Disclaimer: Los siguientes personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama es mía.
Summary: Bella decide cambiar de vida e irse a vivir a casa de su amiga Alice a San Francisco. Al conocer a su hermano, cae rendida a sus pies. El problema es que está comprometido ¿Podrá darse cuenta Edward de que su prometida no es quien dice ser y fijarse en Bella?
Capítulo 10: Enfrentándome a la realidad
Edward no supo reaccionar cuando vio a Tanya; hacía dos meses que no la veía pero ella seguía como siempre: tan esbelta, tan segura de sí misma y tan hermosa. Sabía que en cualquier momento iba a verla pero no pudo imaginarse que aparecería allí sin avisar. Quería habérselo dicho antes a Bella, pero ya no había solución; viendo lo incómoda que estaba por la escena que estaba montando Tanya decidió que lo mejor era que se marchara a comer, mientras él hablaba con su prometida. Mientras estaba en el baño, Emmet dijo:
- Tanya, ¿qué tal te fue en Europa? ¿Tan poco te gustó para que hayas venido tan pronto? Pensaba que te quedarías por un par de años… bueno, quien dice un par de años, dice cuarenta.
- Emmet, tu siempre tan bromista -sonrió frívolamente ella -desgraciadamente para ti, vas a tener que verme muy a menudo -se abrazó y besó a Edward.
- Bueno, bueno, para escenas desagradables ya he tenido bastante con la factura del teléfono de mi Rose.
- Emmet… -advirtió Edward.
- Eddie, ¿quién es esa que tienes como secretaria?
- Esa que tu prometido tiene como secretaria se llama Bella y es una mujer como pocas conozco, así que te sugiero que no la ofendas.
- ¿Por cuánto tiempo se va a quedar la amiguita de Alice? -dijo Tanya a Edward batiendo sus pestañas.
- Por el que sea necesario -dijo él -no me gusta como la has tratado y espero que no vuelva a suceder.
- ¡Pero Eddie! ¡No me dejaba entrar a verte! ¿Quién se ha creído que es?
- Entremos mejor al despacho.
Ante la mirada socarrona de Emmet, la cogió de la cintura y se encaminaron hacia allí. Edward bajó la persiana para que no pudieran verles desde afuera y se sentó en un sofá. Indicó a Tanya que hiciera lo mismo y siguieron conversando.
- ¿Qué fue eso? Llevas dos meses sin verme y lo primero que haces es montar ese espectáculo, ¿qué pasa contigo?
- Eddie amor, no me hables así -hizo un puchero -¿viste como la trataste? Me has ofendido delante de Emmet; sabes lo que él me odia y le has dado más motivos para hacerlo.
- Nada de esto habría pasado si no hubieras tratado así a Bella.
- ¿Pero qué pasa con ella? ¿Por qué la defiende tanto Emmet y tú? ¿Qué tiene?
- No tiene nada, simplemente es una buena persona que no tiene por qué soportar que la traten como tú lo has hecho.
- Si me hubiera dejado entrar…
- Ella tiene órdenes para no dejar pasar a nadie que no tenga cita, excepto Emmet y pocas personas más -la interrumpió Edward.
- ¿Y por qué yo no figuro entre esa "lista"?
- Ya vale Tanya, deja de quejarte por favor; a partir de ahora también te incluiré a ti, ¿estás contenta?
Ella sonrió satisfecha y se le tiró encima abrazándole y tumbándole en el sofá. Le besó apasionadamente mientras desabrochaba su camisa y le acariciaba el pecho. Él respondió el beso, pero cuando vio que ella quería profundizar y estaba rozando la cintura de su pantalón, la cogió de las manos deteniéndola.
- ¿Qué pasa Eddie? ¿No quieres…?
- Aquí no, ya tendremos tiempo luego. Ven.
La acomodó sobre su pecho y comenzó a acariciarla el pelo lentamente. Suspirando la dijo:
- ¿Te apetece venirte a comer?
- ¡Claro que sí Eddie! Mi amiga Irina me ha dicho que han abierto un restaurante buenísimo en la mejor zona de San Francisco. Tengo unas ganas enormes de conocerlo.
- Entonces iremos para allá.
Cuando montaron en el coche, Edward puso la radio para escuchar las noticias del día, pero Tanya se la quitó.
- Eddie, mi padre me dijo que tus tíos van a celebrar este sábado su fiesta de aniversario.
- Cielos, es cierto, se me había olvidado completamente.
- ¡Qué bien! Cuando terminemos de comer me llevarás al centro comercial para comprarme un vestido, ¿Si?
- Tanya, sabes que esas cosas no me gustan.
- Por favor, por favor, prometo estar muy poco tiempo. Además, no te vas a arrepentir.
- Está bien, pero no más de una hora.
Tanya asintió encantada y besó a Edward. La comida fue muy larga y las más de dos horas en el centro comercial se le hicieron interminables. Sujetando toneladas de vestidos mientras ella se los probaba y le preguntaba si le quedaban bien. No sabía para qué lo hacía, si no le hacía caso y todos le parecían mal. Al final escogió uno de los vestidos más caros y recargados de la tienda. Agradeció cuando acabó y quedó en que al día siguiente saldrían a cenar.
Era miércoles, por lo que faltaban aún tres días para la fiesta; no sabía cómo se tomarían en su familia que ella le acompañara, era el aniversario de sus tíos y para ellos Tanya no era santo de su devoción. No quería estropearles esa noche, pero se tendrían que acostumbrar a que ella estuviera en las fiestas y días más importantes. Ahora se dirigía de camino a su oficina, necesitaba hablar con Bella para explicarla todo.
Una vez allí, se estaba impacientando demasiado, pues pensaba que él llegaría tarde, pero desde que ella se fue con Emmet aún no había regresado. De pronto sintió como una silla se arrastraba y salió. Allí vio a Bella escribiendo en el ordenador y la pidió que entrara a su oficina. Al principio se negó pero terminó accediendo ante su insistencia. La conversación no fue como él esperaba, ella se enfadó y dijo que solo era su secretaria. Le sentó muy mal, pues la consideraba su amiga, con ella a su lado se sentía muy a gusto y no quería perderla como amiga.
La conversación se elevó de tono y cuando ella le preguntó por qué la había besado se quedó estático. No podía decirla que llevaba mucho tiempo deseándolo y que le había gustado. Así que optó por callarse y finalmente ella decidió marcharse; a partir de ahora Emmet la llevaría a su casa, en vez de él. ¿Qué más podía pasar?
Esa noche, al regresar a su casa se tumbó en el sofá para descansar un poco porque estaba agotado. Enseguida Esme se dio cuenta de su presencia, por lo que se acercó para saludarle.
- Hola hijo, ¿qué tal tu día?
- Hola… agotador -Edward se fijó en que Bella no estaba -¿Y Bella?
- En su cuarto; llegó con Emmet y ahora ha subido a darse una ducha. ¿Ocurre algo?
- Ha vuelto Tanya de Europa. Ha ido esta mañana al trabajo.
- Oh, ya veo… irá el sábado a la fiesta, ¿cierto?
- Si tía, es mi prometida.
- ¿Solo va por eso? -enarcó una ceja Esme.
- Tía, me gustaría que tratarais de llevaros mejor con ella. Es la mujer que he elegido para casarme y tener hijos.
- ¿Ella quiere tener hijos? -preguntó Esme suspicaz.
- ¿Por qué no iba a querer?
- Es demasiado vanidosa, seguro que le aterra la idea de perder su silueta.
- No creo que eso le importe -rebatió Edward -ser madre es lo que quieren todas las mujeres.
- Ya. A mí me gustaría mucho tener un nieto correteando por aquí, pero ¿estás seguro de que Tanya es la mujer adecuada? El matrimonio es un gran paso y no quiero que sufras por no haber pensado bien las cosas antes.
- Estoy seguro, de verdad, ella es la mujer perfecta para mí.
- Hay mejores mujeres para ti. Creo que te mereces algo mejor, pero si esa es tu decisión la respetare; no estoy de acuerdo pero la respetaré.
- Gracias -dijo Edward.
En ese momento la puerta principal se abrió y Alice entró corriendo y gritando:
- ¡Tía! ¡Tía! ¡La bruja ha vuelto! ¡La bruja ha…! -se detuvo cuando vio a Edward y se tapó la boca con una mano. -Ho… Hola, ¿qué tal?
Edward entrecerró los ojos y se apresuró a responderla enfadado:
- Te recuerdo que la bruja como tú la llamas se va a casar conmigo y pronto va a ser tu cuñada, así que te agradecería que dejaras de tratarla de esa manera y al menos te tomes la molestia de conocerla.
- Es ella la que me trata mal a mí -protestó Alice -y por favor, no me recuerdes lo de la boda porque luego por la noche tengo pesadillas con ella.
- Bueno niños, será mejor que os tranquilicéis -intentó calmar la situación Esme.
- Es que no entiendo por qué tuvo que venir de Europa -se quedó de nuevo Alice -Que se hubiera quedado allí con algún millonario.
- ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? No te reconozco como mi hermana -dijo Edward alzando la voz a la vez que negaba con la cabeza.
- ¿Ves? -dijo Alice aguantando las lágrimas -siempre es ella la culpable de que discutamos.
Edward iba a responder pero Esme les detuvo de esta riña.
- Vale, ya está bien -dijo cabreada y sobresaltando a los dos hermanos -Tu -señaló a Alice -ven a ayudarme con la cena -y tú -señaló a Edward -dúchate y baja para cenar.
Cogió a Alice de la cintura y se fueron a la cocina para terminar de preparar la cena.
Entretanto, Edward se fue a su habitación y se dio una ducha rápida. Estaba pensando seriamente en llevar o no a Tanya a la fiesta. Quería hacerlo porque era su prometida y tenían que aceptarla; pero sabía que sus hermanas acabarían discutiendo con ella como siempre lo hacían y no quería estropear la fiesta de aniversario de sus tíos… No. Había decidido que no la llevaría. Sabía que cuando se lo dijera mañana en la cena se lo tomaría muy mal, pero trataría de explicárselo para que lo comprendiera.
A la mañana siguiente, cuando se despertó y terminó de arreglarse, bajó al comedor y vio que se había quedado solo en casa, por lo que sería cierto lo que Bella le dijo ayer y Emmet habría ido a buscarla para ir al trabajo.
- Buenos días Bella, ¿cómo amaneciste? -preguntó Edward cuando llegó a la oficina.
- Buenos días señor Cullen. Bien. Gracias. -contestó ella escuetamente.
- Bella, sabes que me gusta que me llames por mi nombre y me tutees.
- Soy su secretaria.
- Todas mis secretarias me han tuteado desde el primer día.
- Me gustaría ser la excepción.
Edward, consciente de que la conversación no iba a ningún lado y que Bella, terca como siempre, no cedería, finalmente dijo:
- Bien, como desees. Pásate en quince minutos a mi despacho para hablar de la agenda de hoy.
- De acuerdo -contestó ella.
A los quince minutos Bella entró a su despacho y estuvieron hablando de lo que tenía que hacer Edward en el día, que afortunadamente no sería mucho. Al día siguiente tenía un juicio y no necesitaba ir a la oficina, por lo que estos dos días serían bastante relajados para él. Quiso decir a Bella que como al día siguiente no tenía que ir, que ella tampoco fuese, pero como sabía que se negaría, simplemente la dijo que se tomara la tarde libre. A última hora, y para sorpresa suya, recibió la visita de Tanya, que entró sin llamar. Le dijo que como sabía que su hora estaba a punto de terminar había ido a verle para acompañarle a elegir un vestido para él. Cuando estaban en el coche, Edward sacó el tema de la fiesta en la conversación:
- Tanya, creo que lo mejor es que no vayas a la fiesta.
- ¿Cómo? -preguntó ella incrédula -Es una broma, ¿verdad?
- No. No es ninguna broma. Sabes que no les caes bien a mis hermanas y…
- Pero Eddie, yo soy tu prometida -dijo ella sollozando -tienes que darme el lugar que merezco.
- Tranquilízate por favor, es el aniversario de mis tíos y no quiero que…
- Que lo estropee, ¿verdad? ¿Es eso lo que piensas, que lo estropeo todo?
- No, sabes a lo que me refiero, no quiero que se disgusten
- ¿Y en Navidad también vas a hacer eso? ¿Me vas a dejar sola por miedo a que se disgusten? Te avergüenzas de mí, es eso ¿verdad? ¿Cómo puedes avergonzarte de mí? Es imposible. Si yo soy…
- No es eso Tanya y lo sabes, jamás me podría avergonzar de ti -la interrumpió Edward.
- Te juro Edward Cullen que como no me lleves a esa fiesta y me des el lugar que merezco, no volverás a verme en la vida - dijo Tanya llorando
- No me lo pongas más difícil, por favor.
- Está bien, si eso es lo que quieres. Detén el coche, me voy a mi casa.
Tanya estaba abriendo la puerta, cuando Edward la agarró del brazo.
- Espera Tanya… está bien.
- ¿Qué está bien?
- Que puedes venir a la fiesta -cedió derrotado.
- ¿Lo dices en serio Eddie?
- Si, pero espero que te sepas comportar y si te dicen algo mis hermanas las ignoras, ¿de acuerdo?
- ¡Claro que si mi cielo! -abrazó y besó a Edward apasionadamente.
Finalmente fueron a una tienda a comprar el traje de Edward, y de allí se dirigieron a un restaurante. Tanya le había dicho de ir al mismo que estuvo aquella vez con Bella, pero él se negó rotundamente, le traería demasiados recuerdos. A Tanya le extrañó la reacción de Edward cuando le nombró ese restaurante, pero lo pasó por alto. Lo único que la importaba era que finalmente iría a la fiesta y podría lucirse como la futura señora Cullen, y demostrar a la familia de Edward que de nada les iba a servir que no aceptaran su relación.
