11
El recuerdo
—Potter, ¿sabes con exactitud cuántos Horrocruxes quedan? ¿Llegó Dumblendore a decírtelo?
Si lo anterior lo había dejado sin habla, aquello le quitó el aire. Sintió una sensación de malestar en el vientre, y en las rodillas, y se vio obligado a sujetarse a la mesita de luz para no caer.
—¿Pero...? —se le había secado la garganta—. ¿Cómo lo sabe? —su voz apenas era perceptible.
—Arrogante, inepto y ególatra —sentenció Snape con profundo desprecio—. Igual que tu padre. ¿Acaso crees que tú eras él único en el que Dumblendore depositaba su confianza, Potter?
Harry cerró los ojos y respiró hondo varias veces intentando asimilar lo que acababa de revelarle. ¿Snape sabía? ¿Era inocente o era todo una sucia jugarreta?
—Quedan… quedan dos —volvió a inhalar profundamente. Comenzaba a sentirse mareado—. Nagini y algún objeto de valor para Voldemort, de Revenclaw.
—No, te equivocas —desafió Snape, sin variar la expresión de su rostro—. La copa de Revenclaw la destruí yo. Solo queda Nagini —Severus agitó su varita por encima de la puerta, y murmuró algo en voz baja—. ¿Sabes hacer un Patronus, Potter?
—Sí —afirmó Harry débilmente.
—Entonces deja de quedarte ahí parado sin hacer nada, y ve y envíales un mensaje a los de la Orden del Fénix, para que te esperen alerta cuando regreses. Vamos a necesitar su ayuda para salir de aquí sin que se den cuenta.
—¿Qué? —balbuceó, y tuvo la sensación de que Snape se estaba controlando para no lanzarle una maldición.
—Haz el favor de mirarte, Potter, ¿te ves en condiciones de romper el sin fin de hechizos protectores que han puesto en dónde sea que se estén refugiando? —arqueó las cejas—, si es así dimelo, Potter, porque me llevaré una sorpresa —dijo ácidamente.
Harry apretó los dientes. Alzó la varita, esforzándose por controlar el temblor, y murmuró el hechizo. Pudo ver como Snape lo observaba atentamente de reojo, fingiendo tener los ojos clavados en la ventana. "Estoy bien" le murmuró al Patronus, y Snape soltó un bufido. Harry lo ignoró y continuó: "Volveré apenas pueda escapar, supongo que será pronto. Necesito que liberen los hechizos de protección para que pueda ingresar cuando me aparezca allí, no estoy seguro de poder hacerlo solo". Cortó el mensaje antes de que el comentario sarcástico de Snape pudiera oírse.
—Siempre tan arrogante que ni… ¿Potter?
Harry se había vuelto a aferrar de la mesita. Cerró los ojos, porque la habitación había comenzado a darle vueltas.
—No me siento muy bien —murmuró y resbaló hacia el suelo. Sintió las manos de Snape aferrarlo para evitar que se diera de bruces.
—¿Hace cuánto que no haces magia, Potter? —exigió Snape, y Harry entreabrió los ojos para ver que agitaba su varita por sobre su cuerpo—. Tu nivel de magia es excesivamente bajo.
—Yo… —no pudo terminar de hablar. Los bordes de su visión comenzaron a nublarse, y Harry intentó desesperadamente permanecer consiente; no había nada más vergonzoso que desvanecerse enfrente de Snape por hacer un Patronus. Pero la masa oscura se convirtió en compacta, rodó los ojos hacia atrás y se desmayó.
Cuando Harry volvió a abrir los ojos se hallaba recostado boca arriba en un sillón duro y rígido. Bajo su cabeza había lo que parecía ser una pila de almohadones torpemente acomodados. Se llevó una mano a la cara para acomodarse los anteojos, y se incorporó lentamente hasta quedar sentado en el sillón.
—Bienvenido, Potter —la voz áspera de Snape lo sobresaltó. Su exprofesor de Pociones le alcanzó un vial lleno de un líquido opaco—. Bébetelo —ordenó.
Harry tomó el vial, pero no lo bebió.
—¿Dónde estoy? —demandó.
—En mi casa —respondió indiferente—. Bebe la poción, Potter —Harry lo miró desafiante y Snape volteó los ojos—. Es una poción revitalizante —dijo secamente—, te desmayaste porque no hacías magia avanzada hacía más de un mes, y el esfuerzo te dejó sin energías. Ahora bébete eso ya mismo —ordenó fríamente. Harry se llevó el vial a los labios a regañadientes, y se bebió el contenido de un solo trago, tratando de no deformar sus facciones ante el horrible sabor.
Paseó disimuladamente la mirada por la habitación; las paredes eran de un desgastado color blanco, y las ventanas estaban firmemente cerradas por pesadas cortinas de un color verde botella. El piso era de madera oscura, y la única luz de la habitación la proporcionaba la chimenea encendida. El sillón en el que él estaba sentado estaba enfrentado a la chimenea, y dos cómodas butacas estaban a ambos lados. Snape depositó un recipiente ovalado que Harry ya había visto en la mesita de café; era un pensadero. Snape se sentó en la butaca derecha, la más cercana al fuego.
—¿Por qué me trajo aquí? —cuestionó Harry, estirándose para dejar el vial en la mesita.
—Porque es un lugar seguro —contestó Snape fríamente—, nadie entra sin mi permiso.
—Pero…
—Cállate, Potter —ordenó ácidamente Snape—, y escuchame con atención. Dentro de tres días, el Señor de las Tinieblas regresará para buscarte. Ha estipulado tres días —se adelantó con calma a la pregunta—, para que los Mortífagos te debiliten. Aunque no lo admita, teme que sigas siendo una amenaza y no quiere quedar en ridículo dándote la posibilidad de que presentes batalla y logres algo. Por supuesto, no podemos dejar que ni siquiera lo intentes, así que en huirás apenas te muestre algo —hizo una pausa—. Hace no muchos años, tuve una conversación con Dumbledore en la que me mostró la profecía y me habló de un hechizo que te debía enseñar cuando llegara el momento. Un hechizo que te permitiría acabar con el señor de las Tinieblas. Creo que será mejor que lo mires —finalizó, haciendo un gesto hacia el pensadero.
Harry se puso de pie rápidamente; el corazón le latía con fuerza contra sus costillas. Miró a Snape vacilante, pero se acercó con firmeza al pensadero. Tomó aire, levantó la vista para mirar a Snape una última vez, y se dejó caer.
La caída fue brusca, pero aterrizó sobre el piso de alfombra del antiguo y desierto despacho del director como si fuese una pluma. Se puso de pie, y miró a ambos lados. La nostalgia le latió dolorosamente detrás de los ojos.
Advirtió que era muy entrada la noche; el castillo y sus terrenos estaban sumidos en un silencio tranquilo.
Harry se acercó a la ventana, y echó un rápido vistazo. El humo salía de la cabaña de Hagrid, la luz iluminaba el césped que la rodeaba, y a Harry le pareció ver tres sombras oscuras paradas en la puerta. Sonrió cuando se reconoció a sí mismo y a sus amigos.
La puerta del despacho de Dumbledore se abrió de un portazo, y el anciano profesor entró haciendo ondear su túnica. Snape entró detrás, con expresión indignada en cada mueca de su rostro. Resultaba obvio que habían estado discutiendo.
Dumbledore rodeó el escritorio, y apoyó ambas manos en el. Respiró hondo, y dijo con voz calma.
—Lo prometiste, Severus —le recordó severamente—, recuerda porqué lo hiciste. Prometiste que lo harías.
—¡Lo recuerdo! —gritó Snape—, ¡por supuesto que lo recuerdo! Prometí protegerlo, Dumbledore, para que el sacrificio de ella no fuera en vano —escupió—, ¡Pero usted viene así como así para decirme que…!
—¿Crees que a mí me agrada esto? —lo interrumpió Dumbledore, y los ojos celestes brillaron tras los anteojos de medialuna—. Las cosas son como son, Severus, y no hay escapatoria posible. Voldemort —Snape se estremeció—, creó un enemigo cuando este solo tenía un año de vida. ¡Le dio valor a la profecía, y ahora no hay otra forma de acabar con esto! —Dumbledore respiró hondo otra vez, y cerró los ojos—. Tienes que enseñarle ese hechizo, es de vital importancia que lo hagas. Sé muy bien cuáles pueden ser las consecuencias de su realización, Severus, pero sé que Harry…
—¿Qué? ¿Me va a decir que un niño de dieciséis años va a poder realizar un hechizo con el que otros magos más capacitados han muerto, y salir aireoso?
—Confío en Harry, Severus.
—No, usted se niega a ver que está mandando al niño a la muerte.
—Harry ya no es un niño —lo interrumpió Dumbledore—. Hace tiempo que demostró que ya es un hombre capaz de enfrentarse a su des…
—¡No me haga reír! —lo interrumpió Snape, y soltó una áspera risa carente de toda emoción. Tomó aire para controlarse—. Según usted solo si le informo que existe un hechizo…
—Él lo reconocerá cuando sea el momento, sí.
Snape lo escudriñó con la mirada, y después habló en voz calmada y suave.
—Usted sabe que ese hechizo está diseñado para sacar toda la magia del cuerpo y sobrecargar a la otra persona —murmuró—, nadie puede vivir con exceso de magia, Dumbledore, pero ningún mago puede vivir sin ella. El señor de las Tinieblas morirá, pero Potter también. Aún si se midiera en la cantidad de magia que tiene que escapar de su cuerpo, las posibilidades de que lograra controlar la cantidad o incluso decidir cuándo es suficiente son…
—Ínfimas —completó Dumbledore, y cerró los ojos con dolor—. Pero confío en Harry, Severus, y creo que es hora de que tú también confíes en él —Snape soltó un resoplido, al tiempo que una lágrima se desprendía de los ojos del director, y resbalaba con gracia por su arrugada mejilla
Lo siento. Ya debe ser cliché esa palabra, pero de verdad siento haberme tardado tanto en actualizar, y encima traer un capítulo tan corto. Igual, esta vez sí tengo una excusa creíble (?), ¡estuve de viaje! Vagando por el mundo, y recién ahora, que puse los pies en la tierra, pude sentarme a escribir y a editar y a actualizar. De todas formas, este capítulo es más que importante para la trama, y espero que les haya gustado. ¡Prometo actualizar pronto! Apenas encuentre un segundo para respirar.
Espero sus reviews, como siempre, que contestaré encantada.
¡Hasta pronto!
Cam
