Capítulo 10
Las oscilaciones de sus manos no nacían por el hecho de estar viajando en avión. Sus ojos se perdían en el recorrido que realizaba una gotita de agua por el cristal de la ventanilla, mientras una de sus piernas se movía insistentemente. Poco fue lo que comió de la comida que la Aeromoza les llevó muy amablemente. Tomaba muchos vasos de agua bien fría que mandaba a pedir a cada momento, y se despeinaba el cabello azabache cada dos o tres minutos.
Ginny tomaba con fuerza una de sus inmóviles manos, entrelazando sus dedos para así relajarlo. Le insistió en que tomara una siesta, pero lo que menos podía hacer Harry en ese momento era dormir. La pelirroja dejó la revista que ojeaba con poco interés a un lado, depositando luego su vista en la nuca del moreno.
- Harry…- éste continuó con los ojos fijos en las gotas que se apreciaban acariciando la ventana. – Harry, mírame. – él volteó. – Tranquilo. Entiendo que estés nervioso por… por todo, pero debes calmarte.
- Siento que al llegar a Londres, saldré corriendo de nuevo.
- Más te vale que eso no sea cierto.
- Por supuesto que no – sonrió ante la seria mirada que Ginny lanzó. – Es que ver a tu familia de nuevo, después de tanto…
- Recuerda que también es tu familia. No debes preocuparte por las reacciones que pueden llegar a tener.
- Ha pasado mucho. No sé que esperar.
- Créeme que estarán muy felices de verte. Desconcertados, pero felices.
Los ojos del muchacho volvieron de nuevo hacia la leve llovizna que caía en ese momento.
- Duérmete, aún tienes marcadas esas ojeras que te hacen ver poco atractivo. – Ginny sonrió a la par de Harry. Pasó uno de los brazos del joven por sobre sus hombros, y se acurrucó apoyando la cabeza en el hombro de él. – Falta como hora y media de viaje. Descansa.
- ¿Qué haremos al llegar?
- ¿Qué quieres hacer?
- Quisiera un poco más de tiempo antes de ir con tu familia.
- Hummju, el tiempo que gustes – Ginevra bostezó perezosamente.
-Ginny… - los labios de Harry se apoyaron en su cabello rojo oscuro. El joven inhaló profundamente, llenando e impregnando sus sentidos con aquel aroma a Jazmín. – Ginny…
- ¿Mmm?
- Te amo…
- Ajá… - Harry rió bajo ante la vaga y poco audible respuesta de la pelirroja. Besó su coronilla, y decidió cerrar los ojos también. – Yo igual, te amo. – La apretó contra él con su brazo.
O O O
- ¿Hermione?
- ¡Ginny! – la voz de la castaña salió entre entusiasta y aliviada. - ¡Por todos los cielos! Al fin te dignas a llamar. – Hermione se levantó del regazo del pelirrojo levemente sonrojada. Lo miró con una expresión de alivio y emoción mientras señalaba el teléfono con el dedo una y otra vez.
- Lo siento mucho, es que…
- Estábamos muy preocupados. Ya escucharás los reclamos de tu madre.
- Es que una tormenta…
- ¡Una tormenta! ¿Estás bien? ¿Dónde estás ahora? ¿Cuándo…?
- Hermione, ¿me dejas hablar? – Rió ante la exasperación de su amiga.
- Disculpa. Pero si hubieras llamado más a menudo no estaría…
- Lo siento, Hermione, de verdad. – Ginevra Rió de nuevo. – Ya estoy en casa.
- ¡Estás en casa! ¿Por qué no avisaste antes que llegabas hoy? Ginny…
- Pásamela – pidió Ronald extendiendo su brazo para coger el teléfono.
- Espera… Ginny, voy con Ronald para allá.
- No, Hermione, recién llegué y lo único que deseo es dormir por un buen rato.
- Acá Ron quiere hablar contigo.
- Pásamelo.
- Ginny…
- Extrañaba tu voz, querido hermano.
- ¿Tan de buen humor?
- Estoy feliz de estar en casa.
- Mamá estuvo muy preocupada. Fuiste muy desconsiderada al no llamar.
- Ya hablaré con ella. Lo siento, pero se me hizo imposible conseguir un teléfono para llamadas de larga distancia.
- ¿Podemos ir ahora para allá?
- Dijo que quería descansar – habló Hermione junto a él.
- Me gustaría mucho, pero ahora lo que quiero es dormir por lo que queda de día y toda la noche.
- Llama a mamá.
- Lo haré en cuanto cuelgue.
- ¿Todo bien?
- Todo excelente. ¡Los extrañé mucho! Después les cuento cómo son los lugares allá.
- Bien, te paso a Hermione de nuevo, está que cuelga del cable del teléfono.
Ginny rió una vez más al imaginarse la colleja que le estaría propiciando la castaña al pelirrojo.
- Ginny…
- Hablamos luego, Hermione. No aguanto los ojos del cansancio.
- Bien, llámame en cuanto despiertes para ir a verte. Hiciste mucha falta.
- Te llamaré. Un beso para ti y para el tonto de mi hermano.
Hermione dejó a un lado el auricular del teléfono con una sonrisa.
- Bien, sana y salva en casa… - el joven pelirrojo atrajo a la castaña por la cintura, sentándola de nuevo sobre sus piernas.
- ¿Crees que debería avisarle a…?
- ¿Al tonto ese? No…
- Llamas tonto a todo aquel que pretende a tu hermana. Pero debo decir que él es agradable y se ve que Ginny le gusta. Por algo llama todos los días para ver si sabemos de ella. La ver…
- No me gusta para Ginny.
- ¡No te gusta ningún hombre para Ginny!
- Tienes razón… - la mano del pelirrojo se encontraba concentrada en una de de las pantorrillas de Hermione. – Ahora, ¿quieres hablar de los hombres ideales para mi hermana o mejor seguimos en lo que estábamos antes de que ella llamara?
O O O
- ¡Siento un hambre descomunal! – Ginny se descalzó los pies mientras se dirigía hacia la cocina de su departamento. - ¿Qué te apetece comer? Puedo preparar…
- No tengo hambre, sólo tomaré…
- Comerás sí o sí. No probaste ni un bocado en el avión – la pelirroja abrió el refrigerador de par en par, mientras Harry la observaba desde el marco de la puerta. – Spaghetti. No es por presumir, pero me queda delicioso. – Sacó del refrigerador los ingredientes que iba a utilizar para la comida. Una sonrisa se encontraba dibujada sobre sus labios rosas, y a los pocos segundos, Harry se vio sonriendo también.
Ella se veía tan feliz, tan llena de vida, tan alegre… Y el hecho de saber que era por él, por su presencia, llenaban su corazón hasta tal punto de hacerlo estallar de felicidad.
- ¿Me ayudas? – le preguntó Ginny radiante, mientras cortaba en pequeños trozos un redondo tomate. Harry sonrió más anchamente, ingresando a la cocina, y abrazándola por detrás. Sus labios se detuvieron en la curva de su cuello y su hombro derecho, y depositó un simple pero tierno beso.
- ¿Qué deseas que haga?
La comida, a pesar de lo sencilla, estuvo deliciosa. Chocaron las copas de vino por lo menos un par de vece, y rieron a carcajadas con alegría y goce. Era una noche fría, típica de Londres, por lo que Ginny no dudó en prender la calefacción y preparar dos tazas de un espeso chocolate caliente.
- Extrañaba este clima – comentó Harry apoyando su espalda contra la parte baja del sofá. Ginny tomó asiento sobre la alfombra, frente a él, apoyándose en el pecho de su compañero.- Hacía mucho calor en aquel pueblo. Bueno, excepto los días de lluvia. Tardé en acostumbrarme cuando llegué – el moreno dejó a un lado la taza de chocolate para permitirle a sus brazos apresar la cintura de Ginevra. – Parece que le encanta este lugar – observaron a Ceto dormir sobre la alfombra bajo una pequeña mesa de cristal.
- ¿Y a ti?
El departamento era considerablemente pequeño, pero ideal para una sola persona o para una pareja sin hijos. La decoración era ligera y el tono que lo pintaba era color arena. Resultaba relajante. Pocos cuadros eran los que decoraban las paredes.
- Me fascina – Ginny giró su rostro para obsequiarle una de sus mejores sonrisas.
Las horas avanzaron entre pláticas triviales. Ginny contó entusiasmada sus estudios realizados y el empleo en la revista que tanto le agradaba, a pesar de no estar de acuerdo en ciertos aspectos. Le relató a Harry sobre los acontecimientos dentro de su familia, sobre sus amigos, sus compañeros… Seguramente era por la emoción y la dicha de tener al amor de toda su vida de nuevo con ella, pero desde que sus castañas se incrustaron en las esmeraldas de Harry en el pueblo de Leystaum, el nombre de Steven no rondó por su cabeza ni un solo instante.
Sentían tener dieciséis años, otra vez. Y el tiempo en el cual no supieron el uno del otro, pareció haber sido anulado.
- ¿Recuerdas a Luna?
- ¿Tu loca vecina?
- No le digas así. Puede que sea algo… diferente, pero es una gran chica.
- No dije que no lo fuera, pero recuerdo que sí era algo… - se abstuvo de repetir la palabra "loca" cuando Ginny lo miró medio molesta. – Diferente – completo sonriendo inocentemente. - ¿Qué pasó con ella?
- Se casó – sonrió la pelirroja. – Hace ya cuatro meses.
- ¿Y Neville?
- Hace mucho que no hablo con él. La últimas vez fue en la despedida que tuvo antes de partir a Irlanda.
- ¿Se fue a Irlanda?
- Se dedica a realizar estudios de plantas raras y exóticas de diferentes partes. Sabes la fijación que tiene por eso.
- Lo sé – Harry Apretó su abrazo alrededor de ella.
- ¿Quieres más chocolate?
- No, así estoy bien – la miró dar un último sorbo a su taza, dejando en la comisura de los labios un leve rastro de la espesa bebida. No evitó soltar una pequeña risa.
- ¿Qué pasa? – le preguntó ella, contagiándose un poco de la risa del joven.
- Recuerdo que te volvías un desastre cuando comías chocolate, en especial cuando era helado. Tu madre se molestaba mucho cuando te veía llena desde el vestido hasta los zapatos.
- No era mi culpa, el helado se derrite demasiado rápido.
- No, tú eras muy lenta para comerlo.
- Claro que no, sólo lo disfrutaba. – le dio una suave colleja que lo hicieron reír más fuerte.
- Ven aquí… - la besó, haciéndola estremecer cuando su lengua retiró los manchones de chocolate de su piel. – Vaya…
- ¿Qué…? – Ginny ya había cerrado los ojos, y él la observaba embelesado, aún asegurándose de rozar sus labios al momento de hablar.
- El chocolate, sabe mucho mejor si se come de esta forma – sonrió al igual que ella.
- Y dime, ¿tengo que volver a llenarme de chocolate para que me vuelvas a besar? – no tardó en sentir la boca de Harry sobre la suya una vez más, de forma delicada, pero a la vez intensa. Sintió las manos del joven moverla para así lograr estar frente a frente, Harry sentado y ella inclinada hacia delante, arrodillada.
Ambos corazones parecían retumbar en diferentes partes del cuerpo, y los dos sabían que esas sensaciones nunca cesarían.
La calidez de las manos de Ginny sobre la tez de su cuello lo exaltó, sí. Y es que con tan sólo una caricia de sus finos dedos, ya él sentía su piel enchinarse y palpitar. La necesidad de ella parecía algo insaciable, interminable… La adoraba, y amar su cuerpo ha la vez que le susurraba frases que hacía mucho le había dicho al oído, se estaba volviendo un ritual obligatorio.
- Te amo… - Ginny le sonrió a Harry de una forma que lo hicieron perder la cabeza en ese instante. La besó con rudeza, olvidando la caballerosidad con la que la había tratado desde el pasional encuentro en la cabaña de Leystaum, después de tanto tiempo… se apoderó de él un deseo que no sólo conllevaba al placer físico; una necesidad y un sentimiento que abarcaron la mayor parte de su interior, por no decir su ser completo.
- Te amo… - fue un susurro apenas audible, pero ronco. Sus respiraciones ya se encontraban aceleradas, y sus cuerpos temblaban levemente… próximos a perderse en ese mar de sensaciones que los trasportaba más allá de lo real e irreal también. – Te amo… - repitió Harry sin dejar de penetrarla con la mirada. Sus manos se encontraban aferradas a su cintura, incapaces de soltarla.
-Ven… - los dedos de Ginevra se posaron sobre los de él delicadamente. Se notó la urgencia cuando ambos estuvieron de pie para dirigirse con velocidad a la habitación que Ginny sabía, ya no sólo sería de ella.
Ahora todo era aún más verdadero que cuando se encontraban en aquel olvidado pueblo. Y a pesar de haberse entregado con innegable deseo en aquel incómodo colchón en el cual Harry dormía aquella ocasión, fue en ese momento en el cual la auténtica pasión los apresó con intensidad y desenfreno.
Manos que apretaban dejando huellas rojizas en la piel, mordiscos que marcaban, caminos húmedos que recorrían cada poro de piel, movimientos desenfrenados. Los gemidos de ambos resonaban contra las paredes color arena de la habitación, además de los repetitivos Te necesito y los infaltables Te amo.
Harry bajó el ritmo de sus candentes movimientos, besando a Ginny lentamente en los labios. La joven abrió los ojos de par en par. Temblaba y se hallaba agitada, presa de un placer que sólo Harry había sido y seguiría siendo el único capaz de hacerla sentir. Entreabrió los labios para liberar una honda exhalación justo después del rápido movimiento que realizó el moreno para invertir las posiciones. Se aferró a su figura, sintiéndolo completamente dentro de ella. Sus delgados brazos apretaron el cuello del muchacho y sintió su pecho respirar aceleradamente, a la par del suyo. Sus corazones latían a un mismo compás; como uno solo. Cerró los ojos para retomar la danza, perdida y descolocada de todo lo que era el mundo real. Para ella sólo estaba Harry, dentro de su cuerpo, con sus manos tocándola, su boca besándola… Y para él, sólo estaba Ginny.
- Te amo… ¡Ah! – apretó sus labios rosas e hinchados contra la mejilla del joven, sintiendo llegar al límite del goce y al deleite. Tocar el cielo en los brazos de él y apresar las estrellas titilantes entre sus manos.
Sus pelvis se compenetraron con movimientos circulares y cadenciosos.
- Mírame… - fue una exigencia que Ginny no dudó en obedecer. Lo miró a los ojos, rozando su boca a la par que un sonoro gemido salía de ellos. Suspiró con profundidad apretándose contra sus caderas, sintiéndolo fundirse en su cuerpo, llenarla con su esencia. – No dejes de mirarme… - y ella no lo hizo. Sus dedos presionaron la piel masculina, dejando marcas visibles en la tez de su espalda
Sus alientos se entremezclaban mientras los desenfrenados latidos recuperaban su ritmo. Las manos de Harry enmarcaron el sonrojado y acalorado rostro de Ginny, acariciando sus labios con uno de sus pulgares. La besó con dulzura, manteniendo una mano en su rostro mientras la otra ahora trazaba la sudorosa columna vertebral.
- Tus ojos… - exclamó Harry. – Adoro ver tus ojos. Brillan radiantes cuando te lleno por completo de mí – Ginny soltó una risa que sonó floja debido al agotamiento.
- En cambio los tuyos se oscurecen – lo besó una vez más antes de separarse de él lentamente. Se acostó al mismo tiempo que se abrazaba a su cuerpo, rozando la piel de sus senos desnudos con el torso de su compañero.
Harry sonrió, llevando una de sus manos al cuello de Ginny para acariciarlo con suavidad.
- Seguro me dejaste más de una marca… - habló la pelirroja con el ceño ligeramente fruncido, pero sin dejar de sonreír.
- ¿Y qué dices de mi espalda? – rió Harry mientras pegaba más su cuerpo al de la joven mujer. – Aún puedo sentir tus uñas.
Se miraron, ahora con un agradable silencio presente en el lugar. Y de nuevo sintieron esa sensación… esa ausencia casi palpable de los cinco años pasados.
- Duerme… - dijo Ginny, posando la punta de su dedo índice entre las cejas de Harry, para deslizarla luego con lentitud hasta la punta de su barbilla. – No descansaste mucho durante el viaje, y mañana será un día en el cual caminaremos la mayor parte de Londres.
- ¿Qué haremos?
- Yo debo ir a mi trabajo, pero sólo será por un momento, para hablar con mi jefe y hacer saber mi llegada. Luego vendré por ti para ir de compras. Necesitas…
- No tienes que…
- Harry, sabes que no servirá de nada que me discutas. Necesitas lentes nuevos, y ropa. No puedes pasar lo que te queda de vida con camisas agujeradas y pantalones rotos.
- Creí que eso era una moda ahora – Rió el joven. Abrazó aún más fuerte a Ginevra (si es que eso era posible) y besó sus labios con ternura.
Sintieron la noche pasar lentamente, como si el tiempo fuera inexistente, y sólo existieran esos instantes.
La primera en despertar fue Ginevra. Trató de extender sus brazos por sobre su cabeza para desperezarse, pero algo se lo impedía. Abrió los ojos sonriendo tontamente, viéndose aprisionada por aquellos brazos marcados con leves cicatrices. Sus extremidades inferiores se hallaban atrapadas por una de las piernas de Harry sobre ellas, y su espalda totalmente pegada al pecho de él.
No supo cuanto tiempo estuvo de aquella manera, sintiendo en su rostro los primeros rayos del Sol, y la respiración calmada del moreno en su nuca y espalda; pero la claridad que estaba adquiriendo el color del cielo le dieron a saber que debía levantarse. Lentamente y con cuidado se deshizo (muy a su pesar) del abrazo del joven. Cubrió su figura desnuda con la bata que se encontraba apoyada en el respaldar de uno de los sofás individuales que poseía en su habitación, y sin hacer ruido se introdujo en el baño.
El reflejo que le devolvía el espejo era deslumbrante, a pesar de ese estado de "recién levantada" que cargaba encima. Sus ojos castaños brillaban, al igual que su sonrisa y su expresión en general. Irradiaba felicidad con tan solo una simple mirada. Suspiró, sintiéndose como una colegiala antes de ir a su baile de graduación con el chico que le encanta, como una nenita que recibió su primer besito en la mejilla de aquel niño que le gusta, como una adolescente que dio su primer beso de verdad al chico de sus sueños… enamorada, simplemente estaba enamorada.
Su vista bajó hacia la piel blanca de su largo cuello; como lo supuso, marcas rojizas reposaban con claridad sobre su tez. Lejos de molestarse, llevó dos de sus dedos hacia una de ellas, sonriendo hasta tal punto de sentir sus mejillas entumecerse. Una risa tonta escapó de sus labios a la par que se estremecía ante el recuerdo de la noche; La boca de Harry sobre aquel punto que tocaba, en sus parpados, en sus labios, en sus hombros, en sus pechos, en su vientre… Suspiró nuevamente, absteniéndose al deseo de correr hacia la cama y hacerle el amor de nuevo al ojiverde; y aún perdida entre los recuerdos de hace tan solo unas horas, abrió el grifo de la ducha.
La ida a su trabajo le resultó ligera y rápida. Sentía volar sobre una nube. Los ruidos fuertes que provocaban las personas en la calle ni siquiera la perturbaron. Bajó de su auto tarareando una contagiosa melodía que venía escuchando en la radio, y se dirigió con paso firme hacia las puertas giratorias del enorme edificio frente a ella.
- ¡Claire! – saludó a su secretaria entusiastamente, provocando que la mujer respingara sobre su silla tras su escritorio.
- ¡Señorita Weasley! – la amable secretaria se llevó una mano al pecho.
- ¿Por qué señorita Weasley? Es un trato demasiado formal, dime Ginny.
- Está de muy buen humor. ¿Le fue bien en el viaje? Imagino que sí, por esa sonrisa que carga.
- Tutéame con confianza, por favor. Y sí, me fue excelente – confesó Ginny con felicidad.
- ¿Le informo al señor Marcel que está aquí?
- Estás… - la corrigió Ginny. – Sí, por favor. Dejaré algunas cosas en mi oficina y luego pasaré a verlo.
- Muy bien… Ah, señori… digo, Ginny… - sonrió Claire. – El señor Hanswos ha estado preguntando casi diariamente la fecha de tu llegada. ¿Le aviso a él también que ya estás aquí?
Y parte de la realidad que había olvidado por su completa alegría le cayó como un balde de agua fría. ¿Cómo pudo olvidarse de Steven? El chico atento, guapo, carismático y caballeroso con el cual estaba saliendo. ¿Qué le diría? Obviamente que lo suyo ya había terminado… al menos para ella.
Una sensación de culpa y pena se apoderó de su ser. Steven le agradaba mucho, sí… pero no lo amaba. Nunca lo amó. ¿Qué pensaría él de su persona cuando le dijera todo?
Dejó la carpeta que cargaba entre sus brazos sobre su reluciente escritorio y tomó asiento en su silla giratoria. Ahora los nervios por la charla con su colega calaban dentro de ella. Sus dedos tamborilearon un par de veces sobre la mesa, mientras que con la otra mano jugueteaba con un mechón de su cabello… sí, estaba nerviosa.
El teléfono la sobresaltó un poco cuando sonó. Contestó rápidamente.
-¡Ginny!
- ¡Hermione! – exclamó sonriente. – No, no estoy en casa, estoy en el trabajo… Sí, me gustaría.
- Llegaré en unos minutos, estoy saliendo de la empresa con Ron.
- Genial… sí, te espero. ¡Por supuesto que me encantaría!... Bien, nos vemos.
El hecho de ver a su amiga y hermano la calmó un poco. Claire entró a la oficina en ese instante, portando una humeante taza de té que Ginny mandó a preparar.
- Gracias, Claire.
- El señor Marcel pide que vayas a su oficina en cuando puedas. Y el señor Hanswos no se encuentra, salió a cubrir un evento deportivo que se lleva a cabo en…
- No importa, hablaré con él después… - el alivio la embargó al escuchar que Steven no estaba. Suspiró antes de sorber de su taza, ya con tiempo para pensar qué decirle al joven. – Está delicioso. – Confesó bebiendo otro poco.
- ¿Gustas algo más?
- No, muchas gracias. En unos instantes iré hablar con el señor Marcel. – dio otra probada a su caliente bebida. – Ah, Claire, me ocurrió un pequeño accidente con las fotografías que tomé, acá tengo el cartucho de la cámara, ¿me las podrías mandar a revelar ahora? Me gustaría mostrárselas al jefe lo más pronto posible.
- Por supuesto, Ginny.
- Gracias.
Quedó presa del silencio cuando Claire cerró la puerta tras ella, dejándola sola. Sacudió la cabeza para disipar ese fastidio que ahora sentía. Pensó en Harry, en ese joven hombre de azabache cabello que seguramente aún dormía en su cama. ¡Deseaba tanto estar con él! Pegársele como una calcomanía.
Sorbió la última gota de su té y se levantó velozmente de la silla, debía hablar rápidamente con su jefe antes de la llegada de Ron y Hermione. Tomó las carpetas sobre el escritorio y salió con prisa de su oficina.
O O O
A pesar de estar en Londres, el clima de ese día prometía ser cálido y tibio. Despertó con el sol dándole de lleno en el rostro, movió sus brazos para estirarse, y abrió los ojos con pereza. Una mueca se formó al notar la ausencia de Ginny junto a él. Suspiró, llevando la palma de sus manos hacia su cara para restregarlas con suavidad. Trató de moverse, pero las sábanas blancas se hallaban enredadas en sus piernas.
No evitó sonreír extasiado ante los recuerdos de la noche pasada. Aquella dicha que se introdujo en él desde el encuentro con Ginny parecía crecer con el pasar de cada segundo. Y el estar de regreso en Londres, también ayudaba a su felicidad absoluta. Sólo faltaba una cosa para estar enteramente completo.
Movió su cuerpo poco a poco para cambiar de posición, aspirando con profundidad el aroma que impregnaba las mantas que lo tapaban… aroma a flores, a pasión, a mujer… a Ginny. En ese instante sus ojos dieron con una pequeña nota que descansaba sobre la mesita junto a la cama; la tomó rápidamente, y la sonrisa que cargaba creció hasta tal punta de casi tocar sus orejas con la comisura de los labios.
¡Odio tener que separarme de ti! Así sea sólo por un par de horas. No me he ido y ya siento que te extraño. Te ves realmente sexy durmiendo ¿ya te lo había dicho?... creo que sí, hace mucho.
Arreglaré unas cosas en mi trabajo y pasaré por ti en lo que termine. Si llego y aún te veo desnudo en la cama, no me haré responsable de lo que pueda hacerte.
Te amo mucho, muchísimo.
Siempre tuya;
Ginny.
PD: Te dejé algo preparado en la cocina, espero te guste. (Un pequeño corazón dibujado siguió después de aquella frase)
Dejó la nota de nuevo sobre la mesita de luz y se dispuso a levantarse para tomar un baño… aunque, en realidad deseaba esperar a Ginny en la cama, tal cual se encontraba ahora, y atenerse a lo que ella podría hacerle.
O O O
- ¡Que bien te ves! – Hermione abrazó efusivamente a la pelirroja mujer. – ¿Y cómo te fue? ¿Qué tal los lugares que viste?
- Todo estuvo muy bien, Hermione – habló Ginny separándose del abrazo de su hermano. – Lamento mucho no haber comprado souvenir, pero con aquella tormenta…
- Al menos tienes fotos.
- Debo esperar a que me las revelen. Las originales se mojaron debido a la lluvia – Ginny invitó a su hermano y cuñada a tomar asiento en las sillas frente a su escritorio, mientras ella sólo apoyaba su cadera en él.
- ¿Hablaste con mamá? – preguntó Ronald mirando a su hermana.
- Claro. Y tenías razón, estaba muy preocupada.
- Se ponía histérica todas las noches.
- Lo siento, pero se me hizo imposible llamar, te lo dije.
- ¿Vienes a almorzar con nosotros? Tus padres…
- Lo siento… - interrumpió Ginny a la castaña. – El señor Marcel quiere que dé los retoques que faltan para la próxima publicación de la revista. Aún me falta mucho, creo que me llevará toda la tarde… – se le hizo muy fácil mentirles de aquella forma. – Saben que muero por ir con ustedes, pero mientras más pronto termine lo que debo hacer, mejor.
- ¿Seguro? Sólo serán un par de horas, luego podrás…
- Lo sé, pero mi jefe está muy impaciente por ese artículo… – el cual ya había terminado esa mañana. – Llamaré para cenar juntos, ¿les parece? Tengo muchas ganas de ver a mamá y a papá, y a los otros locos que llamo hermanos.
- De acuerdo. Recién llegas y ya estás de nuevo enfrascada en tu trabajo – acotó Hermione entrecerrando los ojos.
- Disculpa, amiga, pero…
- Ya, no importa… - la joven castaña se levantó y se dirigió hacia la pelirroja. - ¿Sabes? Te veo diferente. ¿No la vez diferente? - Preguntó mirando a Ron. – Te noto más… alegre, resuelta.
- Creo que hacer ese viaje me sentó muy bien. – sonrió Ginny ampliamente.
- Definitivamente. ¿Acaso pasó algo que no quieres decirnos?
- ¿Qué cosa podría haber pasado?
- No lo sé, tú dime.
- Nos vemos después – abrazó nuevamente a la castaña y al pelirrojo. – Los llamaré.
- Por favor, que no se te olvide – pidió Ron.
- Tranquilo. ¡Los quiero! – sonrió de nuevo a la pareja antes de que se perdieran tras la puerta d su oficina.
Miró el reloj alrededor de su muñeca izquierda. Rápidamente tomó su bolso para salir con velocidad y entusiasmo del edificio. Y aquella canción que había escuchado en la radio, la volvió a empezar a tararear con ritmo.
O O O
- ¡Lo estás arruinando! – exclamó Ginny en un agudo gritito que era ahogado por la sonora risa del joven moreno. – Te dije que mejor comíamos afuera.
- Sólo quiero comida casera.
- Me hubieras dejado hacer el trabajo.
- Te quiero ayudar.
- Echaste a perder el guiso – refutó Ginny como una niña pequeña. Harry rió, abrazándola suavemente.
- Te quejas sin saber. Apuesto a que sabe delicioso – probó el guiso que reposaba dentro de la enorme olla. - ¿Ves? No está tan mal. – dio a probar a Ginny.
La mueca que expresó el rostro de la pelirroja mujer era muy similar a las expresiones que se realizan cuando se prueba algo extremadamente ácido. Harry no evitó soltar otra carcajada, mientras Ceto liberaba uno de sus ladridos.
- Bien… comeremos afuera. – declaró el moreno sin dejar de reír.
- ¿Con qué te alimentabas en la cabaña cuando no tenías las galletas de la señora Martha?
- Me las arreglaba con lo que conseguía. A veces pescaba en el río, pero no mucho.
- Sé de un buen sitio que te encantará. No es comida chatarra, y los almuerzos son deliciosos. Además, está cerca del centro, recuerda que debemos comprar varias cosas para tu uso. – Habló Ginevra dirigiéndose al baño.
- ¿Cuándo... Cuándo veremos a tu familia? – Harry apoyó su cuerpo en el marco de la puerta, observando a Ginny atentamente.
- Cuando tú te sientas completamente listo… - Ginny giró su rostro del espejo para verlo. – No quiero presionarte. Sé que es muy difícil para ti.
- No más que estar cinco años sin verlos. – se dirigió a la pequeña sala de estar y tomó asiento en uno de los sofás. Ginny lo miró, yendo hacia él para tomar asiento en su regazo.
- ¿Cuándo deseas verlos? – Le preguntó, acariciando con sus dedos la nuca del muchacho.
- Pronto.
- Bien, los verás pronto. Tú sólo dime el día, y una gran cena de parte de Molly Weasley estará lista para tu bienvenida. – lo besó con lentitud. – Estás conmigo… - No evitó repetirlo, no se cansaba de ello. De repetir esa verdad; ese echo que la convertía en la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.
Harry se permitió perderse en el brillo que liberaban los castaños ojos de su compañera. Ese color chocolate irradiando una enorme gama de sensaciones que para él representaban las promesas más puras y hermosas que se pudieran tener.
- Te amo… - reveló Ginny, de una manera que daba la impresión de que era la primera vez que se lo decía. Harry sonrió.
- Y yo a ti.
- ¿Cuánto?
- Mucho.
- ¿Muchísimo?
- Demasiado. Más de lo que te puedes imaginar.
Se besaron con suavidad, asegurándose de disfrutar cada centímetro de la boca del otro. Las manos del joven apretaron la pequeña cintura de Ginny contra sí, mientras los brazos de ella se aferraban con ahínco alrededor de su cuello.
El toque de un puño en la puerta fue el culpable de romper aquella burbuja dorada en la que se hallaban sumergidos. Ginny besó con ternura la barbilla de Harry antes de levantarse de su regazo.
- Insultaré a quien esté afuera. – susurró la joven con una traviesa sonrisa antes de besar rápidamente la boca del muchacho.
De nuevo se llamó idiota por haberlo olvidado. Maldijo internamente al sentir la boca de Steven presionarse contra la de ella con una fogosidad que la tomó desprevenida. Separó el cuerpo del chico con rapidez, mientras lo observaba entre nerviosa por lo que debía decirle, y furiosa por su inesperada y poco deseada visita.
Nota de la Autora:
¡Al fin capítulo! Hacía mucho que quería actualizar este fic, pero entre cosa y cosa, estudio y todo lo demás, no había podido escribir. Disculpen la tardanza, pero ya estoy terminando el semestre y en tan sólo una semana estaré totalmente desocupada.
Saben que falta poco para el final. Creo que dos o tres capítulos como mucho.
Muchísimas gracias por los comentarios y por el tiempo que se toman en leerme. Espero este cap. haya sido de agrado. Critiquen con gusto y digan lo que piensan de él. Los reviews ayudan!
Un abrazo a todos! Los quiero.
Yani!
