Llegó el día esperado de Milo hermoso. Es uno de mis personajes favoritos junto con Camus. Espero que este capítulo guste, lo hice hace como una semana por que mañana tengo un examen súper importante y no iba a tener tiempo de escribirlo al límite como la mayoría de los otros jaja

Disclaimer: Saint Seiya no es mi propiedad sino Milo y Camus hubisen terminado ju...asdfgfdsasdfdsd

Este fic se lo voy a dedicar a Daena Fuegoscuro por ser la enfermita mental que tanto quiero.

Saludos


Milo: 8 de Noviembre

Les pommes et les Français

— No te entiendo Camus —mencionó Milo arrugando el ceño—. ¿Cómo puede ser que no te guste lo más delicioso del mundo?

El nombrado irguió una ceja con una pequeña sonrisa de lado. Giró los ojos y se incorporó

—No me gusta y punto, Milo. No hay mucha ciencia en eso. —Se defendió ante la mirada acusadora de su amigo.

El escorpión lo miró intrigado. Hacía un rato que venían hablando de lo mismo. No era la primera vez que Camus visitaba la Isla de Milos con él, pero sí era la primera vez que Milo había querido hacerle probar una manzana de allí, según él, las más ricas del mundo.

Lo cierto era que se había sorprendido muchísimo cuando Camus, con su gesto adusto y serio, rechazó cortésmente la fruta alegando que no le gustaban. Milo había fruncido el ceño y le había lanzado un discurso sobre por qué la manzana era la mejor fruta del mundo entero, pero nada pareció convencer al duro francés de probar la dichosa manzana.

—No voy a disculparme por que no me guste una tonta fruta Milo. —exclamó Camus sonriendo mordaz frente al pequeño encaprichamiento de su testarudo amigo.

— ¿Por qué no quieres probar una tonta manzana por mí? —preguntó haciendo un puchero gracioso que hizo girar los ojos a Camus.

—Por que no me gusta Milo, no hay nada que pueda hacerse. —Volvió a explicar, pero parecía que sus palabras no contentaban al griego.

Milo se frustró. Para él las manzanas no eran simple frutas. Había convivido con ellas durante su entrenamiento en esa Isla y hasta su nombre las evidenciaba. No sabía que poder tenían sobre él, pero no le gustaba que Camus las despreciara así. Aunque quizá no era para tanto. Se volteó a verlo y torció la boca.

—A mi no me gusta el francés. —mencionó Milo a modo de venganza y Camus lo miró con el ceño fruncido.

—Eres tan infantil Milo. —dijo a modo de respuesta y lo hizo enfadarse más.

— ¡Es la verdad! Es un idioma horrible y nunca voy a aprenderlo.

Camus sonrió negando con la cabeza y se levantó. Habían estado bajo un manzano cerca de la costa de la Isla. No es que los Santos tuvieran mucho tiempo libre, pero aún no había problemas en el Santuario, las cruentas batallas tardarían un par de años en llegar todavía, y el clima vivido era de una aparente paz, siempre acechada por la posibilidad del peligro, por lo que podían darse el lujo de unas horas antes de volver de una misión en conjunto.

—Tendremos que ponerle fin a esta interesante conversación Milo, hay que volver.

El otro se levantó con pesadumbres y lo siguió detrás, aún enfurruñado en su última rabieta. Se le puso al lado y lo miró de costado. Camus giró un poco su cabeza y Milo le dedicó una sonrisa grande olvidando su discusión sobre manzanas y francés. Camus negó con la cabeza pero dejó escapar una pequeña sonrisa comprensiva. Difícil tratar con un escorpión.

Unos días más tarde, una misiva llegó con urgencia a Acuario. Camus no solía recibir noticias más allá de las esperadas o misiones ocasionales, por eso le sorprendió que la nota llegara con tanto apremio. Sus ojos leyeron ávidas las letras y la sorpresa lo invadió.

¿Alumnos? Nunca se había pensando como maestro aunque sabía que tendría un sucesor tarde o temprano. Quizá pensó que la muerte le llegaría antes de que alguien que pudiera tomar su lugar apareciera. Algunos de sus compañeros ya tenían aprendices como Mu o Aioros que había sido maestro de su propio hermano, pero no pensó que él podría llegar a tenerlos. Se preguntó vagamente si Milo tendría algún día alguien a quien enseñar y le pareció que sería un gran maestro. Definitivamente mejor que él. Se aseguraría de que sus alumnos aprendieran de su amigo todo lo maravilloso que había en él.

Milo se enteró unos días después, cuando la partida de su amigo francés era inminente. Al principio se había alegrado muchísimo. Tener alumnos era algo muy honorable. Saber que vas a dejar una herencia en los Santos de otras generaciones le parecía algo muy emocionante. Luego cayó en cuenta que Camus debería entrenar a sus discípulos en donde entrenan los Santos de Hielo. Siberia.

La distancia siempre era algo que de algún modo intimidaba al escorpión. Cuando se hizo Santo pensó que nada lo iba a asustar, pero algunas cosas permanecían ocultas en su mente para atacarlo cuando se encontraba más débil. Y eso se manifestó en ese momento, cuando veía a su mejor amigo hacer las maletas para irse, no sabía por cuanto tiempo a un lugar lejano e inhóspito. Tan lejos de la civilización y el calor del Grecia.

— ¿Por cuento tiempo te irás? —le preguntó con impaciencia sentado en la cama del Templo de Acuario mientras lo veía guardar algunas cosas que necesitaría en ese lugar helado.

—No lo se, Milo —respondió escuetamente pero la mirada del escorpión demandó más información—. Entrenar requiere tiempo. ¿Algunos años quizá? De todas maneras vendré cada tanto al Santuario.

Esa respuesta no lo contentaba demasiado. Ya se veía buscando compañía de otros Santos para matar el tiempo mientras Camus no estuviera.

—Encima no me llevo con ninguno de los demás —refunfuñó enojado—. Y no voy a hacerme amigo de Aioria, ya suficiente tengo que verlo seguido.

El mohín de Milo hizo reír a Camus. Sabía que Aioria y él tenían una relación un tanto especial. Se llevaban bastante mal, pero en el fondo reconocía signos de piedad y empatía. Milo era demasiado justiciero y honesto como para molestarse con alguien que no había hecho nada, y estaba seguro de que aunque no supiera la verdad sobre Aioros y el Patriarca, podía ver que bajo Aioria no se escondía el hermano del traidor, sino un Santo honorable y un buen compañero como él. Estaba seguro de que no pasaría mal mientras él no estuviera.

Durante su viaje a Siberia pensó mucho en su conversación de las manzanas aquella vez en la Isla de Milos, y se sonrió imaginando la expresión de Milo cuando encontrara la sorpresa que le dejó en la cocina de Escorpio. Hubiera pagado por verlo.

Milo volvió cabizbajo a su Templo un poco extrañado por la sensación de desazón que albergaba en su pecho. Nunca hubo en su vida distancia entre él y Camus y esa era la primera vez que algo los separaba por tanto tiempo. No es que dependiera de Camus pero se había sentido tan en sincronía con él que no estaba acostumbrado a extrañarlo.

Subió los escalones que lo separaban de su templo y entró por la cocina. Pensaba comer algo antes de irse a entrenar cuando un aroma delicioso le inundó las sensaciones. Se guió por el olfato pero lo que buscaba no podía ser ignorado. Abrió los ojos sorprendido al ver una canasta de manzanas en la mesa de su cocina. Eran todas rojas y brillantes, parecían frescas y perfectas. Se le hizo agua la boca de solo verlas. No recordaba haber mandando a las doncellas por manzanas pero la vista le agradó muchísimo.

Se acercó a tomar una y un pequeño papel doblado cayó de la canasta. Lo abrió con extrañeza y los signos que vio escritos le fueron desconocidos, sin embargo reconoció la caligrafía perfecta del escritor.

"Vous êtes la seule pomme que j'aime"

Rodó los ojos con una sonrisa y se guardó la notita en el bolsillo del pantalón. Quizá sí aprendiera francés después de todo. Tenía tiempo hasta que Camus volviera.


Notas: La notita significa literalmente "Eres la única manzana que amo" por que en francés no hay una palabra para "querer" como cariño o amor como en el español. La frase viene a representar en realidad "Eres la única manzana que quiero" y obviamente lo dice por que Milo significa Manzana en griego.

El título significa "Manazas y Francés"

Cuando Camus dice que le gustaría que sus alumnos aprendieran de Milo no solo es una referencia a la pelea de Milo con Hyoga sino a que Hyoga iba a ser alumno de Milo en el primer borrador del manga. Es más, de esa idea decantó que Milo y Camus fueran amigos, algo que me gusta mucho por que bueno... los amo jaja

Aclarado todo, me despido. Nos vemos con Aioros, el último.