Nihao gente! Como premio a la gran cantidad de reviews que llegaron he vuelto con esta conti (que me costó un poco hacer, la verdad, me salieron más fáciles los siguientes jajjaja). Antes de pasar al capítulo, mil gracias a cada persona que dejó su review, gracias por tomarse unos minutitos en hacerme llegar su comentario.

Este capítulo lo quiero dedicar:

A Blacklara, que siempre dejó su review en cada capítulo, dándome muchos ánimos para seguir.

A Haneko-chan, infinito amor por tu testamento, me ayudaste a hacer este capítulo.

A sogni, que se incorporó recién pero me dijo algo muy lindo que me inspiró a seguir mis próximos proyectos.

Y a todos los que han aportado con su granito de amor a este fic. Corazones y besitos a todas ❤️

...


Capítulo 11: Libertad.

...

El sonido de la sirena de la ambulancia resonaba como un eco por todo el lugar. Phichit miraba a su inconsciente amigo, sin poder todavía asimilar que lo había encontrado. Habían sido 5 meses muy intensos y agotadores de búsqueda, todo el esfuerzo había valido la pena.

Quería contarle a todo el mundo lo que sucedía, sin embargo, necesitaba saber primero su estado, no quería ser tan irresponsable como la odiosa policía local.

El cuello le ardía a horrores, el brazo había dejado de dolerle intensamente al tenerlo quieto. Luego de estabilizar a Yuuri, el paramédico procedió a curarle las heridas.

–¿Cómo te hiciste esto?

–Esa loca quiso cortarme el cuello y, de milagro, no me mató con el disparo.

–No quiero que te hagas una mala imagen, la mayoría no somos así –el paramédico lo miró con tristeza–. La herida del cuello no es profunda, tuviste suerte que la bala no penetró en el músculo, sino que te cortó la piel. Te la voy a vendar ahora.

–¿Él estará bien? –señaló a su amigo, quién se veía durmiendo apaciblemente, o al menos eso quería creer. Su cabeza estaba vendada y le colocaron oxígeno por una naricera como soporte más que todo. El paramédico asintió.

–Los doctores darán su mayor esfuerzo, te lo aseguro.

Phichit lo vigiló todo el camino, se le formó un nudo en el estómago al verlo tan demacrado. Estaba esquelético, demasiado pálido y ojeroso, su mejilla derecha tenía tres cortes ya cicatrizados, el labio inferior tenía unas heridas muy feas y, en general, la cara tenía restos de sangre seca. La ropa que usaba estaba sucia y desgastada, las mangas de la camiseta estaban rotas y permitía ver los cortes y golpes que le propinaron, tenía marcas horribles en las muñecas, especialmente en la derecha. Una lágrima de impotencia cayó por su mejilla. Miró hacia las piernas y vio los mismos cortes que en los brazos.

–¿Qué clase de monstruo puede hacer esto? –pensó enfadado. Estiró su mano izquierda y con mucho cuidado tocó la mano de su amigo–. Yuuri, despierta por favor. Despierta y dime que todo estará bien, qué todo será como antes.

El japonés no despertó.

...


La pelirroja rusa daba vueltas por su departamento, sin poder controlar su nerviosismo. Revisaba a cada segundo su celular por si había noticias, pero nada.

–Ojalá me haga caso y llame a la policía –al menos tenía la certeza de donde estaría si en las próximas horas no tenía noticias para poder avisar a las autoridades–. ¿Estarás bien? Dios, siento que la ansiedad me va a matar.

Luego de cuatro agonizantes horas, llegó un mensaje a su WhatsApp.

¡Lo encontramos! Estoy en el mismo hospital donde fuimos el otro día.

Y apareció una fotografía, estaba en el pasillo del hospital, el tailandés se veía sonriente. Le llamó poderosamente la atención los vendajes en el cuello y el cabestrillo.

M: ¿Qué te pasó?

P: Te cuento acá.

...

El tailandés había terminado de escribir ese mensaje cuando la puerta de la habitación de Yuuri se abrió.

–¿Familiares o amigos de Yuuri Katsuki? –se asomó una enfermera desde la habitación. Phichit se levantó rápidamente y se dirigió hacia allá.

–Soy el mejor amigo.

–Ok, pasa, el doctor quiere hablar contigo.

Phichit ingresó a la blanca habitación y un fuerte escalofrío lo inundó cuando vio al japonés con una naricera y varias sondas conectadas a él. El médico lo miró fijamente.

–¿Usted es familiar?

–El mejor amigo.

–Soy el doctor Solovióv –se presentó con seriedad–. Su amigo presenta varios traumatismos a considerar, está muy desnutrido y deshidratado. Un par de días más y habría fallecido por la desnutrición –se le cortó la respiración al extranjero, se llevó inconscientemente la mano a su herida–. Sin embargo, no nos preocupa los traumatismos craneales debido a que en la resonancia magnética no se detectó ninguna hemorragia o hipertensión craneal, tampoco hay fracturas así que….

–¿Estará bien? –el médico asintió. Ese gesto le devolvió el alma al asiático. Soltó un fuerte suspiro y se llevó una mano a su pecho.

–Hay que dejarlo descansar. De todas formas, cuando recupere la conciencia le haremos algunas pruebas neurológicas. Pero no debería haber problemas, solo debe tener contusiones menores.

–¿Puedo quedarme? –él asintió con apatía.

Los profesionales se retiraron, Phichit caminó hasta el borde de la cama. Tomó un banquito y se sentó al lado de su amigo. Estaba tan contento de verlo y saber que se pondrá bien.

–Te encontré, ¿puedes creerlo? –una lágrima cayó por su mejilla, con cuidado tomó una de sus manos y la cobijó en su pecho–. Todos me dijeron que estaba haciendo una locura, que siguiera con lo mío, pero no me rendí y te encontré. Todos se enterarán que estás bien, tu madre se pondrá tan contenta, Yuuri, tu familia estará tan feliz –no pudo contener las lágrimas y apoyó su cabeza sobre el muslo de su amigo. Estaba tan emocionado, por fin podía respirar como antes. Toda la pesadilla había acabado.

O al menos, eso pensaba.

...

Unos minutos después, el tailandés sintió que algo lo tocaba. Se incorporó y vio al japonés despierto. Phichit le sonrió con energía, pero recibió una mirada aturdida como respuesta.

–¡Yuuri! ¡Despertaste! –exclamó para luego abrazarlo como pudiera, el hospitalizado no respondió–. Ups, lo siento –se llevó su mano libre al rostro para secarse las lágrimas–. Es solo que… –notó que Yuuri lo miraba confundido y un poco asustado–. Tranquilo, estás en un hospital, todo estará bien –la mirada del japonés se volvió opaca.

–¿Quién… eres tú? –preguntó en un susurro en su idioma natal.

...


Mientras tanto, afuera había una horda de periodistas, todos rusos, completamente anonadados por la noticia, ni siquiera sabían cómo informar lo ocurrido, puesto que meses atrás habían declarado que Yuuri Katsuki había sido asesinado en manos de su prometido… y ahora se encontraba vivo bajo los cuidados del hospital. Los canales de televisión habían dividido a sus equipos, destinando un grupo a la vivienda de las rusas, otro grupo a las afueras de la primera comisaría donde ingresarían las acusadas y el tercer grupo, peregrinando fuera del hospital por si conseguían nueva información. El director del hospital no había accedido a dejarlos pasar, así que tenían que conformarse con esperar alguna filtración o declaración de las personas más cercanas.


En otro piso del hospital, en el área de cuidados intensivos, un joven rubio estaba sentado en la sala de espera. Apoyaba su mandíbula sobre sus manos entrelazadas y movía frenéticamente su pierna derecha. No tenía noticias de su amigo y no podía sacarse las últimas imágenes de él. Se le había confesado, ese "te quiero Yura" tocó una fibra en su corazón. Maldita sea, ¿por qué tuvo que pasar así? Soltó un bufido de impotencia, ¿por qué Otabek y no él?

A lo lejos venía caminando hacia él un hombre mayor que traía dos vasos de café.

–¿No has tenido ninguna noticia? –le preguntó Yakov, ofreciéndole café. Yuri negó con la cabeza, con la mano rechazó el café. Su entrenador dejó ambos cafés en una mesita y le dio unos golpecitos en el hombro en señal de ánimo.

–Se pondrá bien, Otabek es fuerte.

–Un cuchillo lo atravesó, ¿en serio pretendes consolarme así? –lo miró con rabia, susurrando esas palabras con los dientes apretados. Intentaba controlar sus emociones, pero las odiosas lágrimas insistían en querer salir–. Si a Otabek le pasa algo, mataré a esa malnacida.

–No creo que puedas, la chica ya está detenida.

–¿Qué?

–La policía la tomó detenida a ella y a dos compañeras de piso –esclareció recuperando uno de los vasos térmicos de café.

–Ojalá se pudra en la cárcel –espetó con ira mientras se secaba con rudeza las lágrimas.

...


–¿Qué dijiste? –le preguntó el tailandés confundido. Yuuri miró al techo y entrecerró los ojos, como recordando algo.

–¿Quién eres tú? –le preguntó en un inglés muy entrecortado y mal pronunciado.

–Soy Phichit, tu mejor amigo –le explicó con una sonrisa. El japonés entrecerró los ojos para poder verlo más claramente–. Junto con el Yuri ruso y Otabek te sacamos de la casa de esas psicópatas.

–¿Eh? No entiendo de qué hablas… –la sonrisa del tailandés se debilitó.

–¿Recuerdas algo? –el hospitalizado negó con su cabeza, a la vez que acercaba sus brazos a su cuerpo, armando un escudo entre él y el chico, mirándolo asustado.

El surasiático se levantó rápidamente de su banco y salió disparado de la habitación, dejando más confundido a Yuuri.

–Maldición, tiene amnesia, no recuerda nada, apenas recuerda cómo hablar en inglés. Esto es malo, jodidamente malo, ¿qué haré si no me recuerda?, ¿si no recuerda patinar? –pensó aceleradamente mientras buscaba alguna enfermera.

–¿Puede hablar más lento? –le pidió la enfermera de turno al no poder entenderle nada de lo que dijo. El tailandés respiraba agitadamente luego de correr hacia el mesón.

–Necesito un médico –explicó un poco más lento–. Mi amigo, Yuuri Katsuki, despertó y no recuerda nada. Tiene amnesia. El doctor dijo que estaría bien… ¡pero tiene amnesia! –gritó al final, desesperado. El ardor volvió a su cuello, soltó un quejido y se llevó la mano a la zona.

–Tranquilo, ¿quién lo ve?

–No sé cómo se llama.

–Ok, ¿qué sala es la de su amigo? –la enfermera le hablaba dulcemente al verlo tan angustiado.

–La 265, es la del fondo –apuntó al pasillo.

–Ok –buscó en los registros del hospital–. Doctor Ivan Solovióv, él está en quirófano en este momento.

–¿No puede ser otro? –ella negó con su cabeza–. Por favor, mi amigo no recuerda nada –la enfermera se compadeció al ver sus ojos cristalinos por la angustia. Soltó un suspiro.

–Lo siento, sería muy irresponsable. Tendrás que esperar –trató de explicarle con mucha paciencia y amabilidad, pero el tailandés no se lo tomó muy bien.

Se retiró quejándose en su idioma natal.

–Todos son unos buenos para nada –musitaba molesto, mirando el suelo y sujetándose el cuello.

...

No quiso entrar a la sala, se quedó afuera esperando que algún profesional se apareciera para bombardearlo con sus preguntas. Estaba tan contento hace diez minutos atrás, ¿por qué la vida era tan injusta?

–¿Phichit? –escuchó la voz de Mila a la distancia, levantó su mirada para encontrarla y ella se preocupó al verlo así. Rápidamente fue hacia él, Phichit salió a su encuentro y la medio abrazó con desesperación. Ella no entendía nada–. ¿Qué pasó? ¿Esa cara? ¿Qué le pasó a tu cuello y a tu hombro? –le dio una suave caricia en el cabello.

–No recuerda nada, no sabe quién soy yo –explicó mientras el labio le temblaba, ella lo acogió más en sus cálidos brazos.

–¿El doctor no te dijo nada?

–Está operando, él dijo que todo saldría bien, me mintió el desgraciado.

–Tranquilo, cariño –se separó ligeramente de él, notando lo afligido que se veía, decidió sentarlo en una de las sillas–. Cada persona es un mundo. Quizás algunos sufren esto –el moreno soltó un largo suspiro–. ¿Puedes decirme que te pasó?

–La loca me cortó el cuello –Mila lo miró aturdida–. Y una bala loca me pegó en el brazo, pero no es grave, solo me cortó la piel.

–Fuiste muy valiente –lo abrazó con fuerza, él se sintió acogido en sus brazos.

–Me preocupa Yuuri, no me recuerda –las odiosas ganas de llorar volvieron a aparecer. Ella le acariciaba suavemente el hombro izquierdo.

–¿Y si entramos y le explicamos todo? Quizás así recuerde –el chico accedió y los dos entraron a la sala, tomados de la mano. Mila quería brindarle su apoyo, comprendiendo lo difícil de la situación.

Vieron a Yuuri mirarse los brazos y como daba suaves movimientos. Le vieron una suave sonrisa, la cual cambió al notar su presencia, entrecerrando los ojos.

–¡Hola Yuuri! Qué gusto me da verte bien –sonrió Mila, saludándolo con su mano libre. Phichit seguía mirando a su amigo con temor, esperando una reacción.

–¿Quién eres tú? –le preguntó en un inglés más fluido.

–Soy Mila, patinadora rusa, estoy junto a tu mejor amigo, Phichit.

–¡¿Phichit-kun?! –abrió los ojos bruscamente, el tailandés se estremeció–. Estoy tan ciego, no veo nada –se llevó una mano a sus ojos y comenzó a refregárselos–. ¿En serio eres tú? –le preguntó anonadado.

–¿Me recuerdas? –se soltó de Mila y caminó donde su amigo, al estar más cerca el japonés pudo verlo mejor. Yuuri sonrió enormemente.

–¡Claro que sí! –Phichit lo abrazó como pudo, sin evitar llorar de la emoción.

–Qué alegría que me recuerdes, qué alegría que estés bien –le murmuraba emocionado.

Mila miraba la escena completamente conmovida, incluso se llevó ambas manos al pecho, Phichit lo abrazaba con suavidad pero apegándolo a su cuerpo.

–Dios, tengo que avisarle a todos –tomó el celular y llamó a los padres de Yuuri–. Señora Katsuki, no me va a creer… ¡encontré a Yuuri!… ¡Sí! ¡Está vivo! ¡Está conmigo! –Phichit le entregó el teléfono a su amigo.

–¿Mamá? –murmuró conmocionado–. (Mi Yuuri, ¿en serio eres tú?)… Sí, mamá, soy yo (Oh Dios, ¡no puedo creerlo! ¡Toshiyo! ¡Yuuri apareció! ¡Está vivo!) (Te extrañé tanto mi bebé,)… yo también te extrañé muchísimo… (creí que nunca volvería a verte, ¿estás bien?)... sí, estoy en un hospital… (te amo mi bebé, te adoro)… yo también te amo mamá, mucho mucho… (ya nos veremos, viajaré lo antes posible, prometo prepararte todos los katsudon que quieras)… mamá…

...


–¿Familiares o amigos de Otabek Altin?

El joven patinador se levantó de inmediato al escuchar el nombre de su amigo, Yakov lo siguió por detrás. Les había hablado una enfermera que apareció en el pasillo.

–¿Cómo está? –preguntó el rubio en un hilo de voz.

–Su estado es de riesgo, el cuchillo le perforó un pulmón, lo que le generó un hemotórax. En este momento lo están operando. Cuando sepamos algo más le avisaremos.

–¿Un hemo qué? –preguntó desesperado, pero la enfermera se retiró rápidamente. Las lágrimas de impotencia no se hicieron esperar.

–Tranquilo, Yuri, él se pondrá bien. Acá hay muy buenos médicos.

Aunque entendía que estuviera preocupado, no comprendía porque el pequeño ruso se desarmaba en llanto y angustia. Lo contuvo lo más que pudo, esperando nuevas noticias.

...


–¿Por qué no me recordaste antes? –le preguntó Phichit a su amigo, ya le había avisado a medio mundo. Mila se acercó y se colocó a su lado.

–Estaba como desorientado y no entendía muy bien que decías, aparte que no veo casi nada.

–A ver, ¿qué día es hoy?

–No tengo idea.

–¿En qué país estás?

–Supongo que aun en Rusia.

–¿Cómo se llaman tus padres?

–Phichit-kun, ¿en serio?

–Sí, quiero asegurarme que recuerdas todo bien.

–Hiroko y Toshiyo, tengo una hermana llamada Mari, tienen un onsen… sí recuerdo todo… un momento –los miró detenidamente–. Yo no recuerdo eso entre ustedes –Yuuri miró las manos de los dos y ellos comenzaron a reír.

–Bueno, pasar mucho tiempo en Rusia tuvo sus efectos –le contestó en medio de una risilla el tailandés con un leve rubor en sus mejillas.

–¿Y por qué estás aquí? Espera un poco, ¿cómo llegué aquí? –hiló las ideas al notar que, de alguna forma, tuvo que llegar al hospital.

–Hice una pausa en mi carrera para buscarte –le respondió con tranquilidad, él lo miró anonadado.

–¿Qué tú qué?

–Renuncié a todo para buscarte. Me tardé 5 meses en encontrarte, fue una búsqueda complicada.

–¿En serio? –el tailandés asintió.

–Hubieras visto todo lo que hizo, habló con mucha gente, recorrió toda esta ciudad a pie, se metió a muchos lugares buscando pistas, aun sin permiso, hasta revisó cámaras de seguridad ilegalmente para poder encontrarte. Y se enfrentó a dos asesinas por ti.

–Mila no es para tanto.

–Pero si así fue.

–Amigo, ¿en serio? –la mirada de emoción de Yuuri enternecería a cualquiera. El japonés estaba demasiado conmocionado al notar el sacrificio de su amigo, tanto así que no pudo evitar soltar algunas lágrimas.

–Pero no llores, Yuuri, ya no hay motivos para llorar –Phichit se acercó a él y lo abrazó con fuerza, sin poder evitar empaparlo con sus propias lágrimas, el japonés respondió a su abrazo con suavidad, estaba muy cansado para poder apretarlo más fuerte.

–Muchas, muchas, muchas gracias. Nunca podré agradecerte todo esto.

–El mejor agradecimiento es tenerte conmigo con vida.

En medio del abrazo Phichit le contó algunos detalles de su búsqueda, para luego separarse de él y seguir contando. Al terminar de contar cómo se desarrollaron los hechos Mila recibió un mensaje de Yakov.

–Cariño, tengo que ir donde Yakov –le dio un beso en la mejilla, él giró su rostro para darle un corto beso en los labios. Mila soltó una risilla en medio del beso y se retiró de la sala. Yuuri lo miró extrañado.

–¿Qué pasa? –le preguntó Phichit confundido.

–Aun no asumo lo tuyo con Mila –él rio divertido.

–Yo a veces –le confesó riéndose, sacándole una sonrisa.

–Espera… ¿tienes algo en tu cuello?

–Ah sí, nada importante.

–¿Por qué llevas un cabestrillo?

–Nada importante, en serio.

–Phichit-kun…

–Bueno, este, la loca me disparó y me cortó el cuello –el japonés lo miró aterrado–. Pero tranquilo, no fue nada grave, en serio.

–Phichit-kun, de verdad no sé cómo agradecerte lo que hiciste por mí.

–Eres mi mejor amigo, era lo menos que podía hacer.

–Yo creí… que ya todo estaba perdido.

–Siempre hay esperanzas –le guiñó el ojo–. Hay algo que tengo que devolverte –el japonés lo miró con interés, Phichit comenzó a sacarse el anillo que había cuidado por tantos meses–. Me debes 600 dólares –le indicó con una sonrisa mientras le colocaba el anillo en su dedo anular de la mano izquierda.

–¿Dónde lo encontraste? –le preguntó confundido.

–En una tienda de empeño, por eso me debes 600 dólares. La psicópata que te secuestró lo vendió.

La mirada del japonés se volvió tormentosa ante esas palabras. Recordó cuando despertó, cuando estaba aterrorizado, cuando se sintió morir en vida.

–¿Cómo pasó? –le preguntó. Yuuri miró a otro lado–. Amigo, leí todas tus notas, sé todo lo que pasó con Viktor, sé que te ibas a devolver a Japón y te ibas a la casa de Yuri, pero nunca llegaste.

–Yo… salí con todas mis cosas… –la mirada se volvió turbia, un escalofrío recorrió toda su columna al recordar.


Lloraba amargamente, no quería que terminara así, ¿por qué las cosas se pusieron tan difíciles? Me era difícil llevar la maleta por la resbaladiza vereda. Hacía un frío que calaba los huesos, acompañando mi soledad. Caminé recordando los buenos momentos, iba enfocado en eso, cuando un auto plateado se detuvo a mi lado. Tocaron la bocina y lo miré, una castaña de profundos ojos azules me habló.

–¡Hey! ¿Eres turista? –me habló en un acentuado inglés.

–No –decidí seguir, pero ella siguió mis pasos.

–Pensé que sí, nadie saca una maleta con este clima, ¿te llevo?

–No, gracias.

–Vamos, te congelarás. Dime, ¿a dónde vas?

–Donde un amigo, pero todo está bien –en ese momento el vidrio de la ventana trasera, que estaba polarizado, descendió. Se asomó una chica con el mismo peinado que Yurio, incluso llegué a pensar que era él.

–¡Hola! ¿Qué tal? –me sonrió dulcemente–. Déjanos llevarte, te vimos caminando muy triste, no queremos que te pase nada.

–Qué amable –pensé, ingenuamente. Accedí a subirme, ya que tenía los pies heladísimos. La chica rubia abrió la puerta trasera, así que me senté atrás. Le di la dirección de Yurio a la castaña.

–¿De dónde eres? –me preguntó la rubia.

–De Japón.

–¡Genial! Me encanta la cultura oriental, ¡cuéntame de tu país! Espera, ¿cómo te llamas?

–Katsuki, Yuuri.

–Woah, yo me llamo Lya. Anda, cuéntame.

La rubia charló mucho conmigo, distrayéndome del camino. Luego de un rato algo largo, porque la casa de Yurio no quedaba tan lejos y aun así nos habíamos demorado mucho, miré hacia la calle y no tenía idea donde estábamos.

–¿Dónde estamos? ¿Estamos cerca?

–Sí, es que tuvimos que desviarnos –respondió la castaña sin dejar de mirar hacia la calle.

–Cerraron la calle por el hielo, suele pasar seguido aquí, así que menos mal que te viniste con nosotras. Bueno, cuéntame cómo es eso del "onsen". Me parece muy interesante.

Seguimos hablando, le conté como es el proceso, los beneficios y del onsen de mi familia. Ella me prestaba mucha atención y me hacía muchas preguntas.

De pronto, el auto se quedó detenido. Vi a la castaña preocuparse, no podía hacer andar el auto.

–¿Qué pasó? –le preguntó la rubia.

–Ni idea… Yuuri –llamó la castaña, la miré–. ¿Sabes de reparación? Necesito ayuda con esto.

Sin saber mucho, decidí ayudar por el supuesto "favor" que me hacían.

Nos bajamos del auto, al parecer estábamos apartados de la ciudad.

–¿Dónde estamos?

–Eso no importa ahora –abrió el capot para ver si había fallado algo, ella se veía realmente concentrada–. Yuuri, tengo una caja de herramientas en el maletero, ¿podrías ir a buscarla?

–Sí, claro –me di la vuelta y abrí el maletero, no vi ninguna caja–. Qué raro, acá no hay…

De repente algo duro como un fierro golpeó mi nuca provocándome un dolor horrible, mi vista se nubló al instante y perdí el equilibrio, estaba muy mareado y atontado. Caí al frío suelo, donde intenté voltear, para ver a la rubia con una llave inglesa en su mano. Su sonrisa adorable de hace unos momentos había cambiado a siniestra, levantó la llave y volvió a golpearme con ella, dejándome inconsciente.

No supe más de mí hasta que desperté en su sótano, esposado a un fierro a mis espaldas.


–Q-qué horrible –murmuró Phichit impactado por las declaraciones de su amigo.

Yuuri apretó sus labios, si tan solo hubiera sabido lo que ellas harían, si tan solo no se hubiera dejado engañar por las apariencias… nada de esto habría sucedido.

–Solo de pensar que la policía cerró el caso por pura flojera me hace arder en bronca –espetó enojado.

Repentinamente escucharon unos golpeteos en la puerta. Phichit caminó a la puerta, para llevarse una enorme sorpresa.

–¡¿V-Viktor?! –exclamó aturdido para luego soltar un grito ahogado en medio de su mano izquierda.

El astro ruso se encontraba frente a él, se veía en su rostro una expresión apagada y preocupada.

–¿Puedo… ver a Yuuri? –le pidió en un ruego.

...


Había sido muy problemático para los cercanos entrar al hospital por la turba de periodistas, pero todo colapsó cuando la prensa vio llegar a Viktor. Se le abalanzaron encima como leonas a una gacela.

–¡Sr. Nikiforov! ¿Qué puede declarar a la prensa luego de ser culpado injustamente?

–¿Piensa ejercer acciones legales por injurias contra Yuri Plisetsky?

–¿Ha sabido algo del estado de salud de Yuuri Katsuki?

–¿Retomarán su relación amorosa luego de lo ocurrido?

Sin embargo, él ingresó al hospital completamente en silencio.

...


Cuando la pelirroja llegó donde estaba su entrenador y su compañero de pistas, aun no tenían señales del kazajo. Yakov le informó de su estado, en tanto, Yuri tenía las manos cruzadas fijas a sus labios, mientras movía insistentemente su pierna derecha.

Los dos adultos conversaron un poco, Mila le comentó que encontraron a Yuuri y que todo parecía estar bien, decidió omitir el hecho de que fue abordada por la prensa, por miedo a la reacción del ruso adolescente.

–Espera, ¿qué? –Yuri la miró abriendo enormemente sus ojos, pero sin levantarse–. ¿Está bien?

–Sí, está con Phichit ahora.

Yuri iba a levantarse para ver qué le había pasado al japonés cuando de pronto vieron a la misma enfermera de hace unas horas, ella se acercó donde ellos. Al verla, decidió quedarse donde estaba, después iría a verlo.

–¿Cómo está? –le preguntó el hombre mayor.

–Terminó la operación, se estabilizó al paciente, se detuvo el sangrado y se extrajo la sangre y aire del espacio pleural. Estará hoy en cuidados intensivos por observación, según cómo evolucione puede permanecer en UCI o ser derivado a cuidados intermedios.

–¿Puedo verlo? –preguntó Yuri rápidamente, la enfermera negó.

–Para ingresar a la UCI deben ser familiares o personas cercanas, mayores de edad.

–¡Tiene que dejarme entrar! Yo…

–Lo siento, te acabo de explicar las razones…

–¡Es que yo soy su novio! ¡Quiero verlo!

Yakov y Mila se miraron aturdidos.

–¿Qué? –murmuraron ambos, Yuri se veía decidido. La enfermera soltó un suspiro de resignación.

–Ok, haremos una excepción, pero por ser menor de edad tendrás que ingresar acompañado de un adulto.

–Yo entraré con él –mencionó Yakov. La enfermera asintió.

–Ok, acompáñenme.

Mila se quedó en la sala de espera, buscó alguna máquina de café para poder comprar mientras veía las redes sociales. La noticia de la aparición del patinador japonés había conmocionado al mundo, volviéndose trending topic, lo que más feliz la tenía era que los fanáticos le mandaban muchos agradecimientos a Phichit por haberlo encontrado, volviendo su nombre también una tendencia.

–Estoy realmente orgullosa de ti, le diste una gran alegría al mundo del patinaje.


Ingresaron a la sala acompañados por la enfermera. Otabek estaba conectado a varias sondas, a un monitor cardiaco y recibía soporte de oxígeno por medio de entubación endotraqueal, estaba inconsciente por efecto de la anestesia, incluso llevaba un antifaz en los ojos.

–No se asusten, está adormilado por la anestesia. Cuando se le retire el TET despertará, es para evitar el impacto. En general él está bien, pero por precaución estará en esta sala. Puedo permitirle la visita solo 10 minutos.

–Entendemos, gracias –agradeció el entrenador y la enfermera se retiró. Miró a su pupilo, encontrándolo ya al lado del kazajo, tomándole la mano con semblante de preocupación. Guardó silencio unos momentos, observando la escena. Yuri le acariciaba suavemente la mano al chico–. Así que es tu novio, ¿cuándo me iba a enterar yo?

Yuri lo soltó rápidamente y lo miró con molestia.

–Le dije eso a la vieja para que me dejara entrar.

–Entonces ¿para qué le tomas la mano si no hay nadie más?

–¿P-por qué tengo que darte explicaciones?

–Yuri, está bien sentir afecto por los demás, no tienes que avergonzarte ni ponerte a la defensiva.

–Yo no me pongo de ninguna manera, malpensado.

–Bueno, como Otabek es solo un amigo, tenemos que irnos.

–¿Eh? ¿Por qué?

–Tienes que alistarte, mañana viajamos a Francia.

–¡¿Cómo me pides viajar con él así?! –le reclamó con los ojos ligeramente vidriosos, apuntando a su amigo.

–Pero si solo es tu amigo, nada más… ¿o no, Yuri?

–Estás pasándote películas, viejo canoso –murmuró molesto–. No me sacarás de aquí.

–Ok, te dejaré a solas con tu "amigo". Te espero afuera, la enfermera dijo solo 10 minutos –dicho eso salió de la habitación, con una pequeña sonrisa en sus labios al ver al ruso hervir en vergüenza y mascullar cosas inentendibles.

...


El tailandés se quedó patinando, sin poder articular palabra. Aunque no decía nada, los ojos de Viktor brillaban con fuerza, rogando poder ver a su exprometido. Al igual que Phichit, Yuuri se quedó mudo de la sorpresa.

–¿Qué haces aquí? –preguntó bruscamente Phichit al tomar conciencia de la situación.

–Por favor, déjame verlo.

–Él está delicado –respondió ariscamente, aun le tenía resentimiento luego de saber de todo lo que lo hizo sufrir.

–L-le traje flores –levantó un ramo que tenía veintiún rosas rojas.

–Ven –escucharon los dos la débil voz del japonés. Viktor se quedó en la puerta, creyendo que le hablaban a Phichit. El moreno, en tanto, volteó aturdido–. Viktor –llamó otra vez, devolviéndole el alma al ruso. Phichit miró al platinado molesto, pero le cedió el paso.

Viktor caminó lentamente, llevando el precioso ramo de rosas en sus manos. Se detuvo en la mitad, sin saber qué hacer.

–Los dejaré solos, pero antes –miró fijamente al local–. Te juro Viktor que si él derrama otra lágrima por tu culpa, la pagarás caro –el ruso asintió con temor, no había rastro del magnífico Nikiforov en su mirada ni desplante.

Todo le había afectado muchísimo, le hizo darse cuenta lo débil, dependiente y miserable que era sin Yuuri.

...

Phichit salió del cuarto, tomó su teléfono y vio la enorme cantidad de notificaciones y mensajes que le habían llegado. Incluso tenía mensajes de periodistas que querían entrevistarlo.

–Woah, qué rápidos… un momento, ¿hay periodistas afuera? –se asomó a la ventana para observar la caravana de medios gráficos. Observaba todo con la boca abierta.

...


Viktor caminó hacia el mueble que estaba al frente de la cama en completo silencio, sin querer mirarlo. Colocó las rosas en un florero y al separase de ellas notó que tenía que hablarle. Se giró, la ex pareja se miraba sin decir nada. Viktor no sabía si avanzar hacia él o quedarse donde estaba, verlo en ese deplorable estado, conectado a los sueros aumentaba el nudo en la garganta que cargaba hace meses. La culpa, la jodida culpa lo tenía amordazado. Comenzó a susurrar su nombre, intentando asimilar que su amado estaba vivo, que podía verlo de nuevo y que nada hubiera sucedido si él no hubiera sido el patán que fue.

–¿Viktor? –preguntó Yuuri preocupado al verlo llorar.

–Perdóname, por favor perdóname.

–Viktor…

–Si yo tan solo no hubiera sido como fui, jamás te habrían secuestrado, no estarías así –a cada palabra aumentaban la intensidad de los sollozos. A Yuuri se le apretó el corazón verlo así–. Me sentí morir con la noticia –le costaba entenderle en medio de los sollozos.

–Viktor…

–Yo no vengo a pedirte que vuelvas conmigo, solo quiero que me perdones –le rogó llorando, manteniendo la distancia.

–No fue tu culpa… es decir, sí tienes razón con eso de que si no hubieras sido tan dominante no me hubiera ido, pero fue mi culpa subirme a...

–Yuuri da igual si fue tu culpa o no, solo quiero tu perdón… perdóname por favor. Soy un peligro para ti, yo solo… destruyo lo que amo –volvió a llorar con más fuerza, requiriendo esta vez sentarse, tomó un pequeño banco que estaba cerca.

El asiático no sabía qué hacer, se le rompía el corazón verlo así. Recordó cuando creyó que nunca más lo volvería a ver.

Viktor seguía llorando cuando decidió levantar la mirada, Yuuri le extendía su mano. Él la miró confundido.

–Stammi Vicino.

–¿Qué? –Viktor miro a Yuuri, quién soltaba algunas lágrimas.

–Non te ne andare –le susurró la canción que patinaron juntos el año pasado, esa canción la había tarareado tantas veces cuando estuvo secuestrado.

–Yuuri… Ho paura di perderti––susurró completando la canción mientras se acercaba a él, arrastrando el taburete. Se sentó a su lado y le tomó la mano, para llevarla hasta sus labios y así poder besarla, con cuidado de no pasar a llevar ningún cable. No pudo evitar mojársela con sus lágrimas–. Perdona, soy un idiota. Quédate cerca de mí, no te vayas.

Yuuri levantó con mucho esfuerzo su mano izquierda para tocar su rostro, dándole suaves caricias.

Aunque nada es eterno, esas caricias les hacían sentir que el tiempo se había detenido, solo para ellos.

...


En ese momento, la noticia de la aparición del patinador japonés revolucionaba los noticieros rusos, informando de la detención por secuestro de las tres jóvenes Tatiana Vólkova, Valeriya Vólkova y Polina Berezutskaya. Informaron, además, que el control de detención se realizaría en tres días más. Sin embargo, no tan solo en Rusia se entregaba esa información. Paralelamente, en Japón se anunciaba por todos los noticieros la noticia, impactando a los ciudadanos.

Internamente, las cadenas de televisión japonesas enviaban a sus mejores periodistas a Rusia, sin importar si tenían o no visa de trabajo, necesitaban la premisa lo antes posible. Lo que sí buscaron tramitar fue estar presente en el control de detención de las rusas.

Lo que más aturdía al mundo entero era que, realmente, Viktor Nikiforov no había sido el culpable de la muerte del chico, cerrando el caso injustamente y resolviéndose gracias a tres civiles, dos de otros países. En ese momento, el Ministerio de Seguridad Nacional se contactaba con el Director de la Policía Nacional Rusa para pedir explicaciones por la nueva falta.

Un nuevo revuelo se formó cuando, en cadena nacional, el Ministro de Seguridad Nacional pidió la renuncia del Director de la Policía Nacional Rusa y de todos los presuntos responsables en la jerarquía policial.

...


–¿Así que está bien? –le preguntó el tailandés a la pelirroja rusa.

–Sí, está estable, así que dentro de estos días le quitarán el soporte de oxígeno.

–Menos mal que no le pasó nada grave, no te imaginas el susto de verlo todo ensangrentado.

–Lo tuyo también fue grave.

–Sí, pero a él le clavaron el cuchillo en el tórax. A mí solo me presionó el cuchillo contra la piel.

–Menos mal que no te pasó nada grave, me tenías con el alma en un hilo –ella lo abrazó por la espalda, él le respondió abrazándola por la cintura.

–Estoy preocupado por mi amigo –le confesó sin mirarla.

–Phichit, si quieres quedarte con Yuuri, yo te entenderé, en serio.

–Cariño, yo iría contigo, pero me da un algo dejarlo solo. Su mamá recién podrá estar aquí en tres días más, no sé cuándo le den el alta.

–Tranquilo, de verdad entiendo –llegaron a las afueras de la sala de Yuuri Katsuki–. ¿Crees que Viktor se haya ido?

–Yo creo que sí, después de todo lo que pasó entre ellos, Yuuri debe estar muy enojado con él.

Abrieron la puerta, para encontrar una escena que los dejó aturdidos.

Viktor, de alguna forma, se había recostado al lado de Yuuri en la cama, abrazándolo protectoramente, mientras que Yuuri dormitaba acurrucado en su pecho. Los dos descansaban profundamente.

El tailandés y la rusa se miraron atónitos.

–¿…? ¿….?

–¿Vamos?

–Sí, mejor –Mila se estaba retirando con él, cuando una idea llegó a su mente–. Espera… –se devolvió y les tomó una foto con el modo silencio, ella lo miró intrigada–. Te acompañaré a Francia –ella sonrió, aunque su tono y semblante dudoso le preocupó.

–Estará todo bien, mi intuición me dice que no hay de qué preocuparse.

Ella le guiñó el ojo y él sonrió en respuesta. Mila le dio un suave beso, como respuesta Phichit le tomó la mano y salieron del hospital.

Era de noche, tenían vuelo para primera hora mañana y estaban muy cansados. Con agilidad evitaron a los pocos periodistas que quedaban.


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phichit+chu: @katsuki-yuuri me puedes explicar esta foto? 👀😲

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katsuki-yuuri: @phichit+chu ¡¿cuándo tomaste esa foto?! (。ŏ﹏ŏ)

v-nikiforov: aww nos vemos tan lindos ❤

vikturi_is_love: me encantaaaaan ❤

nia_pzt: me alegro de que @katsuki-yuuri esté bien #TeAmamosYuuri

...

Phichit reía al imaginar la reacción de su amigo, aunque le habría gustado verla en vivo.

Sonó la notificación de un whatsapp.

Y: ¡¿Por qué subiste eso?!

P: Jjajajaj, ya sabes como soy.

...

The next skater representing Russia: ¡Yuri Plisetsky!

Una ovación salió a saludar cuando el joven ruso salió a la pista con elegancia. Phichit dejó el teléfono y se dispuso a observar la presentación con entusiasmo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

–En la siguiente temporada estaremos todos juntos, será fantástico.

...


Notas finales: Al principio iba a dejarlo hasta acá, pero encuentro que quedarían demasiadas cosas en el aire. Seré sincera, estoy sorprendida por haber logrado casi 52000 palabras de puro contenido hasta ahora (son como 130 páginas), no sé cómo agarré tanto vuelo xD tomando en cuenta que todo partió con un fanart (de seguro lo han visto, es uno de Viktor usando el traje de Stammi Viccino mientras sostiene un cuchillo, está todo ensangrentado, mirando la nada, y hay un cuerpo ensangrentado al lado, al parecer de Yuuri), una idea central (en este caso, la violencia doméstica) y una canción (molitva). Juntamos las tres cosas y nació chocapic c:

Si les gustó les agradecería que me lo hicieran saber con su review, no les pido nada más a cambio :3

Hasta la próxima!