Sentía como las manos se aferraban a su chaqueta, tirando de ella con necesidad mientras se dejaba besar con ansias, correspondiendo al gesto de la misma forma, dejándose llevar. Notaba como el alcohol recorría sus venas, y que cada vez sentía más ardor y calor, además de unas inmensas ganas de sentirse querida y amada.
Los labios chocaban contra los suyos con fuerza, y notaba un cierto sabor amargo que no le desviaba de la atención de la otra chica, a la que atrapó por la cintura, mientras entraban en la casa. En ese momento silenciaron los besos tan intensos, pero no dejaban de besarse, buscando en la oscuridad la manera de llegar a casa. Creía que se iba a morir del placer de esos labios que eran tan suaves, disfrutando de las caricias que las otras manos le estaban proporcionando.
Cuando entraron en su cuarto, los labios de la otra empezaron a descender de sus labios hacia su cuello, haciendo que se encogiese un poco debido al cosquilleo de los besos, y del aliento contra la piel, cerrando así los ojos, disfrutando de esa calidez, y de ese momento que estaba surgiendo, aunque su juicio se encontrase nublado por el alcohol; aunque no supiese lo que estaba sucediendo, en el fondo, lo estaba disfrutando.
Disfrutaba de como las manos agarraban sus muñecas, y le hacía caer en la cama, colocándose sobre ella. Pese al alcohol, se encontraba un tanto nerviosa, porque nunca había estado con nadie. Pero cuando los otros labios se volvieron a posar sobre los suyos, sintió que la cordura desaparecía, dejándose llevar por la locura. Ni la rabia, ni el odio, ni nada, le iba a quitar el derecho de disfrutar de algo como aquello.
― ¡Señorita Rose!
La aludida abrió los ojos, sintiendo cierto dolor en la mirada al hacerlo, consiguiendo enfocar sus ojos azules claros en el rostro del profesor, que parecía contrariado. Desvió la vista, recorriendo la clase con esta, encontrándose un momento con los ojos verdes de Kitty, la que volvió a fijarse en el profesor, haciendo que la misma Marley sintiese cierta vergüenza, además de que sus mejillas en cierta manera se ruborizaron.
― ¿Sí?
― ¿Me estaba usted prestando atención? Últimamente no la veo muy centrada...
―Lo siento―se disculpó ella, escuchando de fondo el ruido de la campana, finalizando así la clase.
―Está bien...Pueden irse. Recuerden leer el capítulo que les he mandado―les recordó el profesor a todos antes de dirigirse a su mesa.
Marley alzó la vista, aún avergonzada por la reprimenda que le había dado su profesor, y se giró, en busca de Kitty con la mirada, para poder hablar con ella, debido a que no habían tenido oportunidad de ello, y quería aclarar las cosas. No le apetecía estar incómoda con ella, y menos después de que entre ellas hubiese empezado a surgir una amistad y una cierta complicidad que no quería que se perdiese.
Pero la animadora se había apresurado a salir corriendo de allí, sin darle tiempo a reaccionar, por lo que soltó un suspiro, y se levantó, saliendo de la clase junto a los demás compañeros. Sujetó bien los libros contra su pecho, mientras que el resto de las personas andaban agitadas por los pasillos. Uno de los chicos del equipo de fútbol aprovechó y tiró de sus brazos, haciendo que los libros cayesen al suelo.
Entreabrió los labios, sintiendo ganas de llorar. Estaba acostumbrada a todo aquello, pero aún podía notar la mirada fija de Kitty, además de recordar también que Santana sabía lo que había sucedido entre ellas, o que lo podía intuir, y no sabía si eso era bueno o malo. Más bien, creía que era malo. Si a la latina le importaba, por mucho que pudiese gustarle, seguramente estaría molesta; pero si no le importaba siquiera, nunca iba a conseguir que esta sintiese algo por ella. Suspiró, agachándose para recoger los libros. Y en ese momento, alguien hizo lo mismo.
― ¿Estás bien? ―La voz de Santana sonaba preocupada, aunque intentaba no parecerlo. Marley sonrió casi al instante, y no puso empeño en disimular.
―Sí...Estoy acostumbrada―murmuró.
― ¿Sabes? Yo también hacía eso...lo de reprimir mis sentimientos y esas mierdas de las que habla el Glee club―indicó, mientras que la otra la miraba a los ojos, en cierta manera, curiosa―, y no servía de nada.
―No reprimo mis sentimientos...No aposta, al menos―se encogió de hombros, mientras se levantaba del suelo―. Gracias por ayudarme―Santana le tendió los libros, sujetados por una mano.
―No lo agradezcas...Sigo siendo tu mentora, ¿no? ―Marley agarró los libros sin apartar la mirada de ella en ese momento, y tras volverlos a colocar contra su pecho, apartó un mechón de cabello de su rostro, un poco nerviosa.
―Por supuesto.
― ¿Todo bien con Kitty? He visto que ha salido corriendo.
―Sí...bueno, no sé...creo que mal―fue rectificando varias veces, riéndose―. Nunca me había pasado nada como eso...Y si soy sincera, aunque tengo claro lo que siento, no sé como comportarme, ni cómo hablar con ella―Santana la miró atenta―. Entre ella y yo ha surgido algo...
― ¿Os gustáis? ―Marley sacudió la cabeza en señal de negación.
―No es eso...No es en ese sentido. Empezábamos a conectar en plan...Como complicidad, amistad, y eso. Y me gustaba sentir que tenía una amiga, además de Unique...Y de ti―añadió ante la mirada de la otra―, pero...Unique vive su propio infierno debido a que la gente la considera diferente, y tú...eres mayor―se encogió de hombros―. Kitty y yo nos habíamos acercado pese a que nunca hemos tenido una buena relación.
―Tienes que hablar con ella, pero también dale su espacio. Por experiencia sé que presionar no es bueno tampoco―murmuró la latina con aire pensativo y, de repente, sonrió―. Me tengo que ir pero a la salida del Glee me gustaría que nos viésemos, si quieres y puedes, claro.
― ¿Vernos dónde? ―Quiso saber con interés Marley.
―En el vestuario de las chicas... ¿Cuento contigo? ―Quiso saber con una mirada intensa la morena, que consiguió que la otra se sintiese cohibida.
―Sí, claro...―murmuró Marley en un susurro.
Santana sonrió, pasando al lado de la castaña, que contuvo el aliento al notar como la otra pasaba justo cerca de ella, y siguió su camino, dándose la vuelta para ver como la latina, su mentora, desaparecía en el bullicio de la gente; y que ella se quedaba con una sonrisa boba en el rostro, mordiéndose el labio ligeramente.
Introdujo un dedo dentro de ella, notando como los músculos se contraían y presionaban, de manera que se detuvo un momento. Un leve quejido de dolor se escapó de los otros labios, y procuró detenerse para no hacerle daño. Estaba ida, no era consciente de lo que estaba haciendo siquiera, pero sabía que no quería hacerle daño. Recordaba como había sido su primera vez, y hubiese agradecido un poco de delicadeza, y no esa brusquedad. La persona con la que estaba no era de las más importantes de su vida, pero no le apetecía hacerle daño, no así.
Notaba el aliento entrecortado escaparse de los labios, y sus ojos buscaron los azules, cristalinos debido al dolor, unos ojos que eran bonitos, y que no podía negarlo. Y entonces, con cuidado, procurando no causarle daño alguno, empezó a mover el dedo, con el fin de buscar que la otra disfrutase, porque ella también quería disfrutar. Y quería que desapareciese esa sensación de que no podía agradar a alguien. De que no llamaba la atención de la otra persona.
Pero cuando un leve gemido se escapó de los labios de la otra ante los movimientos que provocaba en su interior, sonrió con picardía, y en cierta manera, satisfecha. Satisfecha de provocar esas reacciones en alguien, que supuestamente, no sentía nada por ella. Por conseguir que cayese en sus garras, aunque eso pudiese ser algo negativo para los demás. Porque al notar la humedad en sus dedos, siguió embistiendo, haciendo que la otra se moviese debajo de ella.
Y cuando notó como la mano reptaba hacia su entrepierna, también se excitó. Y el alcohol actuó, de manera que no se puso a pensar sobre eso, y se dejó hacer, uniendo los labios a los otros en un apasionado beso, ahogando los gemidos de placer de ambas, fundiéndose en una especie de una sola persona.
Creía que, en cierta manera, que si el aliento de ella se entremezclaba con el suyo, dejaría de pensar en lo que había sucedido aquella noche, con Ryder, cuando estaba viviendo lo mismo que estaba experimentando en ese momento. Pero por mucho que la besase, que la sintiese, Kitty no podía dejar de pensar en el dolor que el castaño le había causado con su rechazo.
― ¿Kitty?
La aludida dejó de pensar en lo que recordaba de aquella noche, sacudiendo la cabeza, antes de girar el rostro, sin llegar a cerrar la taquilla. Sus ojos se encontraron justamente con los que no se quería encontrar, y después los volvió a fijar en la taquilla, terminando de sacar los libros que necesitaba para clase, cerrando tras de sí la puerta.
― ¿Qué es lo que quieres?
Ryder la siguió por detrás, un poco apurado, con ganas de ir tras de ellas, y haciéndolo. Se sentía mal por lo que había sucedido la noche de la fiesta, y no quería dejar las cosas incómodas, y menos perder la oportunidad de estar con alguien que de verdad le gustaba, y que además, parecía sentir lo mismo hacia él. Quería por una vez sentirse amado, y amar de la misma forma.
―Quería disculparme.
Se puso en medio del pasillo, interrumpiendo el paso de la chica. La animadora soltó un suspiro de exasperación y finalmente clavó los ojos verdes en los ojos marrones que el chico tenía. No estaba preparada para pasar por todo aquello, y menos después de lo que había vivido ella. No sabía si tenía que hablar con él sobre lo que había sucedido con Marley, como si tuviese que darle explicaciones. Y sin saber, además, si esas explicaciones serían por haberse acostado con la chica que a él le gustaba, o por haberlo hecho después de haber intentado ir a más con él, y que él en un principio se mostraba dispuesto a ello. No tenía ganas de una conversación seria, porque ella no sabía ya lo que quería.
Le gustaba Ryder, y le gustaría que a él le gustase de la misma manera que le gustaba Marley. Y si fuese así, saldría con él, si él quisiese, tendrían lo que se definía como una relación formal. Pero no quería un compromiso con alguien que no iba a tener nada serio con ella hasta que se aclarase las ideas con respecto a la castaña. Además, ella misma tenía que explorar sus sentimientos y sensaciones. Quería descubrir qué era lo que sucedía para que llegase a tener sexo con una mujer. ¿Sería algo debido al alcohol, o tal vez más profundo, más allá de una experiencia?
―No quiero tus patéticas disculpas―escupió ella, un poco molesta.
―Kitty, por favor...Lo del otro día, fui un estúpido.
―Lo sé―musitó ella, ante la mirada de arrepentimiento, resistiéndose. Era condenadamente adorable―, así que ya te puedes ir por donde has venido.
―Kitty―dijo serio, reteniéndola, apoyando las manos en sus hombros.
Los dos se tensaron ante ese contacto, mirando ella de reojo como las manos del chico, fuertes, se aferraban al cuerpo de ella. El pasillo se había vaciado por completo, quedando los dos solos. Sus ojos oscuros se encontraron con los claros de ella, y aprovechando el momento, la besó.
Kitty se quedó en un principio descolocada ante esa reacción, notando la suavidad de los labios de Ryder sobre los suyos, estremeciéndose sin poder evitarlo; aunque, en cuanto fue bien consciente de lo que estaba sucediendo, se apartó de él, rompiendo esa conexión que se había creado entre ellos.
― ¿Qué es lo que haces? ―Preguntó toda nerviosa, mirando a su alrededor.
― ¿Te ha molestado?
―Pues sí...Ryder, el otro día me has rechazado y hoy vienes y me besas. ¿Qué es lo que quieres?
―Quiero que veas que me gustas―dijo sincero―. Estas últimas semanas en la biblioteca, cuando íbamos a tu casa a merendar..Me sentía genial al estar contigo. Me gustaba, y me gustó que me besases. Pero no quería ir tan rápido y me agobié; y sé que suena tonto pero...
―Ryder―le interrumpió ella, totalmente seria―. Aunque hubiese una mínima posibilidad de que me siguieses interesando, no podría suceder nada entre nosotros.
― ¿Por qué? ―Quiso saber él, exasperado.
―Porque sigues enamorado de Marley―el chico se quedó callado―, y yo contigo no quiero un rollo de una noche y ya. Quiero algo más...Pero sigues pensando en ella, por mucho que lo niegues―carraspeó, recordando la noche que había pasado con la chica―, y si es así, yo no quiero estar con alguien que para él no soy su primer pensamiento...No quiero estar en una relación con alguien que quiere estar con alguien más. Además...no soy una chica adecuada para ti.
Y tras decir esto, la muchacha le pasó de largo, dejando al muchacho descolocado en el pasillo con los labios entreabiertos, sin saber bien qué responder ante eso. Y sabiendo la razón por las que esas palabras le habían hecho tanto daño.
Se puso nerviosa al estar tan cerca de ella, o al notarla sobre ella, moviéndose, buscando desesperadamente un cierto contacto que iba más allá de lo que hubiese hecho, o diferente al menos. Cuando había estado con Jake en esa postura, con él sobre ella, había llevado la mano a su hombro, e incluso a su pecho, que era plano y bien torneado debido al deporte. Y sentirle encima suyo era diferente que esa experiencia en la que al llevar la mano por debajo del hombro, hacia el pecho, podía notar como estos eran algo más grandes que el torso de un chico. Y aunque eran unos senos pequeños, estaban bien torneados, de manera que los podía sujetar con cierta facilidad.
Y masajearlos era confuso para ella en un principio. Siquiera sabía cómo hacerlo, porque nunca había estado en esa posición. La otra chica tampoco parecía saber muy bien lo que estaba haciendo, porque en cuanto le apretó el pecho, se estremeció al igual que ella misma ante ese contacto tan íntimo. Podía sentir como, con torpeza, le acariciaba uno de los pezones con el pulgar. Y eso hacía que se pusiese nerviosa, y más al notar como el pezón se endurecía entre las yemas de los dedos de la rubia, que atrapaba sus labios con más intensidad.
Era confuso. Nunca había sentido nerviosismo como aquel. Y a la vez, el alcohol le empujaba a vivir aquello sin preocuparse. No le importaba tanto que fuese Kitty, porque posiblemente al día siguiente no se iban a acordar ninguna de las dos, y no iba a significar nada. Posiblemente se iba a arrepentir, pero no iba a significar nada. De eso estaba segura.
La clase del Glee club había terminado de una manera llamativa para todos. El señor Schuester había decidido promover una semana abierta a la sexualidad, por lo que había hecho que en esa semana, se preparasen canciones en grupo de dos personas, del mismo género, cantando una historia de amor.
A Jake, para gracia de muchos, le había tocado Ryder. A Unique le había tocado Tina. A Artie, Joe. A Blaine Sam. Y a Marley le había tocado con Kitty, y en el momento que escucharon ambas dos sus nombres, sus miradas se encontraron, separándose de manera incómoda. Se había fijado la castaña en la mirada que le había dedicado el castaño ante ese encuentro de ellas dos, y como se veía preocupado. No tenía claro lo que estaba sucediendo, y no sabía si preguntarle. No habían hablado desde la noche de la fiesta, y le preocupaba el hecho de poder causarle más daño del que ya había hecho.
También buscó la mirada de Santana, que emitía un destello extraño; sin embargo, lo que ella buscaba era una confirmación de que la otra seguía con la idea de verla después de clase. La morena asintió levemente, y sonrió para sus adentros, volviendo en su momento a centrar la atención en la clase hasta que finalmente, esta acabó, y Santana se marchó velozmente, percatándose de esto la castaña.
Quería también haber aprovechado antes de ir hacia donde la otra para poder hablar con la animadora, además de que tendrían que tener trato por el hecho de que ambas tenían que cantar una canción juntas. Pero esta se había esfumado, y la mirada de tristeza de Ryder se hizo patente en Marley, pero tampoco pudo ponerse a intercambiar palabras con él porque Jake le esperó, y parecía que le estaba intentando animar.
Era extraño para ella ver como esos dos chicos, que fueron tan diferentes, se juntaron, de manera que pese a algunos incidentes, se había forjado entre ellos una amistad incondicional. Como la amistad que ella tenía con Unique, aunque hacía un tiempo en el que apenas hablaban. Estaba ocupada en sus propios temores y Unique parecía sumergida en su mundo. Tendría que hablar con ella y ponerse al día las dos.
Pero no se detuvo a pensar en ello, y se encaminó hacia el vestuario de las chicas, dejando la mochila en la entrada de este, mientras estaba atenta de que no estuviese nadie, aparte de Santana, allí. Miró hacia los lados, buscando una señal de que había alguien, y cuando se giró, sobresaltada ante un ruido, sonrió nerviosa al ver a la otra mujer allí, con una sonrisa socarrona dibujada en su rostro.
― ¿Te he asustado?
Parecía divertida, o eso expresaba el tono de su voz. En esos momentos, fue cuando Marley reparó en la ropa que llevaba. Unos pantalones negros ajustados acompañados de unas botas del mismo color con tacones. En la parte superior, tenía una camisa de un tono algo agrisado, tirando a blanco, y llevaba una cazadora de tela vaquera negra, además de un pañuelo alrededor del cuello, también de esa tonalidad oscura que le quedaba tan bien con su cabello oscuro, y su piel morena. Estaba preciosa, para el punto de Marley.
― ¿Ocurre algo, Marley? ―La pregunta hizo que saliese de su ensoñación, sacudiendo la cabeza, nerviosa.
―Un poco solamente...Aparecer por las espaldas no es muy bueno.
Se sintió algo avergonzada a decir eso, y más al reparar en el tipo de ropa que llevaba. Se apartó un mechón de cabello con cuidado, mirándose a sí misma de reojo. Llevaba un simple jersey rosa, debajo una camiseta de un color parecido, y unos vaqueros acompañaros de unas playeras de tonalidad rosa, a conjunto del resto de la ropa. No le solía importar vestir así, pero el estar así delante de Santana era una cosa completamente diferente.
―Es cierto...Qué ilusa soy, si fui yo la que te dije que quedásemos aquí―Marley se ruborizó―. Eres un poco ingenua...
― ¿Ahora te das cuenta? ―Bromeó la otra. A Santana le encantaba ver el efecto que le estaba causando a la otra, sobretodo porque se había fijado en que su gesto nervioso era colocarse con la mano el cabello detrás de la oreja.
― ¿Nerviosa? ―Preguntó, divertida, acercándose a ella con pasos lentos, sin quitar los ojos negros de la figura de la castaña.
―Un poco―confesó.
― ¿Por qué?
―No lo sé... ¿Qué querías, Santana?
― ¿Evadiendo mi pregunta, Rose?
― ¿Haciendo tú lo mismo, Santana? ―Contraatacó ella, sonrojándose por atreverse a preguntarle siquiera.
―Quería saber si te apetecería pasar la noche en mi casa...
―No sé si mi madre me dejaría, es lunes y...
―Ya le he preguntado y, tratándose de quien soy, no ha dudado en contestar que sí―esbozó una sonrisa traviesa―. Creo que...―se fue acercando más a Marley hasta el punto que quedaron a pocos centímetros―, nos lo podríamos...―fue diciéndolo lentamente, inclinándose y quedándose a la altura de su oído, haciendo que Marley encogiese un poco el cuello―, pasar muy bien...―murmuró de manera coqueta en el oído.
Marley entreabrió los labios, con los ojos azules centelleando con algo en sus pupilas que Santana vio al separarse y que nunca había visto en la mirada de la chica. Era extraño. Se conocían, aunque no tan íntimamente como para que surgiese algo intenso entre ellas, y sin embargo, estaba surgiendo. De una manera increíble para ella. Escuchó como Marley tragaba saliva, y eso le gustaba todavía más.
― ¿Eso es un sí?
―Sí―logró responder la otra, con la boca seca.
―Bien.
Y tras decir esto, Santana se inclinó y atrapó los labios de Marley en un beso.
Un beso que sería el comienzo de todo. ¿O quizás ya había comenzado?
