas a qué olía?
Abrí los ojos como platos. Carly le repetía como mil veces al día que era muy alérgica a las fresas, solo con olerlas se ahoga, y si no tenía a mano o las jeringas con epinefrina o el inhalador, adiós muy buenas. ¿Cómo le hacía eso? Me puedo esperar mil cosas de Gibby, pero nunca habría esperado eso.
-¿¡Pero tu eres tonto o te drogas con detergente? ¿¡No te hemos dicho mil veces que las fresas a cien metros de Carly? ¿¡Cómo se te acurre hacer una cosa así?
-¡Ya he dicho que lo siento! Y como puedes ver, ya he recibido mi merecido. No necesito que vengas tú también a replicarme las cosas.
Justo cuando iba a tirarme encima de él para dejarle el ojo que le quedaba bien inservible, mi móvil sonó, indicándome que tenía un mensaje nuevo.
Después de que Sam se fuera y de que Cameron se burlara un rato del mote que me había puesto ella, me fui a casa. Mi madre estaba trabajando, por lo que podría tocar la guitarra eléctrica un rato. La tenía escondida en un compartimento secreto que me había hecho en el armario para que no la encontrara y no recordara a mi padre.
Entré en mi habitación, abrí el armario y el compartimento y al sacar la guitarra, vi algo que veía todos los días, pero que hasta la fecha, no me había emocionado tanto ver.
A toda velocidad, saqué el teléfono del bolsillo y les mandé un mensaje a Cameron y a Sam:
"Ya sé cómo podemos vengarnos, mañana os cuento".
Hasta aquí. Bueno, ¿qué os parece? ¿Qué habrá visto Freddie? Estoy contenta porque se me están ocurriendo un montón de ideas para este fic, y para que no se me olviden, las estoy apuntando todas. Espero que esta inspiración me dure mucho. Mil gracias por vuestros reviews, enserio, me alegran el día :D.
Como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Besos ^^
