Maldito sea Garry. Maldito sea Garry, y todos sus antepasados y descendientes.

No, aquel chico no le gustaba... no le gustaba ni un pelo...

Eso era lo que Mary pensaba mientras examinaba aquel cuarto lleno de cajas cerradas y lienzos usados con cosas garabateadas. La muñequita azul que había en su hombro la miraba con notable preocupación, mientras se entretenía jugando con sus cabellos. Su señorita parecía muy enfadada... y aquello no le gustaba. Ella quería tener a su señorita siempre contenta.

- Señorita Mary... ¿qué está buscando?- Le preguntó, con voz tranquilita, para no alterarla más de lo que ya estaba.

- Cualquier cosa... cualquier cosa que me sirva para...- Ni siquiera acabó la frase. La rubia estaba demasiado ocupada abriendo con su cuchillo de paleta toda caja que pudiese encontrar. Algunas estaban vacías, otras llenas de pinturas... otras simplemente tenían papeles en blanco. Pero nada que fuese útil.

- ¿No quería encontrar a esa chica primero?- Trató de recordarle la muñeca.

- Lo sé, lo sé... pero...- Mary dejó lo que estaba haciendo para levantar la vista hacia su acompañante.- No quiero que me pille desprevenida otra vez, ¿sabes? La última vez no me fue muy bien...

Cada vez que recordaba lo fácilmente que Garry la empujó aquella vez... tenía demasiada fuerza, el maldito. Y sí, ahora ella era adulta, pero... por si acaso, quería estar más preparada... aunque ni siquiera sabía lo que estaba buscando...

- Si lo que quería era matar a Garry, ¿no? ¿Por qué no trata de rasgar su cuadro y ya está?- Dijo la muñequita, pensativa.- Sería más sencillo que quedarse aquí sin encontrar nada...

- Espera... ¿tiene un cuadro? ¿Ese tipejo tiene un cuadro aquí?- Mary alzó las cejas, incrédula.

- En efecto. Cuando se intercambió por él en el mundo real, el cuadro de la señorita cambió y pasó a ser el cuadro de Garry... aunque ahora que están los dos aquí al mismo tiempo, no estoy segura de lo que pueda pasar...- Asintió el pequeño ser, mientras pensaba en aquel asunto. ¿Habría algún modo de invertir el proceso y hacer que su señorita se quedase allí? La echaba tanto de menos...

Al mismo tiempo que la muñeca cavilaba, una macabra sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Mary, quien apenas había escuchado la primera frase que le había dicho. Una peligrosa frase comenzaba a formarse en su mente.

¿Rasgar el cuadro?

¡Claro, esa era la solución! ¿Cómo no se le habría ocurrido antes? ¡Era tan sencillo! Unas cuantas roturas, y Garry ya no volvería a ser un problema para ella... casi era hasta gracioso lo fáciles que podían ser las cosas.

- Es perfecto... entonces vamos, no sé lo que hacemos aquí paradas.- Dijo la chica, más animada. Justo entonces empezó a andar más deprisa, y de lo atenta que estaba a sus propios pensamientos, ni cuenta se dio de que un peso pequeñito caía de su hombro al suelo. Mary comenzó a correr por el pasillo, riéndose por lo bajo, y la pobre muñeca se quedó allí.

- ¡E-espere!- Gritó, tratando de llamar su atención. Aunque fue inútil, la rubia ya estaba fuera de su vista. Resignada, se levantó y comenzó a caminar con sus propios pies. Ciertamente, su señorita era muy atolondrada... sola no llegaría muy lejos. La necesitaba.

Aunque había algo diferente con ella desde la última vez que la vio... no sólo era el físico, claro... era más... ¿la actitud? La veía más... exigente, quizás. Ahora lo quería todo en el acto, no era capaz de esperar. Y también era más violenta... nunca la había visto gritar así cuando todavía era una niña pequeña. Todo aquello no era algo muy malo, claro; todos tienen sus defectos y hay que quererles igualmente, pero... la muñeca no dejaba de preguntarse cómo sería ese mundo exterior, que tanto cambiaba a las personas...

¿Tan bueno había sido para la señorita Mary salir? ¿Habría encontrado más amigos con los que jugar? ¿Había sido divertido? Aún no le había podido preguntar nada de aquello... y tampoco le quedaba tanto tiempo para estar con ella, ya que la rubia quería irse de allí lo antes posible.

Debía alcanzarla pronto... aunque abrir aquella puerta iba a ser su principal problema. ¿Cómo iba a abrirla, si apenas llegaba al pomo?

Quizás si le pedía ayuda a aquel maniquí de allí...

...

Por su parte, Mary había llegado a una sala con un gran hueco que dividía el suelo en dos. El cuadro que ella recordaba hacía de puente estaba en la pared, mirándola con sus ojos saltones.

- Eh, tú.- Le llamó ella.- Baja ahora mismo. Necesito pasar.

El cuadro continuó impasible.

Tampoco era culpa del cuadro, claro... si nadie tiraba de la cuerda del piso inferior, no era capaz de bajar. Y aquello Mary lo sabía, claro... pero no quería creer que aquello era lo único que podía hacer. Debía haber algo más para poder cruzar al otro lado. El cuadro debía bajar solo, y no había más discusión.

- ¡Venga, baja! ¡Tienes que poder bajar! ¿No eres ya un chico mayor? ¡Pues baja de una vez!- Mary había comenzado a alzar la voz. El cuadro cerró los ojos y volvió a mirarla, como disculpándose. Aquello la enfadó aún más.- ¡No me mires así! ¡¿Cómo esperas que pase si no bajas?! ¡¿Por qué no eres capaz de obedecerme...?!

Entonces, quizás debido a la frustración, de los ojos de Mary comenzaron a caer enormes lagrimones.

Ya era suficiente, ¿no?

Ella sólo quería coger a su hermanita y salir de allí... quería alejarla de aquel tipo que sólo quería separarlas, y salir de allí, como habían hecho la primera vez... pero, ¿por qué nadie le hacía caso? ¿Por qué todos la odiaban? Ella sólo quería salir de allí para conocer mundo... no es que les odiase o algo así.. pero ellos se lo habían tomado mal, y... ¡no era su culpa!

Nadie la comprendía... sólo Ib estaba con ella... por eso debía encontrarla. Quería abrazarla de nuevo, volver a hablar con ella... luego irían a una cafetería y tomarían chocolate caliente. Y jugarían a algo todo el día, ya que no había nadie que pudiese decirles nada ahora. Estaban solas, y ahora podrían ser felices, sin adultos... sin nadie más.

Por eso debía encontrarla... pero... ¿cómo iba a hacerlo si ese maldito cuadro no bajaba?

...

Bueno, ya era suficiente. Basta de autocompasión. La rubia se limpió las lágrimas con las mangas de su camisa, y volvió a mirar el gran agujero. Quizás... quizás podría saltarlo. Era buena en Educación Física, después de todo...

Aunque... ¿y si se caía? Podría hacerse mucho daño...

...

Uf, ahora no sabía lo que hacer. Debía avanzar, pero por otra parte, la enorme caída le echaba para atrás... ... ¿qué hacer? ¿seguro que no había otra opción?

Bueno, no lo sabría si no lo intentaba... retrocedió un poco para tomar carrerilla, cuando de repente escuchó cómo la puerta por donde había entrado se abría. Miró hacia aquella dirección, confusa, y se llevó el susto de su vida cuando un maniquí con vestido rojo abalanzarse sobre ella.

- ¡Aaaah!- Con un grito, logró esquivarlo por los pelos.- Pe-pero... ¡¿por qué?!

- ¡Lo siento mucho, señorita!- Mary se giró a ver a la muñeca que la había estado acompañando todo el rato, quien la miraba con ojos culpables.- Cuando le dije que me abriese la puerta porque estabas al otro lado, se puso muy violento... ¡no debí decirle, lo siento!

- ¡¿Qué?!- Volviendo a esquivar por poco otra de las embestidas de aquel ser, la chica gritó con más fuerza, y miró al muñequito con odio.- ¿Tú se lo has dicho? ¡Me has vendido!

- ¡No, no, lo hice sin querer! ¡Es que no quería quedarme atrás! Lo siento...- En verdad la muñequita estaba arrepentida.- ¡Si pudiera hacer algo para arreglar esto...!

Y entonces, en medio de toda la conmoción, a Mary se le ocurrió exactamente lo que podía hacer.

Corrió para coger a la muñeca y apuntó hacia el abismo. Si sus cálculos eran correctos, la cuerda que hacía bajar a aquel cuadro debía estar por ahí abajo. Miró las cuerdas una última vez para hacer cálculos y luego le habló a la asustada muñeca una última vez.

- Segunda cuerda a la derecha. Estira de ella para que yo pueda pasar.

- Q... ¿qué?- La pobre no pudo decir mucho más antes de verse lanzada agujero abajo con bastante fuerza. Vio pasar toda su vida de felpa delante de sus ojos por unos escasos segundos, y luego impactó contra el suelo con un ruido sordo.

Todo se puso negro por unos segundos.

Mientras tanto, Mary rezaba porque su pequeña acompañante se diese prisa. No podría aguantar los ataques de aquel furibundo maniquí mucho tiempo más. La tenía acorralada contra el precipicio, y amenazaba con tirarla en cualquier momento. Pensó en sacar su cuchillo de paleta, pero no, aquello no serviría, aquella cosa estaba hecha de algo demasiado duro.

- ¡Déjame! ¡¿Pero yo qué te he hecho?!- Gritó la chica, resignada a obtener ninguna respuesta de aquel ser sin cabeza. Cada vez estaba más cerca... la estaba empujando cada vez con más fuerza. Le clavaba sus dedos en los hombros, haciéndole bastante daño. Mary no sabía ni cómo estaba logrando mantenerlo a raya. Pero lo estaba haciendo. Y debía seguir así hasta que la muñeca lograse tirar de la cuerda.

Pero ya estaba tardando demasiado... ¿por qué? ¿Había algún problema? ¿Le había pasado algo? No, no era posible...

...

Justo estaba empezando a ser pesimista, cuando escuchó un "clic".

¡Aquel sonido! ¡Sí, el cuadro estaba comenzando a bajar! Era su oportunidad para deshacerse de aquella cosa... cuando el cuadro bajó del todo, empezó a retroceder poco a poco, hasta pisar la superficie del lienzo. Y cuando logró estar al otro lado, se libró como pudo de las manos del maniquí y sacó su cuchillo de paleta.

No le serviría para dañar al maniquí... pero éste estaba encima del cuadro, y los cuadros sí podía romperlos...

De un rápido movimiento, logró hacer un agujero en el papel, y el peso del maniquí fue suficiente como para hacer el resto. El lienzo se rasgó con un sonido que le puso a Mary los pelos de punta, y después, el maniquí cayó foso abajo. Pasó un rato hasta que se pudo escuchar el violento choque contra el suelo. Seguro que había quedado reducido a pequeños escombros.

La rubia retrocedió un poco y cayó sobre sus rodillas, jadeando. Estaba cansada, y el haber roto un cuadro le había sentado como un tiro. Lo había hecho de forma inconsciente, pero... ahora que lo pensaba bien... quizás no debería haber hecho eso...

¿Realmente había sido necesario?

- B-bueno... debemos seguir avanzando...- Mary entonces dio un largo suspiro y se levantó, aún temblando un poco. Ya era tarde para arrepentirse.- Ib está cada vez más cerca... seguro que podremos salir de aquí las dos, sólo espera y verás...

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que estaba hablando sola. En realidad le hablaba a la muñeca, pero... ella ya no estaba allí. La había lanzado por aquel hueco.

...

Bu-bueno, seguro que estaba bien... después de todo, había tirado de la cuerda. Eso significaba que estaba entera. Si seguía avanzando, también lograría encontrarla a ella, sin duda alguna.

Con ello en mente, Mary comenzó a caminar hacia el siguiente pasillo.

- Recuerdo este lugar... aquí pasé con Ib...- Murmuró la chica para sí misma, mientras observaba la tibia luz que desprendían las pequeñas lámparas que había en las paredes marrones.

Los recuerdos llegaban a su mente...

X.x.X.x.X.x.X

"Las dos chicas andaban en silencio por aquel largo pasillo. Parecían estar cansadas; una más que otra. La pequeña Ib no estaba tan acostumbrada como Mary a estar en ese lugar; estaba agotada tanto física como mentalmente. El silencio estaba ahí, tenso, y la mayor no estaba muy cómoda con ello. Ella quería que Ib se lo pasase bien, ya que, después de todo, era su casa, pero...

Quizás si le daba conversación se animase un poco...

- Oye, Ib... ¿Puedo preguntarte algo?- Dijo la rubia, haciendo que la otra chica la mirase con ojos curiosos. Mary entonces planteó su pregunta.- ¿Garry es... tu padre?

- Qué va.- Respondió Ib, negando con la cabeza. Mary frunció el ceño; había esperado otra respuesta... estaba claro que Garry no era su padre, parecía demasiado joven para tener una hija de su edad. Pero esperaba que hubiese respondido que era un desconocido, o algo... no creía que se conociesen de hace tanto, y sin embargo, había un fuerte vínculo entre ellos ya...

- Mmm... así que tu padre es otra persona... Entiendo...- Mary continuó hablando. Quería saber más cosas de aquella chica.- ¿Tu madre es buena contigo, Ib?

- Menos cuando se enfada.- Musitó ella, con una sonrisita nerviosa. Al verla así la mayor estalló en carcajadas.

- ¡Jajaja! ¡¿Se enfada mucho contigo, Ib?!- La familia de Ib parecía tan divertida... ella quería conocerles, quería hablar con ellos, parecían simpáticos.- Quieres volver a ver a tus padres pronto, ¿verdad que sí? Yo también quiero salir de aquí...

Ib entonces bajó la cabeza; su sonrisa se había desvanecido. ¿Echaría de menos a sus padres? Seguro que sí... Mary le puso la mano en el hombro, sonriendo tímidamente, tratando de animarla.

- ... Bueno, hagámoslo lo mejor posible para salir de aquí, ¿vale? ¡Prometido!- Le dijo, de nuevo poniendo su amplia sonrisa.

Y la pequeña Ib también sonrió, contagiada por el entusiasmo de su acompañante. Y esa sonrisa le gustó a Mary.

Quería hacerla sonreír aún más todavía."

X.x.X.x.X.x.X

Mary suspiró pesadamente. Sí, recordaba aquellos días... eran divertidos. Ella quería salir de la galería a toda costa, y por eso hizo lo imposible.

Pero el mundo no era tan divertido como lo esperaba.

Era un lugar aburrido.

Cada mañana tenía que levantarse pronto para ir a un lugar llamado "colegio", todos los días, excepto los fines de semana. Estaría allí todo el día, hasta por la tarde, y después volvería a casa. Allí haría los deberes y estudiaría para el día siguiente. Y cuando por fin lograba acabar todo aquello, era ya muy tarde. Quizás tendría un poco de tiempo para jugar con Ib, pero luego tocaría bañarse, cenar, ponerse el pijama y dormir. Y al día siguiente todo sería exactamente igual.

Al principio, aquello no estaba tan mal, claro... lo de dormir era nuevo para ella, por ejemplo. Nunca había cerrado los ojos para algo que no fuese parpadear o jugar al escondite. Primero le dio algo de miedo... claro, cerró los ojos y después de un ratito ya era por la mañana. Y después, aquel hambre... tampoco había tenido nunca hambre. Ni sed. Era una sensación extraña y desagradable, pero la felicidad de comer y beber lo compensaba por mucho.

Tampoco estaba acostumbrada al olor de aquel mundo. No olía a pinturas, a acuarelas o a ceras. El mundo real tenía un olor desagradable... humo, sudor, plástico y suciedad... a veces se podía olfatear alguna flor, o algún dulce... pero era efímero, siempre tenías que estar en movimiento para llegar a algún sitio que probablemente olería a cerrado y a humanidad. Rara vez tenía la oportunidad de descansar un poco de su agotadora agenda.

Mary odiaba la rutina.

Levantarse, ir a la escuela, volver a casa, estudiar, dormir para volver a levantarse... y al día siguiente lo mismo, y al siguiente, y al siguiente de nuevo... los fines de semana se levantaba, iba a una academia, luego volvía a casa, comía, jugaba con Ib un rato y hacía tarea extra del colegio... aquellas cosas, que primero fueron novedosas e interesantes, poco a poco se empezaron a hacer pesadas... tediosas... aburridas... insoportables... insufribles. Y luego, en vacaciones, o tenía que ir a un club, o estudiar más. Si le decía a su "madre" que quería hacer una actividad, la podría hacer, pero siempre pagando, yendo a un sitio en particular, y con un horario determinado, nunca cuando a ella le apeteciese.

¿Por qué?

¿Por qué no podía hacer lo que le diese la gana y cuando le diese la gana? ¡Era tan agobiante!

Y lo peor es que a todos les parecía muy normal. Nadie se preguntaba por qué, para qué... y no sólo los niños, los adultos también estaban en ese círculo constante de trabajo. Su "padre" se levantaba más temprano que ellas, y volvía más tarde. Siempre estaba cansado. A veces incluso volvía enfadado, y no solía tener muchas ganas de conversar... bueno, aunque siempre tenía una sonrisa para ellas. Pero poco a poco esa sonrisa se fue desvaneciendo, a medida que Mary e Ib crecían. Al final incluso mamá estaba incómoda.

Hasta que un día, todo estalló. Hubo una conversación muy fuerte y aquel hombre se fue. Su "madre" lloró, lloró mucho. Ib también. Ella no lo comprendía, pero verlas tan tristes hacía que le diesen ganas de llorar, así que lloró también.

Pero al día siguiente la rutina no cambiaba. Seguían haciendo las mismas cosas, a pesar de que en la casa eran menos personas.

Mary no lograba entenderlo. No le gustaba.

Al principio fue insoportable. La rutina parecía envenenarle la mente. Era casi dolorosa. Ella quería moverse, saltar, cantar, ir a hacer muñecos de nieve... pero tenía que estar sentada en el pupitre, haciendo ejercicios aburridos. Si no lo hacía, sería una "niña problemática", y la castigarían. Aquella idea se le hacía incluso más horrible que la primera, así que se comportó todo el tiempo que pudo... hasta que en el tercer año de instituto acabó explotando. Hizo lo que quiso, estudió lo que le dio la gana, e incluso se saltó clases. Era la bendición... la castigaron severamente, pero ni siquiera le importó. Lo mejor fue que repitió curso, y entonces pudo estar con Ib. Sus instintos se liberaron, y no le importó amenazar al profesor para que las dejase sentarse juntas.

Aquello sí era vida... aunque... no del todo.

Aún tenía esa estúpida rutina. Debía librarse de ella... cuando acabasen las clases, seguramente podría conseguirlo. No haría lo mismo que los adultos. No... ella cogería a Ib y se iría a un lugar lejano, vivirían haciendo lo que quisiesen y como quisiesen. Y entonces jugarían todos los días, y serían felices.

Por eso, para lograr su objetivo, debía salir de allí. Tenía que encontrar a Ib, acabar con Garry y salir de allí. Si jugaba bien sus cartas lo podría conseguir, no le cabía la menor duda.

Motivada, Mary alzó la cabeza y empezó a caminar en dirección a la puerta del final del pasillo. Recordaba perfectamente aquella sala... grande, con varias puertas, y un jarrón con agua donde dejar la rosa... rosa que tenía en sus bolsillos. La sacó y la miró. No había mirado cuántos pétalos tenía al principio, pero... igualmente, ahora no le quedaban muchos precisamente. Todo por culpa de aquel estúpido maniquí... le había hecho mucho daño.

Aunque luego se había vengado, claro. Seguro que ahora estaba hecho trocitos en el suelo del piso inferior. Puede que al principio le hubiese sentado mal hacer algo como eso... pero luego pensó que había sido por supervivencia... o ella, o el maniquí... así que ya no se arrepentía de nada.

Dejó la rosa en el jarrón y observó cómo se revitalizaba. Era una hermosa sensación que no había podido sentir antes... y le gustaba. Aunque claro... preferiría no sentirla en lo absoluto. De hecho, preferiría no haber ido allí aquel día. Ojalá Ib le hubiese hecho caso y se hubiese quedado con ella... pero ya no había remedio, claro. Pero no importaba, en cuanto encontrase a Ib volverían. Si no recordaba mal... la puerta hacia el piso inferior era... aquella de allá. Recogió la rosa, se la volvió a guardar y fue hacia allí.

La puerta estaba cerrada.

- Mierda... -la chica gruñó y empujó el pomo con fuerza para abrirla... pero nada, no cedía. Estaba bien cerrada. Recordaba que la última vez estaba abierta... aunque claro, no podía esperar que todo siguiese igual. Bueno, sólo tenía que encontrar la llave. Lo malo era que no recordaba dónde estaba la sala que la tenía. Le tocaría abrir todas las puertas... oh, bueno, qué importaba.

Abrió la primera puerta. Entró en una sala en la que el suelo estaba cubierto de agua. Estaba lloviendo... qué extraño. Aunque más extraño era para ella pensar así... seguro que antes aquello no le parecía tan raro. Había cambiado mucho... y eso no le gustaba. Aparte de la lluvia, también había trozos de cabeza de maniquí esparcidos por doquier. No sabía por qué, su memoria no daba para tanto... de todos modos, aquella no era la sala, así que se fue de allí y se dirigió a otra puerta. Esquivó unos extraños agujeritos que había en el suelo y fue a abrir la que estaba al final de un pequeño pasillo.

Puerta cerrada. Maldita sea.

¿No era aquella la puerta que llevaba al libro de bocetos? Aquel que dibujó cuando estaba aburrida y sola en aquel lugar... bueno, no estaba sola, pero aún teniendo tantos amigos con los que jugar, algunas veces sí se había aburrido... por eso empezó a pintar aquel libro de bocetos. Estaba tan orgullosa de su trabajo... por eso quiso colgar allí su cuarto, aquel sitio era como su pequeño reino.

Lo que quería decir que el cuadro de Garry estaba allí ahora, ocupando el suyo, ¿no?

Aquello la hacía rabiar. Iba a destrozar ese cuadro en pedacitos muy pequeños y luego los iba a tirar al mar. En cuanto lograse abrir esa puerta... ... quizás le hacía falta una llave, así que continuó caminando para encontrarla.

La siguiente sala sólo tenía libros. No le interesaba leer, así que se fue a la última. Y nada más entrar, se fijó en que todo estaba en blanco y negro. Había un enorme agujero en el suelo dividiendo la sala en dos... y al otro lado había una mesita con una llave encima.

Esa llave era la que estaba buscando, pero... ¿cómo iba a llegar hasta allí? Aquella vez no había nada para poner ahí y poder cruzar... y el hueco era demasiado grande, estaba segura de que no lograría saltarlo ni aunque tomase carrerilla...

¿Qué se supone que debía hacer?

No se le ocurría nada... y la frustración empezaba a invadirla. Se apoyó en la pared y se dejó caer en el suelo, a punto de llorar.

Debía pensar... moverse... tenía que encontrar a Ib...

Sus llantos hacían eco en la habitación, y le hacían recordar... que estaba totalmente sola.

No le gustaba la soledad.


Hola! Soy Kaitogirl y les traigo Maryfeels! :DDDD

asfasd no sé a cuántos les cae bien Mary... yo la odio, pero también sé que es un ser vivo, pensante y sintiente (?), así que también tiene feels... y en el fondo sólo es una niña pequeña que no quiere estar sola c:

Puede que a alguien le toque la patata, puede que no... he metido algo de moralismo en este capítulo, o al menos lo he intentado (?) espero os haya gustado, porque el siguiente será intenso :D podremos volver con Ib~

Dejando eso aparte... tengo algo que anunciar, y es que dejé de subir capítulos por un tiempo cuando creí que sí podría hacerlo... no por falta de inspiración ni nada, sino porque empecé la universidad y me consumió demasiado tiempo. Ahora creo que me he acostumbrado a la rutina, así que podré dejaros algún capítulo esporádico de vez en cuando... (eso y que mi ortografía y tipografía mejorarán bastante, espero (?)) así que no sufran u

A esta historia no le queda mucho... espero que la disfrutéis hasta el final, de corazón.

Nos vemos en el siguiente capítulo~

Chao~