Lupin yo…

Esperar…

La espera, se había vuelto una rutina para Hermione.

Con el paso del tiempo, la chica se acostumbró a esperar… tan solo esperar.

La chica se dejaba arrastrar hasta sumirse en las profundidades de sus recuerdos, esperando.

El tiempo había pasado sin siquiera dejarse notar, y Hermione solo esperaba.

Algunas veces, terminaba por olvidar que era lo que esperaba. ¿Por qué esperaba?

Incluso dudaba sobre seguir esperando. Pero esa pequeña llama de esperanza que ardía en su interior la obligaba a continuar… esperando.

Hacia un mes que Hedwig había desaparecido por la ventana de la lechuzeria con la carta a Severus en su pico. Y hacia un mes que Hermione esperaba un respuesta que brillaba por su ausencia.

La castaña, intento que su vida retomara aquel curso normal que siempre había tenido, volver a ser quien antes fue, sin embargo gracias a Snape, ahora en su vida había un antes y un después.

Y de nuevo, se encontraba esperando.

Esperando entrar al aula de Slughorn y ver Snape.

Esperando ver aparecer a Hedwig en el Gran Comedor durante el desayuno.

Esperando tal vez, sencillamente dejar de esperar.

Y más que esperar, Hermione quería dejar de recordar. Mejor dicho, quería poder olvidar.

Resultaba más cansado de lo que aparentaba, recordar dolía, y eso la agotaba, intentar olvidar la hacía recordar y mientras tanto, seguía esperando, esperando algo que comenzaba a sospechar que jamás sucedería.

-Harry…

-Aun no Hermione- respondió el chico sin siquiera dejarla terminar, pues sabía cuál sería la pregunta, y Hermione sabía cuál sería la respuesta.

La chica se sentó a la enorme mesa de Gryffindor con aquella expresión de decepción que hacía algún tiempo, se había vuelto tan común en ella.
-Vamos, desayuna- repuso el chico acercándole un plato con avena.

-No tengo hambre Harry.
-Vamos Herms, no puedes seguir sin desayunar- intervino Ron con un sonrisa. La chica lo contemplo con algo de recelo.

Las cosas entre ellos dos, no estaban precisamente bien, sin embargo Ron parecía esforzarse por que recuperar al menos su amistad, pues era obvio que después de lo ocurrido aquella noche en el aula vacía, habían dejado de ser novios.

El pelirrojo estaba a punto de hablar, con cualquier excusa tonta, tal vez alguna broma estúpida para conseguir que su amiga sonriera, cuando una lechuza se posó justo frente a Hermione, derribando la jarra llena de jugo de calabaza.

-Hedwig…- dijo la chica en un susurro apenas audible.

El ave llevaba un pequeño rollo de pergamino atado a su pata.

La chica contemplo a la lechuza perpleja. Intento desatar la carta, pero sus manos temblorosas y torpes apenas se lo permitían.

-Gracias Hedwig- intervino Harry acariciando el pico del ave, que se alejó de ahí volando.
Hermione contemplaba la carta, consternada.

Ron observaba a la chica impaciente por saber de qué se trataba, en cambio Harry entendía claramente lo que ocurría.

-Herms…

La chica temblaba y parecía no darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor.

-¡Vamos de que se trata!- intervino de pronto Ron, arrebatando la carta a la chica.

-¡Ron!- chillo la castaña, haciendo el ademan de quitarle la carta.

-¡No seas tan idiota!- intervino Harry arrebatándole la carta a su amigo y entregándosela a la castaña.

La castaña se puso de pie temblando, y se alejó de ahí, concentrada en el rollo de pergamino entre sus manos.

La chica respiro hondo antes de disponerse a desatar aquel pequeño rollo.

Había esperado tanto para ello, tan tiempo deseando que aquello ocurriese, dándole vueltas a aquel asunto, pensando en tantas posibilidades y sin embargo ahora no sabía que era lo que esperaba encontrar.
No quería saber que era lo que aquella carta contenía, no quería enfrentarse con aquello que podría significar.

Desato aquel pequeño nudo de hilo plateado con dedos torpes. El rollo cedió enseguida extendiéndose en una pequeña carta, más, mucho más corta de lo que la chica hubiese esperado.

Realmente lo siento

S.S.

La chica releyó la carta sin entender, como si buscase algún clase de mensaje secreto en aquellas tres míseras palabras
¿"Realmente lo siento"?

¿Qué significaba aquello? Tres palabras sin el más mínimo significado, sin algún asomo de cariño, de afecto o al menos de importancia.
Tres palabras cargadas de frio, de sequedad…

Tres palabras sin sentido, pero con el suficiente para romperle el corazón.

Puedo haber esperado, tantas cosas, tantas contestaciones. Y siendo sinceros, llego a imaginar que pasaría, que haría si él llegaba a contestar algo así, sin embargo jamás pensó que pasaría.
No lloro, era como si aquel enorme nudo atorado en su garganta no se lo permitiese.
Pensó tantas cosas en aquel momento, imagino tonterías, recordó momentos, hizo suposiciones que era una verdadera tontería, pero ahora eso era lo que menos importaba.

Alguna vez, vio a llorar a Ginny, por Harry, y pensaba que era una estupidez sufrir que no valía la pena, pues si te hacia sufrir no era indicado, y sin embargo ahí se encontraba ella, sentada en el frio suelo del baño de prefectos, con un rollo de pergamino en las manos, un pergamino que, con tres palabras, le había partido en corazón en mil pedazos.

Entonces… se había ido, no solo eso, lo había hecho para alejarse de ella, la había abandonado sin importarle lo que ella sintiera.

**********Hermione**********

Jamás había sentido algo así, tantas dudas, tanto miedo… tan cosas que pasaban por mi cabeza en aquel momento.

Sentía una tristeza inmensa, indescriptible… Tenía miedo, estaba nerviosa, sentía un nudo en la garganta y un hueco en el estómago…

Estaba molesta… LO ODIABA… Pero… Cuanto lo extrañaba…

**********Narradora**********

-Pequeña… ¿Qué ocurre?

Lupin la observo casi espantado, al verla entrar con aquel aspecto a su despacho.

-¡Hay Lupin!- la chica se lanzó a la cintura del licántropo, dándole un fuerte abrazo.
Lupin no dijo nada por un momento, sola la dejo llorar, hablar, gritar… desahogarse.
-Linda… ¿Qué te ocurrió?

Inquirió Lupin sin soltar a la castaña, solo alejando un poco su rostro para contemplar el suyo.

Una pequeña bolita de pergamino arrugado resbalo desde la mano de la castaña hasta el suelo.

Lupin se inclinó a recogerla y leyó su contenido.

Cuando despego sus ojos del papel se topó con los color miel de la chica, enrojecidos por el llanto, clavados sobre los suyos.

-Tú dijiste que él no me dejaría ir, dijiste que él no lo haría…- susurro la chica casi con reproche.

-Amor… realmente lo siento

Hermione no escuchaba, no de daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, ni le importaba, ni siquiera escucho aquello que había dicho Lupin, la manera en que la había llamado.
La chica sollozaba sin separarse de él, y Lupin no pensaba soltarla, él no la dejaría.

Lupin acariciaba el cabello de la castaña, y ella solo sollozaba…

-Linda, debes calmarte.

-Linda… así me decía el- susurro la chica con una sonrisa de lado.

Lupin la contemplo por un momento, fascinado, justo como la contemplaba Snape.

La sujeto por la barbilla, haciéndole suaves caricias con su dedo gordo.

-No me gusta verte llorar.

La chica agacho la cabeza.

-Eres más linda cuando sonríes- susurro el Licántropo acercando su rostro al de la chica. Una pequeña sonrisa, mínima, surco por los labios de la chica.
-No me gusta verte así, y te prometo, que yo no permitiré que nadie te haga daño.

La chica lo contemplaba. Ella a él a ella.

Hermione no se movía, y Lupin sin soltar su cintura y su barbilla acercaba su rostro lentamente.

Paso… fue breve, cinco segundos o quizá menos pero pasó.

Los labios de Lupin rozaron los de la castaña casi tímidos, con delicadeza. Solo un pequeño roce.

Hermione no estaba segura… por un momento, esos escasos segundos, era como si el calor hubiese vuelto a su cuerpo.

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Los Amo

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